Barbero Barrios, M.A. (2024). La resiliencia del aula de Primaria a la universidad. Proyecto Andreia. Aula de Encuentro, volumen 26 (2), Editorial, pp. 1-4

LA RESILIENCIA DEL AULA DE PRIMARIA A LA UNIVERSIDAD. PROYECTO ANDREIA

THE RESILIENCE FROM PRIMARY CLASSROOM TO UNIVERSITY: THE ANDREIA PROJECT

Barbero Barrios, Miguel Ángel1

1Universitat AbatOliba CEU,
mbarberob@uao.es
https://orcid.org/0000-0001-7075-3524

“Andreia” es una palabra de origen griego (ἀνδρεία) que significa “valentía”, “coraje” o “fortaleza”. En la filosofía clásica, especialmente en el pensamiento griego antiguo, este vocablo se asociaba con una de las virtudes cardinales, ligada a la capacidad de enfrentar adversidades con determinación y firmeza: la fortaleza.

Después de todo lo que hemos vivido en los últimos años, especialmente tras la pandemia del COVID-19 esta palabra se ha convertido en un clásico en el imaginario social y particularmente, en el mundo educativo. Pero, ¿a qué nos referimos exactamente cuando apelamos a la necesidad de resiliencia? ¿Podemos extraer verdaderamente claves de todo lo vivido para una mejor educación? Más allá de que sea un término más o menos “de moda” en el ámbito universitario, ¿los centros educativos tienen demandas reales relacionadas con el mismo? En caso de respuesta positiva, ¿cuáles?

Precisamente bajo el nombre de Andreia (Fomento de la resiliencia en la educación primaria: innovación y formación continua del profesorado) y con el propósito de dar respuesta a estas preguntas, el grupo de investigación Familia, Educación y Escuela Inclusiva (TRIVIUM), creado en el año 2011 en la Universitat Abat Oliba CEU de Barcelona (España), reconocido como grupo emergente por la Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca de Cataluña (AGAUR) en 2014 y, como consolidado en 2018, ha pretendido dar respuesta a estos interrogantes. Considerando su trabajo precedente, desde el Ministerio de Ciencia e Innovación de España se le concedió en 2020 una subvención de I+D (PID2019-111032RB-I00) con el encargo de trabajar dentro del objetivo IV de la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación que hace mención a la necesidad de trabajar la «investigación orientada a los retos de la sociedad».

Escuchar a la comunidad escolar hablar sobre los desafíos y dificultades a los que tiene que enfrentarse el alumnado y el modo en que lo hace, pone de manifiesto la pertinencia de aplicar el concepto de resiliencia al ámbito escolar, entendiéndola como generativa (Grané y Forés, 2019), que implica no solo resistir frente a las adversidades de la vida, como una pandemia, sino también transformarse y mejorar tras superarlas (Amado, Fernández y Oporto, 2020).

Los resultados de programas específicos de trabajo sobre la formación del carácter que abordan la promoción de competencias vinculadas con la resiliencia, como el Knightly Virtues del Jubilee Centre for Character and Virtues (University of Birmingham) muestran que diagnosticar las posibles carencias o necesidades de competencias relacionadas con la resiliencia y fomentar su desarrollo en los alumnos de ciclo superior de Educación Primaria es tarea primordial, pero aún más: que para alcanzar los fines propuestos en materia de resiliencia, el papel de las narraciones literarias y audiovisuales como herramientas para el desarrollo de ciertas capacidades que permitan superar situaciones adversas, tales como bullying, violencia de género, diversos trastornos de la conducta, dificultades de aprendizaje, situaciones de riesgo y exclusión, la integración de la población inmigrante, etc.) resultan verdaderamente esenciales.

Múltiples investigaciones han demostrado la capacidad de los seres humanos para crecer después de un trauma o tras afrontar las dificultades cotidianas de la vida, pero se observa, igualmente, que no es posible hallar un consenso en la literatura científica en cuanto a las condiciones, características, elementos o factores que permiten este desarrollo resiliente de forma unívoca: se hace necesario un estudio interdisciplinar (Cyrulnik y Anaut, 2016). Debe abordarse el estudio de la persona desde diferentes perspectivas: filosófica, literaria, psicológica, pedagógica, antropológica, metodológica, filológica, social y ética, entre otras.

Los profesionales de cada ámbito pueden y deben complementarse para dar respuesta a metas comunes desde un trabajo interdisciplinar y transversal en el que la educación es el eje vertebrador.

La universidad, por tanto, con el potencial de aportar ese nutrido elenco de perspectivas, puede aportar mucho en la ayuda al crecimiento en medio de las dificultades de los estudiantes de Educación Primaria, pero es vital que lo haga partiendo de sus necesidades reales. Afrontan esta etapa en medio de constantes transformaciones sociales, económicas y culturales de su entorno. Más aún y por todo ello, comprobaremos a partir de los estudios que se presentan, que la capacidad para afrontar y superar adversidades transformando los retos en oportunidades de aprendizaje y crecimiento, resulta en nuestros días -días de rapidez y búsqueda de la satisfacción inmediata y quizá por eso mismo efímera- indispensable no solo para los estudiantes, sino también para los docentes y las comunidades educativas en su conjunto. Más que nunca necesitamos dotar a las escuelas de herramientas que fomenten la capacidad de adaptación y superación de obstáculos por parte de todos los actores educativos.

La educación no puede limitarse a la transmisión de conocimientos académicos, sino que debe también centrarse en el desarrollo de competencias emocionales y sociales que permitan a los estudiantes afrontar los desafíos de su entorno. Aquí es donde la resiliencia adquiere un rol central. Más que una habilidad puntual, es una actitud que se construye desde la infancia y se refuerza a lo largo de la vida. En el ámbito educativo, implica enseñar a los alumnos a manejar sus emociones, resolver conflictos, trabajar en equipo y adaptarse a contextos cambiantes con creatividad y esperanza.

La importancia de la resiliencia trasciende las crisis inmediatas. En un contexto global caracterizado por la incertidumbre y el cambio continuo, preparar a los estudiantes para enfrentar adversidades no solo busca garantizar su éxito académico, sino también fortalecer su capacidad para construir un futuro más humano. Es, por tanto, una prioridad educativa que debe ser atendida con la misma dedicación que las competencias tradicionales, incorporándola de forma transversal en los currículos escolares y las políticas educativas.