
Roque Herrera, Y.; Alonso García, S.; Victoria Maldonado, J. J.; Murcia Ballesta, N. M. (2026). Comparación del acoso escolar en dos grupos de adolescentes de nivel secundario. Aula de Encuentro, volumen 28 (1), Investigaciones pp. 1-17
COMPARISON OF BULLYING IN TWO GROUPS OF SECONDARY SCHOOL ADOLESCENTS
Roque Herrera, Yosbanys1; Alonso García, Santiago2; Victoria Maldonado, Juan José3; Murcia Ballesta, Nuria María4
1Escuela Superior Politécnica de Chimborazo,
yosbanys.roque@espoch.edu.ec,
https://orcid.org/0000-0002-7098-3538
2Universidad de Granada,
salonsog@ugr.es,
https://orcid.org/0000-0002-9525-709X
3Universidad de Granada,
jvictoria@ugr.es,
https://orcid.org/0000-0003-4236-9909
4Universidad de Granada,
nuriamballesta@ugr.es,
https://orcid.org/0009-0005-1378-6940
Recibido: 23/09/2025. Aceptado: 04/03/2026
RESUMEN
El abuso reiterado de una persona o grupo más poderoso sobre otros individuos es reconocido como acoso. El objetivo de la investigación fue comparar el acoso escolar en dos grupos de estudiantes del nivel secundario, provenientes de dos unidades educativas de las Regiones Oriente y Costa de Ecuador. Esta tuvo un enfoque cuantitativo y diseño no experimental, en la que participaron 283 alumnos (160 de la escuela I y 123 de la II). Los datos se recolectaron empleando la Escala de Acoso y Violencia Escolar. Existieron diferencias estadísticamente significativas en los factores intimidación y exclusión (p=0,000). Se encontraron diferencias significativas en las dimensiones flashback y autoimagen negativa (p=0,000). Las medias predominantes de los factores del acoso escolar y las afecciones a la salud estuvieron en las categorías constatado y bien constatado. Se encontraron diferencias significativas entre ambos grupos.
PALABRAS CLAVE: Acoso escolar, estado de salud, adolescente, estudio comparativo.
ABSTRACT
The repeated abuse of power by an individual or a group over others is recognized as bullying. An investigation was conducted with the aim of comparing bullying across two groups of secondary school students from two educational institutions in the Coastal Region of Ecuador. Adopting a quantitative approach and a non-experimental design, the study involved 283 students (160 from school I and 123 from school II). Data were collected using the School Bullying and Violence Scale. The analysis revealed statistically significant differences in the factors of intimidation and social exclusion (p=0.000). Furthermore, significant differences were found in the dimensions of flashback and negative self-image (p=0.000). The predominant means for both bullying factors and health-related impact fell within the “verified” and “well-verified” categories. Overall, significant differences were identified between the two groups.
Keywords: Bullying, health status, adolescent, comparative study.
La definición más aceptada del término acoso es la que refiere una manifestación de abuso reiterado en un período de tiempo por parte de una persona o grupo más poderoso, afectando significativamente la integridad física, social y/o psicológica de la persona objetivo, la que demuestra una incapacidad para defenderse. Este fenómeno puede ser percibido fácilmente cuando se hace de forma abierta (agresión física y/o verbal), pero puede desarrollarse en actos más encubiertos que dificultan su detección y control oportunos (exclusión, difusión de rumores, uso perverso de las tecnologías de la información y la comunicación); aunque, frecuentemente, las víctimas reportan actos que combinan ambas variantes (Rigby, 2020).
Este tipo hostigamiento constante crea angustia, pánico, deserción escolar y terrores nocturnos en las víctimas, incrementando la probabilidad de agravar las posibles consecuencias, tales como los intentos autolíticos y el suicidio (Crespo Diaz, 2019). Según reportan Azua Fuentes et al. (2020), durante el periodo 2014-2016, los datos de mortalidad por suicidio en el contexto chileno mostraron una tasa de 10,7 por cada 100.000 niños y adolescentes.
Los actos de acoso en el entorno escolar pueden generarse por la decisión propia del individuo perpetrador o debido a la presión del grupo social al que pertenece. Algunos investigadores informan resultados que muestran una mayor probabilidad de que los estudiantes victimizados reporten su situación ante personas con autoridad cuando ha sido agredido por un individuo que al tratarse de un grupo (Plexousakis et al., 2019).
El marco socioecológico en el que se manifiesta el fenómeno complejo del acoso escolar se caracteriza por la presencia de perpetración de intimidación que interacciona con conductas de victimización, siendo matizada por la existencia de espectadores y el rol de los pares en relación con el rechazo al acto o el fomento de este (Gaffney et al., 2021).
Asimismo, Molina Franco (2022) plantea que los adolescentes con alguna discapacidad física o psicológica se transforman en víctimas de acoso frecuentemente; predominantemente, viéndose afectados por formas de violencia cibernética y psicológica. Al respecto, Brito Pérez de Corcho et al. (2023) refieren que los individuos con determinadas características fenotípicas fuera de los patrones atléticos, también son afectados por este fenómeno en la secundaria.
Mediante una revisión bibliográfica sistemática, Gaffney et al. (2019) encontraron evidencia científica que muestra una diversidad de formas en que se manifiesta el acoso escolar en el mundo. Al respecto, se identificó que esta situación estaba influenciada por los factores de riesgo presentes, la efectividad de las políticas para mitigarlo y un conjunto de elementos psicosociales y culturales. Estos hallazgos permitieron establecer que la eficacia de los programas o planes antibullying dependía del rigor del diagnóstico situacional, el acierto en su interpretación y la pertinencia de las acciones y actividades implementadas.
Carhuas Flores et al. (2023) mencionan que los adolescentes víctimas de acoso escolar tienden a volverse distraídos, tartamudos, sumarse a actos de maltrato de otros, adquirir desórdenes alimentarios, sufrir pesadillas, padecer estrés, tener lesiones físicas producidas por actos violentos, entre otras consecuencias. Por otro lado, reportan que los acosadores sienten o presentan: vacío interior, capacidad de adaptación disminuida, enmarcamiento de la carencia de afecto mediante falsa valentía, personalidad colérica, depresiva e impulsiva, además de ser poco empáticos y sensibles (Alvarado Romero et al., 2021; Felipe Castaño et al., 2013).
Por otro lado, la familia resulta un factor fundamental en la prevención de conductas acosadoras en los niños y adolescentes, así como un apoyo para aquellos que son victimizados. Al respecto, Alcivar Morales y Roque Herrera (2025) hallaron la presencia de correlación moderada estadísticamente significativa (p<0,05; Rho de 0,351) entre el estilo de crianza parental hostil y el acoso escolar.
Atendiendo a la importancia de este fenómeno para el ámbito educativo, se desarrolló un proceso investigativo con el propósito de comparar el acoso escolar en dos grupos de estudiantes del nivel secundario, provenientes de dos unidades educativas ecuatorianas, siendo una de la Región Oriente y la otra de la Región Costa.
Así, este estudio partió de la hipótesis de investigación que existen diferencias estadísticamente significativas en el acoso escolar entre dos grupos de estudiantes provenientes de dos unidades educativas de diferentes regiones de Ecuador.
Para el alcance del objetivo se desarrolló una investigación con un enfoque cuantitativo, diseño no experimental, alcance comparativo y de corte transversal.
En el proceso participaron 283 estudiantes del nivel secundario superior provenientes de dos unidades educativas (una de la Región Oriente y la otra de la Región Costa), agrupados según el colegio en el que estaban matriculados (160 de la I y 123 de la II). Las edades de los participantes estuvieron comprendidas entre 13 y 17 años.
Los datos se recolectaron mediante el uso de la Escala de Acoso y Violencia Escolar (AVE), la que está compuesta por 94 ítems que evalúan nueve factores relacionados con esas variables (intimidación, hostigamiento, amenazas a la integridad, bloqueo social, coacciones, exclusión social, agresiones y manipulación social) y otros nueve dirigidos a identificar afecciones a la salud (ansiedad, distimia, estrés postraumático, disminución de la autoestima, somatización, flashback, autoimagen negativa, contradicciones y autodesprecio). La escala que emplea consta de cuatro valores: sin constatar (0), constatado (1), bien constatado (2), muy constatado (3). Los autores Estrada Araoz y Mamani Uchasara (2020) validaron el instrumento mediante criterio de expertos, obteniendo un 0,82 de V de Aiken; también realizaron una prueba piloto que arrojó un coeficiente de 0,83 de alfa de Cronbach.
El uso de la versión 22 del software SPSS posibilitó organizar los datos, estructurando la respectiva base. Luego, se hizo un procesamiento estadístico descriptivo de frecuencias (absolutas y relativas), tendencia central (media) y varianza (desviación típica); además de prueba inferencial paramétrica de comparación de muestras no relacionadas t de Hotelling.
Los padres o tutores legales de los menores participantes firmaron el respectivo consentimiento informado, autorizando a los investigadores a encuestarlos. Desde el rectorado de la institución educativa y la dirección distrital de educación correspondiente, se emitieron los permisos para el desarrollo del proceso investigativo, el que contó con el aval de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.
La media de la edad de los estudiantes involucrados fue de 14,37 y una desviación típica de 1,152; además, el 51% correspondió al sexo masculino.
Los valores de las medias de los factores del acoso escolar se enmarcaron alrededor de la categoría “constatado”, cuyos valores oscilaron entre 0,5691 y 1,4313; aunque la desviación típica cada factor del acoso y el global se aproximó a 1, indicándose una agrupación de la mayoría de los datos alrededor de ese valor (véase Tabla 1).
Tabla 1. Distribución de medias y desviaciones típicas de los factores del acoso escolaren ambos grupos
Acoso escolar (factor y global) |
Unidad Educativa |
x̄ |
σ |
Hostigamiento |
I |
0,6438 |
0,94734 |
II |
0,6098 |
0,94638 |
|
Intimidación |
I |
1,2438 |
1,29705 |
II |
0,8862 |
0,98516 |
|
Exclusión |
I |
1,4313 |
1,14167 |
II |
1,1382 |
0,93498 |
|
Agresión |
I |
0,8188 |
1,05730 |
II |
0,5691 |
1,07186 |
|
Global |
I |
1,1750 |
1,05538 |
II |
0,9106 |
0,96673 |
Nota: x̄ (media aritmética); σ (desviación típica).
Los resultados de la prueba de Levene indicaron diferencias estadísticamente significativas entre las varianzas de ambos grupos en los factores intimidación y exclusión (p=0,000); mientras que, con respecto a las medias, además de observarse la misma situación en esos dos factores, también existieron diferencias en el acoso escolar global (p=0,031); por lo que se comprobó la hipótesis de investigación en esas tres dimensiones (véase Tabla 2).
Tabla 2. Índices de igualdad de varianzas y medias de los factores del acoso escolar entre los grupos I y II
Acoso escolar (factor y global) |
Prueba de Levene |
Prueba T |
||
F |
Sig. |
t |
Sig. (bil) |
|
Hostigamiento |
0,100 |
0,752 |
0,299 |
0,765 |
Intimidación |
49,975 |
0,000 |
2,544 |
0,011 |
Exclusión |
17,331 |
0,000 |
2,312 |
0,021 |
Agresión |
0,292 |
0,589 |
1,957 |
0,051 |
Global |
0,576 |
0,448 |
2,166 |
0,031 |
Nota: F (índice de igualdad de varianzas); t (índice de igualdad de medias); Sig. (p valor).
Al analizar las frecuencias de los factores del acoso escolar en los que se observaron diferencias estadísticas significativas entre los grupos de las unidades educativas I y II, se pudo apreciar que las cifras con rangos de diferencia de porcentajes más amplios fueron en la categoría muy constatado: intimidación (12,4%), exclusión social (9,9%) y global (6%) (véase Tabla 3).
Tabla 3. Comparación de frecuencias de los factores del acoso escolar entre los grupos I y II con diferencias significativas
Unidad educativa |
Factor de acoso escolar |
||||
Sin constatar |
Constatado |
Bien constatado |
Muy constatado |
||
Intimidación |
|||||
I |
f |
78 |
6 |
35 |
41 |
% |
27,6 |
2,1 |
12,4 |
14,5 |
|
II |
f |
61 |
21 |
35 |
6 |
% |
21,6 |
7,4 |
12,4 |
2,1 |
|
Exclusión social |
|||||
I |
f |
46 |
37 |
39 |
38 |
% |
16,3 |
13,1 |
13,8 |
13,4 |
|
II |
f |
36 |
44 |
33 |
10 |
% |
12,7 |
15,5 |
11,7 |
3,5 |
|
Global |
|||||
I |
f |
55 |
44 |
39 |
22 |
% |
19,4 |
15,5 |
13,8 |
7,8 |
|
II |
f |
58 |
23 |
37 |
5 |
% |
20,5 |
8,1 |
13,1 |
1,8 |
|
Nota: f (frecuencia absoluta), % (frecuencia relativa).
Los valores de las medias en las afecciones de la salud oscilaron entre 1,0732 y 2,1463; los que los ubica en las categorías constatado y bien constatado. Asimismo, la desviación típica en todas estas dimensiones estuvieron alrededor del valor 1 (véase Tabla 4).
Tabla 4. Distribución de medias y desviaciones típicas de las afecciones de la salud en ambos grupos
Afecciones de la salud |
Unidad Educativa |
x̄ |
σ |
Ansiedad |
I |
1,4438 |
1,11449 |
II |
1,5041 |
1,20364 |
|
Estrés postraumático |
I |
2,0250 |
0,90387 |
II |
2,1463 |
0,74309 |
|
Distimia |
I |
2,0438 |
0,77172 |
II |
2,1463 |
0,74309 |
|
Autoestima |
I |
1,5313 |
1,10983 |
II |
1,7317 |
1,17399 |
|
Flashback |
I |
1,8375 |
1,14314 |
II |
1,1951 |
1,12831 |
|
Somatización |
I |
1,7500 |
0,99685 |
II |
1,7561 |
1,08145 |
|
Autoimagen negativa |
I |
1,4313 |
0,98812 |
II |
1,9756 |
0,97058 |
|
Autodesprecio |
I |
1,1750 |
1,04340 |
II |
1,0732 |
1,10268 |
Nota: x̄ (Media aritmética); σ (desviación típica).
No se logró establecer diferencias significativas entre las varianzas en alguna de las afecciones de la salud evaluadas (p≥0,05); sin embargo, con respecto a los valores de medias, se logró establecer significación estadística en las diferencias entre ambos grupos en las dimensiones flashback y autoimagen negativa (p=0,000), comprobándose la hipótesis solo para esos dos casos (véase Tabla 5).
Tabla 5. Índices de igualdad de varianzas y medias de las afecciones a la salud entre los grupos I y II
Afecciones de la salud |
Prueba de Levene |
Prueba T |
||
F |
Sig. |
t |
Sig. (bil) |
|
Ansiedad |
2,623 |
0,106 |
-0,436 |
0,663 |
Estrés postraumático |
4,126 |
0,043 |
-1,208 |
0,228 |
Distimia |
0,618 |
0,432 |
-1,127 |
0,261 |
Autoestima |
0,090 |
0,765 |
-1,469 |
0,143 |
Flashback |
0,634 |
0,426 |
4,713 |
0,000 |
Somatización |
1,842 |
0,176 |
-,049 |
0,961 |
Autoimagen negativa |
1,279 |
0,259 |
-4,630 |
0,000 |
Autodesprecio |
0,111 |
0,739 |
0,794 |
0,428 |
Nota: F (índice de igualdad de varianzas); t (índice de igualdad de medias); Sig. (p valor).
Con respecto a los valores de las frecuencias en las afecciones a la salud analizadas en las que se establecieron diferencias estadísticas, se observaron las mayores diferencias en los porcentajes en las categorías: constatado en autoimagen negativa (11,7%) y muy constatado en flashback (13,4%) (véase Tabla 6).
Tabla 6. Comparación de frecuencias de las afecciones a la salud entre los grupos I y II con diferencias significativas
Unidad educativa |
Afecciones a la salud |
||||
Sin constatar |
Constatado |
Bien constatado |
Muy constatado |
||
Flashback |
|||||
I |
f |
35 |
14 |
53 |
58 |
% |
12,4 |
4,9 |
18,7 |
20,5 |
|
II |
f |
48 |
23 |
32 |
20 |
% |
17,0 |
8,1 |
11,3 |
7,1 |
|
Autoimagen negativa |
|||||
I |
f |
29 |
62 |
40 |
29 |
% |
10,2 |
21,9 |
14,1 |
10,2 |
|
II |
f |
10 |
29 |
38 |
46 |
% |
3,5 |
10,2 |
13,4 |
16,3 |
|
Nota: f (frecuencia absoluta), % (frecuencia relativa).
Existe evidencia científica acerca de las afecciones psicológicas en los adolescentes debido a acoso escolar; al respecto, Brito Pérez de Corcho et al. (2023) reportan que en una población de 6796 niños de 8 a 10 años víctimas de este fenómeno, luego padecieron pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo a los 12 años. Esos autores constataron un aumento de las probabilidades a sufrir parasomnias en esta situación, producto de la presencia de ansiedad con niveles superiores al umbral rasgo. Asimismo, Juárez Merino (2023) correlacionaron significativamente a la ansiedad rasgo con el acoso escolar (p=0,011) en una población de 189 estudiantes.
Mediante una revisión bibliográfica, Embleton Sánchez (2023) identificó un grupo de potenciales afecciones psicológicas en las víctimas de acoso escolar: dolor de cabeza, conducta pasiva, ansiedad, insomnio, náuseas, problemas gástricos, sensación de inseguridad, miedo patológico a situaciones de violencia, dificultades de autoestima, sentimiento de culpa y/o negación, deseos de venganza y dificultades para la interacción social, pudiendo llegar a padecer estrés postraumático.
Al realizar una comparación del estado del acoso escolar entre un grupo de estudiantes de Chile y otro de España, Carmona Torres et al. (2015) hallaron diferencias significativas en los factores analizados y de manera global con valores p≤0,05. También establecieron diferencias estadísticas al nivel de valores p=0,000 cuando procesaron variables referidas a trastornos alimenticios. Por otro lado, Garaigordobil Landazabal y Oñoderra Ramirez (2015) realizaron una revisión sistemática sobre epidemiología del acoso escolar y encontraron que este fenómeno se manifiesta de formas diversas en los entornos de las investigaciones recopiladas, lo que indica su multicausalidad.
Los resultados de una investigación realizada en centros educativos de la Comunidad de Extremadura por León del Barco et al. (2011), permitieron establecer diferencias significativas atendiendo al sexo, existiendo más afectados entre los varones; además de en las formas en que se manifiesta el acoso y los elementos de índole conductual.
López Pérez (2017) realizó un estudio sobre el acoso cibernético en una institución de educación pública en el estado mexicano de Morelos encontrando diferencias significativas con respecto al tipo de victimización en cuanto al sexo y a la carrera que cursaban los participantes.
En una ciudad del sur de China, Liu et al. (2014) investigaron el acoso escolar en estudiantes del nivel segundario, encontrando que los hombres tenías más probabilidad de ser víctimas de este fenómeno en comparación con las mujeres; así como que los alumnos varones de la enseñanza media superior también tenían menos probabilidad de ser afectados por esta entidad que los de séptimo grado (p < 0,05).
El acoso escolar constituye un flagelo social multicausal y con múltiples posibles consecuencias. Las autoridades educativas deben diagnosticar adecuadamente ese fenómeno para establecer acciones preventivas adecuadas y/o de intervención si fueran necesarias estas últimas (Waseem y Nickerson, 2023).
En un grupo de estudiantes con menores niveles de victimización de acoso escolar, Fernández Guerrero et al. (2024) hallaron mejores valores de autopercepción en cuanto a condición física, fuerza y atractivo físico, en comparación con el grupo de mayores niveles, estableciendo diferencias estadísticamente significativas (p<0,05).
La principal limitación de estudio estuvo dada por el reducido número y específica localización de la población, siendo recomendable que para futuras investigaciones se diversifique y amplíe más esta. Además de que un estudio comparativo no resulta suficiente para diagnosticar este fenómeno, prefiriéndose que las autoridades institucionales promuevan investigaciones de alcance analítico para ese fin.
Los investigadores arribaron a las siguientes conclusiones:
Los valores de las medias de los factores del acoso escolar y de las afecciones a la salud se enmarcaron alrededor de las categorías constatado y bien constatado.
Los resultados indicaron diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos en los factores de acoso escolar intimidación y exclusión; además de existir en las cifras globales. En relación con los valores de medias en las afecciones a la salud, se logró establecer significación estadística en las diferencias entre ambos grupos en las dimensiones flashback y autoimagen negativa; por lo que se comprobó la hipótesis en las dimensiones declaradas.
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