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VASCONIA TARDOANTIGUA. ENTRE LA EVOLUCIÓN SOCIOPOLÍTICA Y LA CONSTRUCCIÓN INTELECTUAL (400-711)

Madrid: CSIC, 2022, 489 pp. ISBN: 978-84-00-11068-0

Mikel Pozo Flores

La publicación de Vasconia tardoantigua, de Mikel Pozo Flores, constituye una de las aportaciones más relevantes de la historiografía reciente sobre la Antigüedad Tardía en el ámbito circumpirenaico occidental. Resultado de una tesis doctoral defendida en 2016, la obra representa la primera síntesis sistemática destinada a reconstruir la historia social y política de Vasconia entre la crisis del Imperio romano y la llegada del islam. Su recepción crítica confirmó rápidamente la importancia del trabajo. Las recensiones de Mánguez Tomás (2023), Martín Viso (2023) y Peterson (2024) coincidieron en valorar el libro como una síntesis de gran madurez historiográfica, capaz de integrar con rigor los registros escritos y arqueológicos para construir una interpretación global de la evolución sociopolítica del espacio vascón entre el final del Imperio romano y la Alta Edad Media.

Tuve además la fortuna de formar parte del tribunal que juzgó la tesis doctoral original y ya en fecha temprana señalé que nos encontrábamos ante “un paso de gigante en la comprensión de los acontecimientos históricos vividos en el entorno circumpirenaico occidental durante los siglos tardoantiguos” (Azkarate 2018: 67), pese a las reservas que algunas de sus propuestas me suscitaban entonces y me siguen suscitando hoy (Azkarate 2025).

Uno de los méritos más señalados de la obra reside en la superación de antiguas interpretaciones indigenistas y esencialistas que habían condicionado durante décadas buena parte de la historiografía vasca. Frente a la imagen de una Vasconia aislada, impermeable o marginal respecto a las grandes transformaciones del Occidente posromano, Pozo reconstruye un territorio plenamente integrado en dinámicas políticas, militares y culturales de amplio alcance, articulado en torno a la vía Astorga-Burdeos y conectado con los espacios merovingio y visigodo. Las recensiones destacaron especialmente el esfuerzo comparativo del autor, que inserta el caso vascón en debates europeos relativos a etnogénesis, militarización de las élites, transformación de las estructuras de poder y construcción de identidades políticas periféricas.

La solidez metodológica del trabajo ha sido igualmente subrayada. La obra maneja con notable erudición un corpus bibliográfico vasto y multilingüe, y combina análisis textual y arqueológico sin subordinar mecánicamente un registro al otro. Particular importancia adquiere la relectura crítica de las fuentes narrativas —Gregorio de Tours, Juan de Biclaro, Isidoro de Sevilla o Venancio Fortunato—, interpretadas no como testimonios transparentes de la realidad histórica, sino como producciones retóricas vinculadas a estrategias de legitimación política. Desde esta perspectiva, la tradicional imagen del “vascón feroz” deja de entenderse como reflejo inmediato de una supuesta identidad ancestral y pasa a concebirse como una construcción intelectual elaborada desde los centros de poder merovingios y visigodos.

Especial relevancia adquiere también la hipótesis central de Pozo sobre el origen de las élites vasconas altomedievales. A partir de la reinterpretación de los rusticani y de las bagaudas del siglo V, el autor propone la existencia de grupos militarizados inicialmente vinculados a la defensa de los pasos pirenaicos y posteriormente convertidos en poderes regionales hegemónicos. La arqueología funeraria desempeña aquí un papel decisivo: las necrópolis con ajuares armados —particularmente Aldaieta— son interpretadas como expresiones materiales de élites militarizadas integradas en repertorios rituales del mundo franco, aunque adaptadas a una escala regional y dotadas de rasgos propios.

Otro aspecto ampliamente valorado ha sido la atención prestada a la cristianización del territorio. Las iglesias de Pamplona, Dulantzi y Finaga aparecen como elementos fundamentales en la articulación religiosa y política de esas élites locales. El resultado es la imagen de una sociedad periférica compleja, alejada tanto de las antiguas visiones histórico-culturales como de ciertos modelos excesivamente homogeneizadores centrados en comunidades campesinas indiferenciadas.

Naturalmente, las propias recensiones han señalado también el carácter necesariamente hipotético de algunas propuestas del libro. Varias conexiones —particularmente la identificación entre rusticani, bagaudas y élites vasconas posteriores— descansan más en inferencias plausibles que en demostraciones directas, debido a la extrema escasez documental del siglo V. Del mismo modo, siguen abiertas cuestiones relativas a las formas concretas de dominación social, a las relaciones entre élites y comunidades locales o al papel de la lengua y la antroponimia en la construcción identitaria. Pero estas reservas no disminuyen la valoración general de la obra; antes bien, muestran su capacidad para abrir nuevas líneas de investigación y estimular el debate historiográfico.

Precisamente porque el libro ha alcanzado ya una posición central en el debate académico, el objeto de estas páginas no reside tanto en volver a resumir o discutir sus hipótesis fundamentales cuanto en analizar un fenómeno quizá más significativo: los efectos intelectuales producidos por su recepción. El verdadero alcance de Vasconia tardoantigua no puede medirse únicamente por las respuestas que ofrece acerca de los vascones entre los siglos V y VIII, sino también por aquello que su modelo ha permitido pensar, formular y defender posteriormente en otros ámbitos disciplinares, particularmente en el terreno de la lingüística histórica. Es precisamente aquí donde emerge un problema de amplio alcance epistemológico: el momento en que una obra de síntesis historiográfica termina funcionando como vía principal —e incluso exclusiva— de acceso a los datos arqueológicos originales.

Arqueología mediada, síntesis historiográfica e inferencia interdisciplinar

En la investigación histórica y prehistórica, el registro arqueológico constituye una forma específica de evidencia empírica basada en restos materiales procedentes de contextos estratificados. Sin embargo, la relación entre esos restos y la reconstrucción histórica no es inmediata. La interpretación arqueológica requiere procesos complejos de inferencia mediante los cuales los materiales recuperados son integrados en marcos cronológicos, funcionales, culturales y sociales más amplios.

Conviene recordar esta obviedad porque buena parte de los problemas metodológicos derivados del uso interdisciplinar de la arqueología proceden precisamente de su olvido. El dato arqueológico no se presenta nunca como una evidencia transparente. Es producido mediante una cadena de operaciones técnicas, decisiones clasificatorias, procedimientos documentales e interpretaciones sucesivas. La excavación, además, transforma de manera irreversible el propio contexto que estudia; por ello, el registro disponible para el análisis posterior es siempre un registro ya mediado por prácticas de selección, documentación y conceptualización. Uno de los principales problemas epistemológicos derivados de este proceso es la reificación arqueológica: la tendencia a transformar categorías analíticas construidas a partir del registro material en entidades históricas aparentemente objetivas. Culturas arqueológicas, áreas de centralidad, horizontes funerarios, dinámicas de continuidad poblacional o unidades territoriales pueden acabar siendo tratadas como realidades históricas directamente observables, cuando en realidad constituyen modelos interpretativos elaborados desde determinados supuestos teóricos y metodológicos.

Este problema adquiere una relevancia particular cuando la arqueología es utilizada por otras disciplinas. La lingüística histórica, la antropología histórica o la historia de las poblaciones recurren con frecuencia a interpretaciones arqueológicas como base contextual para formular hipótesis sobre expansiones lingüísticas, contactos culturales, movilidad demográfica o procesos de etnogénesis. En estos casos, la arqueología puede funcionar como una forma de evidencia sustitutiva respecto a fenómenos que no poseen documentación directa. No prueba por sí misma una lengua, una identidad o una estructura social, pero ofrece un marco de plausibilidad histórica dentro del cual esas hipótesis pueden ser formuladas.

El problema no reside en este uso, que es legítimo e incluso necesario. El problema aparece cuando se pierde de vista la distancia existente entre el registro material primario y las grandes narrativas históricas construidas a partir de él. En una primera fase, la investigación arqueológica genera información mediante excavaciones, análisis estratigráficos, estudios tipológicos, dataciones, análisis espaciales y comparaciones contextuales. En una segunda fase, las síntesis historiográficas reorganizan esos datos dentro de relatos históricos más amplios, seleccionando determinados yacimientos, privilegiando ciertas cronologías, estableciendo conexiones entre fenómenos heterogéneos y proponiendo modelos de conjunto. Finalmente, la circulación académica tiende a privilegiar esas síntesis frente a la consulta directa de la documentación arqueológica original.

Este desplazamiento posee una lógica comprensible. Los informes arqueológicos suelen caracterizarse por su complejidad técnica, fragmentación documental y cautela inferencial, mientras que las síntesis historiográficas ofrecen relatos más integrados, comparables y accesibles para investigadores de otras disciplinas y para el público en general. Pero el problema emerge cuando la interpretación secundaria comienza a adquirir una autoridad epistemológica superior a la de la investigación primaria. En ese momento, la síntesis deja de funcionar únicamente como herramienta interpretativa y pasa a convertirse en una verdadera infraestructura cognitiva: no solo organiza el conocimiento disponible, sino que condiciona qué datos son considerados relevantes, qué conexiones aparecen como verosímiles y bajo qué marcos interpretativos deben comprenderse.

La consecuencia es una acumulación progresiva de niveles de mediación. La investigación interdisciplinar ya no trabaja directamente sobre el registro arqueológico, sino sobre interpretaciones arqueológicas previamente integradas en construcciones historiográficas más amplias. Se genera así una asimetría epistemológica significativa. Mientras el arqueólogo trabaja habitualmente bajo condiciones de elevada cautela inferencial —derivadas de la fragmentación del registro, de los problemas de residualidad, de los sesgos de conservación, de las incertidumbres estratigráficas o de la variabilidad cronológica—, las disciplinas receptoras tienden a incorporar esas interpretaciones como marcos relativamente estabilizados y dotados de apariencia factual.

En este punto resulta útil recordar el concepto de “caja negra” desarrollado por Bruno Latour en el ámbito de los estudios sociales de la ciencia. Una caja negra es un dispositivo cuyo funcionamiento interno deja de ser interrogado una vez que sus resultados adquieren estabilidad social y disciplinar. Aplicado a la arqueología, ello implica que cuanto más consolidadas aparecen determinadas categorías o reconstrucciones históricas, menos visibles se vuelven las operaciones técnicas, inferenciales e historiográficas que hicieron posible su producción. La síntesis historiográfica contribuye precisamente a este proceso de estabilización: transforma un conjunto de datos fragmentarios, discutibles y revisables en una narrativa coherente susceptible de circular con eficacia en otros campos de conocimiento.

Esta dinámica puede observarse de forma particularmente clara en algunos trabajos recientes de lingüística histórica sobre el euskera antiguo. En ellos, determinadas reconstrucciones histórico-arqueológicas de la Antigüedad Tardía, como la propuesta de Pozo, dejan de presentarse únicamente como interpretaciones posibles del registro material y pasan a operar como marcos factuales desde los cuales contextualizar hipótesis sobre expansión lingüística, contactos dialectales y procesos de etnogénesis. La lingüística no utiliza entonces directamente el registro arqueológico, sino una arqueología previamente mediada por síntesis historiográficas, multiplicando así los niveles de inferencia acumulada.

Cuando una síntesis historiográfica se convierte en infraestructura cognitiva: el caso de la lingüística histórica

La capacidad explicativa de una gran síntesis historiográfica se mide no solo por las respuestas que ofrece a los problemas para los que fue concebida, sino también por su aptitud para generar nuevas preguntas y convertirse en referencia para investigaciones desarrolladas desde otros ámbitos disciplinares. En este sentido, Vasconia tardoantigua constituye un ejemplo especialmente ilustrativo. Su influencia puede rastrearse ya en algunos de los trabajos más recientes sobre la historia antigua del euskera, particularmente en las propuestas formuladas por Abaitua et al. (2022) y por Martínez Areta (2023).

La hipótesis de una expansión tardoantigua del euskera común antiguo puede resultar históricamente plausible y lingüísticamente sugestiva. Pero la plausibilidad de una hipótesis nunca justifica la clausura de las mediaciones que la sostienen; al contrario, hace más necesaria su revisión permanente. Precisamente por ello, el interés no reside en cuestionar la hipótesis en sí misma, sino en hacer explícitos los procesos interpretativos que permiten formularla, contextualizarla y sostenerla. Cuando Abaitua et al. afirman que su reconstrucción de los llamados «siglos oscuros» se basa, entre otros elementos, en «una interpretación de los recientes hallazgos arqueológicos» siguiendo «la minuciosa exposición de Pozo», están describiendo con notable transparencia el itinerario intelectual sobre el que se construye su propuesta.

Y es precisamente ahí donde el caso adquiere un interés que trasciende ampliamente el ámbito de la lingüística histórica. Lo verdaderamente significativo no es que una investigación recurra a una síntesis arqueológica, algo habitual e inevitable en cualquier aproximación interdisciplinar, sino que esa síntesis pase a desempeñar el papel de interfaz principal entre el registro material y la formulación de nuevas hipótesis. El diálogo ya no se establece directamente con la documentación arqueológica, sino con una narrativa historiográfica que ha reorganizado previamente esa documentación y le ha conferido un determinado sentido histórico. El interés del caso no reside, por tanto, en cuestionar la legitimidad de ese procedimiento, habitual en toda investigación interdisciplinar, sino en mostrar cómo una interpretación arqueológica puede convertirse progresivamente en la infraestructura cognitiva desde la que otras disciplinas organizan nuevas inferencias.

Reabrir el problema: la fragilidad de las inferencias acumuladas

Las consideraciones anteriores no pretenden poner en cuestión la plausibilidad de las propuestas recientes sobre la historia antigua del euskera ni disminuir el extraordinario valor heurístico de la síntesis elaborada por Mikel Pozo Flores. La cuestión fundamental consiste, por el contrario, en mantener visibles las mediaciones sobre las que descansan tales reconstrucciones. La arqueología no habla directamente de lenguas; la lingüística histórica no puede deducir automáticamente procesos sociales complejos; y las síntesis historiográficas, por rigurosas que sean, continúan siendo construcciones interpretativas sometidas a distintos grados de inferencia. Cuando estos niveles se encadenan, la plausibilidad de una hipótesis final depende también de la estabilidad de los presupuestos procedentes de otras disciplinas.

En arqueología, los datos nunca permanecen completamente cerrados. Nuevas excavaciones, revisiones estratigráficas, reinterpretaciones tipológicas o, muy especialmente, nuevas dataciones radiocarbónicas pueden modificar sustancialmente cronologías previamente aceptadas, relaciones culturales o secuencias de ocupación. Cuando esto ocurre, no solo se ven afectados determinados detalles arqueológicos, sino también las construcciones historiográficas elaboradas a partir de ellos. Y si esas construcciones han pasado posteriormente a sostener hipótesis formuladas desde otros campos disciplinares, el efecto de inestabilidad se multiplica.

El problema epistemológico aparece entonces con toda claridad: cuanto más alejada se encuentra una disciplina del dato empírico primario y más depende de interpretaciones intermedias ya estabilizadas narrativamente, mayor es también su vulnerabilidad frente a revisiones posteriores del registro original. Una modificación significativa en la lectura arqueológica puede afectar simultáneamente al relato histórico construido por el historiador y a las hipótesis lingüísticas que utilizaban dicho relato como contexto explicativo.

La metáfora del «castillo de naipes epistemológico» expresa precisamente esta idea. No porque las hipótesis construidas sean intrínsecamente frágiles, sino porque la estabilidad del conjunto depende de una secuencia de inferencias en la que cada nivel presupone la relativa solidez del anterior. Cuanto más eficaz resulta una síntesis para organizar el conocimiento disponible, mayor es también la necesidad de recordar que sigue siendo una construcción historiográfica sometida a revisión. La discusión permanece lejos de haber quedado clausurada.

En estos momentos se encuentran en preparación dos nuevas publicaciones sobre diversos materiales de necrópolis tardoantiguas del entorno vascón —una parcialmente conocida y otra todavía inédita— cuyos resultados obligarán previsiblemente a reconsiderar algunos de los supuestos cronológicos e históricos que han sustentado parte de las reconstrucciones recientes. A ello se suma una nueva revisión de Aldaieta actualmente en curso, titulada de manera provisional Revisitando Aldaieta cuarenta años después, basada en varias decenas de nuevas dataciones radiocarbónicas y en distintos estudios arqueométricos y paleogenéticos, entre ellos los desarrollados por el equipo dirigido por Íñigo Olalde. Todo ello permitirá reevaluar aspectos fundamentales relativos a cronología, movilidad, composición biológica y articulación social de las comunidades implicadas.

Quizá sea precisamente esta una de las principales enseñanzas del problema: cuanto más coherente y persuasiva parece una síntesis historiográfica, más necesario resulta recordar que el registro arqueológico permanece abierto, incompleto y potencialmente capaz de alterar narrativas que habían comenzado ya a percibirse como relativamente estabilizadas. Pero es precisamente en ese carácter necesariamente provisional de toda interpretación histórica, en esa obligación de confrontarla continuamente con nuevos datos y nuevas preguntas donde reside también una de las principales fortalezas intelectuales de la investigación histórica y arqueológica.

Bibliografía

ABAITUA, Joseba; MARTÍNEZ ARETA, Mikel; RAMOS REMEDIOS, Emiliana (2022): «Del euskera en la Tardoantigüedad. Expansión a occidente y dialectalización», Palaeohispanica. Revista sobre lenguas y culturas de la Hispania Antigua, 22, pp. 47-84.

AZKARATE, Agustín (2018): «Reflexiones sobre arqueología, lingüística e iglesias rupestres de época tardoantigua», Anuario del Seminario de Filología Vasca Julio de Urquijo (ASFVJU), LII(1-2), pp. 61–78.

AZKARATE, Agustín (2025): «Entre vascones y visigodos. Alegría-Dulantzi y los complejos rupestres de Las Gobas», Desperta Ferro. Arqueología & Historia, 65, pp. 50–55.

MÁNGUEZ TOMÁS, Adrián. (2023): «Reseña de Vasconia tardoantigua. Entre la evolución sociopolítica y la construcción intelectual (400-711), de Mikel Pozo Flores», Studia Historica. Historia Antigua, 41, pp. 345–352.

MARTÍNEZ ARETA, Mikel (2023): «Akitaniera, Euskara Batu Zaharra eta euskararen biziraupena. Zer gertatu zen “mende ilunetan”?», Anuario del Seminario de Filología Vasca Julio de Urquijo (ASJU), 57(1-2), pp. 671–689.

MARTÍN VISO, Iñaki (2023): «Reseña: POZO FLORES, Mikel, Vasconia tardoantigua. Entre la evolución sociopolítica y la construcción intelectual. Madrid, CSIC, 2022», Studia Historica. Historia Medieval, 41(2), pp. 219–224.

PETERSON, David (2024): «Reseña: POZO FLORES, Mikel, Vasconia tardoantigua. Entre la evolución sociopolítica y la construcción intelectual (400-711)», Edad Media. Revista de Historia, 25, pp. 551–554.

Agustín Azkarate
Universidad del País Vasco (EHU)