Arqueología y Territorio Medieval 31, 2024. e8638. I.S.S.N.: 1134-3184 DOI: 10.17561/aytm.v31.8638
Carmen Alonso-Fernández1, Javier Jiménez-Echevarría2, Graciela Ponce-Antón3
Recibido: 17/01/ 2024
Aprobado: 04/04/ 2024
Publicado: 20/06/2024
RESUMEN
Las noticias históricas sobre la cronología de la muralla medieval de Burgos no han sido aún ratificadas por la arqueología urbana de la ciudad, al tiempo que su evolución constructiva no fue ni lineal ni unitaria. Se presentan los resultados de las intervenciones arqueológicas realizadas en las puertas de San Juan y de San Martín, entrada y salida del Camino de Santiago francés en esta ciudad medieval. En la primera desaparece el uso funerario del espacio a comienzos de la Baja Edad Media, cuando se edifica un tramo de muralla. En la segunda se constatan al menos tres fases constructivas avaladas por la secuencia estratigráfica, los resultados químico-mineralógicos del estudio de morteros de cal y la datación 14C AMS. En ambos contextos queda demostrada la profunda renovación del urbanismo en el siglo XIV.
Palabras clave: arqueología medieval, arquitectura defensiva, urbanismo medieval, Camino de Santiago, radiocarbono.
ABSTRACT
Historical information about the chronology of Burgos’s medieval wall has never been ratified by urban archaeology in the city, while its construction was neither linear nor took place at a single time. This article presents the archaeological study carried out at the gates of San Juan and San Martín, the entrance and exit of the French Way of St James in the medieval city. The funerary use of the former came to an end in the late Middle Ages, when a section of the wall was built. At the latter, at least three building phases are known and supported by the stratigraphic sequence, the mineralogical comparison of the mortars and a 14C AMS date. Profound renovation of the urban plan in the fourteenth century has been demonstrated at both sites.
Keywords: medieval archaeology, defensive archaeology, medieval town planning, Way of St James, radiocarbon.
Según la tradición, la ciudad de Burgos fue fundada en el año 884 por Diego Porcelos, iniciándose con ello una primera etapa de desarrollo urbano en torno al castillo que continuará a lo largo de los siglos X y XI. Durante esta fase, su extensión no sobrepasaba la actual calle de Fernán González (anterior Tenebregosa), comprendiendo, junto al castillo y la villa, una serie de barrios o vicos que incluía San Esteban, San Lorenzo y San Martín, en las laderas del Cerro de San Miguel, y el Barrio Eras o San Pedro, en el llano. A partir del nuevo contexto político derivado de la independencia del condado de Castilla del reino de León en el siglo X, y la obtención de la categoría de reino en 1065, unido a que el peligro islámico quedó alejado más allá del Duero, Burgos encuentra las condiciones adecuadas para su crecimiento económico y urbanístico (MARTÍNEZ, 1990). En 1075 se convierte en sede de una extensa diócesis que hacia el norte llega hasta el Cantábrico, y desde finales de ese siglo el Camino de Santiago jugará un papel determinante en la configuración urbana, que tenderá a adoptar una disposición de plano caminero. Desde el hospital de San Juan, la ruta jacobea entraba en la ciudad por la puerta del mismo nombre y la cruzaba por las actuales calles de San Juan, Avellanos y Fernán González, para salir por la puerta de San Martín donde, extramuros, se situaba el hospital del Emperador.
Durante el siglo XII se produce un marcado descenso de la población de los barrios altos en beneficio de la vega del río. El rey construye su palacio en la actual calle Huerto del Rey, y próxima a este se alzará la primera catedral románica, concluida antes de 1096, quedando entre ambos edificios el mercado de trigo de La Llana. Por otro lado, el poblamiento se extiende por la ladera del castillo al sur del Camino de Santiago entre San Martín y San Gil, donde se asentarán la sede episcopal y los mercados. La expansión urbana que vivió la ciudad de Burgos entre la segunda mitad del siglo XII y la primera del XIII tuvo un carácter multifocal a partir del desarrollo de los mencionados vicos o barrios preexistentes, que actuaron como centros de expansión del tejido urbano (CRESPO, 2007: 200).
Las obras de construcción de la muralla se iniciaron en 1276, según la Cédula Real de Alfonso X agradeciendo al concejo de Burgos la determinación que tenía y principio que había dado a carcavear y cercar de murallas la ciudad, mandando se prosiga: “Sepades que medijieron que comenzados en vos carcabear é en vos cercar muy bien de murallas, ansí como vos yo envié manda, ó avredes muy grand favor de fortalecer vuestra villa”4. Algunos autores defienden la existencia de una muralla anterior a esta construcción de Alfonso X (MARTÍNEZ, 1994: 91-92; GONZÁLEZ, 2010: 125-126), y hay citas documentales que sugieren la existencia de una cerca a finales del siglo XI y principios del XII. Las referencias están tomadas del diploma fundacional del monasterio de San Juan, en 1091, donde lo sitúa a la entrada de Burgos “monasterium Sancti lohannis, qui est in introito de Burgos” (PEÑA, 1983). La relación, sin embargo, no queda clara. Puede aludir a una puerta, posiblemente relacionada con la que la posterior documentación del monasterio denomina Puerta Vieja, coetánea con la puerta de la nueva muralla y por extensión a una cerca, aunque “in introito de Burgos” puede referirse a las primeras casas de la ciudad, con o sin cerca. En este sentido, Rodulfo de la Chaise-Dieu, autor de la vida de San Lesmes, localiza la iglesia de San Juan Evangelista junto a las “puertas” de la ciudad “destinave el sacellum, quod ipse Johanneis Evangellstae nomine substruxerat secundum portas civitatis Burgensis” (FLÓREZ, 1772: 155), de lo que se deduce que recinto amurallado llegaba hasta el río Vena, incluyendo en su interior amplios terrenos de huertas (MARTÍNEZ, 1994).
La hipótesis de la existencia de una primitiva cerca al menos desde el siglo XII está fundamentada, entre otras, en la referencia de un adarve en el barrio de San Gil en un documento de 1207 (LÓPEZ, 1949: 40). Al mismo tiempo, la distribución del poblamiento altomedieval en núcleos o barrios, con diferenciación jurídica y administrativa, permite suponer la existencia de una diferenciación o compartimentación física del espacio, un cerco amurallado anterior al de la segunda mitad del siglo XIII. Esta primera cerca estaría trazada en función de la primitiva realidad urbana y de las curvas de nivel del cerro del castillo, abrazando a la población situada en el altozano, que contaría con torres exteriores situadas en posiciones avanzadas que protegerían el paso de la red viaria y fluvial (ESTÉBANEZ, 2002: 15). Una de estas torres sería la del Baño o de Doña Lambra, muy próxima al arco de San Martín, de características físicas y constructivas distintas al resto de torres conservadas (HERGUETA, 1927a: 203-204).
Fue Alfonso X, en relación con el traslado de las carnicerías en 1268, quien determinó por dónde debía pasar la cerca “et a lo cual que me dixieron que el muro de la cerca que lo levaban por logar que estrechaba mucho la villa; esto es no tengo por bien que se, ante mando que vaya por aquellos logares que yo mandé, en guisa que llegue al otro muro, porque las casas de Santa María sean dentro” (GONZÁLEZ, 1984: doc. 38). Este documento y otros firmados entre 1256 y 1285 (MARTÍNEZ, 1994: 96-97) indican que, más que la construcción de una nueva cerca, lo que se hace es rectificar la existente. En las mismas fechas ya se documenta la torre de Santa María, rematada en 1279. La muralla vino a delimitar el poblamiento que en época plenomedieval se expandió laderas abajo del cerro del castillo, ocupando por el sur y este la margen derecha de los ríos Arlanzón y Vena. El Camino de Santiago, articulado por las puertas de San Juan y San Martín, fue el principal hilo conductor.
El Concejo recurrió con frecuencia a mano de obra mudéjar para su construcción, de lo que en la actualidad dan cuenta las puertas de San Martín y San Esteban. En el siglo XIII, un mudéjar era veedor en materia de obras. En 1379, entre los constructores de la muralla, figuraba el maestre Mohamad como veedor, a quien debía pagarse 4 mrs “el día que asentara e hiciera morteros”. En el mismo año los maestres Yusaf y Mohamad de Lerma levantaron la muralla entre las puertas de las Carretas y Santa María. En 1458, Yusuf de Carrión concluyó la torre de Santa María donde se reunía el concejo de la ciudad (CADIÑANOS, 2011: 117-118). Las murallas quedaron terminadas en los primeros años del siglo XV, habiéndose prolongado las obras durante 120 años. Cuando finalizaron los últimos trabajos, ya empezaban a deteriorase los primeros (CARMONA, 2006: 15-16).
La cerca, con una función urbana de delimitación del espacio y protección de los intereses comerciales de la ciudad más que defensiva, abrazaba un amplio perímetro. A lo largo de su trazado tenía una serie de accesos con desigual importancia y antigüedad (LÓPEZ, 1949: 230). La puerta de Las Corazas o de Castillo estaba situada en el sector septentrional del mismo, posiblemente es una de las más antiguas. Las puertas de San Juan y San Martín eran la entrada y salida del Camino Jacobeo. Las de San Esteban y San Gil enmarcaban la zona de entrada de la vía romana de Italia que desde Villímar, continua por el llamado Camino Real y calle Pozanos hasta la zona de San Gil. Contigua a esta puerta, existía otra pequeña de donde partían los caminos hacia Ubierna y Poza de la Sal. La de Santa María, entrada meridional de la ciudad medieval, se reformó como arco triunfal en honor a Carlos I a principios del siglo XVI. El flanco SO contaba con accesos a la judería a través del Portillo de los Judíos, junto al torreón de doña Lambra, y morería, puerta de los Tintes o del Hierro. En este ámbito también estaba la puerta de Santa Gadea o del puente Girón. Al este de la puerta de Santa María se localizaba la puerta de las Carretas, por donde accedían los carruajes al Mercado Menor, y a continuación la de San Pablo, de 1300, asociada al puente que tras cruzar el río Arlanzón daba acceso al convento homónimo (MARTÍNEZ, 1994). Ya en el siglo XVII fue abierta la puerta de Margarita, en el NE, adosada al palacio de las Cuatro Torres, para dar acceso al camino de Cantabria.
Con el paso del tiempo la cerca perdió su carácter estratégico, de manera que en el último cuarto del siglo XVII el Concejo tuvo que actuar porque algunos tramos fueron desmontados para el aprovechamiento de la piedra (GONZÁLEZ, 2010: 253). En el siglo XVIII las nuevas necesidades urbanísticas afectaron a su conservación. Así, en 1740 fue demolido el arco de San Martín y parte de los lienzos de la muralla5. En 1772 se decide el derribo de parte de la cerca entre el arco de Santa María hasta la puerta de San Pablo, incluida la puerta de Las Carretas, espacio que sería ocupado por nuevos edificios y por el paseo del Espolón. En estos años se derriba todo el sector meridional, desmantelando los tramos inmediatos a las Carnicerías.
Con la invasión napoleónica (1808-1812) se recupera el interés militar por la fortificación y sus defensas. En 1809, ante el temor a una enfermedad detectada en Zaragoza, se abren o cierran algunas puertas, aunque la documentación no especifica cuáles6. Para ello se utilizan piedras procedentes de la demolición de las iglesias de San Martín y Viejarrúa. La cartografía histórica deja constancia del reforzamiento de algunos sectores hacia interior y de la construcción de un foso. Tras el fin de la guerra, perdida la funcionalidad de la muralla, dio comienzo el proceso paulatino de demolición.
Desde la década de 1980, castillo y muralla han sido objeto de reconstrucciones y reparaciones, desafortunadas en muchos casos, para engrandecer el acervo de las defensas medievales, haciendo críptico el análisis estratigráfico murario de muchos de los tramos hoy conservados e, incluso, el propio reconocimiento de las partes originales.

Figura 1. Plano de Burgos en el siglo XV, a partir de H. Casado Alonso (1980). Se señalan la puerta de San Juan, la puerta de San Martín y el Camino de Santiago (en rojo).
La riqueza de noticias históricas sobre la muralla que abrazó el caserío medieval burgalés contrasta con la ausencia de registros arqueológicos de interés real, aun y cuando la nómina de intervenciones en los últimos 40 años no ha parado de crecer al amparo de la norma arqueológica municipal. Las actuaciones más enriquecedoras han permitido confirmar algunos trazados desaparecidos por el crecimiento urbano, en gran medida intuidos por la geografía de la trama o por las propias informaciones recogidas durante obras acometidas en el siglo XX. Las menos, simplemente constatan su presencia y algunos aspectos descriptivos, siendo asignaturas pendientes la tramificación por segmentos y su evolución cronoconstructiva, desde la fase de fundación, hasta la de reforma y destrucción, así como su relación con el contexto urbano próximo.
Las intervenciones más destacables se han producido en el entorno de la plaza Alonso Martínez, donde se atestigua la apertura de un arco abierto en la muralla del siglo XIII, o quizás anterior; y restos de un tramo interpretado como muralla, perteneciente a un trazado hasta entonces desconocido7. En la calle Las Murallas, las labores de consolidación permitieron documentar un portillo abierto en la muralla, quizás la “puerta de los ferros” de la judería vieja que se hallaba intramuros, así como un parapeto defensivo del ejército francés, bocaminas y seis caídos en el frente, además de armamento de la época (ORTEGA y BORES, 2008).
Así las cosas, está pendiente de corroborar arqueológicamente la definitiva existencia de una cerca primitiva desde al menos el siglo XI y delimitar el espacio urbano que abrazaba, su coincidencia o no con los tramos erigidos en la Baja Edad Media y, de ser así, sus diferencias formales y constructivas. También el reconocimiento de las abundantes refacciones que recoge la documentación, incluidos los falsos históricos, y la cronología de al menos los ítems más singulares o mejor conservados, entre ellos las puertas que se abren a las vías de comunicación que permitían la entrada y salida de la ciudad.
Presentamos los resultados de sendas intervenciones arqueológicas realizadas en las puertas de San Juan y de San Martín, que suponen los extremos de la principal arteria urbana que vertebra la ruta jacobea (Figura 1). En gran medida, ambas matizan algunas de las cuestiones antes planteadas y ofrecen un panorama histórico más rico que el que emana de la documentación textual, disciplinas que necesariamente deben combinarse para reformular realidades históricas consistentes.
La puerta de San Juan se mantiene hoy día como la entrada natural a la ciudad de Burgos en su vertebración histórica por el Camino de Santiago francés. A pesar de ello, la evolución de la muralla en este segmento urbano presenta grandes contradicciones historiográficas sobre algunos elementos del paisaje medieval y su relación con ella, en especial una capilla con hospital fundada tempranamente bajo la advocación de San Juan Evangelista.
Es seguro que el cauce del río Vena delimita por su margen derecha el espacio urbano y el desarrollo de la cerca, al tiempo que en la margen contraria, en el interfluvio con el río Arlanzón, se erige el monasterio de San Juan (Bautista) y su iglesia de San Lesmes. Sabemos de la existencia de una capilla bajo la advocación de San Juan Evangelista con oficinas y hospital fundada por Alfonso VI (HUIDOBRO, 1999: 146), pero de localización dudosa en una u otra margen del río Vena si se admite que son dos entidades diferenciadas.
Algunos autores tienen clara la filiación de la actual iglesia de San Lesmes con San Juan Bautista (MARTÍNEZ, 1955: 862), mientras que otras referencias de San Juan Evangelista dudan de esta relación. Así, F. Ortega recoge que para asistir al creciente número de peregrinos el rey promueve, en el año 1085, la construcción del llamado hospital del Emperador en el actual barrio de San Pedro la Fuente al que dota con diversas posesiones para su mantenimiento, entre las que figuraba la iglesia y hospital de San Juan Evangelista, situados al otro extremo de la ciudad con esa misma función asistencial. Según B. Valdivielso (1992: 61-62), parece evidente que el primer complejo hospitalario jacobeo de la ciudad estuvo ubicado en la margen derecha del río Vena, a la vera del camino compostelano, quedando extramuros al construirse la muralla a finales del siglo XIII. En 1387, el rey Juan I concede unos privilegios al monasterio de San Juan en compensación por el derribo de la antigua capilla de San Juan Evangelista “... que era çerca del dicho monasterio, fuera de la dicha çibdat e cerca del muro della...” (VALDIVIELSO, 1992: 29).
Sin embargo, para F.J. Peña parece que se trata del mismo complejo pues “en 1085, encontramos, una capilla de San Juan Evangelista entre los ríos Arlanzón y Vena, dotada, entre otras cosas, con un cementerio y vinculada a una institución asistencial a pobres y peregrinos; y en noviembre de 1091 nos encontramos en el mismo lugar, con un monasterio, llamado de San Juan, destinado a dar cobijo a una comunidad de monjes benedictinos” (PEÑA, 1991: 69).
Teniendo en cuenta todo lo dicho y analizando la situación de la muralla y del río Vena, bien se puede suponer que la primitiva capilla estuvo emplazada en las inmediaciones del solar que hoy queda ubicado en el cruce de la calle San Lesmes con Hortelanos. L. Huidobro ratifica esta situación, a mano derecha del arco de San Juan, algo separado del mismo donde estuvo el hospital de San Juan Evangelista, donado a San Lesmes, del cual no quedan vestigios, pues fue edificado en su emplazamiento el convento de agustinas de San Ildefonso (HUIDOBRO, 1999: 124).
En cuanto a la cronología de la muralla, se admite de forma generalizada que las obras se iniciaron en el año 1276, según el documento de Alfonso X, ya mencionado, que recogió el cronista Anselmo Salvá (1892: 86). F. Ortega (1998: 39-40), apuntando la misma fecha, sitúa el comienzo de la construcción en el paseo de los Cubos, enlazando con la puerta de Santa María y San Pablo y llegando hasta la puerta de San Juan. Anselmo Salvá (1892: 89) también transcribió el pliego de condiciones que en 1372 redactó el Concejo para las obras entre las puertas de San Juan y Santa María, donde se puede leer: “Desde la torre de allende de la puerta de San Juan, que comience la barrera allende de la torre al albañal por do entra el agua a la Villa”. La interpretación errónea del texto de Salvá ha llevado a varios autores a firmar que las obras se iniciaron en el año 1276 por la parte oriental de la ciudad, en San Juan, junto a una torre que protegía la entrada de las aguas de los ríos Pico y Vena (GIL, 1913: 72-74; CARMONA, 2006: 15-16; VALDIVIELSO, 1992: 83-87). Sí resulta un hecho cierto la existencia de la cerca en 1387 en relación con la demolición de la capilla de San Juan Evangelista (VALDIVIELSO, 1992: 29). Por su parte, la renovación del arco de San Juan se produjo a mediados del siglo XIX, cuando se vende al vecindario para que lo reconstruya y utilice de soporte de nuevas edificaciones8.
Los antecedentes arqueológicos directos sobre la puerta y el tramo de muralla anexo vuelven a ser poco explícitos. Dos campañas distintas de sondeos realizados en 1991 y 1992 a cargo de Ana I. Ortega Martínez (1991) y Juan José Cano Martín (1992), respectivamente, en el solar aledaño al arco por el norte, ofrecieron resultados negativos, en particular en lo que se refiere a la cronología de la cerca. En todo el flanco oriental de la parcela se conserva un grueso muro de mampostería caliza considerado como la muralla, que en su alzado aéreo de unos 2 m presenta rasgos constructivos diferenciados de otros tramos, al menos en la hoja exterior.
La intervención arqueológica realizada por nuestro equipo en 2007-2008 a propósito de la construcción de un edificio de oficinas en el solar aledaño a la puerta, en la confluencia de la calle San Lesmes con calle Hortelanos, permitió obtener una secuencia de eventos constructivos y la datación de este segmento de la muralla, a pesar de que se articuló mediante un seguimiento arqueológico dado el carácter negativo de las dos peritaciones anteriores.

Figura 2. Intervención arqueológica en la puerta de San Juan. Sección acumulativa.
La secuencia estratigráfica obtenida (Figura 2) parte, de suelo a techo, del nivel geológico de limos oscuros sobre paquetes de arenas y gravas correspondiente a la terraza fluvial del río Vena, que se inicia a una cota aproximada de -3 m de la rasante actual del viario. En la propia base de la pila norte del arco, a una cota entre -2,58 m y -2,80 m, se documentaron tres inhumaciones en fosa simple con la característica orientación O-E, exentas de ajuar y de elementos personales (Figura 3). La última y más profunda corresponde a un individuo infantil provisto de parihuela, sin ningún rasgo estratigráfico o material de datación, ya que todas se encuentran excavadas en el sustrato geológico, y en general en mal estado de conservación como consecuencia de la elevada humedad. Dentro del contexto histórico, su cronología podría situarse en época Plenomedieval (ss. XII-XIII), correspondiendo al límite norte del cementerio intensivo relacionado, con toda probabilidad, con el desaparecido hospital de San Juan Evangelista, ubicado en la entrada de la ciudad, pero necesariamente más al sur, aguas abajo, por donde se proyecta su necrópolis sin solución de continuidad.

Figura 3. Basamento de la pila norte del arco de San Juan (a), tumba con parihuela bajo su proyección antes (b) y después (c) de su excavación arqueológica.
Al norte del cementerio se reconoció un espacio exento de evidencias arqueológicas relacionado con una zona húmeda o encharcada, de color oscuro por la acumulación de humedad y materia orgánica. Esta hondonada aparece colmatada por acción natural y antrópica combinadas, apareciendo de forma alterna nivelillos de espesores centimétricos yermos desde el punto de vista arqueológico, que interpretamos como interfacies en el diacronismo de la colmatación. De la hondonada se extrajo un gran tronco de árbol, posiblemente un sauce blanco (Salix alba) conservado por su inundación permanente, y un fragmento de rueda de molino de conglomerado, elemento relacionado con las múltiples noticias sobre molinos en este entorno (VALDIVIELSO, 1992:81; ESTÉBANEZ, 2002: 19, figura 2). Algunos materiales arqueológicos depositados en la base del relleno permiten situar el inicio de la secuencia de colmatación entre la segunda mitad del s. XIII e inicios del XIV. Comparecen producciones cerámicas a torneta junto con otras engobadas tipo Duque de la Victoria, y acanaladuras y estriados entre las decoraciones de formas tipo olla, orza y jarra características de ese momento. La fisionomía de este sector del solar concuerda con un espacio abierto destinado a huertas conocido como las “Eras de San Juan de la Vega” (CARMONA, 2006: 139).
La muralla es el primer evento constructivo que se produce en este solar, la cual penetra en los niveles geológicos de terraza fluvial, de tal forma que alcanza una cota máxima de -2,97 m respecto a la rasante actual. Con desarrollo norte-sur, en el espacio central dibuja un abombamiento que de forma orgánica se adapta a la fisonomía original del terreno, y en todo el desarrollo soterrado no se advierten rupturas o cambios ni en técnicas ni en materiales constructivos. Hemos identificado su zanja de cajeo, de 0,65 m de anchura respecto a la cabeza de cimentación que posee 0,80 m de altura (Figura 4). La fábrica es cuidada, de mampostería careada de caliza. Del relleno de la zanja de cajeo proceden restos óseos humanos desarticulados por su excavación y algunos materiales cerámicos correlacionables tanto con el primer relleno de la hondonada anexa como con los paquetes sedimentarios que cubren la cabeza de cimentación. Comparecen ahora producciones de “pastas claras” tipo Campoo y están ausentes las producciones vidriadas. Si tenemos en cuenta la similitud de los materiales arqueológicos entre ambos momentos, podemos enmarcar la construcción de este tramo de muralla posiblemente entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV, en correspondencia con las noticias genéricas que se asumen de forma mayoritaria por todos los autores.

Figura 4. Lienzo y cimentación de la muralla intramuros en el solar situado al norte del arco de San Juan, tras la intervención arqueológica.
Sin embargo, la evolución del arco de San Juan ha sido bien diferente, ya que la pila norte no presenta unidad constructiva con el lienzo de la muralla; entre otras cuestiones, tampoco alcanza la potencia de aquella y se encuentra en relación con una atarjea y un empedrado que tímidamente se aprecian en el perfil meridional de la pila, obras relacionadas con el medio urbano próximo encuadrables en la primera mitad del siglo XIX. Su yuxtaposición en el espacio, aunque no estratigráfica, con el límite del ambiente de necrópolis medieval que se desarrolla hacia el sur, informa del mantenimiento de la parcelación histórica, aunque no de la posición original del arco que refiere la documentación. Seguramente estuvo más retraído hacia el sur en la margen derecha del río Vena, también en relación con el desaparecido hospital y capilla de San Juan Evangelista, cuya demolición es ordenada en 1387 por el rey Juan I. La modernidad de la actual puerta queda patente no solo por sus rasgos estilísticos, sino también por la cota de circulación a más de 2 m respecto a la terraza del río Vena, hoy encauzado.
Así las cosas, la filiación del lienzo aéreo de la muralla en este sector de la calle San Lesmes, distinto al desarrollo soterrado, podría tratarse de una recreación erigida en época decimonónica pues, tras las guerras carlistas, había desaparecido casi todo vestigio de la muralla desde la puerta de Santa María hasta el arco de San Juan (SÁNCHEZ-MORENO, 1991: 90). Este muro se utilizó como apeo a las viviendas que a un lado y otro se erigieron desde finales de la Edad Moderna en el solar objeto de estudio, momento donde se encuadra la cimentación de una estructura edificada que se adosa a la muralla.
La puerta de San Martín, abierta en el flanco occidental de la muralla, también era llamada de San Pedro, puerta de Reinosa, puerta Real o puerta Juradera, debido a que por ella entraban los reyes de Castilla tras jurar los fueros de la ciudad (SAGREDO, 1999). Su importancia queda reflejada por su consideración como puerta principal de la ciudad, función protocolaria que se mantuvo hasta el año 1600, cuando recayó en el arco de Santa María (IBÁÑEZ, 1990: 248). Si atendemos a la lápida conmemorativa mandada grabar por el rey Enrique II en 1375 que existe en el paseo de los Cubos, la puerta se edificó en el siglo XIV como continuación inmediata del lienzo de muralla y torres que existen en este paseo. Los materiales empleados, al igual que en la puerta de San Esteban, fueron piedra caliza y ladrillo. Flanqueada por dos robustos cubos, un arco de herradura da paso a una bóveda elevada y profunda que termina en otro arco similar. En el punto medio del trazado se alzan otros dos arcos de herradura, quedando entre ambos el espacio necesario para que descendiera el peine movido por medio de un torno colocado en el piso superior (Figura 5). Intramuros no tiene cubos ni torres, pero sí un portillo en arco de medio punto a través del que se accede al paseo de ronda.

Figura 5. (Sup.) Fotografía antigua del arco de San Martín. Archivo Municipal de Burgos, FO -28429. Nótese el cubo norte con el ripio interior a la vista y la sillería exterior expoliada. (Centro) Arco de San Martín extramuros. (Inf.) Encuentro del cubo norte con el lienzo de la muralla donde se realizó la excavación arqueológica.
En 1740, Andrés Arribas, alarife de la ciudad, demolió “el arco de San Martín y cubo y pedazos de muralla y cerrar la puerta y guarnecerla”9. En relación con esta puerta, N. Sentenach afirma que se observa ante ella los machones de la primitiva entrada, que debió de ser de dos huecos, y que la reconstrucción actual pudiera ser del siglo [XX]. También que está abierta en la muralla más antigua pero renovada más tarde (SENTENACH, 1921: fols. 58v y 59).
Existen antecedentes arqueológicos directos en el ámbito del arco, aunque nuevamente muy poco explícitos. Así, en 2007 se realizó por F. Monzón Moya un sondeo en el intradós y el control arqueológico del entorno en el marco de las obras de mejora de accesibilidad y supresión de barreras, que no ofrecieron información relevante ni sobre la fábrica ni sobre el sustrato (MONZÓN, 2008). En 2021, O. González Díez realiza la lectura estratigráfica muraria del cubo meridional del arco y del desarrollo del lienzo hacia el sur, como antesala de las obras de restauración arquitectónica. En base a referencias bibliográficas, considera obra de la segunda mitad del siglo XIII-XIV (Fase 2ª) el despiece de arenisca erosionado de la hoja exterior del cubo, mientras que en la hoja interior se conservan dos retazos inconexos de sillería de caliza a ambos lados del portillo de acceso al paso de ronda, que atribuye a la fase original de fundación (Fase 1ª) de los siglos XI-XII. El resto de alzado atribuible a la segunda fase edilicia es, curiosamente, a base de sillería de caliza y no de arenisca (GONZÁLEZ, 2021: 30). Finalmente, unas decenas más de metros al norte del arco, durante la construcción de las “casas baratas”, a un metro de profundidad apareció un grueso muro ciclópeo que entonces se asoció a una torre desaparecida, anterior al recinto del siglo XIII (HERGUETA, 1927b: 228).
La intervención arqueológica realizada en 2022 por nuestro equipo a propósito de las obras de peatonalización del arco y su entorno, permitió abordar distintos sondeos y excavaciones en área, una de las cuales se ubicó extramuros, en el encuentro del lienzo de la muralla con el cubo más septentrional, con una superficie excavada de 14,26 m2. El objeto era caracterizar cronológicamente cubo y muralla, ya que de visu en los alzados se aprecian incongruencias sobre lo que se venía publicando. De partida, toda la superficie exterior del cubo presenta un forro de sillería caliza realizado por una escuela taller en las últimas décadas del siglo XX, evidente si tenemos en cuenta que del mismo solo se conservaba el ripio interior a principios de esa centuria (Figura 5). Al mismo tiempo, también resulta evidente que el desarrollo hacia el norte de la muralla presenta otro forro exterior de mampostería caliza que descansa sobre un vertedero plenomedieval, depósito que fue rebajado décadas atrás para la urbanización del espacio. Las técnicas y materiales constructivos de la hoja exterior son diametralmente diferentes a las características de la interior, que es de arenisca de gran módulo según la información proporcionada por un sondeo abierto en el encuentro con la tapia del antiguo seminario (MONZÓN, 2019)10. Al mismo tiempo, en el forro exterior se distingue un corte subtriangular, posteriormente relleno, que relacionamos con una bocamina de la Guerra de la Independencia. Bajo esta perspectiva, las refacciones contemporáneas de los alzados merman de partida la posibilidad de establecer relaciones con los restos soterrados y con las fábricas antiguas.

Figura 6. Área de excavación: estructura cuadrangular adosada al cubo (a), cajeada en el sustrato de arcillas (b) y con distintos niveles de vertedero que cubren zanja y estructura (c y d).
A pesar de esta contrariedad, el área excavada ofreció una interesante secuencia estratigráfica que permite definir al menos tres fases constructivas del arco de San Martín y datar con precisión la central, actuando así de terminus respecto a las demás (Figura 6). La fase más antigua tiene que ver con la cimentación del cubo norte, no alterada por las obras de restauración. De proyección circular, presenta una zarpa de cimentación a base de sillería y mampostería de arenisca y conglomerado cuarcítico cementado en arenisca, que se traba con mortero de cal muy consistente y de color blanquecino (M1). El despiece presenta la peculiaridad de estar mellado, poco oxidado y con grandes esquirlas extraídas.
Sobre la superficie de destrucción se adosa una estructura escalonada en dos niveles de proyección cuadrangular, caracterizada por presentar materiales bien distintos: sillería de caliza que se traba con un mortero de cal de color rosado (M2), menos consistente en cuanto a su cohesión y dureza respecto a M1. Esta estructura corta un nivel sedimentario de ocupación previo, donde aparecen esquirlas de arenisca procedentes con seguridad de la destrucción de la fábrica anterior. Se aloja en una zanja de cimentación excavada en el sustrato de arcillas, de hasta 22 cm de anchura y 41 cm de profundidad.
Del relleno de la zanja de cimentación se ha extraído un pequeño conjunto de material arqueológico muy similar al contenido en los distintos depósitos antrópicos que amortizan esta estructura, enrasada a cota de la urbanización actual: una sucesión de superficies de frecuentación cubiertas por vertederos cenicientos donde se advierten abundantes restos metálicos de hierro y cobre/bronce, alternos con cerámica y fauna, por lo tanto, de origen artesanal y doméstico (Figura 7). Por la formación diacrónica y bien estratificada del vertedero, no dudamos de su carácter primario. La datación 14C AMS sobre una muestra de vida corta ―hueso de fauna― procedente del estrato que cubre la zarpa de cimentación de esta estructura cuadrangular proporcionó una edad con un rango cronológico calibrado 1156-1262 cal AD (89.5%)11. El material arqueológico asociado a la secuencia formativa del vertedero, fundamentalmente el lote cerámico, informa de la corta distancia temporal entre el nivel previo de ocupación y la formación del vertedero tras la construcción de la estructura. Permite realizar un ajuste bayesiano de la cronología edilicia de esta estructura arquitectónica adosada, enmarcada de forma segura en la primera mitad del siglo XIII y probable en su segundo cuarto (ca. 1225-1250). Este material arqueológico está representado por cerámicas tanto a torneta, que representa el 32%, como a torno, donde comparecen tímidamente producciones de “pastas claras” tipo Campoo y engobadas tipo Duque de la Victoria, que en contextos de consumo y a escala regional inician su andadura en este momento (ALONSO y JIMÉNEZ, 2017).

Figura 7. Sección estratigráfica N-S del área excavada. De UE206 (vertedero) procede la datación 14C. UE210 y UE211 corresponden a la estructura cuadrangular adosada a la cimentación del cubo UE213.
Aunque el análisis estratigráfico murario del propio arco quedó ajeno a la intervención, tratándose de una tarea pendiente de abordar desde parámetros de Arqueología de la Arquitectura, se tomó una tercera muestra de mortero de cal del intradós del arco central, concretamente del aparejo de los ladrillos de la rosca (M3). Procede de una mella abierta recientemente, por lo que su procedencia estratigráfica es segura y no obedece a refacciones y/o revoques posteriores (Figura 8). El análisis de los tres morteros de cal se ha realizado a partir de un enfoque multianalítico, empleando las técnicas de DRX, FRX, MEB, TG-DSC, ATR FT-IR, PIM y espectroscopía microRaman12. Este estudio ha permitido confirmar la composición química y mineralógica de las tres muestras de mortero de cal pertenecientes a estos cuerpos de fábrica y constatar las tres etapas edilicias que de visu se apreciaban en la secuencia obtenida. El mortero de la etapa más moderna (M3) está fundamentalmente constituido por carbonatos puros. Los morteros de las etapas anteriores (M1 y M2), sin embargo, presentan una mineralogía más variable que incluye fases magnésicas. El mortero M1 adquiere carácter hidráulico sin adicción de puzolanas, mientras que en el mortero M2 muestra dolomita en la fracción más fina del aglomerante (PONCE-ANTÓN et alii, 2024). Por otro lado, la presencia de fragmentos de carbón en los morteros analizados, como fase contaminante, no ha hecho viable su datación 14C; de haber sido posible, hubiera podido enmarcar el momento de fraguado de cada cuerpo de fábrica analizado.

Figura 8. Lugar de procedencia de los morteros de cal analizados de los distintos cuerpos de fábrica: base de cimentación del cubo norte (M1), estructura cuadrangular adosada (M2) e intradós del arco central (M3).
Así las cosas, queda demostrada la relación de anterioridad del cubo circular realizado con sillería de arenisca y conglomerado, de gran módulo y superficie erosionada, que podríamos relacionar sin problema con el desarrollo del primer amurallamiento de este sector próximo a la fortaleza de El Castillo. El cubo meridional del arco, también circular pero con la sillería conservada, presenta unas características constructivas y formales muy afines, así como parte del lienzo que se desarrolla hacia el norte en su hoja interior y hacia el sur en la exterior, por lo que su coetaneidad parece evidente. Ambos cubos constituyen los restos conservados de la puerta original de salida de la ciudad hacia el hospital del Emperador y el vicus extramuros de San Pedro de la Fuente. Su afinidad constructiva y formal con la torre de doña Lambra, en la base del cerro y considerada como el hito más antiguo por sus diferencias constructivas (HERGUETA, 1927a: 205), también sugiere que el cierre de todo este flanco responde al trazado original y en esencia se ha mantenido en el tiempo con distintas refacciones. Otras razones que parecen obvias para esta atribución son su carácter de puerta principal de la ciudad hasta 1600 y su función como arteria vertebradora del desarrollo del Camino de Santiago, por lo que su cronología cabría situarla en el siglo XI, momento de auténtico despegue urbano y promoción de la ruta de peregrinación bajo auspicio real.
La estructura cuadrangular exhumada en la excavación, edificada en la primera mitad del siglo XIII, la interpretamos como un refuerzo del vetusto cubo circular altomedieval, quizás edificado en los albores del mandato regio de Alfonso X (1252-1284) o de su predecesor Fernando III (1217-1252). El forro contemporáneo que cubre tanto el ripio original del cubo norte como el desarrollo de la muralla en esa dirección, impide determinar otros aspectos de su fisonomía pasada. También si existió un refuerzo similar en el otro cubo, cuya base se encuentra rebajada y urbanizada.
Esta realidad arqueológica proporciona evidencia material a la existencia de una muralla a finales del siglo XI y principios del XII defendida por algunos autores (MARTÍNEZ, 1994: 91-92; GONZÁLEZ, 2010: 125-126). Sin embargo, choca con la secuencia relativa propuesta en las lecturas murarias de este sector de la muralla, a la que se atribuye una cronología de la segunda mitad del s. XIII-s. XIV (GONZÁLEZ, 2021), sin orden constructivo a nivel de técnicas ni de materiales. El propio arco enmarcado entre los dos cubos exigiría un estudio en detalle, aunque pensamos que mayoritariamente responde a una reconstrucción contemporánea, quizás de finales del siglo XIX, de inspiración mudéjar recreadora de su anterior fisionomía.
La muralla de la ciudad de Burgos delimitaba, hasta finales de la Baja Edad Media, el grueso del caserío urbano, aunque se mantuvo el vicus altomedieval extramuros de San Pedro de la Fuente y emergieron nuevas zonas extramuros como el arrabal de Vega, donde ya había precedentes de ocupación dispersa desde el siglo XII. En estos arrabales frecuentemente tenían acomodo actividades molestas e insalubres como alfares, tejeras, tenerías, etc.
En el caso del arco de San Juan, puerta de entrada de la ruta compostelana a la ciudad, la intervención arqueológica en el solar situado al norte ha permitido constatar que la parcelación medieval se ha mantenido hasta nuestros días, si bien con un cambio drástico de uso. La existencia de una necrópolis intensiva bajo el arco antes de la construcción de la muralla que por este flanco se defiende del cauce del río Vena, clarifica la existencia de una capilla con hospital en esta margen del río, probablemente bajo la advocación de San Juan Evangelista. La erección de la muralla a finales del siglo XIII o más probablemente en los comienzos del XIV, como sugiere la estratigrafía obtenida, marcó un cambio en la dinámica urbana extramuros, que conllevó a finales de esa centuria a la demolición de la capilla por constituir un peligro para la ciudad por su proximidad al muro defensivo. Se entiende que ya en ese momento se trataba de un pequeño hospital y su cementerio se encontraba clausurado, y la función asistencial cambió de margen del río al complejo de San Juan (Bautista). Al norte del cementerio, el terreno se mantuvo expedito hasta avanzada la Edad Moderna, en un paisaje de huertas que aprovechaban los fértiles aluviales del río, mientras que el arco original tuvo que situarse necesariamente al sur.
En el caso del arco de San Martín, la segunda etapa constructiva de la muralla se enmarca dentro de un cambio urbanístico importante para este sector intramuros a finales de la Plena Edad Media, cuando era un barrio de eminente carácter agrícola si consideramos el agrupamiento de silos de almacenamiento exhumados y su amplia dispersión espacial solo intramuros, documentados tanto durante los presentes trabajos como en intervenciones próximas, caso del Solar del Cid (MONZÓN, 2019). Hasta ese momento, se mantiene una concepción polinuclear de la ciudad basada en los barrios históricos, en este caso articulado por la desaparecida iglesia de San Martín. La puerta se hallaba en una zona “neutra”, entre la judería vieja situada ladera arriba, y la judería nueva, en el pie de monte. De hecho, en el abultado conjunto de materiales domésticos que amortizan los silos, principalmente de la segunda mitad del siglo XIII, no se hallan elementos culturalmente atribuibles a población semita, como sí se documentó en grandes cantidades unas decenas de metros más al norte (ORTEGA y BORES, 2008). Cerca de la puerta, en el solar del antiguo seminario de San José, la exhumación del zócalo de una vivienda con alzado de adobe/tapia constata la existencia de caserío coetáneo a ese momento (ARATIKOS, 2003).
La renovación urbana podemos entenderla como una acción programática que encuadramos con carácter posterior a los cambios morfológicos producidos en la segunda mitad del siglo XIII, consecuencia de la expansión de los barrios altos ladera abajo y una nueva concepción de la ciudad bajomedieval, que conllevó al remodelado del arco durante el siglo XIV según citan las fuentes documentales, aunque no aún las arqueológicas. El hospital de Santa María la Real, intramuros y adosado a la muralla junto al arco, se funda por esas fechas (MARTÍNEZ, 1981). Son, en suma, los testimonios más explícitos de una profunda alteración de la geografía urbana en el espacio aledaño de esta puerta de la ciudad, que mantiene aún hoy su vocación en la ruta de peregrinación a Santiago de Compostela.
Los testimonios arqueológicos combinados sobre las dos puertas situadas en los extremos de la ruta jacobea a su paso por la ciudad de Burgos, nos hablan de distintos ritmos en el cerramiento del espacio urbano. Como queda demostrado, existe al menos una muralla de génesis altomedieval en el sector más occidental y próximo a la fortaleza de El Castillo, quizás erigida en el siglo XI, que no alcanzó el límite del río Vena en el entorno de la puerta de San Juan, porque el poblamiento en el llano aquí era prácticamente inexistente. Las fábricas en arenisca y conglomerado podrían tomarse como un patrón edilicio de ese momento.
La insistencia en la historiografía de atribuir a Alfonso X la construcción de la muralla ca. 1276 debe tomarse con mucha cautela, ya que en el arco de San Martín constatamos un refuerzo de las defensas en un momento cercano pero anterior, en el segundo cuarto del siglo XIII. Esta situación concordaría con algunas propuestas que indican que, más que la construcción de una nueva cerca, lo que ordena el rey es rectificar la existente (MARTÍNEZ, 1994: 96-97), quizás dentro de un acto programático iniciado por su predecesor sobre la vetusta cerca altomedieval. Pero esto no debe tomarse como un axioma, ya que, por ejemplo, el tramo de muralla en el entorno de San Juan se erige bajo el mandato de sus sucesores, probablemente por Fernando IV o Alfonso XI.
En las intervenciones arqueológicas que se realizan en la muralla medieval de Burgos se asume de forma habitual como terminus esa referencia cronológica, un lastre historiográfico que ha menguado las posibilidades de interpretación de su riqueza histórica en una arqueología urbana hasta ahora poco fina con su realidad.
Las personas que firman este artículo declaran que no se ha sometido a presentación para su evaluación y publicación en otras revistas simultáneamente o con anterioridad, ni ha sido remitido para su difusión en otros medios (páginas web, libro electrónico, etc.).
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1 Cronos SC Arqueología y Patrimonio, email: ca@cronossc.es.
2 Cronos SC Arqueología y Patrimonio, email: jj@cronossc.es.
3 Departamento de Geología, Universidad del País Vasco (UPV/EHU), email: graciela.ponce@ehu.eus.
4 Archivo Municipal de Burgos, signatura HI-2914.
5 Archivo Municipal de Burgos, signatura C-2/21.
6 Archivo Municipal de Burgos, Libro de Actas Municipales 1809, 30 de jun, s/f.
7 Información extraída de la norma arqueológica del PGOU del municipio de Burgos, vigente desde 2014.
8 Archivo Municipal de Burgos, signatura 17-326.
9 Archivo Municipal de Burgos, signatura C-2/21.
10 Lamentablemente, la excavación del sondeo con fines de investigación no agotó los niveles arqueológicos, documentando solo los estratos contemporáneos (ss. XIX-XX), oportunidad perdida para la datación de este tramo.
11 Laboratorio: Beta Analytic Ltd. Muestra: Beta-650663, 860±30 BP, 1166-1220 cal AD (68.2%), 1156-1252 cal AD (89.5%). Programa: BetaCal 4.20, database INTCAL20.
12 Análisis realizados bajo la dirección del Dr. Luis Ortega, Dra. Graciela Ponce-Antón y Dra. María Cruz Zuluaga, del Departamento de Geología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).
Cómo citar: Alonso-Fernández C., Jiménez-Echevarría J., Ponce-Antón G., (2024): Entrar y salir de la ciudad medieval: datos arqueológicos sobre las puertas de San Juan y San Martín de Burgos y su muralla. Arqueología Y Territorio Medieval, 31. e8638. https://doi.org/10.17561/aytm.v31.8638