Arqueología y Territorio Medieval 33, 2026. e9778. I.S.S.N.: 1134-3184 DOI: 10.17561/aytm.v33.9778

Ciudades andalusíes en el sureste peninsular (siglos XI-XIII): evolución urbana y dinámica espacial

Andalusi cities in the southeast of the Iberian Peninsula (11th-13th centuries): urban evolution and spatial dynamics

Raquel Bujalance Silva1

Recibido: 04/07/2025
Aceptado: 23/10/2025
Publicado: 17/02/2026

RESUMEN

La historiografía del urbanismo andalusí ha tendido a focalizarse en el estudio de elementos aislados o de periodos específicos, lo que ha dificultado apreciar el desarrollo urbano como un proceso dinámico y multifactorial. Este artículo presenta un análisis comparativo de la evolución del urbanismo de siete ciudades del sureste peninsular —Almería, Cartagena, Murcia, Elche, Alicante, Denia y Valencia— desde su auge urbano a mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XIII. A partir de una revisión crítica de las evidencias arqueológicas documentadas durante las últimas cuatro décadas, se examina la distribución y articulación de los principales espacios dentro del entramado urbano. La identificación de patrones espaciales asociados a fases históricas concretas revela cómo los cambios económicos, políticos y sociales influyeron en la evolución de estas ciudades, aportando una visión integrada de sus dinámicas urbanas y su adaptación al contexto territorial.

Palabras clave: urbanismo andalusí, arqueología urbana, ciudades islámicas, sureste peninsular, dinámicas espaciales.

ABSTRACT

The historiography of Andalusi urbanism has traditionally focused on isolated elements or specific periods, thereby hindering an appreciation of urban development as a dynamic, multifactorial process. This article presents a comparative analysis of the evolution of urban development in seven cities of the southeast of the Iberian Peninsula —Almería, Cartagena, Murcia, Elche, Alicante, Denia, and Valencia— from their urban flourishing in the mid-11th century to the mid-13th century. Through a critical review of the archaeological evidence documented over the last four decades, the distribution and interrelation of the principal urban spaces are mapped and examined. The identification of spatial patterns linked to defined historical phases demonstrates how economic, political, and social changes shaped and reshaped these urban centers, providing an integrated perspective on their growth dynamics and adaptation to the territorial context.

Keywords: Andalusi urbanism, urban archaeology, Islamic cities, south-eastern Iberian Peninsula, spatial dynamics.

1. INTRODUCCIÓN

El estudio del urbanismo andalusí exige un enfoque integral que permita comprender la evolución de las ciudades como un proceso histórico complejo, condicionado por distintos factores. Como advierten PÉREZ ALVARADO y MONTILLA TORRES (2004), la configuración del enclave urbano y el uso de su infraestructura no solo responden a necesidades funcionales. También expresan, de forma material, las estructuras sociales que los generan. En este sentido, la ciudad debe entenderse como una construcción cultural, económica y política, en constante diálogo con su entorno, su territorio y su contexto histórico. Por ello, el análisis del entramado urbano resulta imprescindible para interpretar los modos de vida, las relaciones de poder y las estrategias de organización espacial de las comunidades que habitaron al-Andalus.

A partir del último tercio del siglo XX, la historiografía sobre el urbanismo andalusí ha evolucionado progresivamente desde enfoques esencialmente descriptivos y centrados en elementos representativos hacia perspectivas más estructurales, que integran dimensiones sociales, funcionales y simbólicas. Investigaciones desarrolladas, especialmente desde las escuelas francesa y española, han contribuido a reformular la comprensión de la ciudad andalusí, tanto desde estudios generales como a través de casos concretos o espacios y elementos determinados. Numerosos trabajos coinciden en interpretar la ciudad como una entidad multiescalar y dinámica, en constante transformación ante los cambios políticos, económicos y sociales del territorio andalusí (ACIÉN ALMANSA, 1998; AZUAR RUIZ, 2019; GUTIÉRREZ LLORET, 2013; JIMÉNEZ CASTILLO, 2013; JIMÉNEZ CASTILLO Y NAVARRO PALAZÓN, 2020; MARTÍNEZ NÚÑEZ, 2011; MAZZOLI-GUINTARD, 2000; MONTILLA TORRES, 2006; ROSSELLÓ, 1999).

No obstante, a pesar de esta evolución metodológica, muchos de los estudios disponibles se centran en componentes urbanos aislados —como viviendas, zocos o espacios funerarios— o en periodos específicos del desarrollo andalusí —Emiratos, Califato, Taifas…—, lo que puede ofrecer una visión más fragmentada del fenómeno urbano a lo largo de este periodo. En este contexto, cabe destacar el reciente trabajo realizado sobre el caso de Almería, que proporciona una perspectiva más amplia, gracias a la colaboración de numerosos investigadores y profesionales de la arqueología (DÍAZ LÓPEZ et alii, 2023).

Por otro lado, los estudios generales sobre la evolución de la ciudad andalusí rara vez incorporan de forma sistemática los datos arqueológicos. En cambio, aquellos que sí lo hacen suelen enfocarse en el análisis de un único núcleo urbano. Esta doble limitación ha dificultado una comprensión global de la ciudad andalusí como una realidad estructuralmente interdependiente, sujeta a procesos de reorganización y adaptación frente a los cambios históricos, que presenta dinámicas comunes con otros núcleos urbanos y singularidades propias. En este contexto, el notable incremento y la progresiva sistematización de la información arqueológica procedente de las actividades desarrolladas en los cascos históricos permiten hoy reconsiderar estas ciudades como yacimientos complejos, donde los distintos espacios y elementos urbanos evolucionan de forma activa y correlacionada.

Atendiendo a esta problemática, la investigación que se presenta propone un análisis comparativo del urbanismo andalusí en el sureste peninsular a través del estudio de siete ciudades: Almería, Cartagena, Murcia, Elche, Alicante, Denia y Valencia (Figura 1). A pesar de sus diferencias topográficas y funcionales, estas urbes comparten una localización estratégica en el eje mediterráneo de al-Andalus, lo que condicionó su desarrollo social, político, económico y, por tanto, urbano a lo largo de los siglos. La selección de estos casos responde tanto a la riqueza del registro arqueológico disponible como a su relevancia como centros urbanos de primer o segundo orden en el contexto regional.

Figura 1. Casos de estudio seleccionados situados a lo largo de la franja costera mediterránea de al-Andalus en el sector sureste de la península ibérica.

La investigación se fundamenta en el análisis de la configuración y articulación de los principales espacios urbanos —recintos amurallados, barrios residenciales y espacios productivos, entre otros— a partir de los datos arqueológicos disponibles y actualizados, complementados con fuentes textuales e historiográficas. Esta metodología permite identificar patrones de transformación urbana asociados a procesos históricos concretos, como los cambios de régimen político, las reformas administrativas o las alteraciones en las redes comerciales.

Desde un punto de vista cronológico, el estudio se articula en tres grandes fases. La primera corresponde al periodo de taifas (mediados del siglo XI hasta ca. 1090), caracterizado por un intenso dinamismo político, comercial, cultural y urbano. La segunda abarca desde finales del siglo XI hasta el tercer cuarto del XII, e incluye tanto la etapa almorávide como la mardanisí, esta última con especial incidencia en ciudades como Murcia o Valencia. La tercera fase, desde finales del siglo XII hasta mediados del XIII, se enmarca principalmente en el contexto del poder almohade y del avance de la conquista cristiana, lo que condicionó procesos de reorganización urbana.

En definitiva, este estudio pretende ofrecer una visión holística de la evolución urbana andalusí en el sureste peninsular, entendiendo la ciudad como una configuración espacial en transformación constante, moldeada por la interacción entre sus pobladores y los agentes políticos, económicos, culturales y territoriales que operan sobre ella a lo largo del tiempo. Esta interacción se materializa en el trazado urbano, la distribución funcional de los espacios, los elementos constructivos y las técnicas empleadas, que constituyen huellas tangibles de los procesos históricos que las atravesaron. A través de un enfoque comparativo, esta investigación no solo visibiliza patrones comunes y singularidades locales, sino que contribuye a una comprensión multiescalar del urbanismo andalusí en una región clave del Mediterráneo occidental, integrando plenamente el registro arqueológico en el análisis de los procesos históricos.

2. CONTEXTO HISTÓRICO Y URBANO DEL SURESTE ANDALUSÍ

El sureste peninsular desempeñó un papel estratégico dentro del territorio andalusí. Esta importancia se debía tanto a su localización geográfica como a su conexión con las rutas comerciales del Mediterráneo occidental. Esta franja litoral, comprendida entre los actuales territorios de Almería y Valencia, se caracterizó por una elevada densidad urbana y por una intensa interacción entre el medio terrestre y marítimo, que favoreció el desarrollo de ciudades dinámicas, abiertas al comercio exterior y articuladas mediante complejas redes socioeconómicas.

A partir del siglo XI, el sureste andalusí experimentó la consolidación de núcleos urbanos de notable proyección política y económica. El proceso de fragmentación del Califato omeya dio lugar a la formación de numerosos gobiernos independientes, muchos de los cuales encontraron en esta región un escenario propicio para afirmarse como entidades políticas autónomas. Un buen ejemplo es Almería, capital de una taifa con fuerte vocación marítima y comercial. Otro es Denia, cuya flota extendió su influencia hacia las Baleares y el norte de África. Estas ciudades actuaron como centros de poder, cultura y comercio. Desde una perspectiva urbanística, sus tramas se transformaron mediante la adaptación de infraestructuras preexistentes y la construcción de nuevos elementos. Como resultado, emergieron formas de organización espacial más complejas.

Entre los siglos XI y XIII, el urbanismo en esta región estuvo marcado por tres factores clave. El primero fue la inestabilidad política, visible en los continuos cambios de soberanía: de los gobiernos de taifas a la dominación almorávide, de ésta a nuevos poderes locales independientes, posteriormente al periodo almohade, y finalmente a la fragmentación política previa a la conquista cristiana. El segundo fue el dinamismo económico derivado del comercio mediterráneo, especialmente en las ciudades costeras. Y el tercero, la transformación de las estructuras sociales andalusíes, que influyeron en la organización del espacio urbano. A todo ello se añaden las particularidades del medio físico, cuya influencia fue determinante en la configuración morfológica de las ciudades. Así, algunas ciudades se asentaron en llanuras fluviales, como Murcia o Elche. Otras lo hicieron en entornos costeros escarpados, como Alicante o Denia. Esta diversidad dio lugar a soluciones arquitectónicas adaptadas tanto a la topografía como a las circunstancias históricas en las que se desarrollaron.

Desde un punto de vista formal, estas ciudades compartieron una serie de elementos estructurales comunes, como recintos amurallados que delimitaban la madīna; alcazabas y alcázares en los que se concentraban el poder político y militar; barrios organizados en torno a calles y plazas; mezquitas aljamas como centros religiosos y núcleos de la estructura urbana; sistemas hidráulicos complejos; espacios productivos intramuros y extramuros; y cementerios normalmente situados en las inmediaciones de las vías principales. No obstante, la articulación concreta de estos espacios varió en función de la evolución histórica de cada núcleo, así como de sus distintas necesidades.

Para analizar este paisaje urbano, resulta clave el volumen creciente de datos arqueológicos generados en las últimas décadas. Estos provienen de intervenciones asociadas al desarrollo urbano reciente y a proyectos de puesta en valor patrimonial. Estas evidencias, aunque desiguales según el caso, han permitido reconstruir aspectos fundamentales de la morfología y la evolución urbana de cada ciudad. A este corpus material se suman las fuentes escritas —crónicas y obras geográficas, principalmente— que ofrecen valiosa información sobre el tejido urbano, la configuración de las ciudades, las funciones de determinados espacios y la importancia relativa de cada núcleo en diversos contextos y diferentes perspectivas (como las dimensiones económica y cultural).

La combinación de fuentes arqueológicas, textuales e historiográficas permite un enfoque más integrador del urbanismo andalusí. Gracias a ello, es posible estudiar tanto las permanencias como las transformaciones que vivieron estas ciudades entre los siglos XI y XIII. Desde esta perspectiva, el análisis comparativo propuesto en este artículo revela cómo cada núcleo urbano, en diálogo constante con su entorno, desarrolló soluciones urbanísticas específicas, aunque inscritas en una lógica espacial compartida por buena parte de las ciudades andalusíes, que respondía a diversos factores del contexto general.

3. DINÁMICAS URBANAS EN EL PERIODO DE TAIFAS (PRINCIPIOS DEL XI - CA. 1090)

La desintegración del Califato de Córdoba a comienzos del siglo XI marcó el inicio de una nueva etapa en al-Andalus, caracterizada por la fragmentación política y la consolidación de múltiples entidades independientes, las taifas. Este proceso generó un contexto de autonomía local que potenció el papel central de las ciudades como núcleos de poder político, actividad económica y dinamismo cultural. Además, favoreció la diversificación monetaria (DOMÉNECH BELDA, 2014: 101). En el sureste peninsular, este fenómeno supuso el protagonismo de urbes como Almería, Denia o Valencia, que alcanzaron una destacada proyección en el ámbito mediterráneo (ARVIDE CAMBRA, 2016; AZUAR RUIZ, 2019; LIROLA DELGADO, 2022: 166-236; RUBIERA MATA, 1985).

Los núcleos urbanos de estos estados independientes experimentaron importantes transformaciones en su configuración, tanto las capitales como los centros de segundo orden. En unos casos, se reorganizaron y ampliaron espacios heredados del periodo califal; en otros, se consolidaron definitivamente modelos urbanos con murallas bien definidas, barrios funcionales y nuevos focos económicos. En términos generales, el periodo de taifas supuso una intensificación del proceso de urbanización, articulado en torno a necesidades defensivas, económicas, culturales y representativas, y condicionado por la urgencia de legitimar el poder local emergente.

3.1. Consolidación de la muralla y expansión de la madīna

Durante el periodo de taifas, la muralla urbana se consolidó como un elemento clave en la configuración del paisaje urbano andalusí. En las ciudades del sureste peninsular, se manifestó en el refuerzo de trazados existentes, en la ampliación de los recintos político-defensivos y en la consolidación de otros nuevos. Capitales como Almería reforzaron las defensas de su madīna, mientras que núcleos como Murcia y Valencia ampliaron sus perímetros. Al mismo tiempo, centros secundarios como Elche o Alicante adquirieron relevancia como núcleos urbanos, lo que implicó la construcción de nuevos sistemas defensivos. Estas actuaciones respondieron tanto a necesidades estratégicas como al crecimiento demográfico y a la reorganización del espacio urbano.

Durante esta etapa se inició la fortificación de algunos arrabales. En Almería, los arrabales de al-Muṣallā y al-Ḥawḍ, con creciente peso económico, fueron amurallados (Figura 2). En otros casos, como el del Fortí en Denia, la cronología de su fortificación resulta más incierta, aunque algunos autores la sitúan en este mismo periodo (GISBERT SANTONJA, 2007; Figura 3). Estas obras defensivas respondían tanto a la necesidad de proteger la madīna como a la consolidación de los arrabales como espacios especializados en actividades comerciales a gran escala dentro de un proceso de creciente complejidad urbana.

Figura 2. La ciudad de Almería a mediados del siglo XI. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores, incorporando la propuesta recogida en ORIHUELA UZÁN (2020: 166).

Figura 3. Cronología de las evidencias arqueológicas de la muralla del arrabal del Fortí de Denia.

3.2. Complejización del sistema viario y multiplicación de accesos

El crecimiento urbano experimentado durante el periodo de taifas tuvo una repercusión directa en la organización del sistema viario y en la multiplicación de los accesos a las ciudades. La ampliación del perímetro amurallado, especialmente en aquellas urbes que incorporaron arrabales fortificados, conllevó la apertura de nuevas puertas y la reorganización de los ejes de circulación interna y externa. Este proceso resulta particularmente evidente en Almería, donde el número de puertas aumenta de cinco a dieciséis y las vías principales de dos a cinco, como consecuencia directa del cercamiento de sus arrabales. Tendencias similares se registran en Murcia y Valencia, aunque en estos casos están relacionadas con la ampliación del trazado de la muralla de la madīna.

Además de la puerta principal, se identifican otros accesos con funciones específicas, destinados principalmente a la defensa, al comercio o a la comunicación entre la madīna y los arrabales. También se documentan puertas vinculadas a la vía principal y a espacios funcionales de la ciudad, como los sectores artesanales, industriales y agrícolas, así como los accesos al puerto marítimo y al embarcadero fluvial. La funcionalidad de estos accesos no fue estática, sino que evolucionó en consonancia con las sucesivas reorganizaciones del espacio urbano. La puerta de Purchena, en Almería, constituye un ejemplo representativo del proceso de transformación urbana. Ubicada en el flanco norte de la muralla del arrabal de al-Muṣallā, adquirió un papel central como principal acceso a la ciudad tras la fortificación de este sector. Esta reconfiguración desplazó la función original de la puerta principal de época califal, que pasó a desempeñar un nuevo papel como conexión interna entre la madīna y el arrabal de al-Muṣallā, en lugar de seguir funcionando como acceso exterior al núcleo urbano (Figura 4).

Figura 4. Función principal de las puertas urbanas de Almería en la segunda mitad del siglo XI (arriba) y Alicante en el siglo XII (abajo).

En conjunto, la transformación del sistema viario refleja no solo el crecimiento físico de las ciudades, sino también un proceso de especialización funcional de los espacios urbanos, en el que la circulación y el control de flujos —de personas, bienes e información— adquieren una relevancia creciente en el marco de unas ciudades cada vez más densas y dinámicas.

3.3. Reconfiguración de espacios de poder y nuevos focos residenciales

Durante el siglo XI se consolida de manera definitiva la presencia de recintos fortificados con funciones político-administrativas en el seno de las ciudades (alcázares y alcazabas), configurando espacios de poder que desempeñaron un papel central en la articulación del entramado urbano. Esta dinámica es especialmente significativa en núcleos cuyo desarrollo fue más tardío —como Cartagena, Elche, Alicante o Denia—, donde la instalación de estos complejos entre finales del siglo X y la primera mitad del XI marca una inflexión en el paisaje urbano.

En ciudades ya consolidadas durante la etapa califal, como Almería, Murcia o Valencia, estos recintos también experimentan transformaciones sustanciales. La alcazaba de Almería, por ejemplo, mantiene su trazado original, pero refuerza su carácter palatino, mientras que los alcázares de Murcia y Valencia son objeto de ampliaciones o remodelaciones que reflejan tanto la afirmación de nuevas élites como la adaptación del espacio a funciones residenciales y representativas.

En este marco, la formación de nuevos focos residenciales se generalizó en las tramas urbanas andalusíes. Algunos de estos barrios se articularon en torno a recintos fortificados y acogieron a sectores destacados de la élite administrativa y económica. Tal es el caso de Valencia, donde en el entorno inmediato del alcázar se estableció un barrio residencial ocupado por miembros de la élite administrativa y económica, identificado en las fuentes como raḥbat al-Qāḍī (BARCELÓ TORRES, 1977: 182, 184; 2000: 46, 49). Esta dinámica de consolidación de áreas residenciales vinculadas al poder palatino respondía no solo a criterios de proximidad política, sino también a una funcionalidad urbana cada vez más compleja y dinámica, en la que convergían intereses de carácter político y socioeconómico (Figura 5).

Figura 5. La ciudad de Valencia a mediados del siglo XI. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

3.4. Transformación de los espacios públicos

El crecimiento demográfico y el dinamismo socioeconómico, en el contexto de la reorganización urbana, impulsaron la diversificación funcional del espacio y la aparición de nuevos focos públicos con infraestructuras adaptadas a una población en expansión.

En el plano religioso, la ampliación de mezquitas aljamas —como en Almería bajo el gobierno de Jayrān (TORRES BALBÁS, 1953: 416-417)— y la construcción de nuevos oratorios de barrio reflejan la intención de reforzar el prestigio institucional, el incremento demográfico y la articulación de nuevas unidades vecinales. Paralelamente, la implantación de baños públicos (ḥammāmāt) en áreas tradicionales —como ocurre en Elche— o emergentes —como en Denia, junto al arrabal del Fortí—, refuerza la idea de una ciudad en expansión que reconfigura sus espacios de sociabilidad en función de las nuevas dinámicas urbanas (Figura 6).

Figura 6. La ciudad de Denia a mediados del siglo XI. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores, incorporando la propuesta de IVARS PÉREZ y CHOFRE GIL (2016: 6, Fig. 1) para el perímetro amurallado.

Igualmente, proliferaron los espacios comerciales y productivos. Se documentan arqueológicamente con mayor frecuencia fanādiq, tiendas y talleres, a menudo articulados en torno a los principales ejes viarios. En Almería se detectan ejemplos representativos de estas dinámicas, tanto en el foco original en la madīna como en la zona más próxima a la vía principal norte-sur del arrabal de al-Muṣallā (Figura 2). En Valencia, el entorno de la puerta de la Alcaicería —situada en el flanco suroeste de la madīna— se consolidó como un nuevo polo económico, fruto del desplazamiento de este tipo de actividades desde el área del raḥbat al-Qāḍī hacia este sector meridional (BARCELÓ TORRES, 1977; 2000; MARTÍ OLTRA y BURRIEL ALBERICH, 2008: 48) (Figura 5).

En conjunto, la coexistencia de centros precedentes y nuevos focos de actividad pública —tanto en la madīna como en los arrabales— pone de relieve una dinámica de crecimiento urbano basada en la adición y la reconfiguración. Las ciudades pueden conservar o redistribuir la centralidad de sus núcleos originarios, articulando así un modelo en constante adaptación a los cambios sociales, políticos y económicos.

3.5. Infraestructuras portuarias y comercio marítimo

En las ciudades costeras del sureste andalusí, el comercio marítimo constituyó uno de los principales motores del dinamismo económico durante el periodo de taifas, lo que impulsó el desarrollo de infraestructuras portuarias especializadas, combinando funciones defensivas, logísticas y comerciales. Este fenómeno refleja un elevado grado de organización urbana orientada al intercambio a larga distancia, cuyo ejemplo más destacado es Almería, que alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XI y XII gracias a unas rutas que recorrían el Mediterráneo de extremo a extremo hasta llegar a las costas de Alejandría (FÁBREGAS GARCÍA, 2023: 109-112).

A este auge se sumaron producciones locales de gran demanda internacional, como la industria de la talla de mármol blanco, utilizada en arquitectura y en estelas funerarias, o la de tejidos de seda con detalles de oro, exportados a lugares como Oriente Medio y Egipto (ARVIDE CAMBRA, 2016: 47; ‘AZĪZ SALEM, 1979-1980: 20-21; AZUAR RUIZ, 2016: 309-310; LÉVI-PROVENÇAL, 1953: 67). Junto a ellas destacan otras manufacturas, como las frutas en conserva, la alfarería o la metalurgia (ARVIDE CAMBRA, 2016: 47), así como las producciones cerámicas almerienses, documentadas incluso en otros contextos mediterráneos como Pisa (AZUAR RUIZ, 2016: 309-310). Estos testimonios ponen de manifiesto la consolidación de Almería en los circuitos comerciales de larga distancia, en un contexto en el que las potencias marítimas cristianas comenzaron a cobrar protagonismo, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XI, hasta llegar a bloquear, ya en el siglo XIII, a importantes ciudades andalusíes con una larga tradición marítima, como ocurrió con Almería frente a Génova (FÁBREGAS GARCÍA, 2007: 143-144, 148; GARÍ DE AGUILERA, 1988: 287-289, LÓPEZ DE COCA, 1982: 335-378; MOLINA LÓPEZ, 2005: 35).

En relación con estas ciudades que concentraban un mayor flujo comercial y rutas de largo alcance —como Almería y Denia—, las fuentes textuales y arqueológicas subrayan la importancia de las atarazanas como espacios multifuncionales. Al-ʿUḏrī describe la organización del frente portuario almeriense, con áreas destinadas tanto a la construcción naval como al comercio (AL-‘UḎRĪ, 1965: 86; LIROLA DELGADO, 2005: 32-33), mientras que al-Idrīsī destaca la relevancia de Denia en la producción de embarcaciones (AL-IDRĪSĪ, 1974: 233-234).

Además de las infraestructuras portuarias urbanas, se documenta la creación de enclaves costeros vinculados a ciudades interiores próximas al litoral, concebidos como puntos de control, redistribución y conexión con las rutas marítimas.

Un ejemplo destacado es el complejo de Santa Pola, interpretado a partir de los restos excavados por YUS CECILIA (2012: 160-164), que incluyen una torre y un espacio de almacenamiento posiblemente protegido por un recinto amurallado (Figura 7). Su origen se vincula a las políticas impulsadas por los gobiernos de taifas para favorecer el acceso al mar de ciudades de segundo orden, como Elche, con el objetivo de integrarlas en las redes comerciales mediterráneas y reforzar su base económica (ÁLVAREZ TORTOSA, BUJALANCE SILVA, MATEO CORREDOR, 2021; BUJALANCE SILVA, 2021).

Figura 7. Restos documentados en el castillo-fortaleza de Santa Pola e identificados como el complejo de la torre del Port del Cap del Aljub. Figura realizada a partir de YUS CECILIA (2012: 162).

3.6. Agricultura y red hidráulica en el contexto periurbano

Pese al auge de la economía especializada, la agricultura se mantuvo como un pilar fundamental. En ciudades como Murcia, Elche o Valencia, emplazadas junto a cauces fluviales, complejos sistemas hidráulicos basados en redes de acequias facilitaron la consolidación de huertas periurbanas y la aparición de núcleos agrícolas satélites.

Estas infraestructuras garantizaban el abastecimiento y reforzaban la vinculación funcional entre la ciudad y su territorio. En torno a ellas se organizaron numerosos núcleos rurales satélites, estrechamente ligados a las urbes. Este modelo es especialmente evidente en el caso de Valencia, donde la investigación arqueológica y documental ha identificado diversas concentraciones poblacionales dispuestas en torno a las principales acequias. Estas, visibles en el siglo XIII, tienen su origen en dinámicas previas (Figura 8).

Figura 8. Red de acequias y espacios de huerta en torno a Valencia a principios del siglo XIII según MARTÍ OLTRA (2002: 57, Figura 1), con núcleos poblacionales identificados a partir de los restos arqueológicos documentados.

La existencia de estos núcleos responde a una lógica de ocupación intensiva del espacio periurbano, orientada tanto al autoabastecimiento como a la producción de excedentes destinados al comercio. Además, actuaban como interfaz entre la ciudad y su entorno inmediato, facilitando la circulación de productos agrarios, la gestión del agua y el control territorial. Así, la red de huertas urbanas y acequias no solo fue un elemento funcional, sino también estructurante del paisaje urbano y territorial.

3.7. La minería como una de las actividades económicas principales

La explotación de recursos pétreos fue una actividad económica de gran relevancia en ciertos núcleos del sureste andalusí, especialmente en Almería y Cartagena, donde la cantería alcanzó un notable desarrollo durante los siglos X y XI. En Almería, la fundación de la ciudad implicó la apertura y explotación intensiva de varias canteras destinadas a abastecer de materiales las construcciones públicas y privadas (Figura 9). Entre las más destacadas se encuentran la Cueva del Tesoro, las Cuatro Cuevas, el Covarrón y la de la Campsa, que permanecieron activas hasta mediados del siglo XII (ALONSO BLANCO, BERBEL RODRÍGUEZ, CARA BARRIONUEVO, 2008: 269-288; CARA BARRIONUEVO, 2016: 96-97).

Figura 9. Ubicación de las canteras principales de la ciudad islámica de Almería según ALONSO BLANCO, BERBEL RODRÍGUEZ, CARA BARRIONUEVO, (2008: 269-288). Los límites de las canteras son los reconocidos por el Decreto 224/2018, de 11 de diciembre, por el que se inscribe en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural, con la tipología de monumento, las canteras monumentales de Almería (Almería), con n.º de expediente 626_18-CU (CONSEJERÍA DE CULTURA. JUNTA DE ANDALUCÍA, 2018).

La explotación minera de plata en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión fue una de las más relevantes de la península desde época romana. Junto a la plata, la minería de la zona generaba plomo como subproducto de la galena, material que tuvo múltiples aplicaciones —desde la construcción hidráulica hasta la alfarería y la medicina— (PÉREZ MACÍAS, 2019: 140; PUCHE RIART, 2005: 90). Aunque no se disponga de documentación suficiente para valorar la intensidad de su explotación en los siglos posteriores, es verosímil que mantuviera cierta actividad durante todo el periodo andalusí, lo que explicaría que, tras la conquista de Qarṭāŷanna en 1245, Alfonso X reservara a la Corona el derecho de explotación de las minas, permitiendo a los particulares trabajarlas a cambio de un porcentaje de los beneficios (NEGUERUELA MARTÍNEZ, 2007: 239).

Así, la cantería desempeñó un papel fundamental en la economía del sureste andalusí, asegurando recursos constructivos y favoreciendo la proyección comercial de estos núcleos hacia el exterior.

3.8. Organización del espacio funerario

El crecimiento urbano durante el periodo de taifas también se reflejó en la organización de los espacios funerarios, con un aumento del número de necrópolis y una mayor diversidad en las prácticas de enterramiento. Por lo general, los cementerios se localizaban extramuros, asociados a los accesos principales de la ciudad. En urbes de mayor complejidad como Almería, donde los arrabales se amurallan, el cementerio principal se traslada más allá de los nuevos límites fortificados. En otras, como Alicante, se mantiene un único espacio extramuros. En Murcia, se constata un incremento de áreas de enterramiento, algunas de las cuales quedan incluidas en el perímetro amurallado del siglo XII (Figura 10). También se registran necrópolis intramuros vinculadas a mezquitas aljamas, como en Denia.

Figura 10. La ciudad de Murcia a mediados del siglo XI. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

En conjunto, la evolución de los espacios funerarios ofrece un indicador relevante de los cambios estructurales experimentados por las ciudades del sureste andalusí, reflejando transformaciones en la configuración urbana y en las prácticas sociales y religiosas.

4. EVOLUCIÓN URBANA BAJO EL GOBIERNO ALMORÁVIDE Y EL MARDANISÍ (CA. 1090 - CA. 1170)

La ocupación almorávide del sureste peninsular, iniciada a partir de 1090, supuso un cambio sustancial en la organización política de al-Andalus. La desaparición del sistema de taifas y la instauración de un poder centralizado modificaron el orden de relevancia administrativa de los centros urbanos que conformaban la red territorial andalusí (BOSH VILA, 1998; GUICHARD y SORAVIA, 2006).

Pese a esta centralización y al reajuste principalmente administrativo, muchas ciudades del sureste conservaron su importancia estratégica y económica, integrándose en un sistema estatal más amplio, orientado tanto al control político como a la proyección mediterránea del imperio almorávide. Esta integración propició inversiones específicas en núcleos costeros como Cartagena, que habría formado parte de la red de actividad marítima almorávide, con base en Almería (QUEVEDO SÁNCHEZ, RAMALLO ASENSIO, GUILLERMO MARTÍNEZ, 2022: 95).

En líneas generales, el dinamismo alcanzado durante el periodo de taifas se mantuvo bajo el gobierno almorávide, propiciando una expansión continuada del desarrollo urbano. Lejos de limitarse al mantenimiento de la trama existente, el nuevo poder promovió intervenciones que reflejan un crecimiento sostenido y una marcada actividad urbana.

4.1. Transformaciones en las murallas y los alcázares y alcazabas durante el periodo almorávide

Desde una perspectiva urbanística, el gobierno almorávide promovió importantes reformas defensivas en el sureste peninsular, reforzó las murallas de sus ciudades y las construyó nuevas en algunos de sus arrabales principales.

Valencia es una de las pocas ciudades donde se documenta una modificación significativa de la muralla de la madīna, mediante la ampliación del perímetro hacia el sur, que desplazó el flanco meridional precedente (Figura 11).

Figura 11. La ciudad de Valencia a mediados del siglo XII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

En otras ciudades, las intervenciones se concentraron en los arrabales. En Murcia, la muralla de la Arrixaca puede datarse gracias a su mención en fuentes geográficas como al-Idrīsī (ca. 1138) y a registros fiscales que atestiguan la recaudación de impuestos destinados a su construcción en 1125 (MARTÍNEZ LÓPEZ y RAMÍREZ ÁGHILA, 1996: 72). En Cartagena, AZUAR RUIZ (2019: 117-118) relaciona el arrabal de Gomera con el de Mallorca a través del topónimo, que haría referencia a la comunidad norteafricana de los Gūmara. La presencia constatada de este grupo en la necrópolis de la Almudayna de Gumara en Mallorca sugiere que el arrabal cartagenero pudo consolidarse —y fortificarse— bajo el gobierno almorávide (Figura 12).

Figura 12. La ciudad de Cartagena a mediados del siglo XII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores, incorporando la propuesta de la muralla de RAMALLO ASENSIO et alii (2013:41).

Paralelamente, se llevaron a cabo reformas en alcázares y alcazabas. ARNOLD (2005: 92, 101; 2008: 31-32) identifica un momento constructivo de la segunda mitad del siglo XI en el palacio de la alcazaba almeriense, atribuyéndolo al gobierno de al-Mu’taṣim. En Valencia, el complejo palatino del alcázar fue objeto de reformas durante esta fase, destacando la construcción de un nuevo palacio entre las viviendas del siglo XI y el fortín (IBORRA BERNARD y MARTÍ OLTRA, 2019: 44-45; PASCUAL PACHECO y VIOQUE HELLÍN, 2010: 21-24).

Asimismo, se construyeron complejos secundarios, como el alcázar menor de Murcia (Dār aṣ-Ṣuġrā), situado en el sector norte del arrabal de la Arrixaca (Figura 13). Este espacio es mencionado por Ibn al-Abbār, quien relata que Ibn Ṭāhir fue allí recluido tras su destitución a mediados del siglo XII. Dicho testimonio sitúa su construcción en la primera mitad del siglo XII (JIMÉNEZ CASTILLO, 2013: 1039; NAVARRO PALAZÓN y JIMÉNEZ CASTILLO, 2011: 150-151).

Figura 13. La ciudad de Murcia a mediados del siglo XII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores, incorporando la propuesta de JIMÉNEZ CASTILLO y NAVARRO PALAZÓN (2000: 57, Fig. 6) para la muralla de la ciudad, las de NAVARRO PALAZÓN y JIMÉNEZ CASTILLO (1994: 157-203; 2016: 16) para el perímetro del alcázar mayor y la de POZO MARTÍNEZ, ROBLES FERNÁNDEZ y NAVARRO SANTA CRUZ (2007a: 211, Fig. 2) para el alcázar menor.

Todas estas actuaciones en complejos palatinos reflejan un modelo de gobierno que reforzaba su legitimidad a través de una intensa monumentalización del espacio urbano.

4.2. Expansión residencial y diversificación socioeconómica

La intensificación de las dinámicas urbanas que tiene lugar durante el gobierno almorávide se traduce en la consolidación de focos socioeconómicos preexistentes y en la apertura de nuevos espacios vinculados a la actividad comercial, residencial y administrativa. Este proceso evidencia una reorganización funcional de la ciudad.

En Almería, el dinamismo económico se refleja en la expansión de las infraestructuras comerciales dentro de los principales focos públicos: el núcleo original de la madīna, el eje sur-norte del arrabal de al-Muṣallā y el entorno de la muṣallā. En este último destaca la transformación de la plaza situada al sur de la muṣallā en un zoco, modificación que coincidiría con el momento en que este espacio comenzaría a asumir funciones cívicas (GARCÍA LÓPEZ et alii, 1995; GARCÍA LÓPEZ, MORALES SÁNCHEZ, CARA BARRIONUEVO, 2003). Además, se documenta la aparición de un nuevo sector comercial en la zona oriental de la ciudad (Figura 14).

Figura 14. La ciudad de Almería a mediados del siglo XII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

En Murcia, el crecimiento del arrabal de la Arrixaca refleja el auge de la actividad comercial bajo el dominio almorávide. Destaca especialmente el funduq conocido como Recinto I, cuya fase inicial se sitúa en esta etapa. Recientemente estudiado por HERNÁNDEZ ROBLES (2022), este espacio se asocia al momento en que el arrabal experimenta un fuerte dinamismo socioeconómico, estrechamente relacionado con la construcción del alcázar menor en su sector norte (EIROA et alii, 2021).

Relacionado con la expansión de infraestructuras comerciales y la reestructuración administrativa debida a la implantación del gobierno almorávide, surgieron barrios de alto poder adquisitivo, como el documentado en el sector sureste de la madīna de Elche, situado entre la puerta Lucentina y el foco público principal (LÓPEZ SEGUÍ, TENDERO FERNÁNDEZ, GÓMEZ MARTÍNEZ, 2003: 2; PASTOR SIRVENT, 2004: 2).

En cuanto al ámbito doméstico, se registra una clara intensificación en la construcción de manzanas residenciales, una tendencia que se manifiesta especialmente en los arrabales amurallados, donde emergen de manera significativa nuevos espacios públicos durante este periodo. Ejemplos de ello son el arrabal de al-Muṣallā en Almería o el del Fortí en Denia (Figuras 14 y 15). No obstante, este fenómeno también se constata en el interior de la madīna de algunas ciudades, como Valencia, donde el sector sur del nuevo perímetro amurallado —anteriormente un espacio periférico— fue ocupado por nuevas edificaciones residenciales. Un proceso similar se observa en Almería, en la zona próxima a la alcazaba, anteriormente destinada a pozos y silos, donde se ha documentado recientemente el antiguo barrio islámico (SALINAS PLEGUEZUELO, ALEMÁN OCHOTORENA, PÉREZ MARTÍN, 2024). Todo ello sugiere una estrategia planificada de expansión y densificación urbana.

Figura 15. La ciudad de Denia a mediados del siglo XII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

4.3. Espacios productivos y agricultura periurbana

Durante el gobierno almorávide se observa que en las ciudades de Almería y Murcia se mantiene o incluso se intensifica el número de espacios productivos. En Almería, destaca el incremento de la producción textil en el arrabal de al-Muṣallā y el desarrollo de talleres alfareros en el de Purchena, lo que refleja una especialización artesanal extramuros. Las actividades productivas en Murcia, desde una perspectiva material, parecen enfocarse principalmente en dos: la alfarería y el vidrio.

Por el contrario, en otras ciudades se detecta un proceso de relocalización de los centros productivos, especialmente de la alfarería. En Elche, por ejemplo, este periodo constituye una excepción en la secuencia urbana, ya que no se documentan centros alfareros próximos al núcleo. Sin embargo, la reaparición de esta actividad en fases posteriores sugiere un desplazamiento transitorio de los talleres fuera del ámbito urbano. Un fenómeno similar se constata en Denia, donde los alfares extramuros del sector occidental dejan de estar activos, posiblemente en relación con cambios en la organización funcional del espacio. En Alicante, el principal foco alfarero se localiza en el Tossal de les Basses, claramente alejado del núcleo urbano (Figura 16). En el caso de Valencia, los talleres alfareros se sitúan también extramuros, al norte del río, lo que indica una clara tendencia a relegar estas actividades a una periferia lejana.

Figura 16. La ciudad de Alicante a mediados del siglo XII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores, incorporando la propuesta de ROSSER LIMIÑANA (1994) para la muralla.

En paralelo, el mantenimiento y la mejora de las infraestructuras hidráulicas en ciudades como Valencia, Murcia y Elche permitió continuar desarrollando un modelo urbano estrechamente vinculado a la explotación agrícola de su entorno inmediato. Este fenómeno favoreció el desarrollo de los núcleos poblacionales contiguos a la madīna, especialmente en Valencia y Murcia. Estos arrabales, que no llegaron a ser amurallados, presentan un grado de urbanización menor al resto del entorno urbano y una marcada conexión con los recursos naturales circundantes.

Además de estos arrabales adyacentes, se identifican pequeños núcleos agrícolas más alejados, aunque funcionalmente integrados en el hinterland urbano. Ejemplos como Javalí Viejo y Zeneta en Murcia, el asentamiento de la Circunvalación Sur en Elche, o Quart de Poblet en Valencia, muestran la articulación territorial en torno a acequias y vías principales (Figura 17). Estas entidades, articuladas en torno a la red de acequias y caminos principales, constituyen un testimonio material de la interdependencia entre el núcleo urbano y su entorno rural, y del papel activo que desempeñaron estos enclaves en la economía y el abastecimiento de las ciudades andalusíes.

Figura 17. Murcia (izquierda, arriba), Elche (izquierda, abajo) y Valencia (derecha) relacionadas con algunas de las poblaciones agrarias más próximas.

4.4. Complejidad del espacio funerario

El crecimiento urbano se traduce también en la expansión de las necrópolis. En ciudades como Valencia y Elche se fundan nuevos cementerios extramuros, mientras que en Murcia se instala una gran necrópolis en el arrabal murado de la Arrixaca. Asimismo, se produce una ampliación de las principales necrópolis preexistentes, como Bāb Baŷŷāna en Almería, Bāb Undārā en Denia o la de Roteros en Valencia, todas ellas relativamente próximas a las vías principales de las ciudades. Paralelamente, se reducen otras necrópolis que hasta el momento se habían mantenido, la mayoría ubicadas intramuros, como ocurre con las de los arrabales de Almería. Además, surgen nuevos espacios funerarios vinculados a áreas de hábitat recientemente consolidadas, como ocurriría en el arrabal de Gomera en Cartagena (Figura 12), donde se instalaría un nuevo cementerio extramuros (GUILLERMO MARTÍNEZ, 2014: 33).

4.5. El legado urbanístico de Ibn Mardanīš

El declive almorávide abrió paso a una nueva etapa de gobiernos independientes, siendo especialmente relevante el de Ibn Mardanīš, quien gobernó desde Murcia entre 1147 y 1172. Durante su mandato se consolidó un territorio autónomo caracterizado por el refuerzo de las defensas, la revitalización de las redes comerciales y el establecimiento de acuerdos con potencias como Pisa y Génova, lo que favoreció la articulación de nuevas rutas hacia el Mediterráneo oriental (EIROA RODRÍGUEZ y GÓMEZ RÓDENAS, 2019: 20-27; GUICHARD, 2001: 125-134). Desde una perspectiva arqueológica, la impronta del gobierno de Ibn Mardanīš resulta poco perceptible en muchas ciudades del sureste peninsular, especialmente en aquellas de segundo orden, como Elche o Alicante. No obstante, su impacto es más evidente en núcleos urbanos de mayor relevancia.

En Murcia, su capital, se constatan reformas en los complejos palaciegos del alcázar mayor y del alcázar menor. En el primero son claramente identificables en una mezquita ubicada en las proximidades de la actual iglesia de San Juan de Dios y colindante con la muralla meridional (SÁNCHEZ PRAVIA y GARCÍA BLÁNQUEZ, 2007: 261-267; 2008: 347). En cuanto al alcázar menor, se han identificado dos fases constructivas del primer palacio, Dār aṣ-Ṣuġrā: una de origen almorávide y otra correspondiente al gobierno de Ibn Mardanīš, caracterizada por reformas de gran envergadura llevadas a cabo en el siglo XII (JIMÉNEZ CASTILLO, 2013: 1079-1080; NAVARRO PALAZÓN y JIMÉNEZ CASTILLO, 2011: 151).

En Valencia, la intervención mardanisí es perceptible en la reorganización del alcázar, en el pórtico principal que articulaba el patio con el fortín, así como en otras áreas asociadas a salas de audiencias y espacios ajardinados (IBORRA BERNARD, 2020: 77).

El gobierno de Ibn Mardanīš también supo potenciar estratégicamente su red territorial, aprovechando la coyuntura generada por la ocupación cristiana de Almería (1147-1157). Durante este periodo, Cartagena se consolidó como un centro portuario clave, canalizando el comercio con el norte de África y sustituyendo temporalmente a Almería como eje del tráfico marítimo en el sureste (QUEVEDO SÁNCHEZ, RAMALLO ASENSIO, GUILLERMO MARTÍNEZ, 2022: 95).

Más allá de estos casos representativos, el registro arqueológico muestra pocas evidencias materiales claramente atribuibles al gobierno de Ibn Mardanīš. En Valencia, se han documentado refuerzos en la muralla (FERRANDIS MONTESINOS, 2016: 472-475) y la construcción de nuevos espacios domésticos extramuros durante la segunda mitad del siglo XII (HERREROS HERNÁNDEZ, 2015), aunque la ausencia de rasgos distintivos claros y la proximidad cronológica de la implantación almohade dificultan su asignación inequívoca a esta etapa.

5. EL PERIODO ALMOHADE Y LOS ÚLTIMOS GOBIERNOS INDEPENDIENTES ANTES DE LA OCUPACIÓN CASTELLANA DE MEDIADOS DEL SIGLO XIII

La última fase del urbanismo andalusí en el sureste peninsular estuvo marcada por el dominio almohade y por breves gobiernos independientes previos a la expansión cristiana del siglo XIII. La huella material más reconocible en el registro arqueológico corresponde al poder almohade, debido a la limitada proyección material de los regímenes autónomos posteriores. Existen, no obstante, excepciones como Murcia, donde se construyó el complejo palaciego Qaṣr aṣ-Ṣagīr sobre los restos de la antigua Dār aṣ-Ṣuġrā, testimonio del papel de la ciudad como sede del gobierno de Ibn Hūd (JIMÉNEZ CASTILLO, 2013: 1097; NAVARRO PALAZÓN y JIMÉNEZ CASTILLO, 2009: 718).

La expansión almohade en al-Andalus se inició tras la conquista de Marrakech por ‘Abd al-Mū’min en 1147, lo que dio paso a una política de integración territorial basada en la consolidación de un poder centralizado que abarcaba desde el Atlántico hasta el Mediterráneo oriental (PICARD, 2018: 281). Valencia y Murcia fueron incorporadas a esta estructura imperial en 1171 y 1172, respectivamente, mediante un modelo de administración que mantuvo parte de las estructuras locales como mecanismo de gobernabilidad eficiente (GUICHARD, 2001: 145-150). Durante las siguientes décadas, los almohades consolidaron su hegemonía en el sureste peninsular, impulsando diversos procesos de reorganización urbana.

El declive almohade en al-Andalus comenzó a mediados del primer cuarto del siglo XIII, marcado por dos hitos fundamentales: por un lado, la derrota en las Navas de Tolosa en 1212 (AZUAR RUIZ, 1990: 181-182; GUICHARD, 2001: 157-161; HUICI MIRANDA, 2000: 428-429); por otro, la crisis dinástica y la pérdida del control del comercio marítimo frente a Aragón, Castilla e Italia (PICARD, 2018: 280). Este escenario facilitó la aparición de nuevos poderes locales, como el de Ibn Hūd al-Mutawakkil en Murcia y el de Zayyān b. Mardanīš entre Murcia y Valencia. Sin embargo, estos gobiernos independientes fueron efímeros y estuvieron marcados por una fuerte inestabilidad política (AZUAR RUIZ, 1990: 184; GUICHARD, 2001: 179, 187-188).

A excepción de Almería y su entorno meridional, que pasarían a formar parte del reino nazarí de Granada hasta finales del siglo XV, las ciudades del sureste fueron conquistadas por las tropas cristianas entre las décadas de 1220 y 1270, marcando el fin del periodo andalusí en esta región.

5.1. Dinámicas urbanas durante el gobierno almohade

Durante el periodo almohade, las ciudades del sureste peninsular experimentaron trayectorias urbanas divergentes, determinadas por la interacción entre factores políticos, económicos y territoriales. A pesar de los esfuerzos del poder central por incentivar el desarrollo urbano y reforzar el control del territorio, no todas las urbes respondieron de igual manera a estas políticas. Mientras algunas, como Almería, entraron en una fase de estancamiento, otras secundarias, como Elche, mostraron signos de consolidación y crecimiento hasta mediados del siglo XIII. De entre todos los núcleos analizados de mayor relevancia, Almería, Murcia, Denia y Valencia, solo esta última parece mantener una trayectoria claramente de crecimiento hasta mediados del siglo XIII.

Estas diferencias se explican, en gran medida, por el tipo de economía predominante en cada ciudad. Los centros con una fuerte proyección comercial a larga distancia —como Almería, Cartagena, Murcia y Denia— resultaron más vulnerables a la inestabilidad política y a la competencia en el ámbito mediterráneo. En cambio, núcleos como Elche, Alicante o Valencia, con una extensión urbanizada más reducida y con una economía basada principalmente en la actividad agraria, mantuvieron una mayor estabilidad.

Desde una perspectiva urbanística, esta diferenciación económica se relaciona directamente con el grado de urbanización de los arrabales. En ciudades como Almería, Cartagena, Murcia y Denia, durante los siglos XI y XII se desarrollaron arrabales fortificados y con un alto nivel de desarrollo urbano, vinculados a la producción y al comercio a gran escala. Estos espacios se convirtieron en elementos centrales del tejido urbano, albergando focos socioeconómicos de primer orden, como muestran el arrabal de al-Muṣallā en Almería y el de la Arrixaca en Murcia (Figuras 18 y 19). En cambio, en ciudades como Elche, Alicante o Valencia no se documentan arrabales amurallados, y las áreas de hábitat adyacentes a la madīna permanecieron abiertas y poco urbanizadas, lo que favoreció una mayor integración funcional con el entorno agrícola y suburbano inmediato.

Figura 18. La ciudad de Almería a inicios del siglo XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 19. La ciudad de Murcia a inicios del siglo XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

5.2. Transformaciones en la infraestructura defensiva

El periodo almohade se caracteriza por una intensificación de las intervenciones defensivas en el tejido urbano, motivada tanto por la voluntad de control territorial y proyección imperial, como por la necesidad de responder a la creciente inestabilidad militar y política que caracterizó las décadas previas a la conquista cristiana. Entre las actuaciones más frecuentes se constatan refuerzos, restauraciones y reconfiguraciones de murallas y accesos, presentes en ciudades como Almería o Murcia, entre otras.

En Almería, por ejemplo, se redujo la anchura de la puerta sur vinculada a las atarazanas (MARTÍNEZ GARCÍA, 1989), medida que podría interpretarse como una estrategia de contención ante amenazas marítimas, asociadas a la pérdida progresiva del control sobre las rutas mediterráneas. En Murcia, las excavaciones han revelado la apertura y posterior clausura de un portillo en el lienzo norte del alcázar mayor, en uso durante un breve periodo entre finales del siglo XII y comienzos del XIII (BERNABÉ GUILLAMÓN et alii, 2000: 625-627). De forma paralela, en Elche se registra la amortización de la puerta monumental del flanco oeste del alcázar, sustituida por un acceso menor y un sistema de captación de agua construido en su base. Esta intervención podría responder a una doble necesidad: reforzar la seguridad frente a episodios de inestabilidad y mitigar el riesgo de inundaciones derivadas de crecidas del río Vinalopó, hipótesis no excluyentes (LÓPEZ SEGUÍ et alii, 2004: 52). La reconfiguración de puertas también afectó a Valencia, donde se constata la colocación de una lámina de hierro en la puerta de la Hoja en 1216, medida que buscaba reforzar estructuralmente uno de los accesos más vulnerables del recinto urbano (BARCELÓ TORRES, 1977: 178; 2000: 44).

Uno de los rasgos más innovadores del urbanismo almohade fue la proliferación de torres exentas vinculadas a los accesos principales (Figura 20). En Valencia, J. V. Ferrandis Montesinos (2016: 413-414, 502) ha propuesto la existencia de tres de estas estructuras defensivas, asociadas a las puertas de la Boatella (torre Cremada), del Temple (torre de ‘Alī Bufāt) y de la Culebra conectadas a la muralla mediante pasarelas elevadas (BARCELÓ TORRES, 2000: 43). En Elche, la torre del Homenaje del alcázar constituye otro ejemplo destacado de este tipo de elemento arquitectónico (AZUAR RUIZ, 1983; 1998: 97; BORREGO COLOMER y SARANOVA ZOZAYA, 1990: 183; LÓPEZ SEGUÍ et alii, 2004: 44-45).

Figura 20. La ciudad de Valencia a inicios del siglo XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

En lo que respecta a los complejos defensivo-palatinos, las reformas fueron en su mayoría de menor envergadura, como ocurre en Almería con los jardines de la alcazaba (ARNOLD, 2008: 34-35), en la alcazaba de Cartagena con intervenciones generales (NEGUERUELA MARTÍNEZ, 2007: 256-257) o en Murcia con la modificación del postigo del alcázar mayor anteriormente mencionada (BERNABÉ GUILLAMÓN et alii, 2000: 625-627) y con las reformas puntuales realizadas en el alcázar menor (POZO MARTÍNEZ, ROBLES FERNÁNDEZ, NAVARRO SANTA CRUZ, 2007b: 286). No obstante, también se acometieron obras más significativas, como la ampliación del salón norte de la alcazaba de Almería con la torre de la Odalisca, interpretada como un mirador con características precursoras de los miradores nazaríes (ARNOLD, 2004: 568; 2005: 109; 2008: 33; NAVARRO PALAZÓN y JIMÉNEZ CASTILLO, 1995: 63-103).

Además, se constata una densificación de espacios residenciales dentro de estos complejos en ciudades como Almería (CARA BARRIONUEVO, 1990: 177; 2005: 121-122), Alicante (ROSSER LIMAÑANA, 2012) o Valencia (IBORRA BERNAD, 2020: 77), lo que sugiere una expansión de las áreas residenciales en los espacios palatinos. Esta transformación podría vincularse a un cambio funcional bajo dominio almohade y a un contexto de creciente inestabilidad política. En este marco, la alcazaba tiende a separarse de la ciudad para albergar al gobernador, símbolo de la ocupación militar y de la impronta ideológica del islam almohade, distinta a la tradición peninsular previa (MAZZOLI-GUINTARD, 2023: 225).

5.3. Reestructuración del espacio público y socioeconómico

La transformación del espacio público durante el periodo almohade respondió a las dinámicas socioeconómicas propias de cada ciudad. En Almería, donde se constata una contracción económica, se produjo el abandono de antiguos focos comerciales intramuros y una concentración progresiva de la actividad hacia el arrabal de al-Muṣallā, que ya había adquirido un papel destacado desde el periodo de taifas. Este proceso, iniciado con la expansión urbana del siglo XI —posiblemente vinculada a la ampliación de la actividad portuaria a lo largo de los flancos meridionales de la madīna y del propio arrabal— derivó en época almohade en una reconfiguración funcional del tejido urbano (Figura 21). La actividad marítima se concentró entonces en el extremo oriental de la madīna y en el sector sur del arrabal, lo que supuso la desactivación de ciertas infraestructuras interiores, como algunas puertas, y el consecuente refuerzo de las defensas en el flanco meridional de la ciudad (BUJALANCE SILVA, 2024).

Figura 21. Distribución de las principales puertas del frente meridional de la muralla de Almería y evolución del espacio portuario entre los siglos X y XV, incorporando aportaciones interpretativas de investigadores como CARA BARRIONUEVO (2016) y GARZÓN OSUNA (2015: 159).

En centros que conservaron cierto dinamismo, como Murcia o Denia, los espacios públicos y comerciales existentes se mantuvieron operativos con escasas transformaciones, aunque se registran algunas nuevas instalaciones puntuales, más vinculadas a procesos de reorganización que a una expansión urbana efectiva. Un caso especialmente representativo es el de Denia, donde, pese a la reducción general del número de espacios públicos respecto a fases precedentes, se observa un incremento en el sector sureste de la madīna. Este fenómeno parece reflejar una concentración de la actividad económica en torno a la puerta que comunicaba con el arrabal del Fortí, lo que reforzaría la articulación funcional entre la ciudad intramuros y las infraestructuras portuarias.

En aquellos núcleos urbanos que mantuvieron una clara trayectoria de crecimiento durante esta fase, como Valencia, Elche o Alicante, se constata la persistencia de numerosos espacios públicos heredados, junto con la aparición de nuevos focos de actividad. En Elche, por ejemplo, se han documentado los baños del convento de Santa Lucía, ubicados en un posible arrabal extramuros desarrollado en las inmediaciones de la puerta Lucentina, lo que indicaría la consolidación de nuevos núcleos de hábitat periféricos a la madīna y su dotación con servicios públicos (Figura 22).

Figura 22. La ciudad de Elche a inicios del siglo XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

También se registran nuevas instalaciones intramuros, como en Valencia, donde se identifica, por ejemplo, una nueva edificación de carácter comercial construida al sur de la mezquita aljama, en el contexto de una reconfiguración urbana que dio lugar a un barrio de nueva planta (MARTÍ OLTRA y BURRIEL ALBERICH, 2008: 51).

5.4. Evolución del espacio doméstico y de la dinámica demográfica

En cuanto al espacio doméstico, las ciudades que experimentaron un descenso en el crecimiento urbano muestran una disminución en la edificación de nuevas viviendas y una tendencia a la concentración de la población en sectores específicos de la madīna y los arrabales. En Almería, los espacios residenciales se localizaron preferentemente en el sector oriental de la madīna y en el arrabal de al-Muṣallā, que desde etapas previas había ganado peso como eje urbano emergente. De forma análoga, Murcia presenta una alta ocupación en los sectores este y central de la madīna, así como en la zona septentrional del arrabal de la Arrixaca, donde se concentró la mayor parte de la población identificada para este periodo. Aunque persistieron núcleos de hábitat en la zona meridional de la madīna y en el flanco suroeste del arrabal, su importancia relativa disminuye con respecto a fases anteriores (Figuras 18 y 19).

En Denia, las viviendas mantuvieron en general la distribución heredada del periodo anterior, si bien se constata una densificación significativa en los sectores central y occidental de la madīna. En el arrabal del Fortí destaca la ocupación del sector norte, mientras que disminuye la presencia de estructuras domésticas en el sector noroeste extramuros, considerado un posible arrabal sin fortificar (Figura 23).

Figura 23. La ciudad de Denia a inicios del siglo XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

En contraste, Alicante y, especialmente, Valencia, evidencian un dinamismo activo en sus espacios residenciales, con una continuidad o incluso expansión del hábitat, especialmente en arrabales no amurallados. En estos contextos, el crecimiento urbano parece responder más a procesos espontáneos que a una planificación sistemática, lo que podría estar vinculado a la inestabilidad política y al desplazamiento de población desde áreas desprovistas de una sólida defensa hacia la periferia de núcleos fortificados que, como en estos casos, mantienen cierto dinamismo socioeconómico.

5.5. Espacios productivos y transformaciones económicas

En lo que respecta al ámbito productivo, se detectan tendencias dispares. En aquellas ciudades donde el desarrollo urbano mantiene una continuidad respecto a la fase anterior, el número de espacios productivos se conserva o incluso aumenta. Algunos talleres previos son amortizados, mientras que otros de nueva creación se instalan en diferentes puntos. De manera generalizada, durante esta fase los alfares constituyen la principal actividad artesanal en las ciudades del sureste peninsular, como Murcia, Elche o Valencia. Muchos de estos talleres se ubican en zonas alejadas de la madīna, donde existieron alfares en siglos anteriores que habían caído en desuso en el siglo XI, como sucede al norte del río Turia en Valencia o al sur de la madīna de Elche (Figuras 20 y 22).

Un caso singular dentro de esta dinámica es el de Denia, donde todos los espacios productivos en funcionamiento durante este periodo corresponden a nuevas construcciones. Esto podría estar reflejando una transformación de la base económica local en favor de la producción artesanal, al menos desde finales del siglo XII y principios del XIII (Figura 23).

En conjunto, el análisis de los espacios productivos durante la dominación almohade evidencia un binomio de continuidad y cambio, en el que la capacidad de adaptación económica de cada núcleo urbano condicionó su desarrollo productivo en el marco de un contexto progresivamente inestable.

5.6. Ampliación y proliferación de los espacios funerarios

Durante el periodo almohade, los espacios funerarios en el sureste peninsular experimentaron una notable tendencia a la ampliación y diversificación. En núcleos como Almería, Elche y Murcia se documenta la expansión de necrópolis ya existentes, mientras que en núcleos como Valencia o Alicante se fundaron nuevos cementerios en áreas periféricas, a menudo asociadas a arrabales sin amurallar o a zonas recientemente consolidadas.

Esta dinámica responde a una combinación de factores. Desde una perspectiva espacial, el aspecto más fácilmente identificable es que, en determinados casos, refleja un crecimiento demográfico sostenido desde fases anteriores. A este y otros posibles factores de carácter sociocultural, más difíciles de rastrear en el registro arqueológico, se añade el contexto de inestabilidad política y el progresivo debilitamiento del poder central a finales del dominio almohade. Todo ello, en conjunción con la presión militar cristiana, pudo favorecer una mayor concentración de población en espacios fortificados y un aumento de la mortalidad.

En conjunto, el panorama funerario urbano de esta etapa revela un proceso activo de adaptación, en el que la creación, reorganización y expansión de cementerios respondieron a factores socioeconómicos y políticos que conllevaron cambios estructurales del tejido urbano.

6. CONCLUSIONES

El análisis de la evolución urbana de las ciudades andalusíes en el sureste peninsular entre los siglos XI y XIII pone de manifiesto la estrecha relación entre las dinámicas espaciales y los factores territoriales, históricos, económicos, políticos y sociales que condicionaron su desarrollo. Lejos de constituir entidades estáticas, estos núcleos urbanos experimentaron continuas transformaciones en respuesta a los cambios en las estructuras de poder, las estrategias de control territorial y las dinámicas socioeconómicas regionales e interregionales.

Desde la consolidación y expansión de las ciudades durante el periodo de taifas hasta las reorganizaciones territoriales promovidas por los almohades y algunos gobiernos independientes, las ciudades del sureste peninsular exhiben trayectorias urbanas diversas y complejas, marcadas por fases sucesivas de crecimiento, estabilización, reestructuración, ralentización y regresión. Las estructuras urbanas no solo materializaron el ejercicio del poder y las relaciones de producción, sino que funcionaron también como escenarios activos —y, en ocasiones, catalizadores— de los procesos de transformación social y económica a lo largo del tiempo.

El periodo de taifas marcó un punto de inflexión en la consolidación del modelo urbano andalusí. En el marco de la autonomía política de las ciudades-estado, muchos núcleos urbanos alcanzaron una madurez estructural que condicionó su evolución posterior. Esta etapa se caracterizó por la expansión de los recintos amurallados, la diversificación de los espacios productivos y la complejización del tejido socioeconómico, entre otros aspectos. Al mismo tiempo, cada ciudad desarrolló singularidades urbanas propias, determinadas por los distintos factores que configuraban su contexto específico, entre ellos su función político-administrativa dentro del sistema de su respectiva taifa.

En el caso de Almería, sus arrabales fueron fortificados y el de al-Muṣallā adquirió un papel relevante como foco público. En su flanco septentrional se estableció la nueva puerta principal de la ciudad, mientras que el eje viario norte-sur del arrabal conectaba el complejo portuario —posiblemente ampliado en esta fase a lo largo del flanco sur de este recinto— con el sector sureste de la madīna, donde se localizaban el foco socioeconómico original y las atarazanas.

En ciudades como Murcia, Denia y Valencia —núcleos urbanos de referencia desde el punto de vista administrativo durante este periodo— se multiplicaron los espacios comerciales. En los casos de Denia y Valencia, ambas capitales de taifas, surgieron nuevos focos socioeconómicos intramuros como respuesta al incremento de la densidad urbana y la intensificación de la actividad socioeconómica, en especial la mercantil. Además, en sus periferias se reforzaron sectores productivos estratégicos: la alfarería y la actividad agrícola en Murcia, esta última también en Valencia y la actividad artesanal en Denia, vinculada al desarrollo urbano del arrabal del Fortí, colindante a las atarazanas.

Por su parte, en ciudades como Elche o Alicante se produjo la consolidación definitiva de los distintos sectores funcionales —socioeconómico, doméstico, productivo y funerario, principalmente—, replicando de forma diferida un modelo similar al previamente documentado en núcleos urbanos de mayor entidad, como Murcia o Valencia. Asimismo, se potenció la economía de estos núcleos secundarios que se encontraban en el interior, como Elche, mediante su conexión con enclaves costeros que ejercían funciones de control y redistribución, como el excavado en Santa Pola.

La etapa almorávide supuso la continuidad de muchas de las dinámicas socioeconómicas desarrolladas durante el periodo de taifas, potenciando en numerosos casos el esplendor urbano alcanzado por las ciudades. Este desarrollo fue posible, en gran medida, gracias a la centralización política y a la capacidad administrativa de un aparato estatal amplio, que fomentaba las relaciones comerciales intermarítimas tanto entre sus diversos territorios como con otras potencias del Mediterráneo. A diferencia de los estados independientes del periodo de taifas, limitados por la fragmentación interna, los conflictos recurrentes y la extensión de su territorio, el gobierno almorávide proporcionó la estabilidad necesaria para el crecimiento sostenido del tejido urbano. En este contexto, modelos urbanos como el de Almería durante el periodo de taifas —una ciudad articulada en torno al comercio marítimo, con una clara reorganización funcional y nuevos focos socioeconómicos consolidados tras la urbanización y fortificación de sus arrabales— se reprodujeron en otras ciudades implicadas en el comercio a gran escala, como Cartagena, Murcia, Denia o Valencia.

De esta manera, hacia finales del dominio almorávide, la mayoría de los arrabales vinculados a las actividades comerciales, especialmente las marítimas, aparecen ya fortificados, lo que evidencia su consolidación como nodos estratégicos en la red urbana. En consonancia con este proceso, los principales focos socioeconómicos tendieron a desplazarse hacia estos espacios extramuros o a concentrarse en torno a las puertas y ejes viarios principales, configurando un esquema en el que la actividad económica y las dinámicas sociales derivadas de ella se erigían como motores fundamentales de la organización urbana. En este contexto, se expandieron y consolidaron barrios residenciales de alto poder adquisitivo, documentados en ciudades como Elche y Valencia, probablemente asociados al incremento de grupos sociales acomodados vinculados a la expansión de la actividad económica —fundamentalmente mercantil— en el sureste peninsular. Estos barrios, situados en las inmediaciones de los principales focos socioeconómicos y de los centros político-administrativos, reforzaron su papel dentro de la estructura urbana, contribuyendo a una mayor diferenciación social y espacial.

Otro rasgo distintivo del periodo es el incremento y la expansión de los espacios domésticos. En algunas ciudades, como Valencia, se desarrollaron nuevos núcleos poblacionales extramuros, generalmente arrabales no amurallados vinculados a actividades agrícolas. En otros casos, como Almería, los arrabales preexistentes alcanzaron un mayor grado de urbanización, al tiempo que se ocuparon nuevos sectores colindantes destinados principalmente a funciones productivas y funerarias.

En cuanto a la producción artesanal, especialmente en lo relativo a los alfares, se observa una reubicación generalizada. De todos los documentados en la fase anterior, solo en la ciudad de Murcia se mantuvieron intramuros. En cambio, en ciudades como Elche o Denia, estos talleres desaparecieron del entorno periurbano, mientras que, en otras, como Almería o Alicante, se instalaron en arrabales no amurallados. Esta redistribución responde tanto a criterios funcionales como a la progresiva ocupación del espacio interior del recinto urbano, cada vez más densamente edificado y destinado a otras funciones económicas.

La etapa mardanisí, aunque breve, imprimió una huella tangible en ciudades como Murcia y Valencia, especialmente en los espacios vinculados al aparato político y defensivo. Las reformas identificadas en los complejos palatinos y en determinadas estructuras urbanas reflejan la voluntad de consolidar un poder autónomo en un contexto de fragmentación política, al tiempo que se insertan en la continuidad material de las fases precedentes.

Por su parte, el periodo almohade en el sureste peninsular presenta una evolución en dos tiempos. Una primera etapa se distingue por un impulso urbanístico, evidenciado en intervenciones sustanciales sobre recintos defensivos, complejos palatinos e infraestructuras estratégicas. En cambio, a partir de las primeras décadas del siglo XIII, se impone un escenario de creciente inestabilidad política y crisis económica que conduce a la ralentización, e incluso a la contracción, de numerosos núcleos urbanos, así como una progresiva reestructuración de su tejido interno.

En este escenario de transición y declive, algunas ciudades cuya economía dependía en gran medida del comercio a gran escala —como Almería— comienzan a mostrar síntomas de regresión. En contraste, otras urbes como Elche, Alicante o Valencia mantienen su dinamismo, e incluso complejizan su organización urbana. Esta divergencia se explica, en buena medida, por las diferencias en la base económica de estos asentamientos: mientras que Almería fundamentaba su economía en actividades marítimas sujetas a la inestabilidad del contexto mediterráneo, ciudades como Elche, Alicante o Valencia desarrollaban economías más resilientes, centradas en la agricultura, la artesanía y el comercio de ámbito regional. Además, el modelo de expansión urbana basado en arrabales no amurallados —más flexibles y de menor coste de mantenimiento— permitió a estas últimas adaptarse con mayor eficacia a las exigencias del momento.

En síntesis, el urbanismo andalusí en el sureste peninsular constituye un fenómeno profundamente dinámico, moldeado por la interacción constante entre factores políticos, económicos, territoriales y sociales (Figuras 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30). Lejos de responder a un patrón homogéneo, las ciudades analizadas presentan trayectorias diferenciadas que reflejan distintos procesos de desarrollo urbano frente a los cambios históricos que marcaron cada periodo. En este marco, las tramas urbanas no solo deben entenderse como reflejo pasivo de las estructuras de poder, sino como escenarios activos en los que se representan las estrategias de control territorial, organización económica y articulación social. La aproximación comparativa y arqueológica adoptada en este estudio permite avanzar hacia una lectura más compleja e integrada del urbanismo islámico, especialmente en un espacio estratégico como el sureste peninsular, cuya diversidad paisajística, vocación mediterránea y densidad histórica lo convierten en un observatorio privilegiado para el análisis de las dinámicas urbanas de larga duración en al-Andalus.

Figura 24. La evolución de la ciudad islámica de Almería entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 25. La evolución de la ciudad islámica de Cartagena entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 26. La evolución de la ciudad islámica de Murcia entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 27. La evolución de la ciudad islámica de Elche entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 28. La evolución de la ciudad islámica de Alicante entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 29. La evolución de la ciudad islámica de Denia entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

Figura 30. La evolución de la ciudad islámica de Valencia entre los siglos XI y XIII. Interpretada a partir de los restos arqueológicos documentados y de las aportaciones de otros investigadores.

FINANCIACIÓN

Esta investigación se ha llevado a cabo en el marco del contrato de investigación PRE2020-093372, adscrito al proyecto PID2019-108192GB-I00 Context. El contexto como herramienta: escalas de aplicación en los procesos de cambio en la Alta Edad Media, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España.

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1 Instituto Universitario de Investigación en Arqueología y Patrimonio Histórico (INAPH), Universidad de Alicante, Campus Universitario, Ctra. San Vicente s/n, 03690 San Vicente del Raspeig, Alicante, España. Email: raquel.bujalance@ua.es. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-3765-609X

Cómo citar: Bujalance Silva, R. (2026): Ciudades andalusíes en el sureste peninsular (siglos XI-XIII): evolución urbana y dinámica espacial. Arqueología y Territorio Medieval, 33, e9778. https://doi.org/10.17561/aytm.v33.9778