Arqueología y Territorio Medieval 33, 2026. e9944. I.S.S.N.: 1134-3184 DOI: 10.17561/aytm.v33.9944

El Cerro del Castillo, Chiclana de la Frontera (Cádiz), un posible puerto fluvial de época almohade entre la campiña suroeste y la bahía de Cádiz. Estudio a través de sus restos materiales

Cerro del Castillo, Chiclana de la Frontera (Cádiz), a possible almohad period river port between the southwestern countryside and the bay of cádiz. A study of its material remains

Paloma Bueno Serrano1, Rodrigo Joaquín Matas Díaz2, Pablo Jesús Fernández Lozano3, Enrique José Ruiz Pilares4

Recibido: 22/09/2025
Aprobado: 29/07/2026
Publicado: 21/10/2026

RESUMEN

Este trabajo consiste en el estudio preliminar de los niveles arqueológicos de época andalusí del yacimiento del Cerro del Castillo de Chiclana de la Frontera (Cádiz), publicados de manera sucinta hasta estos momentos. Se abordan en este trabajo la relación de este con el territorio circundante, el lugar de su emplazamiento y las evidencias arqueológicas conservadas.
Aunque el descubrimiento se remonta al año 2006 las últimas intervenciones realizadas entre los años 2021-2023, han permitido ampliar el conocimiento acerca de este asentamiento. Los resultados de las investigaciones permiten una aproximación al conocimiento de la organización territorial del suroeste de la península ibérica, concretamente del área comprendida entre el litoral y la campiña gaditana, formando parte de lo que fue la cora de Sidonia (Kurat Sidûna) y su contextualización en la época almohade. El estudio conjunto de todo el registro arqueológico y de algunas fuentes documentales ha permitido plantear la hipótesis de su posible relación con la vía marítimo-fluvial que unía Algeciras con Sevilla y con ese resurgir del comercio y las rutas atlánticas en época almohade.

Palabras clave: registro arqueológico, cerámica andalusí, almohade periodo, poblamiento rural.

ABSTRACT

This work consists of a preliminary study of the Andalusian-era archaeological levels at the Cerro del Castillo site in Chiclana de la Frontera (Cádiz), wich have so far been published only briefly. It addresses the site's relationship with the surrounding territory, its strategic location, and the preserved archaeological evidence.
Although the discovery dates to 2006, the most recent interventions, carried out between 2021 and 2023, have expanded our understanding of this settlement. The research findings provide insight into the territorial organization of the southwest of the Iberian Peninsula, specifically the area between the coast and the countryside of Cádiz, wich formed part of what was once the cora of Sidonia (Kurat Sidûna), and its context within the Almohad period. The combined study of the entire archaeological record and some documentary sources heve led to the hypothesis of its possible relationship with the maritime-river route that linked Algeciras with Seville and with the resurgence of trade and Atlantic routes during the Almohad period.

Keywords: archeological record, Andalusians pottery, Almohad period, rural settlement.

1. INTRODUCCIÓN

El descubrimiento del yacimiento del Cerro del Castillo en Chiclana de la Frontera (Cádiz) tuvo lugar en septiembre de 20065 durante el desarrollo de una actividad arqueológica preventiva en el casco histórico de la ciudad, concretamente en el barrio de San Juan Bautista, justo detrás de la iglesia Mayor (Figura 1). A pesar de tratarse de una excavación complicada por su extensión (4000 m2), por conservar una dilatada secuencia estratigráfica, concretamente desde el Bronce Final-Hierro I hasta época contemporánea, y por la cantidad de material mueble recuperado, el equipo de investigación se esforzó por extraer toda la información posible de todos los periodos históricos abarcados, de ahí la posibilidad de realizar este trabajo (BUENO, CERPA, 2008: 325-350; BUENO, 2015: 225-251; BUENO, 2023: 80-85). En el año 2021, gracias al trabajo interdisciplinar de diferentes especialistas y al marco conceptual y metodológico del proyecto GUADAMED, se tuvo la oportunidad de realizar un estudio monográfico, teniendo en cuenta las posibilidades que ofrecía de cara a la investigación bajomedieval en el suroeste de la cora de Sidonia (Kurat Sidûna). Presentamos en esta publicación el estudio preliminar de las investigaciones realizadas en estos últimos años centrándonos en tres objetivos principales. El primero de ellos, contribuir al conocimiento y la difusión del poblamiento almohade en el litoral suroeste; el segundo, analizar las características espaciales y funcionales de este tipo de hábitat rural; y en último lugar, realizar un estudio de los materiales arqueológicos recuperados en las excavaciones realizadas.

Figura 1. Situación del Cerro del Castillo en la península ibérica y en la bahía de Cádiz.

Figura 1. Situación del Cerro del Castillo en la península ibérica y en la bahía de Cádiz.

Desde que en 1981 el profesor Juan Abellán abordara desde la Universidad de Cádiz el proyecto de investigación “Organización espacial de la provincia de Cádiz. Siglos V-XIII” hasta la actualidad (CAVILLA, 1992: 13), el panorama de la investigación arqueológica medieval del ámbito gaditano ha cambiado bastante. Si bien, los estudios publicados, sin entrar en las intervenciones de urgencias recogidas en el Anuario Arqueológico de Andalucía que se vienen publicando por parte de la Junta de Andalucía desde 1985, son muy reducidos.

Especialmente, si los comparamos sin salir del marco andaluz, con la manifiesta trayectoria investigadora de los equipos de investigación de las Universidades de Granada o Jaén (MALPICA, 2014; MALPICA, GARCÍA, 2016; SALVATIERRA, 2006).

Centrándonos en el poblamiento almohade del litoral gaditano se deben destacar los resultados de las intervenciones arqueológicas realizadas en los últimos cuarenta años en San Roque Barbésula (CAVILLA, 1988), Caños de Meca -Beca- (CAVILLA, 1988; 1992), Benaocaz (CAVILLA, 1999), Medina Sidonia -Balsana- (ABELLÁN et alii, 1987), San Fernando -Sancti Petri- y -Camposoto- (CAVILLA, 2014), Jerez de la Frontera (CAVILLA, 2012), El Puerto de Santa María (LÓPEZ, RUIZ, GILES, 2011) y Cádiz (CAVILLA, 2008). Asimismo, se ha publicado toda una serie de trabajos tomando como referencia fuentes árabes (ABELLÁN, 2005; MEOUAK, 2022). Tanto el análisis del registro arqueológico como el documental han permitido realizar las primeras síntesis y tipologías, especialmente destacable es la obra de Francisco Cavilla para época almohade (2008), periodo de eclosión del poblamiento andalusí, tanto costero como serrano (CAVILLA, 2019; BUENO, 2003a: 30; IGLESIAS, 2016; TAYLOR, PÉREZ, GARCÍA, 2018). Sin embargo, el yacimiento objeto de este estudio no aparece citado en ninguna de las fuentes conservadas, a diferencia del resto de los asentamientos documentados y que sí están citados en los itinerarios marítimo-fluviales realizados por conocidos geógrafos andalusíes como al-Idrīsī (Figura 2) (CAVILLA, 2019: 38). La ausencia de referencias a este asentamiento en el ámbito de Chiclana en las fuentes árabes podría explicarse por las características propias del poblamiento, diseminado y con construcciones muy frágiles, como expondremos a continuación, destruidas previamente a la ocupación cristiana.

Figura 2. Ruta marítima Algeciras-desembocadura del Guadalquivir (Fuente: Cavilla, 2019).

Figura. 2. Ruta marítima Algeciras-desembocadura del Guadalquivir (Fuente: Cavilla, 2019).

2. UBICACIÓN

Las transformaciones paleogeográficas y geomorfológicas del lugar han modificado a lo largo de la historia el medio físico y natural del entorno que nos ocupa, pasando de ser un cerro que estuvo situado en la desembocadura de un río y cerca del litoral, a formar parte del casco histórico de una ciudad. El lugar elegido para el asentamiento desde la prehistoria reciente, época fenicio-púnica, romana y andalusí hasta la actualidad, fue una elevación de cumbre amesetada de unos 29 m s. n. m. con una vertiente muy pronunciada sobre el río. Su ubicación entre dos medios naturales muy activos, por un lado, el mar, en este caso, el océano Atlántico y, por otro, una vía fluvial-caño mareal, el río Iro, unido a las importantes transformaciones antrópicas que se han sucedido a lo largo de la historia, han sido las causantes de que la línea de costa actual diste de 8-10 km de la originaria. El río conecta en la actualidad, a través del caño de Chiclana, con el de Sancti Petri, desembocando en la playa del mismo nombre.

Hacia el interior dominan las ricas tierras de labor de la campiña que se extienden hacia Medina Sidonia, la antigua madinat Ibn al-Salim. Esta está compuesta por un paisaje abierto con elevaciones suaves que no superan los 40 m s. n. m. Se trata por tanto de un paisaje diverso, formado por un litoral atlántico, campiñas de relieves suaves, cerros y suelos ricos para la agricultura y ganadería, constituyendo una extraordinaria fuente de recursos para su explotación (BUENO, CERPA, 2008: 325-350; BUENO, 2023: 80-85) (Figura 3).

Figura 3. Ubicación del yacimiento del Cerro del Castillo y La Mesa en el río Iro.

Figura 3. Ubicación del yacimiento del Cerro del Castillo y La Mesa en el río Iro.

El topónimo se debe, según las fuentes escritas, a la existencia en el lugar de una fortificación mandada construir por Alonso Pérez de Guzmán, “el Bueno”, en 1303, sobre los cimientos de una supuesta torre anterior6 (BUENO, 2023: 80-85). De época moderna se conservan algunos documentos en el Archivo Histórico y en el de la iglesia de San Juan Bautista que hablan de la existencia de un carenero-astillero y embarcadero en el río, donde se cargaban carbón, leña, cal, yeso y paja para llevar a la ciudad de Cádiz7. De ahí la hipótesis de la posible existencia de un puerto fluvial, bajo el cerro y en la margen izquierda del río, en época medieval. Como sostiene F. Cavilla siguiendo las fuentes escritas existió un fondeadero en el caño de Sancti Petri durante la dominación almorávide y almohade de al Ándalus, formando parte de las rutas atlánticas, momento en el que la bahía de Cádiz adquirió una gran relevancia comercial y militar. Fue el geógrafo ceutí al-Idrīsī, en el siglo XII, el que hace alusión, en el Nuzhat almuštāq, a la vía marítimo-fluvial que, bordeando la costa atlántica y penetrando en el Guadalquivir, enlazaba Algeciras con Sevilla; asimismo mencionaba, como uno de los puntos intermedios de atraque, la desembocadura de Šant Bātar, que se corresponde con la desembocadura del caño de Sancti-Petri, uno de los canales de desagüe del río Iro, a muy poca distancia del cerro. El caño de Sancti Petri conecta con el río Iro, de manera que ese fondeadero tendría relación de abastecimiento y comercio con el asentamiento del castillo, donde pudo existir ese puerto fluvial en uso hasta la edad moderna.

3. METODOLOGÍA

El descubrimiento, como ya hemos señalado, se produjo en 2006 y de manera casi ininterrumpida los trabajos han continuado hasta 2023. Las últimas excavaciones arqueológicas han estado relacionadas con la puesta en valor del yacimiento, con la creación del denominado Espacio Arqueológico Nueva Gadeira, formado por un centro de visitantes y la construcción de una pasarela y una torre que rememora la construida en tiempos de Alonso Pérez de Guzmán. La mayoría de las intervenciones realizadas corresponden a actividades arqueológicas de urgencia y preventivas, ya que el yacimiento se extiende bajo el núcleo urbano, concretamente bajo el casco histórico, y nunca estuvo sujeto a ningún Proyecto General de Investigación Arqueológica, lo que dificulta su gestión organizada y la excavación en extensión. Esto significa que se ha ido actuando de manera aleatoria, según el ritmo que ha ido marcando el desarrollo urbanístico de la ciudad. Se han intervenido en más de trece solares y en la mayoría de ellos se han hallado restos medievales, especialmente entre las calles Santísima Trinidad, calle Ánimas, convento y castillo (Figura 4, 1), y en la Nave Municipal, actual centro de visitantes (Figura 4, 2) (BUENO, 2023: 80-85).

Figura 4. Distribución espacial de la zona de hábitat y de los silos.

Figura 4. Distribución espacial de la zona de hábitat y de los silos.

En el primer solar en el que se intervino se actuó en dos fases, la primera fase o fase diagnóstico consistía en la realización de 12 sondeos de 3 x 3 m, para conocer la existencia de restos y valorar su importancia. Los resultados fueron tan satisfactorios que, en una segunda fase, se excavó el solar en extensión (Figura 4, 1 (2006)). Se planteó una excavación por unidades estratigráficas naturales, cuando fuera posible y las dimensiones lo permitieran. En caso de no poder ser así, se excavaron de manera artificial. El inicio de la excavación se centró en los niveles más elevados. La mayoría de los restos arqueológicos fueron hallados en el sureste del solar. Las estructuras siliformes fueron halladas alrededor de ese espacio. Estas fueron excavadas atendiendo a la posible existencia de diferentes niveles de relleno.

Todos los niveles arqueológicos, así como las estructuras constructivas, se hallaban afectados debido a la ocupación continuada en todas las épocas, sobre todo en época contemporánea. Los niveles arqueológicos de época medieval se encontraban semiarrasados, como se ha podido comprobar al excavar los silos que habían perdido toda la parte superior de la estructura. A esto debemos añadir el hecho de que toda esta zona estuvo ocupada por el cementerio moderno de la ciudad, prácticamente en uso hasta finales del siglo XIX.

Los trabajos realizados en 2021-2023 (Figura 4, 2 (2021-23)) han estado vinculados con la construcción del centro de visitantes del yacimiento en la Nave Municipal. En este caso la intervención arqueológica ha consistido en el control del movimiento de tierra motivado por la obra y la realización de una serie de sondeos ubicados en el lugar donde iban a ir ubicados los micropilotes para la sustentación de la segunda planta y techo del inmueble. Los resultados que aquí se exponen han sido obtenidos gracias a la excavación de varias estructuras siliformes de época almohade.

Después, en el laboratorio, se realizó el estudio del material arqueológico mueble y la recogida de muestras de sedimentos para poder realizar las analíticas pertinentes. Especial interés se ha puesto en el estudio antracológico, palinológico y carpológico de determinadas unidades estratigráficas, como las que forman los silos, para intentar conocer cuáles fueron productos almacenados.

4. ESTRUCTURAS CONSTRUCTIVAS HALLADAS

Los primeros testimonios de la ocupación andalusí se localizaron en el sector noreste de la excavación y consistían en una serie de restos constructivos, muy arrasados, formados por el arranque de una serie de paramentos construidos en tapial y pavimentos de tierra batida, que formaban una serie de habitaciones pertenecientes posiblemente a un espacio doméstico (Figura 4, zona de hábitat).

Junto a estas estancias se excavó una serie de silos que habían sido fabricados excavando unas fosas circulares en el terreno para guardar los excedentes de la producción agrícola, los alimentos recolectados y otros productos, como se expondrá más adelante. Se trata de contenedores de diferentes tamaños, grandes y pequeños, algunos alcanzan los 2,50 m de anchura por 2,00 m de profundidad. Aparecen rellenos de escombros, fragmentos de cerámicas y huesos de animales, mezclados con tierra (Figura 4). Estos aparecen esparcidos por toda la cima del cerro, ocupando varios solares, pero es en la Nave Municipal donde más aparecen (BUENO, 2023: 80-85). Se trataría de lo que denominan algunos investigadores “campo de silos” o zona extensa dedicada al almacenamiento del excedente de cereales y otros productos agrícolas (Figura 4, silos). Se trata de un fenómeno arqueológico y económico relacionado con la agricultura intensiva y el almacenamiento de excedentes de cereales y alimentos básicos, similar al documentado en el cercano yacimiento de La Mesa, Chiclana de la Frontera (FERNÁNDEZ, 2007: 14) y en otros yacimientos de la presierra de Cádiz, como es el caso de la ermita del Almendral en Puerto Serrano (BUENO, 2003a; 2003b: 30).

Estos depósitos suelen tener forma abovedada, con entrada y base circular (Figura 5). En algunos casos, la parte superior se construyó con piedras, por aproximación de hileras. En el interior se han encontrado las tapaderas formadas por piedras circulares talladas en biocalcarenita o piedra ostionera, junto a gran cantidad de cultura material de época almohade, como fragmentos cerámicos, objetos de metal, huesos y otros enseres. Uno de estos silos aparece colmatado de cenizas, lo que se ha interpretado como posible almacenamiento intencionado de este producto, por la cantidad de posibilidades que ofrece, usos domésticos (limpieza), agrícolas, metalúrgicos, etc.8

Figura 5. Detalle de los silos excavados.

Figura 5. Detalle de los silos excavados.

Los silos, una vez abandonados, se utilizaron como vertederos de basuras y se rellenaron para nivelar el terreno, ya en época cristiana, por eso en su interior se ha recuperado gran cantidad de cultura material, sobre todo objetos domésticos, la mayoría de las veces recipientes cerámicos rotos y huesos de animales, previamente consumidos.

En la mayoría de los asentamientos de este tipo, la zona residencial se encontraba junto a la zona de almacenamiento. En este caso, se plantea la probabilidad de que la zona de hábitat estuviera en la ladera sureste del cerro y la de almacenamiento en la noroeste (Figura 4).

La extensión del terreno dedicado a silos, las piedras de molinos y las cerámicas de cocina, almacenamiento y transporte halladas forman la cadena operativa de producción, almacenamiento, transporte y consumo de cereales y confirman la importancia de la agricultura como factor económico (Figura 4). La toponimia del lugar posibilita plantear la hipótesis de la ubicación de la zona dedicada a huertas, pues las calles conservan los nombres de Huerta de la Plata, Huerta Chica, Huerta Grande, que ocupan la margen izquierda del río Iro (Figura 4, huertas).

5. ESTUDIO DE MATERIALES

El estudio de los materiales arqueológicos que aquí presentamos ha consistido en la limpieza, inventariado, clasificación tipológico-funcional, recuento, dibujo y fotografiado de los materiales recuperados en las últimas excavaciones realizadas en 2021-23 (Figura 6). En general, podemos decir que el material recuperado es similar al de las excavaciones realizadas en 2006. El estudio tipológico del material mueble es el que nos ha permitido adscribir este poblamiento a la época almohade.

Figura 6. Fragmentos amorfos pintados procedentes del Cerro del Castillo.

Figura 6. Fragmentos amorfos pintados procedentes del Cerro del Castillo.

Para la clasificación cerámica hemos seguido las sistematizaciones tipológicas y funcionales cerámicas propuestas para Cádiz (CAVILLA, 2005a), Córdoba (SALINAS, 2012), la Meseta (RETUERCE VELASCO, 1998) o Mértola (Portugal) (TORRES et alii, 1991; GÓMEZ, 2004), asumiendo la terminología comúnmente aceptada para los distintos recipientes cerámicos a partir del trabajo de Rosselló (1978). También se ha realizado un estudio de los diferentes tipos decorativos. Se han individualizado 29 tipos diferentes de objetos, agrupados en cuatro categorías, según el tipo de material utilizado, que son las siguientes: 1. Cerámicas; 2. Objetos metal; 3. Objetos de hueso; 4. Objetos de piedra. En segundo lugar, los objetos del listado tipológico se han agrupado en 11 categorías funcionales. A saber: Grupo 1: cocina; Grupo 2: mesa; Grupo 3: almacenamiento; Grupo 4: uso múltiple; Grupo 5: iluminación; Grupo 6: uso complementario; Grupo 7: contenedores de fuego; Grupo 8: fichas de juego; Grupo 9: herramientas; Grupo 10: hilado; Grupo 11: tapaderas de piedra.

Del recuento de fragmentos cerámicos por tipos, se deduce que la vajilla más abundante era la de mesa (106 fragmentos), seguida de la de cocina (79 fragmentos) y, posteriormente, la de almacenamiento (43 fragmentos), como es lógico en cualquiera asentamiento permanente de tipo hisn o alquería.

En resumen, se puede decir que el conjunto artefactual recuperado y agrupado por categorías según el tipo de material ha sido el siguiente.

5.1. Cerámica

Entre los fragmentos cerámicos recuperados se pueden clasificar los siguientes tipos de recipientes: cerámicas de cocina, mesa, almacenamiento, uso múltiple, iluminación, uso complementario y fichas de juego (Figura 7).

Figura 7. Dibujo arqueológico de diferentes recipientes recuperados. a. Borde de cazuela de “costillas” con vidriado melado; b. ataifor con vidriado melado y decoración de óxido de manganeso; c. fondo de jarrita; d. borde de orza; e. fragmento de tinaja decorada con estampillados geométricos y florales; f. borde de alcadafe vidriado en verde; g. borde de anafe.

Figura 7. Dibujo arqueológico de diferentes recipientes recuperados. a. Borde de cazuela de “costillas” con vidriado melado; b. ataifor con vidriado melado y decoración de óxido de manganeso; c. fondo de jarrita; d. borde de orza; e. fragmento de tinaja decorada con estampillados geométricos y florales; f. borde de alcadafe vidriado en verde; g. borde de anafe.

5.1.1. Cerámica de cocina

Clasificadas en este grupo como restos de la vajilla para colocar sobre el fuego en la preparación de alimentos se han recuperado cazuelas, ollas o marmitas y cuscuseras, con un claro predominio de las segundas.

Entre los distintos tipos de cazuelas identificadas se encuentran las de Tipo I, II, III, IV, V y VI de Cavilla, destacando las de “costillas”, tipo I de Cavilla (2005a: 120-121) (Figura 7a) denominadas así porque presentan una decoración plástica mediante la aplicación de unos nervios de sección triangular, dispuestos verticalmente a la superficie del vaso. En la pasta utilizada se observa un predominio del uso de barros rojizos y anaranjados, de cocción oxidante, con un marginal número de ejemplos de cocción reductora. Los desgrasantes utilizados suelen ser de un grosor medio. Respecto al tratamiento de las superficies se puede decir que la que más se utiliza es la de una capa de vedrío melado interior y, a veces, por el exterior. También se detecta un tipo de vidriado melado, con tonos verdosos. Además, se identifican algunos casos de fragmentos cerámicos asociados a cazuelas que no recibieron tratamiento superficial.

En cuanto a las ollas se puede decir que aparecen varios tipos, todos ellos encuadrables en los tipos I, II, III, IV y V de Cavilla (2005a: 132-135). Estos tipos presentan forma globular, paredes gruesas en la zona cercana a la base, que se estrechan a medida que se acercan al borde. Dichas paredes pueden aparecer lisas o con acanaladuras horizontales. También se han documentado asas de pequeño tamaño y de sección circular asociadas a esta forma cerámica. Los barros que se utilizaron para elaborar estas piezas suelen ser de tonos rojizos, con desgrasantes de tamaño medio, aunque al igual que ocurre con las cazuelas, se han encontrado varios ejemplos en los que la arcilla se ha oscurecido durante la cocción. El tratamiento que reciben sus superficies suele ser de una capa de almagra negra en su exterior, y una capa de vedrío melado en su interior (que puede llegar a chorrear al exterior, en mayor o menor medida. Existen otros casos en los que el vidriado interior se sustituye por otra capa de almagra o en los que su exterior es decorado con trazos gruesos de pintura blanca. Estas ollas son muy frecuentes en los yacimientos del suroeste peninsular y norte de África. Se documentan en Jerez de la Frontera, el castillo de Doña Blanca (El Puerto de Santa María), los Caños de Meca (Barbate), El Castellar (Puerto Serrano, Cádiz), Sevilla, Córdoba, Badajoz, Mértola y Ceuta entre otros lugares.

Cabe destacar que, en algunas de las ollas estudiadas, se han hallado rastros de combustión en el interior de las piezas, llegando en algunos casos a dañar la capa vidriada de la superficie, pudiendo indicar que en algún momento de su vida útil fueron utilizadas para cocinar desde el interior o como braseros.

En este apartado se destaca la presencia de una pieza asociada a la cocina, pero cuyo uso no se puede asociar ni a cazuelas, ni a ollas. Se trata de una pieza de gran tamaño y grosor (tanto borde como base), de base y borde plano, así como un cuerpo recto. La altura de la pieza es muy escasa, asemejándose en forma a un gran plato de paredes verticales. El barro utilizado es de tono amarillento y desgrasantes gruesos. El tratamiento que recibe es de una capa de vedrío verde, de gran espesor y tono oscuro, que abarca su interior, así como acanaladuras que forman círculos concéntricos en su interior. Debido a los pronunciados filos que forman estas acanaladuras, podemos considerar que esta pieza se usó para triturar alimentos.

Finalmente, hay que destacar la presencia de un ejemplar de cuscusera. Se trata del fondo del recipiente superior, una pieza de barro anaranjado con desgrasantes finos, sin tratamiento superficial, solo alisado. La pieza se caracteriza por tener una curva convexa poco pronunciada, con multitud de agujeros de pequeño tamaño, a modo de colador, por donde pasaría el calor vapor del recipiente inferior (NAVARRO PALAZÓN, 1986: 271). Este tipo cerámico está presente en Lorca (NAVARRO PALAZÓN, 1986: 111), Cieza (NAVARRO PALAZÓN, 1991: 39) y Yecla (RUIZ MOLINA, 2000: 133). También aparecen en Granada (REYES MARTÍNEZ, 2005: 115, 123, lám. 1), Sevilla (LAFUENTE IBÁÑEZ, 1995: 290), Jerez de la Frontera (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1986: 152) y en Cádiz (CAVILLA, 2005a: 131).

5.1.2. Cerámica de mesa

El conjunto de cerámica de mesa se compone de ataifores, botellas, redomas, jarros y jarritas, existiendo una clara escasez de botellas y redomas.

Los ataifores hallados presentan una predilección por el uso de barros anaranjados y marrones, con desengrasantes eminentemente finos, aunque encontramos algunos casos de grosor medio. Las formas halladas presentan fondos anulares y tamaños variables, aunque podemos identificar varios tipos. En primer lugar, aparece un tipo de borde levemente exvasado y de carena muy marcada, quedando las paredes inferiores abiertas. El tratamiento que reciben estos es el de un vedrío melado, interior y exterior (Figura 7b) (CAVILLA, 2005a: 159). Similares a los de Córdoba (BAENA ALCÁNTARA, 1990: 156) y Cádiz (CAVILLA, 2005a: 159-164). Aparecen también algunos casos en los que el interior incluye una decoración pintada con óxido de manganeso (CAVILLA, 2005a: 174). Hay algunos ejemplos en los que el vidriado es de color verde. En segundo lugar, aparecen gran cantidad de fragmentos de ataifores no carenados, que sugieren unas curvas menos pronunciadas (CAVILLA, 2005a: 168-169). Estos ejemplares no suelen recibir un tratamiento vidriado. Finalmente, se ha documentado un ejemplo de paredes abiertas, con un cuerpo de menor altura, borde plano y alargado horizontalmente al exterior, que sugiere un posible uso adicional como tapadera. Algo similar en tipología a la forma Ib de CAVILLA (2005a: 159).

En el grupo de jarros y jarritas se pueden diferenciar ambos tipos debido a la tendencia del grupo de jarros a presentar un cuerpo de paredes poco abiertas, e incluso rectas, con acanaladuras horizontales que recorren el cuerpo llegando al borde, y con pocos ejemplares que presenten una superficie vidriada, predominando el tratamiento de engalba amarillenta o blanquecina (Figura 7c). Se corresponde con el Tipo I de Cavilla (2005a: 203-204) y similares aparecen Jerez (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1986: 50, 114), La Mesa de Chiclana de la Frontera (RAMOS MUÑOZ et alii, 1999: 295), Sevilla (HUARTE CAMBRA, 2002: 239), Córdoba (MARFIL RUÍZ, 1997: 82, 84), Mértola (TORRES et alii, 1991: 529) y Alcácer do Sal (CARVALHO, FARIA, 1995: 106).

Respecto a las jarritas, son comunes las formas de paredes más abiertas, con bordes algo exvasados y asas de sección plana y marcada curva, encontrando algunos ejemplos con vidriados melados, aunque también pueden recibir el mismo tratamiento a base de engalba sobre una superficie lisa. Dentro de estas a su vez podemos diferenciar dos tipos. En primer lugar, un tipo de paredes gruesas y base abombada. El segundo tipo es denominado de “paredes finas” (CAVILLA, 2005a: 199-200), siendo recipientes de menor tamaño y base anular de bajo diámetro. Similares aparecen en El Puerto de Santa María (GILES PACHECO, MATA ALMONTE, 2001: lám. III.3), Sevilla (HUARTE CAMBRA, 2002: 239), Niebla (CAMPOS CARRASCO, GÓMEZ, PÉREZ, 2001: Figura 5), Mértola (MACÍAS, TORRES, 1998, Figura 10) y Ceuta (FERNÁNDEZ SOTELO, 1988: 34, 50).

Las pastas empleadas para jarros y jarritas son de tonos amarillentos, aunque algunos ejemplares presentan tonos anaranjados, de desgrasantes finos. En cuanto a las técnicas decorativas, predomina la decoración pintada con óxido de manganeso, de trazos finos, presente en prácticamente la totalidad de las piezas que reciben el tratamiento de engalba, y estando ausente en los ejemplares vidriados. También aparecen algunos fragmentos de jarras con decoración esgrafiada, cuerda seca y motivos epigráficos pintados en rojo. La decoración esgrafiada aparece a finales del siglo XII y alcanzan su máxima difusión en el siglo XIII d.C.

Respecto a las botellas o limetas, aparecen recipientes de base anular y cuerpo globular, que se estrecha en el cuello, ascendiendo al borde con paredes rectas. Los barros empleados son de tonos amarillentos o anaranjados, al igual que ocurre con los jarros y jarritas. Se han podido identificar dos tipos en función del tratamiento que reciben. Mientras que uno de ellos tiene un tratamiento que se limita a un alisado de su superficie, carente de decoración, el otro presenta una capa de vedrío, tanto en su interior como en su exterior, siendo la capa interior de menor densidad. Similares a ambos tipos se han encontrado en Cádiz (CAVILLA, 2005a: 182-183), Sevilla (PECERO ESPÍN, MORENO, 2001: Figura 3) y Mértola (TORRES, 1991: 529).

5.1.3. Cerámica almacenamiento

Los recipientes de almacenamiento y transporte catalogados se dividen en cántaros o jarras, orzas y tinajas. Como veremos a continuación, a diferencia de los cántaros y orzas, las tinajas pudieron tener un uso ornamental o propagandístico (SANABRIA, 2022: 170), debido a su escasez y su trabajada decoración. Los cántaros son recipientes de gran tamaño, de bordes verticales y engrosados, bien diferenciados del cuello. Sus asas, de sección elíptica, son de un considerable grosor y longitud, con grandes acanaladuras que las recorren verticalmente (Figura 8).

Figura 8. Cántaro procedente de las excavaciones en el Cerro del Castillo.

Figura 8. Cántaro procedente de las excavaciones en el Cerro del Castillo.

Los barros escogidos para estas piezas son de tonos claros, pudiendo ser amarillentos o anaranjados, con unos desgrasantes finos o medios. No suelen recibir un tratamiento exterior, limitándose a decoración pintada con óxido de hierro, con trazos gruesos, tanto en su cuerpo como en el borde. Similares se localizan en Cádiz (CAVILLA, 2005a: 145147), El Puerto de Santa María (GILES PACHECO, MATA ALMONTE, 2001: lám. III, 4, 6), la ermita del Almendral (BUENO, 2003a: lám. 28), Ceuta (FERNÁNDEZ SOTELO, 2001: 110), Sevilla (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1987: 465), Córdoba (FUERTES SANTOS, 1995 270), Mértola (TORRES et alii, 1991) y Almería (GARCÍA LÓPEZ, 1995: 25).

Las orzas presentan unos bordes exvasados, con un marcado engrosamiento respecto al cuello. La forma más frecuente es el Tipo III de Cavilla (2005a: 153). Los barros empleados para su elaboración suelen ser de tonos anaranjados o amarillentos, con desgrasantes finos. El tratamiento que reciben puede ser variable, diferenciando algunas piezas que tan solo son alisadas en su exterior y otras que reciben una capa de vedrío melado tanto en el interior como en el exterior. Por su aspecto se las puede relacionar con las versiones de Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1993: 155), Mértola (TORRES, 1987: n. 21) y Silves (GOMES, GOMES, 1995: Figura 4).

Los fragmentos de tinajas hallados son escasos, pudiendo documentar tan solo dos tipos. En primer lugar, algunos fragmentos de grandes tinajas de barro anaranjado y desgrasantes medios. La decoración es impresa, muy elaborada, presentando además un vidriado verde. Se corresponden con el Tipo I de Cavilla (2005a: 155-157). Este tipo de tinajas aparece con frecuencia en los yacimientos del sur peninsular y el norte de África. Similares son los de los Caños de Meca (Barbate) (CAVILLA, 1988: Figura 2), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1995: 291), Córdoba (SANTOS GENER, 1950: 224-225), Mértola (MACÍAS, TORRES, 1995: Figura 101), Valencia (GONZÁLEZ MARTÍ, 1944: 41). En segundo lugar, aparecen otros ejemplos de tinaja con un barro amarillento, de desengrasantes finos y con un tratamiento exterior de vidriado verde oscuro, de un gran espesor.

5.1.4. Cerámica de uso múltiple

Dentro de este grupo se encuentran los alcadafes, de los cuales, se puede decir que, aunque el registro no es demasiado amplio, en cuanto a cantidad de ejemplares se refiere, sí que se aprecia una heterogeneidad, pudiendo indicar distintas procedencias (Figura 7f). La forma es común para todos los ejemplares hallados, se observan cuerpos de paredes abiertas, de gran grosor y base plana. El borde aparece bien diferenciado por un labio exvasado de gran grosor. Las pastas suelen ser anaranjadas o rojizas y los desgrasantes son finos, aunque encontramos algunos de gran tamaño de aparición marginal. Las diferencias entre los ejemplares vienen dadas por el tratamiento de las superficies. En primer lugar, se encuentran los vidriados, donde se aprecian distintas técnicas empleadas, como un vidriado verde oscuro de gran espesor, que cubre el interior y llega hasta el exterior del borde. De igual forma, aparece un ejemplar con un vidriado verde claro, de tono casi amarillento y de menor densidad. En segundo lugar, un ejemplar que recibe un tratamiento de engobe rojo o almagra, interior y alisado. Este tratamiento es característico de las producciones almohades y meriníes del suroeste peninsular, documentándose en los Caños de Meca (CAVILLA, 1992: 45), La Mesa de Chiclana (RAMOS MUÑOZ et alii, 1999: 294-295), El Puerto de Santa María (GILES PACHECO, MATA ALMONTE, 2001: 64), Sevilla (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1986: 143), Córdoba (FUERTES SANTOS, 1995: 270), Mértola (GÓMEZ MARTÍNEZ, 1997: 314). Este mismo acabado también se da en las producciones del norte de África (BERNAL CASASOLA, 1999: 52). Un factor común entre algunos de estos ejemplares es la impronta de cuerda, que podría indicar una necesidad técnica del uso de estas para la fabricación de recipientes de gran tamaño, de ahí su presencia en bordes y cuerpos, y no una técnica decorativa (CAVILLA, 2005a: 244-248, 247).

5.1.5. Iluminación

Respecto a los recipientes utilizados en la iluminación podemos decir que se han identificado dos tipos. El primero, aquellos con cazoleta cerrada, piquera larga, gollete y asa dorsal, que corresponden al Tipo I de Cavilla (2005a: 228-230). La pasta es de color anaranjado, con desgrasantes finos. Aparecen cubiertos solo en parte con un vidriado melado por la superficie superior (Figura 9). Son muy abundantes sus paralelos, estando presentes en casi todos los yacimientos de esta época, como por ejemplo en Cádiz (CAVILLA, 2005a: 227-229), Caños de Meca (CAVILLA, 1992: 50-51), El Puerto de Santa María (RUIZ GIL, LÓPEZ AMADOR, 2001: 219), ermita del Almendral (Puerto Serrano, Cádiz) (BUENO, 2003a: 101), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1993: 160) y Mértola (GÓMEZ MARTÍNEZ, 2000: 426).

Figura 9. Candil almohade de cazoleta cerrada y piquera larga.

Figura 9. Candil almohade de cazoleta cerrada y piquera larga.

El segundo tipo es el que presenta una cazoleta abierta con base plana, cuerpo de paredes rectas divergentes y con una parte del borde vuelto y pinzado para formar una piquera de pellizco, a modo de mechero, dando una forma trilobulada a la cazoleta. Este tipo suele tener un asa pequeña en el extremo opuesto a la piquera, de cinta de sección oval. Este tipo se corresponde con el V de Cavilla (2005a: 234-235). El barro es rojizo y los desgrasantes son pequeños. Toda la superficie aparece cubierta de un vidriado melado. Este tipo se encuentra en muchos enclaves andalusíes. En el suroeste peninsular aparecen en Cádiz (CAVILLA, 2005a: 277, 234-235), Jerez de la Frontera (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1987: 457), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1993: 160) y Córdoba (MARFIL RUIZ, 1997: 84-85). En el resto del territorio Andalusí también están en Málaga (PERDIGUERO LÓPEZ, 1987: 233), Granada (ÁLVAREZ GARCÍA, GARCÍA PORRAS, 2000: 146-147), Almería (MARTÍNEZ GARCÍA, MUÑOZ MARTÍN, 1990: 27) y Valencia (COLL CONESA, MARTÍ OLTRA, PASCUAL PACHECO, 1988: 79). En el norte de África son muy abundantes dentro de las producciones almohades y meriníes, encontrándose en Ceuta (BERNAL CASASOLA, PÉREZ RIVERA, 1999: 139), Fez (FILI, 2000: 263) y en otros lugares.

5.1.6. Objetos de uso complementario

Dentro de este grupo se identifican tres tipos de la clasificación de tapaderas de Cavilla (2005a: 256), concretamente los tipos Ia, IIa y III. El Tipo Ia es una tapadera pequeña y de escasa altura, con una base plana, ligeramente rehundida o convexa, cuerpo de paredes abiertas con la superficie exterior cóncava y borde exvasado y labio redondeado. Se realizan sobre barros ocres, anaranjados y amarillentos y los desgrasantes suelen ser finos, sin un tratamiento superficial, como mucho alisado. Debieron de servir de cierre de cántaros y jarritas. Se trata de una forma que deriva de formas romanas y presenta una amplia cronología, manteniéndose con apenas modificación desde la época califal hasta las producciones nazaríes y cristianas (CAVILLA, 2005a: 257). En contextos almohades son frecuentes en los yacimientos del suroeste peninsular y del norte de África (CAVILLA, 2005a: 256-257), Jerez de la Frontera (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1987: 457), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1993: 158) y Córdoba (FUERTES SANTOS, 1995: 273). En el resto del territorio andalusí del sureste también están en Murcia (NAVARRO PALAZÓN, 1986: 203-204) y Valencia (BAZZANA et alii, 1983: 40).

El Tipo IIa corresponde a una tapadera de forma cóncava con resalte horizontal que servía de tope IP anular para facilitar el engarce. Hoy el cuerpo es de paredes lisas o con acanaladuras escalonadas y asidero anular de forma troncocónica invertida. Esta variante tiene un cuerpo de forma hemisférica y paredes lisas o con acanaladuras escalonadas. Están fabricadas con barros claros, amarillentos u ocres anaranjados o rojizos y un desgrasante mineral de grano pequeño. Suelen recibir un acabado consistente en una cubierta vítrea en ambas superficies, que se aplican directamente sobre el barro o sobre una capa de engalba amarillenta. Son características de las producciones almohades tardías, extendiéndose por todo el territorio andalusí y el Magreb (ROSSELLÓ BORDOY, 1978: 59). Similares aparecen en Cádiz (CAVILLA, 2005a: 260-261), Jerez de la Frontera (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1987: 457), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1993: 158), Mértola (TORRES et alii, 1991: 523), Málaga (PÉREZ-MALUMBRES LANDA, 1995: 454), Murcia (NAVARRO PALAZÓN, 1986: 201-202), Alicante (ROSSER, QUILES, 1996: 51) y Ceuta (FERNÁNDEZ SOTELO, 1988: 26-27).

El Tipo III (CAVILLA, 2005a: 263-266) se corresponde con una tapadera de grandes dimensiones y de forma discoidal con base plana, borde vuelto hacia arriba que termina en un labio redondeado y asidero central anular de sección troncocónica invertida y muy grueso, para soportar el peso de la tapadera. Su diámetro indica que estuvieron destinadas a cubrir grandes tinajas. Presenta pastas de color amarillento, anaranjado, rojizo o castaño con un desgrasante mineral de grano mediano o grueso. Se documentan en Jerez de la Frontera (MENÉNDEZ ROBLES, REYES TELLEZ, 1986: 315), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1993: 159), Niebla (CAMPOS CARRASCO, GÓMEZ, PÉREZ, 1999: 221-223), Mértola (GÓMEZ MARTÍNEZ, 1997: 312), sureste de Andalucía (ACIÉN ALMANSA, CASTILLO GALDEANO, FERNÁNDEZ GUIRADO, 1995: 127; GARCÍA PORRAS, 2001: 345-346, 626-628), Algeciras (TORREMOCHA SILVA, OLIVA CÓZAR, 2002: 18-191) y Ceuta (FERNÁNDEZ SOTELO, 1988: 44). Se trata de unas tapaderas muy frecuentes en el sur peninsular en contextos almohades tardíos, manifestándose en las producciones nazaríes.

5.1.7. Contenedor de fuego

Los contenedores de fuego, denominados anafes o anafres dentro del conjunto cerámico, también están presentes. La mayoría de los fragmentos recuperados no permite asignar una forma determinada, pero han aparecido algunos recipientes casi completos. Estos se corresponden con el Tipo I de Cavilla (2005a: 216-217). Entre los fragmentos estudiados se observa uno de ellos identificado a partir de un borde, un recipiente de gran tamaño, de barro rojizo y oscurecido y desgrasantes de tamaño medio. Su superficie no presenta tratamiento, dejando ver unas paredes de escasa curvatura, y un borde que presenta un “pico” ascendente, que pudo servir como un punto de apoyo del recipiente que se colocaba sobre él. En segundo lugar, otro, a través del pie, con cierta inclinación hacia el exterior. El barro de esta pieza es de tono amarillento, de desgrasantes medios y sin tratamiento superficial. El anafe conservado casi completo presenta un tamaño mediano, con doble cámara y perfil bitroncocónico. El cenicero, de pequeño tamaño, presenta una base plana y un cuerpo troncocónico de paredes cóncavas y un orificio de forma rectangular para la extracción de las cenizas. El brasero u hogar es de paredes curvas, con acanaladuras en la parte superior terminando en un borde recto con engrosamiento al interior y tres mamelones o picos que sustentaban el recipiente superior. Es de barro muy rojizo, de factura grosera (Figura 7g). Este Tipo 1 de anafe aparece en Jerez de la Frontera (CAVILLA, 2005a: 216, 217), ermita del Almendral (Puerto Serrano, Cádiz) (BUENO, 2003a: lám. 23), Sevilla (LAFUENTE IBAÑEZ, 1995: 1291), Niebla (CAMPOS CARRASCO, GÓMEZ, PÉREZ, 1999: 232), Mértola (GÓMEZ MARTÍNEZ, 1997: 317) y Ceuta (FERNÁNDEZ SOTELO, 1988: 67).

5.1.8. Fichas de juegos

Se trata de seis piezas circulares fabricadas sobre fragmentos de cerámica, posiblemente aprovechando fragmentos de recipientes rotos, trabajadas mediante pequeños retoques hasta conseguir una forma redondeada. Tres de ellas que parecen corresponder a cerámicas comunes de barro anaranjado y ocre, y otras tres a cerámicas vidriadas meladas, por el interior, de barro anaranjado. Presentan tres tamaños, grande de 3,7 cm, mediano de 3,00 cm, y pequeño de 2,5 cm. La diferencia de tratamiento de las superficies permite diferenciar dos grupos, posiblemente el de los dos jugadores. Similares aparecen en Cádiz, en el Arco de los Blancos, en el teatro romano y en la casa del Obispo (Cádiz) (CAVILLA, 2008: 142-143). Estas aparecen documentadas en Jerez de la Frontera (FERNÁNDEZ GABALDÓN, 1986: 56, 152-153), Sevilla (PECERO ESPIN, MORENO REY, 2001: 598), Mértola (MACÍAS, 1996: 425) y Madrid (RETUERCE VELASCO, 1998: 396).

A pesar de la prohibición de los juegos de azar por la ley coránica, la práctica de estos juegos (mancala, alquerque, karebga, dados) en los ratos de ocio estaba muy extendida en la sociedad islámica, sobre todo entre las clases populares, como lo demuestra la frecuente aparición de fichas. Se conocen juegos fijos tallados en la roca y juegos portátiles, elaborados a modo de tableros en pizarras y ladrillos, para su utilización en el interior de las viviendas (CAVILLA, 2005a: 271-273, COSÍN, GARCÍA, 1998: 45).

5.2. Metal

5.2.1. Hierro

Tijeras: fabrica en este material, de 21 cm de largo. Utilizadas para cortar, en labores agrícolas posiblemente.

Clavos: aparecen clavos de diferentes tamaños, algunos con la cabeza chata y otros semicircular. Para unir elementos de madera.

Fragmentos de escorias

5.2.2. Objetos de adorno personal

Anillo: metal (latón) y piedra roja.

5.3. Hueso

5.3.1. Aplique:

Pieza circular, tallada en hueso, semiesférica con perforación por la parte plana, sin llegar a atravesar la pieza (Figura 10). Posible adorno o aplique.

Figura 10. Fusayola de huso de hilar de hueso.

Figura 10. Fusayola de huso de hilar de hueso.

5.3.2. Fusayola de huso de hilar:

Pieza circular tallada en hueso, de unos 2,5 cm, con orificio central y decoración con círculos concéntricos en una de sus caras (Figura 11). Similar a las aparecidas en Madina Daniya (Denia), clasificadas como Tipo 3 por Gisbert Santonja (2023: 484, 497) y datadas a finales del siglo XII-XIII d. C.

Figura 11. Torre de rueca fabricado en hueso.

Figura 11. Torre de rueca fabricado en hueso.

5.3.3. Torre de rueca:

Objeto tallado en hueso, de unos 9 cm, en forma de torre, que formó parte de una rueca (Figura 11). Este tipo de piezas fueron identificadas, en un primer momento, como piezas de ajedrez (CARRIAZO, 1973), pero fue Torres (1986) el que propuso una nueva interpretación funcional como torre de rueca. Similares aparecen en el estrato del siglo XII d. C. de Mértola, en las regiones de Murcia y Mallorca, también en Ceuta y en la Alhambra de Granada (GISBERT SANTONJA, 2023: 454-455). Las aparecidas en Madina Daniya (Denia), muy similares a la del Cerro del Castillo de Chiclana han sido clasificadas como Tipo I de Gisbert Santonja (2023: 454) y se datan a finales del siglo XII-XIII d. C. El estudio pormenorizado de objetos de hilado y tejido realizado por Moreno Narganes (2025: 375-376) ha permitido una importante aproximación a la producción textil en al-Andalus, entre los siglos IX-XIII d. C., configurando el espacio doméstico de trabajo textil como una parte importante en la producción y abastecimiento de productos para solventar la demanda local.

5.3.4. Pieza de carácter lúdico:

Dado tallado en hueso con numeración realizada a base de puntos, en cada una de sus seis caras, de 2 cm de lado. Similares se han hallado en Albox, Alarcos, Las Sillas, Torregrossa, Mértola (ROSSELLÓ BORDOY, 2002: 105), en Ausa y Mendikute (ss. XIII-XIV d. C.) y fortificaciones medievales del territorio guipuzcoano (ALVARO, TRAVÉ, LÓPEZ, 2017: 277, 279, Figura 3). El juego es otro aspecto muy importante para tener en cuenta al tratar del ocio doméstico y el entretenimiento de la sociedad.

5.4. Piedra

5.4.1. Tapaderas silos:

De forma circular, talladas en piedra calcarenita u ostionera. Aparecen en el interior de los silos y su hallazgo responde a la caída de estas al interior de los depósitos, en algún momento del abandono de estos, ya que se usaron como tapaderas.

6. ESTUDIO ESPACIAL DE LOS MATERIALES RECUPERADOS

El análisis conjunto de los resultados obtenidos tanto de las estructuras constructivas exhumadas y de los materiales recuperados nos ha permitido una primera aproximación a los espacios funcionales del asentamiento. De esta forma, los contextos estratigráficos asociados a cada uno de los espacios identificados han sido la base para el análisis del reparto y distribución de materiales en el contexto de los recintos, posibles habitacionales, identificados. Aunque en este trabajo nos centramos en el estudio de los materiales recuperados en las excavaciones realizadas entre 2021-22, mencionamos las estructuras arqueológicas que fueron exhumadas en 2006 para poder explicar la distribución espacio-funcional de lo que hasta ahora se conoce del asentamiento almohade.

En líneas generales, podemos decir que, en el sector noreste, donde se excavó en 2006 lo que parece ser parte de la zona de hábitat del asentamiento, se ha recuperado una gran cantidad de cerámica de cocina, básicamente ollas, cerámica de mesa, como ataifores, redomas, jarros, jarritos, botellas y gran cantidad de tapaderas; así como utensilios de iluminación (candiles), en el interior de una habitación.

En el interior de los silos los fragmentos cerámicos de diferentes recipientes aparecen mezclados con huesos de animales, tierra y piedras, lo que sugiere que fueron arrojados al interior de estos cuando habían dejado de ser contenedores y se habían abandonado.

7. CONCLUSIONES

Las aportaciones realizadas en este trabajo nos permiten ampliar el conocimiento sobre la eclosión del poblamiento andalusí en el litoral gaditano durante la época almohade. Del estudio conjunto de los materiales muebles recuperados se desprende que se trata de un asentamiento de tipo rural, dedicado a la explotación de los recursos de la zona, en lo que se refiere a la agricultura, la ganadería, la caza y la pesca. La vajilla cerámica recuperada y los objetos fabricados en hueso nos informan del uso cotidiano de todos estos utensilios, como era normal en las costumbres de la época en cuanto a alimentación, uso higiénico, alumbrado, hilado, fabricación de textiles, juegos, etc. Su similitud con numerosos yacimientos del estrecho de Gibraltar, como Tarifa, Algeciras y Ceuta, evidencian el contacto a través de las redes comerciales que unen la península ibérica con el norte de África, por vía marítima como señalan los pecios de Sancti Petri, en Chiclana (CAVILLA, 2019: 38) y posiblemente por vía fluvial hasta el Cerro del Castillo, donde se conoce la existencia de un embarcadero ya en el siglo XVII. También los objetos de metal nos permiten conocer las herramientas y algunos objetos de adorno personal de la época. Asimismo, la talla en hueso nos habla de la producción textil, a través del hilado y la fabricación de tejidos. El material arqueológico mueble recuperado se concentra en una cronología que debemos enmarcar entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII.

Aunque en futuras campañas de investigación podremos limitar con mayor exactitud la extensión aproximada del yacimiento, los primeros resultados obtenidos nos sitúan ante un asentamiento rural de primer orden, tomando como referencia la misma propuesta de clasificación realizada por Pérez Aguilar (2024). Este autor incluye en esta tipología el asentamiento de La Mesa de Chiclana (BUSTAMANTE, 1999; RAMOS MUÑOZ et alii, 1999), entre otros. Ambos yacimientos reúnen características similares: se localiza una zona de hábitat, otra de almacenamiento, huertas y una posible torre defensiva. Asimismo, nos basamos en las características del registro arqueológico: la proporción de silos documentados y la mayor cantidad de cerámica de mesa respecto a la de almacenamiento, así como la presencia de candiles y objetos lúdicos, hace descartar que se trate de un espacio exclusivo para la explotación económica, “ello radica fundamentalmente en el hecho de que, a nivel temporal, en un poblado, aldea o caserío el contingente humano y la cacharrería propia del ámbito doméstico debían ser más importantes cuantitativamente que los de una cortijada o granja” (PÉREZ, 2024). El repertorio cerámico similar al de los pecios de la zona nos permite ampliar el conocimiento del recorrido de esas vías comerciales y situar al Cerro del Castillo en ese itinerario del comercio entre África y el suroeste peninsular.

FINANCIACIÓN

Ha recibido financiación del Proyecto “La interacción sociedad- medio ambiente en la cuenca del Guadalete en la Edad Media” (GUADAMED), FEDER-ANDALUCÍA, 2014-2020, ref. 108201. Actuación subvencionada por la Unión Europea en el marco del Programa Operativo FEDER 2014-2020 y por la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad de la Junta de Andalucía (referencia 108201).

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1 Doctora en Arqueología. Profesora-tutora del Centro Asociado UNED-Cádiz. palbueno@cadiz.uned.es. Coordinadora del “Espacio Arqueológico Nueva Gadeira”. Email: palbueno@cadiz.uned.es. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4592-590X

2 Estudiante del Grado de Historia. Alumno colaborador del Departamento de Historia, Geografía y Filosofía de la Universidad de Cádiz en el Área de Historia Medieval. Email: rodrigo.matasdiaz@alum.uca.es. ORCID: https://orcid.org/0009-0006-4010-4121

3 Máster en Patrimonio, Arqueología e Historia Marítima. Alumno colaborador del Departamento de Historia, Geografía y Filosofía de la Universidad de Cádiz en el Área de Historia Medieval. Email: pablo.fernandezlozano@uca.es. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1804-9289

4 Profesor ayudante doctor del Área de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz. Email: enrique.pilares@uca.es. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-8624-0667

5 Actividad arqueológica preventiva autorizada por la Delegación Territorial de Fomento, Infraestructuras y Ordenación del territorio, de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía, bajo la dirección de la doctora en Arqueología Paloma Bueno Serrano, el 21 de agosto de 2006.

6 “Torre morisca ruinosa” …. Según Fernán Caballero en su obra No transige la conciencia. Bogotá. 1863.

7 Según Romero Montalbán, el carenero y astillero estaba situado en el río, frente a la actual calle de La Plaza, y el embarcadero, frente a la calle La Vega. En el río de esta villa hay algunos barcos y gabarras que cargan diferentes géneros como carbón, leña, cal, yeso, paja, para llevar a Cádiz. ROMERO MONTALBÁN, Jesús (2015): “El Iro, su entorno y riadas en la Edad Media”. El río de la memoria. 50 años de la riada. 19 octubre de 1965. Ayuntamiento de Chiclana, p. 26.

8 En la obra denominada Kitab al-Filaha (en árabe: كتاب الفلاحة‎ Kitāb Al-filāḥaẗ), traducible al castellano como Libro de agricultura, se describen los diferentes usos que podía tener la ceniza. Esta obra es un tratado medieval andalusí escrito por Ibn al-Awwam, también conocido como Abú Zacaría, sobre técnicas y conocimientos agrícolas de la época en Al-Ándalus.

Cómo citar: Paloma Bueno Serrano, Rodrigo Joaquín Matas Díaz, Pablo Jesús Fernández Lozano, Enrique José Ruiz Pilares (2026): El Cerro del Castillo, Chiclana de la Frontera (Cádiz), un posible puerto fluvial de época almohade entre la campiña suroeste y la bahía de Cádiz. Estudio a través de sus restos materiales. Arqueología y Territorio Medieval, 33, e9944. https://doi.org/10.17561/aytm.v33.9944