ANÁLISIS MOTIVACIONAL Y CONCEPTUALIZACIÓN DE LA REALIDAD EN LOS ICTIÓNIMOS ANDALUCES: UN ESTUDIO DE CASO

MOTIVATIONAL ANALYSIS AND CONCEPTUALIZATION OF REALITY IN ANDALUSIAN ICTIONIMOS: A CASE OF STUDY

Mercedes de la Torre García

Universidad Pablo de Olavide

mtorgar@upo.es

RESUMEN

El objetivo de este trabajo es establecer las redes (re)motivacionales existentes entre los ictiónimos andaluces y cómo se refleja la relación entre entorno, conceptualización y lengua. El corpus utilizado pertenece a la obra Ictionimia andaluza (Arias & De la Torre, 2019). En concreto, se realiza un estudio de caso basado 419 voces vernáculas para las 26 especies pertenecientes al orden de los pleuronectiformes (mapas 203-229). Se trabaja desde la perspectiva de la semántica cognitiva, de manera que se procede al análisis de los dominios conceptuales que llevan al ictiónimo y los procedimientos cognitivos (metáfora, metonimia) que conducen hasta las variaciones léxicas.

Palabras clave: ictiónimos, motivación léxica, semántica cognitiva, dominios conceptuales, metáfora, metonimia.

ABSTRACT

This paper aims to establish the (re)motivational networks that exist among Andalusian ichthyonyms and how the relationship between environment, conceptualization, and language is reflected in them. The corpus used belongs to the work Ictionimia andaluza (Arias & De la Torre, 2019). Specifically, a case study is carried out based on 419 vernacular terms for the 26 species belonging to the order Pleuronectiformes (maps 203-maps 229). This study adopts a cognitive semantics approach, analyzing the conceptual domains underlying ichthyonym formation and the cognitive mechanisms –such as metaphor and metonymy– that drive lexical variation.

Keywords: ichthyonyms, lexical motivation, cognitive semantics, conceptual domains, metaphor, metonymy.

DOI: https://doi.org/10.17651/rilex.8.3.10020

1. Introducción

Los ictiónimos nacen en un territorio determinado, donde las circunstancias económicas, históricas y socio-culturales hacen que evolucionen hacia nuevas variantes léxicas (geosinónimos, homónimos), desarrollen nuevos significados (polisemia) y, a veces, desaparezcan en pro de una nueva voz más productiva y rentable al medio. Este devenir de este tipo de zoónimos se ha estudiado desde diversas perspectivas, desde la exclusivamente histórica (véase Arias & De la Torre, 2019, pp. 25-48) hasta la lexicográfica (Anaya Revuelta, 1999), entre otras. Además, es un ámbito que ha sido objeto de exploración desde la geografía lingüística, en concreto, Alvar fue el promotor del estudio de los ictiónimos en Andalucía y en todo el litoral del territorio español y portugués: el tomo IV del Atlas lingüístico y etnográfico de Andalucía (ALEA), mapas 986-1175, atlas regional, y el Léxico de los marineros peninsulares (LMP), tomos 3 y 4 (mapas 531-754). Estas obras, como señala García Mouton (1990, p. 28), no están acabadas con su edición ya que “proporcionan material para elaboraciones posteriores”. Así, la información contenida en estas ha sido usada para la descripción del léxico ictionímico peninsular (Alvar, 1970, pp. 152-224) o para trazar una perspectiva de los ictiónimos andaluces a partir del ALEA (Martínez González, 1977, pp. 165-243).

En este sentido, el presente estudio se centra en el aprovechamiento y análisis de los datos recogidos en la obra de Arias y De la Torre (2019), Ictionimia andaluza (IA). El objetivo es el descubrimiento de las redes motivacionales que subyacen en las voces de los seres marinos registrados en sus páginas. Se parte de los ictiónimos geolocalizados en los mapas con el fin de trazar el hilo motivacional de la lexicogénesis y la conceptualización que subyace de estas realidades concretas y cotidianas para los informantes andaluces especializados en el sector pesquero; además, este acercamiento se completa con la mirada desde la especie a su denominación que resulta idónea para cartografiar la difusión de las motivaciones, ligadas a dominios conceptuales.

Por lo tanto, la información contenida en IA nos permitirá establecer, desde el punto de vista de la semántica cognitiva, los procesos conceptuales por los que se producen motivaciones y los procedimientos cognitivos involucrados en ellos (sobre todo, metáfora y metonimia).

1.1. Una forma de conceptualizar el mundo

Las voces vernáculas que designan a los seres marinos en Andalucía configuran un panorama léxico amplio, dinámico y polimórfico, cuyo comportamiento pone de manifiesto una realidad lingüística de notable interés, estrechamente vinculada a las necesidades comunicativas y socioculturales de la comunidad de hablantes que las emplea.

La denominación de los seres marinos responde a la necesidad de establecer distinciones interespecies en el marco de la experiencia empírica de los hablantes. Al margen de las taxonomías científicas, estas designaciones configuran sistemas de categorización del entorno que reflejan una cosmovisión de base antropológica. Dichos sistemas son conocidos como taxonomías folk, término que enfatiza su carácter popular y culturalmente situado (folk biology, según Atran y Medin, 1999). Frente a ello, las taxonomías científicas presentan una estructura excesivamente compleja, con niveles jerárquicos que resultan, en su mayoría, irrelevantes o poco perceptibles para la comunidad de hablantes no especializada (Murphy, 2003). En este sentido, es posible observar en el discurso de los pescadores andaluces expresiones como “todos son rayas” para designar los especímenes pertenecientes a la familia de los ráyidos –que cuenta en la región con una decena de especies representativas en los mercados–, o el uso del hiperónimo morralla para aludir al conjunto de peces de pequeño tamaño, escaso valor comercial y procedentes de diversas especies que quedan atrapados en las redes (Arias & De la Torre, 2019).

Berlin, Breedlove y Raven (1973) establecieron una serie de criterios para determinar el nivel jerárquico al que pertenecen los términos dentro de una determinada categoría folk. Los niveles más abstractos –desde el nivel superior, si este dispone de término, hasta el genérico– se designan mediante lexemas primarios, mientras que los niveles específicos y varietales se expresan con lexemas secundarios. Según los autores, los lexemas primarios son “en su mayoría, expresiones únicas, de una sola palabra, que pueden mostrarse semánticamente unitarias y lingüísticamente distintas” (Berlin, Breedlove & Raven, 1973, p. 217); ejemplos de ello serían sardina o besugo. Estos constituyen los términos prototípicos, caracterizados por su forma univerbal (en la mayoría de los casos, aunque existen excepciones como pez espada) y por su representatividad dentro de cada familia biológica. Los lexemas secundarios, por su parte, “comprenden miembros de la primera clase [lexemas primarios] en formas modificadas de varios modos” (Berlin, Breedlove & Raven, 1973, p. 217), como en besugo de la pinta o besugo blanco.

Esta organización léxica, que refleja una categorización conceptual subyacente, presenta variaciones interlingüísticas e interculturales. Las distintas comunidades culturales elaboran taxonomías propias a partir de los mismos artefactos cognitivos: varían en la manera en que organizan los seres vivos y también en el nivel de especificidad en que esta organización se realiza. Así, mientras un experto en especies pesqueras andaluz es capaz de discriminar los niveles más específicos de una familia y de traducir dicha diferenciación en una amplia gama de formas léxicas complejas (jurel blanco, jurel negro), lexemas secundarios, un hablante no especializado tiende a emplear únicamente la forma univerbal y culturalmente relevante (jurel), lexema primario, correspondiente al nivel más general dentro de su sistema de categorización funcional.

Este fenómeno implica la existencia de mecanismos lingüísticos de lexicogénesis diferencial entre zonas con distinto grado de desarrollo pesquero. La especialización en la actividad extractiva de una determinada localidad puede condicionar el grado de conocimiento de una categoría biológica o taxón y, en consecuencia, la elaboración de una taxonomía más o menos detallada. En este sentido, resulta fundamental considerar la “significación cultural” de los ictiónimos (Hunn, 1977, p. 75), pues la relación entre la comunidad y su entorno natural determina tanto el conocimiento sobre la biodiversidad (especies, taxonomías y saberes tradicionales) como su proyección en el plano léxico. Así, por ejemplo, en la zona pesquera de los esteros gaditanos, los pescadores distinguen hasta cinco tipos de mugílidos, a los que asignan denominaciones específicas (zorro, macuquino, serranillo, etc.), mientras que en otras áreas costeras se recurre a la forma genérica lisa para referirse a todos ellos.

1.2. La motivación en los ictiónimos

La forma en que los hablantes categorizan o conceptualizan la realidad, tal como se ha señalado en el apartado anterior, se encuentra estrechamente vinculada con los procesos de lexicogénesis de los ictiónimos en Andalucía. En este marco, no puede establecerse una correspondencia directa y unívoca entre el referente y su designación léxica, ya que las denominaciones responden a dominios conceptuales variables y al sentimiento etimológico de los informantes. En otras palabras, la etimología sincrónica o motivación de los ictiónimos, junto con las redes motivacionales que las sustentan, reflejan los procesos mentales de organización del mundo y las estrategias cognitivas mediante las cuales se articula la experiencia lingüística.

Según Ullmann (1980, p. 92), “todo idioma contiene palabras que son arbitrarias y opacas, sin ninguna conexión entre el sonido y el sentido, y otras que son, al menos en cierto grado, motivadas y transparentes”. En el ámbito de los zoónimos, se observan claramente ambas posibilidades. Por un lado, existen casos en los que la relación entre significante y significado no es evidente, al menos en la sincronía actual, debido al ciclo de motivación–arbitrariedad–motivación que, según García Manga (2011), “posibilita la continua regeneración del sistema”. Por otro, se constatan situaciones en las que la vinculación entre realidad y palabra resulta manifiesta, revelando un proceso denominativo directamente ligado al contexto, la experiencia y el discurso del hablante. En estos casos, las asociaciones designativas se estructuran en torno a factores socioculturales, experienciales, lógico-referenciales y antropológicos, manifestándose en actos comunicativos concretos y evidenciando, como apunta García Mouton (1987, p. 189), “vinculaciones de la lengua con el entorno material y espiritual del pueblo que habla”.

Esta búsqueda de motivación por parte del hablante se traduce en el uso de innumerables mecanismos lingüísticos orientados a lograr un ajuste óptimo entre la palabra y la realidad, lo que otorga al léxico, especialmente al de la fauna y la flora, un carácter “libre, poco encorsetado, que deja espacio a la motivación y a la remotivación” (García Manga, 2002, p. 162; García Mouton, 2004, p. 320). La motivación léxica ha sido ampliamente estudiada desde diversas perspectivas teóricas (Guiraud, 1981 [1.ª ed. 1960]; Ullmann, 1980 [1.ª ed. 1965], pp. 91-130; Gili Gaya, 1966, pp. 167-171; Baldinger, 1977, pp. 29-33; Urrutia, 1978, pp. 252-266; Montes, 1984, pp. 39-46; Alinei1, 1984, 1996, 1997, 2002; Gil Jiménez, 1993, pp. 664-672; Casas, 1996, pp. 29-59; Alvar Ezquerra, 2002, pp. 13-44; García Manga, 2002, pp. 159-168; Radden & Panther, 2004; Dalbera, 2006, entre otros), por lo que no resulta necesario detenerse aquí en su desarrollo histórico.

Las distintas clasificaciones de la motivación léxica dependen del enfoque teórico y disciplinar adoptado. Así, Julià Luna (2014) parte de la premisa de que “la motivación tiene su origen en las características de la realidad designada, el contexto en el que se halla el hablante y la relación cognitiva que este establece entre ambos elementos”, y propone una tipología basada en la realidad designada y su contexto: motivaciones por características físicas (color, forma, sonido, etc.), por características funcionales (acciones o usos) y por factores culturales (creencias religiosas o populares, costumbres y tradiciones)2.

En el ámbito de la variación léxica, el análisis motivacional desde los postulados de la semántica cognitiva ha aportado resultados especialmente significativos en el estudio de las voces documentadas en los atlas lingüísticos, al permitir no solo examinar el origen conceptual de las formas léxicas, sino también evidenciar los mecanismos lingüístico-cognitivos implicados en la conceptualización de la realidad (Julià Luna, 2009a, 2009b, 2011, 2012). Entre dichos mecanismos destacan la metáfora conceptual3 y la metonimia (Ibarretxe-Antuñano & Valenzuela Manzanares, 2021), la metaftonimia (Goossens, 1995) y la extensión semántica basada en esquemas de imagen (Ibarretxe-Antuñano & Valenzuela Manzanares, 2021, pp. 166-167). Por un lado, en los usos metafóricos, el ser humano emplea un ámbito de origen (dominio fuente) que presta sus conceptos para emplearlos en un dominio destino (dominio meta) (Lakoff & Johnson, 1980, p. 6). Por otro lado, la metonimia es la capacidad de activar “un elemento dado de un dominio mencionado otro elemento perteneciente al mismo domino conceptual”, en virtud de una contigüidad o asociación experiencial (Ibarretxe-Antuñano & Valenzuela Manzanares, 2021, p. 191). Finalmente, los esquemas de imagen están firmemente anclados en una experiencia corporal, física y social, ya que constituye la interacción del hablante con el mundo (contenedor, trayectoria o verticalidad).

En definitiva, este tipo de análisis motivacional y de los procedimientos cognitivos de las voces de los atlas se revela especialmente productivo en el análisis de la variación léxica de los zoónimos (Alinei, 1997; García Mouton, 1997, 1999, 2004; Sanz Martín, 2015; Satín Gallego, 2025).

2. Corpus Y Metodología

Este estudio se fundamenta en un corpus de elaboración propia, empleado como base para la obra Ictionimia andaluza (Arias & De la Torre, 2019). El citado corpus está constituido por más de 4000 unidades léxicas correspondientes a 368 especies de seres marinos (peces, moluscos, crustáceos y cnidarios). Su principal valor radica en su amplitud geográfica y representatividad sociolingüística, ya que los datos fueron obtenidos en 35 localidades del litoral andaluz mediante entrevistas directas a 216 informantes cualificados, todos ellos especialistas en el sector pesquero andaluz. En términos generales, los informantes se corresponden con el perfil NORMS (non-mobile, older, rural males), según la terminología de Chambers y Trudgill (1994, pp. 56-59)4.

A la ventaja que supone disponer de un corpus de tal magnitud, se suma el hecho de que su recopilación se llevó a cabo entre los años 2005 y 2011, lo que confiere al material un valor contrastivo de gran interés. Desde una perspectiva temporal, los datos recogidos en Ictionimia andaluza ofrecen una visión contemporánea frente a los materiales contenidos en los atlas lingüísticos previos, el ALEA y el LMP. Este contraste permite observar la evolución de los procesos de lexicogénesis en las distintas variantes denominativas registradas para cada especie o familia.

En el presente artículo se lleva a cabo un estudio de caso centrado en 26 especies del orden pleuronectiformes (mapas 203-229 de IA). El corpus específico de análisis está compuesto por 419 formas léxicas, organizadas según las familias taxonómicas que se detallan en la Tabla 1.

Familia

Pictogramas (conceptos/especies)

Mapas

Variantes léxicas

Bótidos

2

206, 207

10, 17

Cinoglósidos

1

212

7

Citáridos

1

205

26

Escoftálmidos

4

209, 208, 210, 211

10, 20, 16, 17

Paralíctidos

1

204

1

Pleuronéctidos

2

213, 214

2, 5

Setódidos

1

203

1

Soleidos

15

217, 229, 215, 216, 220, 223, 221, 222, 224, 226, 225, 227, 218, 219, 228

18, 22, 18, 48, 12, 10, 31, 12, 10, 3, 16, 14, 27, 17, 29

TABLA 1. Detalle del corpus de estudio. Fuente: elaboración propia a partir de IA (mapas 203-229).

En el caso de citación de ictiónimos, se usan las voces normalizadas según las normas ortográficas, ya que no se tratarán los aspectos fonéticos en este trabajo.

La metodología empleada para la explotación de los datos se alinea con la aplicada en otros estudios de orientación semejante (Julià Luna, 2014; Terrón Vinagre, 2023; Satín Gallego, 2025). El análisis se desarrolla desde una perspectiva cualitativa, sustentada en un procedimiento sistemático que comprende los siguientes pasos:

- Paso 1. Categorización y estructura prototípica. Análisis de la frecuencia de las variantes léxicas en las costas andaluzas y su consecuente establecimiento de los prototipos en la familia de los pleuronectiformes.

- Paso 2. Análisis de la forma. Examen, desde un punto de vista morfológico, de las variedades léxicas presentes en el litoral andaluz para la familia de los pleuronectiformes.

- Paso 3. Análisis motivacional y de los mecanismos lingüísticos-cognitivos. Se examinan los mecanismos lingüístico-cognitivos de motivación léxica que generan las variaciones léxicas en los ictiónimos, atendiendo a su base conceptual y a las estrategias de categorización que reflejan.

En conjunto, este procedimiento metodológico posibilita una aproximación integral a la variación y motivación léxica, enmarcando el estudio en la tradición de la investigación etnolingüística y cognitiva aplicada al léxico especializado.

3. Resultados

En este apartado se aportan los resultados del análisis de cada una de las fases señaladas en la metodología.

3.1. Categorización y estructura prototípica

Como se indicó en el §1.1., el prototipo se define como el ejemplar idóneo comúnmente asociado a una categoría, esto es, el miembro más representativo dentro del campo semántico que organiza la experiencia de los hablantes. Aunque siempre existirá una “variación interindividual” en los procesos de categorización conceptual (Kleiber, 1995, p. 48), en los ictiónimos andaluces de la familia de los pleuronectiformes, encontramos “núcleos de conocimiento socialmente consensuados” (Langacker, 1987, p. 62). Desde esta perspectiva se establece una correspondencia funcional entre la frecuencia léxica y el grado de prototipicidad, ya que cuanto mayor es la frecuencia menor es el grado de variación individual.

En esta misma línea, García Mouton (1997), en su estudio sobre los zoónimos no latinos del español, señala la existencia de una relación directamente proporcional entre la productividad económica y la frecuencia de presencia de los animales, y el grado de regularidad en el uso denominativo. De este modo, los nombres de especies de elevada relevancia económica y social, como vaca, caballo o gallina, muestran una variación léxica significativamente menor que otros como libélula o mariquita, cuyas designaciones presentan mayor dispersión y diversidad formal.

Según los gráficos de frecuencia que para cada especie muestra IA para los pleuronectiformes, se puede considerar que la forma lenguado es la prototípica para la categoría pez plano por ser el más comercializado y conocido en el orden de los pleuronectiformes. En concreto, en el caso de la familia de los soleidos (mapas 215-229), sirve como unidad léxica representativa en 14 de las 15 especies. A esto se le añade que se usa como núcleo de unidades léxicas pluriverbales (unidades sintagmáticas) que denominan a especies cercanas; se utiliza este hiperónimo para nombrar a especies semejantes de extracción en caladeros extranjeros (pleuronéctidos, mapa 213) y es usado en los casos de confusiones con especies cercanas5. En definitiva, en un 77,96 % de las ocasiones se elige la voz lenguado.

Ahora bien, si a pez plano se añade el factor “posición de los ojos” existen diferentes formas prototípicas que son consideradas ejemplos centrales de la categoría pescado plano con la posición de los ojos lateralizada:

a) Ojos en el lado derecho: lenguado, acedía.

b) Ojos en el lado izquierdo: rodaballo, tapaculo, gallo, peluda.

Así, además del citado lenguado, para a) la acedía tiene una prototipicidad moderadamente representativa en los puertos del litoral mediterráneo, además de ser el ictiónimo más frecuente para Dicologlossa cuneata (mapa 215). En el b), el prototipo rodaballo es la forma más frecuente para dos especies de la familia de los escoftámidos (mapas 210-211); tapaculo, para las dos especies de los bótidos (mapas 206-207), gallo, para los mapas 208-209 de los escoftálmidos; y peluda, para el mapa 205 de los citáridos. A esto hay que añadir dos protopipos periféricos: perro (Psettodes belcheri, mapa 203) y platija (Platichthys flesus, mapa 214), los ictiónimos más frecuentes de dos especies poco representativas de las costas andaluzas.

Entre todas, debemos destacar algunas formas prototípicas dialectales. Estas no son tan frecuentes, pero sí recurrentes y determinan la distinción interespecies en ciertas zonas del litoral, por ejemplo, el caso de parracho. Se trata de la variante dialectal onubense del prototipo rodaballo. Su arraigo se constata por ser el núcleo de creaciones pluriverbales como parracho de pintas (mapa 210) o parracho de aguadulce (mapa 211).

Los efectos de esta categorización es la extensión denominativa (uso de hiperónimos) para varias especies cercanas y las confusiones registradas en IA, donde se aplica un mismo nombre se aplica erróneamente a especies diferentes.

3.2. Forma de las variedades léxicas

Cada uno de los prototipos se desarrolla en unos lexemas primarios, como vimos en el apartado anterior. Dentro de estos advertimos la forma tapaculo, que se trata de un compuesto léxico sustantivado y responde al esquema: V+N, esquema que se repite en la forma raspabolsas (Bathysolea profundicola, entre otros). Otro tipo formal de lexemas primarios, ya no prototípicos, es SAdj+N: anchipancho o N+SAdj: pechoancho (o ancho, donde se elide el núcleo).

La diferenciación de especies semejantes por parte del hablante del sector pesquero especializado se realiza con la creación de lexemas secundarios. Este hecho se evidencia en que, en las familias que solo agrupan un ejemplar o son especies poco frecuentes en el litoral, no codifican ningún lexema secundario (mapas 203, 204, 212-214). De los 419 ictiónimos, 38,66% son unidades léxicas complejas que responden a las siguientes estructuras sintagmáticas:

a) N+SPrep: puta en cueros (mapa 205); pelaya de fango (mapa 206); tapa de culo (mapa 207); gallo de altura, tapaculo de randa, tapaculo de/del canto (mapa 208) parracho de pintas, rodaballo de lunares/puntos (mapa 210); parracho de aguadulce (mapa 211); acedía/lenguado de Cádiz, acedía de fango/Marruecos (mapa 215); lengua con/de lunares, lenguado de las seis monedas/ojos, lenguado de (los) parches/puntos, lenguado del lunar, soldado de lunares (mapa 216); lenguado de caño/estero/fango/playa/río/tierra (mapa 218); lenguado de buena casta (mapa 220); lenguado de cuatro ojos (mapa 221); lenguado de profundidad (mapa 223); lenguado de altura (mapa 224); lengua de fuera (mapa 225); lengua de las pintas (mapa 227); lengua de arena/piedra, lenguado de golizo, solla de piedra (mapa 228); peluda de/del canto (mapas 208-209); lenguado de (la) pinta, lenguado con/de lunares (mapas 216, 221, 227, 228, 229); lenguado de playa (mapa 218, 228); lenguado de porreo (mapa 218, 228); lenguado de mar (mapa 219); lenguado de arena (mapas 218, 219, 228); raspabolsas de pintas (mapas 221, 222, 223); lenguado de rebalaje (mapas 228, 229).

b) N+SAdj: peluda blanca/fina (mapa 205); peluda raspada, tapaculo blanco (mapa 206); tapaculo negro, tapa real (mapa 207); gallo plateado, peluda negra (mapa 208); gallo blanco/fino (mapa 209); gallo madrileño (mapas 208-209); rodaballo negro/pardo (mapa 211); acedía blanca/negra/propia/rubia/sevillana (mapa 215); gitana alunarada, lenguado pintón/seis monedas (mapa 216); acedía redonda, lenguado verde/verdoso (mapa 218); lenguado amarillo/común/macho (mapa 219); lenguado verdadero, soldado auténtico (mapa 220); lenguado mini (mapa 224); lenguado colorado (mapas 215-219); lenguado fino (mapas 215, 218, 220, 228); acedía alunarada (mapas 216, 220); gitana alunarada (mapas 216, 221); lenguado alunarado (mapas 216, 221, 227); lenguado gitano (mapas 216, 221, 222, 223); lenguado rojo (mapas 217, 219, 220); lenguado negro (mapas 217, 218, 220); lenguado rubio (mapas 218-219); lenguado auténtico (mapas 219-220); lenguado basto (mapas 219, 224); acedía babosa/resbalosa, lengua verrugosa (mapas 228, 229); y la variante SAdj+N: falso rodaballo (mapa 211).

c) N+SN: (lenguado) seis monedas (mapa 216); (lenguado) cuatro monedas (mapa 221); lenguado soldado (mapas 217, 220); lenguado zapato/zapatero (mapas 218, 219); (lenguado) tigre (mapas 224, 229); lenguado solleta (mapas 225, 228, 229); (lenguado) tres monedas (mapa 227); lenguado corbata (mapa 229).

d) Unas formaciones menos productivas son las de N (derivado)+Sadj/SPrep: lenguaíllo alunarado/con lunares (mapas 216, 221, 222, 223); soldadito de lunares (mapa 216); leguaílla de afuera (mapa 225).

Además, no faltan las formas derivadas, excepto el caso de peluda (-uda) y platija (-ija) que se han lexicalizado como lexemas primarios, en el resto, habitualmente, son derivaciones de las formas prototípicas más frecuentes: -ana, pelana (mapa 207); -aza, lenguaza (mapas 212, 218); -eta, lengüeta (mapa 212), solleta (mapas 216, 228, 229); -ete, chapanete (mapa 219); -illa/o, perrillo (mapa 205), lengüilla (mapas 212, 225), lenguaílla/o (mapas 215, 216, 218, 219), ratilla (mapas 216-217), babosilla (mapa 217), gitanilla (mapa 228); -ina, platina (mapa 214); -ito/a, gallito, peludilla, pelujilla, peluquilla, picudilla (mapa 205), tapaculito (mapa 206), soldadito (mapa 217); -ico/a, pelayica (mapa 205), lenguaíco (mapa 228); -ona, pelona (mapa 208); y -uza, platuza (mapas 208 y 214); además de la doble sufijación de peludillón (mapa 208).

3.3. Motivación y mecanismos lingüísticos-cognitivos

Según lo señalado en el §1.2. sobre motivación y los mecanismos lingüístico-cognitivos, en este punto del análisis nos centraremos en el establecimiento de las “relaciones léxico-semánticas entre la realidad, la mente y la lengua” (Julià Luna, 2014). Dada la amplitud de voces del corpus, se llevará a cabo un análisis de tres casos representativos donde las voces prototípicas conviven con otras de menor extensión territorial.

3.3.1. Caso 1 (mapa 205). Citharus linguatula (Familia Citáridos)

Las denominaciones vernáculas asociadas a Citharus linguatula en Andalucía registradas en IA quedan reflejadas en la gráfica 1:

GRÁFICA 1. Frecuencia de ocurrencia de Citharus linguatula. Fuente: Arias y De la Torre (2019: 558).

Existe una alta presencia de la forma peluda, sus derivados peludilla, pelaya, pelayica, peluja y pelujilla; además de los compuestos sintagmáticos pelaya blanca y peluda fina. La voz simple peluda se registra en todo el litoral andaluz, el catalanismo pelaya (cat. pelaia) en la costa oriental (Almuñécar, Motril, Roquetas de Mar, Carboneras, Garrucha) y peluja en Ayamonte (limítrofe con Portugal). Asimismo, las formas derivadas tienen una distribución diferencial: peludilla en todo el litoral, pelayica en Garrucha (Almería) y pelujilla en Ayamonte (Huelva).

Desde el punto de vista de la metáfora de aspecto físico-textural, se identifica el dominio fuente pelos-cabello y el dominio meta radios-aletas, estructura anatómica del pez. La correspondencia se fundamenta en la constatación de una analogía visual: los radios largos, finos y algo deshilachados de las aletas dorsal y anal evocan la textura y disposición filamentosa de los cabellos. A su vez, se produce una metonimia de la parte por el todo: las aletas (dominio meta), semejantes a pelos, por la totalidad del pez (dominio origen).

Esta relación motivacional da lugar a un continuum léxico gradacional en el que los hablantes modulan la designación a través de mecanismos morfológicos y semánticos: peluda fina alude a su calidad frente a otras especies de “peludas” (mapas 206, 208, 209); peluda blanca introduce un rasgo cromático; mientras que pelujilla y peluquilla, con sufijación diminutiva, atenúan la magnitud perceptual del rasgo, sugiriendo un tamaño menor o una textura más sutil.

La forma tapaculo, y el acortamiento tapa, son características de las costas occidentales andaluzas, sobre todo las gaditanas. Se trata de una metáfora instrumental, que alude a la utilización práctica y a la funcionalidad como eje central de la conceptualización: el pez sirve para tapar el culo. Distintos autores ven en el origen de esta metáfora distintos dominios cognitivos:

- Objetos de uso común. En el este ámbito, Ríos (1977, p. 418) sugiere que las voces gallegas tapacus ‘tapaculo’ y tapacona ‘tapacoños’ responden a la percepción de la forma física del pez: una especie pequeña, de cuerpo plano y ovalado, cuya apariencia remite visualmente a una toallita higiénica. En esta misma línea motivacional, Bothus podas (mapa 207) recibe en algunos puertos la denominación compresa, proyección metafórica basada en la semejanza formal con dicho objeto. Esta misma autora, Ríos (1977, p. 419), en la entrada mendo ‘remiendo’ para Glyptocephalus cynoglossus (mapa 213 de IA), amplía la interpretación de tapaculo proponiendo un origen funcional alternativo: el empleo de estos peces como elemento de refuerzo para taponar el fondo de las cestas deterioradas, evitando la pérdida de otras piezas. En correspondencia con esta motivación, el repertorio de Ictionimia andaluza (IA) recoge la forma tacón (cf. cat. taco ‘remiendo’) documentada en Caleta de Vélez (Málaga) para Bothus podas (mapa 207), donde el término conserva esa misma relación semántica de reparación o cobertura. Finalmente, Veny (1997, p. 391) observa que, en catalán, la metáfora subyacente asocia los peces planos con piezas de suela o lona, consolidando así una red motivacional de base material y funcional que recurre a objetos domésticos para conceptualizar la morfología del pez.

- Hábitos conductuales. En cuanto a la motivación vinculada a los hábitos del pez y su interacción con el entorno, Barriuso (1986, p. 284) documenta las voces asturianas tapacon o tapacona (‘tapacoños’) y tapaculo, justificadas por el comportamiento del animal al adherirse a las rocas como una ventosa o tapadera. Este rasgo físico-funcional se combina, según el autor, con «las demás posibilidades imaginativas conjeturadas por el metaforismo sexual y parasexual», que actúan como extensiones simbólicas del mismo esquema conceptual.

En tercer lugar, por su frecuencia en los puertos andaluces, hallamos gallo (Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Algeciras, Estepona) y la derivada gallito. Subyace una metáfora de aspecto físico, cuyo dominio fuente es la cresta del gallo y el dominio meta son los largos radios de la aleta dorsal del pez. Esta metáfora ilustra un caso prototípico de proyección interdominio, donde el conocimiento enciclopédico del hablante sobre el ave sirve de base para conceptualizar la anatomía ictiológica.

En cuarto lugar, destacan las denominaciones gaditanas japonesa (Chipiona, Cádiz, Gallineras, Sancti Petri), doncella (Sancti Petri) y puta en cueros (Cádiz), las cuales se articulan en torno a una misma relación metafórica de “similitud percibida” (Ibarretxe-Antuñano y Valenzuela Manzanares, 2021, p. 164), estructurada según el esquema conceptual el pez es una mujer. Esta proyección metafórica se sustenta en la experiencia perceptiva y táctil del hablante, quien establece una correspondencia entre la textura suave del pez y la suavidad de la piel femenina. En este proceso interviene, además, una metonimia del tipo la parte por el todo, puesto que el rasgo físico de las escamas caedizas se toma como representación del cuerpo completo del animal. Esta doble articulación metafórico-metonímica (metaftonimia en Goossens, 1995) motiva las denominaciones doncella y japonesa, ambas ancladas en la percepción sensorial y en modelos culturales de feminidad y delicadeza. A partir de este mismo dominio, se activa una extensión metafórica secundaria asociada al modelo cultural de la mujer desnuda (en cueros), que en determinados contextos socioculturales se vincula con la figura de la prostituta. Así, la expresión puta en cueros constituye una metáfora compleja en la que confluyen la percepción táctil, la imaginería corporal y la codificación cultural del erotismo, proyectadas sobre el dominio zoológico.

Las restantes denominaciones, ya sea por corresponder a transferencias denominativas —como acedía, voz prototípica para los peces planos en el ámbito mediterráneo andaluz—, o por su baja frecuencia de uso, no presentan un interés analítico relevante para el presente estudio.

3.3.2. Caso 2 (mapa 210). Scophthalmus maximus (Familia Escoftálmidos)

Las denominaciones vernáculas asociadas a Scophthalmus maximus en Andalucía recogidas en IA se muestran en la gráfica 2.

GRÁFICA 2. Frecuencia de ocurrencia de Scophthalmus maximus. Fuente: Arias y De la Torre (2019, p. 570).

En las denominaciones vernáculas rodaballo, parracho y rémol /rombo se activan diversos rasgos perceptuales y culturales: la forma corporal casi circular del pez (romboidal, con amplias aletas dorsales y anales), la textura rugosa y desprovista de escamas, y su gran tamaño, que puede alcanzar hasta un metro de longitud. A estos elementos se suma el estatus socioeconómico y gastronómico de la especie, reconocida en contextos culinarios como un pescado de alto valor. Este valor simbólico refuerza su posición prototípica dentro de la categoría pescado plano, como vimos en el §3.1., tanto por su prominencia física como por su relevancia comercial y cultural.

La forma prototípica rodaballo, generalizada en todo el litoral andaluz, procede del celta rotoballos ‘el de cuerpo redondo’ (Corominas y Pascual, 1980), en alusión a la morfología casi circular de los ejemplares adultos. Este ictiónimo, documentado en Andalucía desde 1516 (Arias & De la Torre, 2019, p. 572), ha sufrido un proceso de remotivación que se evidencia en la variantes léxica robagallo (robar + gallo) de gran extensión por el litoral andaluz. Además, ha cedido parcialmente su posición central a la voz dialectal parracho ‘de cuerpo comprimido’, lusismo adoptado en las costas onubenses tanto para esta especie como para Scophthalmus rhombus (mapa 211). Ambas denominaciones funcionan como núcleos léxicos prototípicos de compuestos sintagmáticos del tipo rodaballo de lunares/puntos o parracho de pintas, motivados por la percepción visual de la piel moteada, rasgo que permite diferenciar esta especie de otras de coloración uniforme, como Scophthalmus rhombus (mapa 211).

Estas denominaciones motivadas por la figura redondeada y aplanada del animal dan paso a otras más transparentes como rombo, directamente emparentada con rémol. Las formas rémol –diminutivo del latín rhombus (Veny, 1997, p. 395) –, propia del área levantina (LMP, mapa 619), y rombo, su adaptación castellanizada, documentada en Andalucía desde el siglo XVIII, se basan en una proyección metafórica de tipo formal: la forma del pez es un objeto geométrico. En este caso, la semejanza visual entre la silueta del pez y la figura geométrica es de donde parte la relación entre el dominio fuente de las formas abstractas hacia el dominio meta del cuerpo del pez. Se evidencia la tendencia del hablante a conceptualizar los organismos marinos mediante referentes espaciales familiares y fácilmente esquematizables.

3.3.3. Caso 3 (mapa 218): Solea senegalensis (Familia Soleidos)

La gráfica 3 de IA muestra la frecuencia de aparición de los ictiónimos:

GRÁFICA 3. Frecuencia de ocurrencia de Solea senegalensis. Fuente: Arias y De la Torre (2019, p. 588).

Las denominaciones vernáculas registradas para Solea senegalensis constituyen un ejemplo representativo de motivación léxica basada en la proyección metafórica de rasgos corporales humanos sobre la forma del referente zoológico. La forma prototípica lenguado y la derivada leguaíllo, además de las que parten de la forma lengua (lengüílla y lenguaza), nacen de la metáfora conceptual que se estructura a partir del dominio fuente lengua, una entidad corpórea de alta familiaridad perceptual, y del dominio meta forma corporal del pez, cuya configuración anatómica es reinterpretada a partir de la experiencia corporal del hablante. La correspondencia metafórica se fundamenta en una analogía visual: el cuerpo aplanado, ovalado y alargado del lenguado evoca la silueta extendida de una lengua humana. Esta transferencia perceptual de forma origina la denominación lenguado, cuya base motivacional se sustenta en la analogía entre el cuerpo aplanado del pez y la silueta de una lengua humana. Dicha motivación se ve reforzada, además, por una coincidencia etimológica con el latín solea ‘suela, planta del pie’, que proyecta un esquema conceptual semejante de corporalidad plana aplicado a entidades naturales de morfología similar. Este mismo patrón cognitivo ha generado un conjunto de variantes léxicas derivadas –solla, solleta, entre otras– empleadas para designar especies afines dentro de la familia Soleidos (Dicologlossa hexophthalma, mapa 216; Bathysolea profundicola, mapa 217; Pegusa lascaris, mapa 225; Pegusa triophthalma, mapa 227; etc.). Estas formas constituyen, por tanto, extensiones denominativas motivadas que reproducen la proyección conceptual de las partes corporales planas sobre los referentes zoológicos. De esta manera, se muestra una continuidad entre la motivación cognitiva y la variación léxica interespecie en el sistema ictionímico andaluz.

El término acedía, de uso polisémico, se aplica de manera extensiva a diversas especies de soleidos de menor tamaño, lo que evidencia un fenómeno de una cierta elasticidad referencial dentro del léxico pesquero andaluz. Se documenta desde 1516 (Arias & De la Torre, 2019, p. 581) y su motivación, según Martínez (1977, p. 228), se encuentra en la raíz indoeuropea ac- ‘cosa puntiaguda’. La forma del pez, semejante a una ‘punta de lanza’, motiva metafóricamente su denominación, así como la de algunas variantes léxicas de especies próximas, como picudilla (Citharus linguatula, §3.3.1).

Las denominaciones baboso/a y resbalosa constituyen ejemplos de metáforas de textura corporal sustentadas en la proyección sensorial del dominio táctil humano sobre el dominio zoológico. En ambos casos, la experiencia del hablante al manipular el pez, donde se percibe la mucosidad o la falta de adherencia de su superficie, se convierte en la base motivacional de la denominación. Se trata de una metáfora conceptual de tipo experiencial (la textura del pez es la textura del cuerpo humano), en la que la sensación física se proyecta desde el cuerpo del hablante hacia el referente natural. Al mismo tiempo, puede interpretarse como una metonimia del tipo la parte por el todo, ya que el rasgo táctil (superficie viscosa) se toma como representación del ser completo. Este tipo de motivaciones táctiles subyacen también de las variantes léxicas rasposo y raspabolsas de especies cercanas (Dicologlossa hexophthalma, mapa 216), que aluden cognitivamente al tacto adherente de las escamas ctenoides de estos peces.

Finalizamos este apartado con las formas compuestas a partir de lenguado. Estas responden a un patrón de especificación categorial, materializado en la construcción [hiperónimo + rasgo distintivo], que permite diferenciar esta especie de otras del mismo grupo taxonómico (Soleidae). Los rasgos discriminantes más frecuentes aluden al color (lenguado verde/verdoso/negro), al hábitat o lugar de extracción (lenguado de arena/playa/fango/porreo/ceba/estero, etc.) o a la calidad (lenguado fino). En este último caso, la metáfora subyacente es de imagen vertical, donde fino implica ‘buena calidad’ y basto, ‘mala calidad’, siguiendo el esquema conceptual bueno es arriba / malo es abajo.

En otras especies de soleidos, la metonimia del tipo la parte por el todo opera como un mecanismo de individualización semántica, ya que focaliza un atributo visual sobresaliente para delimitar una subcategoría dentro de una clase más amplia, reforzando el valor contrastivo y referencial del término en contextos pesqueros y comerciales. Tal es el caso de denominaciones como lenguado (de los) seis lunares/monedas (Dicologlossa hexophthalma, mapa 216), donde los seis característicos ocelos negros bordeados de amarillo actúan como rasgo motivador y elemento de identificación perceptiva.

4. Conclusiones

El análisis de los ictiónimos andaluces pertenecientes al orden pleuronectiformes pone de relieve la estrecha relación entre la experiencia perceptiva, la práctica sociocultural y los procesos de categorización léxica. Las denominaciones vernáculas revelan una organización cognitiva coherente, estructurada en torno a prototipos léxicos y a mecanismos motivacionales de base metafórica y metonímica.

En primer lugar, la observación de las frecuencias léxicas y de los patrones de extensión denominativa permite afirmar que la categoría pez plano presenta una estructura prototípica jerarquizada, donde lenguado actúa como núcleo categorial, tanto por su alta representatividad semántica como por su relevancia económica y cultural. Este hecho corrobora la hipótesis de que la frecuencia de uso y la prototipicidad conceptual mantienen una correlación directa, visible en la estabilidad y difusión de ciertos términos frente a otros periféricos o dialectales.

En segundo lugar, las variaciones formales evidencian un sistema léxico dinámico, en el que la creatividad denominativa se articula mediante esquemas productivos del tipo [hiperónimo + rasgo distintivo] y [base léxica + sufijo apreciativo]. Estas estrategias no solo cumplen una función diferenciadora entre especies próximas, sino que también expresan una relación simbiótica entre la lengua y el medio pesquero andaluz, donde la precisión terminológica responde a necesidades comunicativas y funcionales del entorno profesional.

En tercer lugar, desde el punto de vista semántico-cognitivo, las denominaciones analizadas reflejan proyecciones conceptuales recurrentes basadas en la experiencia corporal del hablante, donde predomina como un continuum perceptivo la idea de pez plano (carta, corbata, lenguado, lengua, parracho, sello, etc.). Destacan las metáforas de forma (la forma del pez es una parte corporal), de textura (el tacto del pez es el tacto humano), o de función (el pez es un objeto instrumental), junto con metonimias visuales del tipo la parte por el todo. Estas relaciones interdominio consolidan la idea de que el léxico popular constituye un espacio de conocimiento enciclopédico, en el que la percepción sensorial se integra con modelos culturales y categorías cognitivas compartidas.

Asimismo, la variación interzonal detectada (especialmente en la aparición de lusismos y catalanismos como parracho o pelaya, respectivamente) confirma la existencia de procesos de contacto léxico y de adaptación dialectal que enriquecen la ictonimia andaluza. Este fenómeno revela la permeabilidad del léxico pesquero a la circulación geográfica y a la transmisión intercomunitaria del saber tradicional a través de la lingua franca del mar.

En definitiva, los resultados demuestran que los ictiónimos no solo son unidades denominativas, sino manifestaciones lingüísticas de la cognición ecológica y cultural de las comunidades pesqueras. A través de ellos, los hablantes codifican, clasifican y resignifican su entorno marino, generando un sistema léxico donde convergen la percepción, la memoria cultural y la identidad local.

Financiación

Este trabajo se inscribe dentro del Proyecto de estudio del léxico diferencial de las hablas andaluzas (ProLexHA) (FEDER-UCA-2024-A2-25), del Plan Propio de Apoyo y Estímulo a la Investigación y la Transferencia, financiado por el Programa Operativo FEDER Andalucía 2021-2027 (de la Junta de Andalucía).

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1 Es especialmente interesante el punto de vista de este autor, ya que aplica la teoría de la motivación a la representación de los datos de los atlas lingüísticos, creando la cartografía motivacional. En estos mapas, se establecen áreas de los motivos semánticos que originan las denominaciones.

2 En el campo de la ictionimia destacamos el trabajo de González García (2008), que realiza un recorrido por la motivación y la creación léxica en las hablas populares en Andalucía y dedica un apartado al mar; y el apartado 1.6.5.2.5. Origen y motivación designativa en Arias y De la Torre (2019, pp. 58-49).

3 Anaya (1999, p. 57) distingue en su trabajo dieciséis ámbitos metafóricos para los ictiónimos referidos a «distintos aspectos del mundo, del ser humano, de los animales, de los objetos o de las plantas» y Pamies (2010, pp. 35-53) refiere dos ámbitos en los que se mueve la metáfora ictionímica: la tierra en el mar y el mar en la tierra. En este sentido, hay que referir el estudio de Monterde y Bolaños (2020) sobre los ictiónimos canarios y la clasificación de las creaciones metafóricas basadas en el aspecto físico.

4 Para más información sobre los informantes véase Arias y De la Torre (2019, § 1.4.).

5 Este tipo de confusiones se registran en las “notas ictionímicas” de cada especie de IA.