Dossier
water and landscape
AGUA y TERRITORIO
Good living and patrimonialization of water. COCSASCOL case (Colombia)
Ana Patricia Quintana Ramírez
Universidad Nacional de Colombia
Bogotá, Colombia
aquintana@unal.edu.co
ORCID: 0000-0002-8956-8895
Información del artículo
Recibido: 30/11/2022
Revisado: 23/05/2024
Aceptado: 08/07/2024
Online: 04/06/2025
Publicado: 10/10/2025
ISSN 2340-8472
ISSNe 2340-7743
CC-BY
© Universidad de Jaén (España).
Seminario Permanente Agua, Territorio y Medio Ambiente (CSIC)
RESUMEN
La experiencia de COCSASCOL, una confederación colombiana de grupos asociados de acueductos comunitarios en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca, Risaralda y Cundinamarca, es significativa por los aportes históricos y las transformaciones sociales en relación con el agua. La cultura campesina alrededor del agua, resultado de la conjunción de múltiples intercambios culturales entre pueblos indígenas, afros, españoles y mestizos, transformaron las relaciones de convivencia y las ocupaciones humanas en el territorio. Ello consolidó prácticas cotidianas incorporadas en cada ser humano, objetivadas colectivamente e institucionalizadas en el comunitarismo con la naturaleza. La información que se presenta en este artículo resulta de una investigación de carácter etnográfico, desde la ecología política del agua, bajo el fundamento ontológico del buen vivir, realizada entre 2021 y 2022 y, financiada en la convocatoria Fals Borda de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá.
PALABRAS CLAVE: Buen Vivir, Organización, Acueducto, Comunitario, Agua, Patrimonialización.
ABSTRACT
The experience of COCSASCOL, which brings together four associations of second-level community aqueducts in the Colombian departments of Valle del Cauca, Cauca, Risaralda and Cundinamarca, is significant for the historical contributions and social transformations of the population in relation to water. The peasant culture around water, the result of the conjunction of multiple cultural exchanges between indigenous, Afro, Spanish and mestizo peoples, transformed social relations and human occupations in the territory. This consolidated daily practices incorporated into each human being, collectively objectified and institutionalized in communitarianism with nature. The information presented in this article is the result of an ethnographic research, from the political ecology of water, under the ontological foundation of good living, conducted between 2021 and 2022 and funded by the Fals Borda call of the Faculty of Human Sciences of the National University of Colombia, Bogotá.
KEYWORDS: Buen Vivir, Organization, Aqueduct, Community, Water, Patrimonialization.
Buen vivir e patrimonialização da água. Caso COCSASCOL (Colombia)
RESUMO
A experiência da COCSASCOL, uma confederação colombiana de grupos associados de aquedutos comunitários nos departamentos de Valle del Cauca, Cauca, Risaralda e Cundinamarca, é significativa por suas contribuições históricas e transformações sociais em relação à água. A cultura camponesa em torno da água, resultado da conjunção de múltiplos intercâmbios culturais entre povos indígenas, afro-colombianos, espanhóis e mestiços, transformou as relações de convivência e as ocupações humanas no território. Isso consolidou práticas cotidianas incorporadas em cada ser humano, coletivamente objetivadas e institucionalizadas no comunitarismo com a natureza. A informação apresentada neste artigo é o resultado de uma pesquisa etnográfica, a partir da ecologia política da água, sob o fundamento ontológico do bem viver, realizada entre 2021 e 2022 e financiada pela chamada Fals Borda da Faculdade de Ciências Humanas da Universidade Nacional da Colômbia, Bogotá.
PALAVRAS-CHAVE: Buen Vivir, Organização, Aqueduto, Comunidade, Água, Patrimonialização.
Buen vivir et patrimonialisation de l'eau. Cas COCSASCOL (Colombie)
RÉSUMÉ
L'expérience de COCSASCOL, une confédération colombienne de groupes associés d'aqueducs communautaires dans les départements de Valle del Cauca, Cauca, Risaralda et Cundinamarca, est significative pour ses apports historiques et ses transformations sociales en relation avec l'eau. La culture paysanne autour de l'eau, résultat de la conjonction de multiples échanges culturels entre les peuples indigènes, afro-colombiens, espagnols et métis, a transformé les relations de coexistence et les occupations humaines sur le territoire. Elle a consolidé les pratiques quotidiennes incorporées à chaque être humain, objectivées collectivement et institutionnalisées dans le cadre d'un communautarisme avec la nature. Les informations présentées dans cet article sont le résultat d'une recherche ethnographique, à partir de l'écologie politique de l'eau, sous le fondement ontologique du bien-vivre, réalisée entre 2021 et 2022 et financée par l'appel Fals Borda de la Faculté des sciences humaines de l'Université nationale de Colombie, Bogota.
MOTS-CLÉ: Buen Vivir, Organisation, Aqueduc, Communauté, Eau, Patrimonialisation.
Buen vivir e patrimonializzazione dell'acqua. Caso COCSASCOL (Colombia)
SOMMARIO
L'esperienza di COCSASCOL, una confederazione colombiana di gruppi associati di acquedotti comunitari nei dipartimenti di Valle del Cauca, Cauca, Risaralda e Cundinamarca, è significativa per i suoi contributi storici e le trasformazioni sociali in relazione all'acqua. La cultura contadina intorno all'acqua, risultato della congiunzione di molteplici scambi culturali tra popolazioni indigene, afrocolombiane, spagnole e meticcie, ha trasformato le relazioni di convivenza e le occupazioni umane nel territorio. Questo ha consolidato le pratiche quotidiane incorporate in ogni essere umano, oggettivate collettivamente e istituzionalizzate nel comunitarismo con la natura. Le informazioni presentate in questo articolo sono il risultato di una ricerca etnografica, nell'ambito dell'ecologia politica dell'acqua, sotto il fondamento ontologico del buon vivere, realizzata tra il 2021 e il 2022 e finanziata dal bando Fals Borda della Facoltà di Scienze Umane dell'Università Nazionale della Colombia, Bogotá.
PAROLE CHIAVE: Buen Vivir, Organizzazione, Acquedotto, Comunità, Acqua, Patrimonializzazione.
Habitantes de zonas rurales en Colombia defienden colectivamente el derecho de accesibilidad al agua, agrupados en asociaciones de primero, segundo y tercer nivel1. Uno de estos grupos representativos es la red nacional de acueductos comunitarios integrada por organizaciones ubicadas en los departamentos de Boyacá, Nariño, Santander, Antioquia, Tolima, Bolívar, Sucre y Meta. Otra organización es la Confederación de Organizaciones Comunitarias de Servicios de Agua y Saneamiento de Colombia –COCSASCOL-, conformada por las asociaciones de acueductos de Cundinamarca -ASATECUNDI-, del Valle del Cauca y Cauca -AQUACOL-, de Dosquebradas -AMAC- y la Federación de Asociaciones Comunitarios de Risaralda –FACORIS- (Figura 1).
Figura 1. Área de incidencia de COCSASCOL

Fuente: Barragán (2022).
COCSASCOL es una confederación de organizaciones sociales que administran comunitariamente acueductos, en zonas rurales y periurbanas del centro y suroccidente colombiano. En los departamentos de Cundinamarca y Risaralda, estos grupos administran sistemas simples de abasto de agua, que localizados en zonas de ladera utilizan fuentes hídricas superficiales para distribuir por gravedad el líquido en domicilios de población campesina y, algunos habitantes de periferias urbanas. En los departamentos del Valle y Cauca, además de abastos comunales ubicados en zona rural de montaña con fuentes superficiales, en las áreas planas sobre la ribera del río Cauca, la población se surte de agua proveniente de acueductos alimentados con agua subterránea, bombeada y distribuida entre las viviendas de algunos centros poblados.
En estas regiones del centro y suroccidente colombiano, las actividades económicas y la vida humana están condicionadas por la disponibilidad de agua, en contextos culturales complejos para la sustentabilidad de la misma. En las zonas planas sobre la ribera del río Cauca, los habitantes sufren afectaciones por la pérdida de biodiversidad y producción para el autoconsumo campesino, como consecuencia del incremento en la producción extensiva agroindustrial de caña de azúcar y la gran propiedad para ganadería extensiva. Esta dinámica incrementa la presencia de contaminantes por el uso de agrotóxicos, disminuye el fluido de agua subterránea e, impide la disponibilidad del líquido para población en zonas con fuertes sequías durante la mayor parte del año en los departamentos del Valle y Cauca. Mientras que quienes habitan algunas zonas de montaña vivencian transformaciones socioeconómicas y culturales con el cambio de cultivos de pancoger2 por la siembra de coca3.
Por su parte, en ciudades capitales como Bogotá y Pereira, el incremento de la urbanización acelerada por la migración ciudad-campo para usos recreativos, en los departamentos de Cundinamarca y Risaralda incrementa la demanda de agua, en condiciones de progresiva escasez natural del líquido. En zonas de montaña que oscilan entre los 900 y los 2.200 m.s.n.m., la significativa demanda de agua para consumo humano, cultivo-transformación del café y producción agropecuaria, presenta una disminución progresiva del promedio de caudales en las fuentes hídricas durante épocas de intensa sequía4. Además, la contaminación de los principales afluentes abastecedores por inadecuado manejo de aguas residuales5, es generado por descargas puntuales a quebradas y ríos, con escaso o nulo tratamiento, de altos volúmenes de aguas mieles, despulpado y lavado del cerezo del café6. Por ello, regiones tradicionalmente cafeteras como Tena y Zipacón en Cundinamarca, Dosquebradas y Pereira en Risaralda, buscan actualmente con dificultad, mutar hacia economías dinamizadas por la ganadería extensiva y el turismo.
En este contexto colombiano, la gestión autónoma realizada por organizaciones sociales mediante sistemas de abastecimiento de agua, garantiza la accesibilidad al líquido para diferentes usos en zonas rurales y algunas áreas periurbanas. Un total de “35 mil veredas, cada una con más de un acueducto comunitario”7, caracteriza el abastecimiento de agua entre la población campesina colombiana.
En Cundinamarca existen 1.568 acueductos comunitarios garantizando agua para habitantes rurales en los 116 municipios8. En la zona rural de Risaralda 541 organizaciones de naturaleza comunitaria suministran agua a la población9. En el departamento del Valle del Cauca existen un total aproximado 1.000 acueductos comunitarios beneficiando a más de 3.5 millones de personas en zonas rurales10. Y, en el departamento del Cauca existen un total aproximado de 984 acueductos comunitarios distribuidos en toda la zona rural suministrando a un total de 89.795 hogares11.
Estas cifras dan cuenta de la importancia estratégica que tiene el modelo de gestión colectiva del agua en los territorios del centro y suroccidente colombiano, como principal opción para acceder al líquido entre población campesina. Pese a esta fortaleza confederativa, el Estado colombiano a lo largo de muchos años ha descuidado el apoyo técnico, financiero y social a este modelo distributivo de agua entre la población rural. Por ello, los dilemas relacionales que tienen las organizaciones comunitarias de acueducto con el Estado, aparecen por la poca claridad del derecho sobre patrimonio común y los procesos de patrimonialización del agua, como visiones y formas diferentes de habitar el territorio en Colombia.
Si bien la Constitución Política establece que los servicios públicos pueden ser prestados por el Estado, por los particulares y por las comunidades organizadas (art. 365 de la C. Po), el modelo comunitario no se reconoce en las estructuras institucionales para la prestación del servicio de acueducto establecido en Colombia, a través del régimen de servicios públicos o ley 142 de 1994. Por el contrario, mediante la libertad de competencia, la ley 142/94 abrió el camino jurídico para que el sector privado en Colombia ingresara al mercado de los servicios públicos, entre otros el de acueducto (art. 5 ley 142/1994). Así, mientras el Estado defiende un modelo empresarial ligado a la privatización del servicio de acueducto12, sin una normatividad acorde a las prácticas y expectativas de la gestión comunitaria, desde la experiencia de las organizaciones sociales se continúa trabajando en perspectiva del trabajo comunitario, como un legado del buen vivir ancestral.
En este contexto, el propósito del presente escrito es explicar la forma como en COCSASCOL se patrimonializa el agua en la perspectiva del buen vivir. La información resulta de la investigación titulada “buen vivir y agua entre organizaciones comunitarias y su relación con la normatividad del sector acueducto en Colombia”, financiada por la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Colombia en la convocatoria Fals Borda, para el período comprendido 2021-2022.
El estudio se enmarca teóricamente en la ecología política, para explicar la acción social generada por organizaciones comunitarias en torno al agua como un asunto de poder en la sociedad. Allí donde el Estado está ausente, porque los gobernantes privilegian la inversión tecnológica en áreas urbanas centralizadas, grupos humanos que trabajan en condiciones adversas y conflictivas, se organizan para compartirse, distribuirse y garantizarse el abastecimiento del agua por sí mismos13. Estas contradicciones se comprenden desde el marco ontológico-epistemológico del pensamiento latinoamericano ancestral del buen vivir y la perspectiva de patrimonialización social. Conceptos que sustentan teóricamente el proceso organizativo fundamentado en relación con la gestión colectiva del agua.
El buen vivir es un concepto con una larga tradición ancestral entre pueblos originarios de América Latina14, con interpretaciones recientes por parte de investigadores de diversas disciplinas, especialmente economistas15, antropólogos16, sociólogos17, filósofos y teólogos18, filólogos19, entre otros.
Como una alternativa al desarrollo20, el buen vivir es una cosmovisión, horizonte ético de vida, ecosofía en forma de ontología ambiental humanizada, distinta a la impuesta por el desarrollismo. Así como la corriente que defiende el decrecimiento en Europa, el buen vivir aboga por una recuperación identitaria ancestral en América Latina en un estilo diferente al impuesto por los países industrializados. Esta es una lucha antineoliberal de los pueblos indígenas latinoamericanos, que apoyados por movimientos ecologistas, feministas, socialistas y de la teología de la liberación, refutan el paradigma del desarrollo.
Como expresión de pueblos originarios que vivieron relaciones diferentes con la naturaleza antes que llegaran europeos a territorio latinoamericano, el buen vivir es una interpretación de sentires, saberes y proyecciones patrimoniales identitarias21. En esta perspectiva se busca construir una sociedad con diversidad de mercados, no una sociedad mercantilizada unilinealmente, ni homogeneizada a partir de parámetros consumistas. Desde la perspectiva del buen vivir se reconocen patrimonialmente identidades y saberes inscritos constitucionalmente y en la política pública22.
La ecosofía andina del buen vivir es relacional, no dual23; es horizonte ético y ontológico particular, ambientalmente ligado a la idea de comunitarismo o espacio social común, que considera al ser humano en convivencia simbiótica con la naturaleza y sus múltiples significaciones24. El propósito es rescatar el punto de vista unitario de la naturaleza humana, en vínculo con los demás seres con quienes se comparte ecosistémicamente un mismo espacio planetario. Su manifestación colectiva reclama visibilizar la tradición oral y práctica, inscrita en la memoria de generaciones humanas subalternizadas por formas colonizantes de vida humana.
El buen vivir aboga por el reconocimiento de especificidades propias de cada cultura, en coexistencia con diferentes contextos ambientales25. Tal como en el suma qamaña o ayllu andino que significa armonía entre las dimensiones material y espiritual, integrado en la constitución boliviana desde 2009; el sumak kawsay o espacio comunitario de reciprocidad, convivencia con la naturaleza, responsabilidad social y consenso, incorporado en la constitución ecuatoriana durante el 200826. El ñande reko de los guaraníes que refiere un modo de ser incluido en diversas virtudes de la buena vida como la libertad y felicidad, orientadas a la búsqueda de la “tierra sin mal”. El küme margen de los mapuches en Chile, las ideas de la buena vida entre los achuarde la Amazonía ecuatoriana y los kunas de Panamá y Colombia, entre otras concepciones.
En esta perspectiva, la comunidad es el sujeto de las iniciativas, decisiones políticas y económicas, no el individuo aislado como ciudadano o consumidor. Por tanto, el portador de derechos es el colectivo, la nación, el pueblo y también la tierra —Pachamama—, el agua y el aire y todos los elementos de la naturaleza27. El sentido comunitario de vida se concreta en la igualdad, responsabilidad compartida, conservación del ecosistema y en los valores ético-morales sintetizados en la máxima expresión del sumak kawsay “no seas mentiroso, no seas ladrón y no seas flojo”28.
En relación con el agua, el buen vivir es una condición de sustentabilidad territorial, entre población campesina e indígena de Perú29, México30, Ecuador31 y Colombia32, entre otros. La existencia de una cosmovisión andina de equilibrio y armonía de los seres humanos con el agua se manifiesta en capacidad organizativa comunitaria para atender la necesidad de abastecimiento sin su mercantilización. Este elemento natural es un bien común que integra usos consuetudinarios, valores y costumbres ancestrales territorialmente definidas.
Esta visión se concreta en procesos de patrimonialización social inscritos en los nuevos abordajes de la cultura que pretenden dar voz al pueblo y restituir la concepción de cultura popular vista como tradición, memoria y construcción identitaria33. En el buen vivir, el patrimonio se entiende como un bien que el Estado debe conservar, reconociendo su titularidad social y, patrimonialización es la dinámica social mediante la cual se valora un proceso, pasando de la individualidad a la colectividad como sujeto, genio creativo a la comunidad que conserva34.
Un objeto o suceso se convierte en patrimonio cuando “las contraprestaciones brindadas bajo la forma típicamente simbólicas dan cuenta de testimonios de gratitud, homenajes, respeto, obligaciones o deudas morales”35. Es decir que el patrimonio se registra de manera simbólica mediante el conjunto de valores manifiestos de gratitud y buena fe que realicen los agentes sociales, con el fin de mantener el reconocimiento social y las garantías de credibilidad en el intercambio de todo tipo de bienes capitales36. Las relaciones son más personales, más cercanas o frecuentes, en tanto más cercanos o alejados se encuentren los individuos o grupos implicados entre sí. El capital simbólico se exhibe como una estrategia de negociación y acuerdo en tanto aporta la red de aliados y de relaciones en los que se sostiene mediante compromisos, deudas de honor, derechos y deberes acumulados en el curso de las generaciones sucesivas37.
Por tanto, los agentes sociales deciden desarrollar procesos de patrimonialización cuando incorporan 38, objetivan39 e institucionalizan40 el patrimonio como capital cultural, económico, simbólico o social. Estado referido al momento o etapa de la vida en la que los habitantes interiorizan subjetivamente la cultura que los identifica41 y, la explicitan mediante prácticas sociales o actuaciones políticas.
Metodológicamente esta investigación optó por el enfoque cualitativo a través de un análisis etnográfico. Para comprender las interacciones cotidianas de las personas en territorios habitados y ordenados por el agua, en zonas rurales y rural-urbanas de 31 municipios de los departamentos del Valle, Cauca, Cundinamarca y Risaralda, la información en campo se obtuvo entre agosto 2021 y agosto 2022. Mediante el método etnográfico, relatos y testimonios vivenciales de usuarios/as, líderes y lideresas de las organizaciones afiliadas a COCSASCOL, se contrastaron y complementaron con datos documentales e históricos.
En total se realizaron 39 entrevistas a usuarios/as, fundadores/as y directivos/as para reconocer historias de organización social y construcción de infraestructuras; cinco talleres de discusión con grupos focales sobre el buen vivir con representantes de las organizaciones de primer nivel afiliadas a ASATECUNDI, FACORIS, AMAC y AQUACOL (Tabla 1). Recorridos para reconocer sistemas de abastecimiento en doce veredas y cuatro barrios en Dosquebradas, con observaciones participantes registradas en diario de campo. Finalmente, se realizó un foro nacional con seis ponencias de representantes de las organizaciones de segundo nivel y de tres instituciones estatales.
Tabla 1. Organizaciones sociales afiliadas a COCSASCOL
Organización social de segundo nivel |
Cantidad de organizaciones de primer nivel por departamento |
Municipios atendidos, en sus zonas rurales y rural-urbanas. |
Asociación de organizaciones comunitarias prestadoras de servicios públicos de agua y saneamiento en Colombia -AQUACOL- |
26 VALLE DEL CAUCA |
Cali, Buga, Tuluá, Riofrío, Jamundí, Obando, Yumbo y Candelaria |
11 CAUCA |
Santander de Quilichao, Caloto, Tambo, Buenos Aires y Coconuco-Puracé |
|
Asociación de Acueductos Comunitarios de Tena y Cundinamarca -ASATECUNDI- |
8 CUNDINAMARCA |
Tena, San Antonio del Tequendama, El Colegio y Zipacón |
Asociación Municipal de Acueductos Comunitarios de Dosquebradas -AMAC- |
15 RISARALDA |
Dosquebradas |
Federación de Acueductos Comunitarios de Risaralda -FACORIS- |
432 RISARALDA |
Pereira, Dosquebradas, Apía, Quinchía, Guática, Santa Rosa de Cabal, Balboa, Santuario, Pueblo Rico, Belén de Umbría, Mistrató, Viterbo, Marsella y La Virginia |
TOTAL |
492 Organizaciones sociales |
31 municipios |
Fuente: Elaboración propia, 2022.
Las formas de asociación para la gestión del agua conservan rasgos patrimoniales que la población rural heredó de sus ancestros indígenas y afrocolombianos. El buen vivir es un principio de vida y trabajo colectivo implícito en las dinámicas de patrimonialización social trasmitidas intergeneracionalmente para la distribución solidaria del líquido, el cual resulta contrario al modelo institucional y privado que promueve el Estado colombiano. Los principios de complementariedad y reciprocidad se reproducen en virtud a las estrategias adquiridas por grupos humanos asentados en diversos territorios de la geografía colombiana, que transitan de una identidad indígena y afro a una campesina o citadina. La valoración del agua, su siembra como conservación de vida y, el comunitarismo con el ecosistema natural configura una ecosofía relacional con el agua en vínculo con la organización social. Pese a ello, las estructuras colectivas cultural e históricamente constituidas a través de siglos, no se recogen en las interpretaciones funcionales y regulaciones ambientales y tributarias que la normatividad estatal pretende darle al proceso comunitario. A continuación, se detallan cada una de estas particularidades.
Históricamente, la solidaridad y convivialidad para conservar la vida humana y natural en todas sus formas se trasmiten entre la población rural colombiana a través de varias generaciones. Ante la desatención estatal, los esfuerzos humanos para contar con agua en sus domicilios de campesinos/as en zonas veredales y de citadinos/as en algunas ciudades de Colombia, fueron afianzando la gestión colectiva como patrimonio cultural intangible.
La creación de valor como patrimonio cultural intangible o inmaterial se alcanza mediante procesos sociales de patrimonialización que realizan distintos grupos humanos, apreciando esfuerzos, recursos y poderes de las personas para mantener un bien o práctica cultural a lo largo de la historia42. La UNESCO define la cultura intangible como “aquel patrimonio vivo en el que tienen protagonismo grupos e individuos desde el nuevo paradigma participativo”43, en forma de prácticas, expresiones, saberes, rituales y performances con valor asignados por grupos humanos44.
Ejemplo de patrimonialización social lo constituyen la gestión comunitaria del agua para consumo humano y las actividades agropecuarias en zonas rurales. Este modelo trasmitido intergeneracionalmente, institucionaliza el buen vivir como ética de vida, mediante sistemas continuos de organización social. En Colombia, esta forma de gestionar agua resulta de visiones políticas heredadas de cacicazgos indígenas muiscas en el valle de Tena-Cundinamarca, quimbayas, negros y mestizos en los departamentos de Risaralda, Valle y Cauca. Un recorrido histórico, periodizando las transformaciones y herencias patrimoniales entre habitantes de diferentes regiones representadas por COCSASCOL, permite identificar tales rasgos.
En la época prehispánica, el trueque fluvial garantizó la sobrevivencia entre población indígena muisca, panche, pijao y quimbaya. Las aguas salobres consolidaron el intercambio de sal por artesanías, comida y minerales entre los aborígenes, a través de los ríos Bogotá y Magdalena en Cundinamarca, Consota y Cauca en Risaralda.
Los pueblos aborígenes ribereños objetivaron colectivamente los fluidos de agua como patrimonios sacralizados, en virtud a la garantía de sobrevivencia que éstos ofrecían. Una fuerte identidad con la naturaleza entre la población indígena se establecía asignándole a caciques o señores, nombres de lugares, montes y ríos. Por ello, los grupos indígenas eran pueblos del agua45, como en la teofanía muisca de quienes habitaron el valle de Tena, hoy departamento de Cundinamarca. Para este grupo étnico “las lagunas ennoblecieron la existencia humana, por lo que bajo sus aguas reposaban los dioses”46. Nombres de las veredas y asociaciones del agua como Laguneta, Manantial, Aguasimal, contrastan con el sincretismo religioso de San Isidro, Santa Bárbara o Catalamonte, configurados posteriormente durante la época colonial, en torno a la gran hacienda.
De otra parte, en territorios ocupados por el grupo étnico quimbaya en el actual departamento de Risaralda, la historia de ocupación se consolidó por la intensa actividad humana establecida para tratar el agua salada en grandes vasijas de barro, desde el año 2.500 antes del presente47. La sacralidad del agua y la naturaleza se concretó en las denominaciones geográficas mediante “vocablos-ríos y vocablos-pueblos como Tucurumbí, hoy Dosquebradas…y, Otún por la población originaria del río Ogún de la República Federal de Nigeria-África”48; “Sopinga, pueblo sobre el río Risaralda”49, rebautizado posteriormente con el nombre español de la Virginia. Así mismo, apellidos de habitantes en el departamento del Cauca conservan el vínculo territorial según el lugar africano de donde proceden los ancestros de las actuales generaciones, tal como Chará; y, los/as caucanos/as oriundos/as se apellidan según las características naturales de la zona habitada, tal como Mina, Guaza, Rentería, entre otros50.
Con la llegada de los españoles en el S. XV a territorio suramericano, desaparecieron muchas tribus y la población indígena disminuyó progresivamente por las extenuantes jornadas de trabajo en las minas o actividades ganaderas51, a las que fueron sometidas en el centro y suroccidente de Colombia. Por tal motivo, para suplir la mano de obra indígena que descendía vertiginosamente por la inclemencia del trabajo en yacimientos de oro, plata y sal sobre el río Consota, el negro esclavo pisó tierra americana simultáneamente lo hicieron los españoles en el S. XVI. Los/as negros/as esclavos/as tuvieron una estrecha relación con el agua, los bosques, los caminos y los puentes a través de oficios que desempeñaban en la cotidianidad colonial, como “cargueros, aguateras, bogas, altozaneros, coteros, mieleros, salineros, herreros, talabarteros, carpinteros, leñadores, queseros, jaboneros, fabricantes de velas, bogas, etc., y del servicio doméstico”52.
La denominación de poblaciones desaparecía eliminando a muerte a los caciques que encabezaban las resistencias, por este motivo “fueron invisibilizados nombres como Bía o Vía, Poromboso, Conche-Conche, Orumo, Bao, Carrapa, Consotá, Pachacué”53. Los dialectos se esfumaron durante la colonia, porque los españoles buscaban bloquear la tradición oral “que permitía trasmitir la cosmovisión entre generaciones…Los hijos olvidaron su lengua materna y no pudieron los padres continuar entregando ese legado cultural”54. Los ibéricos “asesinaron a los médicos brujos, caciques, señores, orfebres y artesanos, porque al ser éstos los custodios de la tradición oral-único conector de los saberes entre una generación y otra-, con ellos moría todo ese enorme conocimiento”55. En actitud de resistencia a la imposición colonial mediante la religión católica, en Risaralda los médicos tradicionales exhortaban a bautizar a los niños en las quebradas, sin injerencia de sacerdote católico.
La propiedad comunal de la tierra y el trabajo colectivo fueron socavados, cuando la élite gobernante española implantó relaciones vinculadas a la propiedad privada56, propiciando la aparición de la sociedad de clases entre los muiscas57. Sumado a ello, durante la época colonial, las unidades familiares típicas de los cacicazgos58, se transformaron en provincias o pueblos conformados a su vez por parcialidades o comunidades59.
Entre los siglos XVII y XVIII el camino del Otún en Risaralda tenía una gran dinámica de intercambio, de comercio y prosperidad económica. “Los caudillos y capitanes en zona Quimbaya buscaban para fundar una ciudad en lugar apropiado en el que hubiese buena agua, suficiente madera para construir casas, leña para fogones, buena caza, pesca y crecido número de indios para el servicio…”60. A su paso, por los caminos de Risaralda, a pie o en bestia, conquistadores, esclavos afros e indígenas y, viajeros comerciantes que venían desde el Estado del Cauca, Buga y sus alrededores a comprar semillas y frisoles en Pereira, fueron atendidos temporalmente en las pequeñas y humildes estancias con agua abundante y comida a base de maíz y fríjol.
Para garantizar el agua a familias pudientes de grandes haciendas, en zonas con dificultades de acceso al líquido a orillas del río Cauca, los españoles importaron la tradición del o la aguador/a, que perduró hasta finales del siglo XX. Así “como las lavanderas a jornal laboraban en las vegas de los ríos, amén de mujeres dueñas de tiendas y pulperías… había adultos, mujeres y hombres jóvenes aguadores/as que proveían a las familias acomodadas de agua de uso doméstico”61.
Los/as aguadores/as desempeñaban un oficio importante entre las poblaciones asentadas en territorio vallecaucano. Ellos/as utilizaban pellejos o cántaros para transportar el agua al hombro o ayudados por un semoviente, desde ríos, arroyos, manantiales, fuentes, pilas, pozos públicos, acequias, entre otros62. Cuando el agua se localizaba distante de las fuentes, las mujeres se agrupaban y entre todas iban a la fuente a proveerse de ella, utilizando diferentes implementos, tal como “una calabaza redonda o una larga, un tarro de guadua de dos nudos, una jarra verde de doble cono y un cántaro de barrio en la cabeza. Quien no podía cargar la vasija boca arriba, la tapaba con una naranja”63. Este oficio permitió que entre aguadores/as y miembros de las familias surtidas de agua, se generaran vínculos de amistad y confianza64.
El trueque o intercambio y los oficios desempeñados por las parcialidades o familias extensas con origen en los cacicazgos, así como el de lavanderas y aguadores/as, son el origen sincrético de la tradición organizativa heredada por campesinos/as-fontaneros/as y directivos/as de organizaciones sociales que operan hoy mediante sistemas de abasto y acueductos comunitarios en Colombia.
De igual manera, algunos sistemas tecnológicos frecuentes durante el período colonial continúan sirviendo para abastecer con agua a población en diversos poblados. Ejemplo de ello son las acequias instaladas en haciendas ubicadas en las riberas del río Cauca, para regar cultivos de caña de azúcar, tabaco y arroz, en los departamentos del Valle y Cauca; y, aljibes para extraer agua subterránea utilizados por la población negra en el Cauca, durante épocas de sequías. Muchas de estas construcciones se convirtieron en pozos que alimentan abastos de agua comunal, porque “tener acueducto era la idea más futurista en las veredas, lo más importante que nos podía pasar en nuestras vidas. Una dicha girar una llave y recibir el preciado líquido en las viviendas, sin jalar lazos sacando agua del aljibe”65.
Chorotes o vasijas de barro fueron por muchos años, los implementos utilizados por familias cundinamarquesas para transportar agua desde las riberas del río Bogotá y la quebrada la Honda, hasta viviendas localizadas en las pendientes de la montaña. “Todos en la casa en chorote cargamos agua para el día…y… a lavar a la quebrada, siquiera ir a bañarse cada ocho días… No había agua en la casa…”66 . Otras familias para abastecerse de agua utilizaron nacederos o manas porque, “eso no faltaba… Para tomar había una mana, de allí cuando necesitábamos íbamos a traer agua para todos… Había uno más cristalino que otros, puro nacedero de roca o, sobre la quebrada cruzaba otro nacedero donde no había contaminación…”67.
En Cundinamarca, campesinos/as recuerdan que durante su niñez los padres les enseñaban a plantar árboles para conservar la humedad de las fuentes hídricas. Al respecto, una mujer octogenaria oriunda de Tena dice que “los nacederos se cultivaban, se les sembraban árboles, con especies como el bore, el cajeto, las chucuas y, los morichales”68 . Y, en las zonas bajas de la montaña, donde el agua escaseaba con frecuencia, se construían canaletas de guaduas para que las personas recogieran el líquido y, también jagüeyes “o huecos de unos 10 metros, de donde la tierra empezaba a brotar el agua. Es como un aljibe, de donde con un balde y una soga se sube el agua”69.
En el sector la Capilla municipio de Dosquebradas-Risaralda, a principios del S. XX se construyó comunitariamente el primer acueducto comunitario alimentado con agua superficial en Colombia70. Posteriormente, para disponer prioritariamente de agua en el procesamiento del café, el gremio de este sector económico construyó en los años sesenta, una gran proporción de acueductos veredales en Risaralda y Cundinamarca. En ese mismo período, en el Cauca los campesinos cambiaron las acequias y aljibes artesanales, por acueductos con redes de distribución domiciliaria de agua.
Estos testimonios explican las transformaciones técnicas en los sistemas de abasto comunal, entre una modernización artesanal e ingeniosa de la población, en contextos de progresiva escasez del agua. Según las posibilidades y aportes económicos recibidos mediante convenios institucionales por parte de las organizaciones sociales afiliadas a COCSASCOL, los sistemas tecnológicos para el abastecimiento de agua varían en su complejidad, desde sistemas complejos de potabilización hasta esquemas rudimentarios de distribución del agua.
En la década del ochenta del S. XX se incrementó la construcción de acueductos comunitarios en virtud al crecimiento poblacional, el fortalecimiento de la actividad agroindustrial en los departamentos del Cauca y Valle, la instalación de factorías y la aceleración de migración rural-urbana en Risaralda. Esta dinámica coincide con el surgimiento en 1983 de la primera organización de segundo nivel, la AMAC, como estrategia de presión para demandar cogestión de la administración municipal en Dosquebradas-Risaralda. Posteriormente, como expresión de resistencia a la presión normativa estatal instaurada mediante la ley 142 de 1994, durante el 2001se formalizaron organizaciones de segundo nivel como AQUACOL y ASATECUNDI y, en el 2003 FACORIS. Actualmente, estos grupos escalan a un tercer nivel de articulación a través de COCSASCOL.
Recientemente, población migrante de las capitales Bogotá y Pereira, instalada en zonas rurales de Cundinamarca y Risaralda, incrementan la demanda del servicio de agua a las asociaciones de acueductos comunitarios. La presión poblacional sobre estas zonas rurales de ladera, cercana a centros urbanos, inició hace algunos años mediante la compra de predios con propósitos recreativos. Posteriormente, durante la pandemia del covid-19, 2020-2022, el retorno poblacional al campo se incrementó porque muchos hogares rurales acogieron a familiares que quedaron desempleados en Bogotá y ciudades intermedias.
Las particularidades históricas y patrimoniales del modelo comunitario de administración y distribución del agua desde la perspectiva del buen vivir establecida por los pueblos originarios, se mantienen con algunas fluctuaciones y adaptaciones a partir del proceso de transición a la vida campesina. La reinterpretación actual de formas ancestrales del buen vivir en torno a la gestión colectiva del agua permite entender que ésta se consolidó como una forma de existencia y, cosmovisión alterna a la visión hegemónica de administración privada y estatal del elemento hídrico.
La filosofía de vida de quienes forman parte de las organizaciones sociales que administran comunitariamente su propio acceso al agua, está ecosistémicamente ligada a valores. El comunitarismo con la naturaleza resulta de una relación simbiótica entre personas-pueblos y etnias-entornos, porque entre integrantes de las organizaciones sociales de acueductos comunitarios existe una visión de totalidad alrededor del agua, vinculada a nociones de corporeidad individual, colectiva y territorial, “vida en plenitud y armonía con la naturaleza”71. Las fuentes hídricas son principio regulador de la interacción social, porque establecen proximidades emocionales y territoriales entre los habitantes. El compromiso humano con la naturaleza y con la colectividad rigen la vida organizativa, por eso quienes conforman estos grupos humanos afirman “continuamos cuidando el entorno tal como cuidamos a nuestras familias”72.
La naturaleza se incorpora en los seres humanos, como “lugar de realización comunitaria, mediante la actividad humanizadora de la organización social”73. La sacralidad del agua y la reciprocidad humana espiritual tejida en torno al agua74, explican la gravedad de negarse a donar el líquido75, así como la pereza, la haraganería y la disparidad de condiciones humanas eran faltas graves entre los muiscas76. Estos valores justifican la resistencia a mercantilizar el líquido y a considerarlo elemento fundamental para el ordenamiento territorial en los municipios77. Por tanto, la herencia ancestral se mantiene en la identidad organizacional compartida, porque como dice un líder “aunque el grupo aborigen se extinguió, las prácticas ancestrales permanecen en el territorio y sus enseñanzas de intercambio, comercio, guerras y luchas quedan en este camino. Entonces todo tiene esa tradición y nosotros la tratamos de conservar”78.
La mayoría de personas trascienden sus intereses individuales, priorizando valores de protección y defensa de la naturaleza, especialmente de toda la cuenca abastecedora, porque “para nosotros lo más importante es el ecosistema y la fuente que produce el agua. Entonces, primero el agua, y lo que lo produce, que es este monte en que estamos parados”79. Esta concepción ética expresada verbalmente por los miembros de las organizaciones sociales se instituye en la mayoría de estatutos constitutivos de estos grupos, de la siguiente manera: “impulsar, fomentar, apoyar y capacitar a los afiliados en la protección del medio ambiente, organizar a los usuarios y a la comunidad para la protección de la cuenca … y todos los sistemas naturales e hídricos de la zona”80.
Campesinos/as- fundadores/as realizan esfuerzos para construir un sistema de abasto comunal, inicialmente con aportes económicos y trabajo humano. Posteriormente el mantenimiento se financia con la tarifa o cuota familiar estándar, consensuada entre usuarios/as, con criterios de solidaridad entre quienes viven situaciones de precariedad. Un líder-fundador afirma que antes de aceptar la lógica mercantil exigida por el Estado, en la asociación no se obliga a pagar una tarifa si las familias padecen ruinas o calamidades, “al contrario hacemos colectas para ayudar, sino, ¿de qué valores podemos hablar si no sentimos nada?” 81.
La instalación de infraestructuras para abasto de agua originó la conformación de grupos asociativos para su administración. Una organización social que administra un acueducto comunitario es un grupo humano que procura mantenerse unido mediante un trabajo solidario para la gestión del agua. La obligación del afiliado/a es moral y no económica, como lo sustentan normativamente en sus estatutos de conformación. Los compromisos de asociación son obligaciones que asumen las personas, como afiliados y dueños del sistema, por lo que el pago por el servicio no es la única tarea en la organización social.
Priorizar el aporte social sobre el rendimiento financiero en la prestación del servicio, permite que la mayoría de miembros de las organizaciones sociales de acueductos comunitarios compartan un sentimiento de comunidad. La identidad colectiva resulta de compartir valores e intercambiar esfuerzos, tal como lo relata un líder de la asociación: “somos un grupo, entonces uno va allá y encuentra unas respuestas, va allí, va donde la otra vecina, va complementando todo y se forma un grupo de trabajo” (EZ1, comunicación personal, 14 de enero 2023).
Las juntas de acción comunal y las asociaciones de orden no gubernamental, sin ánimo de lucro, fueron las figuras jurídicas seleccionadas con mayor frecuencia entre organizaciones de primer nivel para administrar los sistemas de abasto comunitario. Su identidad jurídica, según los estatutos constitutivos que registran en Cámaras de Comercio municipales se definen como “una organización cívica sin ánimo de lucro integrada por usuarios afiliados que se benefician del sistema de abastecimiento de agua”82. En ellas, la máxima autoridad es una asamblea general de usuarios que delega en un grupo promedio de cinco líderes o directivos la ejecución de las propuestas definidas para la gestión del acueducto.
Las funciones directivas son voluntarias, incluso el cargo de fontanero en algunos casos se desarrolla ad-honoren. Los liderazgos representativos son estimulados en las organizaciones comunitarias motivando como directivos, la participación de personas con carismas democráticos claramente instituidos en sus proyectos de vida. Por ello, con frecuencia existe coherencia entre las prácticas cotidianas de quienes ejercen el liderazgo, sus espíritus comunitarios e ideologías conservacionistas.
Además, las organizaciones sociales se cohesionan mediante vínculos étnico-territoriales. El liderazgo se adquiere a partir de los aportes de la colectividad y la etnia se representa en cada oficio o responsabilidad en el servicio a los demás. Tal como sucede en el Cauca, donde los indígenas cuidan los nacimientos, negros y mestizos administran el sistema, formándose técnicamente para la gestión operativa de la infraestructura. Entre todos/as leen las oportunidades y pertinencias de cambio, transformación o resistencia. “Cada usuario/a, líder y lideresa se responsabiliza de una tarea, informa que la tubería de rompió en el camino, comunica quien pasa por el territorio, quienes talan, qué adaptaciones operativas se pueden realizar y, qué riesgos de seguridad a la vida vulneran a la población” 83.
El agua se asimila como un capital cultural resultado de la energía invertida por un colectivo de personas, en su conservación, cuidado y distribución, para habitar armoniosamente los espacios de vida en común. La objetivación cultural resulta de habitus de intercambio y relaciones de solidaridad, legitimando oficios en la organización social.
Las tareas que demanda la distribución del agua se asumen entre las personas, para construir infraestructuras de abastecimiento, conservar nacederos, mantener sistemas y, consolidar vínculos humanos entre vecinos y familias. La colectividad se sostiene en torno al “compromiso con las obligaciones, respeto a la palabra, a los semejantes, servicio a los demás, honestidad, espiritualidad, enseñanza-aprendizaje entre niños/as, jóvenes, adultos y mayores”84.
En los hogares que reciben agua de acueductos comunitarios se trasmite a niños/as y jóvenes la herencia de compromiso asociativo, vinculándolos en acciones de educación ambiental, con estrategias lúdicas, dinámicas y creativas para responder a cada problemática ambiental del territorio. “Las acciones pedagógicas son caminatas ecológicas para reconocer la fuente, reforestación con especies nativas, cercado de fuentes hídricas del municipio, cine-foros y proyecciones de películas relacionados con el tema ambiental, así como talleres de huertas ecológicas en los colegios”85. Además, las asociaciones de acueductos comunitarios realizan programas educativos radiales en algunos municipios e “incentivan entre sus miembros el uso de agua lluvia con fines de riego, separación de residuos en la fuente, aprovechamiento de residuos de comida para la realización de compostaje y, utilización de abonos orgánicos”86.
Estas acciones educativas, así como muchas otras de carácter técnico necesarias para el funcionamiento de los sistemas de abasto, cuentan con poco apoyo de gobiernos locales, departamentales y nacional. El denominador común de la gestión gubernamental en muchas regiones colombianas se presenta mediante ayudas eventualmente clientelizadas, tal como lo cuenta el presidente de una organización comunitaria de acueducto: “citas y muchas promesas, palmeadas de hombro e incumplimientos” 87.
Para contrarrestar la ausencia de inversión estatal en apoyo técnico y social, algunas organizaciones sociales realizan convenios con investigadores y técnicos de Universidades públicas de la región. Ello permite que procesos ancestralmente consolidados, vinculados a las condiciones culturales, se integren en modelos tecnificados con un riguroso seguimiento operativo y administrativo.
La gestión colectiva del agua se sucede en contextos económicos de dominación, encumbrados en las huellas de feudalismos instaurados históricamente en el campo colombiano, con efectos contaminantes para el sistema hídrico y para una población sin tierra, que lucha por el agua. Y, en ciudades intermedias como Pereira, Dosquebradas y Santander de Quilichao, la población que se abastece de acueductos comunitarios está afectada por una compleja dinámica comercial de estupefacientes, donde se reclama presencia estatal para atender múltiples necesidades, entre otras, agua para consumo humano.
Por tal motivo, en las organizaciones comunitarias del agua, la visión del buen vivir tiene un carácter político y ciudadano de pertenencia al proceso de apropiación colectiva, para atender conjuntamente necesidades comunes, más que simplemente consumir agua, tal como lo define el Estado en el modelo prestacional con la figura de suscriptor.
Las personas se afilian como miembros de una comunidad que administra un sistema de abasto, por tanto, cada individuo desempeña los roles de asociado/a y usuario/a. El primero como miembro de un grupo de apoyo, de ayuda mutua en la resolución de diversas necesidades humanas y en la defensa del trabajo comunitario; y el segundo, como usuario/a, porque se compromete a participar en un proceso económico solidario, para conservar la cuenca como bien común y la infraestructura de abastecimiento como propiedad colectiva.
Pese a que estos dos roles están establecidos en los estatutos de cada organización social, la ley 142 de 1994 y reglamentaciones posteriores establecidas por el Estado para regular la prestación del servicio público de acueducto, han generado confusión en la identidad de los miembros. La perspectiva empresarial y privada instaurada por las instituciones públicas, busca transformar prácticas campesinas no rentables para la distribución del agua, por modelos con rentabilidad financiera. El gobierno nacional habla de suscriptor refiriéndose a la “persona natural o jurídica con la cual se ha celebrado un contrato en condiciones uniformes de servicios públicos”88. Es decir, que suscriptor es quien se compromete mediante contrato comercial, entre otras responsabilidades, a mantenerse afiliado a una empresa prestadora de servicio público durante un tiempo determinado, a instalar un contador o medidor de consumo y, pagar multas o cobros jurídicos por incumplimientos o moras en el pago.
Ello significa que un suscriptor hace parte de una cadena de consumo, partícipe de una relación comercial, que recibe un servicio público de acueducto y paga por él. Concepto que desdibuja el rol de asociados/as o miembros de una organización social, al convertir a las personas en simples consumidores de un bien natural comercializado: el agua. Por tanto, en un contexto económico donde sólo existen consumidores de agua, el compromiso de participación social se fragiliza entre los miembros de las organizaciones sociales, tal como lo expresa un líder con el siguiente comentario: “algunas personas dicen: abro la llave y me sale agua,… y dicen ¡pa eso pago, pa que funcione!”89.
Este escenario genera conflictividades entre dirigentes y miembros de las asociaciones, en virtud a incertidumbres por encontrar la vía más oportuna para lograr reconocimiento y apoyo estatal. Por este motivo, en la actualidad si bien existen mayoritariamente grupos que conservan su visión solidaria en la distribución del agua, un porcentaje significativo de organizaciones sociales de primer nivel se esfuerza improductivamente en asemejarse a la estructura empresarial exigida por el Estado. Ante esta amenaza, una lideresa expresa su preocupación en los siguientes términos “se impide el establecimiento de una vida íntima con el agua, la cuenca y la esencia humana de trabajo colectivo, porque lo que se quiere imponer de manera exógena es que las personas valoren la naturaleza como una mercancía”90.
Resumiendo, las asociaciones de usuarios de acueducto se consolidan manteniendo el modelo solidario heredado de la organización familiar altamente diferenciada, la objetivación territorial mediante la denominación de veredas y quebradas y, el comunitarismo con la naturaleza. Contrario a un modelo empresarial, la valoración de la naturaleza y el pago para acceder al agua entre personas que se consideran integrantes de una gran familia, no es condición limitante para la asignación del líquido entre la población.
La institucionalización del modelo organizativo en torno a la gestión colectiva del agua se establece como colectividad de servicios en torno a una visión de buen vivir, como modelo alterno a la institucionalización y privatización propuesta por el Estado colombiano para la prestación de servicios públicos.
Los liderazgos se caracterizan por su disponibilidad, apertura, flexibilidad y en ocasiones direccionalidad desinteresada, no condicionados ni a clase, etnia, procedencia, ni parentesco. Hoy directivos/as y fontaneros/as son personas importantes en sus territorios, porque garantizan mediante sus oficios la distribución del agua. El/la fontanero/as es el cargo más reconocido socialmente entre los usuarios, en virtud a la cercanía y estrechos vínculos que consolida con usuarios/as, durante las visitas, recorridos diarios por las viviendas revisando conexiones y garantizando la conectividad al sistema.
Históricamente la gestión colectiva agua es un proceso de patrimonialización social como resistencia a la homogeneidad, en los departamentos de Risaralda, Cundinamarca, Valle del Cauca y Cauca, donde hoy tienen presencia organizaciones sociales afiliadas a COCSASCOL. La memoria oral y escrita da cuenta de formaciones socioculturales y políticas contrastantes y en algunos casos coincidentes en torno al agua. Aunque cada territorio vivencia procesos particulares en virtud a las actividades productivas generadas en diversidad de paisajes físicos y políticos, existen comunes articulaciones en la organización social y los oficios humanos que el agua posibilitó.
Desde las manas, los nacederos, los aljibes, las lluvias por la vida, pasando por pilas públicas de almacenamiento y acequias, hasta los modernos sistemas de acueductos subsisten en el territorio y conviven simultáneamente como una manifestación del buen vivir en relación con el agua. La existencia de diversos modelos tecnológicos para la distribución del agua coincide con la presencia de múltiples formas de gestión comunitaria entre campesinos/as y citadinos/as con limitadas posibilidades económicas para pagar por el líquido en sus domicilios.
La diversidad en los modelos de gestión colectiva del agua para consumo humano entre la población, son una fortaleza que impide mayores deterioros a la salud humana de la población colombiana. Las prácticas cotidianas de solidaridad y complementariedad logran minimizar los impactos naturales generados por sequías, contaminación hídrica y ausencia del Estado para garantizar el agua para consumo humano. Por ello, este modelo logra suplir, mediante el intercambio voluntario y desinterés por el lucro mercantil, la falencia del líquido para consumo humano, en virtud a que la tradición comunitaria se transfiere de generación en generación, mediante la memoria viva del pasado.
Acosta, Alberto. 2013: El buen vivir. Sumak kawsay. Una oportunidad para imaginar otros mundos. Barcelona (España), Editorial Icaria.
Acosta-Rodríguez, Linda. 2015: Agua y pueblo Kayambi en Cayambe, en IV Congreso Internacional “Deconstrucción y Genealogía del Concepto Dignidad de los Pueblos Originarios en el Pensamiento Latinoamericano”, CIALC-UNAM, Ciudad de México, Auditorio “Mario de la Cueva”, en Ciudad Universitaria, del 4 al 6 de mayo. 1-15. https://www.academia.edu/12373150/_2015_Ponencia_Agua_y_Pueblo_Kayambi_en_Cayambe
ACUEZUR. 2020: Estatutos.
Alfaro-Rodríguez, Evelyn. 2017: La red social del abasto urbano: aguadores y fiadores en Zacatecas, México siglo XIX. Agua y Territorio / Water and Landscape, 9, 11-21. https://doi.org/10.17561/at.v0i9.3473
Alvarado Villarroel, Silvana Maricela. 2015: El agua de riego y su influencia en el buen vivir de la comunidad Langualó Grande, parroquia Mulaló, Cantón atancunga, provincia Cotopaxi. Tesis de grado para optar el título en Ingenieria civil. Universidad Técnica de Ambato. Amabto (Ecuador).
Argüello, Pedro. 2017: Ideología y diferenciación social: patrones de asentamiento y localización del arte rupestre en el valle de Tena, centro de Colombia. Boletín de Antropología, Universidad de Antioquía, 32(54), 75-100.
Arias-Trujillo, Bernardo. 1935: Risaralda. Medellín (Colombia), Editorial Bedout.
Ariño-Villaroya, Antonio. 2010: La patrimonialización de la cultura y sus paradojas postmodernas, en Porporato, Davide. (Ed.), Nuove pratiche di comunità. I patrimoni culturali etnantropologici fra tradizione e complesità sociale. Valencia (España), Omega Edizioni, 15-32.
Avendaño Perez, Oscar Fabian. 2021: Diseño de método para el tratamiento de aguas residuales producto del beneficio del café en el municipio de Silvania, Cundinamarca.Tesis de grado de especialización. Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Bogotá (Colombia).
Belotti, Francesca. 2014: Entre bien común y buen vivir. Afinidades a distancia. Iconos, 48, 41-54. https://doi.org/10.17141/iconos.48.2014.1208
Beltrán Peña, Francisco. 1983: Los Muiscas. Pensamiento y Realizaciones (2.ª ed.). Bogotá (Colombia), Nueva América.
Boso Gaspar, Àlex; Millán, María Fernanda; Sánchez Galvis, Luz Karime. 2023: Gobernanza comunitaria de sistemas de agua potable rural en un contexto altamente privatizado: reflexiones a partir de caso de estudio en La Araucanía, Chile. Agua y Territorio / Water and Landscape, 23, 297-312. https://doi.org/10.17561/at.23.7207
Bourdieu, Pierre. 2007: El sentido práctico. Salamanca (España), Editorial Siglo XXI.
Bourdieu, Pierre; Wacquant, Loïc. 2008: Una invitación a la sociología reflexiva. Buenos Aires (Argentina), Siglo XXI Editores.
Caillé, Alain. 2018: El convivialismo como filosofía política. Crisis societal: miradas psicoanalíticas. Ecuador Debate, 104, 83-94. http://hdl.handle.net/10469/15254
Calcina, Alfredo; Ticona, Óscar. 2020: Una visión de la gestión comunitaria del agua en las comunidades campesinas y sectores rurales en el Perú. Ciudad de México (México), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Editorial Impluvium. http://www.agua.unam.mx/assets/pdfs/impluvium/numero12.pdf
Cano, Martha Cecilia. 2004: Los primeros habitantes de las cuencas de los ríos Otún y Consota, en López, Carlos E.; Cano, Martha C. (Comps.), Cambios ambientales en perspectiva histórica. Ecorregión del Eje Cafetero. Pereira (Colombia), Universidad Tecnológica de Pereira, 70-93.
Cardozo-Ruiz, René Patricio; Gives-Fernández, Luz del Carmen; Lecuona-Miranda, Mª Enriqueta; Nicolás-Gómez, Rubén. 2016: Elementos para el debate e interpretación del buen vivir/sumak kawsay. Contribuciones desde Coatepec, 31, 37-162. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28150017005
Chica Cardona, Julián. 2007: Un valle lacustre llamado Dos-Quebradas. Manizales (Colombia), Editorial Manigraf.
Cifuentes-Tarazona, Sonia Fernanda. 2018: Buen vivir en Colombia, una apuesta de vida desde el campesinado catatumbero, Tesis para optar al título de Magíster en comunicación, desarrollo y cambio social, Universidad Santo Tomás de Aquino, Bogotá (Colombia). https://doi.org/10.15332/tg.mae.2018.00504
Córdoba, Angee; Hernández, Aura; Ospina, José Vicente. 2024: Uso y concepciones del agua como elemento vital en el resguardo indígena “La Victoria” de las etnias Piapoco y Achagua: tránsito de lo nómada a lo sedentario. Agua y Territorio / Water and Landscape, 24, 133-149. https://doi.org/10.17561/at.24.7511
Delgado-Ramos, Gian Carlo (Coord.). 2014: Buena vida, Buen vivir: imaginarios alternativos para el bien común de la humanidad. Ciudad de México (México), Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Díaz Calderón, Erica Patricia; García Castellanos, Tatiana Giselle. 2009: Diagnóstico de la problemática en el área de seguridad agroindustrial dentro de la población recolectora de café, en el municipio de Pauna, (Boyacá) con un enfoque logístico. Trabajo de grado. Corporación Universitaria Minuto de Dios, Bogotá (Colombia).
Domínguez, Marta; Martín, Juan Ángel. 2015: El patrimonio cultural, recurso estratégico para el enriquecimiento económico y social: ejemplos desde el patrimonio mundial de España, en Castillo Mena, Alicia. (Ed.), Actas del Segundo Congreso Internacional de Buenas Prácticas en Patrimonio Mundial (29 -30 de abril, 1 y 2 de mayo de 2015). Madrid (España), Universidad Complutense de Madrid, 777-792. https://hdl.handle.net/20.500.14352/35911
Escobar, Arturo. 2011: Una minga para el posdesarrollo. Signo y Pensamiento, 30(58), 306-312. https://doi.org/10.11144/Javeriana.syp30-58.mppo
Estermann, Josef. 2013: Ecosofía andina: Un paradigma alternativo de convivencia cósmica y de vivir bien. Revista FAIA, 2, 9-10. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4714294
Federación Nacional de Cafeteros. 2022: Café de Cundinamarca, Comité cafetero Cundinamarca.
Frigolé, Joan. 2014: Patrimonialización y mercantilización de lo auténtico, dos estrategias básicas en una economía terciaria, en Roigé i Ventura, Xavier; Frigolé Reixac, Joan; Del Mármol Cartañá, Camila. (Eds.), Construyendo el patrimonio cultural y natural. Parques, museos y patrimonio rural. Valencia (España), Germania, 31-45.
Gallo Salazar, Stefany Nicole; Jiménez Chamba, Mayra Elizabeth. 2019: Plan de gestión y manejo sustentable del agua en el territorio de la comunidad de Paquiestancia, Trabajo de titulación previo a la obtención del título de Ingeniería Ambiental, Universidad Politécnica Salesiana, Quito (Ecuador).
Gudynas, Eduardo. 2010: Buen vivir: un necesario relanzamiento. América Latina en movimiento (AMLATINA), Agencia Latinoamericana de información (ALAI), 1-3. https://amerindiaenlared.org/contenido/1508/buen-vivir-un-necesario-relanzamiento/
Gudynas, Eduardo. 2011: Buen vivir: Germinando alternativas al desarrollo. ALAI, 462, 1-20. https://dhls.hegoa.ehu.eus/documents/5665
Gudynas, Eduardo; Acosta, Alberto. 2011: La renovación de la crítica al desarrollo y el buen vivir como alternativa. Utopía y Praxis Latinoamericana, 16(53), 71-83. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27919220007
Hidalgo-Capitán, Antonio Luis; García-Álvarez, Santiago; Cubillo-Guevara, Ana Patricia; Medina-Carranco, Nancy. 2019: Los Objetivos del Buen Vivir. Una propuesta alternativa a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Iberoamerican Journal of Development Studies, 8(1), 6-57. https://doi.org/10.26754/ojs_ried/ijds.354
Hidalgo-Capitán, Antonio Luis; Guillén-García, Alejandro; Déleg-Guazha, Nancy (Eds.). 2014: Sumak Kawsay Yuyay. Antología del Pensamiento indigenista ecuatoriano sobre sumak kawsay. Huelva y Cuenca (España), Centro de Investigación en Migraciones (CIM), Programa Interdisciplinario de Población y Desarrollo Local Sustentable (PYDLOS), FIUCUHU.
López-Córdova, Dania y Marañón-Pimentel, Boris. 2020: Des/colonialidad del poder, crisis del “progreso”- “desarrollo” y emergencia de los buenos vivires como nuevo horizonte de sentido histórico. Bajo el Volcán, 2, 77-112. http://www.apps.buap.mx/ojs3/index.php/bevol/article/view/1293
Molina-Orjuela, Douglas Eduardo; Rojas, Alexander. 2019: ¿Se está construyendo paz ambiental territorial con los pueblos ancestrales de Puerto Nariño, Amazonas-Colombia? Una mirada desde la ecología social y el buen vivir. Reflexión política, 21 (41), 162-173. https://doi.org/10.29375/01240781.3401
Motta, Nancy; Perafán, Aceneth. 2012: Historia ambiental del Valle del Cauca. Geoespacialidad, cultura y género. (2.ª ed.). Cali (Colombia), Editorial Universidad del Valle, Colección Ciencias Sociales.
Murillo-Licea, Daniel. 2019: Territorialidades indígenas y agua, más allá de las cuencas hidrográficas”. Agua y Territorio / Water and Landscape, 14, 33-44. https://doi.org/10.17561/at.14.4509
Pérez, Francisco. 2022: ¿El agua es vida? Cotidianidad y territorialidad en el contexto forestal y de escasez hídrica en la comunidad mapuche huilliche Antü Wilef San Juan de la Costa, Chile. Agua y territorio / Water and Landscape, 20, 73-87. https://doi.org/10.17561/at.20.5985
Plan Departamental de Aguas -PDA-. 2023: https://epc.com.co/docs/SIGC/Aseguramiento%20del%20servicio/Planes%20y%20programas/Plan%20de%20Aseguramiento.pdf
Quijano, Aníbal. 2014: “Bien vivir”: entre el “desarrollo” y la descolonialidad del poder, en Quijano, Anibal. (Ed.) Descolonialidad y bien vivir. Un nuevo debate en América Latina, Universidad Ricardo Palma, 19-33. https://www.academia.edu/38284628/Descolonialidad_y_buen_vivir_Anibal_Quijano
Quintana-Ramírez, Ana Patricia. 2010: El conflicto ambiental por la gestión del servicio de acueducto en Dosquebradas (Risaralda-Colombia). Un estudio desde la ecología política. Risaralda (Colombia), Editorial Universidad Tecnológica de Pereira.
Quintana-Ramírez, Ana Patricia. 2023: Coello, Tolima: patrimonio vivo del pasado. Bogotá (Colombia), Centro Editorial Facultad Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá.
Quintero, José Ángel. 2022: Seminario “buen vivir y buen convivir”. Ontología política del pensamiento indígena. Acerca del conocer y del conocimiento desde el sentipensar indígena. Ciudad de México (México), Editorial Organización Intercultural, Autónoma Wainjirawa, Amazonia Latitude. https://www.amazonialatitude.com/2022/02/16/buen-vivir-y-buen-convivir-la-ontologia-politica-del-pensamiento-indigena/
Quintero, Victoria; Sánchez, Cristina. 2017: Los verbos de la participación social y sus conjugaciones: contradicciones de un patrimonio «democratizador». Revista Andaluza de Antropología, 12, 48-69. https://dx.doi.org/10.12795/RAA.2017.12.03
Restrepo, Luis Alberto. 1994: El potencial democrático de los movimientos sociales y de la sociedad civil en Colombia. En: Escuela de Liderazgo Democrático. Fundación Social, Viva la Ciudadanía y Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá (Colombia).
Red Nacional de Acueductos comunitarios. 2021: Vulneraciones del derecho a la autogestión comunitaria del agua. Resumen Ejecutivo, (Informe Nacional No.1). Medellín (Colombia), Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila,; Fundación Heinrich Böll. https://corpenca.org/wp-content/uploads/2022/02/InformePais_ResumenEjecutivo_2dig-2.pdf
Rozo-Gauta, José. 1978: Los Muiscas. Organización Social y Régimen Político. Bogotá (Colombia), Fondo Editorial Suramérica.
Sandoval-Moreno, Adriana; Günther, María Griselda. 2013: La gestión comunitaria del agua en México y Ecuador. Ra Ximhai, 9(2), 165-179. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=46128964012
Santamarina, Beatriz. 2017a: Patrimonios, memorias y conflictos. Una mirada plural. Revista valenciana d´etnologia, 9, 5-13. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6791687
Santamarina, Beatriz. 2017b: El patrimonio inmaterial en el país valenciano: una explosión muy intangible. Revista Andaluza de Antropología, 12, 117-143. https://doi.org/10.12795/RAA.2017.12.06
SIASAR DATA, Sistema de Información de Agua y Saneamiento Rural. 2023: https://globalsiasar.org/es/paises/colombia
Suárez, Maka. 2014: Movimientos sociales y buen vivir: Ecuatorianos en la lucha por la vivienda en la plataforma de afectados por la hipoteca (PAH). Revista de Antropología Experimental, 14, 71-89. https://revistaselectronicas.ujaen.es/index.php/rae/article/view/1883
Van Norren, Dorine. 2020: The Sustainable Development Goals viewed through Gross National Happyness, Ubuntu and Buen Vivir. Springer, International Environmental Agreements: Politics, Law and Economics, 20(3), 431-458. https://doi.org/10.1007/s10784-020-09487-3
Xaver-Fautz, Franz. 1968: El sistema médico entre los Coyaimas y Natagaimas. Kaus Renner, Universidad del Cauca.
Zuluaga-Gómez, Víctor. 1994: Vida Pasión y Muerte de los Indígenas de Caldas y Risaralda. Pereira (Colombia), Colección Universidad Tecnológica de Pereira.
_______________________________
1 Según Restrepo (1994), las organizaciones sociales de primer nivel son grupos creados para resolver y cubrir las principales necesidades comunitarias, en un territorio y con una población específica. Las organizaciones de segundo nivel son entidades sociales que aglutinan a más de una organización social de primer orden, buscando que la cohesión y fuerza en número de miembros, necesidades, problemáticas y expectativas comunes, presione la reivindicación de derechos ante el Estado. Las organizaciones de tercer nivel son federaciones y confederaciones, cercanas a la idea de movimiento social, que involucran a gran número de personas y de organizaciones sociales de primero y segundo nivel, para visibilizar en el espacio público reclamaciones comunes de afectación de la política pública en los ámbitos local, regional, nacional o internacional.
2 Estos son cultivos que satisfacen parte de las necesidades alimenticias de una población determinada, como el maíz, el fríjol, la yuca, el plátano, entre otros.
3 TSQ, comunicación personal, 18 de febrero de 2022.
4 Federación Nacional de Cafeteros, 2022, 1.
5 Díaz; García, 2009, 14.
6 Avendaño, 2021, 14.
7 Red Nacional de Acueductos comunitarios, 2021, 33.
8 Plan Departamental de Aguas –PDA-, 2023.
9 Plan Departamental de Aguas –PDA-, 2023
10 SIASAR DATA, Sistema de Información de Agua y Saneamiento Rural, 2023. https://globalsiasar.org/es/paises/colombia
11 SIASAR DATA, Sistema de Información de Agua y Saneamiento Rural, 2023. https://globalsiasar.org/es/paises/colombia
15 Hidalgo-Capitán et al., 2014. Hidalgo-Capitán et al., 2019. Delgado-Ramos, 2014. Acosta, 2013.
16 Gudynas, 2010; 2011. Escobar, 2011.
17 Caillé, 2018. Cifuentes-Tarazona, 2018.
18 Estermann, 2013, 2, 9-10. Quintero, 2022. Cardozo-Ruiz et al., 2016, 31, 37-162. Suárez, 2014.
19 Belotti, 2014, 48, 41-54.
20 López-Córdova; Marañón-Pimentel, 2020.
22 Gudynas y Acosta, 2011, 16, 53, 71-83.
23 Estermann, 2013, 2, 9-10. Van Norren, 2020.
24 Belotti, 2014, 48, 41-54.
25 Gudynas; Acosta, 2011, 16, 53, 71-83.
27 Estermann, 2013, 2, 9-10.
28 Gudynas, 2011, 462, 1-20.
30 Sandoval-Moreno y Günther, 2013.
31 Sandoval-Moreno; Günther, 2013. Alvarado Villarroel, 2015. Acosta-Rodríguez, 2015. Gallo Salazar; Jiménez-Chamba, 2019.
32 Molina-Orjuela; Rojas, 2019.
34 Santamarina, 2017a. Córdoba et al., 2024.
35 Bourdieu, 2007, 196.
40 Canclini citado por Domínguez y Martín, 2015.
43 Quintero; Sánchez, 2017, 51.
46 Beltrán Peña, 1983, 51.
48 Chica, 2007, 55.
50 Comunicación personal con TSQ, Santander de Quilichao, 18 de febrero 2022.
51 Zuluaga-Gómez, 1994, 34.
52 Chica, 2007, 63.
53 Chica, 2007, 65.
54 Zuluaga-Gómez, 1994, 21.
55 Chica, 2007, 28.
60 Chica, 2007, 76.
61 Motta; Perafán, 2012, 95.
63 Holton citado por Motta; Perafán, 2012, 97.
65 Comunicación personal con LC, Santander de Quilichao, 18 de febrero 2022.
66 Comunicación personal con MA, Tena, 21 de marzo 2022.
67 Comunicación personal con EM, Tena, 21 de marzo 2022.
68 Comunicación personal con MA, Tena, 21 de marzo 2022.
69 Comunicación personal con SB, Tena, 21 de marzo 2022.
71 Comunicación personal con Yohana Calderón, Tena, 21 de marzo 2022.
72 Comunicación personal con AJ, Tena, 21 de marzo 2022.
73 Comunicación personal con EM, Tena, 21 de marzo 2022.
75 Comunicación personal con EM1, 23 de marzo de 2022.
77 Comunicación personal con AJ, Tena, 15 de febrero 2022.
78 Comunicación personal con EZ1, 14 de noviembre 2022.
79 Comunicación personal con EZ1, 14 de noviembre 2022.
80 ACUEZUR, 2020, 2.
81 Comunicación personal con BP, 14 de noviembre 2022.
82 ACUEZUR, 2020, 1.
83 Comunicación personal con MM, 17 de febrero de 2022.
84 Comunicación personal con TM, Santander de Quilichao, 18 febrero 2022.
85 Comunicación personal con GA, Zipacón, 20 de marzo 2023.
86 Comunicación personal con YC, Tena, 30 de marzo, 2022.
87 Comunicación con LC, Santander de Quilichao, 18 de febrero 2022.
88 Art. 14, ley 142 de 1994.
89 Comunicación personal con EZ1, Zipacón, 14 de noviembre 2022.
90 Comunicación personal con EZ2, Zipacón, 30 de mayo 2022.