Dossier

water and landscape
AGUA y TERRITORIO

Desastres naturales del agua y ficción. Hacia una educación literaria desde los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Natural water disasters and fiction. Towards a literary education from the Sustainable Development Goals

Eduardo Encabo Fernández

Universidad de Murcia
Murcia, España
edencabo@um.es

ORCID: 0000-0003-2710-2368

Información del artículo

Recibido: 8/04/2023
Revisado: 11/03/2024
Aceptado: 27/07/2024
Online: 27/02/2025
Publicado: 10/07/2025

ISSN 2340-8472

ISSNe 2340-7743

DOI 10.17561/at.27.7884

cc-by

© Universidad de Jaén (España).
Seminario Permanente Agua, Territorio y Medio Ambiente (CSIC)

RESUMEN
El propósito de esta aportación es analizar la vinculación de la literatura con la cultura del agua, siendo esta última un elemento esencial de la naturaleza; concretamente nos centraremos en los desastres naturales y cómo estos se unen a zonas geográficas concretas. Con una intención educativa basada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible se hará un repaso de distintos espacios reales a los que se asocia un relato de ficción; todo ello con la finalidad de alcanzar una toma de conciencia en la ciudadanía. La conclusión alcanzada se corresponde con la necesidad de formar a las personas en conocimientos geográficos, cartográficos y literarios para que sean conscientes de la necesidad de preservar el agua como bien común y de respetar el entorno para no ser asolados por desastres naturales derivados de la intervención tecnológica del ser humano.

PALABRAS CLAVE: Agua, Cultura, Educación, Literatura, Catástrofe.

ABSTRACT
The aim of this contribution is to analyse the link between literature and the culture of water, the latter being an essential element of Nature; specifically, we will focus on natural disasters and how they are linked to specific geographical areas. With an educational intention based on the Sustainable Development Goals, a review will be made of different real spaces to which a fictional story is associated; all of this with the aim of raising awareness among citizens. The conclusion reached corresponds to the need to train people in geographical, cartographic and literary knowledge so that they are aware of the need to preserve water as a common good and to respect the environment so as not to be devastated by natural disasters resulting from human technological intervention.

KEYWORDS: Water, Culture, Education, Literature, Disaster.

Catástrofes naturais da água e ficção. Rumo a uma educação literária a partir dos Objectivos de Desenvolvimento Sustentável

SUMÁRIO
O objectivo desta contribuição é analisar a ligação entre a literatura e a cultura da água, sendo esta última um elemento essencial da Natureza; especificamente, centrar-nos-emos nas catástrofes naturais e na forma como estas estão ligadas a áreas geográficas específicas. Com uma intenção educacional baseada nos Objectivos de Desenvolvimento Sustentável, será feita uma revisão de diferentes espaços reais aos quais está associada uma história fictícia; tudo isto com o objectivo de sensibilizar os cidadãos. A conclusão a que se chegou corresponde à necessidade de formar as pessoas em conhecimentos geográficos, cartográficos e literários para que estejam conscientes da necessidade de preservar a água como um bem comum e de respeitar o ambiente para não serem devastadas por catástrofes naturais resultantes da intervenção tecnológica humana.

PALAVRAS-CHAVE: Agua, Cultura, Educação, Literatura, Catástrofe.

Les catastrophes naturelles liées à l’eau et la fiction. Vers une éducation littéraire à partir des objectifs de développement durable

RÉSUMÉ
L’objectif de cette contribution est d’analyser le lien entre la littérature et la culture de l’eau, cette dernière étant un élément essentiel de la nature ; plus précisément, nous nous concentrerons sur les catastrophes naturelles et la façon dont elles sont liées à des zones géographiques spécifiques. Avec une intention éducative basée sur les Objectifs de Développement Durable, il s’agira de passer en revue différents espaces réels auxquels est associée une histoire fictive; tout ceci dans le but de sensibiliser les citoyens. La conclusion à laquelle on est parvenu correspond à la nécessité de former les gens aux connaissances géographiques, cartographiques et littéraires afin qu’ils soient conscients de la nécessité de préserver l’eau comme un bien commun et de respecter l’environnement pour ne pas être dévasté par des catastrophes naturelles résultant de l’intervention technologique humaine.

MOTS-CLÉ: Eau, Culture, Éducation, Littérature, Catastrophe.

Disastri idrici naturali e narrativa. Verso un’educazione letteraria a partire dagli Obiettivi di Sviluppo Sostenibile

SOMMARIO
L’obiettivo di questo contributo è quello di analizzare il legame tra letteratura e cultura dell’acqua, quest’ultima elemento essenziale della Natura; nello specifico, ci concentreremo sui disastri naturali e su come questi siano legati a specifiche aree geografiche. Con un intento educativo basato sugli Obiettivi di Sviluppo Sostenibile, verrà fatta una rassegna di diversi spazi reali a cui è associata una storia di fantasia; il tutto con l’obiettivo di sensibilizzare i cittadini. La conclusione raggiunta corrisponde alla necessità di formare le persone alla conoscenza geografica, cartografica e letteraria, affinché siano consapevoli della necessità di preservare l’acqua come bene comune e di rispettare l’ambiente per non essere devastati dai disastri naturali derivanti dall’intervento tecnologico dell’uomo.

PAROLE CHIAVE: Acqua, Cultura, Educazione, Istruzione, Letteratura, Catástrofe.

Introducción

El ser humano a lo largo de su larga historia ha procurado encontrar sus raíces, aunque desafortunadamente no ha sido capaz de encontrar certezas en tal búsqueda. Mitos clásicos como los de Prometeo, Sísifo o Tántalo, escenifican de una buena manera ese continuo retorno a la casilla de salida en esa indagación sobre la raíz. Uno de los factores que se opone a los hallazgos es la naturaleza. En ella, las personas encontramos misterios y peligros que, en ocasiones hemos sabido esquivar pero que, en otras, no hemos podido librar.

Los elementos básicos de la naturaleza: tierra, aire, fuego y agua nos acompañan sin descanso en nuestra evolución humana y nos recuerdan nuestra forma animal1. Pese a que hemos conseguido crear una cultura que nos trasciende, no podemos olvidar nuestra cualidad instintiva y nuestra unión con el mundo natural. Es la interacción con los citados elementos la que nos remite al constructo derivado de la cultura que supone el miedo. Más allá de reacciones instintivas, la idea del miedo se articula en el seno de las sociedades2, incluso, si nos referimos al elemento agua, podemos hablar de conceptos como los de hidrofobia3 o talasofobia4.

El agua al ser fuente de energía, vía de comunicación y recurso imprescindible para toda vida podría parecer que no formase parte del constructo cultural referido al miedo, pero la fuerza que poseen sus manifestaciones, la convierten en una amenaza. El peso de los metros cúbicos de agua equivalente a toneladas, la presión que origina dicho peso al chocar con obstáculos o el fenómeno de la erosión, motivan que el agua sea una amenaza constante en la vida de los humanos; sobre todo en el momento en el que estamos expuestos a fenómenos atmosféricos cambiantes e inesperados.

Los recelos e inseguridades que ha generado el agua entre las distintas generaciones de personas, en muchas ocasiones han sido reflejados en textos escritos. Dependiendo de las épocas, hallaremos unas manifestaciones prerracionales, más enfocadas a explicaciones centradas en mitos; y, en otros casos, cuando la racionalidad tecnológica predomine, encontraremos muestras más orientadas a la perspectiva positivista. En muchas ocasiones, es en la literatura donde va a quedar codificado el imaginario colectivo referido a la función del agua en el devenir humano y los citados miedos que previamente hemos reseñado.

Del mito al logos. Sobre la racionalidad científica y la subjetividad narrativa

La organización lingüística que inunda nuestra cotidianeidad hace que las reflexiones que realizamos sobre los fenómenos de la naturaleza como es el que nos ocupa: el agua, vengan dados por elementos retóricos como puede ser la metáfora. Lakoff y Johnson5 nos indican que estas son una parte del lenguaje cotidiano que afecta al modo en que percibimos la realidad, pensamos y actuamos. A veces su familiaridad impide analizar la trascendencia de las mismas. Cuando indicamos que el agua es una bendición o que el agua es un ambiente, estamos utilizando el elemento retórico y reforzamos la presencia habitual de lo hídrico en nuestra vida.

Como se ha indicado en la introducción, la relación entre el ser humano y la naturaleza en términos de la búsqueda de explicaciones por parte de las personas acerca de los fenómenos naturales, es constante. Tanto es así, que las narraciones prerracionales son habituales en la historia. Por ejemplo, las expediciones que Alejandro Magno lideraba para tratar de encontrar la fuente de la vida eterna. El titán Océano o el dios de los mares Poseidón son otros ejemplos de representaciones prerracionales de las vivencias humanas. Estas narraciones son las que se convierten en hipotextos válidos para las posteriores obras literarias que se presentan en el imaginario colectivo humano6. Ya nos dice Vilarroya7 que somos palabras y nuestra identidad viene dada por aquellas historias que narramos. También corrobora Harari8 que el ser humano domina el mundo porque es capaz de cooperar flexiblemente en gran número creando y creyendo en entes que existen en su imaginación (i.e. dinero, derechos humanos, naciones o dioses).

Explicamos muchas veces nuestra realidad circundante mediante narraciones que se caracterizan por la ficción. Es decir, se atribuyen acciones, muchas veces extraordinarias, a lugares o elementos naturales para generar comodidad y bienestar mental en la comunidad de personas9. La inspiración en los hechos cotidianos da lugar a relatos que se elevan hacia cotas de sobrenaturalidad o fantasía. Su credibilidad puede ser cuestionada desde el punto de vista del positivismo lógico; este se ha convertido en una corriente filosófica fiable, pero desde el punto de vista educativo en ocasiones un tanto reduccionista y limitante10. Así pues, en la actualidad cohabitan la perspectiva prerracional y la racionalista, con cierta tendencia hacia la segunda, pero con la presencia en el imaginario colectivo de historias míticas que se traduce en manifestaciones culturales como la literatura, el arte, la escultura o el cine.

Una de las fuentes documentales que supone una referencia esencial en el conocimiento del mundo es la cartografía. Su unión con lo literario es notable, como nos dice Martínez Hernández11 en muchos casos los mapas y atlas medievales y renacentistas fueron elaborados sobre la base de los textos griegos y latinos de los autores de la Antigüedad. De ahí que muchas veces los cartógrafos acompañan sus obras de pasajes latinos. Además, como señalan Campos y Martos12 la cartografía supone un elemento heurístico idóneo para las investigaciones con perspectiva cualitativa. El trazado del mundo lleva asociada la historia de la humanidad y esta presenta una doble vertiente: la referida a la objetividad con los datos vinculados a las zonas geográficas y la que alude a la subjetividad, inspirada sobre todo en las narraciones.

La profundización en la noción de lo local, de los sitios, en el ámbito literario supone apreciar cómo las representaciones narrativas aparecen siempre circunscritas a límites precisos13; de ahí, la importancia de combinar los datos cartográficos con los relatos que se vinculan a los lugares. Por ejemplo, recordemos que en los diálogos de Platón se constata que la Atlántida era un lugar al oeste de las columnas de Hércules que tenía tal poderío que pudo dominar el oeste de Europa y el norte de África. Se cuenta su desaparición como una catástrofe que hizo desaparecer la isla en un solo día y en una noche terrible. La historia inspirada en el mito ha permanecido en el imaginario colectivo mientras que la racionalidad científica ha indicado que, probablemente, la historia se inspirase al amparo de algún tipo de desastre natural. La dualidad se hace patente en ejemplos de este tipo y se incrustan en la cultura, propiciando que el ser humano forje su identidad a través de ella.

Dada la trascendencia que tiene el elemento agua en la construcción de la cultura y en el avance de las sociedades, es evidente que su presencia en las manifestaciones artísticas es relevante14. Ese papel primordial a la hora de inspirar a los autores; ejemplos como los de Botticelli cuando elabora El nacimiento de Venus; de Brueghel con su obra Paisaje con la caída de Ícaro; Munch, El humo del tren; o, Rembrandt, La tormenta en el mar de Galilea, nos revelan la referencia que supone el medio acuoso para ser reflejado en estas demostraciones pictóricas. Por ello, como nos indican Carrillo, Carrillo y Pena15 sensibilizar a las personas sobre la importancia de este elemento supone la necesaria aproximación a las distintas representaciones simbólicas del agua. Tal acercamiento preferentemente debe ser llevado a cabo de una forma interdisciplinar.

La visión cultural debe incluir tanto los aspectos antiguos como los que se refieren a la incidencia del agua en el devenir de las sociedades. Esto supone analizar los lugares en los que el agua escasea, los puntos geográficos en los que el transporte marítimo ha supuesto situaciones de poder o, de igual modo, de pérdida. Son innumerables las historias asociadas a naufragios. También en el territorio terrestre se acumulan los desastres naturales que condicionan la evolución social y cultural (i.e. los tsunamis). Ya sea en clave positiva o negativa, el agua se encuentra vinculada a la actividad humana y por ello, es precisa la toma de conciencia sobre su importancia.

Imaginarios del agua con referentes geográficos

El imaginario colectivo y cultural se va forjando en muchas ocasiones por causa de situaciones reales y otras situaciones que proceden de la ficción16. En la teoría ancestral de los cuatro elementos, el agua soporta una densa carga de simbolismo a lo largo de los milenios. Nos dicen Calatrava y Gracía Pérez17 que en los mitos cosmogónicos de la mayoría de culturas, a partir del agua se origina el mundo habitado por las personas. Tanto en la cultura sumeria, como en la babilónica, así como en la tradición hebraica, el agua se convierte en lugar de referencia en la conformación de la cultura y la sociedad.

La capacidad del ser humano para fabular, para crear relatos de ficción, lo hace diferente del resto de seres vivos, y es en esas historias donde codifica su conocimiento del mundo y donde refleja las explicaciones de los fenómenos que suceden en la naturaleza. Por esa razón, en esta sección analizaremos lugares físicos reales que forman parte de la literatura y que han trascendido en la historia para situarse en el imaginario colectivo y dar respuesta a inquietudes humanas. Estos lugares suelen vincularse a historias que tienen un basamento real, pero que se rigen por la ficción, permitiendo observar la capacidad humana de raciocinio a la par que se muestra su desfondamiento al no poseer una raíz determinada en cuanto a su origen.

La atribución de cualidades mágicas al agua es una cuestión recurrente en la cultura occidental. Así, hallamos cualidades sanadoras como las aguas del templo de Asclepios en Epidauro (Golfo Sarónico, Grecia); lugares clave debido a sus rutas comerciales que dada su significación dan lugar a su topónimo (i.e. Ampurias); o lugares de purificación espiritual como la fuente Castalia en el Santuario de Delfos. Como podemos observar, es la capacidad ficcional del ser humano la que dota de significado a dichos lugares donde el agua es protagonista.

Otros espacios que contribuyen al imaginario cultural los hallamos en los ríos Eúfrates y Tigris. La fecundidad y riqueza del lugar, permite que en el sur de Mesopotamia surjan las cuestiones relacionadas con la escritura. Además, de ello la creación del relato vinculado a Gilgamesh que tiene como protagonista a Utnapishtim y reseña un desastre natural que tendrá su réplica en el Noé bíblico.

Otros lugares son menos idílicos y nos transportan a la línea argumentativa del belicismo y la tragedia. Así, el río Escamandro, es conocido también como El rojo. Nombre que adquiría del color de sus aguas. Probablemente, la constatación de inundaciones originadas por lluvias torrenciales puede llevar asociada aluviones de barro que pueden arrasar aquello que se encuentre a su paso. La ficción permite personificar el lugar, en este caso el río e identificar el color con los troyanos que son arrojados por Aquiles tras ser matados. El enfrentamiento entre el río y el héroe supone dotar al espacio natural de vida, propiciando así que la ficción se haga más patente, permitiendo asimismo que el ser humano pueda interpretar fenómenos naturales integrándolos en su acervo cultural.

Otro espacio natural donde la literatura, en este caso las narraciones míticas, se ha basado es el Estrecho de Mesina, lugar que separa la isla de Sicilia de la península itálica comunicando el mar Tirreno con el mar Jónico. La presencia en la zona de posible actividad sísmica y el azote de fuertes vientos la convierten en un sitio peligroso. En ese potencial daño refleja Homero en La Odisea la presencia de dos monstruos marinos que alcanzan el rango de personificación para dar sentido a la explicación de lo que sucedía en la zona.

También el ciclo artúrico se nutrió de los fenómenos asociados al agua. De este modo, la isla de Ávalon, relacionada con Morgana tiene como característica la bruma, fenómeno que en ocasiones ocurre cuando una masa de aire caliente se aproxima de una corriente de agua que está a menos temperatura. El agua se satura y se convierte en vapor de agua dando lugar a la bruma. La dificultad de la visibilidad pasa a ser motivo de intranquilidad y peligrosidad para embarcaciones marinas y, por ende, para el ser humano.

Otros desastres relacionados con el agua que han trascendido en la historia de la literatura y la cultura los podemos encontrar, por ejemplo, en la contribución de Shakespeare cuando redacta La Tempestad. La posible inspiración en la isla de las Bermudas, un territorio americano que en la época prerracional era conocido como isla de los demonios, debido a las dificultades para fondear en ella. La inestabilidad atmosférica de la zona era reflejada en los relatos y, posteriormente, es posible que Shakespeare hallase en tales historias asociadas al lugar, un referente para su obra.

Como hemos reseñado en el apartado previo los lugares se asocian a historias y esos relatos se convierten en referentes para la cultura. Transpuestos en la literatura, primero de forma oral y posteriormente de modo escrito, como nos indica Bloom18 en el canon occidental existe una sólida base constituida por las lecturas de La Biblia, los textos de Homero y las aportaciones de Shakespeare. Si revisamos los lugares aportados en la sección precedente, además de lo relacionado con la cultura babilónica, con las cuestiones platónicas sobre la Atlántida o el ciclo artúrico, las contribuciones homéricas, shakesperianas o bíblicas, contienen un relato donde el agua es protagonista. Además, suponen una inspiración canónica para autores posteriores19.

En la interpretación que se realiza de las lecturas, en muchas oportunidades se pierden detalles esenciales que dan cuenta de la actividad humana y de cómo se ha construido su cultura y sociedad. La inevitable interacción con el medio marino ha generado una serie de temores que han sido codificados en las lecturas; estas sirven para la recuperación de los citados detalles perdidos. Mediante la ficción han sido generadas historias que, sobre todo, a través de la prosopopeya, han acercado y han hecho humanos esos desastres naturales. Si pensamos en Escila y Caribdis, se alude a dos hermosas jóvenes transformadas en monstruos por la ira divina. Los remolinos causados por las contracorrientes y las rocas bajas que provocaban los naufragios eran identificados con las acciones de los dos monstruos. Esa personificación supone un mecanismo de alivio por parte del ser humano que, al dotar de humanidad al fenómeno natural, supera de alguna manera su falta de dominio sobre la naturaleza. Sucede algo similar con lo que ya hemos narrado con el río Escamandro. Lo mágico se asocia literariamente a los fenómenos meteorológicos no controlables como sucede con la isla donde habita Morgana, donde la bruma sirve como separación entre lo controlable y lo desconocido. También Shakespeare en La Tempestad hace que Próspero entré en contacto con espíritus como Ariel, tras una fuerte tormenta supuestamente generada por el personaje sobrenatural.

La dualidad historia y ficción recorre nuestro imaginario colectivo provocando que esa simbiosis no sea fácil de desgajar20. Por ello, reclamamos la atención al texto literario donde se contiene el temor al agua y a las catástrofes naturales que se asocian a ella. Los diluvios, inundaciones, tsunamis, maremotos, por citar algunos ejemplos, son desastres naturales que hacen que los agentes que las padecen sufran cambios positivos o negativos en su estilo de vida21 y sientan la necesidad de que tales hitos sean plasmados en la escritura con el fin de no olvidarlos y de estar prevenidos ante futuras situaciones similares. Como hemos citado, los personajes de ficción de tales relatos se suelen corresponder con acciones de personas o con sucesos acontecidos en la naturaleza que se desvirtúan o a los que no se puede otorgar explicación racional.

Personajes icónicos asociados a lugares acuáticos

Desde las narraciones míticas de Narciso ahogándose en el lago, la historia de Hermafrodito vinculada también al agua o los relatos de Ovidio en sus Metamorfosis donde ya describía los posibles desastres naturales, atribuyendo a las deidades el movimiento violento de aguas o las corrientes incontrolables, se han generado en la historia y en la cultura una serie de personajes que se han convertido en iconos y referentes del comportamiento humano. En el caso del agua, hay muchas personificaciones y personajes de ficción que poseen un poder inusitado o sutil que atemoriza a las personas22. Esta caracterización es la traducción del pensamiento colectivo que transita a la categoría de imaginario y que fluye entre la realidad y la ficción trascendentes.

La presencia de sirenas u ondinas en los mares, manantiales, arrecifes y lagos supone un necesario referente en el conocimiento de la cultura occidental. Estas damas del agua forman parte del imaginario colectivo que se prolonga en el tiempo dando lugar a otros personajes que suponen una explicación de sucesos relacionados con lugares donde el agua es protagonista. Los seres míticos como las citadas sirenas suelen surgir seguramente de la sorpresa del ser humano ante fenómenos naturales tales como el rayo, el trueno, el viento, la enfermedad, la alternancia día/noche, los volcanes o los terremotos23.

En el litoral mediterráneo se pueden detectar aves con cabeza, el torso y a veces los brazos de una bella mujer. Poseyendo el don del encantamiento con su canto, son las denominadas sirenas24. Situadas cerca de la isla de Capri responden a la capacidad de fabular del ser humano con la base de acontecimientos inexplicables sucedidos en la zona. Acontece algo similar con los Hipocampos de Poseidón cuyas descripciones hacían que midiesen hasta cinco metros de largo. Estas criaturas comparten cualidad hiperbólica con otras como el Leviatán, el hecho de que esta últimas sea descrita con una respiración de llamas y la estela luminosa que deja a su paso al moverse a su paso, supone que la inspiración debe corresponderse con un fenómeno natural.

El Kraken también es un monstruo marino inmenso temible y oculto en las profundidades. Se suele confundir con un islote ya que, incluso se comenta que en su espalda es posible que crezcan árboles y vegetación. Su vigencia en el tiempo se muestra en la apropiación de Tolkien cuando en El Señor de los Anillos lo identifica con el Guardián del Agua, criatura ficticia que se muestra como obstáculo para la compañía del anillo. Otras criaturas como Jormungand o la Hidra son personajes marinos asociados al temor, a los desastres y a las desgracias. También queremos mencionar en este apartado a Lorelei quien siendo un nix alemana tiene su origen en una chica abandonada por un amante infiel y en su arrojamiento al río se convirtió en diosa de la noche. De ese modo, cerca de Sankt Goarshausen (Renania-Palatinado, Alemania) se situó en una roca y distraía con su belleza a los navegantes. Ese punto geográfico es un lugar de diversos accedentes debido a su estrechez, entremezclándose como vemos el fenómeno natural con la historia fabulada que se asocia al mismo.

El lenguaje en sus diferentes manifestaciones sirve para que el ser humano pueda entender su realidad circundante y la arbitrariedad del mismo determina las concepciones culturales en sentido positivo o negativo25. La plasticidad de la lengua permite que creemos iconos y metáforas para codificar la realidad26, creando un filtro que confiere comodidad a las personas a la hora de pensar. Por ello, cuando reflexionamos sobre la cultura del agua tenemos que hacerlo desde una perspectiva holística y pansemiótica27.

Los mitos y acciones mágicas se convierten en referente obligado de la cotidianeidad humana para explicar situaciones inesperadas y sin fundamento racional28. Tanto es así que, como nos indican Martos y Martos29 se genera un imaginario concreto del agua en el que se incluyen toda una serie de relatos vinculados a la presencia de ríos, fuentes, mares o lugares donde el agua tiene una intervención significativa. A este respecto hay que indicar que, dado que el 70 % de la superficie del mundo está cubierta de agua, ese citado imaginario se expande de una manera casi ilimitada.

La tradición griega nos remite a personajes como Proteo, denominado el pastor marino debido a su cuidado de las focas de Poseidón. Como habilidad mágica poseía la capacidad de cambiar de forma ya que, su capacidad para predecir el futuro le hacía vulnerable ante aquellos que querían capturarlo para ser interrogado. De igual manera, Artemisa era la protectora de partos y crecimiento de los niños y su relación con las aguas termales con el hecho de llevar asociadas las propiedades curativas, hacen de ella otro icono ineludible en la cultura humana.

Probablemente el mayor icono de los desastres naturales del agua representado en narraciones sea el mito del diluvio o de la inundación. Simbólicamente este supone una medida de limpieza de la humanidad. Su ejecutor suele ser una deidad. Recordemos a Pirra y Deucalión cuando construyen un cofre para evitar el diluvio generado por Zeus. El renacimiento humano viene en ese caso dado por el lanzamiento de rocas que se convierten en mujeres y hombres. La unión de esta historia con los relatos de Noé (bíblico), de Utnapishtin (babilónico) o, por ejemplo, la historia incluida en el Popol Vuh, aluden a un mismo fenómeno natural relacionado con el diluvio. Y es ahí, donde podemos observar cómo la capacidad del ser humano para crear ficción le permite explicar y afrontar estas catástrofes. El diluvio mesopotámico, el bíblico o el maya siempre suele presentar a un héroe resultante del desastre que es lo que justifica la pervivencia de la humanidad.

Objetivos de Desarrollo Sostenible vinculados al agua

Aprobados en 2015 por la Organización de las Naciones Unidas los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible tienen la meta de hacer que la vida de todas las personas mejore30. Todos ellos están estrechamente relacionados entre sí, aunque también puedan mostrar su especificidad incluyendo el trabajo con el medio ambiente, la paz o la igualdad de oportunidades entre géneros. En esta sección nos centraremos en los Objetivos de Desarrollo Sostenible número 6: agua limpia y saneamiento; y, el número 14: vida submarina, debido a que están muy relacionados con la temática que estamos tratando en esta contribución. La ambición de estos objetivos motiva que multitud de agentes deban estar implicados en su consecución31. Por esa razón, analizamos seguidamente los factores relevantes que se pueden unir a que las citadas metas puedan ser alcanzadas.

La consecución de los Objetivos de Desarrollo conlleva inevitablemente que la ciudadanía esté comprometida con tales metas. Para ello, sería la formación el instrumento necesario para que la reflexión y el compromiso puedan ser asumidos por las personas. Cuando nos referimos al Objetivo número seis consistente en garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, así como el saneamiento para todos, hemos de tener en cuenta que en el mundo existe un porcentaje significativo de personas que carecen de acceso a servicios de agua potable y, de igual modo, a instalaciones de saneamiento gestionadas de un modo seguro32. La escasez de agua afecta a una buena parte de la población mundial; y, un aspecto clave en esta aportación: las inundaciones y otros desastres relacionados con el agua representan el 70 % de las muertes relacionadas con catástrofes naturales. Así pues, que la población conozca estos datos sobre la gestión e importancia del agua es altamente relevante para el logro de este Objetivo de Desarrollo Sostenible. Unido a él se encuentra el número catorce: vida submarina, traducido en conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos

Hay que ser conscientes de que la lluvia, el agua potable, el oxígeno o la comida son aspectos regulados por el mar. Recordemos que los océanos son una fuente de proteínas y esto convierte a millones de personas en dependientes de ellos. A esto se añade que la acción pesquera supone un referente laboral con empleos directos e indirectos. El deterioro de las aguas costeras no contribuye a la biodiversidad marina con los efectos negativos que estamos reseñando. Aunar los conocimientos sobre los dos objetivos, debe de constituirse en un desafío y a la par en una obligación educativa. Esta labor formativa se vehiculará mediante los conocimientos geográficos y cartográficos, pero también, como se ha reseñado en una parte de este texto, desde el añadido literario. Conocer los relatos e interpretarlos supone un fuerte referente para la reflexión y toma de conciencia sobre la situación.

Las relaciones entre lo literario y lo geográfico son ingentes, ya que, la retroalimentación entre las disciplinas es prolija. Mientras que la primera sitúa a sus personajes acciones y tramas en lugares creados y recreados a partir de experiencias particulares o transmitidas, la segunda obtiene información de las obras literarias transpuestas en reconstrucción de paisajes, en costumbres o en tradiciones33.

La consecuencia de tales relaciones también se ve reflejada en los procesos de enseñanza y aprendizaje, ya que, a veces se educa en geografía mediante manifestaciones literarias34 o, de igual modo, se lleva a cabo la enseñanza de la literatura mediante la contextualización de lugares que transita inexorablemente por la ubicación en mapas de dichos sitios o por la caracterización en datos (por ejemplo, sociales o económicos) de los mencionados lugares.

El apostar por el conocimiento literario, geográfico y cartográfico supone asumir que la ciudadanía debe unir a sus saberes procedentes del paradigma ilustrado-enciclopedista, el enfoque de la formación en competencias. Este último implica un cambio de concepción en el acceso al conocimiento con las dificultades que ello supone35; sobre todo, la referida a la superación de la tradición educativa silente. Por consiguiente, replantear los procesos formativos se convierte en el reto más significativo en lo concerniente al desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y más concretamente en los dos que en este texto hemos señalado: el número seis y el número catorce.

Señalamos de igual manera el Objetivo de Desarrollo Sostenible número cuatro, ya que, mediante este va a ser posible lograr los restantes. Hernández-Castilla et al.36 nos indican que la escuela y su liderazgo se convierten en un agente esencial para armonizar que los objetivos puedan tener un recorrido social deseable. Este anhelo ya se mostraba en los anteriormente conocidos como los Objetivos de Desarrollo del Milenio37. Ambas iniciativas tienen aspectos comunes ya que, una es continuación de la otra. La agenda 2030 subraya la necesidad educativa de aumentar el número de jóvenes y adultos que posean las competencias necesarias para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento. Estos tres elementos se tienen que enmarcar en el contexto del desarrollo sostenible. En este sentido, la contribución del sistema educativo transita por asegurar que el alumnado adquiera los conocimientos teórico-prácticos adecuados que promuevan el citado desarrollo sostenible y estilos de vida acordes con el mismo. En tales formas los derechos humanos, la igualdad de género, la valoración de la diversidad cultural o la promoción de la paz, serán pilares fundamentales en la formación de la ciudadanía. Hacer hincapié en la cuestión ética desde una óptica crítica38 o trabajar desde la participación ciudadana teniendo en cuenta la alfabetización mediante la lectura39 pueden ser alternativas válidas para las acciones educativas.

Más específicamente, si nos centramos en la temática de esta contribución, hemos de conciencias a la población de la importancia de las relaciones entre desarrollo sostenible y agua, más concretamente en la prevención de los desastres naturales. Desde el interior de la tierra y debido muchas veces a la intervención humana, hallamos tsunamis. También los procesos dinámicos que se llevan a cabo en la superficie suponen la aparición de los posibles aluviones, en ocasiones relacionados con el agua. Así, diremos que la actividad humana ha sido capaz de romper regímenes hidrológicos y ecológicos naturales. El crecimiento de la actividad del ser humano en zonas vulnerables a desastres relacionados con el agua se ha incrementado, provocando inundaciones, sequías, derrumbes o hundimientos. Estas son razones relevantes por las que la educación de calidad debe intervenir para crear conciencias con respecto de la cultura del agua, propiciando el respeto por la misma a la par que el entendimiento de su trascendencia en la vida humana.

Conclusiones

Hemos realizado un repaso por la incidencia del agua en la cultura, centrándonos en la manifestación artística que supone la literatura. En una época donde la racionalidad es predominante, podemos comprobar que los relatos todavía aportan elementos para la reflexión humana y en ellos es posible hallar información relevante sobre cuestiones geográficas o cartográficas. Además, la transferencia de contenido para que este se convierta en icónico, implica que hallemos en dichas narrativas un potente recurso para la formación de la ciudadanía.

Tras un somero recorrido por lugares como la antigua Mesopotamia, por Grecia, Italia, Reino Unido y las islas Bermudas, comprobamos que existe una vinculación entre los lugares geográficos, los fenómenos naturales traducidos en ocasiones en catástrofes o desastres, y los argumentos de historias que han llegado a ser canónicas, inspirando las producciones más contemporáneas. Lo prerracional puede ser muy atractivo a la par que los elementos sobrenaturales logran captar la atención de las personas que escuchan o leer una historia. Así, el misterio de la Atlántida o la posibilidad de la existencia de Lorelei captan el interés del ser humano, quien sigue debatiéndose entre la objetividad de la ciencia y lo racional y el simbolismo de las narraciones míticas o de las ficcionales.

Insertos en la modernidad líquida40, la agenda 2030 compite con la digitalización para tratar de concienciarnos de Objetivos de Desarrollo Sostenible que atañen tanto al medio ambiente como al agua. Las políticas sociales tienen que procurar el equilibrio entre el citado progreso digital y la preservación ecológica41. Las virtudes y peligros del agua están reflejados en la literatura, ya sea oral o escrita. Las bondades de las fuentes o lo desagradable de los desastres recorren la palabra humana y nos recuerdan la importancia de este elemento. Los peligros en el agua son reales y son parte de la ficción; recordemos a Herman Melville cuando origina Moby Dick, probablemente inspirándose en hechos reales de balleneros o de cachalotes que surcasen los mares en una determinada época y zona.

Asumiendo la presencia del mito en la mayoría de las ocasiones como hipotexto de las manifestaciones culturales42, el ámbito educativo desempeña un destacado papel en la transmisión de la cultura del agua. Como nos indica Rodríguez Aguirresaribe43, la infancia no conoce a Jorge Manrique, ni a Heráclito, ni a los creadores de Caronte y la laguna Estigia, pero todos ellos fueron alguna vez infancia. Por tanto, las experiencias formativas tempranas son significativas y por esa razón, las instituciones educativas, tanto en su vertiente formal como no formal, deben atender a la concienciación sobre la función del agua en la cultura y en la sociedad.

En los tiempos en los que vivimos, afortunadamente, los libros de texto ya incluyen la cultura del agua44 y el alumnado puede ser consciente de la trascendencia del agua en las transformaciones culturales, políticas y económicas de la sociedad45. Como nos indicaba Even-Zohar46 los distintos estamentos de la cultura se relacionan entre sí y provocan una interdependencia importante. En este caso, constatamos las relaciones entre escuela y sociedad con una retroalimentación mutua que debiera derivar en el conocimiento, desarrollo y consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Por consiguiente, finalizamos esta aportación, resaltando nuevamente el papel de la literatura como preservadora de conocimiento y como medio para el trasvase de información sobre el mundo y, en este caso, sobre la naturaleza reflejada en los desastres naturales del agua, al mismo tiempo que por los provocados por el ser humano.

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