Dossier

water and landscape
AGUA y TERRITORIO

Los orígenes míticos de Cástulo y la fuente Castalia: de Silio Itálico al siglo XVII

The mythical origins of Castulo and the Castalian Spring: from Silius Italicus to the 17th century

Raúl Manchón Gómez

Universidad de Jaén.
Instituto Interuniversitario de Investigación en Arqueología Ibérica.
Jaén, España.
rmanchon@ujaen.es

ORCID: 0000-0002-9763-2308

Información del artículo

Recibido: 17/01/2024
Revisado: 18/04/2024
Aceptado: 23/05/2024
Online: 31/01/2025
Publicado: 10/04/25

ISSN 2340-8472

ISSNe 2340-7743

DOI 10.17561/at.26.8540

cc-by

© Universidad de Jaén (España).
Seminario Permanente Agua, Territorio y Medio Ambiente (CSIC)

RESUMEN
Se estudia la leyenda mítica de la fundación de Cástulo y su relación con la Fuente Castalia. Prestamos atención a la transmisión de esta leyenda desde el poema Púnica de Silio Itálico hasta la historiografía española de los siglos XV-XVII.

PALABRAS CLAVE: Cástulo, Silio Itálico, Fuente Castalia, Historiografía española (siglos XV-XVII).

ABSTRACT
We pay attention to the legendary history of the foundation of Castulo and its relationship with the Castalian spring. We study the transmission of this legend since its origin, the poem Punica, by Silius Italius, to the 15-17th Spanish historiography.

KEYWORDS: Castulo, Silius Italicus, Castalian Spring, 15-17th Spanish historiography.

As origens míticas de Castulo e da Fonte Castalia: de Silio Itálico ao século XVII

RESUMO
Estuda-se a lenda mítica da fundação de Cástulo e a sua relação com a Fonte Castalia. Prestamos atenção à transmissão desta lenda do poema Punica de Silio Itálico para a historiografia espanhola dos séculos XV-XVII.

PALAVRAS-CHAVE: Castulo, Jaen, Silio Italico, Fonte Castalia, historiografía espanhola séculos XV-XVII.

Les origines mythiques du Castulo et de la Fontaine de Castalie: de Silius Italicus au XVIIe siècle

RÉSUMÉ
On étudie la légende mythique de la fondation de Castulo et sa relation avec la Fontaine de Castalie. Nous prêtons attention à la transmission de cette légende à partir du poème Punica de Silius Italicus jusqu'à l'historiographie espagnole des XVe-XVIIe siècles.

MOTS-CLÉS: Castulo, Silius Italicus, Fontaine de Castalie, historiographie espagnole (siècles XVe-XVIIe).

Le origini mitiche di Castulo e della Fontana Castalia: da Silio Itálico al XVII secolo

SOMMARIO
Viene studiata la leggenda mitica della fondazione di Castulo e il suo rapporto con la Fontana Castalia. Prestiamo attenzione alla trasmissione di questa leggenda dal poema Punica di Silio Italico alla storiografia spagnola dei secoli XV-XVII.

PAROLE CHIAVE: Castulo, Silio Italico, Fontana Castalia, storiografia spagnola (secoli XV-XVII).

Cástulo en los Punica de Silio Itálico: orígenes míticos

Mitos fundacionales de ciudades de Hispania

En el poema épico Punica, el más extenso en su género en la literatura romana, Silio Itálico canta en diecisiete libros la célebre guerra que enfrentó a romanos y cartagineses (218-201 a. C.)1. Amparándose en las convenciones propias de la epopeya, el autor recurre con frecuencia a la mitología o leyendas etiológicas para explicar el origen del nombre de un lugar y la genealogía o antecedentes remotos de un personaje. No pocas de esas explicaciones legendarias son invenciones exclusivas del propio poeta dado que no se encuentran referencias en otras fuentes antiguas. Así ocurre con algunos topónimos de Hispania, territorio que recibe un tratamiento especial por parte de Silio Itálico por haber sido escenario de la guerra de la que trata el poema.

Un ejemplo destacado de ello es la peculiar versión con la que el poeta, haciendo alarde de una gran erudición, explica el origen del nombre de los Pirineos a partir de la historia de la princesa Pirene, amada de Hércules e hija del rey Bébrix (Pun. 3, 415-440). Mención aparte merece la invención de nombres de soldados hispanos a partir del nombre de ríos de Hispania con el propósito de evocar el nombre de su lugar de origen: Durius (Pun. 1, 438), Tagus (Pun. 1, 152) o Sicoris (Pun. 1, 633 y 16, 475), nombres latinos del Duero, el Tajo y el Segre. Estos ejemplos, que son solo una pequeña muestra, ponen de manifiesto el buen conocimiento de la toponimia hispana por parte del autor2.

Son en particular los mitos fundacionales de ciudades hispanas a los que Silio Itálico presta mayor atención con el propósito de dar prestigio a ese lugar y celebrar sus orígenes griegos o troyanos. Por ejemplo, los habitantes de las Baleares descienden de un héroe griego de prestigio, Tlepólemo, hijo de Hércules (Pun. 3, 364-365); los ástures tienen como héroe epónimo a Astur (Pun. 3, 334-335), escudero de Memnón, al que Aquiles dio muerte. En el territorio de los cerretanos, en la zona de Cataluña, acampó el héroe de Tirinto, es decir, Hércules (Pun. 3, 357).

La vinculación de una localidad de Hispania con el mundo griego se basa a menudo en el parentesco fonético del nombre de la ciudad con el de algún personaje histórico o mitológico. Así ocurre con Sagunto, que debe su nombre a Zacinto, enterrado en una colina de la ciudad por su compañero Hércules (Pun. 1, 271-277). Cartagena, por su parte, fue fundada por el troyano Teucro (Pun. 3, 368), y Tide, la actual Tuy, en Galicia, tuvo como fundador al célebre Diomedes, hijo de Tideo, de quien toma el nombre la ciudad (Pun. 3, 366-367). Asimismo, el poeta relaciona, sin fundamento etimológico, el nombre latino de Nebrissa (la actual Lebrija) con el término griego de la piel de ciervo (nebris), adorno típico de las fiestas báquicas, con la finalidad de atribuir a Baco la fundación mítica de la ciudad (Pun. 3, 393).

El fundador de Cástulo y los orígenes de Imilce

Como hemos señalado, en el poema Punica la mitología parece estar en muchos casos al servicio de la toponimia y de la onomástica. Un caso especial de orígenes míticos es el de la localidad hispana de Cástulo, asunto al que Silio Itálico dedica una breve tirada de once versos, que, como luego veremos, tienen una enorme relevancia porque son los que van a seguir con mayor o menor fidelidad los historiadores españoles de los siglos XVI y XVII. Dice así el poeta:

[…] At contra Cirrhaei sanguis Imilce

Castalii, cui materno de nomine dicta

Castulo Phoebei seruat cognomina uatis,

atque ex sacrata repetebat stirpe parentes;

tempore quo Bacchus populos domitabat Hiberos,

concutiens thyrso atque armata Maenade Calpen,

lasciuo genitus Satyro nymphaque Myrice,

Milichus indigenis late regnabat in oris,

Cornigeram attollens genitoris imagine frontem.

Hinc patriam clarumque genus referebat Imilce,

barbarica paulum uitiato nomine lingua (Pun. 3, 97-107)3

“Le respondió Imilce, la hija4 de Castalio de Cirra, aquel que, en honor a su madre, dio nombre a la ciudad de Cástulo, que todavía hoy conserva el nombre de aquella sacerdotisa de Febo. Contaba Imilce con antepasados de origen divino: en los tiempos en que Baco dominaba los pueblos iberos y, armado con su tirso, asolaba Calpe junto con sus Ménades, Mílico, nacido de un lascivo sátiro y de la ninfa Mirice, extendía sus dominios por toda su patria llevando, igual que su padre, cuernos sobre su frente. A él remontaba Imilce su patria y sus nobles orígenes, y su nombre había sido ligeramente modificado en la lengua bárbara” (Silio Itálico, 2005, 211).

En este texto Silio Itálico presenta por primera vez a Imilce, que va a responder a las palabras de despedida que le ha dirigido su esposo, el célebre Aníbal, caudillo de los cartagineses y protagonista principal de los Punica. Es un testimonio muy importante por dos motivos principalmente. Por un lado, por tratarse del único texto de las fuentes antiguas en el que se ofrece una explicación del origen griego del nombre de Cástulo y se sugiere una vinculación con la fuente Castalia. Por otro, porque se aporta información igualmente exclusiva sobre los ancestros de Imilce, que es considerada oriunda de Cástulo. Que este era su lugar de origen ya lo había señalado, en su relato de la Segunda Guerra Púnica, Tito Livio, historiador de época de Augusto y fuente primordial del poema de Silio Itálico. Livio había dicho asimismo que era la esposa (uxor) de Aníbal, pero sin mencionar su nombre (Liv. 24, 41, 7), como vemos que sí hace el poeta en el pasaje transcrito.

En los tres primeros versos, de sintaxis un tanto confusa (Spaltenstein, 1986, 189), se indica, en primer lugar, que Imilce descendía de un griego llamado Castalio (Cirrhaei sanguis Castalii), procedente de Cirra. Castalio era, por tanto, focense dado que la localidad de Cirra, que servía de puerto de Delfos5, estaba en la región de la Fócide. En segundo lugar, se dice que Cástulo fue llamada así por el nombre de la madre de Castalio (materno de nomine dicta) y con ese nombre siguió siendo conocida esa localidad (nótese que en el poema no se emplea en ningún momento el término ciudad o similar, aunque cabe suponerlo así, como leemos en la traducción).

Cástulo fue, en consecuencia, o así al menos hay que interpretarlo, una colonia focense. Esto supone que la madre de Castalius, sacerdotisa de Febo (Phoebei uatis), debió de llamarse Castulo o Castalia o algo parecido y que su hijo debe ser considerado como el héroe epónimo de la ciudad. La explicación que Silio Itálico nos proporciona se basa, como en otros casos, en la simple semejanza fonética entre el nombre de ese lugar y el de su correspondiente fundador, que implícitamente está relacionado con la fuente Castalia a través de su madre, sacerdotisa de Apolo, dios a quien estaba consagrada la fuente, como luego veremos. Sin embargo, lo que el poeta no aclara es por qué Castulo tiene una –u en la raíz del nombre y, por su parte, Castalius, una –a. Según Spaltenstein (1986, 189), las transcripciones griegas de Castulo como Κασταλών (por ejemplo, en Estrabón, como luego veremos) están más cerca de Castalia que la forma latina Castulo, lo que podría sugerir que el poeta está aquí empleando una fuente griega. Por lo demás, los nombres de Imilce y Castalius solo los conocemos por Silio Itálico, por lo que pudo habérselos inventado.

Como acabamos de ver, la fundación de Cástulo se explicaría en el contexto histórico de la colonización de la Península ibérica por parte de los griegos, en este caso focenses. De tales fundaciones griegas en Hispania ya se había ocupado en los inicios del siglo I a. C. Asclepiades de Mirlea. Este autor griego creía ver, por una falsa etimología, raíces griegas en el nombre de muchos topónimos indígenas de Hispania6. Silio Itálico estaría, por tanto, en la misma senda que este autor, pero dando rienda suelta a su imaginación en lo que se refiere a la explicación de nombres de lugares.

No es, por tanto, extraño que los ochos versos restantes, que constituyen la segunda parte del texto, nos sitúen en un plano temporal mucho más remoto y legendario, como es el de la etapa en la que el dios Baco (versión latina del Dioniso griego) gobernaba en Hispania a los pueblos iberos (tempore quo Bacchus populos domitabat Hiberos). Esta referencia a Baco como conquistador de Hispania recuerda a la curiosa propuesta etimológica de Marco Varrón de que el nombre de Hispania procedía de Pan, gobernador nombrado por Baco, y que a su vez el nombre de Lusitania venía de los juegos (lusus) de Baco (llamado Liber) o del frenesí, lyssa, de las bacantes7.

Pues bien, es a ese momento al que pertenece otro antepasado de Imilce, de nombre Mílico (Milichus), que una vez más solo conocemos por Silio Itálico. Del nombre de este antepasado procedía precisamente el de Imilce, levemente modificado (uitiato nomine) en la lengua bárbara de los habitantes (barbarica lingua), como se indica en el último verso. Debemos suponer que Mílico era un antepasado mucho más cercano a Imilce que Castalio, aunque esto no queda claro en el poema. Pertenecía al linaje venerable (sacrata stirpe) de los ancestros de Imilce porque era hijo de un sátiro y de una ninfa del lugar llamada Mirice. Además, reinaba en los dominios de su patria, es decir, en territorio castulonense, en época del dominio de la Península por parte Baco, como hemos indicado. Tal era, por tanto, el noble origen del supuesto rey hispano Mílico, antepasado de Imilce.

La Parnasia Castulo y la fuente Castalia

Silio Itálico también llama Parnasia a la localidad de Cástulo en otro lugar de su poema. Dice así: Fulget praecipuis Parnasia Castulo signis (Pun. 3, 391), es decir: “De manera especial brillan las enseñas de la parnasia Cástulo” (Silio Itálico, 2005, 222). Esta frase forma parte de una enumeración muy erudita de las ciudades del sur de Hispania que integran las tropas cartaginesas de Aníbal. Cástulo ocupa el primer puesto en la enumeración. Le siguen Híspalis, Nebrija, Carteya, Tartesos, Munda y Córdoba. La referencia a sus enseñas o estandartes especiales o sobresalientes (praecipuis signis) quizás sea una forma de destacar la posición preeminente de Cástulo ante el resto de ciudades o bien se trata de otra alusión más a su noble origen, como hemos visto más arriba en el comentario a los versos Pun. 3, 97-107.

Con la mención Parnasia el poeta quiere incidir en el origen griego de Cástulo, destacando en especial su vinculación con el monte Parnaso, donde se encontraba la fuente Castalia, cercana al santuario de Apolo en Delfos (Estrabón, Geogr., IX, 3, 3; Plinio, Nat. Hist. IV, 7). De esta forma, el poeta establece o sugiere una relación directa entre el nombre de la madre de Castalio, fundador de Cástulo, y la fuente Castalia, que se ubicaba en el monte Parnaso. Téngase en cuenta, además, que la madre de Castalio era sacerdotisa de Febo o Apolo (Phoebei uatis), dios, junto con sus Musas, a quien fueron consagradas las aguas de la fuente Castalia.

En cuanto a la leyenda de la fuente Castalia, sabemos que su nombre procedía de una joven llamada Castalia, que al ser perseguida por el dios Apolo cerca del santuario del dios en Delfos, se arrojó a la fuente homónima. De esta noticia solo tenemos constancia gracias a un texto mitográfico de Lactancio Plácido, autor de época tardía, del siglo IV d. C. En su comentario a la Tebaida de Estacio, dice lo siguiente: ubi quondam virgo Castalia fuit quam cum Apollo amaret et vim vellet inferre, in fontem se praecipitavit8.

Pausanias (Lib. X, 8, 9), por su parte, afirma que la fuente recibió su nombre de una mujer de Delfos o bien de un hombre llamado Castalio, nombre que, recordemos, es el mismo que emplea Silio Itálico para referirse al antepasado de Imilce y fundador de Cástulo. Pausanias también indica que, según el escritor Paníasis, era hija del río Aqueloo, por lo que posiblemente fuera una ninfa9. Según otra tradición, fue esposa del rey de Delfos, con quien tuvo un hijo que reinó en el país tras la muerte de su padre10. Posiblemente tanto Silio Itálico como Pausanias (que vivió más tarde, en el siglo II d. C.) hayan seguido una misma fuente para el nombre del mencionado Castalio. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la fuente estaba consagrada a Apolo y a sus Musas y, por ello, se consideraba que era la fuente de los poetas, como ponen especialmente de manifiesto los textos latinos11.

Importancia histórica de Cástulo

Como hemos visto, Silio Itálico presta especial atención al origen mítico de Cástulo para resaltar el prestigio de esta ciudad y el de Imilce, esposa de Aníbal, el gran protagonista del poema junto con Escipión. Esa especial atención estaba justificada por el propio asunto del poema, que es la Segunda Guerra Púnica, conflicto en el que Cástulo tuvo un papel muy destacado. El testimonio más elocuente de la importancia de esta localidad durante ese conflicto nos lo proporciona el mencionado Tito Livio. Según este autor, Cástulo era una urbs Hispaniae valida ac nobilis et adeo coiuncta societate Poenis ut uxor inde Hannibali esset (Liv. 24, 41, 7), es decir, era una “ciudad hispana poderosa y noble” de la que procedía precisamente la esposa de Aníbal, lo que justifica, por otro lado, que en un primer momento Cástulo tomase partido a favor de los cartagineses. Buena prueba, además, de su importancia es que la ciudad dio nombre al llamado saltus Castulonensis, en Sierra Morena, del que, antes de Tito Livio, ya hacen mención Julio César en la Guerra Civil y Asinio Polión en una carta a Cicerón (Blázquez Martínez, 1965).

Al margen del contexto de las Guerras Púnicas, Cástulo también es citada, siguiendo un orden cronológico, por Estrabón, Plinio, Plutarco, Ptolomeo, los conocidos como Vasos de Vicarello y el Itinerario de Antonino12. Tales testimonios son prueba elocuente de la antigüedad y relevancia de Cástulo a lo largo de los siglos. El griego Artemidoro llegó incluso a calificarla como la ciudad más grande de la región de la Oretania (Κασταλών, μέγιστη πόλις Ὠρητανίας). Para Estrabón, era una de las ciudades más poderosas de la Oretania (Geogr., III 3, 2). Según Plinio (Nat. Hist. III, 17), constituía el límite provincial en la época en la que está escribiendo su enciclopedia (dice que desde Castulo hasta Gades había doscientos cincuenta mil pasos y veinticinco mil más desde la costa marítima desde Murgi). La importancia de Cástulo se fundamentaba en su privilegiada situación geográfica, de gran interés estratégico, y en la riqueza de las minas de su territorio, como destacan Polibio y Estrabón (Geogr. III 2, 10-11).

Cástulo cuenta, además, con un conjunto epigráfico muy abundante y rico desde el siglo I a. C. que permite constatar un urbanismo muy desarrollado desde época imperial. Estamos, por tanto, ante una localidad de enorme relevancia en época romana desde fecha muy temprana que no admite parangón con otras del Alto Guadalquivir en cuanto al número, antigüedad y variedad de testimonios, y que bien podría ser considerada capital del territorio.

Con el paso del tiempo el nombre original romano de Castulo evolucionó a Castilona o Castelona, como confirman las monedas visigodas, hasta convertirse a través de la pronunciación árabe en Cazlona13, despoblado del que quedan importantes restos arqueológicos y que hoy es un yacimiento muy importante, a casi seis kilómetros de la ciudad de Linares, en la provincia de Jaén.

Los orígenes míticos de Cástulo en la historiografía española (siglos XV-XVII)

El testimonio de Silio Itálico que hemos analizado es el punto de partida de una larga cadena de textos de los siglos XV-XVII que tratan de los orígenes remotos de Hispania y de Cástulo en particular. Los historiadores españoles de ese periodo14 siguieron su testimonio dándole en ocasiones una mayor dimensión al relato del poeta e interpretándolo con nuevos elementos de su propia invención.

Es importante tener en cuenta que el poeta latino fue considerado fuente de autoridad para el conocimiento del pasado de Hispania por la abundancia de alusiones a pueblos y lugares de la Península que figuran en su poema. Su autoridad se veía además reforzada por el hecho de que muchos humanistas (entre los que estaba el mismísimo Pomponio Leto, uno de sus primeros editores) lo creyeron originario de la localidad hispana de Itálica (por su nombre Italicus), muy cerca de Sevilla. Que fuera hispano parece hoy difícil de sostener. Conviene además recordar que el poema Punica fue conocido muy tardíamente en Italia, ya en pleno siglo XV, por Poggio Bracciolini, que descubrió en 1417 el códice Sangallensis, hoy perdido, del que proceden todas las copias conservadas. El descubrimiento de un texto tan importante para el conocimiento de la historia antigua hizo que el poema gozara de gran popularidad y difusión entre los humanistas (la editio princeps es de 1471)15, especialmente entre los autores españoles del Renacimiento, deseosos de conocer los orígenes remotos de la Península y engrandecer a sus antepasados.

Antonio de Nebrija

Antonio de Nebrija y Florián de Ocampo son dos piezas clave en la transmisión historiográfica del episodio mítico de Cástulo ideado por Silio Itálico. Con ellos podemos decir que empieza una reelaboración imaginativa o particular del texto del poeta latino.

En el caso de Nebrija, estamos ante el primer autor español que recupera, que nosotros sepamos, la leyenda de los orígenes míticos de Cástulo transmitida por Silio Itálico. Considerado el introductor de Silio Itálico en España, junto con su coetáneo el catalán Jeroni Pau (Tate, 1970, 188), Nebrija conocía, en efecto, bastante bien el poema Punica y lo cita con cierta frecuencia. Así lo hace, por ejemplo, en su poema De patriae antiquitate, en el que Silio Itálico es su fuente fundamental. Esto no debe extrañarnos dado que el poema de Silio Itálico ofrecía una cantera de datos sobre el pasado mítico y prestigioso de la Hispania romana, y en ese sentido Nebrija buscaba “para España una antigüedad milenaria engalanada con los nombres de héroes famosos del pasado” (Tate, 1970, 191). Recordemos, además, que los Punica habían sido durante muchos siglos una obra perdida y olvidada hasta su descubrimiento en los inicios del Humanismo italiano, es decir, precisamente en la etapa en que Nebrija se encontraba en Italia.

La primera mención expresa por parte de Nebrija a la Parnasia Castulo (en clara dependencia con la misma expresión usada por Silio Itálico) se encuentra en un verso de su poema Peregrinatio regis et reginae ad Sanctum Iacobum, compuesto en 1486 y publicado en 1491, con diversas ediciones posteriores16. Cástulo figura en una lista de ríos (el Singilis, el Baetis y el Letes) y ciudades que en un paisaje mítico han sido testigos de las hazañas del rey Fernando el Católico. Dice así Nebrija:

Singilis est testis, dulci qui temperat unda

arbore Palladia redimitum tempora Baethim,

et Lethe Stygii referens obliuia Lethes

et cum Mentesa Parnasia Castulo testis

“Testigo es el Singilis, que tempera con su dulce onda las aguas del Betis, de sienes coronadas por el árbol de Palas;
testigo es el Lete, que trae los olvidos del estigio Leteo, y testigo es, con Mentesa, Cástulo, oriunda del Parnaso” (Jiménez Calvente, 2010, 90 y 94)

En la glosa del propio Nebrija al verso en el que aparece la Parnasia Castulo, se indica además que de esta ciudad era Imilce, esposa de Aníbal, la cual “referente Silio Italico, quemadmodum et urbs, sua origine ducebat ab incolis montis Parnasi” (Jiménez Calvente, 2010, 90 y 92).

También encontramos una escueta referencia al origen griego de Cástulo y a la identidad de su nombre con la fuente Castalia en la célebre obra de Nebrija Gramática de la lengua castellana (1492)17. El autor se limita a mencionar a “los moradores del monte Parnaso” como primeros pobladores de “Cazlona, nombre sacado del nombre de su fuente Castalia”.

Con mayor detalle y detenimiento habla Nebrija de Cástulo en su Muestra de la Historia de las antigüedades de España, una de sus primeras obras dedicadas a ilustrar el pasado de España, que fue editada en Burgos hacia 149918. En el capítulo trece, titulado “De los que vinieron a España después de los fenices y antes que los cartagineses”, comenta que de las muchas naciones que se mezclaron con los hispanos estaban precisamente los habitantes del Parnaso, clara alusión, de nuevo, a la Parnasia Castulo de Silio Itálico. La dependencia de Nebrija con el poeta latino es evidente en el siguiente texto:

“Quinientos años, poco más o menos, fueron entre la venida en España de los fenices y de los cartagineses. En este medio tiempo muchas naciones se mezclaron con los nuestros […] Entre los cuales parece que los primeros fueron los moradores del Parnaso, monte de la región focense, entre Tebas y Atenas. Éstos, según escribe Silio Itálico en el libro primero y tercero de la Segunda Guerra Púnica, vinieron a España y poblaron a Cazlona, los villares de la cual, como arriba dijimos, aún hoy se demuestran, cuatro leguas de Baeza, contra el occidente verdadero, cerca del río que los moros llamaron Guadalhimar […] la cual llamaron Castulo, nombre tomado de su fuente Castalia, consagrada a las musas por los poetas […] Allí tomó (Aníbal) por mujer a Imilce, la cual traía origen de los más principales que poblaron aquella ciudad” (Bonmatí-Felicidad Álvarez, 1992, 101-102).

Aunque Nebrija sigue de forma casi literal el testimonio de Silio Itálico, reinterpreta en cierta medida la información del poeta romano al afirmar con rotundidad que el nombre de Cástulo estaba tomado de la fuente Castalia, pues, como hemos visto, en el poema Punica no se menciona en ningún momento de forma expresa la palabra “fuente” o similar.

Por último, en los preliminares de su obra latina Décadas de la Historia de los Reyes católicos, publicada póstumamente por su hijo Sancho de Nebrija en Granada en 1545 y de nuevo en 1550, Nebrija vuelve a reproducir de forma parcial el texto anteriormente transcrito sin aportar información adicional relevante:

“Unos griegos que procedían de la región de la Fócida, entre el Ática y Beocia, penetraron en España y fundaron Cástulo, en el límite entre las provincias Bética y Tarraconense, llamada así por el nombre de la fuente Castalia, en el monte Parnaso, de donde las musas reciben el sobrenombre de Castálidas. De esta ciudad procedía Himilce, esposa de Haníbal”19.

Florián de Ocampo

La relación directa entre Cástulo y la fuente Castalia va a mantenerse sin discusión en la historiografía del siglo XVI y, sobre todo, en la del siglo XVII. Con ello se prestigiaban los ilustres vestigios del pasado español, especialmente del griego y romano, que siempre eran motivo de mayor encomio. En este sentido es muy importante el testimonio de Florián de Ocampo, nombrado en 1539 cronista del rey Carlos I. Su Corónica general de España, cuyos cuatro primeros libros vieron la luz en 1543 en Zamora, tuvo un enorme éxito en la época y gozó de una enorme influencia en la historiografía posterior. Ocampo, considerado propagador de los mitos y leyendas fabulosas referidos a la historia de la España primitiva, sigue muy de cerca lo que en los versos arriba transcritos había dicho Silio Itálico, al que llama “poeta español elegante y diligente”20, aunque también parece tener en cuenta el testimonio referido de Nebrija. Así, a propósito de la llegada de griegos focenses a la Península y de las ciudades que fundaron, Ocampo menciona en primer lugar Cástulo o Castulón (que sería la forma más correcta en español):

“Dicen también otros autores haber entrado compañías de estos focenses por la tierra más dentro de España, donde poblaron la ciudad que primero fue dicha Castulón, poderosa y principal en los fines postreros de la provincia que después llamaron España la Tarragonesa, muy cerca de donde partía término con la provincia nombrada Bética […] Las señales de la cual ciudad hallamos hoy día donde llaman Cazlona la vieja, casi tres leguas delante de Baeza, no lejos de Linares, cercana a un río pequeño que los moros africanos, cuando mucho después tiranizaron aquella provincia sacándola del poder de los españoles cristianos, nombraban Guadalhmar, como también hoy día lo llamamos” (Ocampo, 1578, Libro segundo, cap. 36, f. 80v).

A continuación, Ocampo, al igual que Nebrija, establece un claro vínculo entre la fundación de Cástulo y la fuente Castalia y añade que la sacerdotisa de Apolo fue una persona muy importante, detalle ausente en el poeta latino. Dice así Ocampo:

“Afirman los que de esta ciudad hablan haber sido dicha Castulón porque del mismo nombre se decía también una mujer de estos Focenses, sacerdotisa del dios Apolo, la cual mujer fue principal entre sus fundadores o, según otros creen, dijéronla Castulón por memoria de cierta fuente nombrada Castalia famosa y muy alabada sobre todas las fuentes de Grecia, dentro de la provincia donde salieron los progenitores de estos Focenses” (Ocampo, 1578, Libro segundo, cap. 36, f. 80v-81r).

Ocampo también sigue a Silio Itálico, sin mencionarlo directamente, en el relato de los orígenes remotos de Cástulo en los tiempos de Dioniso y su relación con el supuesto rey Mílico, hijo de Mirice. Como es habitual en Ocampo, la versión original de Silio Itálico es ampliada con detalles novedosos y pintorescos:

“tornando al intento verdadero de nuestra corónica, hallamos en las memorias antiguas que, cuando aquel Yaco Dionisio discurría por las tierras españolas, entre las personas de cuenta que por allí se conocieron fue uno llamado Mylico, hijo de Myrica, morador en los confines orientales de la provincia nombrada Bética […]. En la cual región y señorío poco después edificaron sus hijos y sucesores una ciudad asaz magnífica que los antiguos llamaron Cástulo, no lejos de donde hallamos ahora la población de Baeza” (Ocampo, 1578, Libro primero, f. 40r).

Respecto a los orígenes de Imilce, Ocampo reelabora y amplifica lo que Silio Itálico había contado. Señala, por ejemplo, que Aníbal se había casado con ella para que “todos lo tuviesen por español verdadero”, pues era “una doncella española muy emparentada y muy noble”, vecina de la ciudad de Cástulo. Añade además que Imilce

“no solo trajo con su casamiento riquezas y multitud de parientes guerreros y poderosos a la parcialidad y servicio de su marido, sino también con ellos toda la comunidad y gente vulgar de la ciudad de Castulón y de sus comarcas, que no fueron pequeña joya, según eran populosas y magníficas en aquel siglo. Procedía Himilce de muy ilustre linaje, descendiente por sucesión derecha de cierto caballero español muy antiguo y muy famoso, nombrado Melico, natural y morador en esta misma provincia, cuyos hijos y descendientes fueron los primeros fundadores y más principales de Castulón o Cazlona” (Ocampo, 1578, Libro cuarto, f. 159v).

No duda Ocampo en afirmar a continuación que los descendientes de ese “caballero español muy antiguo” llamado Melico se unieron con el paso del tiempo a los focenses que llegaron posteriormente a Cástulo (f. 159v). Uno de los ellos se llamaba Cirreo, “hijo de Castulona, sacerdotisa de Apolo, de quien estos creían haber tomado nombre la ciudad”. Es decir, en el texto de Ocampo, el personaje de Castalio, que en Silio Itálico procedía de la ciudad de Cirra, es ahora llamado Cirreo, al que los castulonenses contaban “fabulosamente” como “señalado progenitor de Imilce”. Con el uso del adverbio “fabulosamente” Ocampo parece dar ciertas muestras de incredulidad, aunque el autor remata el asunto sin el menor atisbo de crítica. Dice lo siguiente:

“Y así, considerada la descendencia de su gran antigüedad, la reverenciaban a ella y a sus deudos, cuantos en aquella tierra moraban, teniéndolos a todos ellos con sus antepasados por cabezas y señores de la región, como también obedecieron y reverenciaron después a su marido Haníbal, por causa y respeto de ella” (Ocampo, 1578, Libro cuarto, f. 159v).

Ambrosio de Morales

Un testimonio no menos importante en lo relativo al tratamiento del pasado mítico de Cástulo por parte de los historiadores del siglo XVI es el que nos proporciona el humanista Ambrosio de Morales, sucesor y continuador de Ocampo en el cargo de cronista regio (1563). Su relato de los orígenes de Cástulo, bastante extenso, se encuentra en su célebre obra Las antigüedades de las ciudades de España, publicada en Alcalá de Henares entre 1575-1577. El autor, que en muchos aspectos depende del testimonio de Ocampo, como él mismo declara21, cita de manera expresa a Silio Itálico a propósito de la denominación Parnasia referida a Cástulo. También sigue al poeta latino al referirse a los griegos focenses como pobladores de Cástulo, nombre que le fue puesto por el de la fuente Castalia. No obstante, Morales se muestra especialmente innovador en este asunto e introduce nuevos datos de su propia cosecha. Así, por ejemplo, añade que hubo dos grupos de focenses, unos de Grecia y otros de Asia, entre otros detalles novedosos. Dice así:

“Es menester se entienda que los Focenses de Grecia y de Beocia fueron los que poblaron a Cástulo, como los de Jonia los que fundaron a Denia. Esto se entiende así por lo que Silio Itálico dice de la fundación y del nombre de esta ciudad de Cástulo, que le fue puesto por la fuente Castalia, llamada también Pegasea y Cabalina, que tenían en su tierra por cosa de gran religión y excelencia. Y por esto también llama alguna vez aquel poeta Parnasia a la ciudad de Cástulo. Estaba aquella fuente en un monte de Beocia llamado Parnaso, que con un pequeño valle en medio dejaba levantadas dos cumbres diferentes” (Morales, 1792, Primera parte, pp. 209-210).

Morales cuenta asimismo que la fuente Castalia estaba en un monte de Beocia llamado Parnaso. Esta ubicación de la fuente en Beocia y no en la Fócide es un error bastante común en los textos de la época, aunque parece que ya había cierta confusión en la antigüedad dado que eran dos regiones limítrofes. Recordemos que Silio Itálico se había limitado a decir que Castalius, el héroe epónimo de Cástulo, procedía de Cirra, sin más detalles.

El monte Parnaso al que se refiere Morales tenía, como él mismo describe, dos cumbres diferentes con un pequeño valle y en su parte alta se encontraba un famoso templo consagrado al dios Apolo y a las nueve Musas, por lo que era un monte muy celebrado por los poetas antiguos. El autor se hace también eco de la fábula según la cual la fuente Castalia se había formado cuando el caballo Pegaso cavó en ese lugar. Por ese motivo también se le dieron los nombres referidos de “fuente Pegasea” y “fuente del Caballo” y, además, como dice más adelante, hay muchas monedas de Cástulo que, a su juicio, tienen la efigie del caballo alado Pegaso y delfines (animal dedicado a Apolo) en recuerdo de los orígenes míticos de la ciudad22. Hoy sabemos que lo que a Morales le pareció ser el dibujo del caballo Pegaso era en realidad el de una esfinge.

Conviene tener en cuenta que esta asociación de la fuente Castalia con el caballo alado Pegaso es una interpretación errónea de los humanistas que no estaba fundamentada en ningún texto de la antigüedad. Además, la llamada fuente caballina, que es lo que significa en griego Hipocrene, se encontraba en el monte Helicón, en Beocia. La confusión pudo estar motivada por el hecho de que el caballo Pegaso había hecho brotar fuentes en varios sitios, como la referida de Hipocrene, la de Pirene, en Corinto, o la de Trecén23.

Por otro lado, en opinión de Ambrosio de Morales, fue la semejanza física de Cástulo con el Parnaso lo que determinó su fundación en ese lugar por parte de los focenses. Además, también había una fuente en ese lugar que pudo recordar a sus fundadores la de Castalia. Así lo explica Ambrosio de Morales:

“Y aunque la fertilidad de la tierra y otras comodidades pudieron mover a estos focenses de Beocia para fundar la ciudad de Cástulo en aquel sitio, a lo que yo creo, también les pudo mover hallar en aquella parte asiento muy semejante a aquel monte Parnaso de su tierra. Porque así tiene aquella montaña donde estuvo la ciudad dos cumbres con un valle estrecho en medio, y así corre por lo bajo el río Guadalimar bien caudaloso. También al un lado en lo bajo había una fuente que les podía renovar la memoria de la suya Castalia, aunque ésta es tan pequeña y de tan poca agua que no se puede tener por muy semejante a la grande abundancia, que según Pausanias y otros autores escriben manaba de aquella” (Morales, 1792, Primera parte, 210-211).

Este comentario, que es una adición más a la historia original de Silio Itálico, tendrá su continuación y amplificación en los cronistas locales o regionales (Sánchez León, 2011, 67-73), como en el caso de Gonzalo Argote de Molina24. Otro autor local, el jesuita Francisco de Bilches, llega incluso a decir que “Cástulo y su comarca fue un traslado muy vivo de Grecia”25.

No es de extrañar que, en un afán de exaltación localista, haya autores que, basándose en lo que había dicho Morales sobre la semejanza geográfica de Cástulo con el Parnaso, hagan lo propio con la localidad cercana de Baeza. Así ocurre con el baezano Antonio Calderón, catedrático de Artes en la Universidad de Baeza. En su Relación de la fiesta que la insigne Universidad de Baeza celebró a la Inmaculada Concepción de la Virgen, publicada en 1618, este autor se ocupa brevemente del origen de Baeza y afirma que en ella tuvo lugar la victoria más importante de Escipión sobre los cartagineses y que por la buena suerte de esta victoria se llamó beatia o beata, es decir, “bienaventurada”. Calderón, que no está conforme con esta etimología, recurre a los mismos argumentos que Ambrosio de Morales para proponer que el nombre de Baeza, latinizado como Beatia, procede de la Beotia griega. Dice así Calderón:

“No estoy mucho en este origen, ni en que fuese el puesto del ejército de Escipión; pero sí en que fue muy próximo a él y en que está dividido en dos montes o collados que los parte un valle, más hondo éste y más levantados aquellos mientras más occidentales. Hay una fuente antiquísima, casi al principio del valle, no de tan sutiles aguas como las del Parnaso, pero muy saludables y en gran abundancia, con quien se criaban los hombres más fuertes cuando antiguamente bebían de ella. Por ser este sitio muy parecido al del monte del Parnaso, que con otro valle en medio y en él la fuente Castalia deja levantadas dos cumbres diferentes, estoy muy persuadido que el nombre de Beatia se originó de Beotia. Es facilísimo tránsito el de la o en a, y si los Focenses de Beotia poblaron toda esta tierra, como a Cástulo dieron el nombre de la fuente Castalia, a esta ciudad el de Beotia, donde está el Parnaso” (Manchón Gómez, 2011, 90-91).

De la fuente Castalia al Tajo Parnaso: los cronistas de Jaén del siglo XVII

Como hemos visto, Ambrosio de Morales se basaba en Silio Itálico para derivar el origen de Cástulo de la mítica fuente Castalia, aunque en su interpretación iba más allá en un afán por prestigiar los orígenes de ese lugar. Este tipo de interpretaciones magnificadas de los versos de Silio Itálico alcanzará su apogeo en pleno siglo XVII en las historias o crónicas locales o regionales, que se caracterizan por un marcado tono encomiástico y reivindicativo a la hora de explicar los orígenes de una localidad o territorio. Así ocurre tanto entre los historiadores anticuarios del entorno local de Jaén (Francisco de Rus Puerta y el mencionado Francisco de Bilches, entre otros26), como entre los cronistas relacionados con la villa de Linares, cerca de la cual se encuentra Cástulo, como ya hemos señalado. Por cuestiones de espacio, sólo nos ocuparemos de unos pocos testimonios27.

El cronista Rus Puerta, natural de Baeza y prior de Bailén, en su Historia eclesiástica del reino y obispado de Jaén. Primera parte, que contiene sus principios y progresos en la religión cristiana… sitios de lugares antiguos, con otras antigüedades dignas de ser sabidas, desde el siglo primero de la Iglesia cristiana hasta el duodécimo, publicada en Jaén en 1634, también sigue el relato legendario de Silio Itálico, a través de Florián de Ocampo, en lo relativo al origen mítico de Cástulo. A su juicio, no hay “cosa cierta” sobre su origen, pues unos la consideran “fundación de españoles, descendientes de Milico, hombre poderoso en estas comarcas por los tiempos que Dionisio discurrió por España”, mientras que otros dicen que la fundaron los focenses de Beocia, particularmente los que vivían en la ciudad de Cirra, al pie del monte Parnaso.

Como vemos, en este tipo de comentarios apenas hay diferencias respecto a lo que había dicho Silio Itálico y posteriormente Nebrija, Ocampo o Ambrosio de Morales. En otro texto, sin embargo, Rus Puerta introduce un nuevo elemento de interpretación respecto a los orígenes míticos de Cástulo. Dice así:

“parece que estos (autores) llegan más a la verdad, pues el darle a la ciudad el nombre de Cástulo y al río de Tajo Parnaso, parece se hizo en honra del Monte Parnaso y Fuente Castalia que en él nace, a los cuales veneraban los focenses con religioso culto. Así lo sintió Silio Itálico, cuando le dio a Cástulo el nombre de Parnasia: Fulget praecipuis Parnasia Castulo signis” (f. 71r-v).

En este texto ya no se establece solo una relación entre el nombre de Cástulo y el de la fuente Castalia, sino que por asociación se hace también lo mismo con el nombre del río que bordea la localidad, llamado ahora ni más ni menos que Tajo Parnaso. Estamos, por tanto, ante un elemento novedoso o una pieza más en el tratamiento literario del origen mítico de Cástulo. La denominación “Tajo Parnaso” no se encuentra, en efecto, en Silio Itálico ni es empleada por Florián de Ocampo o Ambrosio de Morales. Se trata de una invención posterior a estos autores. Rus Puerta la ha tomado de uno de los textos latinos elaborados por el falsario Jerónimo Román de la Higuera, la llamada crónica de Julián o Juliano Pérez, arcipreste de Toledo, una de las fuentes empleadas con profusión por el autor, como él mismo declara en el siguiente texto:

“el río que riega el sitio de Cástulo se pudo muy bien llamar Tajo, como el otro famoso que baña Toledo; si bien para diferenciarlo de él le añadieron el sobrenombre de Parnaso. Que tuviese este nombre y hoy se llame Guadalimar nos lo dijo claramente el arcipreste Juliano por estas palabras: Meo tempore destructa fuerat Castulo, finis Baeticae, circa quam fluvius Tagus Parnasus fluit, vulgo dictus Guadalamar, qui circa Baetim fluvium et Anam minorem nasci perhibetur. En mi tiempo había sido destruida Cástulo, fin de la Bética, por cuyos márgenes corre el río Tajo Parnaso, dicho vulgarmente Guadalamar, que se dice nacer alrededor o cerca del nacimiento del río Betis y Guadiana el menor” (p. 66v-67r)28.

De este Julián Pérez dice Rus Puerta (f. 5v) que fue arcipreste de la Iglesia de santa Justa de Toledo, donde vivía como vicario cuando Alfonso VI en 1085 conquistó Toledo. Fue persona de “grande talento”, hombre docto, conocedor de varias lenguas y secretario del primer arzobispo de Toledo. Murió en 1160. Respecto a sus obras, Rus Puerta comenta que “han sido siempre estimadas de los hombres doctos” (p. 6r)29. El texto del falsario Julián Pérez fue editado por primera vez en 1628, aunque había sido divulgado de forma manuscrita desde finales del siglo XVI30.

La referencia al Tajo Parnaso o Tago Parnaso como nombre antiguo del río que rodea Cástulo también se encuentra en otro historiador regional de Jaén muy importante, Martín Jimena Jurado. En su influyente obra Catálogo de los obispos de las iglesias catedrales de Jaén y anales eclesiásticos de este obispado (Madrid, 1654), dice que la población de Cástulo, “como se ve por sus grandes ruinas, se dilataba por espacio de media legua, pasando por medio de ella el río Guadalimar, llamado antiguamente Tago Parnaso” (p. 191). Y añade que en ese lugar se encuentra una inscripción romana en la que se menciona el camino llamado “de la Fuente Cabalina”, fuente, a la que, recordemos, ya se había referido Ambrosio de Morales, pero sin indicar que se encontrase en una inscripción.

La inscripción (falsa) que menciona Jimena Jurado relativa a la Fuente Cabalina cercana a Cástulo es, a nuestro juicio, el último eslabón en el largo desarrollo de noticias y lecturas particulares que ha tenido la historia mítica de la Cástulo griega inventada muchos siglos atrás por el poeta latino Silio Itálico. En este sentido, el testimonio más sobresaliente es el del mencionado cronista de Jaén Rus Puerta. En un pasaje de su obra de 1646 Corografía antigua y moderna del reino y obispado de Jaén no sólo da cuenta de la información procedente de Silio Itálico y Ambrosio de Morales, sino que añade y ensambla en un mismo texto las nuevas noticias relativas al Tajo Parnaso y la inscripción de la Fuente Caballina. Dice así:

“En el valle de los Fontanares, arriba de Cástulo y bajo de Linares, donde se ven algunas fuentecillas, cuya agua se conducía a la ciudad, se halló un sepulcro tapado con una losa grande que hoy está en Nuestra Señora de Linarejos, y a la cabecera una basa con la inscripción siguiente […] La basa, después, hecha pedazos, la pusieron en una pared de un molino que allí se hacía, que en castellano dice así: Memoria consagrada a los dioses de los difuntos, Lucio Alexandro Aquilino está aquí enterrado, junto del camino de la Fuente Cabalina. Séate la terra liviana. A éste, el Concejo de Cástulo le decretó lugar de sepultura, el gasto del entierro y un razonamiento en su alabanza. Parece que a la fuente, cuya agua conducían a la ciudad los focenses que la fundaron, le pusieron el nombre de Cabalina, como a la ciudad el de Cástulo, en memoria de la Fuente Castalia, que llamaron también Pegasea y Cabalina, porque según sus fábulas había reventado de haber cavado con la mano el caballo que llamaron Pegaso, que decían haber tenido alas con que volaba por el aire. También al río que bañaba la ciudad la llamaron Tajo Parnaso, en memoria del monte de este nombre tan celebrado y venerado de ellos” (Rus Puerta, 1998, 66-67).

A modo de conclusión, podemos señalar que el relato mítico sobre el origen griego del nombre de Cástulo y su relación con la fuente Castalia había partido del poeta de época flavia Silio Itálico para ser retomado por humanistas españoles como Antonio de Nebrija y Ambrosio de Morales. Conforme fue avanzando el siglo XVI esta leyenda antigua se fue transformando con la incorporación de noticias pintorescas por parte de los cronistas del entorno local de Jaén. Estos autores, que toman casi al pie de la letra el texto fabuloso de Silio Itálico, sitúan en el territorio de Cástulo la fuente Castalia y el llamado Tajo Parnaso e identifican el caballo Pegaso como símbolo de la ciudad31. De esta forma, llevados por un afán de legitimación del ilustre pasado de ese territorio, fueron capaces de reinventar o reinterpretar el mito antiguo de Cástulo adaptándolo a la nueva realidad de su época. La legendaria Cástulo parnasiana cantada por Silio Itálico siguió, por tanto, brillando con sus enseñas distintivas también en el siglo XVII.

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1 Sobre los Punica de Silio Itálico véanse en especial las introducciones de la edición latina de P. Miniconi y G. Devallet (Silius Italicus, 2021), así como la traducción de J. Villalba (Silio Itálico, 2005). Muy importante es también el comentario de Spaltenstein, 1986 y la obra conjunta de Augoustakis, 2010.

2 Como bien apunta J. Villalba (Silio Itálico, 2005, 61 y 572, n. 38). Cf. Mayorgas, 2017.

3 Para el texto latino de Punica seguimos la edición de Silius Italicus, 2021. Para la traducción al español, la edición de Silio Itálico, 2005. Para estos versos tiene especial interés el comentario de Spaltenstein, 1986, 189-191.

4 La traducción “hija” no se ajusta del todo al sentido de sanguis del texto latino. Sería preferible traducir como “descendiente” (Spaltenstein, 1986, 189).

5 Pausanias, Descripción de Grecia, X, 37, 4 y 8; Estrabón, Geogr. IX, 3, 1 y 4.

6 El testimonio de Asclepiades nos es conocido gracias al geógrafo griego Estrabón, que habla de ello en el capítulo dedicado a la fundación griega de ciudades de Hispania (Geogr. III, 4, 3). Sigo a J. Gómez Espelosín en su traducción y comentarios de Estrabón, Geografía de Iberia, Madrid, Alianza Editorial, 2007, pp. 229-232 y 320.

7 La propuesta de Varrón la conocemos gracias al testimonio de Plinio (Nat. Hist. III, 3, 8), que dice así: In uniuersam Hispaniam M. Varro peruenisse Hiberos et Persas et Phoenicas Celtasque et Poenos tradit. Lusum enim Liberi patris aut lyssam cum eo bacchantium nomen dedisse Lusitaniae et Pana praefectum eius uniuersae.

8 Reproduce el texto Ruiz de Elvira, 1999, 178, donde se ofrece el resto de testimonios.

9 Así lo cuenta Pausanias en el libro dedicado a la Fócide (Lib. X, 8, 9): “Paníasis, hijo de Poliarco, que escribió una epopeya relativa a Heracles, dice que Castalia fue una hija de Aqueloo. Efectivamente dice acerca de Heracles: ‘El nevado Parnaso con sus veloces pies cruzando / llegó al agua inmortal de Castalia, hija del Aqueloo” (Pausanias, Descripción de Grecia (Libros VIII-X). Traducción y notas M. C. Herrero Ingelmo. Madrid, Gredos, 1995, 283-284.

10 Grimal, 1981, 90, s. v. Castalia, que ofrece esta versión y las arriba mencionadas.

11 Por ejemplo, Virgilio, Geórg., 3, 293; Ovidio, Amores I, 15, 35; Marcial, Epigr., IX, 18, 8.

12 Véase Blázquez Martínez, 1965 y Martínez Aguilar, 2000.

13 Véase Correa Rodríguez, 2016, 271-271, s. v. Castulo.

14 Sobre este asunto véanse también los testimonios aportados por Sánchez León, 2011, 67-74.

15 Sobre el descubrimiento y popularidad de Silio Itálico en el Humanismo véanse los estudios de Frances Muecke y William Dominik en Augoustakis, 2010, 401-242 y 425-447.

16 Para el texto y estudio de este poema sigo a Jiménez Calvente, 2010, 77-95.

17 La cita se encuentra en el libro primero, capítulo segundo, que lleva por título “De la primera invención de las letras y de dónde vinieron primero a nuestra España”.

18 Sigo la edición de Bonmatí Sánchez; Álvarez, 1992, 101-102, actualizando la grafía del texto.

19 Sigo la traducción española de Bonmatí Sánchez; Álvarez, 1992, 123. Sobre las Décadas de Nebrija véase también Bonmatí Sánchez; Álvarez, 1992, 61-63.

20 Ocampo, 1578, Libro cuarto, cap. 31, f. 164v.

21 “Florián de Ocampo dejó dicho tanto del sitio, de la fundación, del nombre y de otras cosas de esta ciudad de Castulo, que a mí me quedó poco que pudiese aquí tratar de ella, sino es repitiendo lo que él tiene ya muy bien escrito. Esta ciudad es cosa averiguada que estuvo en aquel sitio que ahora llaman Cazlona, reteniendo algo del nombre antiguo” (Morales, 1792, Primera parte, 207-208).

22 Morales, 1792, Primera parte, 211-212.

23 Para las referencias de Pegaso y las fuentes Hipocrene véase Grimal, 1981, s. v. Pegaso e Hipocrene, así como Ruiz de Elvira, 2015, 553-554, que recoge tres versiones diferentes. Según Pausanias (Descripción de Grecia, Lib. IX, 31, 3), la de Hipocrene la hizo brotar el caballo de Belerofontes cuando golpeó con su casco la tierra. Eratóstenes (Catasterismos, 18, “Caballo”) también sostiene que fue el caballo Pegaso (al igual que Higino, Astronomía, II, 18).

24 Argote de Molina, en su célebre libro Nobleza de Andalucía (Sevilla, 1588), sigue fielmente el texto de Morales al ocuparse de Cástulo en el Libro primero, p. 14, del capítulo 14 (“De las ruinas de Cástulo, que hoy se ven en el sitio llamado Cazlona, y de su nombre y fundación”) (Argote de Molina, 1588).

25 En su obra Santos y santuarios del obispado de Jaén y Baeza, Madrid, Domingo García y Morrás, 1653, p. 369 (Bilches, 1653).

26 Sobre los cronistas anticuarios de Jaén del siglo XVII véase Mozas Moreno, 2018.

27 Para otros testimonios véase en especial Sánchez León, 2011, que presta atención particular al entorno de Linares.

28 Rus Puerta emplea la denominación “Tajo Parnaso” en más ocasiones. Por ejemplo: “Tiene este reino de Jaén al oriente el nacimiento del río Guadalimar, llamado de los antiguos Tajo Parnaso” (f. 6r) o “el famoso Tajo Parnaso o Guadalimar” (f. 8v).

29 Acerca de Julián Pérez y los llamados falsos cronicones véase Godoy Alcántara, 1868, 199-203.

30 El título de la obra es Iuliani Petri archipresbyteri S. Iustae chronicon, cum eiusdem adversariis et de eremiteriis hispanis brevis descriptio atque ab eodem variorum carminum collectio ex bibliotheca Olivarensi (París, 1628). La cita empleada por Rus Puerta se encuentra en el apartado del cronicón titulado Adversaria, concretamente en el comentario número 340, p. 76.

31 Véase Mozas Moreno, 2018, 390-391.