Miscelánea

water and landscape
AGUA y TERRITORIO

Mujeres mazahuas en el trasvase Cutzamala: desafíos a la expoliación y exclusión hídrica

Mazahua women in the Cutzamala transfer: challenges to water plundering and exclusion

Acela Montes de Oca-Hernández

Universidad Autónoma del Estado de México
Toluca, México
amontesdeocah@uaemex.mx

ORCID: 0000-0001-6331-3555

Información del artículo

Recibido: 28/05/2024
Revisado: 01/04/2025
Aceptado: 02/04/2025
Online: 27/03/2026
Publicado: 10/04/2026

ISSN 2340-8472

ISSNe 2340-7743

DOI 10.17561/at.30.8965

cc-by

© Universidad de Jaén (España)

RESUMEN
En 2004, las mujeres mazahuas demandaron agua mediante movilizaciones en la planta potabilizadora Los Berros, una de las obras hidráulicas más grandes de su tipo en América Latina, ubicada en el estado de México, que forma parte del trasvase Cutzamala. Pero ¿cuál ha sido el papel de las mujeres mazahuas para obtener agua antes, durante y después de dicho trasvase? En este artículo se valora precisamente su participación frente al despojo hídrico. Desde la ecología política, antropología ambiental y ecofeminismo, se enfatiza el contexto en que las mujeres mazahuas acceden al agua en su etnoterritorio. Mediante entrevistas, trabajo de campo y mapeos participativos se precisa que, pese a las demandas colectivas de las mujeres mazahuas, el acceso al agua a nivel territorial es cada vez menos asequible, no es salubre ni suficiente y es altamente disputado tras el trasvase.

PALABRAS CLAVE: Cultura, Participación colectiva, Etnoterritorio, Ecofeminismo.

ABSTRACT
In 2004, Mazahua women demanded water through demonstrations at Los Berros, a water treatment plant, one of the largest hydraulic works of its kind in Latin America, located in the State of Mexico, which is part of the Cutzamala transfer. But what has been the role of Mazahua women in obtaining water before, during and after the said transfer? This article precisely values their participation in the face of water dispossession. From political ecology, environmental anthropology and ecofeminism, the context in which Mazahua women access water in their ethnoterritory is emphasized. Through interviews, field work and participatory mapping, it is specified that, despite the collective demands of Mazahua women, access to water at the territorial level is increasingly less affordable, is neither healthy nor sufficient, and is highly disputed after the transfer.

KEYWORDS: Culture, Collective participation, Ethnoterritory, Ecofeminism.

Mulheres Mazahua na transferência de Cutzamala: desafios à pilhagem e exclusão da água

RESUMO
Em 2004, as mulheres Mazahua exigiram água através de manifestações na estação de tratamento de água “Los Berros”, uma das maiores obras hidráulicas do género na América Latina, localizada no Estado do México, que faz parte da transferência de Cutzamala. Mas qual tem sido o papel das mulheres Mazahua na obtenção de água antes durante e depois da referida transferência? Este artigo valoriza justamente a sua participação diante da espoliação da água. Da ecologia política, da antropologia ambiental e da ecofeminismo, enfatiza-se o contexto em que as mulheres Mazahua acessam a água em seu etnoterritório. Através de entrevistas, trabalho de campo e mapeamento participativo, especifica-se que, apesar das reivindicações colectivas das mulheres Mazahua, o acesso à água a nível territorial é cada vez menos acessível, não é nem saudável nem suficiente, e é altamente disputado após a transferência.

PALAVRAS-CHAVE: Cultura, Participação coletiva, Etnoterritório, Ecofeminismo.

Femmes Mazahua dans le transfert de Cutzamala: les défis du pillage de l’eau et de l’exclusion

RÉSUMÉ
En 2004, les femmes de Mazahua ont réclamé de l'eau en manifestant à l'usine de traitement d'eau « Los Berros », l'une des plus grandes installations hydrauliques de ce type en Amérique latine, située dans l'État de Mexico, qui fait partie du transfert de Cutzamala. Mais quel a été le rôle des femmes Mazahua dans l’obtention de l’eau avant, pendant et après ledit transfert? Cet article valorise justement leur participation face à la spoliation de l’eau. De l'écologie politique, de l'anthropologie environnementale et de la écoféminisme, le contexte dans lequel les femmes Mazahua accèdent à l'eau dans leur ethnoterritoire est souligné. A travers des entretiens, des travaux de terrain et des cartographies participatives, il est précisé que, malgré les revendications collectives des femmes de Mazahua, l'accès à l'eau à l'échelle territoriale est de moins en moins abordable, ni sain, ni suffisant, et très contesté après le transfert.

MOTS-CLÉ: Culture, Participation collective, Ethnoterritoire, Écoféminisme.

Donne Mazahua nel trasferimento di Cutzamala: sfide al saccheggio e all’esclusione dell’acqua

SOMMARIO
Nel 2004, le donne Mazahua hanno chiesto acqua attraverso manifestazioni presso l’impianto di trattamento delle acque “Los Berros”, una delle più grandi opere idrauliche del suo genere in America Latina, situato nello Stato del Messico, che fa parte del trasferimento di Cutzamala. Ma quale è stato il ruolo delle donne Mazahua nell'ottenere l'acqua prima, durante e dopo tale trasferimento? Questo articolo valorizza proprio la loro partecipazione di fronte all’esproprio dell’acqua. Dall'ecologia politica, dall'antropologia ambientale e dalla ecofemminismo, viene enfatizzato il contesto in cui le donne Mazahua accedono all'acqua nel loro territorio etnico. Attraverso interviste, lavoro sul campo e mappatura partecipata, si precisa che, nonostante le rivendicazioni collettive delle donne Mazahua, l’accesso all’acqua a livello territoriale è sempre meno accessibile, non è né salutare né sufficiente, ed è fortemente contestato dopo il trasferimento.

PAROLE CHIAVE: Cultura, Partecipazione collettiva, Etnoterritorio, Ecofeminismo.

Introducción

El término trasvase proviene del latín vulgar passāre, derivación del latino passus “paso”, alude a pasar algo. Es una palabra relacionada con los términos atravesar, ceder, transgredir, quebrantar, transferir o exceder al llevar algo de alguien1. Secundamos la versión donde se indica que los trasvases son dispositivos sociotécnicos que priorizan factores financieros, tecnológicos, políticos e institucionales. Además de ello, señalamos que los trasvases abaten paisajes hídricos de relevancia biológica, cultural y ambiental, invisibilizan a los comités autogestivos del agua y de sobremodo excluyen a las mujeres, figuras importantes en el uso doméstico y potable de las aguas trasvasadas. En un estudio de 170 proyectos de trasvase en distintos países, los resultados indicaron que, en naciones desarrolladas, más del 80 % del agua trasvasada entre cuencas fue para dotar de agua potable a la población. Este dato es perturbador si consideramos que la proyección mundial de crecimiento poblacional es al alza y con los mayores contrastes2.

Trasvasar aguas de una cuenca a otra ha estado presente en gran cantidad y variedad de países; son prácticas registradas desde la antigüedad 3. La demanda de usos de las aguas trasvasadas es variada, por ejemplo: en el sureste de España se documenta que el origen del trasvase Tajo-Segura (TTS) se remonta al siglo XIV4, pero hasta 1979 no se ven finalizadas las obras para abastecimiento de riego y doméstico. En China han surgido tres proyectos de trasvase en dirección sur-norte de escala faraónica, desde el río Yangtsé al río Amarillo para riego, consumo humano y doméstico5. En Chile, con la sequía de 1717, comenzaron las discusiones sistemáticas para el proyecto de trasvase de las aguas del río Maipo al río Mapocho, la obra comenzó a funcionar parcialmente desde el 20 de agosto de 1820; se trata de uno de los proyectos hidráulicos de mayor envergadura del siglo XVIII para el suministro de agua potable, urbana y para riego. En la región oriental de Sudáfrica, durante la década de 1960, el Estado construyó el mayor trasvase intercuenca que permitió el suministro de agua a las centrales térmicas de carbón de la Electricity Supply Corporation (ESKOM), situadas cerca de los yacimientos de carbón6. Los trasvases en México se iniciaron muy temprano, ya que desde la construcción de sucesivos drenajes del Valle de México en el siglo XVII se logró trasferir las aguas de los grandes lagos de una cuenca endorreica a otra cuenca exorreica7. El caso del trasvase Cutzamala es la obra de infraestructura hidráulica, construida en territorio mazahua del centro occidente del estado de México, más importante de finales del siglo XX; aportando desde la década de los ochenta al menos 16 metros cúbicos de agua por segundo a los habitantes de la Ciudad de México8.

Como marco disciplinar, la ecología política permite cuestionar aquellos poderes de instituciones políticas y económicas cuyas acciones amenazan las funciones del planeta y a los grupos marginados debido a las injusticias ambientales9. La ecología política del agua nos ayuda a interrogar por qué y con qué consecuencias los flujos naturales del agua se encuentran unidos con flujos sociales de capital y poder10. El tema del poder social ha sido frecuentemente relacionado con los hombres porque han sido ellos quienes negocian con el Estado, otros individuos, diversos grupos sociales y la comunidad, pero no hay que perder de vista que dicha forma de poder masculinizado desestima el accionar y decir de las mujeres. Ellas han sido poco visibles en la gestión del agua, gestándose multidespojos en lo doméstico, local y territorial. Empero, para las mujeres, las prácticas, acciones y conocimientos han sido la vía para denunciar las restricciones, competencias y desigualdad en la disposición del agua.

Advertimos que el presente estudio no se realiza bajo el binomio mujeres y agua, por la adjudicación de responsabilidades históricas relacionadas con su condición maternal hacia la naturaleza. Se observa más bien desde el ecofeminismo. Al respecto, García-Alén y Lores11 explican que dicha corriente de pensamiento, a pesar de estar en continua elaboración y discusión, constituye un enfoque necesario ético, político y técnico para dar respuesta a los problemas globales que el nuevo paradigma planea. Enfocarnos en diversas epistemologías del ecofeminismo como el clásico12, espiritualista o de la sobrevivencia (coparticipación de hombres y mujeres)13 y constructivista14 nos apoya para reflejar, por un lado, las injusticias ambientales, políticas y culturales que acontecen a las mujeres y, por otro, sus respuestas para acceder al agua potable.

Aproximarnos al agua y las mujeres mazahuas no puede hacerse sin mencionar el expolio a su cultura y territorio. Por ello, la propuesta del ecofeminismo de Shiva15 es una ruta de ayuda para indicar que el despojo no se explica únicamente por factores culturales o privación material, sino que resulta del desposeimiento y la privación, producto de modelos capitalistas y patriarcales; en este caso nos referimos al trasvase Cutzamala. Por ello, desde una perspectiva multidisciplinar, se identifica la participación de las mujeres mazahuas frente a la política del trasvase, para finalmente analizar su papel en la provisión de agua a sus hogares, además del proceso de participación colectiva frente a las máximas autoridades del agua en México: la Comisión Nacional del Agua y el Gobierno federal.

Metodología

Iniciamos con la indagación documental en fuentes hemerográficas y bibliográficas respecto al proyecto del trasvase y el proceso del movimiento de mujeres mazahuas. Además, solicitamos permiso a las autoridades para incursionar en la planta Los Berros con el objetivo de conocer la megaobra hidráulica; en ello fue evidente la decisión del personal gerencial de canalizarnos con un técnico que, apresuradamente, priorizó en aspectos de manejo tecnológico para depurar el agua.

Para la obtención de datos, utilizamos la metodología cualitativa centrada en el método de la etnografía clásica durante dos años, 2022-2023, en periodos intersemestrales, que coincidieron con la época de lluvias y de sequía. Durante la época de sequía, fue posible observar la mayor presencia de mujeres en los ríos, arroyos y pozos, así como los acarreos de agua de estas últimas fuentes, además de la presencia constante del servicio de pipas privadas. En épocas de lluvia, se prestó atención a la importancia de las aguas pluviales en el hogar, sin que ello disminuyese la carga laboral de mujeres y niños en busca de agua potable.

Se eligieron aquellas comunidades mazahuas que resaltaban en la literatura como afectadas por el desbordamiento del río Malacatepec, proveniente de la presa Villa Victoria. La primera fase de acercamiento con las mujeres, denominadas “comandantas” del movimiento mazahua, fue a través de otras mujeres dispuestas a platicar sobre la falta de agua en sus hogares e incluso ir con nosotras al domicilio de las lideresas. La edad promedio de las entrevistadas fue de 65 años, cuya selección obedeció a los siguientes factores: disposición al diálogo, presencia permanente en el movimiento, lideresas de su comunidad y/o integrantes de la comitiva para acudir con autoridades de diversos niveles de gobierno. Fueron en total 35 mujeres entrevistadas de las comunidades de Salitres del Cerro, Loma de Juárez y San Felipe-Santiago del municipio de Villa de Allende.

La segunda fase de contacto con las mujeres incluyó a las más jóvenes, con edades de 30 a 40 años, que acuden a lavar al río y arroyos; si bien ellas no participaron directamente en el movimiento, sí se quedaron al cuidado de la casa, los hermanos y/o animales. En total, 25 mujeres nos encaminaron hacia los pozos a donde acuden por el agua de uso potable. En un tercer momento, se pidió a los hombres que formaron o formaban parte del comité de aguas autogestivo que plasmaran en un trozo de papel las fuentes y líneas de las cuales las viviendas obtienen el agua, para triangular información. Además, los mapas participativos donde se incluyó la información proporcionada por hombres, mujeres y comandantas nos apoyaron para el conocimiento del territorio afectado por el trasvase Cutzamala, también para amplificar los espacios de los cursos del agua y así comprender las limitaciones que las mujeres tienen en el acceso al agua.

La guía de entrevistas estructuradas incluyó un total de 14 preguntas, relacionadas con la motivación de las mujeres para ser partícipes del movimiento, seguido de los permisos y el apoyo en la familia para acudir a reuniones y plantones, el cambio en sus rutinas hacia el cuidado del hogar y el trabajo, el trato recibido por parte de las instituciones y la comunidad, las pérdidas y ganancias del movimiento; la duración de las entrevistas fue de cuarenta minutos a una hora. Las conversaciones fueron realizadas en los domicilios de las mujeres, así como en el río, el lugar al que acudían por agua para beber o cuando estaban cuidando sus ovejas.

Etnoterritorio mazahua

Fray Bernardino de Sahagún describe que los mazahuas tenían las mismas costumbres que los del Valle de Matlatzinco, considerándolos una derivación de los otomíes, porque ambos provienen de los chichimecas16. Comprender la historia de la población mazahua que se encuentra asentada en un territorio continuo, que va de la parte suroeste al noroeste del estado de México, implica revisar la relación que estos grupos humanos han tenido con montañas, tierra, territorio, cultura y agua.

Así, es conveniente referir al término etnoterritorios; en ellos, de acuerdo con los estudios de Barabas17, destacan elementos históricos, identitarios, culturales y/o simbólicos. El etnoterritorio mazahua pertenece a la zona noroeste del estado de México, México. Comprende siete municipios, seis de los cuales pertenecen al estado de México y uno al estado de Michoacán. El trabajo se realizó en dos municipios con población mazahua, que son: Villa de Allende y Villa Victoria (Figura 1). En el municipio de Villa de Allende se construyó la presa potabilizadora Los Berros y en el municipio de Villa Victoria se encuentra la presa Villa Victoria, cuya agua es conducida a la planta potabilizadora.

Figura 1. Municipios comprendidos en el trasvase Cutzamala, 2024

Figura 1. Municipios comprendidos en el trasvase Cutzamala, 2024

Fuente: elaboración propia con datos de Conabio, 2024.

Las mujeres mazahuas. Breve contexto familiar

El hogar mazahua de comunidades de Villa de Allende circunda alrededor de las personas mayores y los padres; ellos son los encargados de transmitir valores, tradiciones, costumbres y lengua a sus descendientes. Las adultas y ancianas trabajan en labores domésticas, atienden a los pequeños, se afanan en el cuidado de animales domésticos y labores de pastoreo, tejen y enseñan a bordar a las niñas y jóvenes, confeccionan sus vestimentas tradicionales, recolectan leña, acarrean y almacenan el agua, venden sus tejidos mazahuas, siembran y cosechan la milpa18—un sistema de policultivos mesoamericano donde domina la planta del maíz (cereal) y cuya semilla se consigue año con año mediante el conocimiento tradicional de selección de granos de la cosecha anterior—. Las jóvenes adultas y adultas maduras participan en las asambleas comunitarias, además, algunas de ellas asumen cargos dentro y fuera de su comunidad (comité de agua potable, escuela, delegadas municipales, mayordomas).

Los jóvenes, con frecuencia, al culminar la instrucción media (secundaria) y por razones de trabajo, migran a las ciudades cercanas. El sistema familiar está organizado en familias nucleares y extensas, con jefaturas masculinas y femeninas. En este escenario, las mujeres y los infantes tienen, diariamente, el deber de proveerse del agua para realizar sus faenas domésticas. La llegada de la planta potabilizadora Los Berros a la comunidad de Los Berros, municipio de Villa de Allende, detonó el empleo en las comunidades aledañas. Entre los beneficios que recuerdan algunas familias con esta obra fue que a los hombres les ofrecieron trabajo como albañiles, choferes y ayudantes para la construcción de la planta. Luego, cuando dieron inició las operaciones, como asalariados. Algunos de los primeros trabajadores ahora son jubilados y sus hijos los han suplido en el trabajo.

El trasvase Cutzamala e inicios del descontento en comunidades mazahuas

El 3 de agosto de 1982, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH), mediante el oficio 401.20-5974, solicitó la expropiación de una superficie de 56 hectáreas, 48 áreas y 73 centiáreas de terrenos pertenecientes al poblado Mesas de San Martín, municipio Villa Allende, estado de México. Lo anterior, considerando que los terrenos antes mencionados eran del régimen de propiedad ejidal y que la construcción de estas obras obedeció a una causa de utilidad pública, comprendida dentro de lo preceptuado por la fracción VIII del Artículo 112 de la Ley Federal de Reforma Agraria (LFRA). Al auspicio de dicha Ley, se promovió la expropiación de tierras agrícolas y forestales para dar cumplimiento a lo establecido en el artículo 343 de la misma ley y destinarlas a la construcción de la obra hidráulica denominada Sistema Cutzamala. La obra la realizaría la Comisión de Aguas del Valle de México, y se indicó que en el programa de obras que ejecutaría el Gobierno federal, por conducto de la Comisión de Aguas del Valle de México (CAVM, dependencia desconcentrada de esta Secretaría), estaría considerado para el suministro de agua potable del Área Metropolitana de la Ciudad de México y poblaciones asentadas en la cuenca del Valle de México, para dar cumplimiento a los objetivos señalados por la SARH en el Decreto del Poder Ejecutivo Federal, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 18 de agosto de 1972.

A fin de satisfacer la creciente demanda de agua en el Área Metropolitana de la Ciudad de México, se construyó la obra hidráulica denominada Sistema Cutzamala, en la que se incluyó también la construcción de un vaso de almacenamiento en el Valle del Río Salitre de lo que se denominó caudales sobrantes19 o aguas no utilizables [cursiva propia] que se producirían en la planta potabilizadora, la cual formaría parte de ese sistema. Desde 1982 hasta 2003, el Sistema Cutzamala operó sin ningún tipo de reclamo social. Para el año 2003, la relativa pasividad de la población se interrumpió. Haciendo un breve contexto del proceso de reclamaciones de mujeres mazahuas hacia el Estado, por temas de agua, indicamos lo siguiente:

• Fase I. En septiembre de 2003, más de 300 hectáreas con sembradíos de maíz, establecidas en el margen del río Salitre, fueron inundadas cuando la presa de Villa Victoria alcanzó su máximo llenado. Esas tierras pertenecían a habitantes de las comunidades de Salitre del Cerro, Los Berros, El Jacal, Soledad del Salitre, San Isidro, Mesa de San Martín y San Felipe Santiago, todas ellas del municipio de Villa de Allende. Los afectados acudieron con sus delegados y comisariados ejidales para que desde la presidencia municipal se pidiera a la Comisión Nacional del Agua les pagara por la pérdida de sus cosechas.

• Fase II. A inicios de octubre de 2003, los delegados municipales y los afectados se reunieron con la presidenta municipal de Villa de Allende para que el Gobierno estatal les apoyara en sus demandas, pero no obtuvieron respuesta. A decir de algunas de las comandantas del movimiento mazahua, “la Lilia [presidenta municipal], siendo ella mujer, nos llamó impostoras de la vestimenta y el lenguaje”20.

• Fase III. Durante octubre de 2003, los delegados municipales, comisariados ejidales y afectados acudieron a la planta potabilizadora Los Berros para hablar con el gerente de la Comisión Nacional del Agua. Dichas autoridades se deslindaron del problema, indicándoles que no procedían sus demandas, pues esos terrenos estaban dentro del cauce del río21. Dado que la autoridad municipal, la gerencia regional y el Gobierno estatal no tuvieron la capacidad de resolver las demandas sentidas de los afectados, el movimiento escaló a nivel de Gobierno federal. Algunos afectados decidieron solicitar apoyo legal en sus demandas y contrataron a un asesor.

• Fase IV. De noviembre de 2003 a febrero de 2004, se llevaron a cabo reuniones en las comunidades con la participación mayoritaria de hombres, que demandaban el pago por sus tierras afectadas, y algunas mujeres que carecían de agua potable. En dichas solicitudes, un grupo de mujeres y hombres acudía algunas horas, e incluso se quedaban varios días afuera de la planta potabilizadora, para exigir que fueran escuchados, pero no eran atendidos por ninguna autoridad y tampoco se les tenía en cuenta.

Dicho proceso de reclamaciones se detuvo en el año 2005, cuando el Gobierno federal envío apoyos “provisionales” a las comunidades e inició el pago de las tierras a los afectados. Y para ese mismo año, el Banco Mundial, en conjunto con la Comisión Nacional del Agua, llevaron a cabo un diagnóstico del Sistema Cutzamala. La institución financiera indicó que las subcuencas donde habitaban dichos mazahuas eran suficientes para sostener tanto el desarrollo de la población de esos lugares como los servicios proporcionados al Valle de México y la zona de Toluca, pero se requería un uso más eficiente22. Así que, mediante un proyecto de financiamiento, el Banco Mundial y la Comisión Nacional del Agua persistían en la defensa del trasvase Cutzamala.

Participación de las mujeres frente al despojo y expoliación gubernamental

La intervención de hombres en las demandas colectivas de restitución de pagos y solicitudes de redes de agua a las comunidades tenía un nulo avance. Fue así como las mujeres entraron en escena e indican lo siguiente: “consideramos que nosotras teníamos más fuerza para exigir, los hombres no habían sido escuchados por el gobierno, nosotros ya no pedíamos que nos escucharan, exigíamos que se cumplieran los compromisos que el Gobierno federal les dijo a nuestras autoridades”.

La exigencia-defensa de las mujeres en sus etnoterritorios no ha sido un tema que resalte en los informes técnicos del trasvase Cutzamala, este hecho ha sido conocido por investigaciones académicas23 y por noticieros. Pero ¿cuál es el sentir de las mujeres en cuanto a la forma de participación colectiva? Partimos de una decisión individual y familiar para comprender el impulso que adquiere la mujer en lo colectivo. Hay que entender que la participación colectiva sucede en un entorno donde el individuo o las personas no se involucran en acciones de este tipo, a no ser que impliquen un incentivo de corto plazo, que no siempre es económico, por ejemplo, el beneficio común de una obra, una mejora de espacios públicos, proyectos productivos, conservación de los bosques, capacitación para ofertar algún servicio, o brindar seguridad en la comunidad. La participación colectiva se entiende como aquella que:

“requiere el diseño de un «ámbito de participación» y la elección de unos o varios métodos. No hay un método más adecuado de participación, sino que cada método responde a la perspectiva y necesidades informativas propias de cada fase del proceso de decisión pública. A su vez, cabe distinguir diferentes ámbitos de decisión además del ámbito macro o de sistema analizado aquí. Así es posible distinguir los ámbitos micro o de individuo, meso o de organización y macro o de sistema. Dependiendo del ámbito en el que deba desarrollarse la participación, unos métodos pueden ser más útiles que otros”24.

El origen de la participación de mujeres demandando agua, pagos por cultivos inundados y apoyos al campo se avivó a través de un singular personaje masculino que fue invitado [no se sabe por quién o quiénes] para asesorar a las comunidades mazahuas afectadas. El hombre en cuestión iba informando que venía del movimiento zapatista de Chiapas, este individuo era conocido como “el licenciado Santiago”, quien asesoraba al grupo social de afectados, mayoritariamente hombres. Ante la falta de atención del gobierno, el licenciado pidió a los hombres que invitaran a las mujeres para fortalecer las demandas. La participación de algunas mujeres implicó la autorización del esposo; aunque él se encontrara fuera del hogar, era necesario que primero hablaran con él (bien el licenciado, bien otras mujeres), solo así, algunas de ellas asistieron a reuniones y, posteriormente, a los plantones en la planta Los Berros y hasta el zócalo o la Cámara de Diputados en la Ciudad de México; en otros casos, las mujeres tomaron la decisión, pese a la negativa del esposo o los hijos. La mayor parte de las mujeres que participaron en el movimiento mazahua dijeron tener el respaldo y apoyo de sus familiares, pero no de la comunidad, donde las veían con recelo, murmuraban e intrigaban.

Las mujeres, frecuentemente viudas o solteras, asumieron la decisión de ser partícipes de las demandas sin consultarlo con algún familiar, únicamente informaron a los hijos e hijas que irían a defender el agua de su territorio, motivadas por la defensa del agua y porque, indican, “me gusta participar en cosas que beneficien a mi comunidad” y “ya estaba cansada de acudir al río a lavar y en ir con mis burros por agua hasta el pozo”. Poco a poco se sumaban más y más mujeres, al inicio solo eran dos o tres quienes se reunían, finalmente llegaron a contabilizarse 50 y hasta 100 en cada comunidad. La decisión de ser parte de un movimiento de corte colectivo fueron las promesas de que se les pagarían las afectaciones de tierras y construirían en cada comunidad una red de agua (pedían que el agua entregada fuera del manantial que quedó dentro de la planta potabilizadora, denominado por la gente como “El cuartito”) para usos domésticos.

A inicios del año 2004, el entonces presidente Vicente Fox recibió en la residencia oficial Los Pinos a una comitiva de mujeres mazahuas, además del representante legal y el líder. Las mujeres mazahuas comentaron lo siguiente: “ahí conocimos, ¿verdad? a la señora Martha Sahagún, esposa del presidente, y a la Xóchitl, ellas nos veían de arriba a abajo, hablaban bajito, pero se escuchaba que nos decían indias. La señora Sahagún nos dijo que estábamos pidiendo demasiado”. En este pequeño discurso, donde las mujeres entrevistadas relatan el trato que recibieron, resalta un tema constante: la discriminación de mujeres mazahuas por mujeres con relativo poder en el Gobierno federal.

Fue a finales del año 2004 y principios de 2005 cuando empezaron a llegar los apoyos a las comunidades, se logró que los caminos de terracería se encementaran, les dieron proyectos de invernaderos, capacitaron a algunas mujeres para el cultivo de hortalizas e hicieron entrega de cinco tractores. El otorgamiento de apoyos detonó enojos y división entre las mujeres y hombres de varias comunidades, pues aclaran “la comunidad de San Isidro (comunidad del líder principal) recibió todos los apoyos al campo sin ser ellos mazahuas, solamente pedían permiso para que sus mujeres llevaran nuestros vestidos; solo así los escuchaban”25.

En otros casos, el reparto de apoyos al interior de las comunidades suscitó rencillas, como enseguida se documenta.

“Miré, yo no podía ir a los plantones porque mi esposo y yo estamos enfermos y ya éramos grandes, mis demás familiares si fueron, pero yo les cooperaba, pasaban y me decían que iban a ir a México y ya les hacía un chiquihuite de tortillas, comida o compraba refrescos y les daba; dinero sí nunca les di porque no tenía, apenas y me alcanzaba. Y mire, aquí en mi calle no pasó la red de agua del Cutzamala, mis vecinos sí les alcanzó y ellos no cooperaban, ¿cree que eso es justo?”26.

Del mismo modo detallan lo siguiente: “mientras unas mujeres andaban en la lucha, otras más nos estaban capacitando para cultivar hortalizas, también nos apoyaron con invernaderos; creemos que el gobierno fue mañoso y aquí nos tenía para evitar que fuéramos y nos uniéramos a las demás mujeres, porque una vez que acabaron los plantones ya nunca vinieron a vernos”27. Durante el movimiento mazahua, en las constantes solicitudes y demandas resalta el señor Manuel Araujo, originario de la comunidad de San Isidro, a quien se le atribuye, además del liderazgo del movimiento, la fracción de este y posteriores movimientos para solicitar que se cumplieran a cabalidad los acuerdos firmados entre la Secretaría de Gobernación y el Gobierno federal en 2004 y 2005. La participación de dicho personaje culmina con su fallecimiento, por enfermedad, en el año 2020.

En el hinterland de conflictos entre los hombres dirigentes del movimiento mazahua, las mujeres asumieron el cargo de comandantas. El número de ellas varió entre ocho y once, pero resalta su labor de apoyo, valentía y compromiso que hasta hoy en día es reconocido en las mujeres jóvenes que las respaldaron. Ellas asumieron los roles de instruir a las demás mujeres para sentirse orgullosas de su cultura, lengua, vestimenta, artesanía mazahua y no tener temor a la discriminación, levantar la voz, no tener miedo porque, como ellas dicen, “nada malo hacíamos, mostramos valor para defendernos de los ataques de los ladinos”. En otra narrativa las mujeres indican

“Al principio, cuando realizamos los primeros plantones, los soldados nos corrían y nos decían ‘pinches indias’, que nos regresáramos a la casa donde teníamos mucho quehacer y no estuviéramos perdiendo el tiempo ahí, era mucho el sufrir y aguantar las groserías de esos hombres armados, pero ya después como íbamos cada tercer día ya no nos decían nada, porque les dijimos que los íbamos a demandar si nos hacían algo, por eso, unos nos miraban con odio, así, muy feo, otros nos ignoraban, pero ya [no] nos insultaban. Cuando llegábamos pedíamos hablar con los responsables de la planta potabilizadora Los Berros, para presentarles nuestras quejas y peticiones, pero como no nos hacían caso teníamos que gritar que queríamos agua y llevábamos nuestras cubetas vacías para ver si así nos miraban, en algunas ocasiones para que nos atendieran tuvimos que entrar y simbólicamente cerramos las válvulas principales. En otra ocasión llegamos con antorchas en la noche y nos metimos a la planta, ahí sí cerramos una válvula, después llegó la policía y el ejército; ellos venían por aire y por tierra, eran un montón de granaderos, nos intimidaban y pensaban que nos íbamos a doblegar, pero nosotros no íbamos a pelear con ellos, nos dijeron muchas groserías y solo contestábamos en mazahua, al no saber que les decíamos su cólera no empeoró, de no ser así tal vez no estaría contándole esto”28.

Las comandantas, como las denominó el asesor legal, indican que fueron y son mujeres valientes, pero no violentas, y narran:

“En una ocasión que las mujeres nos quedamos a dormir ahí afuera de la planta Los Berros, una noche los soldados quisieron atacarnos y nosotras prendimos antorchas. Entonces ellos, recuerdo que al ver que estábamos puras mujeres y algunas de nuestras compañeras estaban con sus hijos o nietos, ya no nos hicieron nada. En otra ocasión, uno de los hombres quiso estar al frente de la lucha y para que no lo descubrieran usó nuestra vestimenta, pero cuando los soldados se dieron cuenta le pegaron bien feo, lo golpearon. Al principio, estos mismos soldados nos corrían y nos decían que nos fuéramos a lavar y hacer nuestros quehaceres, pero nosotras no les respondíamos, solo hablábamos en nuestra lengua, en mazahua para que no nos entendieran, llevábamos nuestras costuras y ahí nos sentábamos a tejer, y cuando era tiempo de cosecha, algunas llevaban la mazorca para desgranarla”29.

Las mujeres no acudieron solas, iban en compañía de algunos hombres e infantes, mientras otras mujeres indicaron que los jóvenes, después de regresar de la escuela, les ayudaban con el cuidado de la casa, los animales, la milpa y de sus hermanos pequeños. Por otra parte, el bilingüismo mazahua permite que sus habitantes puedan tratar en secreto temas delicados o que comprometen la seguridad de algo o alguien. Este elemento de identidad implicó que las mujeres de mayor edad fueran quienes asistieran a los plantones y a diversas dependencias gubernamentales, pues las mujeres jóvenes reconocen que dicha lengua se está perdiendo y solamente las abuelas grandes la hablan muy bien, lo que también les ayudó para valorar su idioma. Las mujeres mazahuas poseen múltiples capacidades, una de ellas se gesta en el arte; a través del bordado que llevan cuando asisten a reuniones (escuela, comunidad), despliegan sus talentos y saberes del mundo y el territorio que les rodea (Figura 2).

Figura 2. Mujeres mazahuas tejiendo durante un plantón en la planta potabilizadora Los Berros, del Sistema Cutzamala

Figura 2. Mujeres mazahuas tejiendo durante un plantón en la planta potabilizadora Los Berros, del Sistema Cutzamala

Fuente: portal de noticias Guerrer@SME.

Ellas no pueden prescindir de sus costuras, hilos de colores brillantes y agujas, que fortalecen la relación que tienen con su entorno. Algunas utilizan técnicas tradicionales a base de plantas para brindarle color a sus telas. Tejen fina y cuantiosamente mediante la técnica de punto de cruz. Esas creaciones las mantienen concentradas y, cuando platican de ello, es notoria la felicidad que muestran al realizar un nuevo o difícil bordado. Imaginan, crean y comparten sus técnicas de tejido; en ellos no pueden faltar el agua, plantas y animales. Es difícil ver a una mujer mazahua de la tercera edad sin portar su costura, aun a edad avanzada pueden seguir tejiendo con el talento inigualable que poseen.

Peticiones y quejas de las mujeres durante los plantones

Las peticiones del agua en pueblos mazahuas, al igual que en otros colonizados, pertenecen a un ámbito de sincretismo entre lo simbólico de fuerzas sobrenaturales que se dirigen mediante plegarias, fiestas, bailes, rituales y ofrendas. Sin embargo, también reconocen que la falta de agua se debe al despojo, frente al cual no deben guardar silencio.

“Lo que nosotras pedíamos era que nos pagaran por las afectaciones a la comunidad que había hecho el Cutzamala con sus aguas sucias y que los terrenos de maíz ya no servían para sembrar porque estaban sucios. También exigíamos que nos dieran más agua para la comunidad. En uno de los plantones, nosotras cerramos una de las llaves [válvulas] que lleva agua para México y les dijimos que, si no nos daban agua, no nos íbamos a quitar de ahí, aunque nos golpearan. Entonces salió un encargado que dijo ser de la Comisión Nacional del Agua y se comprometió a darnos una red de agua potable para la comunidad, pero que dejáramos la válvula y que ya no fuéramos a realizar plantones en el Cutzamala, para esto nosotras exigimos que se realizara un acta donde la autoridad se comprometía a realizar en el menor tiempo lo que decía, y después de algunos años sí la realizaron, pero esa agua que nos dieron viene muy sucia y huele mucho a cloro”30.

Las mujeres en sus reclamos destacan no solo la restauración económica del daño, exhiben la falta de agua en las viviendas y la calidad con la cual llegó a sus domicilios. Para los asistentes a las marchas y plantones era incomprensible que los gobiernos se llevaran sus aguas desde más de cien kilómetros a las ciudades, sin atender a las comunidades mazahuas que no tenían ni tienen acceso confiable al agua potable; con el incremento de la temperatura, vertido de drenaje domiciliario a los ríos y la continua tala de bosques, el panorama tiende a reducir su acceso. Para que la participación de las mujeres mazahuas fuera conocida a nivel nacional e internacional, ellas recuerdan que el representante legal invitó a un periodista de una televisora mexicana muy reconocida y dicen: “nos cobró bien caro”31.

No fue hasta el año 2004 cuando se inició la firma de convenios entre el Gobierno federal y las comunidades participantes en la lucha. Estar día y noche en la planta potabilizadora las fortaleció como organización, pues entre ellas no se desanimaban, pese a los engaños que las autoridades les hicieron, y revelan:

“Ellos [funcionarios de la Comisión Nacional del Agua, Gobierno federal] firmaron varios convenios en donde se comprometían a apoyarnos, uno de estos convenios se firmó en 2004 que pretendía detonar apoyos para la región como infraestructura hidráulica, caminos, electricidad, proyectos productivos y apoyos a la vivienda, pero todo el dinero que se había proporcionado, para esta causa, se perdió entre el gobierno del estado de México y el municipio de Villa de Allende; desgraciadamente las mujeres no hablábamos con los gobernantes. El asesor legal nos decía qué sí podíamos decir y qué no, por eso nos hartamos de él y le dejamos de pagar sus honorarios, pues cada que quería dinero nos exigía que le diéramos rápidamente una fuerte cantidad y corríamos de casa en casa para juntar el dinero que nos pedía. Ahora que lo platicamos nos lamentamos por no haber levantado la voz y exigir que esos recursos nos llegaran directamente, sí a las comunidades mazahuas afectadas, que no hubiera ningún intermediario. Pero también que la red fuera incrementando con mayor volumen de agua, ahora la población está creciendo y el agua escasea. Aunque también reconocemos que aprendimos a no quedarnos calladas y ya no más en hablar bajito, gritar si era necesario. Nuestra lucha fue conocida en diversos eventos y congresos en la Ciudad de México, una de nuestras compañeras la llevaron a un congreso en Alemania, otras fueron a Perú”32.

La participación de las mujeres mazahuas en las demandas por agua adquirió matices: al inicio, fue solo de presencia y escucha dentro del movimiento por una lucha común; posteriormente, el rol del hombre como negociador se desmitificó al incumplir no solo con promesas, sino con convenios. En ello las comandantas, como les llamaron a las lideresas de cada comunidad, adquirieron mayor presencia.

El río y los acarreos de agua después del movimiento y frente mazahua

Las mujeres mencionan que son de gran ayuda los pozos, los arroyos y el río, pero reconocen que muchos de sus manantiales y pozos se secaron cuando se construyó la planta Los Berros. El caso de la comunidad Salitre del Cerro destaca porque una parte de su población se asienta sobre el cerro, lugar donde, dicen, hay abundante agua, pero sus manantiales brotan hasta la parte baja, así que es necesario bombear el agua, lo que dificulta su acceso. Las ancianas cuentan que antes de que se construyera la presa de Villa Victoria (1950), la parte baja era una laguna, se inundaba, el río era grande y llevaba mucha agua y nunca se secaba. Cuando construyeron la presa, la laguna se secó y padecieron de agua.

“Aquí en Loma de Juárez nunca tenemos agua, ni antes ni después de que se construyera la planta tratadora de agua. Solo a algunas personas les llega, pero por unas horas, y la poca que podemos acarrear con animales no nos alcanza para realizar nuestras necesidades. Para tomarla, tenemos que medir un garrafón que nos alcance para cocinar varios días y los trastes se lavan con muy poca agua, aquí no la desperdiciamos [el agua], se aprovecha hasta la última gota. Batallamos mucho para tenerla, a veces no tenemos ni para cocinar ni para bañarnos, tenemos que bajar al río a lavar la ropa y a bañarnos”33.

En la narrativa de las mujeres, prevalece el esfuerzo que hacen para poseerla, lo relevante es que el agua de esos ríos no es de calidad aceptable, pues en ella también abrevan los animales y se conectan los drenajes de algunas familias, además de la contaminación por prácticas agrícolas. Cuando en las entrevistas se les preguntó a las mujeres qué ganaron y qué perdieron con su participación en el movimiento mazahua de 2003 a 2005, las respuestas fueron las siguientes:

“No ganamos nada, porque seguimos sin tener agua, y tampoco gané nada, al contrario, perdí mi tiempo y mi dinero, hasta me regañaba mi esposo de que nunca me dieron nada por lo que iba a los plantones”. “Solo mandaron algunos apoyos como invernaderos y tinacos, pero todos esos se lo quedaron los/las líderes y sus familiares, no gané nada, no me dieron ni un tinaco”. “Se ganó, aunque sea un poquito de agua para la comunidad, y mi familia también ganó esto, porque mis hijos y mis nietos también tienen agua. “Se perdió mucho tiempo, porque esto fue cosa de muchos años, no fue poco, igual nuestro dinero, porque teníamos que sacar de nuestro bolsillo para recibir el beneficio”. “Yo con mi familia ganamos el agua, al tener cargo como comandanta se puede decir que gané un cargo oficial, no considero que haya perdido nada, todo el tiempo que gastamos en ese movimiento valió la pena, porque si no lo hubiéramos hecho, no tendríamos nada”. “A lo mejor perdimos dinero, porque a veces yo no tenía para acompañar a las compañeras, a veces tenía que vender unos pollitos para ir. En una ocasión me rompí la mano al estar en este movimiento, todos los gastos corrieron por mi cuenta”. “Ganamos una segunda toma de agua y aunque se trató de extender la red para que llegara a todos no se logró, porque fue poco lo que apoyaron [el Gobierno federal]. Cuando iba a los plantones mis animales se quedaban encerrados y nadie los sacaba, se murieron mis pipilitos34, los borregos enflacaron”35.

La gravedad en la falta de acceso al agua en los hogares mazahuas se refleja en las condiciones en las que algunas de las mujeres, que participaron en el movimiento, continúan realizando; por ejemplo, el lavado de ropa sigue siendo en los arroyos (Figura 3).

Figura 3. Mujer mazahua lavando sobre un arroyo

Figura 3. Mujer mazahua lavando sobre un arroyo

Fuente: fotografía tomada por Angélica María (15 de abril de 2023).

Además del lavado de ropa, las mujeres buscan afanosamente el agua potable. Los denominados pozos de agua han sido acondicionados de manera rudimentaria para evitar que se contaminen, y los costos ha sido sufragados por la misma comunidad, es menester decir que el volumen de agua de estos pozos no siempre es continuo, pues en temporada de sequía (noviembre a junio) puede disminuir considerablemente (Figura 4).

Figura 4. Mujer acarreando agua de un pozo para uso potable

Figura 4. Mujer acarreando agua de un pozo para uso potable

Fuente: fotografía de la autora (12 de marzo de 2023).

La existencia de estos pozos de agua es discontinua, se encuentran ubicados en tres de las nueve comunidades afectadas. Acudir a ellos requiere que las mujeres recorran, a pie o con ayuda de un burro (propio o prestado), de entre treinta minutos a una hora de camino. Las comunidades que se encuentran a dos horas de los pozos optan por comprar agua de pipas, cuyo costo las obliga a destinar un porcentaje importante del ingreso familiar para proveerse de este indispensable elemento natural. El costo de una pipa de 10.000 litros es de 900 pesos (equivalente a 156,15 dólares, considerando el cambio de moneda del 16 de diciembre de 2023). “Cuando llueve, agradecemos mucho a Dios, porque descansamos un poco de comprar pipas y de ir a lavar a la ropa al río. Ponemos varias cubetas o botes en toda la casa donde el agua gotea y eso nos ayuda, es agua limpia, cae del cielo, entonces, no creemos que nos haga daño, con ella lavamos los trastes, la ropa y a veces nos bañamos”36.

El agua de una pipa cubre las necesidades domésticas de al menos quince días para una familia de seis integrantes que viven bajo un mismo techo, generalmente con mayor proporción de infantes. Algunas personas indican: “a veces optamos por no bañar a los niños en una semana, para no gastar tanta agua, nosotras como sea vamos al río y ahí aprovechamos para limpiar nuestro cuerpo y cabello, tampoco aseamos la casa muy seguido; el agua que vamos a traer al pozo preferimos ocuparla para cocinar y lavar los trastes”. El momento de precariedad de servicios públicos de agua no ha pasado en al menos siete comunidades mazahuas, como tampoco han sido viables los principios vinculatorios del derecho humano al agua, poniendo nuevamente en entredicho el eslogan publicitario de la obra Cutzamala, que se afana en difundirla como “Agua para millones de mexicanos”.

Discusión

La ampliación de la red de agua proveniente de la planta potabilizadora Cutzamala hacia algunas comunidades afectadas por el trasvase Cutzamala fue viable políticamente, pues contuvo las demandas, lo que se logró de manera paulatina bajo presión cultural y simbólica de las mujeres mazahuas, potencializada en los medios de comunicación. Sin embargo, la responsabilidad del Gobierno federal, estatal y municipal de dotar de agua asequible, suficiente, salubre y aceptable a la población de este etnoterritorio no ha sido la base de la política hídrica nacional y estatal. El incremento de población en las comunidades es otro de los factores que contribuye con la disputa del agua. Desde un enfoque territorial, las medidas adoptadas por el gobierno para atender los derechos de acceso al agua de la población mazahua se centran en obras difusas y redes discontinuas. Desde un enfoque de etnoterritorio, las mujeres mazahuas evidenciaron afrontas directas a la extracción del recurso. Las ventajas de la participación colectiva se han traducido en aprendizajes de exigencias y denuncia al despojo de agua.

El protagonismo de las mujeres que adquirieron el cargo de comandantas conjuga una representación ecofemenina, que impulsó la filiación social de otras mujeres a un movimiento donde los varones de la comunidad mazahua no disuadieron la participación femenina, pero donde los niveles de autoridad local y extralocal las articulaban con lo doméstico. En el lugar de estudio, todavía las mujeres mantienen como forma de identidad su lengua, esta les facilitó el comunicar sus angustias, enojos y disimulos ante el trato que recibían de parte de los distintos niveles de poder de los hombres.

Que las mujeres hablaran en lengua mazahua, frente a quienes no entendían sus demandas y daban múltiples excusas para incumplir los acuerdos, les brindó fortaleza para resistir en la lucha. Las experiencias de las mujeres en temas de participación colectiva para el acceso al agua de su territorio evidenciaron no solo desigualdad hídrica oculta por la megaobra de trasvase, sino que las demandas de servicio de agua potable no redujeron la discriminación hacia el grupo organizado de las mujeres. Además, el agua para uso doméstico continúa siendo obtenida hasta la presa, el río y los arroyos, donde el agua blanca se mezcla con aguas de drenaje domiciliario y comercial; por otra parte, existen viviendas cuyas obras de conexión a la red de agua pública están inconclusas o el presupuesto federal no alcanzó para llegar a ellas.

Conclusiones

Para el Gobierno federal, el proyecto de trasvase en etnoterritorio mazahua no implicó el diseño de una infraestructura que facilitara el acceso de agua a la población, a quien se le tomó las denominadas aguas sobrantes. Después del trasvase, la lucha por el desigual acceso al agua entre población urbana y rural dio origen a una importante demanda de exigencias y resistencias culturales que, combinadas con temas de marginación, impactos ambientales y discriminación social, obligó a que las máximas autoridades del país construyeran, después de 25 años, algunas redes de agua tratada hacia las comunidades afectadas.

Las demandas de agua de las comunidades se cumplieron mínimamente; en cambio, se otorgaron apoyos sociales y productivos dirigidos a ciertos sectores y de manera estacional, como tinacos, invernaderos, borregos y tractores. La entrega de algunos apoyos fue discrecional y no compensó, de acuerdo con testimonios de algunas mujeres, el esfuerzo que hicieron durante tres años, pues solo algunas personas y comunidades resultaron beneficiadas. Estas decisiones políticas minimizan las demandas de agua de una población que durante décadas ha sido desatendida. En términos de acceso al agua doméstica y potable, la existencia de dos redes de agua en algunos domicilios (aguas de manantiales con aguas de la planta potabilizadora) no logra subsanar las necesidades de la población, pues continúan los tandeos.

Finalmente, el proceso de participación de las mujeres, tanto del Movimiento Mazahua como del Frente Mazahua, evidenció la expoliación, afectaciones a la naturaleza y la cultura, lo que no ha prevenido que esto continúe. Mediante las propuestas del ecofeminismo y la ecología política del agua, podemos decir que los trasvases, además ser dispositivos sociotécnicos, como lo indica Peña y Granados37, repliegan las resistencias de las mujeres a un ámbito doméstico y/o cultural, evitando legitimar el derecho humano al agua.

Aún es visible en las comunidades estudiadas la presencia de mujeres mazahuas y sus hijos, que, con ayuda de un burro o carretilla, llevan garrafones o ropa sucia y recorren calles y veredas en busca del vital líquido. Por ello, se insta a que se evite la acaparación de agua en megaobras hidráulicas y se programe la distribución del líquido de manera reticulada, de tal forma que llegue hasta las periferias o, mínimamente, se uniforme su distribución entre distintos usuarios para evitar la desigualdad en su acceso. Queda por seguir investigando los retos que para las mujeres representa la relativa variación del volumen de agua de manantiales y la contaminación de los ríos, derivado de la suma de factores políticos e incremento de costos de agua proporcionada por los piperos. Otro de los temas pendientes en las aguas comunitarias de las mujeres mazahuas es el cambio de propietarios de tierra, considerando que, en México, a partir del año 1992, las parcelas ejidales pueden ser vendidas (vía la reforma al artículo 27 constitucional). Algunas personas, ajenas a la comunidad mazahua, han adquirido vastas tierras, donde el tema de los pozos de agua comunitarios no ha sido impedimento para poseerlos y, además, cercarlos. Frente a este hecho, las mujeres lidian constantemente para que no se les impida acceder a lo que son, relativamente, sus fuentes de agua más cercanas para el abastecimiento doméstico.

Agradecimientos

Agradecemos a Angélica María, Yareli, Carlos y Jesús por el apoyo en las entrevistas, así como a las mujeres que nos brindaron su tiempo y conocimiento.

Financiación

Al Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnologías (Conahcyt) por el apoyo financiero brindado en el marco Proyecto Nacional de Investigación e Incidencia (Pronaii) 319000 del Programa Nacional Estratégico Agua (Pronaces Agua) titulado “Los trasvases como dispositivos de desigualdad e inseguridad hídrica.

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_______________________________

1 Real Academia Española, 2016.

2 ONU, 2024.

3 IBWT, 2006.

4 Gil Meseguer; Martínez Medina; Gómez Espín, 2020, 192.

5 Noria Peña, 2022.

6 Barta, 2001.

7 Vargas Velázquez, 2019.

8 CNA, 2005.

9 Toledo, 2009; 2015; 2022. Pastrana Miranda; González Caamal, 2022.

10 Merlinsky; Martín; Tobías, 2020, 2.

11 García-Alén; Lores, 2021, 13.

12 Puleo, 2013.

13 Rodríguez Hernández, 2022.

14 Castro Bernardini, 2024.

15 Shiva, 2004.

16 CEDIPIEM, 2019.

17 Barabas Reyna, 2014, 440.

18 Cardoso Hernández; Gouttefanjat, 2023.

19 CNA, 2005.

20 Entrevista a mujeres comandantas del movimiento mazahua. 10 de marzo de 2023.

21 Gómez Fuentes, 2010; 2014. Gómez Reyes, 2011.

22 Banco Mundial, 2015.

23 Gómez Fuentes, 2014.

24 Costa Font, 2005, 250.

25 Entrevista colectiva a mujeres de las comunidades de Salitre del Cerro, El Jacal y San Felipe Santiago, municipio de Villa de Allende. 12 de octubre de 2023.

26 Entrevista a mujer de la comunidad de Loma de Juárez, municipio de Villa de Allende. 18 de octubre de 2023.

27 Entrevista a mujer de la comunidad de El Jacal, municipio de Villa de Allende. 12 de noviembre de 2023.

28 Entrevista a grupo de mujeres mazahuas. 13 de abril de 2023.

29 Entrevista colectiva a mujeres del Frente Mazahua. 15 de agosto de 2023.

30 Entrevista grupal a mujeres del Frente Mazahua. 13 de septiembre de 2023.

31 Entrevista grupal a mujeres del Movimiento Mazahua. 12 de octubre de 2023.

32 Entrevista grupal a las comandantas del Frente Mazahua. 16 de agosto de 2023.

33 Entrevista colectiva a mujeres mazahuas. 12 de junio de 2023.

34 Vocablo que se usa para designar a la cría de la guajolota Meleagris (ave gallinácea de hasta un metro de altura, plumaje café verdoso o negro con blanco, cabeza y cuello desnudos cubiertos de carúnculas rojas).

35 Entrevista a mujeres de comunidades de Salitre del Cerro, Loma de Juárez y San Felipe Santiago. 10 de marzo de 2023.

36 Entrevista a mujer de la comunidad de Los Berros. 13 de junio de 2023.

37 Peña de Paz; Granados, 2021