Miscelánea
water and landscape
AGUA y TERRITORIO
Irrigation ditch system in the cities of San Felipe and Los Andes (Valparaíso Region, Chile). Quo vadis of the remnants of an Aconcagüine water culture
José Marcelo Bravo-Sánchez
Universidad de Chile
Santiago de Chile. Chile
mbravo@uchilefau.cl
ORCID: 0000-0001-7616-7454
Natalia Escudero Peña
Universidad de Chile
Santiago de Chile. Chile
nescuderop@uchilefau.cl
ORCID: 0000-0001-8161-0895
Rubén Sepúlveda Ocampo
Universidad de Chile
Santiago de Chile. Chile
rsepulve@uchilefau.cl
ORCID: 0000-0002-9530-3658
Información del artículo
Recibido: 28/06/2024
Revisado: 04/12/2024
Aceptado: 06/12/2024
Online: 27/03/2026
Publicado: 10/04/2026
ISSN 2340-8472
ISSNe 2340-7743
cc-by
© Universidad de Jaén (España)
RESUMEN
Las acequias constituyen un sistema de riego y abastecimiento doméstico primario utilizado tanto en las poblaciones ancestrales y también por las ciudades hispánicas en América, denotando el propio desarrollo urbano y los cambios tecnológicos que los acompañan. En el Valle del Aconcagua, la presencia de las acequias y los artefactos hidráulicos refuerzan la identidad de este enclave territorial. Este sistema hidráulico basado en elementos sanjuaninos y mendocinos, ha generado un pilar fundamental de la vida socioeconómica, cultural y política en cada localidad aconcagüina. Por ello, es destacable que las ciudades de San Felipe y Los Andes aún posean este ancestral sistema de regadío. Su deteriorado y contaminado estado se ha ido traduciendo en una amnesia patrimonial, que afecta la memoria colectiva e identidad urbana, donde se olvidan usos, costumbres y oficios vinculantes. A pesar del desdén, las acequias mantienen sus trazados y funcionamiento por los recodos de cada ciudad.
PALABRAS CLAVE: Sistema de acequia, Cultura del agua, Valle del Aconcagua, Patrimonio hidráulico, Acequia urbana.
ABSTRACT
The irrigation ditch system constitutes a primary domestic irrigation and supply system used both in ancestral populations and also by Hispanic cities in the Americas, denoting the urban development itself and the technological changes that accompany it. In the Aconcagua Valley, the presence of irrigation ditches and hydraulic devices reinforce the identity of this territorial enclave. This hydraulic system, based on elements from San Juan and Mendoza, has generated a fundamental pillar of socioeconomic, cultural and political life in each Aconcagua’s locality. For this reason, it is remarkable that the cities of San Felipe and Los Andes still have this ancestral irrigation system. Its deteriorated and polluted state has been translated into a heritage amnesia, which affects the collective memory and urban identity, where uses, customs and binding trades are forgotten. Despite the disdain, the irrigation ditches maintain their layouts and operation through the bends of each city.
KEYWORDS: Ditch system, Water culture, Aconcagua Valley, Hydraulic heritage, Urban irrigation ditch.
Sistema de valas de irrigação nas cidades de San Felipe e Los Andes (Região de Valparaíso, Chile). Quo vadis dos remanescentes de uma cultura da água aconcagüina
RESUMO
As acequias constituem um sistema primário doméstico de irrigação e abastecimento utilizado tanto em populações ancestrais como também por cidades hispânicas nas Américas, denotando o próprio desenvolvimento urbano e as mudanças tecnológicas que o acompanham. No Vale do Aconcágua, a presença de valas de irrigação e dispositivos hidráulicos reforçam a identidade desse enclave territorial. Este sistema hidráulico, baseado em elementos de San Juan e Mendoza, gerou um pilar fundamental da vida socioeconômica, cultural e política em cada localidade de Aconcagüina. Por esta razão, é notável que as cidades de San Felipe e Los Andes ainda tenham este sistema de irrigação ancestral. Seu estado deteriorado e poluído traduziu-se em uma amnésia patrimonial, que afeta a memória coletiva e a identidade urbana, onde usos, costumes e comércios obrigatórios são esquecidos. Apesar do desdém, as valas de irrigação mantêm seus traçados e funcionam pelas curvas de cada cidade.
PALAVRAS-CHAVE: Sistema de valas, Cultura da água, Vale do Aconcágua, Patrimônio hidráulico, Vala de irrigação urbana.
Système de fossés d’irrigation dans les villes de San Felipe et Los Andes (Région de Valparaíso, Chili). Quo vadis des vestiges d’une culture de l’eau aconcagüine
RÉSUMÉ
Les acequias constituent un système primaire d’irrigation et d’approvisionnement domestique utilisé à la fois par les populations ancestrales et par les villes hispaniques des Amériques, dénotant le développement urbain lui-même et les changements technologiques qui l’accompagnent. Dans la vallée de l’Aconcagua, la présence de fossés d’irrigation et d’appareils hydrauliques renforce l’identité de cette enclave territoriale. Ce système hydraulique, basé sur des éléments de San Juan et de Mendoza, a généré un pilier fondamental de la vie socio-économique, culturelle et politique de chaque localité de l’Aconcagüina. Pour cette raison, il est remarquable que les villes de San Felipe et Los Andes aient encore ce système d’irrigation ancestral. Son état détérioré et pollué s’est traduit par une amnésie patrimoniale, qui affecte la mémoire collective et l’identité urbaine, où les usages, les coutumes et les métiers liés sont oubliés. Malgré le dédain, les fossés d’irrigation conservent leur tracé et leur fonction à travers les méandres de chaque ville.
MOTS-CLÉ: Système de fossés, Culture de l’eau, Vallée de l’Aconcagua, Patrimoine hydraulique, Fossé d’irrigation urbain.
Sistema di canali di irrigazione nelle città di San Felipe e Los Andes (Regione di Valparaíso, Cile). Quo vadis dei resti di una cultura dell’acqua aconcaguina
SOMMARIO
Le acequie costituiscono un sistema di irrigazione e approvvigionamento domestico primario, utilizzato sia dalle popolazioni ancestrali che, successivamente, dalle città ispaniche in America, riflettendo lo sviluppo urbano e i cambiamenti tecnologici che lo accompagnano. Nel Valle dell’Aconcagua, la presenza delle acequie e degli artefatti idraulici rafforza l’identità di questo enclave territoriale. Questo sistema idraulico, basato su elementi sanjuanini e mendocini, ha rappresentato un pilastro fondamentale della vita socioeconomica, culturale e politica in ogni località aconcaguina. Per questo motivo è significativo che le città di San Felipe e Los Andes conservino ancora questo ancestrale sistema di irrigazione. Il suo stato di degrado e contaminazione si è tradotto progressivamente in un’amnesia patrimoniale, che colpisce la memoria collettiva e l’identità urbana, facendo dimenticare usi, costumi e mestieri ad esso legati. Nonostante il disinteresse, le acequie mantengono i loro tracciati e il loro funzionamento lungo i meandri di ciascuna città.
PAROLE CHIAVE: Sistema di acequie, Cultura dell’acqua, Valle dell’Aconcagua, Patrimonio idraulico, Acequia urbana.
A lo largo de la historia, el agua y sus cauces se han relacionado íntimamente con la humanidad, el desarrollo de la vida y las sociedades, desde las acciones más cotidianas y esenciales hasta el desarrollo de importantes prácticas culturales. La traza hídrica que conforma parte del paisaje del valle central se considera un factor detonante de procesos de ocupación y apropiación del espacio geográfico. Entendiéndose como el flujo de agua que discurre desde la bocatoma a través de ríos, canales y acequias y que se articulan entre sí mediante ingenios tales como compuertas, azudas y ruedas de agua, donde su construcción tiene orígenes en la necesidad de proveer de agua al espacio agrícola en el suelo rural condicionando su morfología1. Las transformaciones en la construcción del territorio se reconocen en el paisaje cultural, en el marco del cual las huellas del agua resultan enfatizadas, negadas, mitigadas, reconstruidas, recordadas a través de las múltiples intervenciones realizadas2. Estas intervenciones son elementos heredados de una cultura del agua que proviene de la capacidad humana y esfuerzo por crear complejos sistemas impulsados por la supervivencia, bienestar y aprovechamiento sostenible de un bien escaso como es el agua.
Las acequias constituyen un sistema de riego y abastecimiento doméstico primario utilizado tanto en las poblaciones ancestrales y también por las ciudades hispánicas en América, denotando el propio desarrollo urbano y los cambios tecnológicos que los acompañan3. Las acequias y los artefactos del agua que son necesarios para su existencia —compuertas, sifones, azudas, etc.—, permiten el riego de gran parte de las calles del polígono central, generando una textura hídrica singular que refuerza la identidad de la ciudad y aporta una rica espacialidad urbana nutrida por las aguas en forma de acequias y con una espesa vegetación, mantenida en gran medida por el mismo recurso4.
A pesar de las virtudes de esta materialidad hídrica, las acequias están en procesos de degradación y destrucción, por ende, los estudios realizados en torno a estas se centran en analizar la conveniencia de recuperar el patrimonio hidráulico. Es importante no solo conservar la memoria de las acequias, sino también intentar comprender cómo y porqué continúan funcionando y vincular los procesos históricos culturales ligados a ellas, con los espaciales5.
Durante 1983, el Instituto Geográfico Militar desarrollo una carta de área culturales, en que el Valle del Aconcagua presentaba elementos sanjuaninos y mendocinos, siendo el sistema de acequias un pilar fundamental de la vida socioeconómica, cultural y política de este enclave territorial. Por ello, es destacable que las ciudades de San Felipe y Los Andes aún posean este ancestral sistema de regadío. Su deteriorado y contaminado estado se ha ido traduciendo en una amnesia patrimonial, que afecta la memoria colectiva e identidad urbana, donde se olvidan usos, costumbres y oficios vinculantes. A pesar del desdén, las acequias mantienen sus trazados y en algunos casos particulares siguen funcionando por los recodos de cada ciudad. Sin embargo, la vecina ciudad argentina de Mendoza que comparte una génesis hispánica, presenta un escenario destacable en materia de valorización, conservación y restauración de su tradicional sistema de acequia. Uno de los objetivos de la investigación Climat Amsud realizada entre los años 2022 y 2023, era analizar el valor arquitectónico, ecológico y patrimonial de las acequias insertas en ambas ciudades chilenas.
En Chile, existen estudios relativos a las acequias y el patrimonio hidráulico: trabajos de Jonás Figueroa Arquitecto- Urbanista de la Universidad de Santiago de Chile. En Argentina, existen estudios relativos a la cultura del agua en Mendoza: trabajos de Jorge Ricardo Ponte Arquitecto de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo-Universidad de Mendoza.
Por lo tanto, el patrimonio hidráulico y la cultura de las acequias, es un tema que se ha abordado durante el último tiempo. Ante los antecedentes presentados, esta investigación se fundamenta en el caso del sistema de acequias de las ciudades de San Felipe y Los Andes (Región del Valparaíso). Donde se encuentra un paisaje cultural industrial y las acequias que tienen un rol casi imperceptible, se mantienen y se adaptan a cada urbe aconcagüina, evolucionando en su sistema constructivo formando parte de la arquitectura urbana que desde sus inicios la incluyó.
Al revalorizar la historia de las acequias se puede reconocer en ellas los orígenes de la ciudad. El sistema de acequias se relaciona directamente con la trama del tejido urbano sanfelipeño y andino, que desde sus inicios fue concebido para permitir el riego del territorio de las comunidades indígenas locales. Existe una pseudo cultura del agua en la cuenca del Aconcagua que es reconocida por la gente mayor, siendo el resultado de la yuxtaposición del manejo del agua de varias generaciones y culturas en un mismo territorio6.
Se considera que las aguas en general y las acequias, en particular podrían jugar un papel integrador a partir de su consideración de ser los elementos más característicos y singulares de la imagen urbana de la ciudad, promoviendo un desarrollo físico pensando cómo rehabilitación y protección de los cursos de agua7.
La presencia de las acequias refuerza la identidad de la ciudad y aporta espacialidad en el espacio público nutriéndose de una vegetación mantenida por el paso de este recurso8. Las aguas vienen del campo agrícola a través de los canales, al entrar en el polígono central de la ciudad se transforman en acequias que se distribuyen por el espacio público de la ciudad, entre sus veredas y a través de las calles, algunas de ellas se desvían y atraviesan los predios para posteriormente aflorar en el espacio público, convirtiéndose en un elemento transversal de la vida pública y privada, relacionando las actividades rurales con las ciudadanas9.
En el caso de las urbes de San Felipe y Los Andes, el patrimonio tangible e intangible ligado al sistema de acequias incluyendo sus artefactos, ha sido poco estudiado en beneficio de las comunidades locales. También nos encontramos con una amnesia patrimonial que afecta la memoria colectiva, donde se olvidan los actores involucrados y sus oficios. A pesar del olvido, las acequias de origen precolombino, mantienen sus trazados y en algunos casos particulares siguen funcionando y son incluidas en la ciudad. Como es el caso de las acequias que se encuentran en sus centros fundacionales, donde el sistema de acequias está inserto en el trazado urbano y donde la puesta en valor de este, se hace necesaria ya que al determinar los lugares donde funcionan y en qué condiciones se encuentran, sirve para medir los efectos y consecuencias que afectan el entorno y pueden dañar en un corto o largo plazo el patrimonio arquitectónico construido. Donde el olvido de este patrimonio tiene una directa repercusión en cada urbe y las personas que lo habitan.
En definitiva, el presente trabajo investigativo sobre las acequias de las ciudades mencionadas, y, por consiguiente, dignas representantes de una cultura del agua en la Cuenca del Río Aconcagua, incluye una recopilación de una serie de técnicas y conocimientos que se relacionan directamente con la forma de vida de la comunidad en dicho lugar y momento concreto. Pero también permite ampliar el conocimiento que se tiene actualmente sobre los procesos socioculturales bajo la perspectiva del agua, la sostenibilidad y el patrimonio han tenido lugar en el territorio.
Según Vargas10, se denomina “Cultura del Agua” a los modos y medios utilizados para la satisfacción de necesidades fundamentales relacionadas con el agua y con todo lo que dependa de ella. Mientras que, Castejón11. Manifiesta que la cultura del agua se define como aquel conjunto de creencias, conductas y estrategias comunitarias para el uso del agua, que puede ser observada en las distintas normas, formas organizativas, conocimientos, prácticas y objetos materiales que la comunidad se da o acepta tener. En este sentido, la cultura del agua que está ligada a un colectivo permite estudiar como una sociedad se articula en torno al recurso de agua y que, a su vez, repensar la cultura del agua es tener en cuenta la transmisión y continuación de prácticas sociales determinadas a lo largo del tiempo12. En la actualidad en medio de los procesos de urbanización, persisten manifestaciones culturales y valores sociales que le dan un sentido trascendente al agua, manifestándose en algunos eventos relacionados con el uso local del recurso. Al fijar la atención en los portadores de esa cultura e identificar las representaciones y los procesos de apropiación que tienen lugar, entramos de lleno en consideraciones relacionadas con el patrimonio13. Una visión más cercana a los casos de estudio es la de Ponte14, la cultura del agua de Mendoza no es solamente el mérito de una generación, sino que también, es la yuxtaposición de esfuerzos de varias generaciones y de varias culturas en un mismo territorio, rasgo diferenciador de los distintos grupos étnicos que poblaron el espacio que hoy configuran el territorio nacional.
En este sentido, la cultura del agua es importante en la caracterización y gestión de opciones para enfrontar la incertidumbre social y medioambiental vinculada con el recurso agua. No obstante, en el año 2015, se ratificó la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, con un objetivo central apuntado al tópico de los activos hídricos. Puesto que, en la actualidad las sociedades deben confrontar a una crisis hídrica sin igual y que proyectada para el año 2030, demostraría que más de medio mundo, se encontraría en una condición de excelso estrés hídrico15.
Ante este escenario emergente, la tradicional cultura del agua, empieza desprenderse una visión alternativa, denominada “Nueva Cultura del Agua”, que la conlleva al contenido educativo, generando saberes, conductas y condiciones convertidores de los vínculos entre el ser humano con el recurso hídrico16. La Nueva Cultura del Agua determina un radical cambio hacia unos nacientes activismos sociales y ecológicos que puedan avalar la sustentabilidad de los medioambientes hídricos y el ingreso papable de los derechos humanos al empleo del agua potable e higiene básica, promover una nueva manera de gobernanza participativa y establecer en una sociedad global basada en los derechos universales17.
Del término “cultura del Agua”, se desprende el concepto de “patrimonio hidráulico” o “patrimonio del agua” es un conjunto de elementos materiales, inmateriales y simbólicos que dan cuenta del uso secular que las comunidades han realizado de los recursos hídricos, en un territorio concreto18. Los habitantes de zonas rurales, donde el agua es fuente de vida, han recopilado y usado conocimientos técnicos y estrategias comunitarias locales para utilizar el agua en labores principalmente agrícolas tales como: norias, acequias, azudes, técnicas de riego y ordenamientos espaciales que permiten una distribución racional del agua. Los productos del ingenio humano, con sus usos diversos, facilitan la comprensión de ese espacio y el modo de vida de sus habitantes19. Los ingenios que componen el patrimonio hidráulico son insertados por los habitantes de aquellos territorios donde existe la necesidad de sistematizar los cauces de agua para su uso cotidiano y que dan como resultado, los paisajes del agua que se definen como producto resultante y perceptible de la combinación dinámica de elementos físicos conjunto en un entramado social y cultural en continua evolución20.
Finalmente, no puede quedar de lado la noción de “Paisajes Culturales del Agua” que corresponde a como el agua forma parte del territorio y están determinados por la fisonomía de un territorio con sus elementos naturales y antropogénicos vinculados a las emociones que despierta su contemplación21. Los paisajes del agua, se transforman en testimonio que evidencian estilos de vida pasados, en donde los habitantes históricamente han intervenido para ordenar y hacer uso provechoso de los recursos hídricos disponibles22. No obstante, suele atribuirse el calificativo de cultural a aquellos paisajes o, casi mejor, a aquellos componentes o patrones de paisaje, en cuya configuración y funcionamiento resulta decisiva la acción humana, sobre todo cuando ésta se ha desarrollado durante siglos, modelando formas cargadas de historia y de carácter, de valores patrimoniales, tanto materiales como inmateriales23. Uno de los paisajes culturales del agua, considerando como la más acabada en su tipo, lo constituyen los paisajes de regadío, los que construyen identidades en sus unidades territoriales en diferentes escalas y formas24.
Inicialmente, para este estudio patrimonial realizado utilizó una metodología exploratoria, revisando y recopilando información existente, teniendo presente una mirada integral del territorio y sus diferentes entidades de la sociedad civil y actores locales. Puesto que las ciudades aconcagüinas de los San Felipe y Los Andes, respectivamente se encuentran la parte media y al sureste de la cuenca del Río Aconcagua (Región de Valparaíso). En relación a la ciudad de San Felipe, es la capital comunal, se emplaza en las coordenadas 32°45′03″S y 70°43′30″O, fue fundada en el año 1740 y posee una población de 76.844 (Censo 2017), tiene. Próxima a esta urbe, se emplaza a unos 17 kilómetros la ciudad Los Andes, en las coordenadas 32°50′01″S y 70°35′54″O, también es la capital de la comuna y provincia homónima, fue fundada como Santa Rosa de Los Andes en el año 1791, tiene una población de 66.708 habitantes25 (Figura 1).
Figura 1. Mapa de emplazamiento de las ciudades de San Felipe y Los Andes en la cuenca del río Aconcagua, Región de Valparaíso

Fuente: proyecto Climat-AmSud 2021, 2023.
Para el levantamiento de información comunal, se trabajó primeramente en gabinete, realizando un barrido bibliográfico sobre diversos documentos que hicieran referencia a los bienes patrimoniales, tanto tangibles como intangibles, presente en las acequias urbanas de San Felipe y Los Andes. Esta revisión bibliográfica permitió entender el patrimonio del área de estudio como un conjunto de bienes, prácticas y procesos imbricados entre sí, que permite el analizar también los contextos territoriales, económicos, simbólicos y políticos, donde se manifiestan cotidiana o cíclicamente estas prácticas culturales vinculadas a estos tradicionales sistemas de riego aconcagüinos. Para concretar las distintas etapas del estudio adscrito se propusieron tres criterios: en primer lugar, el criterio territorial, correspondiente a los bienes patrimoniales se han estudio contextualizados en el marco histórico, socioeconómico y cultural de los poblados analizados; luego, se desarrolló el criterio valorativo por medio de una encuesta Delphi, mediante el conocimiento in situ a actores sociales como historiadores, junta de vecinos, empleados municipales y usuarios tradicionales de las acequias urbanas sanfelipeñas y andinas; y por último, el criterio etnográfico, que recolecta las características patrimoniales, sociales y significativas del sistema de acequia de San Felipe y Los Andes, para compararlas con sus homologas de la Ciudad de Mendoza (Argentina).
En relación a la valoración patrimonial a las acequias urbanas de San Felipe y Los Andes está se basó en un sistema de notas académicas de Chile, cuya escala de valores decimales va desde el “0” al “7”. Esta técnica se basa en este índice es transversal a la variable etaria, educacional socioeconómico y cultural, que fueron aplicados a las categorías de cuantía patrimonial, estado del arte y medidas de protección patrimonial. Asimismo, cada categoría y criterio se evalúa de manera individual con el objetivo de analizar y comparar las particularidades existentes en los diferentes sistemas de acequias aconcagüinos. La evaluación de cada categoría se consigue mediante el promedio para cada ciudad. Esta herramienta metodológica de cuantificación patrimonial ha mostrado su eficacia en estudios desarrollados por de Hermosilla e Iranzo26, Mayordomo y Hermosilla27 y Mayordomo y Hermosilla28.
Posteriormente en la etapa de Sistematización de la información, se trabajó en gabinete, se logró definir la cultura del agua en la cuenca del Aconcagua, a partir del enfoque tradicional y alternativa de esta temática; luego se clasificó generar el imaginario cultural de las acequias urbanas sanfelipeñas y andinas, empleando de la técnica de nubes de palabras permitió clasificarlo en atributos patrimoniales, atributos socioeconómicos, atributos históricos y atributos ecológicos. Finalmente, la herramienta investigativa de entrevista semiestructurada experto delimitó el devenir y amenazas del patrimonio hidráulico en cada sistema de acequia estudiado a través de acciones y actores locales que deben hacerse cargo de su salvaguardia patrimonial.
En relación al sistema de acequias aconcagüino tiene su origen en los grupos de la cultura Aconcagua, que habitaron la Zona Central de Chile, desarrollándose entre el río homónimo por el norte, hasta el río Cachapoal al sur; sin embargo, su sector de mayor influencia fue entre las cuencas de los torrentes Maipo y Mapocho. Se desarrollaron entre los siglos IX al XV D.C, sus caseríos se emplazaban preferentemente entre 800 y 1.200 metros sobre el nivel del mar; en las partes precordilleranas y cordilleranas, conviviendo con comunidades de práctica cazadora-recolectora, que comúnmente circulaban y residían los cursos superiores de los ríos Aconcagua y Maipo29 (Figura 2).
Figura 2. Mapa de ubicación de los sitios arqueológicos de la Cultura Aconcagua, Región de Valparaíso

Fuente: proyecto Climat. Fuente: Sánchez-Romero y Masone-Mezzano, 1995.
Esta región ancestralmente se caracteriza por un clima templado, por ello los habitantes asociados a la cultura Aconcagua, residían en aquellas zonas con ciertas fuentes hídricas como vertientes, ríos y esteros y de exigua pendiente como planicies aluviales y terrazas fluviales, que les permitirá realizar labores de horticultura de subsistencia como maíz, quínoa, porotos y zapallos30. No obstante, estas sociedades vinculadas a la cultura Aconcagua su riego fue restringido a la dependencia de precipitaciones de temporada y por insuficiente su condición de desarrollo, que solo le permitió construir modestas acequias de tierra, de patrón irregular, por causa de las condiciones del relieve en que se asentaban. Por ello es indudable que estos pobladores no conformaban aldeas como otras culturas andinas y conservaban enclaves productivos en diferentes lugares, con el fin de aprovechar eficazmente la variedad de recursos, por lo se le denominado a esta forma de ocupación como “territorialidad discontinua”31.
Posteriormente, bajo el dominio inca estos grupos locales, se asociaron al Tiwantinsuyo entre el siglo XV al XVII, que gracias a los senderos cordilleranos trasandinos que comunicaban con otras regiones, quizás desde el noroeste de Argentina o el altiplano de Bolivia, mediante el Camino del Inca, fueron adquiriendo nuevas formas de conocimientos, entre ellos nuevas formas de regadíos como el empleo de elaboradas acequias y consistentes canales, realizados en bloques de piedra, que les permitió habitar en chacras organizadas de acuerdo a lo impuesto por el imperio Inca. Esta situación fue descrita por el cronista español Gerónimo de Bibar, que además de sus actividades de pastoreo y alfarería, existía una agricultura básica en el valle del Aconcagua que se sustentaba por un río caudaloso y 22 acequias. Ejemplo de la influencia incásica en la cultura Aconcagua, son la construcción de un canal en el Cerro Mercacha del poblado de Santa Rosa y la iniciación de un gran canal de regadío denominado de Acequia Quichibuica, como consignaba en mercedes de tierras y encomiendas a inicios del siglo XVII32.
Luego, bajo del dominio del Imperio Español por la naciente casa de los Borbones, en la mitad del siglo XVIII, los rústicos pueblos y aldeas emplazadas en la Cuenca de Aconcagua van entrar en una etapa de real progreso y fortalecimiento, como se producía en el resto del territorio de la Capitanía General de Chile. En el contexto urbano este período colonial da inicio a una fuerte y beneficiosa política de fundación de entidades pobladas concretadas por el accionar consecutivo de visionarios e íntegros gobernadores. Esencialmente con la fundación de la villa de San Felipe del Real en 1740, por el gobernador José Antonio Manso de Velasco, comienza esta nueva era en la historia urbana de Chile. Mientras, que la ciudad de Los Andes, fue obra del Gobernador Ambrosio O’Higgins en el año 179133.
La estructura urbana se iba realizando acorde a las indicaciones explicitas y a pretéritas delineaciones, se ciñó al característico diseño de damero, constituido por una planta cuadrada de 7 cuadras laterales y vías cabalmente rectas de 13 varas de anchura. En el centro del plano existía una manzana sin edificar, por lo general, se consignaba a una plaza pública. Análogamente, el remanente de las cuadras se seccionaba en cuatro solares generando una sumatoria de 192 potenciales sitios a compartir entre los futuros residentes, de acuerdo a su ralea y necesidades34. Tanto al norte como el sur de la periferia trazada se trazaron los Caminos Reales de 65 varas de ancho para una mayor contemplación paisajística del poblado, los que en menos de un decenio, se completaron con otras dos vías por los límites oriente y poniente, que concordaban con el curso de las acequias que infiltraban y descargaban el agua del pueblo, dando inicio a cuatro cañadas que demarcaron patentemente el trazado original de la entidad poblada a través de los siglos, permitiendo definir su tradicional estructura urbana35 (Figura 3).
Figura 3. Plano histórico de la época colonia de la ciudad de San Felipe, cuya planificación borbona fue encargada gobernador José Antonio Manso de Velasco, en 1740

Fuente: I. Municipalidad de San Felipe, 2023.
En relación al sistema de acequias emplazado en el interior de las cuadras sanfelipeñas y andinas. Alimentadas por un torrente principal que se desaguaba directamente del río Aconcagua, esta acción hídrica permitió la jerarquización de las calles al interior del plano de damero. De esta manera, las vías que se orientaban de oriente a poniente fueron distinguidas como principales y a ambos de ellas, por el transcurrir del tiempo, se levantaron las construcciones importantes y las residencias de los vecinos en los diversos solares concedidos36 (Figura 4).
Figura 4. Plano fundacional de la ciudad de Los Andes, que muestra el patrón de damero de las ciudades coloniales, a las que se adaptaba el respectivo sistema de acequia

Fuente: I. Municipalidad de Los Andes, 2023.
Es así, como la mayoría de los solares poseían sus propias acequias y derechos de agua, que se velaba por un recurso hídrico de buena calidad y abundante extraída del Río Aconcagua. El escurrimiento del agua, permitía que el repartimiento hídrico en cada manzana, fuera beneficiando sucesivamente no solo a un vecino en pos de otro, es decir, todos los solares eran regados desde la naciente hasta el azarbe del poblado. Análogamente, la gestión y la competencia por dominar el recurso agua fue haciendo que se invierta en la instalación de variados artilugios hidráulicos como partidores y compuertas, como también, en construcción de diversas obras hidráulicas como puentes, molinos, presas y otras, a medida que crecían ambas ciudades aconcagüinas; dando con ello, respuesta en aquellos lugares que se necesitaban37.
Con el transcurrir del tiempo, la planta urbana de ambos poblados aconcagüinos, salvo algunos elementos particulares del siglo XIX, conservan una característica general muy común a lo que deben haber sido ambas ciudades estudiadas al culminar el siglo XVI, cuando probablemente logró su íntegra disposición. Contexto, que inclusive no cambió trascendentalmente hasta a mediados del siglo XX, conservando su forma de pequeña urbe, de progreso paulatino y demasiado regulada. En ello sobresale rotundamente el trazado original trazado de damero, limitado perimetralmente por cuatro vastas alamedas a que fueron desarrollando con el avance de las décadas, la construcción de otras cañadas y caminos reales38. En el caso de San Felipe, hacia el norte y sur se ha producido el incremento del pueblo que, atravesando las alamedas de Chacabuco y de las Delicias correspondientemente, ha extendido la habitual forma de damero, una vez que la zona céntrica fue invadida, lo que habría ocurrida posiblemente a comienzo del siglo XIX. Sin embargo, tanto hacia el sector este como la zona poniente del núcleo fundacional, las alamedas de Yungay y Maipú constituyen las fronteras urbanas que delimitan seguidamente con las principales propiedades agrícolas periféricas profundamente vinculadas a la fundación y actividad sanfelipeña. Por medio de estos campos de cultivos, una que otra vía o callejón ha permitido la comunicación de San Felipe con las diferentes entidades pobladas de cuenca del Aconcagua39 (Figura 5).
Figura 5. Postal de la Alameda de Las Delicias, en la ciudad de San Felipe, cuya planificación incluia el riego del sistema de acequia

Fuente: I. Municipalidad de San Felipe, 2023.
Mientras que, en el caso de la Ciudad de Los Andes, esta labor de espina urbana de expansión territorial la cumplió primeramente la “Alameda del Progreso” (Actual avenida Santa Teresita) puesto que, hacía alusión a que por esta vía ingresaba y salía tanto los residentes como el comercio de la ciudad desde 1791, empalmando con el extenso camino de Calle Larga que finalizaba en la cuesta Chacabuco, con el objetivo de poder comunicar el valle de Aconcagua con la ciudad de Santiago, que era la capital del Reino de Chile40. A esta senda se complementó con la construcción de otra alameda importante para Los Andes al finalizar el siglo XIX, denominada “Recreo” (Actual Avenida Argentina), este bandejón central entre las calles Maipú e Independencia poseía una preeminencia de álamos que luego fueron cambiados por plátanos orientales41. Vale la pena destacar que, las alamedas sanfelipeñas y andinas para sus habitantes han sido consideradas tradicionalmente como un paseo en aquellas acaloradas tardes estivales por la umbría de sus frondosos árboles y la escorrentía de sus acequias que le entregan frescor como catalizador climático. Por ello, es que se han constituido con el transcurrir de los siglos en un sello característico en el paisaje urbano tanto en la ciudad de San Felipe como en Los Andes, es decir, que al lado de un camino coexista un álamo u árbol regado por un vernáculo canal o acequia42 (Figura 6).
Figura 6. Postal de la Alameda del Recreo, en la urbe de Los Andes, en la que se destaca al sistema de riego a un costado del arbolado urbano andino y sus respectivas viviendas de adobe y con ello consolidaba un paisaje cultural del agua

Fuente: I. Municipalidad de Los Andes, 2023.
Las acequias de San Felipe y Los Andes de acuerdo al mapa de áreas culturales del Instituto Geográfico Militar de Chile, se circunscriben en la denominada hispano-criolla con influencia de elementos sanjuaninos y mendocinos, producto de la fuerte conexión histórica, comercial, política y social que han tenido las urbes chilenas con la ciudad de Mendoza, desde tiempos coloniales hasta la actualidad. (Figura 7).
Figura 7. Cartografía temática de áreas culturales de la cuenca del río Aconcagua, en que se localizan las ciudades de San Felipe y Los Andes, Región de Valparaíso

Fuente: proyecto Climat-AmSud 2021, 2023.
Dichos componentes trasandinos en la ciudad de Mendoza son herencia de los pueblos precolombinos como Huarpes e Incas, que extraían el agua del rio homónimo, llevando el agua proveniente del deshielo cordillerano a sus rusticas chacras. Con la fundación de la ciudad por parte de los españoles durante el periodo colonial, el riego urbano por acequia se realizaba en orientación de la pendiente del relieve local, satisfaciendo la demanda hídrica de sus propiedades agrícolas y consumo humano. Con ello, el crecimiento de esta ciudad a través del fue desarrollando una compleja red de canales y acequias, es así que, las principales acequias eran de un origen ancestral, regando no solo sectores urbanos, sino que también áreas agrícolas vecinas; mientras que, las secundarias son de construcción más reciente, cruzan e irrigan específicamente esta urbe trasandina. Es relevante mencionar que el sistema de acequia urbano se fue adaptando al plano de damero, en donde sus dimensiones y materialidad hacen que sean fácilmente perceptible por los transeúntes. Así también como los casos chilenos, el sistema de acequia permitió el desarrollo de espacios públicos mendocinos como plazas, plazoletas, parques y alamedas, que sirven de oasis y catalizador climático en los acalorados veranos que ciernen sobre esta semidesértica región, como así también el rol de quitasol en las transitadas vías mendocinas como Avenida San Martin, Calle Montevideo y Calle Montecaseros, entre otras43.
En relación a sus dimensiones las acequias chilenas con su análoga mendocina se aprecia en el caso de la ciudad de Los Andes por lo general, poseen un perfil de forma de “U” con un ancho entre 20 a 25 cms. y una altura de 30 a 35 cms, cuya materialidad corresponde a la tradicional pared de tierra, que en ciertas ocasiones se alterna con cantos rodados o (gravillas) y cemento, por lo que su perfil cambia a uno cuadrado o rectangular. Sin embargo, llama la atención que, en muchos lugares de esparcimiento público como alamedas y plazas de armas, han sido entubadas o reemplazadas por riego tecnificado como riego goteo, solo quedando al descubierto algunos promontorios que demostrarían la otrora existencia y discontinuidad del riego por acequia que poseía esta ciudad aconcagüina. Es así como en su extensión el sistema de acequia andino llega aproximadamente a unos 73 kms, en dicha ciudad (Figura 8).
Figura 8. Acequia urbana actualmente en uso en la ciudad de Los Andes

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2022.
Mientras que, las acequias sanfelipeñas se han caracterizado por aún mantener su trazado con perfil rectangular producto de su materialidad de canto rodado, bloque, y recientemente, hormigón armado. Sus alturas varían desde 30 a 50 cms, dependiendo de su ubicación en la urbe y una anchura promedio 40 cms. Todavía mantienen el trazado original del damero y su patrón rectangular extendido por las alamedas sanfelipeñas, unidas a modo de esquinas ochavadas, dando un total estimado de 108 kms de acequias urbanas en esta urbe aconcagüina. (Figura 9).
Figura 9. Pequeño puente de hormigón sobre la tradicional acequia urbana de paredes de bloques en las ciudades de San Felipe

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2022.
En cambio, en el caso de las acequias mendocinas su considerable tamaño en comparación, cuya elevación va desde los ochenta cms a 1,5 metros y una amplitud de 50 a 80 cms. Su particular diseño del perfil se caracteriza por una o dos paredes de geometría cóncava, con una materialidad en que destaca el canto rodado dispuesto de manera lineal a modo de mosaico. Se destaca que cada ladera de la acequia es fragmentada por alguna especie de árbol urbano. Al igual que en el caso sanfelipeño las acequias son unidas por medio de una esquina ochavada, generando una gran configuración hidráulica que se fue consolidando y perfeccionando desde su génesis hasta la actualidad, circulando por todas los pasajes, calles y avenidas mendocinas, con la finalidad de suministrar con agua la progresiva arboleda urbana que reviste de siempreverde al paisaje citadino de Mendoza. Esta particular condición hace de esta ciudad transandina un interesante enclave territorial que le ha ganado terreno al semiárido andino, puesto que su trazado de más de 500 kms de acequias que no sólo recorren sus vías generando un interesante imaginario territorial que francamente atrapa la admiración de turistas y residentes, sino que, también, ha sido capaz después cinco siglos de pervivencia, siguen siendo el sistema de irrigación mendocino no son sólo puede ser considerado como un extraordinario y creativo ingenio hidráulico, sino también un pilar fundamental en su existencia humana, económica, social y patrimonial, en la vida de la comunidad mendocina que les distingue y llena de satisfacción (Figura 10).
Figura 10. Tradicional acequia de canto rodados próxima a la Plaza de la Independencia, en la ciudad de Mendoza

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2023.
Es innegable que las acequias de las ciudades de San Felipe y Los Andes se inscriban en la Cultura del Agua en el Valle de Aconcagua corresponde al sistema de acequias y sus correspondientes artefactos hidráulicos (compuertas, marco partidores, sifones, tacos y otros), lo que constituye una estructura de riego y abastecimiento doméstico primario utilizado en primera instancia por las poblaciones ancestrales como incas y picunches en sus actividades agrícolas en terrazas44. Posteriormente, con la llegada de los españoles a este enclave geográfico, este sistema fue optimizado en su materialidad y extensión, generando una particularidad en el desarrollo de pueblos y ciudades como San Felipe, Calle Larga, Olmué y Los Andes45. Durante el periodo colonial y de independencia, las ciudades del valle del Aconcagua constituían la base de comunicación con los territorios de Cuyo y Tucumán, que en esa época pertenecían al Reino de Chile. Por lo cual, se adoptaron y adaptaron los diversos elementos hidráulicos sanjuaninos y mendocinos, siendo el sistema de acequias un pilar fundamental de la vida socioeconómica, cultural y política de este enclave territorial, que pervive hasta la actualidad46. Con ello la cultura del agua no solo quedo adscrita al ámbito rural, sino también al espacio público urbano, recorriendo veredas y calles, algunas se desvían y atraviesan los predios para irrigar, desde parques comunitarios a pequeñas chacras y jardines familiares, convirtiéndose en un elemento transversal de la vida pública y privada47. A la dimensión material de la cultura del agua aconcagüina, también posee unja expresión inmaterial expresado en una memoria colectiva e identidad territorial que se demuestra en ancestrales usos, costumbres y oficios48. Sin embargo, con la llegada del modelo neoliberal a fines del Siglo XX, trajo consigo nuevos sistemas de riego, la agricultura y vitivinicultura de exportación, la demanda extractivista del sector minero y el desmedido crecimiento de las ciudades, dieron como consecuencia en la tradicional Cultura de Agua Aconcagüina, un cambio en al paisaje cultural de una agricultura tradicional a una agroindustrial, contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, amnesia patrimonial, sequía y pugna por el recurso hídrico49 (Figura 11).
Figura 11. Detalle de un león en una fuente en la Alameda Chacabuco, en la ciudad de San Felipe, como fiel representante de la Cultura del Agua en el Valle del Aconcagua

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2023.
En relación al imaginario cultural, la encuetas a los diversos actores sociales vinculados a las acequias sanfelipeñas y andinas ha demostrado que se destacan por sus atributos patrimoniales, atributos socioeconómicos, atributos históricos y atributos ecológicos. (Figura 12).
Figura 12. Nube de palabras que grafica a la Cultura del Agua Aconcagüina en las ciudades de San Felipe y Los Andes, a partir de la percepción de actores sociales relevantes en ambas localidades

Fuente: proyecto Climat-AmSud 2021, 2023.
En cuanto a sus atributos patrimoniales su expresión material como es el diseño y la materialidad de las acequias urbanas, originalmente en tierra, y luego, revestidas con cantos rodados, con el fin de impermeabilizarlas para impedir la infiltración hídrica en su circulación; Análogamente, la escala del sistema hidráulico de ambas ciudades aparece ante la impresionada percepción de un extranjero como un creativa y autentica pequeña estructura de diversos ingenios hidráulicos, como canales, compuertas, marcos partidores, ladrones, puentes, sifones, rejillas y otros, que impresiona como un juego de mecanos, que ha sido capaz de generar un tradicional paisaje cultural, que coexiste con viviendas y edificios públicos construidos esencialmente de adobe y tejas (Figura 13); Mientras que, el patrimonio inmaterial, se ha logrado definir por la técnica constructiva aludida a este singular sistema de riego, como también por diversos oficios ancestrales que se han ido desapareciendo con el tiempo, pero que aún están presente en la memoria colectiva de ambos poblados como el celador o acequiero, el maestro albañil en acequia, el adobero, el comportero y el hortelano50.
Figura 13. Ejemplo del paisaje cultural de vivienda de adobe y tejas, conviviendo con las tradicionales arboledas y acequias, que comúnmente se aprecian en las ciudades de San Felipe y Los Andes

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2023.
Mientras que, los atributos socioeconómicos del sistema de acequia sanfelipeño y andino han permitido que ambas ciudades ser enclaves territoriales con la cualidad de bonanza de fertilidad agraria y una consolidada economía campesina de horticultura y una agricultura de exportación; la génesis y posterior consolidación de este sistema de riego ancestral permitió en ambos casos dar el sustento y la posibilidad del asentamiento humano en la precordillera, en que impera las condiciones del semiárido y clima de altura (Figura 14). A ello, se suma la capacidad de algunos sectores de la población para organizarse en cuadrillas de jóvenes que, se dedican a limpiar las acequias de hojas y basuras, a través de la denominada “monda del canal”. El desarrollo de estos enclaves urbanos aconcagüinos no solo ha permitido desde sus orígenes al consolidar un tráfico de personas y mercancías agrícolas hacia distintas entidades pobladas de la costa y centro del Valle homónimo, sino también ha logrado generar un vínculo histórico en la ciudad trasandina de Mendoza.
Figura 14. Postal histórica que hace alusión a la plaza de Armas de la ciudad de Los Andes, regada por las acequias ancestrales, en donde la sociedad de la época se juntaba para compartir bajo la sombra de sus árboles, alegres y refrescantes tertulias, en tiempos de calurosos veranos

Fuente: I. Municipalidad de Los Andes, 2023.
Por otra parte, los atributos históricos destacan a esta red de riego agrícola y citadino que se desciende desde la precolombina Cultura Aconcagua, luego bajo la dominación Incaica y para ser mejorada por la colonia española, al ajustar su sistema de administración y gestión hídrica, al entender al agua, como recurso escaso en esta zona precordillerana. También como este sistema de riego fue una variable en la expansión urbana de cada ciudad, por medio de la planificación de arboledas, parques y plazas cívicas, que han servido como lugares de esparcimiento y diversión a sus respectivos residentes. (Figura 15).
Figura 15. Antigua vista panorámica de la plaza de Armas de la ciudad de San Felipe, en la cual este enclave cordillerano es un oasis en medio de limitado paisaje montañoso

Fuente: I. Municipalidad de San Felipe, 2023.
Finalmente, los atributos ecológicos se representan en el efecto de catalizador climático que da la sensación de frescor que logra la circulación hídrica por las acequias en las diversas anchas vías del centro de cada ciudad estudiada, al entregar la condición de umbría, ante temperaturas que bordean los 40 a 45 °C (Figura 16). La práctica histórica de corredores verdes y condición de oasis, mediante la gran cantidad de árboles dispuestos en cada ciudad; así también, en menor grado el arbolado y pequeñas chacras que albergan ciertas residencias. Por último, el riego de acequia ha entregado en su sección urbana un mecanismo de aplacar la polución en suspensión de sus polvorientas calles en los meses primaverales y estivales.
Figura 16. Foto actual de la Plaza de Armas de San Felipe, cuyo verdor de su arbolado y el escurrimiento de sus acequias, permiten a sus habitantes un lugar de descanso, esparcimiento y albergue, de las elevadas temperaturas imperantes en los meses estivales en la parte alta de la cuenca del Aconcagua

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2022.
De acuerdo a los actores sociales entrevistados la valoración del Sistema de Acequias tanto para San Felipe como para Los Andes, sus valores de acuerdo al promedio de un diferencial semántico basado en la escala de notas académicas de Chile, da para la realidad de San Felipe un valor promedio de 5,2 y para Los Andes de 4,8, que del punto de vista cualitativo podría ser considerado como bueno y suficiente. Esta condición se basa en que a pesar de que actualmente los sistemas de acequia de ambas ciudades se encuentran en funcionamiento de manera parcial con respecto al trazado original debido a la eliminación de tramos o entubamientos que realizan nuevos propietarios de cada sección urbana o por políticas municipales. Las condicionantes que permiten reconocer su respectivo valor y los beneficios que otorga el sistema de acequia entrega a cada urbe aconcagüina, están la edad del usuario, puesto que son reconocidas por su aporte patrimonial y socioeconómico por habitantes sobre los cincuenta años, ya que ellos en algún momento de su vida hicieron uso de estos canales con fines de riego agrícola y entretención al constituir un lugar de sumersión en el tiempo estival son los usuarios de estas; ya que las nuevas generaciones las comprenden como un pintoresco y extravagante elemento del paisaje urbano de cada ciudad, o de lo contrario desconocen su trascendencia para la pervivencia de cada localidad. También su vinculación directa de las acequias de acuerdo a un oficio y/o profesión al área de la horticultura, vitivinicultura, turismo, historia local, patrimonio vernáculo, arquitectura y urbanismo.
Dentro de las amenazas detectadas para el sistema de acequias urbanas de San Felipe y Los Andes están primeramente la mantención de esta estructura hídrica por parte de sus propietarios y la entidad municipal en relación a microbasurales que se generan en su cauce, la restauración no solo de sus paredes y fondo sino también de diversos ingenios hidráulicos como compuertas, sifones y partidores. En los meses de otoño e invierno el estancamiento de su escorrentía por la excesiva acumulación de hojas; así mismo el colapso del sistema por el descontrolado caudal que proviene el río Aconcagua, anegando a calles, áreas verdes y residencias próximas a las acequias (Figura 17). También el no traspaso de la importancia e invisibilización del sistema de acequia sanfelipeñas y andinas, entre generaciones ha ido produciendo paulatinamente una amnesia patrimonial.
Figura 17. Acequia sanfelipeña rebozada de hojas de árbol, que afecta en el escurrimiento de su caudal, produciendo desborde de sus aguas en la época invernal, dañando tanto la propiedad pública como privada

Fuente: I. Municipalidad de San Felipe, 2023.
La falta de una política municipal que incluya a la cultura del agua presente en ambas ciudades. En el caso de ciudad de Los Andes, durante el año 2023 se realizaron obras de modernización y mejoramiento del bandejón central de la avenida Argentina, cuya inversión bordeaba a U$1,8 millones, estos recursos fueron aprobados el año pasado por el Consejo Regional vía Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). Dentro de las principales obras contempladas estaban la renovación y construcción de un nuevo sistema de riego, paisajismo y áreas verdes. Vale la pena destacar que este proyecto urbanístico, comenzó con la recuperación de avenida Argentina y continuó con la remodelación de la avenida Santa Teresa. Lo cual se tradujo en un entubamiento y/o cierre de las tradicionales acequias que corrían por dichas alamedas, que fueron reemplazadas por riego tecnificado por goteo y en algunos sectores quedaron los puentes suspendidos sobre losas de hormigón, siendo considerados como remanentes y demostrando la antigua presencia del sistema de acequia andinas que otros tiempos recorrerían y alimentaban el agua estas respectivas alamedas (Figura 18 y Figura 19).
Figura 18. Reemplazo de la tradicional acequia por el riego tecnificado por goteo en la Alameda Santa Teresita, como parte del proceso la modernización urbana. Ciudad de Los Andes

Fuente: fotografía del autor José Marcelo Bravo-Sánchez de 2022.
Figura 19. Pequeño puente de piedra, que testimonia que por su arco pasaba antiguamente la acequia que regaba la Alameda Santa Teresita, la cual actualmente ha sido entubada como mediada del plan de modernización de áreas verdes de Los Andes

Fuente: I. Municipalidad de Los Andes, 2023.
Dando como resultante la casi inexistencia de un sistema de riego regular y de arbolado urbano en el centro de la ciudad y su periferia; ya que todo árbol nuevo que se planta, se marchita raudamente por la escasez hídrica; Por ello, se ha tomado la decisión de emplear de manera provisoria a un camión aljibes, que por medio de sus chorros de agua daña a las plántulas o plantas más jóvenes, resultando completamente insuficiente y menos eficaz que el uso de la tradicional forma de riego por acequia. Estas situaciones han demostrado con ello que, en torno a la cultura del agua, su patrimonio hidráulico y paisajes del agua ha comenzado a existir una “crisis de gestión local” que puede afectar a la imagen de la comuna y a la calidad de vida de sus residentes.
Inicialmente, desde sus respectivas fundaciones las ciudades de San Felipe y Los Andes han logrado por carestía hídrica, y con ingenio sortear los avatares del clima semiárido cordillerano, a una estructura urbana y productiva con extremada consideración a las condicionantes geográficas del Valle del Aconcagua y a la prioridad de suministrar de agua potable y de riego en conformidad a un comprobado y certero sistema hídrico, como es la acequia.
La llegada de nuevas tecnologías de irrigación traídas por la vorágine de la modernidad, el sistema capitalista y la globalización, se ha traducido en una amnesia patrimonial sobre el fundamento originario e histórico sobre el cual se reconoce a ambas ciudades analizadas y el territorio próximo. Este contexto hace reflexionar que cualquier lugar en su naturaleza es óptimo y que no hay inconveniente que no pueda zanjado con perseverancia y estrategias, a pesar de ser onerosas e involucre una exigua explotación de las circunstancias geográficas o en su defecto un empleo ilógico de la condición de oasis.
Por otro lado, localmente se ha desarrollado un imaginario cultural en las ciudades involucradas, que son una representación social, económica, cultural y ecológica de la “hazaña” que han realizado los habitantes sanfelipeños y andinos contra la condición de semiárido cordillerano que ha tenido diversos vaivenes en el transcurso de sus historias locales. Ello ha demostrado, que el patrimonio material e inmaterial que componen el sistema de acequia de ambas urbes aconcagüinas, puede ser albergado como un ejemplo señero en las nociones académicas de Cultura del Agua, Nueva Cultura del Agua, Patrimonio Hidráulico y Paisajes del Agua.
El vernáculo sistema de acequias de las ciudades de San Felipe y Los Andes han sido el pilar fundamental que permitió la vida ecológica, social y económica en la sección del Valle del Aconcagua, desde tiempos precolombinos hasta la actualidad. Sin embargo, a partir en la última década del siglo XX, la planificación urbana se opuso con omisión de la cultura del agua local, al cambiar la forma de proyectar a la ciudad y olvidando de manera irracionalidad al sistema de acequia que desarrolló la expansión urbana y diversas actividades socioeconómicas y culturales sanfelipeñas y andinas. En este sentido, cuando arribó la crisis medioambiental y climática, fue se hizo patente y dramático una irracional de ocupación territorial, que ha costado mucho enfrentar para diversos actores locales.
Finalmente, las políticas urbanísticas implementadas en las ciudades estudiadas en las últimas décadas por parte de la autoridad municipal, en relación al vernáculo sistema de acequia, han probado ir en dirección contraria de la coherencia que imperaría en un oasis precordillerano. Efectivamente, en el aspecto territorial, se ha fraccionario con la historia local de cada urbe aconcagüina analizada que había desarrollado algún “modo de pervivencia” que puede confirmarse en el encadenamiento histórico que tanto San Felipe como Los Andes venían desarrollando, desde sus correspondientes fundaciones en el siglo XVIII. Por ello, resulta interesante para dar respuesta a este Quo Vadis del sistema de acequia en las ciudades aconcagüinas, el tomar como ejemplo de cultura de oasis que ha desarrollado una planificación “modelo” a la ciudad argentina de Mendoza, que cuenta con una experiencia rigurosa y exitosa, en materia de políticas, programas y proyectos, en el ámbito la construcción una racionalidad hídrica a través de los siglos.
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