Miscelánea

water and landscape
AGUA y TERRITORIO

Fuentes de agua en el reino de Aragón (España) en el tránsito del Medievo a la Modernidad: política concejil y ornato municipal [I. Zaragoza y Huesca]

Water fountains in the kingdom of Aragon (Spain) in the transition from the Middle Ages to Modernity: council policy and municipal ornamentation [I. Zaragoza and Huesca]

Concepción Villanueva Morte

Universidad de Zaragoza
Zaragoza, España
convilla@unizar.es

ORCID: 0000-0002-1611-2942

Información del artículo

Recibido: 24/03/2025
Revisado: 21/07/2025
Aceptado: 29/07/2025
Online: 30/06/2026
Publicado: 10/07/2026

ISSN 2340-8472

ISSNe 2340-7743

DOI 10.17561/at.31.9585

CC-BY

© Universidad de Jaén (España)

RESUMEN
Este estudio contribuye a valorar la repercusión que tuvo el abastecimiento del agua de boca en el reino de Aragón (España) a través de la construcción y el aprovechamiento de fuentes públicas auspiciadas principalmente por los concejos municipales. El objetivo que se persigue con ello es constatar las transformaciones y percepciones provocadas por el acceso racional y eficiente a este recurso natural y su gestión en la sociedad de finales de la Edad Media e inicios del Renacimiento. Estos surtidores resultaron uno de los elementos más dinámicos y vertebradores de cada población, siendo lugares de frescor, reunión y sociabilidad, preferentemente femenina. A través del examen de documentación heterogénea (archivística, arqueológica, literaria, iconográfica…) se establece un recorrido selectivo por las distintas zonas más destacables de la geografía aragonesa —la primera parte está dedicada a Zaragoza y Huesca—, el cual constituye solo una pequeña muestra representativa del inmenso legado patrimonial hídrico heredado del que somos deudores y que debemos preservar por su extraordinaria riqueza.

PALABRAS CLAVE: Aragón, Agua de boca, Fuentes públicas, Edad Media, Renacimiento.

ABSTRACT
This study contributes to assess the impact of the supply of drinking water in the Kingdom of Aragon (Spain) through the construction and use of public fountains mainly instigated by the municipal councils. The objective is to verify the transformations and perceptions triggered by the rational and efficient access to this natural resource and its management in the society of the late Middle Ages and the beginning of the Renaissance. These fountains were one of the most dynamic and central elements of each community, serving as places of refreshment, meeting and sociability, preferably female. Through the examination of heterogeneous documentation (archival, archaeological, literary, iconographic...), a selective tour through the most outstanding areas of the Aragonese geography is established —the first part is dedicated to Zaragoza and Huesca—, which constitutes only a small representative sample of the immense inherited water heritage legacy from which we are indebted and that we must preserve for its extraordinary richness.

KEYWORDS: Aragon, Drinking water, Public fountains, Middle Ages, Renaissance.

As fontes de água no reino de Aragão (Espanha) na transição da Idade Média para à Modernidade: política concelhia e ornamentação municipal [I. Saragoça e Huesca]

RESUMO
O presente estudo contribui para avaliar as repercussões do abastecimento de água potável no reino de Aragão (Espanha) através da construção e utilização de fontes públicas, principalmente patrocinadas pelas câmaras municipais. O objetivo é averiguar as transformações e percepções provocadas pelo acesso racional e eficiente a este recurso natural e à sua gestão na sociedade do final da Idade Média e início do Renascimento. Estas fontes constituíam um dos elementos mais dinâmicos e estruturantes de cada vila, sendo locais de frescura, de encontro e de sociabilidade, preferencialmente femininos. Através da análise de documentação heterogénea (arquivística, arqueológica, literária, iconográfica...) estabelece-se um percurso seletivo pelas zonas mais destacadas da geografia aragonesa —a primeira parte é dedicada a Saragoça e Huesca—, que constitui apenas uma pequena amostra representativa do imenso legado do património hídrico herdado, ao qual estamos devedores e que devemos preservar pela sua extraordinária riqueza.

PALAVRAS-CHAVE: Aragão, Água potável, Fontes públicas, Idade Média, Renascença.

Les fontaines d’eau du royaume d’Aragon (Espagne) dans la transition du Moyen Âge à la modernité : politique du conseil et ornementation municipal [I. Saragosse et Huesca]

RÉSUMÉ
Cette étude contribue à évaluer les répercussions de l’approvisionnement en eau potable dans le royaume d’Aragon (Espagne) à travers la construction et l’utilisation de fontaines publiques, principalement à l’initiative des conseils municipaux. L’objectif est de déterminer les transformations et les perceptions provoquées par l’accès rationnel et efficace à cette ressource naturelle et à sa gestion dans la société de la fin du Moyen Âge et du début de la Renaissance. Ces fontaines constituaient l’un des éléments les plus dynamiques et structurants de chaque ville, étant des lieux de fraîcheur, de rencontre et de sociabilité, de préférence pour les femmes. À travers l’examen d’une documentation hétérogène (archivistique, archéologique, littéraire, iconographique...), un parcours sélectif des zones les plus remarquables de la géographie aragonaise est établi —la première partie est consacrée à Saragosse et Huesca—, qui ne constitue qu’un petit échantillon représentatif de l’immense héritage du patrimoine hydrique dont nous sommes redevables et que nous devons préserver en raison de son extraordinaire richesse.

MOTS-CLÉS : Aragon, Eau potable, Fontaines publiques, Moyen Âge, Renaissance.

Le fontane d’acqua nel Regno d’Aragona (Spagna) nel passaggio dal Medioevo alla Modernità: politica comunale e ornamento municipale [I. Saragozza e Huesca]

SOMMARIO
Questo studio contribuisce a valutare le ripercussioni dell’approvvigionamento di acqua potabile nel regno d’Aragona (Spagna) attraverso la costruzione e l’uso di fontane pubbliche, principalmente su iniziativa dei consigli comunali. L’obiettivo è quello di verificare le trasformazioni e le percezioni causate dall’accesso razionale ed efficiente a questa risorsa naturale e dalla sua gestione nella società del tardo Medioevo e del primo Rinascimento. Le fontane erano uno degli elementi più dinamici e strutturanti di ogni città, essendo luoghi di freschezza, di incontro e di socialità, preferibilmente per le donne. Attraverso l’esame di una documentazione eterogenea (archivistica, archeologica, letteraria, iconografica...) si stabilisce un percorso selettivo delle aree più rilevanti della geografia aragonese —la prima parte è dedicata a Saragozza e Huesca—, che costituisce solo un piccolo campione rappresentativo dell’immenso patrimonio idrico ereditato di cui siamo debitori e che dobbiamo preservare per la sua straordinaria ricchezza.

PAROLE CHIAVE: Aragona, Acqua potabile, Fontane pubbliche, Medioevo, Rinascimento.

Introducción: contextualización historiográfica y metodológica

Allí donde hay agua hay vida. Esta máxima es tan obvia como la raíz misma de nuestra civilización, un tesoro que intercede en la interacción de la gente con el territorio, ya que los manantiales, como fuente de vida, marcaron la ubicación de muchas de sus poblaciones. Referirse a ella es hablar del significado que su uso tiene para quienes han sabido, han querido o han podido aprovecharla para construir sistemas de producción de riqueza y de disfrute de la misma, acorde con las necesidades de cada época y los pormenores de cada localidad1. Y allí donde encuentra un impedimento para seguir su curso, la penuria crea una salida, con la corrección, en lo posible, de sus deficiencias2. Este estudio contribuye a valorar la repercusión que tuvo el abastecimiento del agua potable en el reino de Aragón3, mostrando en paralelo las transformaciones y percepciones provocadas por el acceso (racional y eficiente) y su gestión en la sociedad de finales de la Edad Media e inicios del Renacimiento4.

Con toda seguridad, hasta entonces la relativamente sencilla forma de obtener este recurso hídrico, tanto del acuífero como de los ríos principales o torrentes marginales redundaría en un cierto retraso a la hora de acometer la construcción de fuentes. Sin duda, la costosa ejecución de dichas obras ante la perentoriedad de la canalización, así como su mantenimiento condicionaría a las autoridades locales que, ante la suficiente provisión existente, no considerarían urgente la acometida de agua a través de este tipo de infraestructura.

No obstante, la existencia de fuentes públicas está extensamente documentada en la península ibérica, en poblaciones como Vitoria, Lequeitio, Portugalete, Castro Urdiales, Santander, Segura u Orduña5, al igual que en Alicante, Valencia, Elche, Xàtiva6 o en diversas ciudades de la Cuenca del Duero7. Si bien es cierto que el tema presenta algunas motivaciones extendidas de manera global, dicha aproximación panorámica debe analizarse también teniendo en cuenta las características, dificultades y necesidades particulares de cada caso concreto.

Respecto a las expectativas que podrían considerarse generales se encontraba la necesidad de mejorar el servicio de abastecimiento hídrico a los vecinos y ciudadanos; aun así, parece que dicho elemento contaba con un segundo interés, mucho más mundano y que se encontraba directamente relacionado con el ennoblecimiento y ornato del entorno urbano de la localidad en cuestión. Elemento ligado al proceso común y compartido que comenzó en el siglo XV y por el que las ciudades y villas parecían sentir una preocupación creciente por cuestiones relativas a la salubridad, belleza e imagen de la urbe que, a la postre, no serían sino un reflejo del poder y la riqueza de sus clases gobernantes.

En este ámbito se podrían enmarcar los casos de ciudades como Barcelona que realizó la fuente de la plaza de Santa Ana8 en el siglo XV, Sevilla, Palermo o Alcoy9, pero también las concernientes a la Cuenca del Duero. Dos ejemplos claros son Aranda de Duero10 y Valladolid. En ambos casos se mostraba el ornato y el embellecimiento de dichas ciudades como una de las razones principales que llevaron a sus gobiernos a acometer las obras, en concreto en la capital vallisoletana se exponía claramente que se realizaba “para ennoblecimiento de ella”11. Pero no se entienda que dicho indicador se constituyó como el único que se tuvo en cuenta a la hora de acometer este tipo de obras, pues la necesidad de agua jugó un papel preeminente en el proceso de toma de decisiones de esta índole.

Por el contrario, no cabe duda de que las condiciones naturales ejercieron una influencia especial en ciertas ocasiones. Es representativo de ello el caso de Valencia12, que disponía de un gran número de fuentes públicas de las que se abastecía debido a que en algunas partes de la ciudad el agua subterránea era tan mala que no se consideraba apta para el consumo humano, probablemente fruto de la salinización del acuífero. Y muy posiblemente fuese el mismo problema el que llevó a la existencia de fuentes en otras localidades costeras como Alicante.

Sobra apuntar que no se trata de un hecho aislado ni enmarcado en un espacio ni un tiempo concretos, pues la cuestión en torno al frágil equilibrio de los acuíferos costeros hará que en numerosas ocasiones se produzcan intrusiones marinas en los mismos. Muestra de ello es el caso paradigmático del acuífero profundo del delta del río Llobregat, factor enmarcado cronológicamente en época reciente y que sufrió esta misma situación como consecuencia de la sobreexplotación13, debiendo llevar a cabo medidas de urgencia como la construcción de una barrera hidráulica efectiva consistente en la excavación de varios pozos en los que se inyecta agua dulce, aumentando el nivel del acuífero y evitando que el agua salada penetre en él14.

La localización de algunas poblaciones en lugares relativamente secos o con cursos de agua menores también obligaría a las autoridades a buscar medios y puntos de abastecimiento que aseguraran un suministro lo más seguro y constante posible para la población, pudiendo inscribirse en este caso ciudades como Xàtiva o Elche.

Otras veces, en cambio, serían las necesidades más específicas las que tendrían un rol preponderante a la hora de construir un sistema de esta complejidad, tal como sucedía en Medina del Campo15, cuya fuente se encontraba íntimamente relacionada con el entorno en el que se realizaban las ferias, a las que daba servicio. Aun así, otro de sus usos concretos era el de disponer de agua cercana en caso de incendio, mismo motivo que llevó a San Vicente de la Barquera16 a enfrascarse, a finales del siglo XV, en la construcción de una obra de importantes dimensiones y complejidad para acercar el agua hasta una nueva fuente situada en la población.

Como se ha mencionado, uno de los elementos clave que finalmente empujó a la construcción de fuentes públicas en numerosas localidades fue el deseo de mostrar el poder de su clase dirigente, de esas élites locales en proceso de consolidación, a través de la mejora de la ciudad/villa desde el punto de vista urbanístico y monumental que, asimismo, llevaría aparejada un desarrollo sustancial de las condiciones higiénico-sanitarias y de salubridad.

Ya se han expuesto algunos ejemplos al respecto, debiendo incluir también en el listado a Medina del Campo y algunas ciudades portuguesas. Además, se debe tener presente que aun en aquellos lugares en los que la necesidad obligó a realizar dichas infraestructuras, no es difícil intuir que el factor apuntado también fue un pretexto crucial, relacionándose, en la mayor parte, las fuentes con entornos urbanísticos simbólicos y concretos vinculados a instituciones civiles y religiosas. Sin lugar a dudas, este fenómeno debe enmarcarse en un movimiento general mucho más amplio que surgió en la Italia del Quattrocento (de modo particular cabe mencionar el caso de Siena17 o Massa Marittima18 en la Toscana, y Perugia, capital de la región de Umbría19, donde aún se conservan algunas fuentes de finales del siglo XIII) y por el que la clase dirigente comenzó a dar muestras de un interés creciente por presentar a la ciudad como el reflejo de su poder.

La expansión demográfica y económica favoreció la creciente demanda por la sociedad de obras de ingeniería para irrigar tierras o abastecer de agua a villas y ciudades. La función de los municipios fue esencial para proveer de ayuda financiera y negociar con particulares e instituciones con el fin de que estos proyectos se convirtieran en realidad20. Elementos contemporáneos a la construcción y puesta en funcionamiento de la traída de aguas y las fuentes públicas serían, por ejemplo, la pavimentación y el empedrado de calles, plazas u otros espacios públicos que se potenció de manera relevante en las ciudades hispánicas21 y se extendió por doquier, especialmente en el último cuarto del siglo XV, y las grandes construcciones civiles que se llevarían a cabo también en dicho periodo. Tal vez los ejemplos más claros y notables fuesen, para el caso concreto de Zaragoza, la construcción del Puente de Piedra22 en la primera mitad de la centuria, el Palacio de la Diputación del Reino23 y el conjunto de la puerta del Ángel24 y la urbanización de todo el entorno, creando un marco singular de gran categoría simbólica y visual que recibía a todo aquel que alcanzara la urbe desde la otra margen del río.

En suma, el observatorio aragonés resulta privilegiado porque está jalonado por cientos de acueductos y de fuentes, pozos, aljibes, balsas, acequias, estanques... cuya construcción y aprovechamiento han ido quedando documentados en los archivos y bibliotecas, o bien a través de restos arqueológicos y de su rastro en la cartografía25 y en la toponimia26, distintos registros que han sido examinados de forma complementaria a nivel metodológico. Mientras su uso diario dejaba sus huellas en la literatura, el arte, la música y el folklore popular, como espacios neurálgicos de la cultura, la vida económica, social y de la idiosincrasia de los pueblos. Y es que, hasta hace no mucho tiempo las fuentes fueron uno de los elementos más dinámicos de cada población y sus alrededores, siendo lugares de frescor, de reunión, de esparcimiento y de sociabilidad, preferentemente femenina (punto de origen de algunos cortejos, desamores y leyendas); valores intangibles que han ido forjando nuestras creencias y prácticas a lo largo de la historia. En un bando pregonado en la villa aragonesa de Sos, el 8 de mayo de 1502, por García la Pieza, corredor público, se notificaba la prohibición de jugar, bailar y tocar música (tamborino) mientras se celebrara misa, en las vísperas o cuando la campana tocase anunciando la llegada de nubes, así como la prohibición de traer agua de la fuente el domingo hasta que finalizase la misa bajo pena de 10 sueldos de multa, lo que nos da idea del bullicio que se podía formar en estos enclaves27.

Para cerrar este apartado preliminar, resulta imprescindible esbozar la diferencia fundamental existente entre las fuentes urbanas y aquellas fuentes de monte, que hacen referencia a las arquitecturas populares28 colocadas directamente sobre un manantial u ojo, sin que exista canalización ni desplazamiento de las aguas. Estas obras suelen ser sencillas, sin grandes alardes, valorables sobre todo en relación con su carácter práctico. Los añadidos son funcionales: accesos, caños y poyetes para facilitar la toma del agua, pilas necesarias como bebederos y abrevaderos. En algunas ocasiones el agua sobrante era recogida en una alberca, utilizada también para abrevadero de ganados y caballerías o para regar algunos campos cercanos. Este modelo sería posiblemente el tipo de fuente más habitual en época árabe: un manantial natural, construido con escasa intervención humana, e inmediatamente un estanque o laguna donde se acumulaban sus aguas para el uso de la población29. Y ese seguirá siendo el sistema más utilizado tras la conquista cristiana de los valles del Jalón y del Jiloca.

Zaragoza y el valle del Ebro

La moda de embellecer las ciudades europeas e hispanas con fuentes se generalizó entre los siglos XV y XVI, es más, algunas de las más monumentales se realizaron al exterior del casco urbano, junto a las puertas. Pero, por contra a lo que sucedía en numerosas poblaciones europeas, Zaragoza no contó entre sus infraestructuras de abastecimiento urbano con la existencia de fuentes públicas hasta época contemporánea.

Llama poderosamente la atención de este ejemplo concreto, pues la ciudad vivió un periodo expansivo y de engrandecimiento a nivel urbanístico y arquitectónico desde mediados del Cuatrocientos que se prolongaría y tendría su mayor desarrollo en la siguiente centuria, por lo que extraña la no inclusión de la acometida de agua y la construcción de fuentes públicas en ese movimiento general de ennoblecimiento urbano30.

El caso zaragozano es peculiar pues parece que las autoridades municipales no consideraron la traída de aguas y la construcción de fuentes públicas como un asunto prioritario31. De hecho, apenas existe documentación al respecto, a excepción de unos breves apuntes contenidos en el libro de actos comunes de 1492. En ese año los regidores del municipio de Zaragoza fueron informados por el jurado en cap (micer Alfonso de la Caballería, vicecanciller del rey) de lo siguiente: que la ciudad, como es sabido, padece una gran penuria de fuentes y abrevaderos como otras ciudades de los reinos tienen, y que han recibido una oferta de un italiano que ofrece sacar continuamente agua del Ebro, mediante un artificio de su invención, que permitiría construir fuentes y llevar agua limpia continuamente a todos los puntos de su interior. El italiano, confiando en la idoneidad y el rendimiento de su ingenio mecánico, se lo vendía a los munícipes a cambio de una renta, que cesaría en el momento en que el artilugio fallase, a la vez que se ofreció para mostrar la máquina a dos personas enviadas por los jurados. Estos se mostraron encantados con la idea de llenar de fuentes la ciudad, que servirían, además de sus fines prácticos, de ornato a la misma. El entusiasmo por el proyecto no pasó desapercibido y, tan solo un mes después, sería un zaragozano, llamado Domingo Ramón, quien se personó en las Casas del Puente para ofrecer al municipio un artefacto semejante, alegando que debía ser preferido al del extranjero puesto que él era regnícola y vecino de Zaragoza. Tan solo dos documentos, fechados a 14 de septiembre32 y 19 de octubre de ese año33, tratan dicho tema. No sabemos el final de la historia, pues al concluir el año municipal un grupo de expertos seguía estudiando cuál de los dos inventos era preferible34. Ciertamente ninguno de los dos llegó a ponerse en práctica, pues la subida de agua a las viviendas no llegó hasta el siglo XX35.

Realmente no se conoce la naturaleza del referido “artificio”, ya que —como se ha dicho— las huellas heurísticas son parcas al respecto. No obstante, parece que no debió convencer en demasía a los ediles, pues en el segundo de los documentos se les diputaba para que viesen el elemento en cuestión y, desde ese momento, no aparece referencia alguna al asunto. ¿Cabría la posibilidad de que se tratase de la noria que aparece referenciada en el siglo XVI en el puente de piedra?36. De ser así, no se trataría precisamente de un ingenio tan espectacular y novedoso como el anunciado por Domingo Ramón, aunque está claro que debía presentarlo de un modo lo suficientemente atractivo como para que el concejo le prestara atención. Además, no se encuentran datos que apunten a la conducción del agua extraída por la noria a través de canalizaciones ni su uso para fuentes públicas, por lo que no se encuentra relación entre ambos elementos, a no ser que se llevara a cabo la construcción de la noria y no se realizara finalmente el resto del proyecto, aunque este extremo tampoco puede ser confirmado debido al silencio de los registros escritos.

Desde luego, la falta de fuentes en la ciudad debía ser un asunto que parecía inquietar parcialmente a sus habitantes y regidores, como se puede deducir de los citados textos. La “falta muy grande de fuentes e abevradores de agua por la ciudat como segunt otras ciudades los tenían”37 situaba a Zaragoza ante una posición de inferioridad con respecto a otras poblaciones de su importancia en lo que a su prestigio se refiere, o así parecían entenderlo sus autoridades, a quienes parecía preocuparles más este hecho que realmente la necesidad de llevar a cabo la acometida de agua para dar servicio a su vecindario. Aquí es donde entraba en juego el renombre de la ciudad y su clase dirigente, y ello se ve reflejado en las repetidas llamadas que se realizan a lo largo de los dos documentos a la “grant belleza” y a la “grant belleza e honor” que supondría la construcción de las infraestructuras citadas.

Queda claro que la relación existente entre las fuentes y la belleza y el prestigio de una ciudad era un elemento clave que jugaba un papel más que respetable a la hora de implementar este tipo de obras. Aun así, en el caso particular de Zaragoza parece que primaron otras consideraciones que, aun teniéndose en cuenta en otros lugares, no debían suponer la causa final que decantara la balanza a la hora de tomar una decisión o, al menos en algunas ocasiones, no condicionaron la resolución de construir fuentes en la población.

Ya se han apuntado los diversos condicionantes que podían llevar a emprender una obra tan relevante y, si se observa con detenimiento, se podrá comprobar que para Zaragoza no se daba ninguno de ellos. El problema de la calidad del agua del acuífero no existía, pues a pesar de la contaminación producida por la existencia de una gran cantidad de pozos negros, sobre todo para evacuar las aguas fecales a través de las privadas (retretes), la salubridad de la reserva hídrica subterránea se percibía como buena. Además, la existencia de corrientes de agua relativamente importantes y permanentes que discurrían cercanas al plano urbano o junto al mismo, permitía disponer de agua de manera regular, tanto para uso humano a través del acarreo de agua desde los cauces fluviales, como para otros usos que recibían suministro de las corrientes derivadas que penetraban en el casco urbano.

Por consiguiente, el consumo procedía fundamentalmente del Ebro. Por este motivo era de vital importancia proteger la limpieza de sus aguas. Para ello se dictaron una serie de normativas, una de las cuales indica en 1506: “que ninguno sea ossado de echar inmundicias ni cosas malas en el dicho río ni sean ossados de lavar d’agua del ria sino d’alla del Puent de Piedra […] e que los que tuvieron albellones y tintes y molinos de olio que no sean ossados de echar las dichas inmundicias”38. En 1512, el arrendador de la guardia de las riberas del río era el encargado de imponer las multas correspondientes a los transgresores de estas reglamentaciones.

De esta manera se puede entender que a pesar del interés mostrado en un primer momento por los jurados, validado principalmente por cuestiones de prestigio, finalmente dicho beneficio derivará hacia otros derroteros como la mejora viaria, reflejada en el cada vez más importante empedrado de calles o la paulatina alineación de fachadas, así como la construcción de edificaciones que mostraban esa prosperidad y que tendría sus máximos exponentes en la centuria siguiente en los imponentes palacios renacentistas y, muy especialmente, en la suntuosa construcción de la Lonja de mercaderes a mediados del siglo XVI.

Ante la inexistencia de una necesidad objetiva de agua en la ciudad, los jurados tendrían en cuenta cuestiones de índole práctica, especialmente relacionadas con el coste tanto de la construcción como del mantenimiento, porque este tipo de infraestructuras era frágil y su mantenimiento muy costoso, debiendo llevar a cabo reparaciones con regularidad39, como ocurría en San Vicente de la Barquera, donde se produjeron grandes problemas a este respecto40.

Al menos en esta ocasión, Zaragoza presentaba un problema menos del que preocuparse, pues además del mantenimiento y su coste surgiría un nuevo foco de conflicto relacionado con la limpieza del agua y el uso de estas infraestructuras, lo que sería motivo de preocupación en localidades como Riaza41 o Mallorca42, donde no se permitía lavar en sus fuentes; o en Vitoria, donde se prohibía expresamente el lavado de ropa, trapos, escudillas y otros elementos al objeto de mantener el agua limpia, lo que se dejaba bajo el control de los vecinos de la zona43.

A tal efecto, la falta de documentación nos lleva a pensar que la utilización del agua de dichas fuentes para el abastecimiento urbano nunca tuvo lugar en Zaragoza, ya que las pocas referencias existentes sobre alguna de ellas, caso de la fuente de Calasanz44, muestran que los pleitos sostenidos entre diversos actores por el control de la misma y su entorno próximo estuvieron relacionados de manera especial con la Casa de Ganaderos y el aprovechamiento de esas tierras (ademprios) como zona de pasto de la ciudad.

Otro asunto distinto es la existencia de fuentes y surtidores instalados en las huertas de las casas más pudientes con función ornamental, una situación que refleja la transformación del espacio natural en uno urbanizado, de acuerdo con el nuevo gusto. La primera noticia de la que disponemos es de 1543 cuando se contrató la obra de una fuente para las casas del caballero Juan de Torrellas, la cual constaría de una ‘pesquera’ de piedra franca sobre la que se asentaría una “peanya con su pila y surtidor” de piedra negra de Calatorao45. A grandes rasgos, no debió diferir mucho la que se encargó en 1580 para el jardín de la casa del conde de Aranda, Juan Jiménez de Urrea, cuya traza se ha conservado. Era también de piedra negra calatorense y tenía las mismas piezas que la anterior: una pila ochavada “de ocho quadros”, de 10 palmos de diámetro, moldurada con “un estragalo con un filete”; un pedestal de 2 palmos de alto, sobre el cual descansaba una especie de pirámide y encima una “taça conchada toda por defuera”46.

Sea como fuere, la realidad muestra que Zaragoza no dispuso de una fuente pública hasta una fecha tan tardía como 178647. Y no se trataba de una fuente urbana como tal, pues la denominada Fuente de los Incrédulos se encontraba a una distancia importante de la ciudad, en vinculación con el Canal Imperial de Aragón —construido a instancia de los jurados y concejo, por real cédula otorgada en Barcelona el 22 de junio de 1529, en la que Carlos I asumió ejecutar a su costa la acequia del Ebro48—. Por tanto, si se tienen en cuenta tan sólo las fuentes localizadas en el casco urbano, la primera en construirse sería la Fuente de la Princesa o de Isabel II, de la que comenzó a manar agua en la reciente fecha del 24 de julio de 184549.

Por indicar mínimamente algún otro ejemplo de fuera de la capital aragonesa, aludimos a la cuenca del río Huecha50 —una de las más antiguas y complejas zonas irrigadas de Aragón—, en cuyo nacimiento destaca la ruta de las fuentes (del Rey, de Las Cuevas y del Prado) en Añón de Moncayo, villa vinculada a la orden de San Juan de Jerusalén, que formó encomienda junto con Talamantes y que, a causa del recrecimiento del azud de la Retuerta para administrar de forma eficaz las aguas que bajaban por la acequia de Morana, se enfrentó en serias disputas con el monasterio cisterciense de Santa María de Veruela51, que pretendía hacerse con el control de los valles del Moncayo. Como también la Fuente Nueva (Fannueva, manantial conocido en época medieval con el nombre del Prat o Prado Susan) en Bulbuente (Figura 1), una obra tal vez de origen romano cuya longitud es superior a los 500 metros y en algunos tramos se cubre con una bóveda de cantos rodados, la cual se menciona el 17 de julio de 1441 cuando se firmó un compromiso entre Borja y dicho cenobio en relación a los pastos, aguas y otros asuntos de Villamayor52.

Figura 1. Fuente Nueva (Bulbuente, Zaragoza)

Figura 1. Fuente Nueva (Bulbuente, Zaragoza)

Fuente: Centro de Estudios Borjanos [consultado 22/07/2025]. https://cesbor.blogspot.com/2012/03/el-tunel-de-la-fannueva-en-bulbuente.html

En la comarca de las Cinco Villas, los jurados en nombre del concejo de Sos arrendaron en 1504 (14 de noviembre) las fuentes de la villa, “clamadas de Riguiel, de los Asnos, del Puent”, y la balsa de Billera, a Gil López durante tres años, a condición de mantenerlas y limpiarlas las veces que hiciera falta; se advertía además que,

“si ningunos vezinos o muxeres d’ellos, o moças lavaran dentro los gradones de las dichas fuentes, a saber es, dentro en los patios de las primeras escaleras, haunque el agua saquen con baxillo limpio, en tal caso si ninguna natura de inmundicias lavaran dentro en las fuentes ni patios ni fustas o berguas echaran en las dichas fuentes o balsa haya de pena por cada vegada qui el contrario fara de V sueldos jaqueses”53.

Huesca y el Somontano pirenaico

La evolución histórica de Huesca ha estado condicionada por diversos factores ambientales, entre los que destacan la limitada disponibilidad de agua y de roca54. A causa de la penuria hídrica que sufría la ciudad prácticamente todos los años por periódicas sequías, debido a que se proveía de las aguas superficiales que llegaban por el Isuela55 y en menor medida por el Flumen56 —dos ríos de caudal escaso que casi llegaban a agotarse durante los meses más calurosos—, y a pesar de las reservas que mantenían las estancas o albercas de Cortés y Loreto, los trabajos para abastecerla no cesaron durante toda la Edad Media. De nuevo, la solución consistió en instalar depósitos públicos57 desde los que se recogía el agua de lluvia y también de la capa freática subterránea que aún ahora aflora en estas cotas para después distribuirla a través de un complejo sistema de canales, tuberías o acequias, tal como demuestran algunos tramos excavados. Aun así, se tiene constancia residual en la toponimia de la carrera de las Fuentes de la Judería58 y la pista de la existencia de una fonte coorpeta59, al margen de la fuente de San Martín60 que se conoció como “fuente y portal de los moros” hasta el Quinientos, situada al final de la calle Lanuza. Al acabar esta centuria había cuatro fuentes públicas: la misma de San Martín, junto al portal y puente así llamados; la de San Miguel, junto al puente del mismo nombre; la del Ibón, en la salida de Huesca hacia Zaragoza; y la del Ángel, en Barrio Nuevo, con eje en la calle de San Jorge, cuyas noticias se remontan a principios del siglo XV —el nombre más antiguo por la que se conoce es fontes de la Judaria, que probablemente cambió a Fuente del Ángel cuando fueron expulsados los judíos en 1492, por el intento de borrar todo recuerdo relacionado con esta minoría61—. En 1522 se comenzó a rehacerla, junto con su abrevadero, a cargo de Joan de Palacio, “maestro piedrapiquero imaginario” natural de Estadilla, el cual trabajará también para otros pueblos del somontano oscense. En 1525 seguía todavía sin acabar. Al año siguiente otro maestro se ofreció para repararla y no cobrar hasta que el agua saliese correctamente. Parece que los problemas con dichas obras se dilataron, pues diez años después fue necesario gastar 1.341 sueldos jaqueses en su reparación, como consecuencia de no estar fluyendo como estaba previsto62. Esta fuente, y parece que la de San Martín, estaban al descubierto, mientas que las del Ibón y San Miguel tenían los chorros cobijados bajo arco de medio punto que fue la solución preferida y generalizada en ese momento.

Aparte de la ciudad oscense, otra fuente que cabe distinguir es la del Azud de Barbastro (Figura 2), capital del Somontano, ubicada en el casco urbano, en el barrio de San Joaquín, en la orilla izquierda del río Vero, la cual data de finales del siglo XV o comienzos del XVI, hoy desmontada. Fue tallada en piedra caliza en estilo gótico florido y se dividía en tres cuerpos: en el inferior, sobre la base de un nicho de sillar, se albergaban cuatro cabezas de león en las que estaban los caños; en el medio un estrecho friso dividido por pilastras con cinco arcadas de tipo conopial, decoradas con filigrana y cresterías de resabios góticos; y el cuerpo superior se cerraba con un arco de medio punto adornado con bolas y una decoración geométrica que enmarca el escudo de la ciudad (con un rostro barbado rodeado de cinco escudetes con los palos de Aragón) bajo hornacina en relieve de filigranas y celdillas. Contaba asimismo con un aljibe complementario para la recogida de agua que fue construido con posterioridad. Esta fuente, como otras que hemos visto, responden a modelos cultos y desempeñaron un papel ornamental y simbólico, representando dignamente el orgullo de toda una sociedad y de las autoridades municipales, que como celebra el escudo que las preside “habían traído la bondad de las aguas y la prosperidad de sus habitantes”63.

Figura 2. Fuente del Azud en Barbastro (Huesca)

Figura 2. Fuente del Azud en Barbastro (Huesca)

Fuente: SMartine [consultado 22/07/2025]. https://www.flickr.com/photos/martinesodaigui/32201209897/in/photostream/

Aguas arriba se hallaba la fuente de San Francisco64, ubicada extramuros, junto al convento de san Francisco de Asís, concebida a modo de portada-fachada flanqueada por pilastras decoradas con motivos geométricos y vegetales, que enmarcaban al conjunto renacentista principal: cuatro mascarones que acogían a los caños65 y, bajo una arcada de medio punto, protegida por una estructura de cuerpo cuadrado, dos toscos ángeles flanqueando el escudo de la ciudad, labrado en un medallón66 (Figura 3). Fue encargada en 1553 por el concejo barbastrense a Jaques de Guertch, escultor de origen francés residente por entonces en Calasanz, localidad ribagorzana. Y también es la primera obra documentada del maestro Joan de Araçil, cantero de origen vasco, que se incorporó al trabajo cuando ya estaba todo acordado con el escultor. Se habría de erigir en el lugar en el que ya existía una fuente conocida popularmente como “de los Frayles”, un obsoleto manantial del que tan solo brotaba un chorro de agua, que se perdía entre huertas y el caudal del río, de lo que se deduce fuera un encargo de acondicionarla con un interés puramente ornamental. Como materia prima se optó por los sillares blancos procedentes de la cantera caliza de Fonz, bloques de piedra que se extrajeron y trasladaron hasta Barbastro a través de barcas por el río Cinca. La obra duró aproximadamente cinco meses, por lo que se cumplió escrupulosamente con lo firmado en el contrato previo, y, a su conclusión, los miembros de la corporación municipal ratificaron y aprobaron la validez de las reformas, liquidando a los maestros y obreros todo lo que les adeudaban. El auge de estas artísticas fontanas en el Somontano coincidió con el Renacimiento tardío. Los canteros y artistas priorizaron la perfección estética y la monumentalidad, dejando en un segundo plano su funcionalidad.

Figura 3. Fuente de san Francisco en Barbastro, obra concebida por el maestro Juan de Arazil, experto en conducción de aguas, y ejecutada por el escultor Jacques de Guertch (1553)

Figura 3. Fuente de san Francisco en Barbastro, obra concebida por el maestro Juan de Arazil, experto en conducción de aguas, y ejecutada por el escultor Jacques de Guertch (1553)

Fuente: Foto de Marta Puyol Ibort [consultado 15/06/2025]. https://www.sipca.es/censo/1-INM-HUE-007-048-021/Fuente/de/San/Francisco.html

Más adelante, en toda la comarca se encuentran fuentes con soluciones similares, lo que las convierte en una de esas señas del patrimonio que aporta carácter y personalidad propia no solo al Somontano y la Hoya de Huesca, sino que corresponde a una tipología muy usual en todo Aragón que surgió hacia mediados del siglo XVI y pervivió sin grandes variaciones hasta comienzos del XX67. Un ejemplo cualquiera es la de Loarre, situada en la confluencia de la plaza de Moya con la calle de la Fuente, con una lápida en la que consta la fecha de 1552. Responden, por lo general, a una construcción de piedra de planta rectangular o cuadrada rematada con un frontón triangular (a modo de la estética de un templo griego o romano) y en su frente una hornacina o nicho en forma de arco dentro del cual está la pila con el caño que vierte el agua, pudiendo incluir —las más artísticas— decoración de columnas o esculturas en su interior. Este modelo se gestó en una época en la que los concejos adquirieron un mayor poder frente a los señoríos y se afanaron por mejorar las condiciones de vida de la población con la puesta en práctica de nuevas técnicas, la elevada cualificación de los maestros fonteros —a menudo antiguos canteros especializados en este campo— y la bonanza económica, que posibilitaron el acercamiento del preciado líquido al alcance de sus gentes.

Con frecuencia, junto a estas fuentes, se encuentran asociados lavaderos —donde las mujeres lavaban la ropa resguardadas de las inclemencias meteorológicas—, o abrevaderos —donde los animales podían saciar la sed al volver de una intensa jornada de trabajo—, que se alimentan del caudal procedente de sus pilas, y que en muchos pueblos se conocen como “moros” porque en el subconsciente de nuestros antepasados aquello cuyo origen se perdía en la memoria sólo podía pertenecer al final del periodo andalusí. Además, algunos de estos lugares con agua se pensaban —según cuentan las leyendas que han venido nutriendo el imaginario popular desde la antigüedad grecolatina— que estaban habitados por mujeres muy hermosas, hadas y encantarias en Aragón, llamadas moras o lavanderas, doncellas o lamias hechizadas que peinaban sus largas y doradas cabelleras con aceite de enebro a la luz de la luna, dejándose empapar su torso desnudo y sus danzantes pies por el rocío del amanecer68. Estos espíritus fantásticos relacionados con la naturaleza y con el agua enlazan con épocas muy antiguas y mitos griegos, como el de las náyades, ninfas de las fuentes y manantiales.

A partir de la Edad Media, será la Iglesia, en una estrategia de apropiación simbólica del territorio, quien vaya cristianizando muchos de estos espacios, alejándolos de esas connotaciones paganas, construyendo santuarios en sus inmediaciones y convirtiéndolos en escenario de leyendas sagradas y de curaciones milagrosas atendiendo a las propiedades mágicas del agua. Una de ellas es la fuente bajo la advocación de San Damián, en la sierra de Loarre, conocida por sus aguas curativas, fomentando así el culto a los santos médicos sanadores preconizado por los benedictinos desde sus primeros tiempos69. Otros dos ejemplos ilustrativos son: la ermita de Nuestra Señora de Cillas (nombre procedente del latín cella/ae = despensa, bodega)70, en el término de Chimillas, a unos 6 km. de Huesca, construida a finales del siglo XII y con cofradía fundada en el XIII, de cuya fama milagrera dan fe los muchos exvotos que cuelgan en el interior del templo, y donde todavía devotos, peregrinos y visitantes acuden la noche de San Juan (23 de junio, solsticio de verano) a cumplir con el ritual de “sanjuanarse” (bañarse o lavarse durante la madrugada). Y la ermita antigua de san Medardo situada a las afueras del municipio de Benabarre, un edificio de planta hexagonal que alberga en su interior un manantial cuyo caudal sale al exterior por las bocas de dos cabezas de buey (Figura 4) en relación con la leyenda del hallazgo de las reliquias del santo, vinculada con la fertilidad de las mujeres y narrada en un antiguo breviario de su iglesia mayor donde se describe que los restos de este obispo de Noyón (Picardía, Francia) fueron llevados por el ejército de Carlomagno al condado de Ribagorza. Al parecer, en alguna retirada fueron escondidas bajo tierra en un lugar del valle de Linares para evitar que fueran profanadas por la “impiedad” de los bárbaros y la posterior ocupación por los árabes. Cerca de aquel paraje había una masía, llamada entonces de Pudiola (actualmente Mas de San Vicente, por haberse hospedado en ella el predicador y teólogo dominico Vicente Ferrer), desde la que acudía todos los días un buey que, cuando le quitaban el yugo después de arar, se iba a escarbar en un punto concreto. Allí hallaron sus dueños una arqueta de madera que contenía los huesos del santo francés. Enseguida avisaron a los monjes de San Benito quienes la trasladaron al santuario de Santa María de Linares, donde brotó un hermoso manantial. En vista de semejante prodigio, se nombró a san Medardo patrón del pueblo71.

Figura 4. Fuente de la ermita de san Medardo (Benabarre, Huesca)

Figura 4. Fuente de la ermita de san Medardo (Benabarre, Huesca)

Fuente: Fotos de Francisco Bolea [consultado 15/07/2025]. https://www.sipca.es/censo/1-INM-HUE-004-053-016/Ermita/de/San/Medardo.html

Por último, en la zona sur de la sierra de Guara Somontano, donde los manantiales superficiales son escasos, se utilizó de manera generalizada una solución singular para garantizar el abastecimiento: la construcción de pozos-fuente. Consiste en agujerear el suelo, pero no de forma vertical, como en cualquier pozo, sino en oblicuo, determinando un plano inclinado en el que se sitúa la rampa con escalones para descender hasta la cubeta donde se acumula el agua, tras buscarla horadando galerías subterráneas de captación de varios metros de longitud y en todas direcciones. Todos tienen una estructura similar: un tramo descubierto de escaleras al que le sucede otro abovedado que conduce a la cámara de almacenaje, pero éste, al haber sido totalmente perforado en la roca, presenta un aspecto mucho más tosco. La mayor parte de ellos son obras medievales que la tradición oral atribuye a los moros (por ejemplo, el de Albero Alto que es denominado en la población como ‘pozo árabe’ o ‘fuente de los moros’)72, quizás en referencia a los qanats de origen persa implantados profusamente por los musulmanes en la península ibérica73. La casi totalidad de los documentados en Aragón se concentran en la margen izquierda del Ebro, en las comarcas de la Hoya de Huesca, Somontano de Barbastro y Monegros. El punto de inicio para conocer esta ruta de gran interés etnológico es Laluenga, donde se conserva el Pozo Nuevo situado 30 metros por debajo del suelo (Figura 5), una de las más espectaculares ‘catedrales del agua’, tal como se las conoce vulgarmente74.

Figura 5. Pozo-Fuente (Laluenga, Huesca)

Figura 5. Pozo-Fuente (Laluenga, Huesca)

Fuente: Archivo de Comarca de Somontano de Barbastro [consultado 15/06/2025]. https://www.patrim.net/pyrenoteca/portfolio/pozo-fuente-de-laluenga-laluenga/

Consideraciones finales

El agua hoy en día nos es tan accesible que olvidamos su importancia y su pasado como recurso imprescindible para la subsistencia. La necesidad cotidiana de agua para beber, lavar, regar, producir energía, luchar contra el fuego… ha generado a lo largo de la historia un variadísimo conjunto de construcciones, fruto de los condicionantes del medio físico y de los conocimientos técnicos de cada época.

Durante la época antigua y medieval se canalizaron las aguas y edificaron fuentes, pero –como hemos podido ver en las páginas de este artículo– fue en los albores de la Edad Moderna, una vez esbozado el programa político de los Reyes Católicos, cuando existió una fuerte preocupación a nivel de los concejos municipales por garantizar el abastecimiento y la salubridad del agua de boca. En muchas localidades, fue la obra hidráulica más importante y el orgullo de sus vecinos, una admirable obra de arreo urbano, gastando cuantiosas sumas de dinero para su construcción y generando conflictos latentes entre los emergentes concejos y las élites tradicionales. Por ende, tanto la presencia de sistemas de distribución de aguas de boca, como la recogida de las residuales y la creación de instalaciones que la usaban como elemento esencial (fuentes públicas, lavaderos, baños, molinos, tenerías, ferrerías, etc.) fueron realidades plenamente consolidadas que se revelaron como síntoma de prosperidad en las ciudades bajomedievales debido a su importancia vital en una sociedad eminentemente agraria; por tanto, este ha sido y es también un factor decisivo en la configuración y dinámica de la sociedad aragonesa tanto de aquel entonces como de ahora.

Una vez suministrada, el agua en las viviendas se almacenaba en tinajas y cubas. En las casas pudientes, eran los criados, sirvientes o mozas del servicio doméstico quienes se encargaban de que no faltase75. Pero también existían unos diligentes profesionales que cubrían esta necesidad y eran remunerados por ello: los aguadores76, que llenaban sus recipientes77 y los transportaban en pequeños carros tirados por asnos. Recorrían toda la ciudad vendiendo este líquido tan preciado y facilitaban a sus habitantes el abastecimiento de sus hogares, previo pago de una cantidad de dinero. Este servicio en el caso de Zaragoza era concedido por sistema de arrendamiento, realizado por lo general no a una colectividad sino a un particular, que bien podía representar a una compañía conformada por varios sujetos agrupados para tal fin78. Es posible que este oficio no pagara ningún tipo de impuesto por desempeñar su labor a cambio de mantener limpias las fuentes y el sistema de alcantarillado y acudir obligatoriamente con sus enseres a sofocar cualquier incendio que se produjese, aunque este tema ya es harina de otro costal.

Archivos y fuentes documentales

Archivo Casa de Ganaderos de Zaragoza (ACGZ).

Archivo Histórico Municipal de Zaragoza (AMZ).

Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza (AHPnZ).

Archivo Histórico de Protocolos de Sos del Rey Católico (AHPnS).

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SIPCA (Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés) cuenta con unas 756 fuentes de agua catalogadas y con distintos materiales disponibles: https://www.sipca.es/tematicas/sugerencia.jsp?id_noticia=182&vieneDe=lista.

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1 Segura, 2002. Alegría, 2006, 102-113.

2 Bolós, 2024.

3 Bernad, 2008.

4 Ortega; Ibares, 1996. Álvaro; Ibáñez, 2008.

5 Para todas ellas consultar Arízaga, 1998, 79-88.

6 Para las fuentes de las ciudades levantinas consúltese Hinojosa, 2000, 370, 374, 375-376 y 376, que aluden a Alicante, Elche, Valencia y Játiva respectivamente.

7 Martín-Cea, 2002, 71.

8 Claramunt, 1985, 1417.

9 Hinojosa, 2000, 372.

10 Abad; Peribáñez, 2002, 144.

11 Bonachía, 1998, 63.

12 Gil-Salinas; Palacios, 2000, 59-87.

13 Custodio, 2007, 301.

14 Ortuño et al., 2009, 235-250.

15 Sánchez del Barrio, 2005, 92, nota 189.

16 Solórzano; Añíbarro, 2008, 295.

17 Visentin, 2016.

18 Las enigmáticas Fuentes de la Abundancia de esta ciudad, ubicada en la provincia de Grosseto, eran las únicas construidas dentro del recinto amurallado para el abastecimiento de agua, y también se utilizaron en la parte superior del edificio como almacén para el grano. Lo que llama la atención no es su sugestiva estructura, sino su decoración que data del 1265, embellecida por un fresco del Árbol de la Fecundidad. La pintura representa múltiples figuras femeninas apiñadas a sus pies intentando recoger sus frutos, decenas de enormes falos, símbolo explícito de fertilidad. Es pues una alegoría de la abundancia de las cosechas, un himno propiciatorio a la vida.

19 Nessi, 1971, 117.

20 Mateos, 2005, 131-159.

21 Ladero, 2010, 53-55.

22 En 1401 se iniciaron las obras del puente que conocemos en la actualidad, dirigidas por Gil de Menestral, estando acabado en 1440. Iranzo, 2005.

23 Laliena, 2022, 381-416.

24 Situada al norte, era la entrada principal a la ciudad, erigida en Paseo de Echegaray y Caballero, entre el Palacio Arzobispal y la Lonja, junto al Puente de Piedra. Se llamaba así porque la coronaba una escultura del Ángel Custodio, obra de Gil Morlanes; se levantó en 1492 con motivo de la llegada de los Reyes Católicos y se derribó en 1821. Más información en Cuartero; Bolea, 2013.

25 Esenciales son los mapas históricos que proporciona el Instituto Geográfico Nacional y la información ofrecida en los viejos proyectos de obras públicas y planos catastrales, así como los hidrónimos relacionados en el Nomenclátor Geográfico de Aragón que ayudan a posicionar elementos muchas veces olvidados o simplemente desaparecidos.

26 La localización de algunas fuentes no es tarea fácil, pues la primera dificultad con la que nos topamos es que a un mismo manantial se le otorgan varias y distintas denominaciones: bien toma el nombre del término donde está ubicado, o lo toma del primer propietario de las tierras o de otro posterior, o de ambos, o de algún motivo histórico, constructivo o de otra índole.

27 Archivo Histórico de Protocolos de Sos del Rey Católico (AHPnS), notario Miguel del Sen, P 459, f. 29r-v, documento transcrito por Abella, 2009, 219, doc. 181.

28 Un planteamiento general sobre arquitectura popular y monumental puede verse en Pounds, 1999, 164-184.

29 Sarasa, 1989, 633-646.

30 Falcón, 2002, 273-298.

31 Lacámara, 2020, 171-177.

32 Archivo Histórico Municipal de Zaragoza (AMZ), Ayuntamiento de Zaragoza, Libros del Concejo, Actas L.A.00011, año 1492, ff. 212v-213r.

33 AMZ, Libro de actos comunes de 1492, ff. 267v-268r.

34 Este episodio fue citado por Ximénez de Embún, 1986, II, 163; y también por García-Herrero, 1992, 153.

35 García-Ruiz, 1977, 6-9.

36 Blázquez; Pallaruelo, 1999, 415.

37 AMZ, Libro de actos comunes de 1492, f. 212v.

38 AMZ, Libro de Cridas o Pregones, 1506, f. 483r. Gómez-Urdáñez, 1987, I, 47.

39 Martín-Cea, 2002, 71-73.

40 Solórzano; Añíbarro, 2008, 295.

41 Martín-Cea, 2002, 82.

42 Barceló, 2002, 238.

43 Arízaga, 1998, 94.

44 Archivo Casa de Ganaderos de Zaragoza (ACGZ), Derechos de la Casa de Ganaderos, Balsas y abrevaderos, ES/FCG, Caja 37, ligamen 9_58_2.

45 Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Zaragoza (AHPnZ), notario Pedro Casales, 1543, ff. 372v-374v.

46 San Vicente, 1981, 121-122, la traza es reproducida en 50.

47 Yeste, 2009, 41-43.

48 Las obras comenzaron de inmediato siguiendo el proyecto de Gil Morlanes, ejecutándose en los diez primeros años la presa y el cauce con su paso sobre el Jalón, lo que permitió regar unas nueve mil cahizadas entre el Bocal y Luceni. En 1540 se promulgaron las primeras Ordenanzas de la Acequia Imperial, aun cuando las obras quedaron paralizadas. Véase Pérez Sarrión, 1984. Bolea, 2003, 42. De Vega; Pallarés, 2011.

49 Pascual Madoz apuntaba en su Diccionario, 1850, p. 569: “Parece increíble que una ciudad que se halla rodeada de tantas y tan buenas aguas, no haya tenido hasta el año 1845 una sola fuente para poder surtirse los vecinos de un artículo tan necesario a la economía doméstica”.

50 Carranza, I, 2016, 32, 73-76 y 81-84; II, 2018; III, 2024.

51 Rodríguez-Lajusticia, 2008, 143-155.

52 Cabanes, 1985, 127-128, apartado de Bulbuente, n.º 15.

53 Archivo Histórico de Protocolos de Sos del Rey Católico, notario Miguel del Sen, P 461, f. 62. Transcrito por Abella, 2009, 236 (doc. 191).

54 Cuchí et al., 2005, 159-175.

55 En 1336 Pedro IV concedió a la ciudad de Huesca las aguas del río Isuela. Más tarde, por privilegio de 1417, se mejoró la concesión al autorizarse represar las aguas en el término de Igriés.

56 La sentencia de la Real Audiencia de Aragón dictada el 3 de octubre de 1482 distribuyó el agua del Flumen entre el molino de Sangarrén y los campos de Barbués, Torres, Almuniente y Grañén.

57 El mayor aljibe registrado estaba en el claustro de la Catedral y se encuentra señalado en el suelo del Museo Diocesano. Otro, menor, estaba en el antiguo convento de las Siervas de María, en la calle de las Cortes.

58 Durán, 1984, 39.

59 Durán, I, 1969, II, 528 (doc. 555).

60 Del Arco, 1922, 89.

61 Naval, 2013, 96.

62 Latorre, 1994, 57. Este autor rebate la tesis de Arco Garay, quien propuso la fecha de 1562, que está esculpida en el escudo de la ciudad que debió instalarse ese año (actualmente depositado en el Museo).

63 Juste; López-Aparicio, 2006, 27-63.

64 Declarada bien protegido por la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (BOE n.º 155, de 29/06/1985).

65 Cuantos más caños dispusiera el manantial, mayor prestigio para la localidad. De ahí que en la fuente de San Francisco acondicionaran cuatro de ellos a pesar de las reducidas medidas de la construcción, igualando en número a la de Barbuñales y superando a otras también coetáneas como las de Abiego y Alquézar, que tenían tres, y a las de Azlor y Buera que contaron tan solo con un conducto.

66 Iglesias; Arbués, 2000, 211-220.

67 Blázquez, 1995, 35-44.

68 Véase la recopilación de algunos relatos en las obras de Corral, 2002 o Ubieto, 2010.

69 Benito, 1995, 76.

70 Balaguer; Durán, 1957, 31-54.

71 Duchet-Suchaux; Pastoureau, 2009, 325-326. La tradición popular sostiene que si llueve el día de su festividad (8 de junio), las precipitaciones durarán cuarenta días.

72 Cronológicamente puede tratarse de uno de los pozos-fuente más antiguos de la comarca de la Hoya de Huesca junto con el de Ola ya que el acceso a la cámara donde mana el agua se realiza a través de un arco de herradura dovelado y cuenta con el aparejo característico del periodo andalusí. Véase VV.AA., 2006, 22-23.

73 Mención aparte merecen aquellos complementados con un conducto para trasladar el agua hasta un manadero artificial, como son los casos de Calaceite, que da origen a la Font de la Vila, o el de la Cartuja de las Fuentes, en los Monegros, origen de otra curiosa fuente.

74 Laluenga cuenta con tres pozos-fuente, de los ocho atestiguados en otras localidades oscenses: Laperdiguera, Monesma de San Juan, Adahuesca, Lagunarrota o Ponzano. Por ello radica en esta localidad el centro de interpretación de los Pozos Fuente, del que parte una ruta temática específica sobre ellos. Juste, 2006, 217-226.

75 En el siglo XIX fueron varias las obras artísticas erigidas en su honor, por ejemplo, La Aguadora (1808) de Goya, una joven de clase trabajadora que se muestra orgullosa y confiada, con el cuerpo ligeramente arqueado para soportar el peso de la vasija. Y del pasado nos venimos al presente, donde en el pequeño parque del barrio zaragozano de San Pablo, en la orilla derecha del Ebro, junto al puente de la Almozara y cerca de la calle de los Aguadores, se instaló la escultura Aguadora de Isabel Queralt Solari, realizada en bronce (de 2 m. de alto), que representa a una mujer con un cántaro sobre la cabeza, inspirada en la fotografía de una monegrina de los años 1930 acarreando el agua.

76 Lacámara, 2022, 343-363.

77 Para Zaragoza, los cántaros que debían utilizarse tenían que ser cabientes medial de la ciudat (con capacidad de casi 10 litros), de uso obligatorio y cuyo quebranto por parte de los aguadores suponía la pérdida de los mismos y el pago de 10 sueldos [AMZ, Ayuntamiento de Zaragoza, Libros de cridas o pregones, PRE-1, 1409, f.13v; PRE-1, 1423, f.7v; PRE-1, 1427, ff. 2v-3r; 1430, ff.1r-1v; 1433, f. 3r; 1436, ff. 3v-4r; 1443, f. 2v; 1447, f. 3r; PRE-2, 1450, f. 2r; 1452, f. 2v; 1454, f. 3r; 1455, f. 2r; 1463, ff. 4v-5r; 1465, f. 2r; 1466, ff. 2v-3r; 1470, ff. 2r-2v; 1474, f. 2r; 1476, ff. 4r-4v; 1477, f. 2r; 1478, ff. 3v-3r; 1479, ff. 3v-4r; 1480, f. 2v; PRE-3, 1481, ff. 2v-3r; y PRE-4, 1499, f. 3v].

78 Ello queda claro en un documento de 1448 en el que se marcaba el precio de venta y se consignaba el arrendador del agua como uno de los beneficiarios de las multas a las que deberían hacer frente aquellos que no cumplieran la normativa [AMZ, Libros de cridas o pregones, PRE-1, 1442, ff. 31r-v; 1443, f. 18r; 1448, f. 15v].