Miscelánea
water and landscape
AGUA y TERRITORIO
The importance of water in the cora of Ŷaīyān (Jaén) through the chronicles and geographical works of al-Andalus
Laura García Durán
Universidad de Jaén
Jaén, España
lgd00020@red.ujaen.es
ORCID: 0009-0005-7218-5483
Información del artículo
Recibido: 03/05/2025
Revisado: 07/08/2025
Aceptado: 20/08/2025
Online: 27/03/2026
Publicado: 10/04/2026
ISSN 2340-8472
ISSNe 2340-7743
cc-by
© Universidad de Jaén (España)
RESUMEN
El agua, su gestión y distribución adquirió mayor relevancia en la historia de Jaén durante la etapa andalusí. La ciudad romana de Aurgi se configuró en torno al manantial de La Magdalena, por lo que experimentó un notable desarrollo agrícola y urbano debido a la abundancia de recursos hídricos. A partir del siglo VIII, con la presencia árabe, la ciudad pasó a denominarse Ŷaīyān y destacó dentro de al-Andalus por su avanzada gestión hidráulica, que favoreció la agricultura y aseguró el abastecimiento de baños y mezquitas. Relevantes autores, como al-Rāzī, al-Idrīsī y al-Ḥimyarī, documentaron la importancia del agua en la región, remarcando la fertilidad de la tierra y la presencia de unos sistemas de regadío que impulsaron el desarrollo agrícola. Estas crónicas y obras geográficas confirmaron que la riqueza, la calidad y la gestión del agua fueron elementos clave en el crecimiento de Ŷaīyān, convirtiéndola en una de las zonas más productivas de al-Andalus y consolidando a Jaén como un centro económico destacado.
PALABRAS CLAVE: Agua, Ŷaīyān, Jaén, Al-Andalus, Crónicas.
ABSTRACT
Water, its management, and distribution gained greater importance in the history of Jaén during the Andalusi period. The Roman city of Aurgi was established around the La Magdalena spring, which led to notable agricultural and urban development due to the abundance of water resources. From the 8th century onward, with the Arab presence, the city came to be called Ŷaīyān and stood out within al-Andalus for its advanced hydraulic management, which favored agriculture and ensured the supply of baths and mosques. Prominent authors such as al-Rāzī, al-Idrīsī, and al-Ḥimyarī documented the importance of water in the region, highlighting the fertility of the land and the existence of irrigation systems that promoted agricultural development. These chronicles and geographical works confirmed that the wealth, quality, and management of water were key elements in the growth of Ŷaīyān, making it one of the most productive areas in al-Andalus and establishing Jaén as a prominent economic center.
KEYWORDS: Water, Ŷaīyān, Jaén, Al-Andalus, Chronicles.
A importância da água na cora de Ŷaīyān (Jaén) através das crônicas e obras geográficas de al-Andalus
RESUMO
A água, sua gestão e distribuição adquiriram maior relevância na história de Jaén durante o período andalusí. A cidade romana de Aurgi foi configurada em torno da fonte de La Magdalena, o que levou a um notável desenvolvimento agrícola e urbano devido à abundância de recursos hídricos. A partir do século VIII, com a presença árabe, a cidade passou a ser chamada Ŷaīyān e destacou-se dentro de al-Andalus pela sua avançada gestão hidráulica, que favoreceu a agricultura e garantiu o abastecimento de banhos e mesquitas. Autores relevantes, como al-Rāzī, al-Idrīsī e al-Ḥimyarī, documentaram a importância da água na região, ressaltando a fertilidade da terra e a existência de sistemas de irrigação que impulsionaram o desenvolvimento agrícola. Essas crônicas e obras geográficas confirmaram que a riqueza, a qualidade e a gestão da água foram elementos-chave no crescimento de Ŷaīyān, tornando-a uma das áreas mais produtivas de al-Andalus e consolidando Jaén como um importante centro econômico.
PALAVRAS-CHAVE: Água, Ŷaīyān, Jaén, Al-Andalus, Crónicas.
L’importance de l’eau dans la cora de Ŷaīyān (Jaén) à travers les Chroniques et les Œuvres Géographiques d’al-Andalus
RÉSUMÉ
L’eau, sa gestion et sa distribution ont acquis une plus grande importance dans l’histoire de Jaén durant la période andalouse. La ville romaine d’Aurgi s’est développée autour de la source de La Magdalena, ce qui a entraîné un développement agricole et urbain notable grâce à l’abondance des ressources en eau. À partir du VIIIe siècle, avec la présence arabe, la ville fut appelée Ŷaīyān et s’est distinguée au sein d’al-Andalus par sa gestion hydraulique avancée, qui a favorisé l’agriculture et assuré l’approvisionnement en eau des bains et des mosquées. Des auteurs renommés tels qu’al-Rāzī, al-Idrīsī et al-Ḥimyarī ont documenté l’importance de l’eau dans la région, soulignant la fertilité des terres et la présence de systèmes d’irrigation qui ont stimulé le développement agricole. Ces chroniques et ouvrages géographiques ont confirmé que la richesse, la qualité et la gestion de l’eau furent des éléments clés dans la croissance de Ŷaīyān, en faisant l’une des zones les plus productives d’al-Andalus et consolidant Jaén comme un centre économique important.
MOTS-CLÉ: Eau, Ŷaīyān, Jaén, Al-Andalus, Chroniques.
L’importanza dell’acqua nella cora di Ŷaīyān (Jaén) attraverso le cronache e le opere geografiche di al-Andalus
SOMMARIO
L’acqua, la sua gestione e distribuzione acquisirono maggiore rilevanza nella storia di Jaén durante il periodo andaluso. La città romana di Aurgi si sviluppò intorno alla sorgente di La Magdalena, il che portò a un notevole sviluppo agricolo e urbano grazie all’abbondanza delle risorse idriche. Dall’VIII secolo, con la presenza araba, la città venne chiamata Ŷaīyān e si distinse all’interno di al-Andalus per la sua avanzata gestione idraulica, che favorì l’agricoltura e garantì l’approvvigionamento di bagni e moschee. Autori importanti come al-Rāzī, al-Idrīsī e al-Ḥimyarī documentarono l’importanza dell’acqua nella regione, sottolineando la fertilità del terreno e la presenza di sistemi di irrigazione che promossero lo sviluppo agricolo. Queste cronache e opere geografiche confermarono che la ricchezza, la qualità e la gestione dell’acqua furono elementi chiave nella crescita di Ŷaīyān, rendendola una delle zone più produttive di al-Andalus e consolidando Jaén come un importante centro economico.
PAROLE CHIAVE: Acqua, Ŷaīyān, Jaén, Al-Andalus, Cronache.
La cora de Ŷaīyān, actual Jaén, fue considerada en la Alta Edad Media (ss. V-X) como un territorio fértil, económicamente próspero y superior a las coras limítrofes. La administración emiral y califal dividió la península ibérica en demarcaciones, las conocidas marcas o territorios de frontera. Dentro de cada una existía una subdivisión en coras, dirigida por un wālī y con una alcazaba, es decir, la proyección arquitectónica del poder. La riqueza hídrica de Ŷaīyān originó un cambio en los cultivos comerciales, relevando el protagonismo del aceite de oliva de la Bética romana por la actividad cerealística, siendo su producción más limitada respecto a centurias anteriores. La evolución de la villae a la alquería conllevó avances tecnológicos, pero estos se centraron especialmente en la zona hispalense.
El desarrollo urbanístico, aparte de fundar ciudades como Ubbada al-ʽarab (Úbeda), conllevó un incremento de la actividad mercantil. Pero, además, el centro de poder se trasladó de Mantïssa a Ŷaīyān, con lo que la ciudad fue adquiriendo mayores atribuciones políticas, económicas, sociales, jurídicas y religiosas a lo largo del siglo X1. El término Ŷaīyān es la correspondencia árabe de Jaén2.
La cuestión del agua en la historiografía española ha resurgido durante las dos últimas décadas, destacando la obra coordinada por María Isabel del Val en 2015, que aglutina al conjunto de especialistas en los estudios hidráulicos en la Edad Media desde diversas perspectivas3. Cabe resaltar el estudio de la Dra. del Val analizando la importancia del agua en los fueros castellanos, con un profundo análisis de Las Partidas, que ponen de manifiesto la importancia del agua para los legisladores, ya sea como límite geográfico, sus peligros, su utilización en actividades económicas o en el aspecto judicial4. En cuanto a los estudios del agua en una urbe concreta, señalar el estudio de Eduardo Jiménez sobre el agua y la sociedad de Madrid en la Edad Media5, ampliación y revisión de su tesis, así como su investigación de la gestión pública del agua como mecanismo legitimador y los beneficios que de ello pudo extraer la nobleza6. Jordi Bolós ha trabajado en fecha reciente la significación del agua en la Corona de Aragón en relación con los cambios sociales en los siglos medievales, especialmente los sistemas hidráulicos de etapa andalusí (ss. VIII- X)7. Enric Guinot ha concretado más sobre ello al centrarse en las huertas de la zona de Valencia durante la Edad Media8.
Si bien existen estudios centrados en la distribución y el aprovechamiento del agua en Jaén durante el periodo islámico, a destacar los trabajos de Vicente Salvatierra9, este estudio analiza la manera en que tres autores andalusíes de los siglos X al XIV describieron el agua en Ŷaīyān (Jaén) y en el territorio de la cora. Detallaron sus manantiales, fuentes y arroyos, y cómo esas representaciones reflejan la importancia del recurso en la identidad, economía y paisaje urbano de la ciudad. En este trabajo se aborda la percepción y el valor simbólico que el agua tuvo para autores como al-Rāzī, al-Idrīsī o al-Ḥimyarī, quienes documentaron su papel en la fertilidad de las tierras, el abastecimiento de baños y mezquitas y el desarrollo agrícola. Partiendo del manantial de La Magdalena, núcleo en torno al cual se configuró la ciudad romana de Aurgi y más tarde la islámica Ŷaīyān, las crónicas y obras geográficas permiten reconstruir una imagen de Jaén como centro económico destacado de al-Andalus, sustentado por una gestión hidráulica avanzada en esta región. La investigación aporta así una dimensión discursiva y perceptiva en el estudio del agua en Ŷaīyān, siendo comparada con las coras de su entorno en cuanto a la abundancia de agua y la calidad de la misma, complementando las investigaciones previas.
Para analizar la cuestión del agua en Ŷaīyān se ha considerado el estudio a través de las obras geográficas andalusíes, debido al gran volumen de éstas, se ha escogido a tres autores para realizar el estudio10. La elección de al-Rāzī, al-Idrīsī y al-Ḥimyarī como principales referentes para el análisis de las fuentes de agua en Jaén responde a una combinación de criterios historiográficos, geográficos y metodológicos. Estos tres autores representan algunos de los testimonios más paradigmáticos dentro de la tradición geográfica andalusí, tanto por la amplitud de sus obras como por el grado de detalle con el que describen los elementos del territorio. Al-Rāzī, como uno de los primeros cronistas andalusíes, ofrece una visión fundacional que combina geografía y relato histórico; al-Idrīsī, desde una perspectiva más global y científica, aporta una descripción sistemática de la península ibérica en el contexto del siglo XII; mientras que al-Ḥimyarī compendia y transmite informaciones heredadas, pero con notables detalles sobre el paisaje y el mundo urbano. Esta selección permite, además, una lectura diacrónica de las transformaciones en la percepción y representación del agua en Jaén, al tiempo que proporciona materiales suficientemente ricos desde el punto de vista filológico y geográfico. Aunque otros autores como Ibn Sa‘īd también hacen referencia a Jaén, su mención es más tangencial y carece del desarrollo descriptivo necesario para los objetivos de este estudio. Por tanto, los tres seleccionados constituyen un corpus representativo y metodológicamente adecuado para abordar el estudio del agua desde una perspectiva histórica.
La importancia de las infraestructuras hidráulicas en Jaén fue notable desde época romana, como evidencia la fuente de La Magdalena, un manantial perteneciente a la cuenca del río Guadalbullón, situándose allí el núcleo primigenio sobre el que se articulaba la ciudad romana (Aurgi). El agua discurría por Marroquíes Bajos hasta limitar en Las Lagunillas, regando profusamente algunas tierras. A este curso se unían dos trayectos fluviales: uno, desde la sierra de Jabalcuz, y otro, desde el cerro de Santa Catalina. No obstante, los íberos debieron acometer el drenaje de las lagunas debido a que las áreas encharcadas dificultaban la habitabilidad de la zona, destinadas después al regadío11.
Con la conquista árabe del año 711, Jaén pasó de denominarse Aurgi a Ŷaīyān, además de experimentar una reorganización administrativa. El yacimiento de Marroquíes Bajos atestigua la parcelación del espacio en superficies de tres hectáreas próximas a los arroyos y a las huertas, pues la profusión de agua hizo que incentivasen el regadío y las acequias. Incluso, la arqueología ha demostrado que una de las canalizaciones del manantial de La Magdalena no corresponde a época romana, sino que su cronología se debe retrasar hasta la llegada de los almohades12. Con las nuevas demarcaciones territoriales, Jaén quedó establecida como la cora de Ŷaīyān, cuyo primer núcleo de poder fue Mantīṣa. Sin embargo, Ŷaīyān adquirió gradualmente una mayor influencia hasta imponerse durante el siglo X. Diferentes autores andalusíes como al-Rāzī resaltaron principalmente la fertilidad y calidad del suelo de la región, así como un eficaz sistema de regadío que propició la producción de una gran diversidad de frutos. Esto situaba a Ŷaīyān como una región próspera, con una riqueza superior a la de las coras cercanas. La producción de aceite de oliva tuvo una presencia significativa, aunque limitada, pues compartió espacio y relevancia con la producción de cereales, aunque siguió siendo uno de los productos comerciales más destacados.
El propio término Ŷaīyān (جيان) es una alusión a la riqueza y abundancia de agua en Jaén, pues en la lengua árabe, las palabras ŷanna y ŷinān eluden al paraíso coránico con jardines y fuentes, por lo que se puede establecer conexión con la descripción o alusión a la ciudad. En la Crónica del Moro Rasis, el autor hace alusión a la profusión de manantiales, fuentes, jardines y árboles13.
De todas las fuentes de Aurgi, el Raudal de la Magdalena constituyó el principal punto de abastecimiento hídrico para los romanos, conocida popularmente como Fuente de la Magdalena, huella arqueológica indispensable para estudiar el desarrollo de Jaén en las diferentes etapas históricas, pues estuvo en uso hasta el siglo XIX14. El agua de este manantial natural no solo se destinaba al consumo de los habitantes, sino que también abasteció a los cinco baños públicos existentes en la ciudad, uno de ellos reservado para la comunidad judía, además de regar un considerable número de huertas extramuros y abastecer instalaciones artesanales, como tenerías, molinos y tintorerías15. Era tal su caudal que configuró los arroyos de la Magdalena y de San Pedro. En caso de merma del caudal, se tomaba el agua del subsuelo a través de túneles subterráneos (qanats) y pozos domésticos para abastecer a los baños, los palacios y al patio de abluciones16 de la cercana mezquita de época de Abderramán II17.
La tradición cronística andalusí de realizar una descripción geográfica y cronística del territorio comenzó en el siglo X con Abū Bakr Aḥmad b. Muḥammad b. Mūsà al-Rāzī, pero tuvo grandes exponentes como Ibn Abī-l-Fayyāḍ, al-‘Uḏrī18 y al-Bakrī19. Éste último, uno de los grandes geógrafos andalusíes, no informa en su obra del agua o abundancia de jardines en Ŷaīyān20, a pesar de tener como referente a al-Rāzī, sino que alude a la aclimatación de plantas foráneas como la coloquíntida21. Estos autores realizan textos descriptivos del territorio andalusí, pero nos concentramos en aquellos autores que realizan un análisis pormenorizado del ámbito jienense.
La denominada Crónica del Moro Rasis, del siglo X, es un documento de primer nivel para conocer la administración y el territorio de Jaén durante el Califato de Córdoba, pues su autor, Abū Bakr Aḥmad b. Muḥammad b. Mūsà al-Rāzī, fue coetáneo de Abderramán III22. No obstante, el texto es una copia en castellano del siglo XV a partir de una traducción al portugués en el siglo anterior de la obra original, el Ajbār mulūk al-Andalus. En la crónica, la cora de Ŷaīyān se situaba a continuación de la cora de Ilbira23, resaltando la amplitud de esta demarcación en el capítulo V, “Del término de Jaén”:
Parte el termino de Elibera con el de Jaen. E Jaen yaze al setentrion de Elibera de escontra oriente de Cordoua. E Jaen ayunta a sy munchas bondades, e ay muchos arboles e munchos rregantios e fuentes muchas e muy buenas. El termino de Jaen semeja Algezira. E Jaen a villas e castillos que la obedeçen, de los quales es el vno Adira, que agora llaman Erriba. E en Oriba a munchas fuentes corrientes, e nacen y aguas vedadas que las non osan tomar. E la otra es Montija que es çibdat muy antigua e muy fuerte e muy alta e yaze sobre buenas vegas. E la otra es Velida que ante llamauan Endete e de los arabales, e es muy buena villa e sabrosa, ella e su termino. E la otra es Baeça, que es vna de las buenas çibdades, que yaze sobre buena vega plantada de munchos buenos arboles e munchos bienes. E fazen y muy buenas telas / de panos de seda muy nonbrados, que son llamados tapetes. E ay vn lugar a que llaman Liençoseco e ay en el tanta madera que abondaría a toda Espana. E la otra es Rremon, e es tierra de grant camino. E entre la villa de Rremon e la villa que llaman Vedaluba ay vna vega en que nace mucho pelitre. E Rremon a lugares muy fuertes e grandes syerras e muy altas; ay vn castillo a que llaman Tastad, e es tan alto que le non pueden poner escala en ninguna manera, e non vos podria omne contar la su alteza del su muro. En esta sierra yaze el castillo de Oxno e el de Margarta e de Montaño; e sale la sierra de Castro, la que llega a la çibdat de Jaen, e es muy poderosa en fortaleza; e della sale la sierra Tras, que es muy alta de maravilla. E ay fue vna çibtad muy antigua e agora / fallan y rrastros antiguos24.
El texto destaca principalmente la fertilidad y calidad del suelo, con un buen sistema de regadío que producía diferentes frutos, es decir, la riqueza del término de Ŷaīyān superior al de las coras próximas. El autor acentúa la importancia de ciudades como Montija (Mantīṣa, actual La Guardia), la principal ciudad visigoda, ahora elevada sobre huertas y bien fortificada. Sin olvidar Velida (Úbeda) y Baeça (Baeza), poseedora de un espacio agrícola ocupado por cultivos, árboles y viñas, además de una intensa actividad artesanal. La sierra de Tras, haciendo alusión a los restos de época romana, se trataría de Tucci (Martos). El topónimo Liençoseco plantea problemas de interpretación, aunque el análisis literario refiera a Quesada, teoría que ya se planteó en la segunda mitad de la pasada centuria25, cuya economía se especializó en la exportación de madera a los dominios andalusíes. Además, al-Rāzī documentó la ingeniería militar árabe al nombrar diversas construcciones defensivas tales como el castillo de Tastad (Tíscar), cuya descripción lo presenta como una de las mejores fortalezas de la región. La información que aporta el texto de al-Rāzī configuran un mapa acerca de la riqueza hidrográfica y agrícola de Jaén. Si bien no habla del olivo, la reiteración que hace de los árboles, induce a identificarlo con esta especie y, por ende, plasmar un panorama agropecuario en que la producción oleícola era la actividad principal de la cora, pues en Mantīṣa destaca la producción de aceituna.
En definitiva, podemos establecer que hasta el siglo XII hubo una continuidad productiva, tanto del sector oleícola como vinícola, como determinan las fuentes26, especialmente los tratados jurídicos. Los citados textos realizan una constante alusión a la riqueza de Jaén en cuanto a fuentes y manantiales, lo que contrasta respecto a la Edad Antigua. Durante la etapa imperial, aquello que destacaban los tratados comerciales y escritores acerca de Aurgi era su importancia como productor oleícola de primer orden, mientras que los árabes ensalzaron las bondades hidráulicas de Ŷaīyān. Acerca de esta cuestión, podemos tomar como ejemplo los escritos del geógrafo Abū ‘Abd Allāh Muḥammad al-Šarīf al-Idrīsī:
Jaén es una linda ciudad cuyo territorio es fértil y donde todo se compra muy barato, en especial la carne y la miel. Hay en su jurisdicción más de 3.000 alquerías donde se crían gusanos de seda. La ciudad posee gran número de manantiales que corren por debajo de sus muros, y un castillo de los más fuertes, al que no puede llegarse sino por una senda muy estrecha. Está tocando con la montaña de Cuz, rodeada de jardines y vergeles, de terrenos donde se cultiva trigo, cebada, habas y toda clase de cereales y legumbres. A una milla de la ciudad corre el río Bollón, que es considerable y sobre el cual se han construido gran número de molinos. Jaén tiene también una mezquita aljama, y residen en esta población personajes importantes y hombres de ciencia. Desde allí á Baeza hay 20 millas; desde Jaén se distingue Baeza y viceversa. La segunda de estas ciudades está construida sobre una colina que domina el Gran río, ceñida de murallas y provista de bazares. Los campos que la rodean están bien cultivados y producen mucho azafrán. A 7 millas de distancia hacia el Oriente, no lejos del mismo río, está Úbeda, pequeña población cuyo terreno produce mucho trigo y cebada. En el espacio comprendido entre Jaén, Baeza y Guadix, hay muchos lugares florecientes, fortificados, que parecen villas, bien habitados y con abundantes cosechas. Tal sucede en Jódar, fortaleza importante, situada al oriente de Jaén y frente a frente de Baeza, donde el quilate llamado Jodarí toma su nombre. Desde allí, al fuerte de Troya, al oriente, se cuenta en 12 millas. Después a Quesada, fuerte poblado como una villa que tiene bazares, baños, posadas y arrabales. Este lugar está situado al pie de una montaña, en la cual se cortan los árboles que sirven para formar cazuelas, jarras, platos y otros utensilios, de los que se hace gran consumo, tanto en España como en la mayor parte del África occidental. Esta montaña se prolonga hasta Baza. Desde allí (Quesada) a Jaén se cuentan dos jornadas27.
Se plantea aquí el debate sobre dónde residía el patrimonio económico de una ciudad y el valor de la cuestión hídrica. Estas palabras de al-Idrīsī abren nuevas líneas de debate, pues en el siglo XII, lo más destacable en la cora de Jaén desde el punto de vista agrícola es el cultivo del cereal y la abundancia de agua, produciéndose una diferenciación con respecto a las coras de Sevilla o Granada. Se especializaron en el mercado, buscando un mayor impacto económico en la urbe. De hecho, al-Muqaddasī consideró, en su obra Las mejores divisiones en el conocimiento de las regiones, que la producción oleícola en Ŷaīyān tenía menor presencia en comparación con los viñedos, aunque se concentraba en Martos y Mantīṣa, siendo superior la vid en Baeza y Fuente Mora28. Por su parte, diversos especialistas, como Vidal Castro29, siguiendo a al-Idrīsī, consideran que la producción olivarera continuaba siendo preponderante, junto con el cereal y la seda.
El geógrafo y cronista Abū ‘Abd Allāh Muḥammad al-Šarīf al-Idrīsī (que desarrolló su actividad en la corte de Roger II de Sicilia), aportó más información sobre la ciudad de Jaén en su Descripción de España30. Este autor es el gran geógrafo y cartógrafo andalusí. Revolucionó los estudios sobre el mundo conocido al realizar la Tabula Rogeriana, el mayor mapamundi31. En el caso de Jaén, queda incluida en La Alpujarra y, de nuevo, destaca la profusión de agua en esta cora, contando con seiscientas alquerías, una cantidad por encima de la mayoría de ciudades andalusíes:
Cercano a este clima, el clima Albuxarât [Alpujarras], y en él la cuidad Giên, llena de fuentes y muchas alquerías; se cuentan hasta seiscientas alquerías y se hallan muchas fuentes32.
La obra de al-Idrīsī cuenta con unas anotaciones finales en la traducción del siglo XVIII realizadas por el arabista y conservador de la Real Biblioteca de San Lorenzo de El Escorial, José Antonio Conde. En esta parte, realiza una breve aclaración de la correspondencia de Giên con la actual Jaén, pero no hace referencia al agua, sino que pone en valor las explotaciones mineras de sus sierras:
Gien, la ciudad de Jaén, cabeza de uno de los Reynos de Andalucía: en sus montes se beneficiaban minas de varios metales, y lo manifiestan sus montes acribillados de pozos: dicen los Árabes que fundó á Jaen Suari Ben Hamdun de Carbesana33.
Con esta descripción se pone de manifiesto que los coetáneos de al-Idrīsī daban mayor importancia al valor del agua en Jaén que otros bienes que producía la tierra o sus serranías, mientras que en épocas posteriores se puso el foco en la relevancia de metales o de producción oleícola. El geógrafo ceutí manifestó un profundo interés por el agua y los sistemas hidráulicos34, como un factor determinante para el correcto funcionamiento de las ciudades, cuyos gobernantes debían asegurar el acceso a este recurso. El término mā’ (agua en árabe) se cita un total de dieciocho veces en sus líneas35, una de ellas, asociado a Jaén. Asimismo, gustaba de añadir un adjetivo calificativo o cuantitativo al agua, en este caso, abundante (kaṯīr) porque beneficiaba a gran número de campos fértiles. Una de las cualidades indispensables para la fundación de ciudades en las sociedades islámicas era la cercanía a manantiales, la significación del agua dulce. Esto también se aplica en el estudio de Ŷaīyān y otras urbes, como Guadalajara o Ceuta. Sin embargo, la característica de Jaén es que sus molinos se encontraban fuera de la población, en el territorio (balad), a diferencia de Córdoba o Zaragoza, asociado a la madina y suponiendo una relación particular entre el mundo rural y el urbano36, pues no respondía a las necesidades de la ciudad, sino a las de las comunidades rurales del término.
Las fuentes jienenses fueron descritas con mayor profusión por otro autor, Ibn ‘Abd al-Mun’im ‘Abd al-Nū r al-Ḥimyarī, quien realizó un diccionario geográfico-descriptivo del territorio andalusí basado en al-Idrīsī. En su Kitāb al-Rawḍ al-mi’ṭār analizó tanto Jaén como ciudades próximas tales como Baeza, pero lo más relevante es su enumeración de cinco baños árabes:
A una milla de la ciudad discurre el Guadalbullón; es un gran río, bordeado de numerosos molinos […]. Es una ciudad muy favorecida, con un territorio excelente. En el interior del mismo Jaén hay fuentes y aguas que brotan con ímpetu; así se ve allí una fuente abundante de agua, dulce, recubierta de una bóveda de albañilería, que data de la antigüedad; se derrama en un gran estanque, cuya agua servía para alimentar varias termas: el Hammān at-tawr (“Termas del Toro”), donde se encuentra una figura de toro en mármol; el Hammān al-walad (ésta y la anterior pertenecen al gobierno); el Hammān Ibn as-Salīm; el Hammān Ibn Tarafa; el Hammān Ibn Ishāk; el sobrante de esta agua sirve para el regadío de enormes extensiones de terreno. Entre las fuentes de Jaén se puede citar también la llamada ‘Ain al-balāt, que está recubierta de una sala abovedada, de construcción antigua, y cuyo caudal no acusa jamás disminución; alimenta las termas conocidas bajo el nombre de Hammāl Husain, y riega también una gran extensión de terreno. Otra fuente de Jaén es ‘Ain Satrūn: su agua es abundante y muy buena, y permite igualmente la irrigación de una vasta superficie. El territorio del recinto cuenta entre los mejores, y se parece mucho al de Elvira, en lo que concierne a fertilidad y riqueza del suelo, abundancia de las cosechas y rendimiento de las simientes. Su cuenca fluvial aventaja incluso en fertilidad a la de Elvira37.
Podemos establecer la relevancia hídrica del territorio jienense a tenor de las palabras de los cronistas andalusíes, que no se ciñen a la ciudad de Ŷaīyān, sino al conjunto de poblaciones que integraban la cora. Algunas, incluso no ha quedado constancia de su ubicación exacta o posterior poblamiento tras la conquista cristiana, en concreto, ‘Ain Wālgar muy próxima a Jaén, cuya descripción se basa únicamente en las características de su manantial:
En al-Andalus cerca de Jaén. La fuente de Wālgar es abundante: corre siete días consecutivos, y decrece durante otros siete días; esto sucede siempre así38.
Se debe puntualizar que no era la única riqueza que distinguía a la zona de Jaén, pero sí la más destacable. Es lo que se constata en otras poblaciones, como Hisn al-Karas (Alcaraz), en la actual Albacete, aunque en ese momento pertenecía a la cora de Ŷaīyān, donde lo más relevante era el castillo y el asedio que sufrió la fortificación por parte de Alfonso VIII en el contexto posterior a la batalla de las Navas de Tolosa. Lo mismo sucede con Qal‘at Rabāḥ (Calatrava la Vieja) que, aunque ahora pertenece a Albacete, era uno de los principales puntos defensivos de al-Ándalus, como demuestra la batalla de Alarcos en 1195. Dicha alcazaba se situó a orillas de un río por motivos de abastecimiento y de estrategia militar. En los mismos términos, se refiere al-Ḥimyarī sobre que Kaigāta (Quesada), otra de las fortalezas andalusíes, origen de la actual población, una ciudadela de grandes dimensiones que albergaba, bazares, hospederías y baños39.
La importancia oleícola de Jaén se analiza al hablar de Sūdar (Jódar), popularmente conocida como Gadīr az-zait (el depósito de aceite), por lo que era uno de los lugares destacados en la producción de aceite en los siglos andalusíes. Además, contaba con numerosos arroyos, jardines, necesarios para la actividad agrícola40.
Sobre el agua, sus leyendas y su vertiente mística también se recopiló información en el Kitāb al-Rawḍ al-mi‘ṭār, en relación con la población de Sakura (Segura de la Sierra) y las aguas de las grutas de San Martín, pertenecientes a su término, con una dimensión erótica. Asimismo, era un agua que podía refrescar a las bestias, pero no hacía esta función con las personas que la tomaban:
Cuando alguien se detiene en estas grutas, se ve invadido de un gran deseo genésico y a veces hasta lanza esperma sin el menor deseo o recuerdo erótico. […] En la misma región se encuentra también agua que brota por infiltración en una pila de piedra suficientemente ancha para que una acémila pueda introducir la cabeza y abrevar; pueden ir a beber gran cantidad de bestias, unas tras otras, sin que falte el agua; pero si alguien quiere tomar este agua en un recipiente, no llega a coger con qué refrescarse41.
Aunque en la actualidad la ciudad de Baza pertenece a Granada, durante la dominación omeya se incluyó en la cora de Ŷaīyān y, por ende, fue punto estratégico a nivel militar y comercial al ser uno de los enclaves importantes de esta cora, a pesar de su lejanía. Destacaba la calidad artesanal y la producción de seda. Sin embargo, el autor, entre todos los elementos de Baza, vuelve a exaltar la profusión de aguas en un gran estanque. Si podían realizarse diversos oficios en esta población y sobresalir la cantidad de moreras era gracias a la abundancia hídrica:
En Baza hay un estanque que se llama al- Kūba, cuyo fondo no es alcanzado jamás; el nivel del agua está a un braza del borde. Es una ciudad solitaria, de la cuarta división, según la división de Constantino. Es muy conocida por sus aguas vivas y sus jardines42.
Desde final de los años 80 de la pasada centuria, la arqueología ha refrendado la teoría del patrimonio agrícola ligado al agua y a los regadíos, incluso en zonas de sierra, como es el caso de Tíscar43, población ligada a Quesada, que destacaba por su fortificación, aneja a la Cueva del Agua, pero cuyos sistemas de regadío se mantuvieron incluso tras la conquista cristiana44.
El agua tuvo una relevancia destacada en la historia de Jaén, desde la época romana hasta la andalusí. La ciudad de Aurgi se asentó en torno al manantial de La Magdalena, cuya abundancia de agua favoreció el desarrollo agrícola y urbano. Con la llegada de los árabes en el 711, la ciudad pasó a denominarse Ŷaīyān y obtuvo un notable impulso en la gestión hidráulica a través de sistemas de regadío y acequias. La riqueza hídrica de Jaén fue tal que su propio nombre se vincula con términos árabes alusivos a la abundancia de agua. En época andalusí, el agua no solo sustentó la agricultura y la producción de aceite de oliva, sino que también abasteció baños públicos, industrias y mezquitas, siendo clave para la prosperidad de la región. La importancia del manantial de La Magdalena se mantuvo hasta el siglo XIX, demostrando su papel fundamental en la historia urbana de Jaén, pues fue tan caudaloso que configuró los arroyos de la Magdalena y de San Pedro. Los recientes estudios arqueológicos retrasan la datación cronológica de algunas de las canalizaciones del citado manantial hasta el siglo XII, en época almohade.
El análisis de las fuentes cronísticas andalusíes permite establecer la importancia del agua como elemento fundamental en la configuración del territorio de la cora de Ŷaīyān. A diferencia de la etapa romana, cuando Jaén destacaba por su producción oleícola, en época andalusí las crónicas resaltan el valor de su red hidrográfica, sus sistemas de regadío y la fertilidad de sus tierras, aspectos determinantes para el desarrollo agrícola y económico de la región.
Autores como al-Rāzī, al-Idrīsī y al-Ḥimyarī documentaron la riqueza de manantiales, alquerías y baños públicos, así como la presencia de infraestructuras hidráulicas que favorecieron la producción agrícola y la vida urbana. La geografía de la cora de Ŷaīyān se articuló en torno a sus ríos y fuentes, lo que explica la proliferación de cultivos como el cereal, la vid y la morera, esenciales para la industria textil sedera. Si bien la producción de aceite de oliva continuó siendo apreciable, las fuentes analizadas sugieren que la economía de la cora se diversificó, integrando otros productos agrícolas y manufacturas. En este sentido, la documentación andalusí constata un cambio en la percepción del territorio, donde el control del agua y su aprovechamiento constituyeron un factor estratégico clave para la consolidación de las ciudades y su desarrollo económico, cuyo mejor ejemplo es Ŷaīyān.
El primero de los cronistas analizados, al-Rāzī, se centró en los sistemas de regadío y en realizar una comparativa respecto a las coras limítrofes, sin obviar la arquitectura militar árabe al describir fortalezas como el castillo de Tíscar. Por su parte, al-Idrīsī, indagó en la fertilidad del suelo, el coste económico de la vida en Ŷaīyān y citar la profusión de manantiales, así como en cuantificar las alquerías. Igualmente, al-Idrīsī realizó un mapa descriptivo de Baeza, Jódar y Úbeda, ofreciendo una completa visión de la región. Por último, al-Ḥimyarī, el cronista que realizó de forma más detallada y representativa la descripción de la Jaén andalusí y de Baeza, focalizándose en los baños (ḥammām) de la urbe, contabilizando hasta un total de cinco. El autor también testimonió el nombre de dos fuentes, ‘Ain al-balāt y ‘Ain Satrūn, destinadas en mayor medida a la irrigación de las huertas por su gran caudal, además de poner en valor la calidad del agua, cuestión sobre la que no se habían detenido antes. A diferencia de los anteriores, al-Bakrī consideró de mayor relevancia enumerar las alcazabas de Castro, Martos y al-Yantiyānā, sin citar dato alguno referente a la profusión hídrica de la cora.
La fertilidad del suelo en Jaén fue el factor clave para su desarrollo económico, pues favoreció la prosperidad agrícola y el crecimiento de su alfoz, a lo que se añade el papel fundamental del regadío. Según al-Idrīsī, la abundancia de agua y los sistemas hidráulicos fueron elementos esenciales en diversas regiones, pero destaca en mayor medida en el territorio jienense, que se menciona como una de las zonas más fértiles de la península y del norte de África. El estudio de los cuatro cronistas andalusíes, muy descriptivos, confirma la veracidad de la riqueza agrícola de al-Andalus basada en sus recursos hídricos. Ŷaīyān, con sus huertas y cultivos de regadío, representa un claro ejemplo de cómo el aprovechamiento del agua impulsó la productividad y prosperidad de la región, incluso en zonas montañosas. La arqueología ha confirmado la relevancia de estos sistemas hidráulicos en la sostenibilidad del modelo agrícola, con un impacto en las dinámicas socioeconómicas, consolidando a Jaén como una tierra de gran valor productivo a lo largo de la Historia.
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1 Gutiérrez Pérez, 2018, 34-36. Castillo Armenteros, 1998, 181-182. Salvatierra Cuenca, 1998, 119-123. Aguirre Sádaba; Jiménez Mata, 1979.
2 Vocablo discutido historiográficamente acerca de su procedencia. Existió una Ŷaīyān en Irán (Aguirre Sádaba; Jiménez Mata, 1979) pero no podemos establecer su correlación o unión con la ciudad andalusí que nos ocupa.
4 del Val Valdivieso, 2012, 91-94.
6 Jiménez Rayado, 2023, 40.
7 Bolós, 2023, 18-19.
8 Guinot Rodríguez, 2024, 39.
9 Alcázar Hernández; Salvatierra Cuenca, 1996. Salvatierra Cuenca; Castillo Armenteros, 2008. Salvatierra Cuenca, 2009.
11 Montilla Torres; Navarro Pérez; Salvatierra Cuenca, 2002, 135.
13 Olmo López, 2010, 41-43. Especialistas como Vallvé defendieron la teoría de la derivación de Jaén de la voz Gaén, referida al agua, a lugares con conocidas acequias como la población de Urrea de Gaén, en el Bajo Aragón, próxima al río Ebro. También puede vincularse con el arroyo Gaén, en la actual Córdoba. El estudioso Menéndez Pidal estableció hace décadas que Jaén deriva de un nombre propio, Caius. Sin embargo, el debate filológico persiste apoyado en los avances arqueológicos.
15 Alcázar Hernández; Salvatierra Cuenca, 1996.
16 Berges Roldán; Ramírez de Juan, 2008, 128.
17 Actual iglesia de Santa María Magdalena.
18 Santiago Simón, 1972; Molina, 1982.
19 Viguera Molins, 1998, 27.
20 Franco-Sánchez, 2017, 40-44.
21 […] se encuentra una buena extensión de coloquíntida de sabor, y se halla también en el monte llamado Jabalcuz (Yabal al- Qust), que se encuentra en la fortaleza de Castro (Qāštrū), Martos (Mārtuš) y al- Yantiyānā (sin identificar). Al-Bakrī, Geografía de España, 37.
22 Esta Historia de los reyes de al-Ándalus fue la base de la cronística castellana de la Plena Edad Media (ss. XI-XIII), uno de los apoyos del arzobispo Jiménez de Rada en la creación de De Rebus Hispaniae y clave en el conocimiento del período andalusí.
23 Ocupaba el territorio de las actuales provincias de Granada, Almería, Málaga, sudeste de Córdoba y sur de Jaén.
24 Áhmad ibn Muhámmad al-Rāzī, Crónica del Moro Rasis, V, 31-34.
25 Vallvé, 1969, 65.
26 También la arqueología se hace partícipe de esta continuidad en zonas de Málaga y Murcia, como el yacimiento del Cerro de la Fuente (Mollina) o la ladera norte del cerro del Castillo de Lorca, respectivamente. Véase Vizcaíno Sánchez, 2007, 313-314.
27 al-Idrīsī, Geografía de España, 41-42.
28 Bonilla Martos, 2020, 213.
29 Vidal Castro, 2001, 3.
31 Situó el norte en la parte inferior y el sur en la superior. Para que el mapa fuera más fácil de entender lo acompañó de un libro, la llamada Geografía, aunque en el conjunto de obras de al-Idrīsī se conoce como Kitāb Rūŷar o Libro de Rogerio. Realizó viajes por África, Oriente y la península ibérica, en los que iba cogiendo apuntes. Dividió el mundo en siete climas, delimitados en el mapa por líneas imaginarias y dentro de esos climas, enumera las ciudades y tan sólo de algunas de ellas aporta datos relevantes.
32 Descripción de España de Al-Idrīsī, 40. Descripción de España de Xerif Aledris, 29.
33 Descripción de España de Xerif Aledris, 187.
35 Carrasco Manchado, 1996, 58-59.
36 Mazzoli-Guintard, 1991, 132; Carrasco Manchado, 1996, 63.
37 al-Ḥimyarī, Kitāb al-Rawḍ al-mi‘ṭār, 148-150.
38 al-Ḥimyarī, Kitāb al-Rawḍ al-mi’ṭār, 387-388.
39 al-Ḥimyarī, Kitāb al-Rawḍ al-mi‘ṭār, 328-329 y 332-336.
40 al-Ḥimyarī, Kitāb al-Rawḍ al-mi‘ṭār, 242.
41 al-Ḥimyarī, Kitāb al-Rawḍ al-mi‘ṭār, 217.
42 al-Ḥimyarī, Kitāb al-Rawḍ al-mi‘ṭār, 96-97.
43 No lejos de allí está el castillo de Tíscar, que, por su altura, por la solidez de su fortificación, la bondad de su suelo y la pureza del aire, es preferible a todos los fuertes de España. No es posible subir a él más que por dos puntos distantes entre sí 12 millas, y por senderos extraordinariamente estrechos; en la cumbre de las montañas, hay rebaños y campos cultivados y perfectamente regados, de suerte que el castillo es tan notable por sus recursos como por su ventajosa posición. al-Idrīsī, Geografía de España, 193.
44 Barceló Perelló, 1988. Montilla Torres; Navarro Pérez; Salvatierra Cuenca, 2002, 141-148.