Miscelánea
water and landscape
AGUA y TERRITORIO
Water fountains in the transition from the Middle Ages to Modernity [II. Village communities in southern Aragon (Spain)]
Concepción Villanueva Morte
Universidad de Zaragoza
Zaragoza, España
convilla@unizar.es
ORCID: 0000-0002-1611-2942
Información del artículo
Recibido: 24/03/2025
Revisado: 21/07/2025
Aceptado: 29/07/2025
Online: 30/06/2026
Publicado: 10/07/2026
ISSN 2340-8472
ISSNe 2340-7743
CC-BY
© Universidad de Jaén (España)
RESUMEN
Este estudio contribuye a valorar la repercusión que tuvo el abastecimiento del agua de boca en el reino de Aragón (España) a través de la construcción y el aprovechamiento de fuentes públicas auspiciadas principalmente por los concejos municipales. El objetivo que se persigue con ello es constatar las transformaciones y percepciones provocadas por el acceso racional y eficiente a este recurso natural y su gestión en la sociedad de finales de la Edad Media e inicios del Renacimiento. Estos surtidores resultaron uno de los elementos más dinámicos y vertebradores de cada población, siendo lugares de frescor, reunión y sociabilidad, preferentemente femenina. A través del examen de documentación heterogénea (archivística, arqueológica, literaria, iconográfica…) se establece un recorrido selectivo por las distintas zonas más destacables de la geografía aragonesa —esta segunda parte dedicada a las comunidades de aldeas en el sur de la región—, el cual constituye solo una pequeña muestra representativa del inmenso legado patrimonial hídrico heredado del que somos deudores y que debemos preservar por su extraordinaria riqueza.
PALABRAS CLAVE: Aragón, Agua de boca, Fuentes públicas, Edad Media, Renacimiento.
ABSTRACT
This study contributes to assess the impact of the supply of drinking water in the Kingdom of Aragon (Spain) through the construction and use of public fountains mainly instigated by the municipal councils. The objective is to verify the transformations and perceptions triggered by the rational and efficient access to this natural resource and its management in the society of the late Middle Ages and the beginning of the Renaissance. These fountains were one of the most dynamic and central elements of each community, serving as places of refreshment, meeting and sociability, preferably female. Through the examination of heterogeneous documentation (archival, archaeological, literary, iconographic...), a selective tour through the most outstanding areas of the Aragonese geography is established —this second part dedicated to the village communities in the south of the region—, which constitutes only a small representative sample of the immense inherited water heritage legacy from which we are indebted and that we must preserve for its extraordinary richness.
KEYWORDS: Aragon, Drinking water, Public fountains, Middle Ages, Renaissance.
As fontes de água na transição da Idade Média para à Modernidade [II. Comunidades aldeãs no sul de Aragão (Espanha)]
RESUMO
O presente estudo contribui para avaliar as repercussões do abastecimento de água potável no reino de Aragão (Espanha) através da construção e utilização de fontes públicas, principalmente patrocinadas pelas câmaras municipais. O objetivo é averiguar as transformações e percepções provocadas pelo acesso racional e eficiente a este recurso natural e à sua gestão na sociedade do final da Idade Média e início do Renascimento. Estas fontes constituíam um dos elementos mais dinâmicos e estruturantes de cada vila, sendo locais de frescura, de encontro e de sociabilidade, preferencialmente femininos. Através da análise de documentação heterogénea (arquivística, arqueológica, literária, iconográfica...) estabelece-se um percurso seletivo pelas zonas mais destacadas da geografia aragonesa —esta segunda parte dedicada às comunidades rurais do sul da região—, que constitui apenas uma pequena amostra representativa do imenso legado do património hídrico herdado, ao qual estamos devedores e que devemos preservar pela sua extraordinária riqueza.
PALAVRAS-CHAVE: Aragão, Água potável, Fontes públicas, Idade Média, Renascença.
Les fontaines d’eau dans la transition du Moyen Âge à la modernité [II. Communautés villageoises du sud de l'Aragon (Espagne)]
RÉSUMÉ
Cette étude contribue à évaluer les répercussions de l’approvisionnement en eau potable dans le royaume d’Aragon (Espagne) à travers la construction et l’utilisation de fontaines publiques, principalement à l’initiative des conseils municipaux. L’objectif est de déterminer les transformations et les perceptions provoquées par l’accès rationnel et efficace à cette ressource naturelle et à sa gestion dans la société de la fin du Moyen Âge et du début de la Renaissance. Ces fontaines constituaient l’un des éléments les plus dynamiques et structurants de chaque ville, étant des lieux de fraîcheur, de rencontre et de sociabilité, de préférence pour les femmes. À travers l’examen d’une documentation hétérogène (archivistique, archéologique, littéraire, iconographique...), un parcours sélectif des zones les plus remarquables de la géographie aragonaise est établi —cette deuxième partie est consacrée aux communautés villageoises du sud de la région—, qui ne constitue qu’un petit échantillon représentatif de l’immense héritage du patrimoine hydrique dont nous sommes redevables et que nous devons préserver en raison de son extraordinaire richesse.
MOTS-CLÉS : Aragon, Eau potable, Fontaines publiques, Moyen Âge, Renaissance.
Le fontane d’acqua nel nel passaggio dal Medioevo alla Modernità [II. Comunità rurali nell'Aragona meridionale (Spagna)]
SOMMARIO
Questo studio contribuisce a valutare le ripercussioni dell’approvvigionamento di acqua potabile nel regno d’Aragona (Spagna) attraverso la costruzione e l’uso di fontane pubbliche, principalmente su iniziativa dei consigli comunali. L’obiettivo è quello di verificare le trasformazioni e le percezioni causate dall’accesso razionale ed efficiente a questa risorsa naturale e dalla sua gestione nella società del tardo Medioevo e del primo Rinascimento. Le fontane erano uno degli elementi più dinamici e strutturanti di ogni città, essendo luoghi di freschezza, di incontro e di socialità, preferibilmente per le donne. Attraverso l’esame di una documentazione eterogenea (archivistica, archeologica, letteraria, iconografica...) si stabilisce un percorso selettivo delle aree più rilevanti della geografia aragonese —questa seconda parte è dedicata alle comunità rurali del sud della regione—, che costituisce solo un piccolo campione rappresentativo dell’immenso patrimonio idrico ereditato di cui siamo debitori e che dobbiamo preservare per la sua straordinaria ricchezza.
PAROLE CHIAVE: Aragona, Acqua potabile, Fontane pubbliche, Medioevo, Rinascimento.
Por razones de extensión, dedico esta segunda parte —continuidad de la primera dedicada a Zaragoza y Huesca, publicada en este mismo número de la revista— a las comunidades de aldeas localizadas en el tercio sur de Aragón, cuya razón de ser se centra en la expansión de la repoblación y defensa cristiana del área conocida como Extremadura aragonesa. Estas cuatro comunidades eran agrupaciones de aldeas que se unían bajo la protección y jurisdicción de una ciudad o villa principal, formando una entidad territorial y administrativa peculiar, impulsada por la necesidad de organizar y proteger las nuevas tierras conquistadas a partir de mediados del siglo XIII. Durante la Baja Edad Media constituyeron un modelo prácticamente único en el territorio hispánico, que solo desaparecerá cuando se desintegre el sistema feudal con los Decretos de Nueva Planta (1707) dictados por Felipe V tras la Guerra de Sucesión Española, en los que se abolieron los fueros e instituciones propias del Reino de Aragón, incluyendo las comunidades de aldeas.
Geográficamente este espacio forma parte de las estribaciones del Sistema Ibérico, una estructura geológica de gran interés cuya estratégica ubicación ha influido en su historia y en el desarrollo de este entorno paisajístico. Además, las comunidades de Teruel, Albarracín y parte de la de Daroca abarcaban el 50% de las tierras actuales de la provincia turolense, mientras que el resto de la darocense y la de Calatayud se localizaban en el sector zaragozano de la cordillera, en una depresión por la que discurren los ríos Jalón y Jiloca; una zona de paso importante para las comunicaciones entre el valle del Ebro, la Meseta y Teruel, delimitada por dos ramas montañosas (serranías de Gúdar y Javalambre).
En el primer artículo de nuestra autoría ya vimos cómo, en el reino de Aragón, la generalización del interés de los municipios por facilitar el acceso público de agua potable al vecindario eclosiona a partir del umbral de 1500, por lo que el arranque de la obra hidráulica bilbilitana en la década de 1480, en tanto precursora de este tipo de iniciativas, ofrece gran interés. Algunos documentos procedentes del Archivo de Protocolos Notariales de Calatayud han permitido sacar a la luz el nombre de los maestros implicados, los costes, aspectos técnicos y materiales empleados1. De estas noticias, la más temprana es un acta de la reunión de la cofradía militar de San Jorge celebrada el 22 de junio de 1483, en la que sus asociados deciden: “atendientes e considerantes en la dicha ciudat se tiene de fazer una fuente, la qual es en utilidat e provecho de toda la ciudat, por lo qual los tres bracos de la dicha ciudad an imposado ocho mil solidos en cada hun anyo sobre la arendacion de las carnecerias de la dicha ciudat”, comisionar a dos de sus miembros, Ximeno de Liñán y Sancho Zapata, “pora que aquellos, concordes, puedan atorgar, si necesario sera, en la dicha gita por tiempo de cinquo anyos, contados del anyo present en adelant etc”2; si bien no fueron comprometidas más que tres añadas. Miguel de Asteasu, piedrapiquero vizcaíno, se cita el 4 de abril del año siguiente como “maestro de la fuent”3, pero pronto será sustituido por maestre Ochoa de Garz o de Laga(r)ça, también vizcayno, que es documentado en una serie de contratos desde octubre de 1484 a enero de 1485. En las postrimerías de 1485, a punto de finalizar el trienio tributario comprometido, el brazo de los infanzones bilbilitanos convino en prorrogar un año más el arbitrio sobre la carne4. Por fin, un nuevo pleno celebrado el 19 de febrero de 1487 comisionaba a otros delegados “para intervenir en los negocios et cosas de la fuent que nuevament se faze en la dicha ciudat et pora la perfeccion de aquella”5, expresión que sugiere que la obra para estas fechas estaba ya concluida, aunque no terminase de funcionar bien. En los estatutos locales promulgados ese año (1487) se insta a proceder por vía criminal contra
“los que dañaran en la fuente, assi en la olla o ollas principales, como en las arcas, siquiere represas, donde el agua reposa, et arcaduces (tubos de arcilla cocida unidos unos a otros) d’ella, respiraderos, torretas et en las caleras y manobra, y en todas y cualesquiere otras cosas a ella tocantes y pertenecientes, y contra los que tomaran y llevaran alguna manobra d’ella o la romperan y quebraran o faran mal o daño en aquella”.
Años después, una bula pontificia expedida por el papa Inocencio VIII el 13 de mayo de 1491 autorizaba a los eclesiásticos de la ciudad a pagar una sisa sobre la venta de carne decretada por el municipio, a fin de acopiar los recursos necesarios para llevar adelante la traída de aguas, la cual es obvio que no había llegado a buen puerto. A pesar de que nunca llegó a cumplir su cometido de forma satisfactoria, parece que perduró durante prácticamente todo el siglo XVI6 hasta ser reemplazada por la llamada Fuente de los Once Caños7, erigida en 1598 —según la fecha grabada en su fábrica—, correspondiente artísticamente al estilo manierista. De gran sobriedad, se articula en dos cuerpos, con un entablamento cuyo friso reza una inscripción que podría ser una variante del versículo de Isaías. En el cuerpo superior hay un blasón de Calatayud en alabastro, con el jinete hacia el lado noble, portando bandera. Un sencillo remate convexo corona el conjunto8. Actualmente se conserva frente a la Puerta de Terrer, sobre el puente seco, aunque incompleta (han perdurado ocho bocas) y desplazada de su ubicación original en la margen derecha del río Jalón, próxima a la Puerta del Alcántara, en el camino Valencia. Este fontanal fue elogiado por varios viajeros que estuvieron de paso por la ciudad.
En el terreno iconográfico, una de las mejores representaciones pictóricas en el gótico aragonés de una fuente pública con dos caños y diseño hexagonal (símbolo de la fuente mística, u octogonal9 en consonancia con la forma de los baptisterios paleocristianos)10 puede verse en la tabla de la Presentación de la Virgen en el Templo, fechada en el segundo tercio del siglo XV y conservada en la parroquia de San Juan Bautista en Velilla de Jiloca (Zaragoza). En ella se observa a la Virgen Niña subiendo los quince peldaños (símbolo de los 15 salmos graduales), dirigiéndose hacia el sumo sacerdote Zacarías (así nombrado por confusión con el sumo sacerdote de la Presentación del Niño), que la espera a la entrada de un templo gótico. Santa Ana acompañada de tres mujeres y una pareja de jóvenes contemplan la escena. A la derecha de la imagen se atisba a una mujer que está lavando sus manos en dicha fuente (Figura 1)11.
Figura 1. Presentación de la Virgen en el Templo. Maestro de Velilla (o de Teruel), h. 1430-1460. Retablo de la Virgen con el Niño, Santa Catalina de Alejandría y Santa Bárbara, situado en la capilla mayor. Iglesia de San Juan Bautista en Velilla de Jiloca (Zaragoza)

Fuente: Foto de Jesús Díaz Gómez (Larraona, Navarra), “Un recorrido por la pintura gótica aragonesa”. https://pintura-gotica-aragon.blogspot.com/2009/02/5-estilo-gotico-internacional-2-parte.html
Es sabido que los mudéjares cobraron especial protagonismo en el sector de la construcción. En 1507, se contrata como alarife a Avdalá Munio, “maestro de edificar fuentes”, para la realización de la fuente de Sisamón por el pago de 200 sueldos y un carnero12. Su estructura es de piedra sillar, en arco de medio punto y poza baja, de la cual aún sigue manando agua, prototipo que seguirán otras que pueden contemplarse en Cabolafuente, Miedes, Orera, Paracuellos de la Ribera, etc.
Por su parte, Daroca también proporciona algunos datos sugerentes13. En 1452 (13 de febrero) se nombra en un documento privado de partición de bienes la Callexa de la Fuent de Sant Johan. En las ordenanzas municipales de 1460 (1 de febrero), promulgadas para evitar la proliferación de daños en las propiedades o heredades de los términos darocenses, también se alude a la limpieza “siquiere monda de las cequias de la Deffesa, fuentes, puentes, o plantazones de salzes” en la Redonda de la Dehesa14. El 12 de julio de 1523 el concejo firmaba una concordia con Pedro de Arnuero y Pedro de la Lastra, canteros y maestros de casas, para la construcción de un puente sobre el río Jiloca, al final de la rambla Guzbert, en cuyos capítulos se ordena:
“que los dichos maestros sean tenidos hazer hun puente en la cequia de Vallantigo de diez palmos de ancho y otro junto al puente del rio en el escorredero que salle de la fuente por la pieca de mosser Luys Diaz de ocho palmos de ancho, de buelta de media rajola o cubiertas de piedras grandes cubiertas de tierra”15.
Lo que testimonia la existencia de un venero en esa parcela. Empero, el interés por el suministro de agua para la ciudad no cuajó hasta 1540, cuando la municipalidad aprobó leyes específicas para la protección de las nuevas fuentes que se estaban construyendo. En noviembre de 1543 contratan al maestro Pedro de la Guardia por tiempo de seis años para la conservación del abastecimiento de agua potable, incluyendo en su trabajo la construcción de dos fuentes dentro del recinto murado16. Avanzado el tiempo, la desviación de las aguas por la Mina propició también una serie de mejoras urbanísticas en la zona exterior de la Puerta Baja, donde entre 1638 y 1642 se edificó la Fuente de los Veinte Caños junto a la entrada de Valencia, construida por Pedro de Aguilera, con abrevadero al principio de la rambla de Guzbert, la cual se encontraba enfrente del convento de San Marcos y en línea con el arco de dicho portal de acceso, confiriéndole de esta forma mayor grandiosidad. Consiste en un muro frontal de piedra sillar dividido en diez tramos mediante pilastras decoradas con grutescos y capiteles con varios atlantes arrodillados. Sobre ellos se despliega un friso corrido y sobre él tres frontones partidos, de los cuales el central es curvo, con volutas que cobijan el escudo de la ciudad. En cada paño entre pilastras se sitúan pares de caños, hasta una veintena que salen de las bocas de otros tantos rostros femeninos y alguno masculino con cabellos ensortijados, bastante deteriorados por la erosión, y, colgando entre cada pareja de rostros, una alforja rebosante de frutas17. Por la vistosa ubicación de esta fuente a la entrada triunfal de la ciudad, por el agua que mana permanentemente y por la tupida decoración de formas vegetales y frutos que la adornan, puede definirse como un emblema de la abundancia de Daroca y de la feracidad de su vega. Se trata de uno de los pocos ejemplos de fuente monumental arquitectónica conservados en Aragón y uno de los casos modélicos en los que la función de elemento urbano generador y modificador de espacio se aprecian con mayor claridad18.
Pero el interés por el agua potable no se limitó a las populosas ciudades, sino que las localidades más pequeñas también afrontaron estos mismos problemas, solucionándolos de acuerdo a sus posibilidades. De 1439 es un albarán expedido el 11 de septiembre por Domingo Esteban, vecino y lugarteniente de jurado de Ojos Negros, de 500 sueldos jaqueses que la Comunidad de aldeas dio al lugar como ayuda para la obra de la torre que estaban haciendo en el castillo, hecha en la fuente para sacar agua para abrevar bestias19. Otro indicio material es que detrás de la iglesia de Lechago hay una inscripción que nos revela que la fuente que allí se encuentra —realizada en sillería, con un arco de medio punto rebajado que cobija dos caños surtidores que dan a un vaso, con su correspondiente abrevadero y lavadero—, fue construida por un tal Joan Vélez20 en 1543, y que bien pudiera ser el mismo cantero que realizó las fuentes de Peralta de Alfocea, Berbegal y Morilla, comprometiéndose a conducir el agua desde un manantial cercano hasta el centro de cada localidad, siguiendo el mismo diseño que tiempo antes había aplicado en Lechago; y también el que construye y reforma los molinos harineros de Lagueruela (1553) y Barrachina (1554). Además, dentro de la comarca del Jiloca despuntan las fuentes renacentistas de Cutanda (1568) y Collados (1569)21.
Desde aquí pasamos a la Comunidad de Teruel, cuya cabecera —primero villa y luego ciudad—, a pesar de hallarse bordeada por el río Turia, está asentada en una colina situada 40 metros por encima de su cauce. Esta disposición topográfica impide la presencia de manantiales en el interior del recinto amurallado. Aunque se tiene constancia documental de la existencia, en época medieval, de un pozo en el barrio de La Morería —situado junto a la mezquita que ocupaba el solar de la actual iglesia de San Martín—, la posibilidad de extraer agua mediante excavaciones es prácticamente inviable debido a la profundidad del nivel freático. Sin embargo, son numerosas las disposiciones del Fuero turolense (concedido en 1177, aunque hay que tener en cuenta que la versión romance conocida es de 1260-1265) que hacen referencia a la construcción y mantenimiento de acequias, azudes y molinos22. Con todo, entre los siglos XII y primera mitad del XIV se citan en Teruel las fuentes de la calle Juan Pérez, utilizada para el consumo del entorno de la Plaza Mayor, concejo y obispado; la de la plaza que sube a San Andrés para el sector nordeste que, por el brazal de agua llamado de Muza, surtía a las Carnicerías Bajas; y la fuente y abrevadero de la Plaza de San Juan, junto al palacio de los Sánchez Muñoz, aprovechadas por la vecindad de este barrio, hospitales del área, corrales y animales de la privilegiada sociedad que ocupaba esos espacios23.
Pero lo cierto es que antes de la construcción del Acueducto de Los Arcos24 —cuyas obras de traída se iniciaron hacia 1537 terminándose hacia 1558—, la mayoría de los habitantes del casco urbano debían recorrer un largo camino extramuros para recoger el agua que necesitaban diariamente, ya que hasta ese momento dependía de los grandes aljibes construidos en el último cuarto del Trescientos en la actual plaza Carlos Castel25 y de varios pozos, cisternas y aljibes más pequeños distribuidos por otros puntos del plano urbanístico. Así pues, cuando precisaban grandes cantidades, se veían obligados a hacer varios viajes al día a las fuentes de Martín Rivera, en los límites del término agrario; la de San Blas, que da el agua a esa pequeña población y origina la acequia de Valdeavellano; la fuente de los Codoñales, en las partidas de Cascajares y la fuente de la Peña el Macho, cuya agua, a dos kilómetros de la puerta de San Miguel, aprovechará Quinto Pierres Vedel26 en el siglo XVI para conducirla a la ciudad. Pese a ello, las primeras fuentes renacentistas27 que se conservan dentro del casco histórico fueron construidas por este arquitecto francés en el Quinientos: una es la primitiva de la plaza Mayor, llamada de Santa María, que era adosada y tenía dos columnas, entablamento y frontón triangular, y que fue desmontada en el siglo XIX; y otra es la del Deán, de parecida composición pero con pilastras en lugar de las columnas y un sumario relieve del toro y la estrella en el centro del tímpano, compuesta de dos chorros con cabezas de leones, la cual permaneció durante mucho tiempo en el barrio del Arrabal hasta que alrededor de 1970 fue trasladada y se adosó a la casa del Deán, junto a la catedral, donde permanece28.
El agua era conducida desde los diversos ríos hacia las acequias principales de cada término de manera constante, organizando su distribución entre las diferentes acequias derivadas de la arteria matriz. Contamos con algún documento sugestivo en municipios de la comarca de las Cuencas Mineras, como la reducción de una pena de 100 morabatines de oro a 50 sueldos jaqueses que se hizo en 1437 (18 de diciembre) a Pascual Benedito por haber tomado agua de la fuente de San Jaime en Jarque de la Val a hora indebida durante la noche, puesto que desde el atardecer hasta el amanecer correspondía el turno de suministro a Hinojosa de Jarque “pora sus propios usos et necesidades, pora regar su defessa, yerbas, prados, piezas et panes”29. Normalmente disfrutaban de tal derecho compartido durante un periodo que comprendía quince días de cada mes, lo que suponía un modelo de gestión que difería en parte de los términos que podían disponer de agua de forma permanente, y cuya organización en ‘adores’ (o roldes) fue sancionada por una autoridad real o eclesiástica durante la etapa medieval, reafirmada después en concordias, sentencias arbitrales y letras decisorias de los Tribunales de Justicia.
Otras dos de las aldeas turolenses que tuvieron mayor relevancia en este sentido fueron, por un lado, la Puebla de Valverde, con la construcción de un acueducto de 4 km de longitud, por donde se derivaron las aguas de un hontanar situado en las faldas de Javalambre, en el término de Camarena30. En 1325, este canal ya estaba en funcionamiento y su cauce era aprovechado por los pastores para abrevar sus ganados, por lo que se producían múltiples desperfectos que ocasionaban abundantes escapes de agua31. En su trazado destaca la monumental Fuente de los Santos (Figura 2), conocida con este nombre porque cobija bajo una hornacina geminada dos esculturas góticas de san Vicente Mártir, diácono, y san Valero, obispo de Zaragoza, representados con sus respectivos atributos: el primero viste un alba talar propia de su condición clerical, porta una rueda de molino en la mano izquierda y en la derecha una palma del martirio, mientras el segundo es ataviado con capa epistolar y báculo32; quienes, según la tradición, pasaron por dicha localidad. De hecho, fue instalada muy cerca del casco urbano, en el trayecto del antiguo Camino Real que conectaba Zaragoza con Valencia.
Figura 2. Fuente de los Santos (Puebla de Valverde, Teruel)

Fuente: Ayuntamiento de la Puebla de Valverde / SIPCA [consultado 15/06/2025]. https://lapuebladevalverde.info/index.php/el-pueblo/que-ver/ https://www.sipca.es/censo/1-INM-TER-032-192-016/Fuente/de/los/Santos.html
Y, por otro, la Fuente de Cella33, que formaba parte de la desembocadura de los 25 km de trayecto del acueducto romano34 —el cual tiene su origen en el río Guadalaviar (2 km aguas abajo de la ciudad de Albarracín)—, que culmina en un gran pozo artesiano construido en el siglo XII, ubicado en la misma plaza mayor, sobre el punto de inicio del eje que marca el Jiloca (Figura 3)35. El primer documento en el que se menciona dicha fuente data de 1195, relacionándose directamente con los templarios, asentados allí durante décadas tras la reconquista del territorio por las tropas de Alfonso II. Es más, desde antaño se dijo que el río nacía allí, concretamente en un manantial convertido en símbolo del escenario de una trágica leyenda con nombre de mujer, Zaida, una joven protagonista de una historia de amor de la que se conocen varias versiones, pero que siempre señala un mismo objetivo: que Cella recibiera el agua que la convertiría en un vergel36. En 1228 (23 de julio) el concejo cellense donaba al monasterio de Santa María de Piedra (en Núevalos, Zaragoza) y a su abad Eximino todo el agua que manase de la fuente de este lugar desde la puesta de sol del sábado hasta el lunes a la salida del sol todas las semanas37. En 1251 se documenta un pleito en el que varios vecinos de Cella y herederos de la acequia de Villar de Salice y el procurador del monasterio llegaban a un acuerdo, según el cual los herederos de Cella se comprometían a reemplazar la acequia por otra de ocho palmos y a limpiar y arreglar todo daño ocasionado al cenobio, así como a ceder al mismo esta acequia en el lugar de la Madriguera. Un siglo después, el primero de junio de 1322 el rey Jaime II mandaba al juez de Teruel que dirimiera las razones de ambas partes en la controversia surgida por dicha donación hecha al monasterio y a su granja de Villar de Salz (actualmente un barrio rural de Cella denominado Las Granjas), estableciéndose unos turnos para el riego de esta heredad38. Lejos de solucionarse, en 1371 (4 de julio), Pedro Brun, clérigo de la iglesia turolense de San Jaime y procurador del monasterio, presentaba ante el juez Juan Sánchez de Aliaga el trasunto de dicha donación para regar las heredades de Villar del Salz, confirmada posteriormente por Pedro IV (1341.XII.12)39 y, tras aducir además la salvaguarda real del cenobio cisterciense, le insta que hiciera justicia por el quebrantamiento de la acequia de riego infringido por Juan Pérez y Domingo Quílez, que ya habían sido requeridos, tras lo cual el dicho magistrado sentencia que no se inquiete al monasterio en el riego, disculpándose Pascual Roldán, procurador del concejo, en nombre de éste40. Los conflictos por el riego de esta zona serán harto frecuentes, originándose más litigios entre los habitantes de Cella, Villarquemado y Santa Eulalia contra los propietarios de tal heredad. Y es que el caudal aportado por la apertura del pozo artesiano debió incrementar sensiblemente el área encharcada de la laguna del Cañizar y, del mismo modo, la necesidad de realizar un drenaje de la “Acequia Madre”; tesis que parece estar respaldada por el contenido de una sentencia de la Real Audiencia de Aragón fechada el 24 de mayo de 1544 y formulada a instancias de don Francisco Balaguer, natural de Daroca, y procurador de los lugares de Villafranca, Singra, Alba, Torrelacárcel y Villarquemado:
“Que en tiempos muy remotos nace en el pueblo de Cella una fuente de grande caudal de cinco o seis muelas de agua, poco más o menos […], y que desde tiempo inmemorial tuvo y tiene su curso por los territorios de Cella […] y así continúa por los de Singra y llega a los Ojos de Monreal […], para que las aguas de dicha fuente tuvieran su curso y salida fue abierta una acequia madre […], a fin de que dichas aguas no ocasionaran daño alguno ni perjudicasen a las heredades y personas de dichos lugares. Y así fueron construidos muchos molinos”41.
Figura 3. Fuente y pozo artesiano (Cella, Teruel)

Fuente: Ayuntamiento de Cella [consultado 15/07/2025]. https://www.cella.es/2023/06/cella-y-su-fuente/
Asimismo, en las inmediaciones de Fuentespalda, en el Bajo Aragón, a unos 100 metros hacia el oeste por el camino que conduce a la ermita de San Miguel se localiza un interesante conjunto de obras hidráulicas integrado por dos fuentes, cuyo origen puede remontarse a la Edad Media, si bien han sufrido desde entonces algunas reformas. Es especialmente llamativa la Font de la Vila (Figura 4) que presenta la característica estructura basada en bóveda de cañón y con acceso en arco de medio punto, en cuyo interior se abre una sencilla hornacina en la pared de sillería del fondo, la cual repite el modelo de fuente-abrevadero-lavadero42. Esta combinación permite el aprovechamiento del agua sobrante de la fuente para abrevar a los animales, en estrecha conexión con la expansión de las cabañas ganaderas ovinas producida a finales de la Edad Media, y el mismo abrevadero sirve de canal de aducción del agua hasta el lavadero. Este tipo de conjuntos hidráulicos, dispuestos siempre en este mismo orden, responde a una tipología de raíz renacentista, muy extendida en el Matarraña durante la Edad Moderna, encontrándolo también en otras poblaciones de la comarca (por ejemplo, en Calaceite, Peñarroya de Tastavins y Valjunquera). Muy próxima a la anterior se encuentra la Font de la Canyella (Figura 5), que ha tenido también varias fases de construcción: la fuente del interior con arco de sillería y bóveda apuntada es la parte más antigua, como denota su estilo gótico; posteriormente, se amplió por la estructura con bóveda de medio cañón por donde se accede a la misma.
Figura 4. Fuente de la Villa (Fuentespalda, Matarraña, Teruel)

Fuente: Ayuntamiento de Fuentespalda [consultado 15/06/2025]. https://www.fuentespalda.es/el-pueblo/patrimonio-cultural/fuentes/
Figura 5. Fuente de la Canela (Fuentespalda, Matarraña, Teruel)

Fuente: Ayuntamiento de Fuentespalda [consultado 15/06/2025]. https://www.fuentespalda.es/el-pueblo/patrimonio-cultural/fuentes/
También en Castellote, villa cabecera de la bailía sanjuanista a la que da nombre, emplazada en el Maestrazgo turolense, existen dos ejemplos cuya cronología se podría remontar a finales de la Edad Media, como son la fuente de la Dama de las Sargantanas (conocida comúnmente como el abrevadero o Cañón, Figura 6) y la fuente de los Lavaderos de Arriba. La primera, situada junto a la Casa Consistorial en lo que antaño fue una de las entradas de la población, está formada por un pórtico que apoya en los restos de la antigua muralla y en uno de sus muros tiene empotradas una serie de esculturas de bustos antropomorfos distribuidos en ritmo homogéneo por la sólida pared de sillería, a la que se adosa el soportal de madera; los bustos escultóricos, probablemente reutilizados, simulan emerger del interior de la fuente y parecen proteger la representación de una figura orante que está pisando una cabeza demoníaca con cuatro salamandras a los lados (en grupos de dos)43, dispuesta en el centro de lo que debió ser la antigua fachada. Mientras en la segunda, la fuente anexa de cuatro caños que nutre de agua al complejo del lavadero se cobija bajo una estructura de bóveda de medio cañón, a la que se antepone un arco de medio punto en cuyas dovelas aparecen marcas de cantería, lo que tal vez hace suponer su relación con los canteros que debieron trabajar en la construcción de la iglesia parroquial dedicada a san Miguel Arcángel, templo edificado en la primera mitad del siglo XV. El acceso se realizaba a través de una escalera pegada al muro que permitía bajar a la fuente, la cual ha sido recuperada recientemente tras una restauración44.
Figura 6. Fuente de la Dama de las Sargantanas (Castellote, Teruel)

Fuente: Foto de Sofía Sánchez Giménez [consultado 10/05/2025]. https://museovirtualmaestrazgo.com/colecciones/fuente-de-la-dama-de-las-sargantanas-castellote/
Y, finalmente, acabamos nuestro viaje en Albarracín, que sorprende con una pléyade de fuentes diseminadas en páramos rurales: Fuente el Buey y Fuente Gómez (ambas en Frías), Fuente el Rávano (Griegos), Fuente García (nacimiento del río Tajo), Fuente Pizquierdo (Lop Ezquerra), etc., donde se contabilizan casi el doble que en la zona del Maestrazgo45, una comarca con parecida superficie. La localización de los propios núcleos aldeanos dependía en buena parte de la disponibilidad de agua: los más representativos Bronchales (Frontael), Pozondón (Pozo Hondón), Orihuela población bañada por el río Gallo y las aldeas situadas en las riberas del Guadalaviar (Guadalaviar, Villar, Noguera, Tramacastilla, Torres, Calomarde, Royuela, Albarracín, Gea), siendo obviamente los términos municipales de mayor altitud los que cuentan con más manantiales46.
Por otro lado, es sintomático cómo las dehesas y heredades —cuya denominación denuncia la presencia del líquido: Entrambasaguas, Aguas Amargas, Rochilla de Fontanares, Fuente el Rávano, Fuente el Buey, Fuente García, Fuente Gómez, Despeñadero…— repartidas por todo el territorio de la Comunidad adquirían un valor añadido si disponían de cursos fluviales, por pequeños que fuesen. De esta forma, los privilegios reales incorporaron a menudo el derecho de aguas cuando se concedían espacios vedados, porque ya no sólo se trataba de abastecer de agua potable las instalaciones de las masías dispersas, sino también de que los ganados pudieran abrevar en el área de pastos47. Por eso existía toda una red de abrevaderos48 situados de forma estratégica en la línea de tránsito de los pasos de ganado —tal como se documenta en el Libro de Pasos (1326)49—, tanto de carácter local: hacia las dehesas concejiles50, como comarcal: en la encrucijada de vías pecuarias del término de la ciudad de Albarracín.
En sus proximidades sobresalen varias fuentes de cuyo mantenimiento se encargaba también el concejo51, siendo la Foradada y la Cañada La Reina dos de las más emblemáticas; tal vez se trate de la hoya de Horadada y Trascasa en donde tuvo lugar el milagro que se narra en la Cantiga de Santa María número CXCI de Alfonso X el Sabio (Figura 7): de cómo la alcaidesa del castillo de Ródenas cuando iba a por agua a una fuente cayó desde la cima de una peña en dicha localidad, invocando durante el accidente a Santa María y no se hirió porque la Virgen intercedió por ella52.
Figura 7. Cantiga 191: el milagro de Ródenas. Biblioteca del Monasterio de san Lorenzo de El Escorial, Códice Rico (h. 1280-1284), Ms. T-I-1, f. 251r

Fuente: Cantigas de Santa María, Patrimonio Nacional [consultado 25/07/2025]. https://rbme.patrimonionacional.es/s/rbme/item/11337#?xywh=-3502%2C0%2C10747%2C5616&cv=511
A lo largo de las páginas precedentes ha quedado patente como las fuentes de agua fueron un elemento esencial para la vida en las ciudades, villas y aldeas aragonesas en época medieval, especialmente en la etapa final en que se fraguaron cambios significativos que culminaron con la creación del Estado moderno. Momento en el que comenzó a valorarse más la limpieza en entornos urbanos, al combinarse en ellas necesidades prácticas con los ideales renacentistas de belleza, salud y progreso urbano. Su construcción demostraba ciertos avances en ingeniería hidráulica y organización comunal, ya que funcionaron como puntos de aprovisionamiento de este recurso hídrico y centros de la vida comunitaria, condicionando a su vez la ubicación de los núcleos donde se instalaban, su economía, desarrollo social y hasta la seguridad de su población.
A ello se añade el hecho de que tenían un gran valor simbólico y religioso, asociadas con la pureza y el cristianismo, con lo que también traslucían una identidad religiosa y cultural propia de las diferentes comunidades. Tanto es así que los cristianos tuvieron prioridad en el uso de las fuentes públicas y el agua canalizada, sobre todo en urbes cristianizadas tras la Reconquista, mientras que los judíos y mudéjares en ocasiones contaron con un acceso limitado, restringiéndoles el acercarse a las mismas en horarios o días específicos para evitar el contacto debido a prejuicios religiosos y sanitarios, exigiéndoles pagar tasas o pedir permiso expreso para usarlas. En algunas localidades hasta se asignaron a las minorías pozos, aljibes o fuentes específicas dentro de su barrio, evitando así depender del suministro público. Esto refleja la segregación estructural de la época, incluso en necesidades tan básicas y primordiales como el agua.
El acceso a este bien era crucial para saciar la sed, la cocina, la higiene y otras actividades domésticas, lo que convertía el trabajo de las mujeres en un pilar fundamental para el ámbito familiar. De forma particular, en el observatorio meridional de Aragón analizado en este artículo sobresale a nivel artístico una de las tabicas policromadas de la techumbre mudéjar de la catedral de Teruel, de finales del siglo XIII, que muestra a una mujer portando un cántaro de doble asa sobre su cabeza. Y también otras tablas de dicho artesonado las representan sacando agua de un pozo, respondiendo al vínculo femenino con la fuente, el lavadero o el río, tan frecuente en la tradición medieval e incluso anterior, pues constituye una de las imágenes plásticas más populares desde la antigüedad clásica.
En definitiva, la mayoría de las fuentes referenciadas dejaron de utilizarse hace más de un siglo, con la llegada del agua corriente, y en la actualidad muchas de las que siguen manando ni siquiera vierten agua potable. Algunas desaparecieron o fueron trasladadas; otras, con interés artístico o cultural, han sido restauradas —con desigual acierto— y se han convertido en obras ornamentales de espacios ajardinados arrebatándoles el sentido específico para el que fueron creadas. Con todo, de entre ellas hemos tratado de hacer un recorrido sintético y selectivo, el cual constituye solo una pequeña muestra representativa del inmenso legado patrimonial hídrico heredado del que somos auténticos deudores y que deberíamos preservar y proteger por su extraordinaria riqueza53.
Este trabajo forma parte del Proyecto de Generación de Conocimiento EADIA: Expansión agropecuaria y desarrollo industrial de Aragón en la Europa mediterránea de los siglos XIV-XVI (Ref. PID2024-155361NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España. Paralelamente, se integra también dentro de las actividades del Grupo de referencia CEMA (Centro de Estudios Medievales de Aragón) reconocido por el Gobierno de Aragón, adscrito a su vez al Instituto de investigación en Patrimonio y Humanidades de la Universidad de Zaragoza.
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ALBAQUA es un proyecto de estudio interdisciplinar de las fuentes de la Comarca de la Sierra de Albarracín liderado por el Centro de Estudios de la Comunidad de Albarracín (CECAL), cuyo objetivo es la divulgación y puesta en valor del patrimonio natural de su serranía. Actualmente dispone de información recopilada de unas 1.200 fuentes y manantiales con sus fichas correspondientes: https://www.albaqua.org/.
FuenAragón, proyecto de ciencia ciudadana realizado desde el 1 de julio de 2022 hasta el 30 de junio de 2023. Registra un total de 795 fuentes y manantiales de Aragón caracterizadas tanto geográfica, hidrológica, etnológica como ambientalmente: www.fuenaragon.com.
SIPCA (Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés) cuenta con unas 756 fuentes de agua catalogadas y con distintos materiales de consulta disponibles: https://www.sipca.es/tematicas/sugerencia.jsp?id_noticia=182&vieneDe=lista.
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1 Morales, 2020, 522-527.
2 Archivo Histórico de Protocolos Notariales de Calatayud (AHPnC), Jaime de Santángel, n.º 163, ff. 126r-127r.
3 AHPnC, Juan Remón, n.º 188, f. 143v.
4 AHPnC, Forcén López, n.º 79, ff. 2v-4r.
5 AHPnC, Forcén López, n.º 83, ff. 35v-37r.
6 Un documento de 1562 detalla que tenía solamente tres caños, aparte de pilas y un abrevador, Ibarra; Sangüesa; Urzay, 2000, 253.
7 De La Fuente, 1988, 164-165 y 180-185.
8 Inicialmente era de planta acodada, dejando dos caños hacia el camino de Paracuellos reservados al verdugo de la ciudad y personas infames, parte que desapareció al elevar la carretera Sagunto-Burgos, quedando el frente principal ligeramente modificado, lo que se tradujo en la pérdida de un caño, la distribución irregular de los ocho restantes, y alteración de la inscripción del friso, desmontada en 1969.
9 Un ejemplo de ello es fuente de Schöner Brunnen, o Fuente Hermosa, de Núremberg, del siglo XIV, que consta de una pila de agua octogonal, de la que emerge una pirámide de piedra de casi 20 metros de altura, con 47 esculturas.
10 Probablemente puede relacionarse con la fuente de aguas vivas, fons vivus, que es una pila bautismal (una fuente de agua en la que uno es bautizado, y por lo tanto renace con Cristo). El Baptisterio de Roma, consagrado por el papa Sixto III (432-440), se asoció iconográficamente con la fuente del agua de la vida mencionada en el Libro del Apocalipsis, cap. 21, versículo 6. Véase Underhill, 1910, 99-101.
11 Lacarra, 1999, 32.
12 Acerete, 2005, 223.
13 Corral, 1993, 189-210.
14 Rodrigo, 2000, docs. 65 y 240, respectivamente.
15 Rodrigo, 2000, doc. 57.
16 García-Guatas, 2015, 316.
17 Benedicto; Martín-Domingo, 2007.
18 Mateos, 1997, 386-387.
19 Archivo Histórico Nacional (AHN), Diversos: Comunidad de aldeas de Daroca, Carpeta 78, doc. 77.
20 Entre 1527 y 1538 trabajó como maestro fontero en Cuenca. De esta ciudad castellana pasaría a la comunidad de Daroca, en donde realizó diversos encargos entre 1542 y 1554. En 1558 estaba viviendo en Lanaja y firmó un contrato con el concejo de Peralta de Alfocea para la construcción de una fuente, cobrando por ella 25.600 sueldos. Dos años más tarde levantó la fuente y el lavadero de Berbegal. En 1571 figura residiendo en Alagón, encargándose de realizar ciertas obras en un puente sobre el Jalón. Por último, en 1578 se encuentra domiciliado en Huesca, comprometiéndose a construir una fuente en Morilla. Véase Blázquez; Pallaruelo, 1999, 573-575. Mateos, 1998, 133-134.
21 Benedicto; Guitarte, 2001, 17-46.
22 Gorosch, 1950, artículos 332-351. Consultar también Orcástegui, 1989, 499-510.
23 Muñoz, 2006, 397-406.
24 Declarado por el Gobierno de Aragón en octubre de 2007 Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento; como también lo fue por el Decreto 72/2006, de 7 de marzo, el acueducto subterráneo denominado “La Madre”, en Castejón de Monegros (Huesca), cuya autoría y época de construcción resultan desconocidas.
25 Abad, 2004, 337-388.
26 Este especialista en edificación civil aragonesa tuvo sus primeras experiencias constructivas en Fuentes de Ebro, para proseguir por Mora de Rubielos y asentarse en Teruel y Santa Eulalia. También intervino en la traída de aguas a Celadas, siendo autor de su fuente (de composición clásica con frontón triangular) hacia 1560 y, dos años después, de la Mina de Daroca para el desvío de las aguas torrenciales del barranco. Ibáñez-González, 2010, 119-123.
27 Buesa, 1980, 62.
28 Recientemente, los trabajos de restauración llevados a cabo por la Fundación Santa María de Albarracín en 2022 sacaron a la luz restos de policromía en las figuras del toro que preside el frontón o remate triangular de la fuente y las cabezas de león por las que mana el agua.
29 AHPT, Comunidad de Teruel (Mosqueruela), Justicia: sentencias arbitrales, caja 16, n.º 1164, 2 folios.
30 Gargallo, 1996, 74, nota 28.
31 Villanueva, 2020, 306-316.
32 Ambas piezas presentan el problema adicional de la pérdida de las cabezas originales (probablemente durante la Guerra Civil), por lo que dificulta conocer su precisión cronológica, aunque dado el tratamiento de los paños y la apariencia general podrían datar del siglo XV. QUALCINA, Inventario del patrimonio medieval de la comarca Gúdar-Javalambre, Comarca de Gúdar-Javalambre, 2010, incorporado a la sección de Patrimonio Arquitectónico del portal web https://www.sipca.es/censo/1-INM-TER-032-192-016/Fuente/de/los/Santos.html.
33 Declarada Monumento Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural por resolución de 31/08/1983 (BOE de 24/09/1983). Aguirre, 1971, 15-19. Lanzuela, 1987. Deler, 1995.
34 Almagro, 2002, 213-237. Ezquerra, 2007, 219-223.
35 Es uno de los más grandes, amplios y profundos de Europa y fue ornamentado entre los años 1729 y 1731 por el capitán de ingenieros Domingo Ferrari, de origen italiano, por encargo de la Audiencia de Aragón. Tiene forma elíptica con un perímetro de 130 metros y está rodeado por un pretil de piedra de sillería, en un extremo se da salida al agua por medio de un paso cubierto por una ermita neoclásica dedicada a san Clemente. Ávila Granados, 2015, 48-50.
36 Según cuenta la leyenda de Zaida, el hijo menor de Abú Meruán se enamoró de la joven, la cual ya había acordado el matrimonio con un emir. Más tarde, Aben Racín (hijo de Abú Meruán) le explico la situación a su padre, quien ideó un plan. Envió una embajada a Cella con la finalidad de formalizar el matrimonio. En el caso de rechazarle, destruiría el castillo del Señor de Cella. Cuando este día llegó, los emisarios expusieron el motivo de su visita, el emir respondió: Zaida se casará con Aben Racín cuando las aguas del Guadalaviar rieguen los campos de Cella. Lo que hizo que se pusiera en marcha tal proyecto, pues al día siguiente Meruán ordenó excavar las galerías rocosas entre Albarracín y Cella, con lo que una vez cumplido el propósito se posibilitó su enlace. Arguilé, 2006, 24-30 y “La fuente de cella y su legendario origen”, https://identidadaragonesa.wordpress.com/2015/12/14/la-fuente-de-cella-y-su-legendario-origen/ [consultado 12/06/2025].
37 AHN, Clero-Secular_Regular, Carpeta 3666, nos 6 y 7, donación de turno de agua de la fuente de Cella.
38 AHN, Clero-Secular_Regular, Car. 3689, n.º 9.
39 AHN, Clero-Secular_Regular, Car. 3697, n.º 13. Al año siguiente, Clemente VI promulga una bula en virtud de la cual encomienda al archidiácono de Belchite en la iglesia de Zaragoza que intervenga en la causa habida entre el monasterio y el concejo de Cella por el incumplimiento del acuerdo habido entre ellos para el riego de la granja de Villar de Salz [AHN, Clero-Secular_Regular, Car. 3697, n.º 20, 1342.XI.25].
40 AHN, Clero-Secular_Regular, Car. 3708, n.º 6.
41 Transcripción de Aguirre, 1978, 7-10.
42 Para su estudio en Castilla véase González-Montes, 2023.
43 A la salamandra se la asocia con el fuego, pues se cree que estos animales son incombustibles y, por consiguiente, simboliza el valor y el coraje. No se sabe quién es la “Dama” de estas lagartijas, pero quizá nos remite a cultos matriarcales (la mujer como centro y la salamandra como animal simbólico) celtas (la cabeza, que es la parte más importante del cuerpo porque contiene todos sus atributos). El conjunto apunta a la simbología de la alquimia. García-Arranz, 1990, 53-68. Baquedano, 2008, I, 303-312.
44 Benavente; Puche, 2009, 24.
45 Dicha comarca cuenta con un catálogo de su patrimonio hidrogeológico realizado por la empresa pública Sodemasa, del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, en 2007, con casi 700 fichas de fuentes inventariadas.
46 Berges, 2015, 41-50.
47 Significativo al respecto es el acuerdo firmado en 1540 entre Pozondón y Ródenas, el cual manifiesta la importancia de una explotación racional permitiendo que los pozos de esta primera localidad abasteciesen a los ganados rodeneros cuando existiera excedente de agua.
48 El cuidado de estas instalaciones se refleja en el trabajo de Aguado, 1993, 337-340.
49 Libro de algunas sentencias sobre pasos, caminos y abrevaderos del término de Albarracín dadas por Rodrigo Gil Tarin y Alfonso Muñoz, jueces de la corte de Jaime II, copia en papel [Archivo Municipal de Albarracín (AMA), Sección I-6, n.º 56] y en pergamino [AMA, Sección 0, n.º 2] fechada el 1 de mayo de 1340.
50 Uno de los temas tratados en la sentencia de Ródenas de 28 de septiembre de 1408 [Archivo particular Carlos Muñoz Julián, sin catalogar, ff. 33-48], transcrita por Berges, 2007, apéndice documental n.º 164, 1158-1164.
51 Tan importante era el correcto uso del agua por todos los vecinos que el fuero establece que en las distintas localidades se nombraría una persona con la función de vigilar el uso correcto de las aguas: el ‘cavacequia’. Este cargo no solo aparece en el fuero de Teruel y Albarracín, sino también en los de Aragón y en los de Valencia. Castán, 2015, 51-60.
52 Ibáñez-Hervás, 2010, 37-56.
53 Sánchez-Sanz, 2017, 18-19; 2018a, 19-20; 2018b, 26-28 y 2018c, 31-35.