Este volumen colectivo nace del fecundo y bien avenido maridaje académico entre Simon Young y Davide Ermacora. El primero es un historiador medievalista vuelto hacia los estudios del folclore, con una sólida trayectoria refrendada por sus numerosas publicaciones sobre las formas de lo sobrenatural en el siglo XIX: frontera de la industrialización y la globalización, así como umbral divisorio entre la mentalidad escéptica propugnada por los ilustrados y el pensamiento mágico premoderno. Davide Ermacora, con un currículo investigador bastante más reciente —aunque no menos impresionante—, es un antropólogo especializado en temas escurridizos, como el de los parásitos incubados en el cuerpo humano y el de las serpientes lactantes, de enorme escrúpulo archivístico, larga lente cronológica y asombrosa capacidad de síntesis. Solo de este brillante (y casi predestinado) enlace podía surgir una iniciativa como la de Exeter New Approaches to Legend, Folklore and Popular Belief, de la prestigiosa Universidad de Exeter, que ambos coeditan desde hace años y que consta ya de ocho contribuciones de peso. The Exeter Companion to Changeling Lore se suma, así, a una galaxia de títulos llamados no solo a rellenar huecos bibliográficos, sino a espolear miradas frescas, rigurosas y transversales que tensen el campo folclorístico. El libro que aquí me ocupa constituye un dúo indisociable con su hermano mayor, The Exeter Companion to Fairies, Nereids, Trolls and Other Social Supernatural Beings (2024), y cabe esperar que esta serie de «compañeros» siga engendrando una progenie prolífica y nunca intercambiable, a diferencia de los niños sustituidos que protagonizan sus páginas.
La introducción de la obra, «Changeling Whats, Wheres, and Whens», a cargo de sus editores, funciona no solo como tentempié para abrir el apetito, sino como una entrada enciclopédica de erudición comprimida, catálogo de fuentes (sus notas a pie de página devienen abultadas listas de referencias) y atlas que localiza al changeling en el bloque euroasiático occidental y mediterráneo. Los autores fijan con precisión el triángulo de personajes que interviene en las narrativas de infantes cambiados: «We have the changer, we have the changeling, and we have the changed» (7). Todo lo que cae fuera de esa tripleta es visto como «“spurious”, inasmuch as they do not conform to the changeling triangle» (18); es decir, que otros paralelos lejanos a esta órbita se presumen fruto de ansiedades, culpas y temores compartidos —el rapto de bebés, malformaciones y dolencias tempranas, etc.— por civilizaciones separadas en el espacio antes que retoños de un tronco común. Hablarán, por tanto, de «constelaciones folclóricas» afines, un término más certero y cauteloso, dada la dificultad de establecer genealogías convincentes y bien delimitadas; un prurito disciplinario este que corre el peligro de descarrilar al estudioso hacia una autopista cortada. Desmontarán, a la par, la arraigada idea de que el concepto del changeling se origina en la Edad Media mediante el rastreo de guiños en leyes babilónicas del tercer milenio a. C. y en la literatura clásica, como demuestra su evocadora exégesis del mito de Rea y Zeus. Ahí reposa una declaración de intenciones implícita: desarticular prejuicios críticos, reexaminar las hagiografías medievales y otros documentos en busca de vestigios de niños sustituidos que hubiesen sido pasados por alto, sin cerrar la puerta a hipótesis que obliguen a replantearse la datación del fenómeno.
Su iluminador programa de cara a pesquisas futuras se cifra en este párrafo:
The first would be a list of all pre-industrial changeling narratives (legends, memorates, and others) from the WEM block and beyond […]. Second, a study addressing changeling tale-types has yet to be written […]. Third, such a classificatory approach would support a future comprehensive examination of changeling beliefs as they appear in the legal system […]. The fourth step would be a proper, up-to-date annotated bibliography […]. Fifth, there are several older essays […] that could be usefully republished in English for a wider audience. Sixth, a changeling sourcebook of ancient, medieval, and modern accounts […]. Seventh and finally, we have mentioned above the need for […] a synthesis of changeling scholarship over the last century (pp. 41-42).
Sería imposible hacer justicia dentro de un margen razonable a la pluralidad de enfoques y corpus que manejan los trabajos de este monumental compendio. Quizá tampoco resultaría útil acometer un resumen literal. Avanzaré, por consiguiente, algunos de los rasgos más representativos de los capítulos que lo integran, con la esperanza de que el especialista halle en mis apuntes una invitación para acercarse a los textos que despierten su curiosidad.
De entre la extensa nómina de sabios, profesores y eruditos que han congregado Ermacora y Young —perfiles que, en su conjunto, echan los cimientos de un edificio de inmensa robustez intelectual—, Robitaillié es la escogida para inaugurar el libro. Su estudio se adentra en el motivo irlandés del secuestro infantil a través de la ventana, desde una perspectiva que privilegia una minuciosa vocación taxonómica. El segundo capítulo ofrece una contextualización más densa: las prácticas sociales y creencias nacionales en torno a los changelings son problematizadas por Sawyer en una pieza tan breve como perspicaz. Más adelante, Óscar Abenójar testimonia su presencia en la península ibérica (concretamente, en Asturias), en Portugal y en otras áreas hispanoparlantes de Europa, a la vez que postula un parentesco potencial con otros relatos recogidos por él en México, añadiendo a la ecuación materiales de procedencia oral. Castellana y Ermacora unen luego fuerzas para mapearlo dentro del folclore de Italia desde el insigne Pirandello, formulando tanto una relectura históricamente situada como una aproximación original al escritor siciliano. Valgan estos ejemplos para poner de relieve varias de las tendencias, inquietudes y corrientes que traspasan el volumen.
De ahí en adelante, The Exeter Companion to Changeling Lore nos brindará una colección de estudios de caso escudriñados con gran finura, así como propuestas cartográficas exhaustivas, a través de saltos cronológicos, documentales y geográficos constantes. Pasaremos, así, de la Edad Media a la hemeroteca británica gracias a Stephen Miller; a esta última volverá, con intenso aprovechamiento analítico, Simon Young; exploraremos las sagas islandesas de la mano de Andrea Maraschi; ahondaremos en los registros legales escandinavos junto a Tommy Kuusela y en el impacto de la reforma luterana sobre el folclore de los changelings en Alemania. El arco se prolonga aún más cuando Éva Pócs nos traslada a un juicio decimonónico transilvano; Dorian Jurić aborda su escasez entre los pueblos eslavos meridionales; Braccini los persigue en el mundo griego posclásico; de cubrir Ucrania y Rusia se encargan Natalie Kononenko y Alevtina Tsvetkova; de Armenia y de la figura poliédrica de Artavazd, Ermacora; Woodyard, de los Estados Unidos y Canadá... Y justo antes de precipitarse a su colofón, como atinado parteaguas que rompe la tónica regional dominante, Östling conecta estos incidentes con las abducciones de alienígenas.
Como aval de su mérito —y en un gesto al diálogo entre orientaciones disímiles que define al debate científico de primer nivel—, firma el epílogo Jean-Claude Schmitt. El eximio medievalista condensa en ocho renglones una tesis anclada en un polo interpretativo distinto del que adoptan Ermacora y Young:
The gaps appear to be primarily due to a lack of information, since not all regions of the world have been the subject of such in-depth and early folkloric studies as Europe. If we consider the most fundamental characteristic of the phenomenon—the exchange of newborn children by supernatural forces—then beyond local variations, I see no reason to doubt its universal nature, even though the evidence has not been uniformly collected. This conclusion is further supported by the antiquity of the testimonies available to us, though the oldest ones are also the rarest (p. 274).
En sus conclusiones se impone la prudencia: la poligénesis aflora en contraposición a una circulación intercultural incierta que, no obstante, no puede ser plenamente descartada en todos los supuestos. También insiste en una idea que desde hace tiempo ya nadie está en condiciones de objetar: «hagiography provided them [la creencia de los niños cambiados] an entry into legitimate culture—or at least into the intermediate cultural levels where folkloric traditions interact with the Church’s legitimate culture» (276); esto es, la inevitable comunicación entre los discursos cultos, de carácter oficial, y el folclore del pueblo llano, que legitima y ha de estimular la emergencia de calicatas que los confronten y que reconozcan su intercambio continuo y sus deudas. Pero también sus fricciones y divergencias, sin instalarse en la obtusa zona de la fractura radical ni en la cómoda concesión condescendiente.
Un apéndice indispensable corona el libro: la revisión que realiza Dorian Jurić del motivo F321 acuñado por Stith Thompson, un inventario actualizado de los elementos clave de los cuentos sobre changelings, perfectamente jerarquizados, expandidos y matizados con respecto al modelo.
Conviene subrayar que la composición de la obra, regida por la lógica de la amplia apertura geográfica —una premisa coherente con su mensaje y muy común dentro de este ámbito—, favorece el espíritu comparatista de hondo aliento frente a calas circunscritas a la cultura de un solo país. El proyecto debe entenderse no como epítome totalizador, sino como muestrario selecto. Se vislumbra, además, una vía prometedora de cara al futuro para incorporar narraciones sobre changelings de las dos últimas centurias. Para ello sería deseable transitar los paisajes de lo fictivo; en concreto, por su eficacia para atraer a las juventudes, sugeriría una mayor profundización en el cómic, el cine y los videojuegos, tres de los puntales del ecosistema mediático que obtienen hoy una resonancia sin parangón. Se me podrá oponer que tales productos de masas devienen superficiales o heterogéneos —en ocasiones, no sin razón—, o que requieren herramientas conceptuales y metodológicas de las que suele andar ayuno un humanista convencional. Tampoco quiero afirmar que haya que despegarse de las rutas tradicionales. Lo que defiendo queda más cerca del cultivo contrapesado y simultáneo, para lo cual se necesita talento anfibio para moverse por dos territorios entre los que parece mediar un abismo de distancia.
En definitiva, The Exeter Companion to Changeling Lore cumplirá holgadamente las expectativas de folcloristas, expertos en literatura oral, historiadores de las mentalidades y de las épocas medieval, moderna y decimonónica; también las de todos los que indaguen en la infancia, las supersticiones populares, la prensa, la religión y la medicina. La obra actúa como guía para facilitar la inclusión de más voces y como plano en el que son esbozados con concisión y pulso firme múltiples itinerarios: algunos, ya recorridos; otros, todavía pendientes de ser transitados. Todo ello desde un prisma humanístico en sentido lato, comprometido y hodierno.
Miguel RODRÍGUEZ GARCÍA
(Universidad de La Rioja)
