GLORIA CHICOTE
Universidad Nacional de La Plata – Conicet (Argentina) Mecila
https://orcid.org/0000-0001-8534-9073
ABSTRACT: This paper proposes the analysis of a selection of popular pamphlets published in Spain and America in the 19th and 20th centuries, referring to the representation of feelings and love relationships. The starting point is an article in which I attempted a comparison of the pamphlets of the Imprenta Vanegas Arroyo with the Robert Lehmann-Nitsche Creole Library, and a recent work in which I extended the comparisons to a collection of Spanish sheets gathered at the University of Geneva. The corpus of analysis was constituted with sheets from Spain, Mexico and Argentina that include lyrical and lyrical-narrative compositions, aimed at young women and men, which can be analyzed as norms of sentimental education. The purpose is to introduce us to the particular treatment of these themes in the manifestations of popular printed literature. A visit through the poems and also through the explicitly stated rules of socialization allows us to study the process of construction of the subjectivities of modern culture in the Ibero-American sphere and enables comparisons between materials printed and consumed in different cultural contexts.
KEYWORDS: Pamphlets, popular literature, feelings, emotions.
RESUMEN: Este trabajo propone el análisis de una selección de folletos populares publicados en España y América en los siglos XIX y XX, referidos a la representación de los sentimientos y las relaciones amorosas. El punto de partida es un artículo en el que intenté una comparación de los folletos de la Imprenta Vanegas Arroyo con la Biblioteca Criolla de Robert Lehmann-Nitsche, y un trabajo reciente en el que extendí las comparaciones a una colección de pliegos españoles reunidos en la Universidad de Ginebra. El corpus de análisis se constituyó con pliegos poéticos procedentes de España, México y Argentina que incluyen composiciones líricas y lírico-narrativas, dirigidos a jóvenes mujeres y varones, que pueden ser analizados como normas de educación sentimental, con el propósito de introducirnos en el tratamiento particular de estos temas en las manifestaciones de literatura popular impresa. Un recorrido por los poemas, y también por las reglas de socialización explícitamente enunciadas, permite estudiar el proceso de construcción de las subjetividades de la cultura moderna en el ámbito iberoamericano y posibilita comparaciones entre materiales que fueron impresos y consumidos en diferentes contextos culturales.
PALABRAS CLAVE: Folletos, literatura popular, sentimientos, emociones.
Si bien la educación sentimental fue parte esencial de la cultura occidental desde la antigüedad clásica, el medioevo y los albores de la modernidad, debemos esperar el desarrollo del pensamiento romántico para empezar a entender los sentimientos no como meras expresiones de la sensibilidad individual sino como construcciones sociales colectivas portadoras de un conocimiento al que se puede acceder a través de lo sensible.
Contamos con ejemplos de artes amatorias como el Ars amandis escrito por Ovidio a principios del siglo I, con la estructura de un poema didáctico en el que se proporcionan consejos sobre las relaciones amorosas: dónde encontrar mujeres, cómo cortejarlas, cómo conquistarlas, cómo mantener el amor, cómo recuperarlo, cómo evitar ser estafados, etc. En el siglo XII, considerado por los historiadores como un punto de inflexión en la cultura occidental en el que la temática del amor se instaló definitivamente en el arte y en la literatura en particular, se puede mencionar el Tratado sobre el amor de Andrés el Capellán que documenta una detenida preceptiva del amor cortés y una casuística con fallos y sentencias referidos a temas concretos de controversias entre los amantes que fueron discutidos por las cortes de amor celebradas en diferentes regiones de Francia. Desde el siglo XV prolifera la redacción de diarios privados y epistolarios, géneros nuevos que dan cuenta de una escritura de expresión de sentimientos fervientes y temerarios (Gay, 1992), de amores permitidos y prohibidos, de deseos cumplidos y reprimidos que atraviesan la modernidad (Petrucci, 2018).
Esta multiplicidad y diversidad de textos incursionan en la variada construcción de la subjetividad de los individuos varones y muy novedosamente, también de las mujeres, pero debemos esperar a los escritos de los filósofos del Romanticismo alemán como Friedrich Schlegel y Johann W. Goethe o los ilustrados como Jean-Jacques Rousseau, quienes por primera vez se asoman a una interpretación social y gnoseológica de los sentimientos. A lo largo del siglo XIX será necesaria la ruptura definitiva con la tradición positivista para que, a partir del psicoanálisis y las teorías cognitivas del siglo XX, las emociones dejaran de verse como elementos netamente fisiológicos, detectables en textos ficcionales y desligados de las dinámicas sociales. El pensamiento señero de autores como Norbert Elias (1987) puso de manifiesto la relación intrínseca existente entre estructura social y estructura emotiva individual, a partir de un uso riguroso de las emociones, los afectos y los cuerpos, que una sociedad históricamente localizada impone al individuo. Volver a pensar las acciones de los individuos en correlato no solo de manera exclusiva con sus voluntades, sino con la red de dependencias en la cual se encuentran inscritos, determinó cambios sustantivos que condujeron a desplazar las oposiciones clásicas: individuo-sociedad, libertad-determinismo e incluso objetividad-subjetividad. Profundizaron esta perspectiva historiadores de la cultura como Peter Burke (2005), que desarrolló el concepto de representación e incluye las historias de las representaciones de las mujeres, o Roger Chartier (1992), quien estableció las representaciones colectivas que incorporan en los individuos las dimensiones del mundo social y que organizan los esquemas de percepción y de apreciación a partir de los cuales clasifican, juzgan y actúan (Sánchez, 2014).
Esta aproximación cada vez más certera al conocimiento subjetivo también produjo importantes transformaciones de perspectivas en los estudios antropológicos, tal como la antropología de las emociones de Clifford Geertz (1988) que las define no como componentes fisiológicos y universales, sino como sentimientos, pensamientos y juicios de valor que varían culturalmente. La comprensión de las emociones como prácticas discursivas también fue desarrollada entre otros por Michel Foucault (1999), quien subraya la función especial que cumplen los discursos y las prácticas de sí en la constitución de la subjetividad. Finalmente, serán los estudios feministas los que contribuyan al giro de la historia hacia las emociones para trabajar en la deconstrucción de las capilaridades materiales, institucionales y culturales que construyeron a las mujeres como el género emocional y a los varones como sujetos fríos y racionales1.
Tanto los receptores del texto ovidiano como los amantes corteses del medioevo y las/ los autores de diarios íntimos y epístolas de la modernidad temprana, constituyeron un circuito de emisión-recepción compuesto por personas pertenecientes a las clases dominantes del entramado social, ya sea la nobleza o la burguesía. Hasta después de la Revolución Francesa, poco sabemos de las prácticas amorosas del último estrato de la pirámide social, las clases populares, ya que nos han llegado pocos o nulos testimonios sobre sus conductas amorosas debido fundamentalmente a que ese sector de la población nunca había tenido acceso a la lecto-escritura.
Será en el siglo XIX cuando el mundo de los sentimientos explota en la literatura y pasa a formar parte sustantiva de una textualidad destinada a explorar la experiencia burguesa y las prácticas amorosas de las clases medias en diversos países, en un movimiento que lentamente va a impregnar a los sectores más relegados del entramado social a partir de productos que adquirieron un éxito superlativo y modificaron las reglas de la difusión cultural. En el transcurso del siglo XIX el avance de la lecto-escritura condujo a la constitución de nuevos públicos y determinó la proliferación de prácticas editoriales de divulgación masiva tales como los periódicos, folletos y hojas sueltas que tuvieron un lugar clave en la pedagogía de los sentimientos de los receptores populares. En ese contexto, el incremento de la educación primaria tanto en las milenarias sociedades europeas como en los nuevos conglomerados urbanos de los países americanos provocó un aumento exponencial del público lector a tal punto que en muchos casos la institución estaba a la retaguardia de la demanda de los ávidos lectores por ampliar sus saberes animados por la posesión misma de la letra escrita. Asimismo, el intento estatal de utilizar la educación como un aparato de control ideológico, físico y moral de los sujetos, dio lugar a la emergencia de lectores con necesidades diferenciadas, tales como mujeres, niños y obreros, quienes dieron origen a nuevas prácticas de lectura, a través de la circulación escritural de los saberes (Lyons, 1998).
La ampliación de un público alfabetizado, la aparición de nuevas tecnologías en el campo de edición que permitieron abaratar costos y multiplicar tiradas y la vinculación de autores y editores en una empresa común, representan algunos de los factores que posibilitaron la irrupción de un novedoso fenómeno editorial: la literatura popular impresa. Aparecieron así numerosas colecciones de diverso signo y muy variados programas cuya difusión se situaba al margen de las librerías tradicionales, en kioscos, estaciones de subterráneo y ferrocarril, venta a domicilio, etc. Estos textos se agrupan bajo el común denominador de «literatura barata», es decir al alcance de empleados, oficinistas, costureras, obreros y, en general, de una población no sobrada en recursos, pero abierta a los consumos culturales (García y Chicote, 2008).
A continuación, propongo analizar la presencia de contenidos destinados a la expresión de los sentimientos (y su disciplinamiento), así como también a las representaciones múltiples de «lo femenino», «lo masculino» y la resultante construcción de las sensibilidades. En este punto no podemos obviar una pregunta subyacente de muy difícil respuesta, ya que cuando trabajamos con literatura y cultura popular se produce un cambio radical de perspectiva que nos hace dudar quién representa a quién. Retomando a Antonio Gramsci (1974), recordemos que las expresiones populares transmiten una concepción del mundo no elaborada y asistemática en la que aparece el registro de lo múltiple, lo diverso y yuxtapuesto, manifestado en distintas capas de sobrevivencias. En ese magma se inscribe el proceso de hegemonía a través del cual una clase logra que sus intereses sean reconocidos como suyos por las clases subalternas, pero la cultura popular siempre constituye un espacio de disputa en el que afloran elementos activos que resisten con mayor o menor éxito las estrategias de dominación. Con el propósito de indagar las aristas múltiples de este proceso, efectúo un recorrido introductorio por pliegos de las colecciones de Pliegos de Cordel de la Universidad de Ginebra (España), Imprenta Vanegas Arroyo de México y Biblioteca Lehmann- Nitsche Río de la Plata (Argentina y Uruguay).
Se tomarán ejemplos de tres corpora específicos:
a) La colección de pliegos de Ginebra está constituida por alrededor de 900 ejemplares datados su mayoría en el siglo XIX, aunque hay algunos del siglo XVIII, procedentes todos de la península ibérica, entre los que se destacan los barceloneses (65 ejemplares) y los de la Imprenta de José María Moreno de la ciudad andaluza de Carmona (375 ejemplares datados entre 1849 y 1870); los restantes 451 pliegos en verso y prosa provienen de distintas ciudades e imprentas españolas. El presente conjunto documental ofrece datos valiosos para el estudio de la difusión y recepción de estos materiales en contacto con los productos de la literatura «letrada» y el proceso de reescrituras y reelaboraciones de temas y contenidos desde la edad media hasta el siglo XX 2.
b)Los ejemplos mexicanos proceden de la Imprenta Vanegas Arroyo, estudiada por Mariana Masera y el grupo de investigación de la UNAM, en Morelia (Masera, 2017). En este caso estamos ante hojas y cuadernillos procedentes de una única casa editorial Vanegas Arroyo que funcionó en la ciudad de México entre 1880 y los años 30 del siglo XX, con un sistema de producción, distribución y venta muy desarrollado que determinó su éxito comercial no solo en Ciudad de México sino en todo el país y en el exterior (EEUU). En los impresos conviven múltiples géneros y formatos (hoja volante (1 o 2 páginas); «pliego de cordel» (4 páginas); cuadernillo (de 8 hasta 16 páginas, más cubiertas si las tiene); librillo (de 17 hasta 64 páginas) y libros (rebasan las 65 páginas). El universo temático común a la literatura de cordel y oral iberoamericana se combinan con rasgos originales mexicanos, influenciados por los discursos y publicaciones de la época, entre los cuales el periodismo noticioso iba tomando cada vez una fuerza mayor. También evidencia las nuevas prácticas de consumo y de lectura, pues hubo impresos para todos los bolsillos, así como para variopintos usos: instructivos, devocionales, lúdicos, informativos, para ser cantados, recitados, leídos, memorizados, vistos, colgados en las paredes, etc. Como especificidades de este conjunto se puede señalar el protagonismo de los grabadores, Manuel Manilla y José Guadalupe Posada, figuras que en otras tradiciones en esta época son anónimos, así como la preponderancia de la literatura religiosa (Chicote, 2017).
c)En el caso argentino, partimos de la colección denominada «Biblioteca criolla» reunida en Argentina entre 1880 y 1925 por Robert Lehmann Nitsche que se encuentra en el Instituto Ibero-Americano de Berlín. Está constituida por impresos de pequeño formato, folletos que recogen géneros, registros y temas de diversa procedencia y diferentes imprentas, que incluyen textos que representan la vertiente literaria del criollismo populista y, asimismo, difunden contenidos vigentes en Europa, que dan cuenta de prácticas culturales, de conflictos clasistas, y que, impregnados de la cotidianeidad de su contexto de producción, buscan un lugar en el sistema desde el cual elevar su voz. Este corpus constituye en la actualidad un valiosísimo archivo documental tanto para caracterizar prácticas poéticas y musicales, como para estudiar la relación entre formas escriturales no institucionales y establecer sus conexiones con la literatura canónica, sobre la cual ejercen influencia y son a la vez sus cristalizaciones (García y Chicote, 2008). En los folletos argentinos se percibe un carácter más innovador y contestario que se encuentra en relación con el carácter de sociedad nueva, producto de los movimientos migratorios. En cuanto a la representación del universo femenino tiene un espacio destacado todo lo relacionado con el placer en el ámbito privado y el trabajo en el ámbito público, se percibe una escasa presencia de contenidos religiosos3.
No debemos olvidar que cada una de estas colecciones representa un conjunto arbitrario en el que la voluntad de el o los coleccionistas determinó selecciones de carácter historiográfico, ético y estético de los pliegos conservados. Pero a pesar de esta limitación, el número de documentos permite realizar una primera aproximación a los formatos, géneros y temas que circulaban entre los sectores populares urbanos en el ámbito cultural iberoamericano en los siglos XIX y XX. Un primer recorrido por los documentos habilita una afirmación inicial en cuanto a la materialidad de los productos editoriales: una vez más nos encontramos con hojas sueltas o cuadernillos impresos descuidadamente en papel barato para su rápida comercialización, algunos de ellos con el encabezado de una tipografía destacada o una ilustración, aunque a los efectos de la presente exposición no me enfocaré al análisis de los aspectos materiales de los pliegos. Mi objetivo, en cambio, consiste en abordar una selección de pliegos desde una perspectiva temática, aquellos que tratan las relaciones entre varones y mujeres, publicados con el propósito de transmitir (y construir) una pedagogía de los sentimientos en el marco de las transformaciones socioculturales operadas en las clases populares.
Una marca rectora de los pliegos españoles es el protagonismo de los destinatarios masculinos. Por ejemplo el pliego Nº 6, Nuevas canciones para cantar los enamorados a las solteritas, con un aviso interesante a los jóvenes que desean casarse (s. f.) (véase Imagen 1), ofrece un poema en cuartetas de seducción de hombres a mujeres prototípicas (María, Joaquina, Teresa, etc.), cuyos dones se exaltan en un lenguaje de impronta neoclásica, en el que se reiteran símbolos anquilosados tales como el de la flor que quiere cortarse en alusión a la posesión, y la respuesta esquiva de las mujeres que por una parte temen perder su virginidad, pero por otra se presentan como manipuladoras.

Imagen 1. La primera página del pliego Nuevas canciones para cantar los enamorados a las solteritas, con un aviso interesante a los jóvenes que desean casarse (s. f.).
Finalmente, una serie de cuartetas recomiendan a los hombres cómo actuar con las mujeres antes y después del casamiento:
Labradores, jornaleros,
Que vais continuo al campo,
No faltará en vuestras casas,
Cosecha de cuernos largos.
El pliego Nº 6 incluye un último texto en prosa titulado: «Ojo pollos!!! Tened juicio y meditad las siguientes observaciones, que un filósofo amigo nuestro ha hecho en la mujer», las cuales representan una serie de estigmatizaciones sobre la construcción de lo femenino. Cada mujer se puede conocer según cómo anda, según su paso y la posición de su cabeza y otras semblanzas de industriosas, testarudas, envidiosas, despilfarradoras, etc. Por último, cabe destacar la inclusión de elementos publicitarios en el pliego, ya que se promociona la imprenta Reus («establecimiento de Juan B Vidal, Arrabal alto de Jesús núm. 5») como un lugar donde «se halla buen surtido de trovos, relaciones, romances, canciones, historias, aleluyas, soldados, una buena colección de sainetes y diferentes libritos chistosos». Este aviso aporta una referencia a la constitución de nuevos modelos de lectura y diferentes espacios de comercialización en los que prospera la difusión de la literatura popular impresa.
El mismo carácter de enunciación masculina tienen el pliego Nº 10 Diálogo entre galán y dama titulado Cobrar la fama es nobleza y desempeñar su agravio (s. f.), y el Nº 71 Carta discreta y amorosa de un galán a su dama dispuesta en quintillas, que viéndola enojada y desviada de su cariño, procura atraer de nuevo su amor, disculpándose de las causas que tuvo para enojarse (s. f.). En una sociedad con índices de alfabetización muy bajos, en particular entre las clases populares, eran los varones los portadores de la letra escrita, aquellos que habían desarrollado las capacidades de leer y el círculo aún más reducido que sabía escribir. Fueron los varones los que expresaron sus sentimientos a través de distintos discursos y también fueron ellos quienes nuevamente tomaron la voz de las mujeres para modelizar los sentimientos femeninos. En esta línea de análisis el pliego Nº 72 constituye un ejemplo de lo que en otra ocasión denominé «protagonismo femenino con perspectiva masculina» (-----, -----), se trata de Relación jocosa y verdadera de los trágicos azares que ocasionan las mujeres amigas de bromas y licores a sus pobres maridos, sin atender al corto jornal que ganan con lo demás que verá el lector (s. f.), en el que a través de versos repletos de comicidad destinada a varones se concluye que las mujeres deben mantenerse serias para garantizar la cabal marcha de la institución matrimonial.
El pliego Nº 90 Los nombres costumbres y propiedades de las señoras mujeres (s. f.), ofrece un poema de nombres femeninos asociados cada uno de ellos a diferentes defectos estereotipados:
[…]
Las Marías son muy frías
Y de puros celos rabian;
Las Franciscas vocingleras,
Perezosas las Tomasas;
[…].
(Los nombres costumbres y propiedades de las señoras mujeres, s. f.).
Este pliego tiene su correlato en el Nº 74 Las faltas de los hombres… Sacadas a relucir por un congreso de mujeres de experiencia, a fin de que las muchachas casaderas sepan de que defectos adolecen y como se han de conducir con ellos (s. f.). En forma de décimas (4+6), siguen los defectos de los varones ordenados por nombres, con el mismo patrón:
Desde tiempo inmemorial Los hombres a su placer Han dicho de la mujer Cuanto han querido de mal. Serpiente, arpía infernal La llaman y otros mil nombres Así que hoy no te asombres Noble auditorio al oír Que saquemos a relucir Los defectos de los hombres. Ingratos, falsos, arteros, Inconstantes, bailarines, Son Danieles, Valentines, Victorianos y Valeros… |
Estas son, aunque os asombre, Niñas llenas de inocencia Las faltas que la experiencia Ha descubierto en el hombre. Así os digo por mi nombre a las que queráis casaros de que no debéis fiaros al verlos de amor rendidos pues cuando ya son maridos se ven sus defectos claros. |
Los poemas de pliego tienen el objetivo de entretener a los diferentes segmentos del público masculino y femenino, a la vez que contribuyen en la construcción de estigmatizaciones del «sentido común» que transmiten valores patriarcales y conservadores y disciplinan las conductas sociales. Pero la literatura popular impresa, si bien no es revolucionaria, es el resultado de las tensiones sociales existentes. También aparecen en la colección pliegos que incluyen poemas en los que asoma alguna forma de enunciación femenina. El Nº 14 Nuevo Ministerio que se dicen van a formar las mujeres (s. f.) resulta muy revelador por su temprano planteo feminista, aunque de tono burlesco: las mujeres proponen desempeñar una vida cívica, ser «municipalas», votar y legislar reprimiendo a los varones como estos las reprimen a ellas.
Ya veréis disponer a las mujeres
Y la España veréis aumentar
No por eso queráis figuraros
Que el libertinaje protegerá.
En cuanto seamos municipales
Las que guardemos la población
A los hombres de copa y taberna
Les daremos una gran lección.
(Nuevo Ministerio que se dicen van a formar las mujeres, s. f.).
En el mismo sentido que el pliego anterior, en el Nº 27 La quinta de las mujeres (s. f.), las solteras piden que se les conceda ir a la guerra, pero… con el propósito de encontrar marido. Los poemas aportan sin lugar a dudas informaciones sobre el pulso social y elementos de debate a la historia de los feminismos en el mundo iberoamericano ya que develan el proceso de construcción de sentimientos y emociones que van delineando las contradicciones de los años posteriores: las mujeres comienzan a elevar sus voces con enunciados masculinos que muchas veces las muestran de modo burlesco o estigmatizado, pero estas primeras representaciones serán el preámbulo de las verdaderas voces femeninas que se van a imponer con toda su complejidad en los años posteriores.
El pliego Nº 44 Arte de conquistar las mujeres a los hombres (s. f.) ofrece un conjunto de poemas «que pueden utilizar las mujeres» escritos con una perspectiva que sigue siendo masculina, pero se destaca la importancia de lograr que el amor sea correspondido y el carácter verbal que siempre debe tener la «lucha» amorosa, en un intento de regular la violencia sexual masculina y de condenar las violaciones. Veamos las coplas introductorias que indican claramente que los contenidos de los poemas están destinados a facilitar las «conquistas» masculinas:
Si arde en tu sensible pecho Del amor la viva llama Entrega este cuadernito A la hermosa que te ama. |
Si es que de amor deseas Hallar el rico joyel Repasarás con esmero Lo que dice este papel4. |
Por último, se impone hacer una mención diferenciada de los pliegos procedentes de Carmona. En este conjunto se documentan temas de la literatura letrada y tradicional reescritos y refuncionalizados en esta diversa difusión editorial decimonónica. La clásica novela de Griselda y Gualterio escrita por Petrarca, reelaborada por Boccaccio y reproducida en múltiples lenguas y épocas, encuentra su lugar en la colección en la «Relación de la paciente Griselda», poniendo en evidencia la existencia de vasos comunicantes entre los circuitos letrados y populares. El instrumento utilizado es el género «relación», narración versificada que se difundió en los siglos XVII y XVIII como reescritura popular de las obras dramáticas, pero también reelaboró temas procedentes de la cuentística, como en este caso, o del romancero tradicional como la «Relación del Conde Alarcos» también presente entre los pliegos de Carmona.
Temas tabú que nos sumergen en los arcanos de las estructuras psico-sociales y el inconsciente colectivo tales como la homosexualidad, el incesto, la violación, también están presentes en nuestra colección. Es el caso de travestismo y lesbianismo narrado en «El casamiento entre dos damas», un «romance en el que se refieren los sucesos de una señora natural de la ciudad de Viena, corte del imperio, y la varia fortuna que tuvo habiéndose salido de su patria en busca de un amante suyo». Una mujer noble, espera a su amante que no llega (porque ha muerto cuando se dirigía a la cita), decide ir a buscarlo vestida de hombre («manteo y sotana» de su hermano), en tierras lejanas se casa con una princesa y cuando se descubre su condición, la princesa le declara su amor y deciden mantener el secreto. Este extenso poema narrativo constituye un ejemplo de las posibles configuraciones de identidades de género diferentes de larga data en la literatura occidental que encuentran su expresión a través estrategias discursivas explícitas o subrepticias.
Con una población que pasa de 230.000 habitantes a 470.000, la ciudad de México cuenta a principios del siglo XX con un número creciente de jóvenes que interactúan en las Iglesias, espacio sacro y secularizado privilegiado de socialización, pero también en otros novedosos ámbitos como teatros, paseos públicos y las múltiples tertulias que tenían lugar en la ciudad. En ese entramado de sociabilidad se desarrolla un conjunto de textos destinados a auxiliar, a motivar, a inspirar, pero también a disciplinar a estos jóvenes ávidos de contacto sentimental.
Uno de los impresos destinados a divulgar los saberes amatorios es El secretario de los amantes (s. f.), cuadernillo sin año de 18 hojas destinado a proporcionar diferentes códigos de comunicación para los enamorados que no pueden intercambiar palabras orales ni escritas debido a las restricciones de las convenciones sociales y morales de la época. El simbolismo de las piedras, de los colores, el lenguaje de las flores, el lenguaje de las diferentes posiciones del pañuelo, de los guantes, del abanico, de las tarjetas, el idioma del sombrero, el reloj con flores, el alfabeto en clave para la correspondencia de los enamorados, hasta el lenguaje de las manos, se transmiten como herramientas de seducción y se convierten en indispensables para la comunicación secreta entre los amantes (véase Imagen 2).

Imagen 2. Contraportada del cuadernillo El secretario de los amantes (s. f.).
En el repositorio del Laboratorio de Culturas e Impresos Populares Iberoamericanos (LACIPI) se pueden consultar cuatro colecciones de cartas amorosas publicadas por Antonio Vanegas Arroyo en la primera y segunda décadas del siglo XX (véase Imagen 3). Son cuadernillos de 16 páginas que publican «Borradores para declaraciones amorosas, de quiebra y reconciliación, agregando lo que un crítico dice». En varias de las colecciones se indica que al autor es Constancio S. Suárez.

Imagen 3. Portada del cuadernillo número 4 de Colección de cartas amorosas (s. f.).
En el cuadernillo número 5, el editor manifiesta su objetivo:
A los amantes
Infatigable es mi deseo de corresponder lo mejor que me sea posible a la benevolencia de mis favorecedores, aun a costa de positivos sacrificios, procuro llenar el gusto de mis consumidores, y creo que con la presente colección de cartas quedará satisfecha la más escrupulosa exigencia, supuesto que en ella se encuentran múltiples y variadas cartas, así como secretos de verdadera utilidad y de éxito cierto y seguro, comprobado por la experiencia.
Si mis afanes logran ser acogidos con benevolencia, veré satisfechos mis deseos.
El editor
(N° 5 Colección de cartas amorosas, s. f.: s. p.).
Un recorrido por los modelos de carta permite apreciar que en todos los casos son declaraciones de amor iniciadas por hombres a las que se agrega una respuesta femenina de diferente signo; las epístolas están escritas en un registro muy formal que conduce a diferentes desenlaces desde la consumación del amor feliz, hasta la promesa de fidelidad, la acusación de infidelidades, o escenas de celos y ruptura con la consecuente devolución de los regalos intercambiados. Por ejemplo, se proporciona una amplia paleta de modelos de: «Declaración», «Cuando no se contesta la primera carta», «Carta de un pretendiente que teme no ser correspondido», «De un ausente», «Carta al padre de la Novia retirando la palabra dada», «Carta de un preso en Belén», «Cuando se les dificulta verse», «Si sospecha la mamá de los amores», «Pidiendo una aclaración», «Mandando un obsequio», «Mandando un retrato», «Pidiendo el retrato», «De quiebra», «Pidiendo una cita». Entre los pocos modelos de correspondencia iniciada por una mujer figuran el de «Una novia que propone casamiento» debido a que no soporta más vivir el autoritarismo de su padre, los referidos a ofensas, «De enojo» y «De celos», y «A un ausente», recuerdo al amado que está de viaje.
En todas las cartas las mujeres están relegadas al ámbito privado, al mundo del hogar y el principal obstáculo que encuentran los amantes es no poder encontrarse, siendo las madres las celadoras de las señoritas y los bastiones que el enamorado debe derrumbar. Tal como puede apreciarse, estas cartas ponen en evidencia las múltiples dificultades que tienen las mujeres para expresarse, para elevar su voz, ya que su educación responde a un modelo de mujer relegada a las tareas domésticas y al cuidado de su madre cuya tutoría será reemplazada después del matrimonio por la tutela del marido.
En las últimas páginas del número 2 de la Colección de cartas amorosas se publica la «Semana de Cupido» (1904: 15) en la que se reproduce un estudio «astrológico profundo» sobre la influencia de los días de la semana en las cuestiones de amor. En el número 3 se incluyen «Consejos útiles a los amantes» (1903: 14 y ss.) que refieren modelos de conducta y de comunicación oral no solo entre ellos sino también entre el novio y el padre de la novia. La última página publica un retrato de mujer ideal que nos ofrece una simbiosis entre los estándares fijados por la tradición lírica occidental y los patrones locales del gusto de la época.
El cuadernillo número 4 finaliza con dos composiciones en dísticos de tono humorístico «Un crítico dice que las señoritas son amables con estas condiciones»:
Cuando tiene un millón o más de renta,
Cuando es bonita y hermosa ostenta.
Cuando en el mundo se halla ya sin madre,
Sin primos ni perrito que le ladre.
Cuando es callada, joven y modesta,
Y no le gusta andar dentro la fiesta.
El número 5 se cierra con los «Útiles consejos a las mujeres para hacerse amar» (s. f.: 15), «Otro infalible para que el marido engañe a la mujer o la mujer al marido», que consisten en la preparación de brebajes y comidas que obran como hechizos para la obtención de favores amorosos.
Por último, cabe destacar que los modelos epistolares de la Imprenta Vanegas Arroyo también se conectan con una práctica social urbana emblemática de la ciudad de México: los escribanos o «evangelistas» (en alusión a los apóstoles que escribieron el Evangelio) que escribieron cartas para los analfabetos en los soportales de la Plaza de Santo Domingo desde principios del siglo XIX hasta hace muy pocos años5. Las fórmulas y motivos ofrecidas en las colecciones de cartas amorosas proporcionaron a estos escribas giros formales y contenidos para traducir al papel un abanico policromático de pasiones.
Estereotipos de construcciones femeninas burguesas de clase media urbana, mujeres que se mueven de la tutela paterna a la marital, supervivencia de rituales y magias de diferente origen destinados a direccionar los sentimientos, y hombres que responden a un código formal heredero del amor cortés, inundan los cuadernillos populares. En definitiva, estos escritos ofrecen palabras y acciones que auxilian a enfrentar situaciones de interacción entre jóvenes de diferentes sexos que no tenían demasiadas oportunidades de conocerse.
Por su lado, en el extremo sur de la América hispana, la colección denominada Biblioteca criolla, reunida por Robert Lehmann-Nitsche entre 1880 y 1925 en las ciudades rioplatenses de Buenos Aires, Rosario, La Plata y Montevideo, también documenta exhaustivamente esta nueva modalidad de difusión editorial, constituida por impresos de pequeño formato, folletos que recogen géneros, registros y temas de diversa procedencia en las modernas sociedades multiétnicas y plurilingües que, como resultado de migraciones internas y externas procedentes de diferentes países europeos, estaban constituyendo una variada cultura popular que más tarde se caracterizaría como un crisol de razas. Los folletos que inundan el mercado editorial se venden a muy bajos precios divulgando contenidos que representan la vertiente literaria del criollismo y por otra, difunden temas y noticias vigentes en Europa.
Si confrontamos los cuadernillos destinados a los enamorados mexicanos con los publicados en el área rioplatense encontraremos algunas similitudes, pero también diferencias sustantivas. Tal como se ha señalado, en Argentina y en Uruguay las clases populares urbanas conformadas por migrantes europeos, campesinos que se habían convertido en obreros, y también por mujeres que ingresaban a la esfera social y al mercado laboral, formaban una parte esencial de este público emergente. A las mujeres recientemente alfabetizadas estaban dirigidas nuevas formas de literatura tales como los manuales de cocina y las revistas mensuales ilustradas que desarrollaban contenidos muy heterogéneos que abracaban desde las tendencias de la moda hasta los avatares de la causa femenina. Imperaban en estas publicaciones los textos sintetizados y las ilustraciones intercaladas que proponían una lectura fragmentada. Los buenos modales de la educación burguesa, las estrategias de socialización (escribir cartas, enviar saludos a los comerciantes, etc.) formaban parte de este repertorio de educación informal. La inserción de la mujer en la vida pública, la política, el voto, la educación y la profesionalización, también encontraron en la literatura popular impresa un medio de penetración muy importante en un entramado social heterogéneo.
A través del acto de lectura las mujeres se aventuraron a prácticas reservadas a los hombres y se lanzaron al mundo del placer y a la escena pública, ya que la lectura en sí misma, en esa primera etapa de alfabetización, resultaba incompatible con el concepto de buena ama de casa de las familias obreras. En ese período también se fueron conformando las nuevas sensibilidades en las que la manifestación de los deseos y la búsqueda de placeres fue la contracara de la idea de recato con mandato moralista que imperaba en ciertos sectores a cargo del control social. Diversiones de todo tipo tales como bailes, funciones de circo, obras de teatro, también la fiesta del patio del conventillo6 y la reunión de paisanos de una misma colectividad constituyeron las nuevas formas de sociabilidad que se multiplicaron en un mundo urbano en ebullición.
La literatura sentimental fue uno de los productos que cimentó exitosamente la cultura afectiva de los sectores populares. Era consumida por maestras de escuela, costureras, estudiantes pobres, telefonistas, vendedoras de las grandes tiendas, empleadas de comercio y también por obreras que habían aprendido a leer y escribir como una promesa de ascenso social. Ellas conformaron el nuevo público al que se dirigieron las historias de corazón, que trataban de amor, pasión y deseo, junto con un conjunto de modelos de comunicación epistolar que enseñaban fraseología y versos para que las lectoras pudieran expresar sus sentimientos.
A modo de ejemplo, cabe destacar el cuadernillo Consejo a las afiladoras (1910) en cuya tapa aparece una ilustración que representa el submundo de la trata de personas como figuras atractivas y seductoras a pesar de la censura moral que recae sobre estas formas de vida cuasi-delictivas (véase Imagen 4).

Imagen 4. Portada de Consejo a las afiladoras (1910).
En la portada, el folleto se adscribe a la colección denominada Biblioteca Campera, presenta su título ampliado —Consejo a las afiladoras por la poetisa argentina Arsenia Galvan de Capman— y se detalla su contenido: «Filo y concejo» [sic], poema en lunfardo, humorístico, con emisor femenino, «Girón patrio», patriótica, «Dos besos», décimas de amor y muerte, «A ella», poema de amor no correspondido, «La oración», cuartetas sobre el crepúsculo, «Maldición», poema de amor despechado, «A mi madre», «La nuve» [sic], «A un livertino» [sic]. Las vacilaciones ortográficas denotan el estado incipiente de la aprehensión de la lectoescritura. En las páginas correspondientes al poema «Sobre el pingo del amor» se aprecian dos firmas femeninas repetidas, en lo que parece un ensayo de competencia escritural de una generación de mujeres que seguramente había accedido por vez primera a la alfabetización. Significativamente, los nombres de las firmantes de origen italiano (Rosa Caputi y Vicenta Tracchia) ilustran el ambiente multiétnico rioplatense y la lucha por el dominio del español como pasaporte de integración y ascenso social (véase Imagen 5). (García-Chicote, 2008)

Imagen 5. Páginas con el poema «Sobre el pingo del amor».
Los textos destinados a guiar la expresión de los sentimientos de las juventudes rioplatenses fueron sin lugar a dudas tan polifónicos como las lenguas y las etnias que conformaban esa sociedad en gestación. El tono desenfadado del exseminarista que se dirige a las señoritas en el cuadernillo Catecismo de las solteras (s. f.) da cuenta de libertades expresivas:
La conquista del novio
Como debe hacerse
Preliminares
¡Oh, niñas que no tenéis novio todavía, aunque tenéis edad y ganas de tenerle; no os apuréis por tan poca cosa, pues yo que os quiero y me interezo por vosotras, os aseguro bajo palabra de joven ex-seminarista, que si ponéis atención a cuanto aquí voy a deciros y seguís mis instrucciones sin desviaros un punto de ellas tendréis en poco tiempo novios a granel, hasta para regalar.
(Catecismo de las solteras, s. f.: 8)
También en las hojas sueltas Versos de novias y novios para San Juan (s. f.) o Versos de compadres y comadres para San Pedro (s. f.) se pone de manifiesto que la pedagogía de sociabilidad no se circunscribe al mundo de los enamorados, sino a un mapa muy heterogéneo de interacción social en el que hombres y mujeres tienen participación compartida. Los impresos populares enseñaban a conseguir novia y esposa, a expresar el amor filial o a dirigirse a los patrones y de este modo fueron delineando una pedagogía sobre los afectos que configuró, al mismo tiempo, la experiencia emocional de las clases populares (Lobato, 2011). Folletos como El verdadero libro de los enamorados con cartas en prosa y verso para novios y novias (1898) están destinados a conformar el universo emocional de las clases populares criollas y extranjeras, a la vez que lo representan.
La novedad reside en que las declaraciones de amor, cartas y poemas, en muchos casos no están dirigidas a señoritas recluidas en sus casas sino a mujeres que trabajan en los talleres, en las fábricas, que salen al espacio público, que viajan en tranvías y con quienes no es necesario establecer una comunicación secreta a resguardo de las restricciones sociales. En El verdadero libro del amor (1903), un joven declara su amor a una costurera a quien el poeta «cose» el poema mientras que teme «los desdenes de su punzante aguja». Si bien en estos textos todavía está presente la tópica del amor romántico, la casuística ha virado, dando lugar a nuevas formas de interacción social.
Estos cambios sociales a partir de los cuales las mujeres se estaban integrando en nuevos roles sociales, también generan nuevos tipos (y estereotipos) en tensión como la novia, la madre y la prostituta, a medida que el determinismo social podía hacer a unas u otras mujeres atravesar los límites de la vida «honesta» a la vida «delictiva» como consecuencia del engaño y la explotación de los hombres pertenecientes a las clases dirigentes. Un margen muy estrecho separa a la mujer «víctima» de la mujer «amenaza» en ese espacio mixto compartido por hombres y mujeres de diferente procedencia.
El Nuevo correo del amor (1912) se presentaba como el secretario de los amantes, que enseñaba a escribir cartas familiares y cartas amorosas, por lo tanto, era un instrumento de auxilio para la comunicación de sentimientos y emociones para aquellos migrantes solitarios que necesitaban narrar a sus familias dispersas sus nuevas experiencias de vida desde el amor y la tristeza hasta el odio y la venganza. Lobato explica:
Por mano propia o por interpósita persona las clases populares escribían cartas, mandaban una misiva, un breve mensaje en una fotografía o en una tarjeta postal para expresar sus afectos (2011).
Se editan declaraciones de amor para los varones, respuestas de algunas señoritas, cartas donde quedan al descubierto los celos, expresiones que sirven para que un criollo le declare su amor a una extranjera o de un criollo a su china. Además, se incluyen diversas manifestaciones para expresar cariño a los padres, ya que en la práctica los modelos se mezclaban, y podían utilizarse versos más o menos pasionales para expresar amor filial. En este conjunto, los modelos de cartas populares de amor son interesantes porque ellos condensan las situaciones vividas por la población en momentos de cambio. En el mismo folleto aparece la carta de «Un criollo a una extranjera» que contiene tópicos esenciales de la inmigración tales como la desconfianza de los inmigrantes a los criollos por vagos o mujeriegos, el amor puro comparado con el cariño que se siente por la madre, la nacionalidad como un obstáculo artificial para la felicidad, el amor correspondido como generador de una nueva y dichosa familia. Tal como en las colecciones mexicanas, siguen a la declaración modelos de respuestas afirmativas y negativas que nos devuelven a ese mundo de sensibilidades trasplantadas de quienes lejos de sus hogares desean comenzar una nueva vida. También se proporciona el modelo inverso, la carta de un español a una criolla que nos introduce en un mundo de diásporas:
Señorita; Usted ya me conoce; de mis antecedentes nada puedo decirla porque como usted sabe, soy español, pero por mis condiciones morales debe usted sospechar que soy hijo de una familia pobre que las necesidades de la vida le han obligado a emigrar a su patria. Usted es criolla, hija de esta hospitalaria tierra que ha recompensado generosamente mi trabajo. […] Me han dicho que mi nacionalidad sería un obstáculo para conseguir su simpatía. Yo no lo creo, pues el amor es humano y la humanidad no tiene nacionalidad7.
(Nuevo correo del amor, 1912).
Los criollos, los hijos de la tierra que vivían las álgidas transformaciones del mundo rural del que procedían, también son protagonistas de los nuevos tiempos. El folleto Novios y novias (véase Imagen 6) tiene en su tapa una imagen de un gaucho y una paisana enamorados que expresan su amor en los siguientes versos:
—¡Qué dicha y seré feliz?
—¿No lo has sido hace un instante?
—¿Y tendremos un gauchito
que nos quiera y nos encante?

Imagen 6. Portada de Novios y novias (1899).
Pluma de estética vacilante que reúne los tópicos del placer, el temor al abandono, el mandato del matrimonio y la constitución de una familia con descendencia como garantía de inserción en la sociedad burguesa.
Los pliegos que hemos recorrido pueden ser analizados en el marco de sus relaciones intra-documentales, pero no debemos olvidar que también constituyen un eslabón más de la literatura popular impresa en Ibero-América de los siglos XIX-XX que proporciona miles de poemas compuestos y difundidos tanto en la vieja Europa como en la nueva América. Están todos dirigidos a jóvenes mujeres y varones, referidos a las normas de educación sentimental, quizás con algunas marcas diferenciales que vale la pena destacar en relación con el carácter de sociedad conservadora o sociedad nueva de cada uno de los contextos socio-culturales de producción y difusión. Un recorrido por los poemas y también por las reglas de socialización explícitamente enunciadas, permitirá delinear las posibles redes a través de las cuales se transmitió esta literatura popular impresa, y estudiar el proceso de construcción de las subjetividades en las diversas localizaciones de la cultura moderna en el ámbito de difusión lingüística del castellano, tanto en España como en América Latina.
En el plano de la manifestación de los afectos, en el ámbito editorial hispanoamericano, los productores de bienes culturales de del siglo XIX y principios del XX impulsaron de este modo ciertas nociones logrando de manera progresiva una fusión entre el consumo y las emociones, fusión que en los años siguientes devendrá en los productos de comunicación masiva como la radio, el cine y la televisión. Del mismo modo que los pliegos publicados en España, los cuadernillos publicados en México, Chile o el Río de la Plata se constituían en herramientas formadoras de códigos afectivos que contribuyeron a construir estereotipos a partir de una retórica amorosa preexistente, y ofrecieron a los miembros de una comunidad instrumentos simbólicos para procesar las novedosas experiencias de vida.
A través del acto de lectura de estos textos, las mujeres se aventuraron a prácticas reservadas hasta entonces a los varones y se lanzaron al mundo de las emociones y el placer en el ámbito privado, y al mundo del trabajo y la política en la esfera pública (Barrancos, 1999 y 2014), convulsionando la vida femenina, pero conviviendo con la función primigenia de madre y esposa que le había asignado la milenaria estructura patriarcal. Pero lo innovador es que se produce una ampliación del universo de realización de las mujeres que se va expandiendo cada vez más, hasta llegar al cuestionamiento de esas «esencialidades» para asomar a la posibilidad de otras elecciones de vida. Los folletos populares reconfiguraron a través de textos e imágenes viejos códigos amatorios destinados a nuevos públicos y nuevos contextos sociales. En la medida en que enseñaban a escribir cartas y a descifrar los lenguajes secretos del amor también enseñaban a las personas a organizar sus vínculos, a encontrar su espacio en el entramado social, a reconocer los roles y las reglas de conducta que debían respetar según su género, su edad, su raza y su clase.
BARRANCOS, Dora (1999): «Moral sexual, sexualidad y mujeres trabajadoras en el período entre guerras», en Historia de la vida privada en Argentina, Fernando Devoto y Marta Madero (dirs.), Buenos Aires, Taurus, pp. 198-225.
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CARTA, Constance (dir.) (s. f.) Colección de pliegos de la Universidad de Ginebra.
[Nº 6] Nuevas canciones para cantar los enamorados a las solteritas, con un aviso interesante a los jóvenes que desean casarse (s. f.).
[Nº 10] Diálogo entre galán y dama titulado Cobrar la fama es nobleza y desempeñar su agravio (s. f.).
[Nº 14] Nuevo Ministerio que se dicen van a formar las mujeres (s. f.).
[Nº 27] La quinta de las mujeres (s. f.).
[Nº 44] Arte de conquistar las mujeres a los hombres (s. f.).
[Nº 71] Carta discreta y amorosa de un galán a su dama dispuesta en quintillas, que viéndola enojada y desviada de su cariño, procura atraer de nuevo su amor, disculpándose de las causas que tuvo para enojarse (s. f.).
[N° 72] Relación jocosa y verdadera de los trágicos azares que ocasionan las mujeres amigas de bromas y licores a sus pobres maridos, sin atender al corto jornal que ganan con lo demás que verá el lector (s. f.).
[Nº 74] Las faltas de los hombres… Sacadas a relucir por un congreso de mujeres de experiencia, a fin de que las muchachas casaderas sepan de que defectos adolecen y como se han de conducir con ello (s. f.).
[Nº 90] Los nombres costumbres y propiedades de las señoras mujeres (s. f.).
Masera, Mariana (dir.) (2009-2024): Repositorios del Laboratorio de Culturas e Impresos Populares Iberoamericanos (LACIPI). URL: <https://lacipi.humanidades.unam.mx/ipm/w/Inicio>.
[N° 2] Colección de cartas amorosas (1904): México, Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo. URL: <https://lacipi.humanidades.unam.mx/ipm/w/Índice:CCAmorosas_2A.djvu>.
[N° 3] Colección de cartas amorosas (1903): México, Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo. URL: <https://lacipi.humanidades.unam.mx/ipm/w/Índice:CCAmorosas_3A.djvu>.
[N° 4] Colección de cartas amorosas (s. f.): México, Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo. URL: <https://lacipi.humanidades.unam.mx/ipm/w/Índice:NCuatroAmorosas.djvu>.
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El secretario de los amantes (s. f.): México, A. Vanegas Arroyo. URL: <https://lacipi.humanidades.unam.mx/ipm/w/Índice:ESAmantes.djvu>.
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El verdadero libro del amor (1903): Buenos Aires, s. e. URL: <https://digital.iai.spk-berlin.de/viewer/image/836463064/1/>.
Novios y novias (1899): Buenos Aires, s. e. URL: <https://digital.iai.spk-berlin.de/viewer/image/835984397/1/>.
Nuevo correo del amor (1912): s. l., s. e. URL: <https://digital.iai.spk-berlin.de/viewer/image/83646219X/1/>.
Versos de novias y novios para San Juan (s. f.).
Versos de compadres y comadres para San Pedro (s. f.).
Fecha de recepción: 27 de mayo de 2024
Fecha de aceptación: 20 de agosto de 2024

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1 Un estado de la cuestión en Bjerg (2019).
2 Agradezco a Constance Carta el envío del catálogo de la colección de los pliegos de cordel de la Universidad de Ginebra que me permitió tener una idea de conjunto de los materiales existentes y, posteriormente, contar con los textos escaneados referidos al tema de este artículo (Chicote, 2023).
3 En esta oportunidad me circunscribo a estas tres colecciones, pero resultaría muy útil acceder en futuros análisis a la comparación con textos procedentes de colecciones chilenas o brasileñas que representan tradiciones latinoamericanas muy importantes.
4 Se pueden citar más ejemplos de pliegos en los que las voces de mujeres son las enunciadoras de los estereotipos de la sociedad patriarcal que basa la esencia de lo femenino en el desempeño de sus funciones de esposa y madre. La hoja suelta Nº 82 Otro poema: Las mujeres que se quedan para vestir santos (s. f.), son versos que manifiestan los ruegos de una mujer a San Antonio para conseguir novio.
5 Los escribientes de la Plaza de Santo Domingo datan de principios del siglo XIX. Inicialmente utilizaban plumas de aves, papel, escritorio y dos asientos de tule, con el tiempo incorporaron el uso de máquinas de escribir mecánicas. Actualmente se encuentran en esa zona un grupo de impresores que elaboran principalmente papelería para eventos sociales, tesis, comprobantes fiscales, títulos, cédulas profesionales y todo tipo de documentos oficiales falsificados. El 14 de abril de 2014 fue publicada una entrevista a don José Edith González, escribano de 74 años, quien declara ser traductor de los sentimientos que le dictan las personas necesitadas de expresar sus pasiones y quien cobra su trabajo «según el enamoramiento del cliente».
6 Se definen como conventillos las casas habitadas por varias familias, con entrada, patio y servicios comunes, en las que cada habitación constituía una vivienda.
7 En el mismo artículo Lobato (2011) señala que los modelos de cartas eran funcionales al contexto histórico en el que se producían. En un país de inmigración la nacionalidad de quien estaba escribiendo podía ir mutando, entonces en lugar de la palabra español podía aparecer italiano, ruso, árabe, alemán, francés lo importante era poder decir «te quiero». Además, los folletos que enseñaban a escribir cartas de amor o de salutación, ya que se encuentran modelos para ser enviados por una sirvienta a sus patrones, por el frutero a sus clientas, por el soldado al jefe, por un gaucho a su china, pensaban en lectores masculinos y femeninos y en diferentes situaciones y posiciones de clase. La construcción de la feminidad iba de la mano de la masculinidad, y la educación afectiva y emocional de las clases populares en un contexto de agudas transformaciones buscaba allanar los caminos para la comunicación amorosa, así como crear modelos aceptables de comportamientos.