El cuento del ratón de ciudad y el ratón de campo (ATU 112): versiones árabes premodernas y desarrollo en la tradición oral árabe de Argelia y Marruecos

The tale of the City Mouse and the Country Mouse (ATU 112): pre-modern Arabic versions and its development in the Arabic oral tradition of Algeria and Morocco

Desirée López Bernal

(Universidad de Granada)

desiree@ugr.es

https://orcid.org/0000-0002-9756-9062

Resumen: El propósito de este artículo es presentar y analizar de manera comparada algunas versiones árabes del cuento tipo ATU 112 («Country Mouse Visits Town Mouse») de la tradición folclórica internacional, tanto en la literatura como en la tradición oral, procedentes de la región occidental del Mediterráneo. Tras remontarnos a las primeras muestras del cuento en la literatura árabe, se rastrearán sus posibles vestigios en al-Andalus. En la otra orilla y en época más reciente, se atenderá a varias versiones en las tradiciones orales modernas de Marruecos y Argelia, con alguna referencia a Túnez. Todas ellas se analizarán aplicando una metodología comparativa, con el fin de establecer sus posibles filiaciones y estudiar la evolución de esta fábula clásica en su circulación desde la Edad Media en ese ámbito del Mediterráneo occidental. De manera introductoria, se incluyen unos breves apuntes sobre la representación del ratón –animal protagonista del cuento– en la prosa de adab y la paremiología árabe premoderna.

Palabras clave: ATU 112, Ratón de ciudad, Ratón de campo, Cuento folclórico, Literatura árabe, Argelia, Marruecos.

Abstract: The aim of this article is to present and analyse in a comparative way some Arabic versions of the international type tale ATU 112 («Country Mouse Visits Town Mouse»), both in literature and in oral tradition, from the western Mediterranean region. After going back to the earliest examples of the tale in Arabic literature, we will trace its possible vestiges in al-Andalus. On the other shore and in more recent times, we will look at several versions in the modern oral traditions of Morocco and Algeria, with some references to Tunisia. All of them will be analysed by applying a comparative methodology in order to establish their possible affiliations and to study the evolution of this classical fable in its circulation since the Middle Ages in this area of the western Mediterranean. As an introduction, we have included some brief notes on the representation of the mouse –the main animal of the tale– in adab prose and pre-modern Arabic paremiology.

Keywords: ATU 112, Town mouse, Country mouse, Folktale, Arabic literature, Algeria, Morocco.

1. Consideraciones generales sobre el cuento tipo ATU 112 y sus manifestaciones en la península ibérica

Ya sea en el medio rural o –desde más tarde– en el urbano, el ser humano ha tenido que aprender a convivir en las mejores circunstancias con los ratones. Su estrecha y constante relación con estos pequeños roedores ha quedado reflejada en la literatura y en la tradición oral en forma de cuentos, paremias o cancioncillas, en las que –a lo largo de los siglos– se han ido inmortalizando algunas de las facetas de esa tensa relación, a veces impregnadas de un tono cómico y otras con una clara y exclusiva inclinación didáctica. En estos casos, como es habitual en los cuentos de animales, los ratones se convierten en reflejos y modelos de comportamiento para el ser humano (Thompson, 1972: 33)1.

El relato que inspira este estudio es uno de esos abundantes cuentos que comentábamos. Por encontrarse extendido en distintas tradiciones orales de África, Asia, Europa e Hispanoamérica ha sido clasificado como el cuento tipo ATU 112 del folclore internacional (Uther, 2024: 92-93). Sus orígenes son remotos. Sus primeras manifestaciones escritas se hallaron en escritores latinos y griegos de la Antigüedad, como Esopo (s. VI a.C.), cuya fábula fue versificada por Horacio en latín (s. I a. C.) y por Babrio en griego (finales del s. I-inicios del s. II) (Rodríguez Adrados, 1999-2003: 509-510 y 724, H.210=M.311)2. En su esqueleto argumental es fundamental el motivo J211.2. «Town mouse and country mouse. Latter prefers poverty with safety», del índice de Thompson (1966: J211.2), exclusivo de este cuento tipo y que resume su enseñanza final, condensada en el último alegato del ratón de campo y que se convirtió en frase proverbial. Esta quedó esbozada de diferentes maneras y se difundió también de forma independiente al cuento. El argumento más básico del tipo que representa a este relato, tal y como viene en el catálogo ATU, es el siguiente:

Un ratón de ciudad recibe la hospitalidad de un ratón de campo, pero se sorprende por su escasa comida. El ratón de ciudad convence al ratón de campo para que lo visite y lo lleva a la despensa. Les interrumpe un gato o el dueño de la casa. El ratón de campo se asusta y prefiere su propia pobreza (Uther, 2024: 92)3.

Existe un buen puñado de estudios que ahondan –sobre todo– en sus versiones recogidas por escrito en diferentes contextos espacio-temporales y en su filiación. En lo que a la literatura española se refiere, conocemos versiones desde la Edad Media (Libro de buen amor y Libro de los gatos), pasando por el Siglo de Oro (en La Celestina de Fernando de Rojas, el Fabulario de Sebastián Mey o el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas) y hasta llegar al s. XIX y principios del s. XX (en las Fábulas de Samaniego, Pisón y Vargas, Crespo o Álvarez Limeses, entre otras)4. La tradición oral española ha guardado versiones (y alguna variante) en las áreas lingüísticas del castellano, catalán, gallego y valenciano (Agúndez García, 2019, I: 513-514 y II: 476; Beltrán, 2007: 568-570; Camarena y Chevalier, 1997: 185, n.º 112; Hernández Fernández, 2013: 62-63, n.º 112; Noia Campos, 2021 y Oriol y Pujol, 2008: n.º 112); también la portuguesa (Cardigos y Correia, 2015). Queremos dejar constancia de dichas versiones literarias y de la tradición oral en la península ibérica pues –en caso de que más adelante se hallaran parientes andalusíes del cuento (árabes y/o hebreos)– consideramos pertinente un estudio que ofrezca un análisis comparativo de todas ellas, con el fin de conocer más detalles de su llegada y difusión en el citado contexto espacial y la evolución que experimentó en el medio escrito y en el oral.

2. Aspectos fundamentales de la representación del ratón en la prosa de adab y la paremiología árabe premoderna

Puesto que a lo largo de este artículo vamos a transitar entre la literatura de adab y el refranero, nos ha parecido oportuno incluir un breve epígrafe con unas anotaciones elementales y muy concisas acerca de la imagen del animal protagonista del cuento objeto de estudio que nos ofrecen estas obras de las letras árabes del periodo premoderno.

En líneas generales, los aspectos que configuran la representación de los ratones en dichas fuentes textuales son universales y se repiten en todas las culturas a lo largo de los siglos. En primer lugar, a estos roedores se los contempla como una plaga en las casas y otras construcciones del ser humano donde hay reservas de alimentos. Se trata de un visitante no deseado, de una parte, contra el que los humanos han de luchar para preservar su comida. En este sentido, a menudo se los compara con el gorrón que se cuela en un banquete sin ser invitado, debido a su glotonería. En al-Andalus se decía: «Al beréber/al campesino y al ratón no le enseñes la puerta de tu casa» (Alonso del Castillo, 1994: 32, n.º 53; Ibn ʿĀṣim, 1987: 312, n.º 177, trad. López Bernal, 2019: 385, n.º 177; al-Zaŷŷālī, 2018 = Bencherifa, 1971: II, 45, n.º 175, trad. Ould Mohamed Baba, 1999: 54, n.º 175), igualando a los primeros (de quienes los intelectuales árabes andalusíes transmitieron, por lo general, muy mala imagen) con estos animales en ese aspecto del carácter.

Estos pequeños roedores tienen, por supuesto, fama de ladrones. Pero no solo de comida. Al-Ŷāḥiẓ (m. 255/868-869) (1965-1969: VI, 479) señalaba a los ratones como ladrones de dinero y de alhajas –motivo por el que se hicieron proverbiales, dice– y explicaba su costumbre de meter y sacar su botín de su madriguera para mirarlo y revolcarse en él5. En efecto, en los refraneros árabes premodernos (incluidos los insertos en enciclopedias de adab y en otras partes de estas mismas obras) circuló extensamente el proverbio en el que quedó inmortalizada su mala reputación por robar: «Más ladrón que un ratón» (alaṣṣ min faʾra) (al-ʿAskarī, 1988: II, 183, n.º 1817; al-Maydānī, 1972: II, 256, n.º 3746) o «Más ladrón que una rata» (asraq min zabāba) (al-Ābī, 2010: VI.1, 198, n.º 1137; Ibn ʿAbd Rabbihi, 1983: VII, 270; Ibn Qutayba, 1925: II, 96; al-Maydānī, 1972: I, 353, n.º 1890)6.

Esas monedas robadas a las que aludía al-Ŷāḥiẓ las entregaba el ratón del cuento al humano que había capturado a su compañero bajo una copa para pagar su rescate (Basset, 2005: 37-38, n.º 10; Marzolph, 1992: 258, n.º 1199), en una demostración de otra de sus cualidades: la sagacidad. Lo cierto es que el ratón se ganó fama de hacer buen acopio de provisiones de todo tipo: «De más ganancia que un ratón» (aksab min faʾra), reza otro refrán del que se hacen eco estas fuentes literarias (al-Ābī, 2010: VI.1, 198, n.º 1138). De forma que, para detener a estos ladronzuelos y contener sus hurtos –especialmente de comida– se hacía necesario recurrir al gato: «Si el gato y el ratón se reconcilian, el tendero se arruinará» (iḏā iṣṭalaḥa al-faʾru wa-l-sinnawru jariba dukkān al-baqqāl/iḏā iṣṭalaḥa al-qiṭṭu wa-l-faʾru halaka al-baqqāl)—rezaba un refrán difundido en el Oriente y el Occidente árabe medieval (al-Maydānī, 1972: I, 88; al-Zaŷŷālī, 2018 = Bencherifa, 1971: II, 45, n.º 175, trad. Ould Mohamed Baba, 1999: 54, n.º 175). La enemistad entre el gato y el ratón es, sin duda, otro de los temas más recurrentes de relatos y refranes que figuran en estas fuentes literarias. Se cuenta, por ejemplo, que un ratón entró al baño público (ḥammām) y, cuando salió, vio a un gato que le preguntó: «¿Te ha ido bien el baño?». A lo que el ratón respondió: «¡Si no te hubiera visto, oh Ibn al-Baẓrāʾ!»7 (al-Rāgib al-Iṣfahānī, 2009: 403).

Más allá de los inconvenientes, tener ratones en casa era signo de abundancia y, lo contrario, un indicio de pobreza (al-Yūsī, 1982: 223). En ese sentido, una anécdota que se repite en numerosas obras de adab compuestas en diferentes regiones del mundo árabe premoderno y en distintos momentos cuenta que una mujer se quejó de su pobreza (literalmente: de la escasez de ratas en su casa) a un personaje generoso (personificado en muchas de las versiones en Qays b. Saʿd b. ʿUbāda, Compañero de Mahoma, conocido por esa cualidad) y este ordenó que se llenara su casa con diferentes alimentos, como pan, trigo, carne o manteca (al-ʿAskarī, 1988: I, 175-176, n.º 2678; Ibn ʿAbd Rabbihi, 1983: I, 216; Ibn ʿĀṣim, 1987: 210, trad. López Bernal, 2019, 265-266, n.º 716; Ibn Qutayba, 1925: III, 129; al-Ŷāḥiẓ, 1965-1969: V, 139-140 y 256). El granadino Ibn ʿĀṣim remataba el relato con un comentario propio, que aclaraba: «La explicación a esto es que las ratas no habitan en el lugar donde no hay comida» (Ibn ʿĀṣim, 1987: 210, trad. López Bernal, 2019, 266). No es de extrañar que al-Ŷāḥiẓ (1965-1969: V, 256) se hiciera eco de un testimonio que decía: «Escuché a un predicador de Medina decir en su plegaria: “¡Dios mío, multiplica nuestras ratas!”».

3. La fábula del ratón de ciudad y del ratón de campo en la literatura y la tradición oral árabes de la cuenca occidental del Mediterráneo

3.1. Antecedentes: sus huellas en la literatura árabe premoderna

Las primeras noticias que tenemos de esta fábula en el mundo árabe son relativamente tardías, ya que solo se han podido establecer a partir del s. XI-XII en el Oriente árabe. En Arabia Ridens, Marzolph (1992: 248, n.º 1144) anotó los textos de la misma recogidos por dos hombres de letras en sendas enciclopedias de adab, género literario en prosa, misceláneo y de finalidad didáctica y de entretenimiento, muy característico de la literatura árabe premoderna, destinado a la formación de los individuos de la élite social.

De ella se hizo eco, efectivamente, al-Zamajšarī (m. 538/1144) –erudito árabe de origen persa– en Rabīʿ al-abrār. Esta primera versión literaria árabe conocida hasta la fecha presenta a sus dos ratones protagonistas adaptados al medio social y geográfico del mundo árabe premoderno en esa región: el ratón de ciudad de la fábula clásica es el ratón de las casas (el ratón doméstico o de ciudad) y, su pariente de campo, habita en el desierto:

Un ratón doméstico vio a un ratón del desierto que se hallaba en situación de miseria y de aflicción. Y le dijo: «¿Qué haces aquí? Vente conmigo a las casas [a la ciudad], en las que hay todo tipo de bienestar y de abundancia». El ratón del desierto se fue con él. Y he aquí que el dueño de la casa en la que vivía le había preparado como trampa un ladrillo y [había colocado] detrás de él un pedazo de grasa. El ratón doméstico se precipitó para coger el pedazo de grasa y el ladrillo cayó sobre él y lo aplastó. Entonces el ratón sano sacudió la cabeza asombrado y dijo: «Veo [que tenía] una gran prosperidad y [se ha convertido ahora en] una fuerte aflicción. Yo prefiero la salud [al-ʿāfiya] y ser pobre». Y huyó a salvo (al-Zamajšarī, 2006: 558).

No resulta nada aleatorio, sino más bien lo contrario, que al-Zamajšarī incluyera el cuento en el capítulo de su enciclopedia de adab dedicado a cuestiones relativas a la salud y el bienestar (al-ṣiḥḥa, al-salāma, al-ʿāfiya) y la seguridad (al-amn). Si bien en el trasfondo del relato sale a relucir la batalla por la supervivencia –tema muy característico de los cuentos de animales y en la que el ratón doméstico se muestra solidario y generoso con su compañero del desierto– la enseñanza que se desprende de él –concentrada en las palabras finales del segundo roedor– aboga por una vida segura y pobre, antes que correr riesgos que conlleven la muerte.

Varios siglos más tarde, el egipcio al-Ibšīhī (m. d. 850/1446) copió al pie de la letra9 el texto del cuento según la versión de al-Zamajšarī para incluirlo también en un subcapítulo acerca de la salud y el bienestar (al-ʿāfiya wa-l-ṣiḥḥa) del igualmente enciclopédico al-Mustaṭraf fī kullī fann mustaẓraf (1992: 10).

A los dos textos conservados en obras de la literatura árabe premoderna de Oriente se añade un tercero, del s. XVIII, reproducido en la Bugyat al-ŷalīs (que sigue manuscrita) de Šihāb al-Dīn Aḥmad al-Ḥafnāwī10 (s.d.: fol. 144a/15) a partir de al-Zamajšarī o de al-Ibšīhī11.

Por el momento, no hemos encontrado ningún refrán en las fuentes árabes orientales del periodo premoderno en el que resuene la frase final o se aluda al ratón del desierto o del campo y su pobreza; pero sí a la del ratón de (la) prisión, al que se refiere un refrán popular recogido en la zona de Iraq por otro hombre de letras, al-Ābī (m. 421-422/1030-1031) a finales del s. X-inicios del s. XI, y también por al-Azdī, en el s. XI. Este refrán del pueblo (al-ʿāmma) dice: «Más despreciable que (el) ratón de (la) prisión» (anḏal min fa’r al-siŷn)12 (al-Ābī, 2010: VI.2, 495, n.º 6; al-Azdī, 2021: 352).

Sobre la introducción y difusión del cuento en el Oriente árabe, podríamos hablar extensamente de la recepción de las fábulas de Esopo en el mundo árabe premoderno13. Sin embargo, nos limitaremos a apuntar también que el fabulista griego Babrio vivió en Siria, donde probablemente nació después de que su familia, procedente de Italia, se estableciera en esa zona de Oriente Medio. La versión del cuento que Babrio versificó (1965: 140-143, n.º 108) es idéntica (salvo dos mínimos detalles) a la de Esopo (2002: 107-108, n.º 243) y difiere de la árabe de la que han quedado muestras en la prosa de adab, mucho más simplificada, pero cuya filiación es claramente esópica14.

3.2. Su posible rastro en al-Andalus

Tras esta incursión en la literatura árabe clásica oriental, llegamos a la orilla norte del Mediterráneo occidental, a al-Andalus. Si bien un alto porcentaje de los cuentecillos difundidos en Oriente y registrados por escrito –en su mayoría– por autores de obras de adab llegaron a tierras andalusíes, en el caso del que nos ocupa no hemos alcanzado a localizar –al menos de momento– ninguna versión en las fuentes escritas andalusíes, literarias y de otra índole.

Sí encontramos un refrán –formulado de dos maneras diferentes– que podría indicar que la fábula fue conocida y difundida en al-Andalus. La primera de esas formulaciones consta en la colección de refranes del pueblo (amṯāl al-ʿāmma) del cordobés emigrado al Magreb al-Zaŷŷālī (m. 694/1294). Esta forma parte de una obra de adab titulada Rayy al-uwām wa-marʿà al-suwwām, donde predomina el material paremiológico. El refrán dice «Más pobre que el ratón de (la) mezquita» (con el segundo artículo, o sin él, lo cual denotaría un sentido genérico); en árabe andalusí: afqar min fār al-masŷid (al-Zaŷŷālī, 2018 = Bencherifa, 1971: II, 112, n.º 498; Ould Mohamed Baba, 1999: 74, n.º 498). Más adelante, en la Granada nazarí de finales del s. XIV, el granadino Ibn ʿĀṣim (m. 829/1426) también se hacía eco del refrán en el refranero popular que incluye como uno de los capítulos o huertos de El libro de los huertos en flor (Ḥadāʾiq al-azāhir) (Ibn ʿĀṣim, 1987: 300, n.º 12; trad. López Bernal, 2019: 377, n.º 12). Aunque Ibn ʿĀṣim comparte con al-Zaŷŷālī trescientos treinta y uno de los más de ochocientos refranes que reunió, en opinión de Bencherifa (1971: I, 139-140) no habría conocido (o, al menos, no habría consultado) el refranero de su antecesor, ya que muchos de esos refranes compartidos son enunciados por uno y otro de manera diferente. Es el caso del que nos interesa, que Ibn ʿĀṣim registra bajo la forma más popular de azlaṭ min fār al-ŷāmiʿ (con traducción idéntica a la ya señalada).

Respecto a las traducciones posibles del refrán andalusí, la que contempla el segundo artículo («Más pobre que el ratón de la mezquita») nos podría encaminar hacia un ratón conocido por los andalusíes y nos situaría ante un refrán que podría haber derivado de nuestro cuento. No obstante, la mezquita es un lugar austero, carente de alimentos para los animales que se cobijen en ella, con lo que su asociación con la pobreza (inmortalizada en refrán) pudo darse independientemente del relato que nos ocupa. Así, es conocido que en diferentes tradiciones orales del mundo existen refranes similares que declaran la pobreza del ratón de iglesia o del ratón de sacristán. En la literatura árabe, hemos citado con anterioridad la forma «Más despreciable que el ratón de (la) prisión» (al-Ābī, 2010: VI.2, 495, n.º 6; al-Azdī, 2021: 352). Si el refrán en al-Andalus se acuñó a partir del cuento, habría que considerar que este último pudo ser tradicional en el s. XIII y puede que también en el siguiente15. Por el momento, no es posible certificar ni descartar esta hipótesis.

De otra parte, es importante destacar que es en estas fuentes andalusíes que hemos citado donde hemos podido encontrar las primeras alusiones en el mundo árabe al ratón de la mezquita y su pobreza, que será protagonista en parte de las versiones del cuento registradas en las tradiciones orales modernas magrebíes: concretamente, en lo que a nuestro ámbito de estudio respecta, en Argelia, como presentaremos a continuación.

3.3. Algunas muestras orales en Argelia y Marruecos

En el catálogo de cuentos folclóricos del mundo árabe de El-Shamy (2004: 41-42, n.º 112) se apunta a la pervivencia oral del cuento (recogido bajo el tipo 112) en la región de Mesopotamia (Iraq), Egipto y Sudán, y en dos países árabes del Magreb (Túnez y Marruecos). Habría que añadir también (al menos y según nuestras investigaciones) Argelia y Arabia Saudí16. En estas tradiciones orales en árabe parecen haberse acuñado varios refranes a partir del relato, algunos de los cuales citaré.

Nuestro interés se centra en la región magrebí, concretamente en Argelia y Marruecos, donde las muestras encontradas (que se cotejarán con una versión tunecina) presentan la siguiente variabilidad:

- Protagonistas: un ratón de campo y un ratón de ciudad (Marruecos); dos ratones vinculados al ámbito urbano (Argelia);

- el detonante del desenlace del cuento: en las versiones argelinas no aparece el gato, sino que es un humano quien pone una trampa para atrapar a los ratones; mientras que en las marroquíes que hemos conseguido reunir hasta ahora se dan las dos situaciones;

- en cuanto al desenlace: si bien lo más común es que el ratón que lleva una vida pobre se salve, encontramos también alguna variante.

Comenzamos por las versiones árabes de la tradición oral argelina que se ha conseguido reunir por el momento: un total de dos. Su particularidad (que también se aprecia en Túnez) (Houri-Pasotti, 1980: 189, n.º 87)17 es que el cuento se traslada por completo a un ámbito urbano respecto a las versiones de la literatura árabe premoderna conocidas. Con ello, la oposición entre vida rural y urbana –que marca, de hecho, la identidad del cuento tipo desde su propio título y en todo su desarrollo narrativo– se pierde, y toda la atención recae en la vida pobre versus la vida opulenta, ambas asociadas ahora a la existencia en las ciudades. Este cambio –determinado por la mutación del ratón del desierto en el ratón de la mezquita o de la barbería (que representa al ratón pobre)– bien pudo operarse en el periodo medieval: hemos comprobado que en el refranero árabe andalusí ya se aludía a la pobreza de «el ratón de la mezquita».

La primera versión árabe argelina que presentaremos fue recogida por el Padre Blanco Yves Alliaume –religioso nacido en la Bretaña francesa– en el Sáhara argelino, en fecha desconocida entre los años 1926-1975. Forma parte del repertorio que aquel tituló Dictons et Traditions, editado por Francisco Moscoso (2020: 219-220), quien también incorporó el relato a su libro Cuentos del Sáhara argelino (2021: 56-57, n.º 1.16). En sus notas, el padre Alliaume lo identificó con la fábula de «El ratón de ciudad y el ratón de campo», pues así lo tituló, insertando a continuación la apreciación: «racontée à la façon arabe» («contada a la manera árabe»). En esta versión, los protagonistas son un ratón que vivía en una mezquita, «flaco y miserable» –como se nos presenta– y otro «gordo» –dice el cuento– que vivía en una tienda cercana y «comía todos los días cacahuetes, dátiles y velas» (Moscoso, 2020: 219-220 y 2021: 56-57). Este último se encuentra con el primero y, al verlo tan delgado, lo invita a la tienda en la que habita. El ratón de la mezquita –muy sagaz– dice al de la tienda que entre primero en el hueco que da acceso a ella y este cae en la trampa que le había tendido el dueño:

En una mezquita vivía un ratón flaco y miserable que oía todos los días el sermón del imán sobre aquello que está permitido y prohibido, sobre este mundo y el venidero. Cerca de la mezquita, había una tienda en la que vivía un ratón bastante gordo que comía todos los días cacahuetes, dátiles y velas. Un día se encontró con el ratón de la mezquita y le preguntó: «¿Por qué estás tan delgado y tienes ese aspecto miserable? ¿Qué comes en la mezquita?» [F569.9§]. Le respondió: «Yo escucho las palabras de Dios que salen de la boca del imán y, luego, chupo una piedra que tocan los creyentes antes de hacer la oración, ya que uno u otro ha podido dejar algo de la grasa que tuviera en sus manos». Le dijo: «Eso no es una comida, ven pues conmigo a la tienda, tengo buenas cosas de las que podrás comer» [B599.5.1§]. Y fueron [J716§]. Cuando llegaron a la entrada del boquete que conducía a la tienda, el ratón de esta dijo al de la mezquita que pasara primero. Este le respondió: «No, pasa tú primero, eres quien conoce el camino». El ratón de la tienda se metió en el boquete, pero el tendero le había tendido una trampa. Nada más tocarla, esta saltó y lo mató. El ratón de la mezquita se salvó por los pelos y dijo: «Prefiero chupar mi piedra y dormir en paz» [J211.2, J1425§, L451, U310.0.1§]18 (Moscoso, 2020: 219-220 y 2021: 56-57).

Junto con los motivos del cuento tipo del folclore del mundo árabe que se dan en esta versión (que hemos indicado entre corchetes en su texto), en ella se ha introducido también el de alimentarse o preparar la comida sin más ingrediente que la grasa que se desprende de una piedra que se chupa o se hierve, o del agua donde se lava una mano que, antes, había tocado esa grasa. Dicho motivo dio lugar a diferentes cuentecillos en la literatura árabe premoderna19 y aparece también en la versión árabe tunecina de Houri-Pasotti (1980: 189, n.º 87), en la que uno de los ratones protagonistas propone ir a buscar alimento a la barbería y chupar el aceite de la piedra de afilar.

Esta última presenta notas muy originales. Si bien al inicio del cuento es característico, por lo general, presentar a los dos ratones protagonistas según su hábitat, en esta versión tunecina, en cambio, no se los categoriza, sino que estos son simplemente dos ratones que se encuentran para ir juntos a hacer una expedición (para buscar alimento). Acto seguido, ambos roedores intentan acordar a dónde irán para buscar comida: uno de ellos se conforma con ir a la barbería, chupar el aceite de la piedra de afilar y estar seguros. Por su parte, su compañero trata de convencerlo para ir a la tienda de alimentación (épicerie), donde encontrarán abundantes manjares. Este ratón se mofa del primero y lo acusa de miedoso. Finalmente, el ratón más prudente accede y van a la tienda, donde –como sucedía en la versión literaria del cuento premoderno y también en aquella de la tradición oral argelina que se viene de presentar– el tendero ha colocado una trampa, en la que ha puesto como cebo, en este caso, una tira de carne seca (qaddida) (en lugar de la manteca que aparecía en la primera). Al contrario de lo que ocurre en la versión argelina, en la tunecina el ratón más atrevido se muestra más astuto y anima al más prudente a avanzar hacia la carne. Este, tras resistirse, termina haciéndolo ante la tentación de conseguir suculenta comida y es atrapado (Houri-Pasotti, 1980: 189, n.º 87). Este cambio da un giro al desenlace del cuento, al ser el animal que, en principio, no quiere asumir riesgos quien cae en la trampa, y se utiliza para acentuar la enseñanza que se desprende de esta fábula, reforzando así la idea de que merece la pena ser prudente y conformarse con lo que se tiene, sin arriesgar la vida por conseguir más. Dejaremos para después la escena final del cuento oral tunecino.

La segunda versión árabe de la tradición oral argelina a la que atenderemos la recogió una Hermana Blanca en torno al año 1970 en Laghouat, al sur de Argelia. El cuadernillo anónimo donde está anotada se conserva en el Archivo General de las Hermanas Blancas en Roma y fue editado y estudiado por Francisco Moscoso (2023). En ella se repite la misma categorización de los ratones protagonistas, aunque varíe su hábitat urbano: se trata de un ratón (pobre) que vive en una barbería y otro que habita en la casa de alguien rico:

Había dos ratones, uno que vivía en la barbería y otro en la casa de alguien rico. Se encontraron los dos. Uno, el que vivía en la casa del rico, le preguntó: «¿qué comes?». Le respondió: «en la piedra para afilar hay aceite que chupo, esta es mi comida». Y le preguntó: «y tú, ¿qué comes?». Le dijo: «ven a comer a mi casa para que te hartes». [F569.9§, B599.5.1§] Le dijo: «un día echarán cereales de los que se comen, harán una trampa y te cogerán en ella». Un buen día se asomó a verlo, lo encontró metido en la trampa atrapado [J716§] y le dijo: «yo lamo la piedra de afilar y duermo tranquilo, no hay quien me atrape» [J211.2, J1425§, L451, U310.0.1§] (Moscoso, 2023: 51).

Como en la anterior versión oral argelina, el animal pobre se alimenta de chupar la grasa de las manos que queda en una piedra (en este caso, en la piedra de afilar del barbero, igual que en el cuento oral tunecino). La particularidad de esta versión radica en los cambios que se introducen en la secuencia narrativa, concretamente, en lo relativo a la escena de los dos protagonistas dentro del lugar donde está la comida. Esta es sustituida por la advertencia del ratón de la barbería al de la tienda de que un día los humanos le pondrán una trampa y lo atraparán. A continuación, la narración se traslada a otro día en que el primero encuentra al ratón que vivía en la tienda –que había ido a buscar comida– atrapado. El resto del cuento se mantiene respecto a la otra versión oral argelina y la literaria premoderna, incluida la sentencia final, próxima a la de la primera.

En esta segunda versión de la tradición oral árabe argelina, uno de los roedores queda atrapado en la trampa, a diferencia de lo que sucedía en la versión que caló en la literatura árabe premoderna y en la primera de las orales de Argelia, en las que corría peor suerte y moría directamente. No obstante, el destino final del animal atrapado es, presumiblemente, el mismo. Más original resulta la escena culmen de la versión oral tunecina con la que venimos comparando los otros textos magrebíes, en los que no aparece. Tras ser atrapado el ratón más prudente, se introduce una escena en la que este se lamenta de su suerte ante su esposa, la rata, que ha llegado a saber qué le pasa a su marido (tan alarmada al conocer la noticia, que sale de casa sin velo –dice el cuento–, en lo que supone un detalle de máxima adaptación del relato al contexto socio-cultural en que ha sido transmitido). Se desarrolla entonces un diálogo de despedida entre el ratón atrapado y su esposa la rata, en el que el primero le pide que no lo reemplace por otro marido cuando él muera.

El refranero tradicional argelino guarda dos refranes que podrían estar emparentados con nuestro cuento. El primero, extendido en buena parte del Magreb árabe, dice azlaṭ min fār al-ŷāmiʿ («Más pobre que el ratón de (la) mezquita») y lo hemos localizado en una colección de refranes de la ciudad argelina de Wādī Sūf (Oued Souf) (Ben ʿAlī, 1998: 15)20. Su forma es idéntica a la del refrán –citado páginas antes– que recogía Ibn ʿĀṣim en la Granada nazarí de finales del s. XIV. En cuanto al segundo, representa un claro eco de la situación entre los dos ratones que se narra en el cuento, pues dice: al-zelat wa-l-tafarʿīn jeyr min al-mal wa-l-ṭaḥīn (Jaddūsī, 2015: 85), es decir, que una vida pobre e injusta es mejor que otra opulenta, abundante de dinero y alimentos.

En cuanto a las manifestaciones de nuestra fábula clásica en la tradición oral árabe de Marruecos, la más antigua que hemos localizado hasta ahora la recogió el arabista y orientalista francés Georges Séraphin Colin (1893-1977) en su Chrestomathie marocaine, publicada en 1939. Esta crestomatía fue uno de los manuales de referencia en la enseñanza del árabe marroquí durante el s. XX e incluía textos de literatura oral como el que nos ocupa, recogidos por Colin de sus informantes y otros prestados de otros recopiladores. Entre esos textos figuraban un total de 50 fábulas y 349 proverbios (Galey y Sinaceur, 2016: 30 y 31). Nuestro cuento fue recopilado por Colin bajo el título «Le rat des villes et le rat des champs» (al menos, ese es el título bajo el que consta en la crestomatía), y dice así:

Il y avait deux rats: l’un citadin et l’autre campagnard et ils étaient amis. Un jour, le rat des villes sortit derrière les remparts, rencontra son ami et le conjura de venir tout de suite déjeuner chez lui. L’autre est donc venu avec lui: ils entrèrent dans un beau salón, garni de nattes et de matelas, où les propriétaires avaient préparé un bon repas, avec plusieurs mets et tout était déjà servi. Les rats montèrent sur une table. Dès qu’ils commencèrent à grignoter, le maître du logis entendit du bruit, un grattement. Il alla voir ce qui se passait; la chatte le suivit. Les rats se sauvèrent, échappèrent à la chatte et rentrèrent dans le terrier. Le rat citadin, quand il a vu le maître de maison partir avec la chatte, s’est tourné vers son ami et lui a dit: «Allons finir notre déjeuner!». Le rat des champs lui a dit: «Non, yā-Sīdī, tu ne m’as pas fait venir pour manger: tu m’as fait venir là où je serai dévoré! Moi, je ne peux supporter ces plaisanteries de mauvais goût. Viens avec moi dans mon terrier, si tu veux te divertir tranquillement, sans peur et sans angoisse, tu mangeras tout ce que Dieu peut pourvoir comme céréales de différentes sortes et avec totut cela, il y a le salut!».

Les gens utilisent comme proverbe: «Mieux vaut de l’orge dans la tranquilité que du blé dans l’infamie!» (الهمّ! الشعير والراحة، ولا الگمح والفضاحة) (Galey y Sinaceur, 2016: 568-569, n.º 40).

Se trata de una versión que, como el propio Colin anotó (Galey y Sinaceur, 2016: VIII), guarda parentesco con la transmitida por La Fontaine21.

Los dos ratones protagonistas son un ratón de campo y otro de ciudad y se especifica que entre ambos existe una relación de amistad (algo que se menciona expresamente en la fábula en verso de La Fontaine) (La Fontaine, 1881: 62). No se alude a la pobreza o a la delgadez del primer ratón y tampoco se dice por qué el de ciudad ruega al de campo que vaya a comer con él dentro de las murallas: se sobreentiende que el ratón de ciudad lleva una vida más opulenta que el de campo. Los detalles del espacio en el que entran los dos roedores están muy elaborados y se aproximan a la descripción que hacía el citado fabulista francés (un rico salón de una casa, donde se está dando un banquete repleto de manjares). La trampa que coloca el dueño de la casa donde entran en las versiones árabes premodernas ha sido eliminada. En su lugar, es aquel quien oye un ruido y se acerca con la gata hasta el lugar de procedencia del sonido para descubrir lo que ocurre. La presencia del felino sugiere un parentesco con la rama del cuento derivada de Horacio (1993: 85-86), donde aparecen los perros (en La Fontaine no figura ningún otro animal). Una nota novedosa de esta versión respecto de las demás árabes presentadas (las literarias premodernas, las dos de la tradición oral de Argelia y la restante de Marruecos) es que ambos ratones consiguen escapar a la gata y salvar sus vidas, algo que ocurre en las versiones clásicas de Esopo (2002: 107, n.º 243), Horacio (1993: 86) y Babrio (1965: 142-143, n.º 108). No obstante, a pesar de salvarse, el ratón de ciudad insiste al de campo en volver al salón para terminar de comer (como en la Fontaine). Otro detalle original respecto a las demás versiones árabes comentadas hasta ahora es que la enseñanza final del cuento que el ratón de campo transmite en una sola frase y que acabó erigiéndose en refrán se hace más larga y adopta la forma de una especie de sermón (breve, eso sí) que aquel dirige a su amigo (como en las versiones de la rama de Esopo). En esta intervención, el roedor de campo se centra en destacar que más vale un alimento más humilde como la cebada frente al trigo, comido en tranquilidad y sin peligros, que arriesgar la vida por comer otro más preciado como el trigo, lo cual encaja con el retrato de este ratón en la presente versión del cuento, donde no es tan pobre como el del desierto de las versiones árabes premodernas o como el de la mezquita o la barbería de las versiones árabes de la tradición oral argelina.

Concluimos con otra versión árabe marroquí, grabada en Tetuán a Soodia Haquim, de 45 años, por Mohammad Ibn Azzuz Haquim e incluida en sus Cuentos populares marroquíes (Ibn Azzuz Haquim, 1955: 85-86, n.º 43). Su título «El ratón de ciudad y el ratón de campo» da cuenta de sus protagonistas. En la escena inicial, el ratón de ciudad es el que se encuentra con el de campo al haber salido de la urbe a curiosear. Como en la otra versión marroquí presentada, el ratón de campo no parte de una situación tan miserable como en otras versiones árabes y de otras tradiciones, aunque su situación sigue siendo menos privilegiada que la de su compañero de ciudad. Lo que se cuestiona en esta versión no es su vida mísera o el hambre que pasa (pues no es así), sino el que viva en el campo y no en la ciudad, donde «se vive mejor», como se dice textualmente (igual que sucede en las versiones clásicas greco-latinas). Como en las versiones de la literatura árabe premoderna, aparecen el dueño de la casa y la trampa que pone a los ratones. Sin embargo, esta versión presenta dos elementos muy originales, que la diferencian, como poco, de la mayoría de las literarias: los dos ratones caen en la trampa, y el final de ambos roedores se deja abierto, al contemplar la posibilidad de que puedan salir con vida. No obstante, la enseñanza que se desprende del relato continúa siendo idéntica y pretende alertar de los peligros de arriesgar la vida sin necesidad de hacerlo, pudiendo uno conformarse con lo que tiene.

Por último, y en relación con las versiones marroquíes, cabe apuntar que en la región de Tetuán y en Oujda también pervive el refrán azlaṭ min fār al-ŷāmiʿ («Más pobre que el ratón de [la] mezquita») (Dāwud, 2019: 32)22, si bien en las versiones orales reunidas en este trabajo el roedor que lleva una vida miserable no habitaba ese lugar. Habría que seguir indagando, pues, para rescatar posibles muestras orales del cuento con dicho protagonista en Marruecos.

4. Conclusiones

De lo expuesto a lo largo de este trabajo se pueden extraer algunas ideas más o menos concluyentes, al tiempo que quedan numerosos cabos por atar. Si en los estudios sobre cuentos no se puede dar prácticamente nada por cerrado, esta no es una excepción y estamos ante una investigación a la que –lejos de haberse concluido– habrá que seguir sumándole páginas en adelante. Los dos horizontes principales de ampliación son: por un lado, seguir indagando en las fuentes textuales árabes de al-Andalus y el Magreb premoderno en busca de posibles noticias sobre el cuento y posibles refranes asociados; y, por otro, continuar con la tarea de identificación de versiones en la tradición oral árabe moderna de Argelia y de Marruecos, así como rastros en su paremiología. De encontrar versiones árabes andalusíes del relato, sería interesante realizar un análisis contrastado con las demás difundidas en la península ibérica en la Edad Media y con las magrebíes de la tradición oral moderna. Para completar el desarrollo del cuento en el norte de África, convendría realizar un estudio comparado de versiones marroquíes, argelinas y tunecinas, ampliando el ámbito de búsqueda y de estudio a la tradición amazigh y a Libia.

En cuanto al relato transmitido en la literatura árabe premoderna de Oriente, en él el ratón que habita en el entorno rural se adapta al medio social y geográfico del mundo árabe premoderno y su hábitat se sitúa en el desierto. Los dos animales de la misma especie que protagonizan el cuento representan dos modos de vida no solo diferentes, sino opuestos. Esa oposición ya se daba en la fábula clásica y se ajusta muy bien a una sociedad árabe en transición de la vida beduina hacia la ciudadana, transición que empieza a operarse en época omeya en Oriente, por lo que el relato –de haber sido conocido antes por los árabes– debió de tener mayor vigencia a partir de ese momento. Es interesante anotar que en los libros de adab se incluye el cuento en capítulos dedicados a hablar del bienestar y la seguridad, en consonancia con la enseñanza que se desprende de él, mientras que los refranes cuya relación directa con el cuento no se puede probar («Más pobre que el ratón de (la) mezquita») giran en torno a la pobreza. Aquellos otros cuya relación es inequívoca reflejan, en cambio, las palabras finales del ratón más humilde.

Por otro lado, el cuento en la región occidental del mundo árabe se podría haber difundido en la Edad Media con el ratón de la mezquita en sustitución del ratón del desierto en la encarnación del roedor pobre. Esta idea vendría respaldada por el refrán andalusí que se ha mencionado y por una de las versiones del relato en la tradición oral argelina moderna que se han presentado. En este sentido, de hallar huellas textuales del cuento en al-Andalus y el Magreb premoderno, un aspecto importante a estudiar sería su continuidad o discontinuidad en las versiones árabes magrebíes de la tradición oral.

Financiación

Este trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de I+D titulado El corpus de la narrativa oral en la cuenca occidental del Mediterráneo: estudio comparativo y edición digital (referencia: PID2021-122438NB-I00), financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

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Fecha de recepción: 27 de marzo de 2025
Fecha de aceptación: 28 de julio de 2025

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1 Thompson estableció que, cuando un cuento de animales tiene un propósito moral, se convierte en fábula. En este trabajo usaremos indistintamente los términos «cuento», «relato» y «fábula» para referirnos al relato objeto de estudio, con el fin de evitar el uso reiterado del último de ellos.

2 Para las demás versiones literarias clásicas griegas y latinas y las medievales, véase también Van Dijk ( 2015: 759-762, n.º 876), donde, además, se da cuenta de versiones modernas occidentales (parte de ellas) y se remite a varios estudios críticos sobre dicha fábula.

3 Como se indica en el citado catálogo (Uther, 2024: 92), este argumento recuerda también al del cuento tipo 201, que tiene como protagonista a un perro flaco que prefiere la libertad a la comida abundante y a estar encadenado, y que es también una fábula esópica.

4 La nómina de estas versiones literarias españolas puede completarse a partir de los estudios de: Amores García (1997: 44-46); Beltrán (2014); Chevalier (1983: 38, n.º 17; Chevalier (1999: 89-91); Rodríguez García (2024a: 48); Rodríguez García (2024b: 143-144) y Salvador Plans (1994).

5 La misma costumbre atribuía a las ratas (al-ŷirḏān) quienes –explicaba– de vez en cuando sacaban esos tesoros de su madriguera y jugaban con ellos para luego devolverlos a su lugar (al-Ŷāḥiẓ, 1965-1969: V, 301-302). Nótese que el Kitāb al-ḥayawān (Libro de los animales) de este célebre erudito de Basora es una obra a medio camino entre la zoología y otras disciplinas como la literatura. Generalmente se considera un libro de adab por sus características formales, si bien su contenido es, como indicamos, mucho más rico y heterogéneo.

6 En su conocido bestiario, tras clasificar a los roedores en varias clases, al-Damīrī citaba tres refranes que ayudan a trazar su imagen en la cultura árabe. Dos de ellos señalan a estos animales (ratones y ratas) como ladrones, y son los que hemos mencionado arriba. En concreto, al-Damīrī (2004: 244) asociaba dicha cualidad con el ratón de campo o silvestre (al-faʾra al-barriyya), «que roba todo lo que necesita y con lo que enriquecerse».

7 Ibn al-Baẓrāʾ significa, literalmente, «Hijo de la incircuncisa» o «de la que tiene un gran clítoris». Es un sobrenombre que se le da al gato en la lengua árabe clásica. Iḥsān ʿAbbās identifica este relato como una de las muchas fábulas griegas que los árabes adoptaron (ʿAbbās, 1993: 241, n.º 29). Los propios hombres de letras árabes premodernos eran conscientes de ese legado, que reconocían como procedente de los griegos. Un ejemplo es el capítulo dedicado por Ibn Abī ʿAwn (1996: 125-126) en su Kitāb al-Aŷwiba al-muskita a las fábulas (amṯāl) de los griegos (amṯāl al-yūnāniyyīn). El relato es recogido también en Marzolph (1992: 244, n.º 1121).

8 En la obra de al-ʿAskarī, el relato se pone en relación con el refrán «Mi casa es avara, no yo» (baytī yabjalu, lā anā), que aparece en otras cuantas obras paremiológicas y de adab (no las citamos aquí por no alargar en exceso este trabajo).

9 Esta práctica fue habitual entre los compositores de obras de adab, pues con ello demostraban su conocimiento de la tradición del género y, en consecuencia, su amplia cultura, que los convertía en udabāʾ, es decir, hombres de letras y personas instruidas.

10 Los datos que conocemos sobre este literato son realmente exiguos. Además de su nombre, solo tenemos noticias de su obra y que estaba vivo en 1183/1770 (Kaḥḥāla, 1993: 109-110).

11 Agradezco al profesor Ulrich Marzolph su generosidad al proporcionarme la referencia de esta versión, que yo desconocía.

12 El término árabe naḏl o naḏīl significa «vil», «despreciable» y tiene que ver con ser abyecto o llevar una vida miserable. Lo interpretamos aquí en el sentido de «pobre», al igual que Bencherifa (1971: II, 112, n.º 498).

13 Al respecto, véanse los trabajos clásicos de ʿAbbās (1993) y Rosenthal (1989). Véase también Rababah y Aludayli (2016).

14 El texto de las versiones griegas del relato de Esopo y Babrio es más rico en detalles si lo comparamos con el que nos ha llegado en las fuentes literarias árabes premodernas, tanto en lo que al encuentro inicial entre los dos ratones se refiere, como en su aventura en la despensa en la que vivía el roedor de ciudad. La caracterización de los protagonistas es la misma: ratón rural versus ratón urbano. No obstante, en la versión clásica griega el ratón de ciudad vive en la despensa de la casa de un hombre rico, mientras que en la árabe habita simplemente en la ciudad, en una casa de un hombre cuya situación material no se precisa. Otra diferencia que presenta el cuento transmitido en las obras literarias árabes de Oriente citadas, es que no hay diálogo hasta que el ratón de campo pronuncia la sentencia final. Por su parte, los textos de Esopo y Babrio presentan escenas dialogadas en el encuentro inicial entre ambos roedores, así como en la intervención final del de campo. Por último, otra de las diferencias más significativas entre la versión árabe premoderna de Oriente y las griegas de los dos fabulistas citados es que en la primera el dueño de la casa coloca una trampa y no se nos narra la escena en que los ratones están hartándose a comer, mientras que en las segundas se narra con detalle esta escena, que, además, se da dos veces y en ambas es interrumpida por dos hombres que entran (cada uno en una ocasión) a por comida de la despensa.

15 Su pista se pierde en los siglos posteriores, sin que haya rastro de él en la colección de refranes andalusíes del morisco granadino Alonso del Castillo.

16 En Youtube se puede encontrar una versión del cuento titulada «Encuentro del ratón doméstico con el ratón del desierto» (literalmente, el ratón de las casas y el ratón de las palmeras) (iltiqāʾ faʾr al-buyūt bi faʾr al-najīl), narrada por el literato e historiador saudí Aḥmad b. ʿAlī al-Mubārak, parece que en el marco de una tertulia (maŷlis). El vídeo se aloja en el canal Aḥmadiyya al-Mubārak, salón literario fundado por dicho intelectual saudí en el año 1990-1991 en la ciudad de al-Aḥsāʾ (Arabia Saudí). No consta la fecha de la grabación, que fue colgada en la mencionada plataforma de vídeos el 5 de abril de 2022. Véase https://www.youtube.com/watch?v=bEaMGS1-4ho (consultada 25/01/2025). El tema del ratón pobre y el que dispone de comida se encuentra también en la tradición oral Siria, en un cuento protagonizado por tres hermanas ratas (una que vive en una carnicería, otra en una panadería y la tercera, que es la pobre, en una peluquería) en el que aparece también el gato y la temática de la enemistad con los ratones (Muḥabbak, 1999: 1070-1072). El recopilador de esta colección de relatos populares (nacido en 1949) reúne en él cuentos recogidos en Alepo y en su zona rural, la mayor parte de los cuales se los narraba su abuela (m. 1970) a su padre y luego a él mismo siendo niño.

17 Houri-Pasotti registra la versión del cuento que conoció por boca de su abuela materna, cuyo repertorio trata de reconstruir. Se titula «Le rat pris au piège» (La rata atrapada) y resulta una combinación muy original entre el cuento tipo internacional ATU 112 y otro que tiene un desarrollo independiente, en que uno o varios ratones quedan atrapados en una trampa, que se inserta al final.

18 Señalamos entre corchetes los motivos que se dan en la narración, siguiendo los identificados por El-Shamy (2004: 41-42) para el cuento tipo. Respecto a los motivos L451 («Wild animal finds his liberty better than tame animal’s ease») y U310.0.1§ («Freedom [liberty] above all»), observamos que las versiones árabes de las que nos estamos ocupando (en la literatura y la tradición oral) no tienen tanto que ver con la libertad sino –como ponían de manifiesto sus manifestaciones premodernas– con la seguridad. Así, lo que se pone por encima de todo es el hecho de poder seguir viviendo, aunque sea de forma más modesta, pero sin el temor constante a arriesgar la vida para disfrutar de buena y copiosa comida.

19 Sirvan como ejemplos los relatos que recogen al-Ŷāḥiẓ en su Libro de los avaros (s.d.: 11; trad. Fanjul, 1984: 84) en Oriente y, en al-Andalus, Ibn ʿĀṣim (1987: 152-153; trad. López Bernal, 2019: 199-200, n.º 536).

20 En una enciclopedia sobre cultura popular egipcia de reciente publicación, se dice que este refrán, en la formulación que recogemos, es propio de Argelia (Amīn, 2020: 73).

21 Colin señaló, concretamente, que 15 de las fábulas reunidas en su crestomatía (entre ellas, la que nos ocupa) eran fábulas de La Fontaine, adaptadas al contexto marroquí.

22 No se ha podido acceder a la tesis doctoral de Mimoun Najji. Recueil de proverbes en usage à Oujda. Contribution à l’élaboration d’un corpus général de proverbes marocains, defendida en la Universidad de Fez en 1986.