Legends from the oral tradition of Campeche
Donají Cuéllar Escamilla
(Instituto de Investigaciones Lingüístico-Literarias, Universidad Veracruzana)
https://orcid.org/0000-0002-4104-8321
Resumen: Recolección de leyendas del estado de Campeche que incluye una introducción acerca de los personajes encontrados. Abarca las leyendas de la Xtabay, la Tishanila, los aluxes, el perro de cera, la lechona, la carreta fantasma, las cadenas, la gruta encantada, el charro negro y el sacrificio de la doncella. Se trata de una edición anotada de textos de la tradición oral, que intenta reconstruir la cadena de transmisión de los informantes.
Palabras clave: Leyendas, Literatura de tradición oral, Campeche.
Abstract: Collection of legends from the state of Campeche, including an introduction about the characters featured. It covers the legends of the Xtabay, the Tishanila, the aluxes, the wax dog, the suckling pig, the ghostly cart, the chains, the enchanted grotto, the black charro, and the maiden’s sacrifice. It is an annotated edition of texts from the oral tradition that seeks to reconstruct the chain of transmission of the informants.
Keywords: Legends, Oral tradition literature, Campeche.
Sin duda, la recuperación de textos de la tradición oral de México es una tarea que aún requiere de muchos esfuerzos y de proyectos de investigación de largo aliento, tanto como del apoyo de las instituciones de educación superior, que no siempre son suficientes ni posibles. Sin embargo, como diría André Breton, el «azar objetivo» siempre es posible.
En 2023 empecé a estudiar a las seductoras fatales de origen mesoamericano, tales como la Matlazihua, la Matki, la Tisigua y la Ciguanaba (Cuéllar Escamilla, 2023a, 2023b, 2023c; 2024 y en prensa); en 2013 había publicado un trabajo sobre la Xtabay con textos de la tradición oral y escrita de Chiapas, Yucatán y Quintana Roo (Cuéllar Escamilla, 2013), que ahora me parece incompleto, pues no encontré versiones de Campeche. Estos personajes me parecen cada vez más fascinantes debido, entre otras cosas, a que provienen de la antigua tradición mesoamericana y se han convertido en entrañables temas de estudio por los retos que implican y por la diversidad de sus versiones y su distribución geográfica. Un buen día que estaba revisando materiales sobre la Ciguanaba, me llamó una muy querida colega y amiga campechana, Tatiana Suárez Turriza, para proponerme ir a su tierra a dar un curso sobre las seductoras fatales. Fue una gran y grata sorpresa. Ella gestionó mi invitación formal mediante la Dirección General de la Autoridad del Patrimonio Cultural del Estado de Campeche los días 23, 24 y 25 de octubre de 2024 para impartir un curso al que llamé «Guardianas de los montes y las aguas: a propósito del patrimonio intangible y cultural del sureste», debido a que dichas seductoras suelen ser advocaciones, servidoras o ayudantes de diosas o entidades que cuidan los montes, las aguas y el inframundo, por lo que su función principal es castigar a los infractores de las normas sociales y del medio ambiente de sus respectivas comunidades.
Me gustó mucho que Tatiana, junto con la arqueóloga Lucy Concepción Chan Miss y la Directora General de la Autoridad del Patrimonio Cultural Material e Inmaterial del Estado de Campeche, maestra Rosa del Carmen Olvera Salinas, y las personas involucradas en la gestión del curso, convocaran al público en general y a los estudiantes de literatura de la Universidad Autónoma de Campeche. El auditorio del Baluarte de San Francisco de Campeche fue muy nutrido, variado y entusiasta. Desde luego, toqué el tema de la Xtabay de la zona peninsular y les dije que no conocía versiones campechanas de la leyenda, por lo que les pedí desde el primer día, que me las contaran. El público se entusiasmó mucho y me contaron las versiones que sabían, sobre todo por sus ancestros, de la Xtabay, de la Tishanila, de los aluxes, del perro de cera y de otros personajes sobrenaturales de la tradición maya. Al observar que el acervo que poseían era considerable, les pedí que escribieran las versiones que conocían, proporcionando los nombres de los transmisores e intentaran recoger otras leyendas con personas allegadas a ellos que conocieran su tradición. Así, los textos que aquí presento fueron recogidos por los asistentes del curso, estudiantes de la Universidad Autónoma de Campeche en su mayoría, una antropóloga y un historiador, entre otros. En otras palabras, se trata de una tarea realizada colectivamente con jóvenes y adultos que tienen el privilegio de conocer la tradición oral campechana a través de sus familiares y ancestros.
Como bien observó Pedrosa (1995: 57), depositarios y transmisores de la literatura de tradición oral han sido poco atendidos en los estudios de este tipo de literatura, pese a que los datos deducibles de su contexto y forma de transmisión aportan valiosos elementos respecto de cómo se conserva y se renueva la tradición. En efecto,
El transmisor es […]. un elemento nunca meramente pasivo, sino un activo recreador de variantes y un contribuyente indispensable al perfil que en cada época, lugar y momento presenta la tradición. Conocer su oficio, su idiosincrasia, su forma de relacionarse, aplicar y cultivar sus saberes tradicionales, puede ofrecer datos imprescindibles sobre la misma tradición.
Los recolectores que colaboraron en esta tarea son, en su mayoría, jóvenes estudiantes universitarios cuyos padres, tíos y abuelos y tíos abuelos son depositarios y transmisores de una tradición oral que ha sobrevivido a las tecnologías del siglo XXI y que está muy presente en la memoria de las jóvenes generaciones, entre quienes aún hay hablantes de maya. También de recolectores especializados, como la antropóloga Ana Iris Ortega Álvarez y el historiador Mauricio Cantún Caamal, por cuya profesión conocen transmisores privilegiados. Por ello, me gustaría dejar constancia de mi profundo agradecimiento a mis anfitriones y a los recolectores campechanos, que con tanto gusto me recibieron y aceptaron colaborar en este proyecto, tanto como al Dr. Luis Rodas Suárez, quien me apoyó con la atenta revisión del corpus y me hizo valiosas observaciones.
La tradición oral en Campeche no sólo se conserva mediante sus transmisores y depositarios, sino también por interesantes haciendas abiertas al público donde se conserva, por ejemplo, la memoria de la Xtabay, los saqueos de los piratas capitaneados por Lauren Graff, alias Lorencillo, a finales del siglo XVII, y la ocupación de los rebeldes durante la Revolución Mexicana. Es el caso de la antigua hacienda de Uayamon, donde actualmente es posible hospedarse, así como hacer el recorrido por la casa principal, los muros de la capilla, el hospital de caridad, la escuela, la casa de oficios, la casa de los trabajadores, la casa de máquinas, el cementerio y el sistema de riego. Se trata de una hacienda que data del siglo XVI, inicialmente dedicada a la ganadería. Desde el siglo XIX fue una de las más prósperas debido a que extendió su actividad al cultivo del maíz, el palo de tinta y el henequén. En una torre situada al costado de la casa principal está grabado el nombre de Rafael Carvajal Iturralde y el año de 1895. A juzgar por la información disponible, este personaje heredó la hacienda de Fernando Carvajal Estrada, que bien pudo haber sido su padre (Turismo Campeche, s. f).
Frente a la casa principal de la hacienda de Uayamón se yergue una enorme y frondosa ceiba que puede verse en el sitio arriba citado, a cuyo pie hay una losa carcomida por la humedad que da constancia de la ceiba como símbolo mágico, como árbol sagrado de la civilización maya y como el locus donde se aparece la Xtabay a los borrachos. Cito a continuación el texto de la losa, indicando entre corchetes las partes ilegibles o de difícil comprensión:
La historia de la ceiba
Sin lugar a dudas, un símbolo de nuestra mágica Hacienda son los árboles de Ceiba. Una de las más bellas se encuentra frente a lo que se constituía como la casa principal que pertenece a la clase Pentadra L, esta ceiba tiene una edad de 120 años aproximadamente […]. Ceiba se define como un árbol gigantesco, de hasta 60 metros de alto y [2000]. centímetros de diámetro, con grandes estivos, corteza gris, lisa y cubierta de espinas.
La Ceiba, árbol sagrado por excelencia, [h].a permanecido desde épocas remotas hasta la actualidad como un importante referente mítico para los grupos mayas. El árbol legendario, también llamado Ceibo o Yaxché, se asocia con el origen o la morada de los antepasados, que da cobijo, tanto a los muchos mercados, como a las reuniones que se celebran en las plazas de los pueblos mayas.
También nuestra Ceiba tiene su leyenda: se cuenta en el pueblo de Uayamón, que si por la noche de luna, un hombre borracho se acuesta sobre la Ceiba, una mujer de cabello rojo y largo, con patas de gallo, cuyo nombre es X’tabay, lo llama y lo pierde en el monte. Los habitantes del pueblo dicen también que hace cincuenta años eran dos árboles, los cuales estaban sostenidos por una barra de hierro, al paso de los años se juntaron las Ceibas dejando el fierro en el centro de ambas.
Debido al origen maya de la sociedad campechana, a que fue una ciudad amurallada obligada a defenderse de la piratería y a que seres como los aluxes dan constancia de la supervivencia de lugares encantados, considero que el estado de Campeche posee una gran riqueza en su tradición oral, de la que aquí sólo podemos dar una pequeña muestra, que espero sea de utilidad para futuras investigaciones.
Los asistentes del curso no sólo aportaron leyendas de Campeche, sino también algunas de Chiapas y Yucatán, lo que muestra que Campeche es un lugar donde coinciden muchos habitantes del sureste, debido a la migración que propician las fuentes de trabajo y la educación superior, entre otras causas. El criterio que seguí para incluirlos responde a que también forman parte de la tradición maya.
En el contexto de la literatura de tradición oral, entiendo la leyenda en los mismos términos que Mercedes Zavala Gómez del Campo (2020: 192); se trata de
una forma narrativa en prosa con valor de verdad, en la que el suceso narrado se ubica en un tiempo pasado más o menos reconocible por los oyentes y en un espacio que la comunidad reconoce. Se refiere, casi siempre, a la relación del hombre con lo sobrenatural y se caracteriza por presentar una estructura que podríamos calificar de sencilla y abierta.
En tanto la leyenda es un texto reconocido por su comunidad, «forma parte de un acervo colectivo, vive en variantes […].». Otros rasgos distintivos que interesa destacar es que su transmisión «es básicamente oral o mediatizada» y que «cumple con una función social y lúdica en las comunidades que las albergan» (186).
Precisamente, los textos aquí presentados tratan de la relación del hombre con lo sobrenatural, cuyo concepto también tomo de Mercedes Zavala. Se trata, por lo general, de «ámbitos desconocidos para el ser humano»; particularmente, de deidades e intercesores: «[d].esde los objetos de la naturaleza en las religiones animistas hasta Dios, la Virgen y los santos de la religión católica, así como sus antagonistas: las fuerzas del mal y el diablo»; de seres humanos con capacidad de transformase, como las brujas y los nahuales; de todos aquellos que habitan el más allá: «ánimas, espíritus y otros seres que pertenecen a un mundo paralelo, subterráneo o sobrepuesto, según las creencias de cada región, pero que pueden tener presencia en el mundo real»; finalmente, dioses prehispánicos que han pasado por el sincretismo cultural, mezclando sus atributos y características con divinidades y santos de la religión católica (199-200).
De acuerdo con lo que explica Zavala, en el corpus presentado tenemos mujeres que se transforman en figuras animalescas o que evocan el inframundo y la muerte: la Xtabay y la Tishanila; seres que provienen del más allá, como la entidad invisible que se aparece en las ruinas de Edzná para sacrificar doncellas, o que habitan en un mundo subterráneo, como los aluxes; la figura de un perro de cera que cobra vida mediante prácticas ancestrales; espíritus de animales que cuidan la milpa, como la lechona; una gruta encantada, que apela a un mundo paralelo; el charro negro, asociado con el diablo; y, finalmente, la carreta fantasma y las cadenas que se oyen arrastrar por las calles, relacionadas con el inframundo.
La Xtabay es un personaje numinoso de naturaleza dual, asociado con la ceiba, árbol sagrado de los mayas, que funge como eje axial, pues comunica a la tierra con el inframundo y con el cielo; en ocasiones puede ser algún otro árbol de la geografía maya. Suele aparecerse a los borrachos, maridos infieles y jóvenes inexpertos que transgreden las normas sociales y ambientales de la comunidad, bajo la forma de una mujer voluptuosa de larga y negra cabellera que los llama a señas, o bien de una mujer conocida, con la intención de internarlos en el monte o en sitios oscuros. Una vez en el locus terribilis, la Xtabay se convierte en esqueleto, en mujer con rostro de calavera, o bien hace notar sus pezuñas de caballo, sus pies animalescos o alrevesados, asustándolos o robándoles el alma, de tal suerte que al día siguiente despiertan con calentura y a la postre enloquecen o mueren. También hay versiones donde la Xtabay se aparece a las niñas que se portan mal y otras que expresan la ambivalencia del personaje, pues en ocasiones su aparición puede beneficiar al individuo conduciéndolo a casa, o velando su sueño. Asimismo, hay una versión que aporta la clase de peine que suele usar la Xtabay para crinar su larga y negra cabellera.
Como es sabido, en las etnias de origen mesoamericano, el universo y el inframundo se replican en formas similares que responden a su cosmovisión. Por ello es natural que en las etnias zoque y mam de Chiapas, pertenecientes a los pueblos mayas, encontremos a un personaje muy parecido a la Xtabay: la Tishanila, también conocida como Yegualcihuatl o Mala Mujer. Suele aparecerse como una mujer de belleza extraordinaria, de vestimenta sensual y provocativa, cuyo rostro se transforma en calavera o se convierte en mujer-serpiente. Seduce al mismo tipo de hombres que la Xtabay, con los mismos fines e iguales consecuencias (Cuéllar Escamilla, 2024). En las versiones recogidas en Campeche se aparece como una muchacha guapa de caderas anchas, vestida de blanco, que llama a los hombres a señas para que la sigan y luego se convierte en una mujer greñuda que mata del susto. También se aparece como una vieja greñuda vestida de blanco que lava en el río.
A propósito de las figurillas encontradas en la isla de Jaina, el arqueólogo Román Piña Chan (1996: 59) define a los aluxes como «hombrecillos que guardaban los montes y las milpas». Se trata de cuidadosas y finas estatuillas de barro, que retratan a la gente de su época, hechas por maestros alfareros para acompañar a los difuntos en su camino al más allá, encontradas en la isla de Jaina, que en maya significa «Lugar de la Casa del Agua». Por el realismo y la maestría de su manufactura se han considerado obras de arte menor que pueden compararse con las tanagras griegas o los marfiles de China (52-54). El antropólogo David de Ángel García (2007: 142-143), luego de hacer trabajo de campo en las comunidades campechanas de habla maya Tankuché, Nunkiní y Santa Cruz, entre 2006 y 2007, explica que el alux es el principal habitante de los cuyos, montículos de piedras irregulares bajo las que se esconden restos de las ruinas de los antiguos mayas, y se le considera como «Dueño o Señor del terreno y del monte». Esta idea se basa en la creencia de que los antiguos mayas los crearon y los pusieron ahí para proteger los vestigios, con el objeto de que vigilaran que no fuesen desmantelados ni profanados. Así, son concebidos como guardianes de los cuyos, pero no son personas, «son de puro aire»1. Por su parte, Preuss anota que, en la tradición maya yucateca, su aspecto es de niños pequeños con cara de viejitos que visten de blanco, llevan sombrero y huaraches y gustan de silbar. Suelen aparecerse a los niños para invitarlos a comer a sus casas dentro de los cuyos; lo frecuente es que el niño llore o le avise a su madre, luego de lo que padecerá calentura y le arderán los ojos; posteriormente habrá que llevarlo con el chamán, quien les dirá el tipo de ofrenda que deben hacer, sea colgando determinados alimentos en la hamaca del niño o enterrándolos en las cuatro esquinas del terreno. Cuando el niño se queda a comer los alimentos con el alux, pueden suceder dos cosas. Al cabo de un tiempo que puede tomar años, el niño regresa a casa en estado alterado y sin recordar nada ni saber dónde estuvo. Con el paso del tiempo, recordará que en casa del alux aprendería el empleo de las hierbas de los antiguos mayas y cobrará conciencia de su don de curar. Pero si el alux se encariña con él y desea que le haga compañía, no lo deja regresar. Y sus padres, luego de consultar con el chamán, quien les dice que el niño está con ellos en su casa, suelen resignarse, pues piensan que no le harán ningún mal y nunca le faltará nada (2011: 10-16). En las versiones incluidas en este corpus son descritos como seres pequeños que roban, raptan, maltratan o hacen travesuras a los niños.
El perro de cera es un personaje que cobra vida con la sangre donada por el cazador en la cacería maya tradicional en grupo (batida). Está hecho de cera de abeja sin aguijón (kokok) y sangre de esa misma abeja (Sak Xik), con el objeto de que ayude en la cacería. Sin embargo, suele comerse a los cazadores. Cuando lo descubren, lo echan al mar tratando de deshacerse de él, pero sus ladridos se siguen escuchando mucho tiempo después. De acuerdo con Plata Espino, la ambivalencia del personaje en la tradición oral yucateca consiste en que, por un lado, el perro ayuda y protege a los cazadores y, por otro, la escasez de venados propicia que más tarde los devore; así, el beneficio o el mal que produce «depende del control y cuidado que el dueño tenga sobre el animal» (2017: 78).
De acuerdo con el corpus presentado, en la tradición oral maya hay animales que cobran vida de formas misteriosas que no me fueron reveladas ni las podría documentar, pero me conducen a pensar en prácticas chamánicas ancestrales. Sólo así puede explicarse la versión recogida de la lechona. A juzgar por el texto, su aparición se debe a que antiguamente los hacendados enterraban animales para que sus espíritus cuidaran sus tierras y evitaran el robo de sus frutos.
La gruta a la que accede tío Félix se debe a que en tierras yucatecas también hay espacios encantados. El encanto, lugar donde acontece lo sobrenatural, es un mundo subterráneo parecido a un paraíso encantado que no es accesible para los humanos, pues podrían perderse o quedarse atrapados a merced de sus habitantes. Tampoco es visible porque está en una dimensión alterna. Suele ser un mundo abundante y montaraz que responde a la concepción del Tlalocan mesoamericano. De acuerdo con López Austin, en muchos pueblos indígenas de la actualidad ha sobrevivido esta idea. Se trata de un lugar sagrado conectado por un eje axial, a menudo representado por un árbol que comunica el mundo subterráneo, la tierra y el cielo (López Austin y López Luján, 2009: 39-40).
El charro negro es uno de los típicos personajes de la tradición oral de México que está presente en refranes, coplas y leyendas; representa a hombres elegantes, atractivos y poderosos asociados con la seducción y la tentación, así como con la soberbia, la vanidad y la avaricia. El charro, a su vez, es una de las representaciones del diablo (Carranza, 2014: 12). La versión incluida de Yucatán deja ver el carácter seductor del diablo que le habla a la joven Mariela, así como el enorme tamaño del personaje y su habilidad para desaparecer en la oscuridad.
Leyendas de la carreta fantasma tirada por caballos y del sonido de cadenas que arrastran por las calles hay muchas en la tradición oral de México. Sin embargo, la versión de la leyenda de la carreta fantasma presenta una diferencia importante. Al salir de una mata de ramón, alude a un lugar encantado, pues se trata de un árbol que llega a medir hasta 45 metros, que bien puede funcionar como eje axial.
Los textos se organizaron de acuerdo con los personajes, objetos y lugares donde se desarrollan los acontecimientos; los títulos que van entre corchetes son los proporcionados por los recolectores. Anoto los datos de éstos y de los informantes, proporcionando algunas notas de interés para que el lector pueda advertir la cadena de transmisión, así como para que puedan ser de utilidad en futuras investigaciones. Debido a que la mayoría de los recolectores son estudiantes de la licenciatura en letras, cuyos textos muestran su voluntad de narrar los hechos de una manera literaria, indico cuando se trata de una reelaboración, o bien de una transcripción. Ante la variedad de formas de escribir Xtabay, en virtud de que es una palabra maya, la homogeneizo de acuerdo con la pronunciación actual y conservo los artículos la o él que suelen emplear los transmisores por una cuestión de gusto, como me informó el historiador Mauricio Cantún Caamal, pero que no tiene que ver con el género del personaje, que es femenino. En las versiones presentadas, especialmente en las transcripciones, respeté el lenguaje oral, conservando las contracciones tons (entonces), taba (estaba), namás, nomás (nada más), apá (papá); la elisión del fonema s al final de una palabra (vamo/ vamos), frecuente en el habla del sureste mexicano; vacilaciones en el género gramatical de sustantivos (la ceiba/ el ceibo); arcaísmos (ahí de/ en casa de); formas de variación dialectal comunes en México, como jueron en vez de fueron, y deslices gramaticales en la conjugación verbal, como andara en vez de anduviera. En las reelaboraciones corregí faltas de concordancia entre género y número, algunos signos de puntuación y puse comas para verbos elididos. En las notas a pie de página aporto información contextual que consideré pertinente para una mejor comprensión de los textos.
Informó: Lucrecia Cavich Chi, 96 años, campesina hablante de maya, originaria del poblado de Chunhuás, Calkiní, Campeche.
Recogió y reelaboró: Victoria Caamal Cahuich, 55 años, licenciada en Educación, hablante de maya, originaria del poblado de Chunhuás, Calkiní, Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2025.
[Esta versión se basa en la versión escrita, mucho más amplia, del escritor yucateco Luis Rosado Vega2 (1873-1958), que lleva por título «El origen de la mujer Xtabay»; al final anota que fue tomada de El alma misteriosa del Mayab, de su propia autoría, que Botas editó en 1934 (Rosado Vega, 1951: 121- 124)].
Cuenta la leyenda que sucedió en un pueblito. En un pueblito lejano a la ciudad vivían dos hermanas solteras en una casita de guano y bajareque hasta el fin del pueblo. Una de ellas es muy guapa y hermosa, únicamente se dedicaba a su belleza. La otra hermana era muy trabajadora, hogareña y siempre tenía la casa limpia y arreglada; también cultivaba hortalizas como calabaza, frijol y epazote para su consumo.
La hermana guapa y hermosa todos los días, entrada la tarde, se iba a la placita del pueblo a sentarse y se le acercaban los hombres a platicar con ella. Entonces, las mujeres de la comunidad se empezaron a enojar porque decían ellas que les estaban enamorando a sus esposos.
Un día se organizaron y fueron a la casa de las dos hermanas a decirles de cosas. Entonces, la hermana trabajadora y hogareña, llamada Utz Ko’olel, le dijo a su hermana hermosa y guapa, llamada Xkeban Ko’olel, que se fuera de la casa. Así que ella se fue a vivir muy lejos del pueblo. Allá, lejos del pueblo, vivía y ahí llevaba a sus enamorados para seducirlos.
Pasaron los años y un día una persona pasaba cerca de la casa de la mujer hermosa y guapa, llamada Xkeban Ko’olel, cuando sintió un olor desagradable. Fue la hermana Utz Ko’olel a verlo y encontró a su hermana muerta. La llevaron al panteón a enterrar y en su tumba creció una flor con aroma desagradable con espinas. Y, cuando falleció la hermana Utz Ko’olel, sobre su tumba crecieron flores con aroma agradable.
Informó: Francisca Colli, ama de casa, abuela de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Melina Alejandra Villarino Botello, 22 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2025.
[La recolectora indica que esta versión la escuchó de su abuela cuando tendría entre 70 y 80 años].
Tendrá ya varias décadas de haber acontecido, pero a la memoria de Francisca Colli y siendo esta una historia contada por ella, decido hoy compartirla.
En el pueblo de Sihochac3, en la década de 1960, ya se contaba la historia de la Xtabay, figura de una mujer fatal que se llevaba a los hombres borrachos, abusivos y aprovechados del poblado. A pesar de tenerle temor a esta figura, ya se tenía normalizada su presencia en el lugar, e incluso se le guardaba el debido respeto, al igual que a otras figuras espectrales.
Francisca Colli contaba la historia de un joven muchacho en sus veintes. Su nombre era Coro y era un simple muchacho común iniciando su vida. Una noche de fiesta en el pueblo, sus amigos le hicieron beber de más, sin mencionar que hubo la posibilidad de que le hayan hecho probar algún estupefaciente.
Ya entrada la noche y gracias al testimonio del acostumbrado loquito del parque, la familia se enteró de que se le vio por última vez caminando desesperado, como si estuviera buscando a alguien, mientras hablaba solo. De esta manera es como el joven Coro desapareció sin dejar señal alguna de su paradero. No fue sino hasta varios días después, y sin que nadie viera por donde llegó, que apareció en su casa sin ninguna señal de abuso, violencia ni maltrato, inclusive sus pertenencias se encontraban intactas. De no ser por una tembladera anormal a causa de un frío que juraba sentir, a pesar del acostumbrado calor del lugar, uno diría que fue como si nunca hubiera desaparecido.
Otros varios días pasaron y, con el pesar de la familia, este joven no daba señales de mejorar. Desconozco si se le realizó algún ritual de limpia o incluso algún tratamiento médico de la época. Pero, de cualquier manera, el resultado fue fatal y, a causa de tan severa fiebre, este joven murió una tarde, sin otro aviso que el silencio, tras días de escucharle castañear los dientes.
Esta historia y su muerte, aunque ya de por sí extrañas, podrían haberse considerado como un evento más, sin intervención sobrenatural ninguna. Pero con el pasar de las semanas, y sin que nadie se haya dado cuenta, una ceiba comenzó a crecer en el patio de la casa. Nadie la regó, nadie le dio el cuidado apropiado y, aun así, creció grande y frondosa. Durante mucho tiempo permaneció en el lugar como un recordatorio de que este joven fue llevado por la Xtabay.
Informó: Adriana Tzuc, 46 años, ama de casa.
Recogió y transcribió Antropóloga Ana Iris Ortega Álvarez, 45 años, auxiliar administrativa de la Junta Municipal de Hampolol. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
La Xtabay en Hampolol4 aparece también, sólo que acá no es necesariamente en una ceiba. Aparece en un árbol de pich5 muy antiguo, que comparte historia con la Xtabay. Ese árbol de pich ha sido parte de la historia de la Guerra de Castas6 y de la época de la Revolución. Las ánimas que ahí aparecen son las personas que ahorcaron y fusilaron en estos conflictos y de vez en cuando hacen sus apariciones con sus lamentos. La Xtabay en esta parte también se les aparece a las niñas que trasnochan o que hacen travesuras, cuentan dos amigas diferentes.
Adriana Tzuc caminaba de noche; a la medianoche tuvo que ir a buscar a su papá y al pasar frente al pich una mujer de blanco de cabello largo le llamaba para que se acercara al árbol. Como ella ya sabía que era la Xtabay, se volteó y apresuró el paso. Escuchaba que la llamaban por su nombre y más se apuraba. No quiso voltear, pero dice que ya nunca más volvió a pasar por ahí de noche.
Informó: Yara Naal, 32 años, empleada de un comercio.
Recogió y transcribió: Antropóloga Ana Iris Ortega Álvarez, 45 años, auxiliar administrativa de la Junta Municipal de Hampolol. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
Yara Naal cuenta que de pequeña era muy traviesa, que una vez le prohibieron salir de la casa porque era la más pequeña. Ella desobedeció porque quería jugar en el parque y se salió. Entonces, vio a una mujer igual físicamente a una de sus hermanas que le hablaba detrás de un árbol. Ella se dirigió hacia esta mujer creyendo que era su hermana, hasta que de repente se le puso la piel de gallina y volteó a ver bien a esta mujer y alcanzó a verle las manos y las uñas, que eran horrorosas. Volvió a verle la cara y era horripilante. Salió corriendo y llorando; regresó a su casa gritando que la Xtabay se la quería llevar.
Informó: Marcos Benjamín Moo Balam, 65 años, electricista de la Junta Municipal de Hampolol.
Recogió y transcribió: Antropóloga Ana Iris Ortega Álvarez, 45 años, auxiliar administrativa de la Junta Municipal de Hampolol. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
En el caso de los hombres, Don Marcos Moo cuenta que fue a Kobén7 a componer algo sobre la corriente eléctrica y se le hizo tarde. Venía hacia Hampolol en su bicicleta y, al entrar por la primera entrada, vio en el aire una mujer en camisón, que se estaba peinando. Sintió miedo y se movió lo más rápido que pudo de ahí. Don Marcos no toma ni es mujeriego, es un hombre trabajador y siempre se pregunta por qué se le apareció.
Informó: Apolinar del Ángel Paredes Hao, 55 años, trabajador independiente.
Recogió y transcribió: Antropóloga Ana Iris Ortega Álvarez, 45 años, auxiliar administrativa de la Junta Municipal de Hampolol. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
Don Polo es un andariego, mujeriego y le gusta la embriaguez. Una noche vio a una mujer; él venía de echar trago8 y se sentó en una piedra frente a una ceiba y cuando volteó vio que su mujer venía caminando. Él creyó que Martina lo iba a regañar por andar tomado y se quedó quietecito, esperándola. Cuando esta mujer llegó a su lado vio su ropa blanca y que ella flotaba. Al levantar la mirada, la vio que voló y se subió a la ceiba frente a él y lo llamaba. Don Polo salió corriendo hacia su casa muerto de miedo y desorbitado de los ojos. Al otro día le dio mucha temperatura. Cosa curiosa, en esa ceiba hay una camisa atorada blanca. Nunca sabremos si eso fue lo que vio Don Polo en esa noche de locura o si era realmente la Xtabay.
Informó: Juan de Dios Tut, 71 años, jubilado y tío lejano de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
[Esta versión fue transmitida a la recolectora entre los años 2015 y 2016].
Recuerdo que en una de esas reuniones donde íbamos a comer pan con mi tía Martha, o no sé bien si en una de esas veces que iba a la tienda de doña Julia, me ponía a platicar con el «tío Juan». Aquella vez me vio muy interesada por sus historias. Fue entonces que me dijo que de joven iba a los bailes, pero que ya no quería ir, que quería cambiar porque ya estaba por casarse. Decía que, en esa ocasión, había baile cerca de por ahí, pasó su compadre e intentó convencerlo de ir; al final fue al baile.
A la hora de regresar, su compadre se quedó atrás. Ya saliendo del baile, un poco más alejado de la bulla y el chupe9, había una muchacha bien bonita, pero ¡uff! con un huipil10 bordado y de cabello largo. Él se intentó acercar a la muchacha porque lo estaba llamando, pero dice que mientras se acercaba, él se acordó de que ya tenía novia, pero aun así no podía parar de acercarse, hasta que vio que la muchacha tenía los pies al revés y él se agarró a correr.
Al día siguiente, lo fueron a buscar porque su compadre no regresó. Como ellos estuvieron en el baile, pues lo fueron a buscar. Se metieron en el monte, lo buscaron en la ciudad, tardaron tres días en buscarlo y lo encontraron con calentura en una cueva. La cueva estaba cerca del árbol de la Xtabay, así fue como él cuenta que gracias a Dios no se lo llevó la Xtabay, pero el pobre de su compadre que no quedó bien.
Informó: Ana Francisca Mass Canul, 59 años, ama de casa, madre de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
[Esta versión solía ser contada por el tío y vecino de la recolectora, Juan de Dios Tut].
Cuando había bailes en los farolitos, cuenta el tío Juan que saliendo del baile con su amigo vieron a una mestiza bien hermosa. Les hacía ojitos, pero a él le dio miedo y empezó a correr. El otro muchacho le hizo caso, dice que se fue con ella. Ahí lo encontraron en un hueco de matas11 de plátano, ahí lo encontraron. Tres días lo anduvieron buscando hasta que lo encontraron metido en un hueco de las matas de plátano con mucha calentura. Estaba hasta temblando. Entonces, eso decían que hacía la Xtabay. Si podías te morías ahí si no te buscaban.
Informó: Félix Mass Cocom, de 83 años, campesino y curandero, tío abuelo de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
[Esta versión le fue transmitida a la recolectora en Santa Elena, Yucatán12, en abril de 2015].
Me contaba mi tío abuelo Félix que él conoció a la Xtabay. Él venía de Bolonchén13, pero en una cantina le dieron un trago fuerte para aguantar el camino, así se fue porque dijo que tía María lo iba a regañar. Entonces ya había salido de Bolonchén. Dijo que, aunque llegara a medianoche, sí iba a llegar en bicicleta. Entonces, me dijo que vio a una señora de huipil blanco y pelo largo, que se estaba peinando en un árbol. No recuerdo si me dijo del árbol de ceibo. La cuestión es que él me dijo que la señora le estaba hablando, pero como él le dijo que ella tenía esposa y que se tenía que ir a verla. Entonces se le acercó la señora de huipil y ésta le dijo que estaba bien guapo, a lo que él respondió que tenía señora y tenía que llegar. Él también le dijo que tenía que irse, que no se podía quedar. Fue así que la señora dijo que le iba a llevar a su casa:
—Pero… ¿y cómo? —cuestionó mi tío.
Entonces, se sintió como cansado. Se durmió allá en el árbol. Cuando amaneció en el patio del frente, ahí de la casita de guano, ahí apareció y lo regañó la tía porque llegó borracho. La cuestión es que luego me dijo que entre sus sueños le dijo la señora que, como le hizo el favor de regresarlo a su casa, tenía que devolverlo. El tío Félix cuenta que le tuvo que llevar una ofrenda al árbol, que cuando él viera el árbol, en la misma luna llena, iba a saber que ese era el árbol. Le llevó miel y otras cosas que le pidió. Eso me contaba mi tío en Santa Elena.
[La Xtabay es buena en muchos aspectos].
Informó: Gaspar Rodríguez Che, 60 años, jubilado y abuelo del recolector.
Recogió y reelaboró: Limberth Emmanuel Rodríguez Morales, 23 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
Una vez Gaspar Rodríguez jugaba con su hermano Raymundo Rodríguez en un monte alejado de la población que hoy se conoce como Nilchí, poblado de las afueras de Campeche14, cuando eran niños. Pasaban las horas cuando anocheció y Gaspar, preocupado por las horas, decidió regresar a su casa porque una vez su madre le contó que en los montes, especialmente de noche, suceden cosas raras. Su madre le dijo que ahí aparece la Xtabay. La Xtabay es, según lo cuenta, una mujer bella, de pelo negro lacio y largo que le cubría el pecho y vestía un traje típico blanco. Pero su hermano Raymundo, quien no cree en esa leyenda, decidió quedarse un rato más, así que Gaspar se fue sin decirle nada.
Cuando iba a dar la medianoche, Raymundo empezó a oler un aroma proveniente de los árboles; lo detallaba así:
—Era un olor increíble entre flores y canelas, de frutos rojos.
Intentando averiguar de dónde provenía el olor, vio a una mujer bella y desnuda, atrayéndolo con su olor. Asustado, decidió irse del lugar corriendo sin mirar atrás. Cuando llegó a casa, rápidamente le contó a su mamá lo que vio. Estaba asustado, temblando, sudaba mucho y no podía contener el aliento de lo que vivió aquella noche.
Pasaban los años y los hermanos ya jóvenes empezaban a adaptarse a su estilo de vida. En una de esas noches, Raymundo empezó a enfermar gravemente. No se sabe qué enfermedad tenía, pues los médicos que asistían no daban una explicación certera del caso. Al caer la noche, Raymundo empezó a tener pesadillas frecuentes relacionadas con la extraña mujer que se encontró en los montes aquella noche cuando era niño. En uno de esos sueños, no sabe cómo explicarlo, pero recuerda que la Xtabay le habló a través de los sueños y le dijo:
—Espero que te recuperes de tu enfermedad con un beso.
El joven no lo podía creer cuando la mujer lo besó en la frente.
Tiempo después, Raymundo decidió contarle su historia a Antonio Mediz Bolio, escritor yucateco15. Finalmente, Raymundo se casó y actualmente vive en Mérida, Yucatán, con su esposa e hijos y tiene una historia que vivir por parte de su padre.
Informó: Javier Antonio Rodríguez Duarte, 52 años, originario de San Francisco de Campeche, padrastro del recolector. Campeche, Campeche, 23 de octubre de 2024.
Recogió y transcribió: Kenrick Alejandro Esquivel Murrieta, 21 años, originario de Candelaria, Campeche, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche.
[Esta versión fue transcrita durante la transmisión, vía telefónica, por lo que no se cuenta con grabación].
Allá justamente donde nosotros crecimos, en la estación antigua, justamente esa parte sí estaba poblada, pero no estaba muy iluminado y tampoco pues no estaba poblado como ahorita. Entonces, varias personas manifestaron que lo vieron en el campo que es de la estación antigua, enfrente del parque. Ahí había un árbol que estaba en medio del campo, un árbol grande; realmente, no sé ni de qué era ese árbol. Ahí jugábamos nosotros futbol, ahí se ponía la gente a tomar y todo, pero en esa parte pues antiguamente —date cuenta que cuando hemos ido para ahí para la casa, que compramos los helados, enfrente hay como una calle así en diagonal, esa parte de la calle en diagonal no era calle, era parte del campo—, la gente que cruzaba para esos lados, que vivía de ese lado, no caminaba por la calle ni daba toda la vuelta hasta llegar a la esquina, sino, para ellos era más fácil cortar camino de esa misma forma y cruzar en diagonal. Y justamente donde cruzaban en diagonal, ahí estaba el árbol y varias personas manifestaron que se les aparecía una mujer muy guapa, que siempre estaba de vestido blanco y que tenía el cabello negro muy largo y era muy bonita. Les llamaba, pero normalmente no se le aparecía a cualquier tipo de persona, por eso a veces muchos no lo creían, sino que sólo se les aparecía a puros borrachitos.
La historia dice que te lleva el Xtabay, te lleva, te pierde, ¿por qué? Porque te está hablando y como tú la ves, vas yendo para intentar alcanzarla, pero no la alcanzas porque a esa mujer tú siempre la ves de frente, no la ves que camine, pero siempre ella se va haciendo para atrás, como que flotaba. Entonces, así es como comentaban que se llevaba a las personas.
Exactamente yo nunca vi que realmente mataran a nadie; yo era muy chico en ese entonces, pero sí nos daba miedo; eso era en esa parte de ahí que decían que se aparecía, justamente en un árbol. Ya más, así de la historia del porqué, pues sucedió algo así como la Llorona, son cosas que ocurrieron ahí y que la misma gente contaba que pasó. Raro, pero ¡bueno…!
Lo que sí mencionaban es que algunos que lograban reaccionar, era cuando le veían los pies, que no eran de humano, eran como de un animal y la mujer como que levitaba. Por eso decían que te llevaba, porque tú le estabas viendo la cara de frente, pero nunca la alcanzabas. Entonces, los que lograban dimensionar un punto, pues se escapaban, pero pues como siempre agarraba puro borrachito, pues se los llevaba.
Ahí en esos lugares en donde te estoy contando, pues sí pasaban cosas, porque todo lo que ahora son las casas de las vías, pues era puro monte eso; ahí veían hasta duendes, cosas así. Así que sí pasaron cosas extrañas; ahora, pues ya todo está urbanizado.
Esto sí es verídico, eso sí pasó, en la estación antigua, ahí paraba el tren y, después, llegaba a lo que era su paradero, por las lomas. Y en la parte de arriba, el cerro, donde ahora viven los obispos, anteriormente era una casa psiquiátrica, clínica mental, donde vivía el doctor Rivas, la gente también lo llamaba «el loco Rivas». Entonces, la gente, nadie quería llegar por allá, era una clínica muy famosa, pero todos sus alrededores eran puro monte y todo lo que lo rodeaba era puro monte y las casas estaban muy separadas. Entonces, en ese lugar y frente a las vías del tren, se cuenta que ahí aparecía.
En ese árbol, ya ves cómo la gente en los árboles grandes siempre le gusta tomar cerveza, sentarse y todo. Entonces, cuando cruzaban, pues se les aparecía. Lo manifestaron muchas veces, que se les apareció el Xtabay.
Otro lugar en donde dicen que se aparecía mucho es ahí en las vías del tren, en las vías del tren, ahí donde he ido a la carpintería, más adelante hace una curva el tren, había un tramo en donde siempre ha habido casas. Pero justo donde dan las vías del tren siempre estaba oscuro; justamente, también había un árbol. Entonces, a ese lugar también llegaban muchos borrachitos. Y hubo uno que fue muy sonado porque dicen que se le apareció la Xtabay. Pero él tenía un cuchillo y cuando le vio que sus pies no eran de una persona, sino que eran pies como de un animal, sacó su cuchillo y empezó a clavárselo. Y después huyó, pero el asombro es que cuando regresaron al siguiente día, el cuchillo estaba, pero en un árbol. Eran árboles muy grandes.
Esa era una particularidad, que siempre que aparecía, lo hacía alrededor de un gran árbol. Ese árbol de allá, el de la estación antigua, no era como tal un ceibo, pero sí era un árbol grande ¡bueno! que yo recuerde. Podría ser que sí sea un ceibo, pero el de las vías del tren. Yo me imagino que lo relacionan con un ceibo por la dimensión del árbol; lo que sí te puedo decir que esos árboles eran muy grandes.
Ese árbol, el de la estación, lo mandó a tirar un vecino porque estaba a un costado del campo y era un árbol muy grande con raíces. Entonces, nosotros ahí jugábamos futbol y podrás entender que ocasionaba accidentes. En esos tiempos no había calles para subir al cerro, todo estaba oscuro.
[Interacciones con la Xtabay].
Informó: Enriqueta Eligio Mora, 60 años, ama de casa, residente de Champotón16.
Recogió y reelaboró: Karen Anneth Cruz García, 20 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
[La recolectora indica que lo contado le ocurrió a Enriqueta cuando tenía 21 años, en la villa de Sabancuy17, situada entre Champotón y Ciudad del Carmen18].
Estaba sola en la casa con mis hijos pequeñitos. Era una casita sencilla de guano y madera, así que se escuchaba todo de afuera. Esa noche yo escuchaba ruido de personas como que hablaban, como en las procesiones funerarias. Luego, escuché que tocaron mi ventana y decían mi nombre. Pensé que era una amiga, una señora mayor que estaba sola. Abrí la ventana y miré, pero no había nadie. Me asomé más y volteé a los costados. Entonces, vi a una señora vestida toda de blanco y con el cabello negro muy largo. Se movía con el viento como si caminara muy rápido, pero no había aire. Me di cuenta de que no se veían sus pies, estaba flotando. Me espanté, revisé a mis bebés y oré. Me quedé dormida y soñé que alguien me daba una vela en el sueño y la ponía al lado de donde dormía.
Cuando desperté, había un hueso a mi lado, parecía humano porque era muy largo, pero nunca averigüé. Se lo di a mi suegro y él se lo llevó. Le conté lo que había visto y lo que soñé. Él dijo que era porque insultaba y maldecía mucho, que los insultos y portarse mal llamaban a los malos espíritus y que sería mejor que comenzara a comprometerme en la iglesia. Lo hice, pero, aun así, les tengo respeto. Nunca hay que jugar con los espíritus o malos aires.
Informó: Enriqueta Eligio Mora, 60 años, ama de casa, residente de Champotón.
Recogió y reelaboró: Karen Anneth Cruz García, 20 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
[Esta versión le fue transmitida a Enriqueta por su padre Manuel Eligio, quien vivió en Isla Aguada19, Champotón y Escárcega, y tuvo esta experiencia cuando tendría entre 30 y 31 años].
Cuenta don Manuel Eligio que una vez se quedó dormido en el campo después de trabajar, por beber demasiado aguardiente. Como el lugar en el que vivía estaba cerca, no le preocupó sentir que lo acariciaban de la cabeza a los pies. Pensó que era mi mamá —dice doña Enriqueta—, así que entreabrió los ojos y se dio cuenta de que lo acariciaba una cabellera larga y negra. Pensó que era mi mamá, porque ella también tenía el cabello muy largo, pero era ondulado. Cuando volteó hacia abajo, se dio cuenta de que la persona tenía pies de animal y pezuñas como de caballo.
Él sabía muchas cosas del monte porque había sido cazador y creció en rancherías. Para ese tiempo empezaba a meterse en la religión, así que cerró los ojos e hizo una oración. Volvió a abrir los ojos cuando escuchó a mi mamá, doña Aída Mora, llegar. Le preguntó si ella lo había acariciado con su cabello y cuando ella le dijo que no, le contó lo que pasó y ambos se dijeron que había sido la Xtabay.
Informó: Rocío del Carmen Cantún Caamal, 50 años, ama de casa, hermana del recolector.
Recogió: Mauricio Cantún Caamal, 49 años, historiador e investigador maya-yucateco.
Transcribió: Donají Cuéllar Escamilla.
[Esta versión le fue transmitida a la informante en su niñez por su tío abuelo Roberto Mijangos Ordónez, a quien se le apareció la Xtabay en el terreno donde vivía su familia].
Nos levantábamos y ya el árbol del anona20 ya estaba cuchillado. Y el señor nos enseñaba cuántas acuchilladas ya le había dado al anona, porque no era una, eran como ocho. Así estaba el cuchillo: tas tas tas21, donde le clavaba, porque el Xtabay se lo estaba llevando. Pero un día nos levantamos y no está el señor. Tons, empiezan a buscarlo todos los demás dónde está. Y fuimos adonde está la cueva, la cueva que colinda con la casa de lo que es Lucía. Y ahí en esa cueva, ahí estaba el tío. Pero resulta que el tío estaba hasta encuerado, taba encuerado, y quien lo sacó fue papá. Lo empezaron a sacar y le tiraron una cuerda, para que el tío…
—¿Qué hace ahí éste?
—Es que me estaba llevando, me dijo que vamos. Tons, yo la fui siguiendo, llegué acá.
Entonces, él me decía que era una mujer muy bonita de cabello negro, largo, que hasta le peinó su cabello con esa cosa que decía que era del Xtabay. Que él la fue siguiendo y su ropa era blanca; una mestiza muy bonita ella.
—¿Le vio su cara, tío?
—Cuando le vi su cara fue que me espanté— dice, porque su cara parecía calaca, porque al momento de tocarla, porque él decía que la tocó, tocó hueso.
Al tío seguido se lo querían llevar, seguido. Y el árbol en la que daban las cuchilladas era el árbol del anona. Ese árbol cómo tenía de cuchilladas, donde lo clavaba seguido porque no era una vez solamente, era seguido lo que le pasaba a él, a él, en especial. No sé si había otros, pero él, sí me acuerdo del tío don Beto.
Informó: Rocío del Carmen Cantún Caamal, 50 años, ama de casa, hermana del recolector.
Recogió: Mauricio Cantún Caamal, 49 años, historiador maya yucateco.
Transcribió: Donají Cuéllar Escamilla.
[La informante indica que lo narrado le ocurrió a su vecino Lupe Pech en su niñez, y que fue muy comentado por sus vecinos].
Allí había un árbol de ciruela, y ahí, ahí es donde se llevaban a don Lupe. A don Lupe lo agarraban y se lo llevaban. El señor se sentaba acá, venía a vigilar en la… ¡la piedra! ¡la piedra! ¡hablaba con la piedra! ¡hablaba con la piedra! Y luego decía:
—Sí, porque ahí me está llevando, ahí está el Xtabay.
—¿En dónde?
—Aquí, en el árbol.
Y ahí estaba el árbol, en el árbol de ciruela. A él ahí se lo llevaron, en el árbol de ciruela.
—Ahí está sentada, ¿no la vieron?
—¡Claro que no!
Esa es la que comentaban Miguel y Carlos, cuando comentaban que pasaba una mujer con una carreta, desnuda, que hasta ellos se quedaron. ¿Sabes qué hicieron? Había un carrito acá, el carrito era del tío Marcelino, ahí se quedaron, hasta vino Julio, los tres, porque se iban a ver que pasara. Es la que contaba don Lupe, decía:
—¡el Xtabay, ya pasó el Xtabay!—, porque el señor en especial, hasta tenía los días que decía que el Xtabay pasaba. «Pero era un borrachito también», dice una voz que se oye al fondo.
Deja recuerdo muy bien cómo… Porque para ellos eran hasta días especiales que lo platicaban ellos, que pasaba. Y era casualidad. Lo mismo que le pasaba al tío don Beto, le pasaba a don Lupe: a los dos. Al señor lo llevaban en el árbol de la ciruela, y al tío, el que era el árbol del anona. Casualidad, no sé si es casualidad, pero eran a los dos, así les pasó.
Informó: Rocío del Carmen Cantún Caamal, 50 años, ama de casa, hermana del recolector.
Recogió: Mauricio Cantún Caamal, 49 años, historiador maya yucateco.
Transcribió: Donají Cuéllar Escamilla.
[Esta versión le fue transmitida a la informante en su niñez por su tío abuelo Roberto Mijangos Ordónez, a quien se le apareció la Xtabay en el terreno donde vivía su familia].
Aquí en el terreno había un árbol o una planta, una guía, que es la que le dicen que es con la que se peina el Xtabay22. Entonces el tío don Beto decía que por eso tenía la peculiaridad de andar aquí en este lugar, porque aquí estaba hasta su peine de la mujer. Que siempre a él en especial lo venía a…. Él decía que lo venía a buscar a él. Entonces, aquí había el… no sé si es una guía, una planta, no sé qué es, pero algo así.
—Una guía que estaba enredada en el ciruelo, junto al copó23—, dice una voz al fondo.
Ahí está, es una guía. Él alegaba esa parte, que por eso había… Hasta decía:
—Niñas, péinense con esto porque su cabello les va a crecer bien bonito.
—Oiga tío, ¿y qué tal está la Xtabay?
—Tá Bonita.
—¿Y cuando la agarra?
—No— dice, es una calaca.
—Ah, entonces no, tío, no lo queremos ver.
—No, no lo vean— dice.
Informó: Lucrecia Cavich Chi, 96 años, campesina, hablante de maya, originaria de Chunhuás, Calkiní, Campeche.
Recogió y reelaboró: Victoria Caamal Cahuich, 55 años, licenciada en Educación, hablante de maya yucateco, originaria de Chunhuás, Calkiní, Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2025.
Cuenta la leyenda que sucedió en un pueblito de una comunidad lejana en los montes altos de Los Petenes24, a un grupo de hombres que les gustaba ir a cazar. Como nunca podían cazar venado, un día a un integrante del grupo se le ocurrió algo novedoso y les dijo a sus compañeros:
—Vamos a elaborar un perro para que nos ayude a cazar venado. Y sus compañeros dijeron que sí: —Está bien, vamos a elaborarlo.
Entonces comenzaron a elaborar al perro y colectar la cera de lokok25. A diario, ellos elaboraban las partes del cuerpo: cabeza, oreja, patas, cola.
La elaboración del perro tardó nueve días para poder terminarlo; ellos estaban contentos porque ya casi terminaban al que los iba a ayudar a la caza.
Al noveno día estuvo lista la elaboración del perro de cera y dijeron:
—También le pondremos sangre para que sea un ser viviente.
Entonces, le pusieron sangre de Sak Xik26.
Contento y emocionado, el grupo de campesinos cazadores se dispuso a hacer una batida27 en el monte; regresaban de la batida y descansaban. Preparaban su comida y, al entrar la noche, un integrante del grupo no llegaba. Y así, cada vez que salían a la batida. Entonces, ellos decidieron salir a averiguar qué estaba pasando con sus compañeros de batida.
Entonces, descubrieron que el perro que ellos elaboraron se estaba comiendo a los integrantes del grupo. Se organizaron para atraparlo, pero para poder hacerlo, quemaron incienso. Lo lograron atrapar lazándolo y lo amarraron para llevarlo al mar. Así, el grupo de campesinos cazadores se deshicieron del perro que elaboraron.
Cuentan los campesinos de la comunidad de Chunhuás28 que cuando ellos van a trabajar en los montes de Los Petenes, se escucha el ladrido de un perro.
Informó: María Candelaria Caamal Cauich, 71 años, ama de casa, hablante de maya, madre del recolector.
Recogió: Mauricio Cantún Caamal, 49 años, historiador e investigador maya-yucateco.
Transcribió: Donají Cuéllar Escamilla.
[La informante indica que esta versión le fue transmitida por su madre Lucrecia Cauich Chi, a quien su padre Ruperto Cauich Trejo, campesino y cazador, se la contó. Todos ellos son hablantes de maya].
Los cazadores del pueblo se juntaron, los campesinos se juntaron, se jueron al Petén. Pero se alejaron bastante, casi llegando a la orilla de la playa, en todos esos montes donde están, pero no tenían un perro. Bueno, empezaron a recolectar los cocos, cera, cera de una abeja del monte, y ellos lo juntaron, hicieron un perrito. Pero que según cuenta el que lo contó, que drenaron su sangre y le empezaron a meter sangre al perrito, al perrito de los cocos, y que el perrito se volvió perro. Y lo tenían entre ellos, pero ellos seguían andando en el monte, y cazaron, comían. Y un día empezaron a ver que amanecía y faltaba uno de ellos. Y pasaba tiempo, y otra vez faltaba uno.
Entonces, empezaron a preocuparse porque se estaban desapareciendo ellos; empezaron a ponerse abusados29. ¿Qué animal los está comiendo? Porque ellos entendían que un animal los estaba comiendo. Entonces no sé cómo lo cacharon, pero era el perrito el que se los estaba comiendo, y agarraron al perrito, le pusieron una cadena y lo metieron en el mar. Y lo dejaron el mar.
Cuenta la historia que cuando los campesinos se juntan para ir a cazar —porque en ese pueblo siempre se juntan a ir a hacer su recorrido ahí en ese lugar, que no sé si es muy bonito, porque yo soy mujer y nunca he ido, pero yo oigo que todo mundo dice «vamos a ir al Petén, vamos a ir al Petén», y se van—, oyen que camina el perrito con su cadena. Y la historia es así. No sé si es un invento, no sé qué sea, pero así es el cuento.
Informante: Ana Aurora Che Rosado, de 68 años, ama de casa, abuela de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Vanessa Guadalupe Alfaro Calles, 19 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche. 24 de octubre de 2025.
[La recolectora indica que este caso sucedió cuando su abuela tenía ca. 10 años].
Mi abuelita relata que vivía en Escárcega30 y que ahí conoció a un amigo que le contaba que todas las noches, después de que sus papás se dormían, él salía a jugar con unos amiguitos que lo iban a buscar a su casa, y para ello, sus amiguitos le tiraban piedras a su ventana para que él saliera a jugar con ellos. Esto duró por muchos meses, siempre la misma rutina, ellos iban por él y él jugaba con ellos. Para hacer énfasis en la historia debo decir que Escárcega antes no era tan habitado como en la actualidad y en este municipio las casas tenían un largo terreno lleno de árboles y milpa.
Continuando con la historia, un día el niño se encontraba enfermo y es por ello que cuando estos amiguitos lo fueron a buscar, él no quiso ir, porque se sentía mal. Sus amiguitos se enojaron porque él los rechazó y por ello se lo llevaron. Los padres y los pobladores lo buscaron por mucho tiempo, pero sus búsquedas no tuvieron éxito. Tiempo después, este niño apareció recostado entre un árbol que se encontraba entre la milpa, pero este niño no era el mismo. Él desvariaba y decía que quería ir a jugar con sus amiguitos. Después de ser encontrado, este niño empezó a tener calenturas muy fuertes y después de unos días, falleció.
Los pobladores decían que a este niño se lo llevaron los aluxes y por eso él quedó ido, porque ellos no querían que se supiera que ellos lo tenían. De igual manera, la descripción que daban de estos llamados «amiguitos» era la de unas criaturas no muy altas, del tamaño de un niño pequeño y con cabello feo.
Informó: Glendy Ofelia Sandoval Flores, 50 años, secretaria administrativa de la Escuela Primaria del ejido Hampolol, municipio de Campeche, donde reside.
Recogió: Ana Iris Ortega Álvarez, 45 años, antropóloga. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2025.
Transcribió: Donají Cuéllar Escamilla.
En casa de los padres de Glendy existe una cueva que ya estaba cuando sus padres decidieron adquirir la propiedad. Ellos nunca han visto a ningún ser, pero los vecinos les han platicado siempre que hay un par de aluxes, uno bueno y otro malo, que siempre salen de esa cueva a hacer travesuras a su alrededor. Su único contacto en esa casa fue cuando nació una de las nietas. Siendo bebé, de vez en cuando la dejaban sola mientras dormía y de repente despertaba llorando y gritando estruendosamente y al ir a verla no encontraba nada que la hubiera podido alterar. Hasta que la cambiaban o la bañaban le encontraban marcas de golpes con las formas de dedos de niños pequeños, como moretones en las plantas de los pies. La gente les advirtió que eran esos chaneques31 que viven en la cueva de su casa y el travieso era el que golpeaba a la pequeña. Entonces, un chamán o brujo maya les explicó cómo iban a hacer un ritual para convivir con estos seres que estaban ahí antes de que ellos llegaran.
El ritual consistió en cocinarles pollo asado, dulces tradicionales y poner aguardiente en el espacio donde está ubicada la cueva. El ritual lo realizan cada 3, 4 años y en su oración piden la sana convivencia entre ellos y estos seres. Cabe mencionar que la mamá de Glendy viene de otro lugar que se llama Tinún32, en el municipio de Tenabo, que es parte de lo que llaman El Camino Real, zona indígena de Campeche, aunque ya hay indígenas en otros municipios.
Informó: María Elizabeth Mass Canul, 56 años, trabajadora doméstica y tía de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
Te voy a contar algo que me pasó una vez estando en un pueblo llamado Tixpéhual33. Allá vivía en una casita de guano en medio de un terreno grandísimo. Delante del terreno estaba la casita y atrás el monte. Alrededor de la casita estaba todo chapeado. Ese día me fui a llevar a la niña Alejandra a la escuela y regresé y me puse a lavar. Cuando estaba yo lavando me empezaron a tirar piedritas en mi batea donde estaba lavando. Y me estaban tire y tire piedrecitas. Agarré y me enojé y le dije:
—¿Sabes qué? — Deja de estar tirando piedritas; si no, te voy a echar agua. Y me seguían tirando las piedritas en mi batea, como jugando, pero no veía a las personas o a las personitas. Me enojé porque ya se habían amontonado muchas piedrecitas en mi batea y ¡sácatelas!, que les tiro el agua y, de al tiro34, me dejaron de tirar las piedrecitas.
Informó: María Elizabeth Mass Canul, 56 años, trabajadora doméstica y tía de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 23 de octubre de 2024.
Una señora iba a ir a buscar leña en el monte en la Hacienda de Cucá35, pero llevaba su niña, creo yo que tenía entre 2 o 3 años. La cuestión es que ella iba a ir a leñar, pero no buscaba o no tenía quién viera a la niña y decidió ella llevársela. Pero cuando entró a buscar la leña en el monte, dejó a la niña en la orilla de la entrada, en la calle. Es la entrada donde iba a buscar la leña, pero era en el monte, la dejó en el camino. Entonces ella se metió a leñar. Cuando ella regresó, la niña ya no estaba.
Dicen que no tardó, pero que la niña no estaba. Que la empezó a buscar ahí donde la dejó, pero, al no encontrarla, regresó a la Hacienda, desesperada, y lo dijo. Empezaron a buscar, hasta su esposo y todos los vecinos. No la encontraron. Ya luego, dice que ella fue a hablar con un brujo y le dijeron que la niña estaba en un cenote, que se la llevaron los aluxes. Entonces, dice la señora que fue a ese cenote donde le dijeron y que ahí está la niña como si estuviese muerta, pero está dormida, pero se quedó pequeña. Pero no sé cuánto tiempo dicen que debe de estar en el cenote36, porque ahí ahora ella es la reina o la princesa de los aluxes. Y ahí está como si estuviese durmiendo en el cenote. Se ve clarito ese cenote.
Informó: Fernando Uriel Uc Cab, 22 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche.
Recogió y transcribió: Kenrick Alejandro Esquivel Murrieta, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre del 2024.
[El recolector indica que esta versión le fue contada por una vecina al informante].
Fue durante las alertas por el huracán Milton, que estaba próximo a llegar a Campeche, más o menos por principios de octubre. En Palizada se perdió un niño que le decían «el choco»37. Ese niño salió un día cualquiera en la mañana, iba acompañado de dos perros, pero de repente pasaron las horas y el niño no volvió a su casa. La mamá del niño, desesperada buscándolo con los vecinos, y nada. Buscaba por los parques y nada tampoco; incluso buscaron por los terrenos baldíos y nada de nada. Esto incluso salió en las noticias, la noticia de un niño que desapareció, incluso en internet salía que se había perdido, ahí en el Facebook.
Después de eso, ocurrió lo que ocurrió con el pinche huracán este, que azotó Campeche. Para eso, el niño seguía perdido, pero después lo hallaron entre la maleza de un monte, con hambre, frío y cubierto de suciedad junto a sus perros. El niño se veía bien, aunque, claro, el hambre y la sed nadie se la quita. Pero el punto es que ese niño estuvo fuera de su casa durante un huracán que nos pegó fuerte.
Pero aquí no acaba el asunto, cuando se dio el comunicado de que este niño se encontraba bien, la gente en internet y de la misma localidad empezaron a especular cosas en torno a sus creencias. La más popular entre los comentarios era la de los aluxitos, ya que entre Tabasco y Palizada abundan esos niñitos mayas. Incluso un compadre de ahí dice que no es la primera vez que se pierde un niño, que son muchas las anécdotas. Igual, hace como trece años se perdió un niño de un pueblito cercano, más bebé, de unos de tres añitos. Afortunadamente, fue encontrado a los tres días. Pero sí, en Campeche y lo que es Tabasco hasta Cancún, los aluxitos se roban a los bebés y después los dejan en el monte a morir.
Informó: María Elizabeth Mass Canul, 56 años, trabajadora doméstica y tía de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 23 de octubre de 2024.
A Mariela, sobrina de mi esposo Jorge, una vez la mandaron a buscar mayonesa porque estábamos haciendo tortas. Era un sábado y le dije:
— Mariela, Mariela, ve a buscar la mayonesa—.
Pero no quería, y ya por último, fue a ver lo de la mayonesa. Cuando al regresar, pega el grito y salimos corriendo. Se le cayó el pomo38 de la mayonesa. Dice que en dirección de la casa de su tía Juanita había uno grandote vestido de negro como un charro, sentado en la albarrada, pero estaba grandote y le habló. Claro que ella se asustó cuando ella gritó, pues dice que brincó el cerco de la albarrada, así como que brincas una silla, y que se fue caminando; pero daba unas zancadas grandes. Y empezaron todos a adentrarse hasta por allá del monte para ver si había alguien y nada que encontraron a alguien.
Informó: Erika Arcos, 22 años, de la etnia chol39, originaria de Yajalón, Chiapas, en 2013.
Recogió y reelaboró: Cuauhtémoc Cuéllar Castro, 22 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche Campeche, 25 de octubre de 2024.
[El recolector indica que esta versión le fue contada ca. 2013].
Pues mira, yo nací en Yajalón40, por Chiapas, y ahí tienen su casa mis abuelos. La verdad, no sé bien dónde, porque íbamos namás una vez al año, y sólo unos días, pero por allá era cerca de un río, que nos quedaba cerca caminando.
Pues fíjate que mi abuela cocinaba a la leña cuando veníamos todos, porque sacaba su olla grandísima y hacía ahí carne polaca o tamales, o pozole... y así. Entonces, cuando me pasó esto tenía unos nueve-diez años. No mucho, pues. Yo no me habían enseñado a cocinar nada todavía, pero para que no andara sin hacer nada, mi abuela a veces me mandaba al río por agua, porque en su casa no hay agua ni llave y no siempre nos prestan el pozo sus vecinos. Y a cada rato hay que ir por agua para su taza de su baño, o para hervir y bañarnos, o para cocinar también. Es agua limpia la del río que hay.
Pero el caso es que iba yo por agua. Antes iba con unos cantaritos, pero de repente, cuando crecí, me daban cubeta de esas de pintura para acarrear... Y ese día mis primos no estaban porque fueron al pueblo, y me tocó ir sola, y llevé mi cubeta vacía al río, y que me encuentro a una doña.
Ella era como viejita, pero no se veía arrugada mucho. Tenía ropa blanca, como una blusa-falda, como tapándole todo el cuerpo. Era una sola prenda y tenía los pelos negros largos. No se peinaba las greñas. La doñita estaba lavando sus ropas blancas en el río, y hacía espuma cuando tallaba sus ropas encima de unas rocas del río. Traía dónde poner sus ropas cuando las lavaba, y parecía que llevaba un buen rato, pero me la encontré, y me di cuenta de que no era ninguna vecina, porque medio conocía a las vecinas de mi abuela que iban al río a lavar o así, y no era ninguna.
La doñita se me quedó viendo y me dijo que si había venido por agua, y le dije que sí, que me mandó mi abuela Mary. La señora siguió lavando, mientras con una jicarita41 iba llenando mi cubeta con el agua del río, y me empezó a hacer plática de que ella vivía del otro lado del río y casi no iba, pero que hoy salió a lavar temprano y ya casi acababa. Y que me dice que ella conoce a casi todos del pueblo, y que si quiénes eran mis papás, pero antes de contestarle, la doñita dejó de tallar y dijo que yo me le hacía familiar.
Entonces me preguntó si mi papá se llamaba Primitivo, y le dije que sí, que mi papá era Primitivo Arcos. La doñita siguió tallando y me dijo que lo conocía, que hacía años venía al río a cada rato, pero tenía años sin verlo. Entonces me di cuenta de que no había seguido llenando mi cubeta y empecé a llenarla de nuevo en lo que la seño me contaba, pero cuando se calló, la volteé a ver, y ya no estaba ni ella ni la ropa. Me asusté porque se fue sin hacer ruido y nomás medio llené mi cubeta y me regresé a la casa.
Al rato en la comida me preguntó mi apá que si porqué me tardé tanto en el río, y le conté de una señora que decía que lo conocía, que su nombre era algo así como Tila, o Tisi, y entonces se puso como que serio, y me dijo que sí la conocía, que era una mujer que a veces se aparecía en el río y que se llamaba la Tishanila, que era peligrosa y que era un espanto.
Ya después de esa vez, no me dejaron que fuera sola al río si no iba conmigo una prima más grande, o mi mamá, o mi abuela. Mejor no iba yo, y nunca me acompañaba mi papá o ningún otro hombre de mi familia. Ahorita ya no vamos para allá, pero luego mi mamá me dijo que es la Tishanila. Se le apareció a un amigo de mi papá, que lo conocían por andar de cabrón, y que un día mi papá lo trajo del río, que había quedado loco, pero que ya se quedó así porque se cayó al río y se pegó, y se murió a los dos días.
También mi madre me dijo después, cuando se separó de él, que supo que era un «pájaro de varios nidos», y que lo descubrió en una de esas, pero nunca quiso decirme más de eso.
Informó: Primitivo Arcos, 69 años, originario de Yajalón, Chiapas.
Recogió y reelaboró: Cuauhtémoc Cuéllar Castro, 22 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 25 de octubre de 2024. El informante proporciona la visión del testigo de la versión anterior.
Nos pasó cuando yo era de unos quince o diecisiete años más o menos. Yo andaba mucho con mi amigo Isidro al río, que él pescaba mucho ahí para ir a vender al mercado luego, o para una novia que tenía allá. A veces namás nos veníamos por el caminito junto al río porque se llegaba rápido a la casa de donde la cantina, y mi má no me escuchaba llegar tan tarde si me metía por su patio.
El caso es que una de esas veces que volvíamos por el caminito del río, eran las dos o tres de la mañana y estaba bien, pero bien oscuro. Casi nunca llevábamos con qué hacer lumbre como esa vez, y vimos los dos a una muchacha muy guapa, con una ropa blanca muy bonita del otro lado del río, que no era muy hondo en ese tiempo del año. Era muy guapa, muy caderona pero flaca, y tenía el pelo casi por la cintura más o menos.
No le vimos bien la cara, por lo de que estaba muy oscuro, pero el Isidro le silbó cuando la vio, y ella nada más se rió un poco y como que quería que la siguiéramos. El Isidro era más vivo que yo y ya había metido los pies descalzos en el agua, y yo iba mero detrás de él, y sentí un frío horrible en las patas, que me caló los huesos enseguidita.
Yo me salí hacia atrás, pero el Isidro ya iba como a mitad del río cuando la muchacha empezó a alejarse. Y entonces sentí cómo el río se alejaba de mí, pero yo no me estaba moviendo ya, y aunque no le vi la cara a la muchacha, Isidro sí. Y entonces gritó:
—¡Primitivo, Primitivo!
Y empezó a gritar, que como... como que el agua ya le llegaba casi a la mitad de la panza.
Luego luego42, la muchacha como que se dio cuenta de que el Isidro también estaba frío frío y estaban juntos cuando lo sumergió al río como bañándolo. Y aunque el agua no era tan profunda, te juro que Isidro se hundió su cabeza en el río y casi que se lo llevaba el agua. Yo ahí mero me hice encima, y el Isidro pataleaba para soltarse, pero en eso escuché que mi mamá se había levantado de su casa y en lo que volteé y vi de nuevo al río, estaba Isidro todavía como que acostado encima de unas piedras del río. Y, a como pude de asustado, medio lo saqué al caminito. Y estaba como que ido y frío, como muertito.
Entonces, mi mamá primero nos empezó a gritar que por borrachos nos habíamos caído al agua y luego vio al Isidro todo frío y medio me ayudó a meterlo a la casa. No duró mucho vivo porque andaba espantado y no comió. Nomás decía que tenía frío, que la vieja le hablaba con los dedos para que fuera, pero yo no vi nada de eso. Y al final, verdaderamente se nos murió a los dos días, como que se ahogó con su lengua él solito y murió sudado, como si lo hubieran matado de espanto.
Yo todavía pasé junto al río dos veces más, que venía bien bolo a esas horas, y siempre empezaba a sudar frío, pero ni me volteaba al río por miedoso que se me apareciera de nuevo la Tishanila, que así me dijeron, mi mamá, que se llamaba, y que se nos apareció por andar de culeros43, porque el Isidro tenía su novia del mercado y la de su casa. Eso lo supo mi madrecita —que en paz descanse— porque a su velorio vinieron las dos y se agarraron de las greñas.
Yo ya no pasé a ese río nunca, porque los dos éramos culeros de chamacos y me daba miedo que me dejara lelo a mí también, o que me ahogara al río, que si no fuera por mi madrecita, al Isidro lo ahogaba la Tishanila ahí merito44. Y a mí también, que por eso ni pesco ni estoy por el río nunca ya.
Decía mi mamá que la Tishanila se le aparecía a los que andaban de bolos o de cabrones con sus viejas y que así se llevó a varios acá en Yajalón y en otros pueblos de por acá cuando andaban cuerniando45 a sus viejas. Y que siempre era una greñuda de blanco que los ahogaba o los mataba de susto y, si no se morían ahí mero, se morían al ratito, o que se quedaban locos, como alucinados, como diciendo incuerencias. Y a mí nomás recuerdo ese frío que me dio, aunque estaba acalorado del trago y del verano que hacía, como si yo fuera el que se cayó al río, como si me estuviera respirando la muerte encima.
Informó: Ana Francisca Mass Canul, 59 años, ama de casa y madre de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 23 de octubre del 2024.
[La recolectora indica que la informante conoció esta versión cuando era niña, por su madre, Francisca Canul Noh, quien falleció en 2011 a los 85 años].
Contaba mi mamá que a José lo mandaban a comprar con don Nito, pero las calles de por acá era vereditas. Porque era puro monte no le gustaba ir y siempre lo mandaban como al atardecer y le decía José:
—Yo no quiero ir.
—¿Pero por qué no quieres ir, chamaco? —decía mi mamá. Luego agarraba un bejuco y le daba para que fuera a la tienda.
—Porque siempre sale una lechona y no me deja pasar —contestó José.
—¿Adónde? —dijo mi mamá.
Entonces, se estaba yendo José, ya regañado. Y al doblar por aquí se apareció la lechona. Mi mamá empezó a corretear a la lechona. Decía mi mamá que esos animales se aparecían en esos lugares porque los hacendados de aquel tiempo, para que no entraran a robar sus mangos o sus naranjas, enterraban a los animales para que sus espíritus cuidaran su terreno y no entraran a robar.
Informó: Ana Francisca Mass Canul, 59 años, ama de casa y madre de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
Yo me acuerdo de que este Guillermo y Miguel… Nosotros íbamos aquí al templo, ahí en Santa Lucía y todavía no había mucha gente por acá. Estaba una matota de roble. Fuimos al templo, entonces terminó el culto y nos quedamos a platicar dentro del templo.
Ellos se quedaron dormidos debajo de la mata de roble, en unas hamacas que estaban colgadas fuera del templo. Al despertarse, pensaron que ya se habían quitado todos y ellos se empezaron a salir para la casa.
Al llegar cerca de la casa, una carreta se les apareció en el terreno. La carreta salió de una mata de ramón46 y entonces se pusieron a correr de regreso al templo porque se dieron cuenta de que no había nadie aquí en la casa.
Entonces, llegó mi papá y a mi mamá le dijeron que los venía correteando una carreta, pero ellos empezaron a caminar rápido y agarraron unos palos en el camino, pero no encontraron nada.
Cuando ellos vinieron acá, dijeron que allá del árbol de ramón se les había aparecido la carreta y ya no pudieron entrar. Mucho tiempo después a Miguel lo perseguía la carreta, una carreta con caballos. No sé si llevaba a alguien.
Eso a él se lo contaba mi mamá, pero no decía más detalles; estaba entre lo oscuro y lo claro, porque en ese entonces no había luz como ahora, la luz estaba bajita y se veía como si fuera un pueblito. A esa hora que él regresaba lo perseguía la carreta.
Informó: Ana Francisca Mass Canul, 59 años, ama de casa y madre de la recolectora.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
A mí nunca me asustaron, pero lo único que yo escuchaba cuando estaba chica, todos los 6 de enero, escuchaba que como que iban arrastrando cadenas aquí en la calle que no estaba pavimentada. No había pavimento todavía, eran veredas y lo demás monte, porque las casas estaban separadas. Sólo los 6 de enero, antes de que trajeran los juguetes, se escuchaba. Nunca me asomé a mirar, pero se escuchaba mucho y yo tengo el sueño ligero, así que ya no dormía bien.
Una vez le conté esto a mis vecinas Ligia y Conchi y me dijeron que ellas también lo escuchaban al estar esperando los juguetes del 6 de enero, porque el sonido paraba alrededor de las cinco de la mañana.
Informó: Félix Mass Coccom, tío abuelo de la recolectora, en Santa Elena, Yucatán, en abril de 2022.
Recogió y reelaboró: Ivanna Angélica Mass Canul, 21 años, estudiante de la Universidad Autónoma de Campeche. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2024.
El tío Félix contaba que una vez se metió a una gruta ahí en el monte a buscar a alguien. Él se atrevió a entrar a aquella gruta. Le amarraron una soga para hacerle seña si se tardaba mucho. Eran como las diez de la mañana. Mi tío se arrastró por el túnel hasta que llegó al final y se asomó a la claridad. El vio un campo muy bonito; a lo lejos él vio casitas de guano, venados y personas como antiguas. Cuando sintió la señal de la soga, regresó. Cuando salió de la gruta le preguntaron por qué tardó tanto. Él dijo sentir que pasaron unos minutos, que máximo una hora. Pero al ver que ya casi atardecía, se sintió confundido, ya que al que buscaban salió al cabo de un par de horas cuando el tío entró a la gruta. Dice el tío que antes ahí se iba a pedir conocimiento, pero como él no creía en eso, mejor aprendió de su familia la yerbatería47.
Informó: Glendy Ofelia Sandoval Flores, 50 años, secretaria administrativa de la Escuela Primaria del Ejido Hampolol, localidad rural de origen maya del Municipio de Campeche.
Recogió: Ana Iris Ortega Álvarez, 45 años, Antropóloga. Campeche, Campeche, 24 de octubre de 2025.
Transcribió: Donají Cuéllar Escamilla.
Esto sí fue algo que a nosotros nos pasó hace exactamente como 35 años, si no es que un poquito más. Nosotros nos fuimos de paseo a las ruinas de Edzná48. Íbamos mis papás, mis dos hermanos y yo, y sus compadres con su hija. Yo acababa de cumplir 14 años y la muchacha acababa de cumplir 13, porque somos prácticamente del mismo mes, nada más por días. Y nos fuimos nosotros a Quetzal Edzná49.
Quetzal es una comunidad donde viven los refugiados, porque uno de los muchachos se regaló con mi papá, y nosotros fuimos a decirle a sus papás que sí, si ellos aceptaban que él tuviera nuestro apellido para que él pudiera estudiar, porque eran indocumentados.
Desde que nosotros nos íbamos, esta muchacha pedía que pasáramos a las ruinas de Edzná, y mi papá dijo:
—Nosotros no venimos a pasear como tal, sino a hacer un trámite.
Coincidencias de la vida o quién sabe qué. De regreso, se echa a perder la camioneta exactamente a la entrada de Edzná. Entonces mi papá entra para pedir algo para ajustar el cloch, que eso es lo que se había echado a perder. Entonces ella dijo:
—Pues ya que estamos acá, vamos a entrar.
O sea, a entrar, y dijo:
—No, porque cobran. Ella fue, preguntó y le dijeron:
—No, no, no; gratis.
Mi mamá estaba recién operada, tenía un mes que la operaron. Ella no quería entrar porque, pues, había que subir las escaleras. Sin embargo, pues, en fin, chamacos que queríamos entrar y todo.
Entramos a lo que son las ruinas. Llegamos y en la parte más alta, si tiene la oportunidad de conocerlo, es la que está adelante, donde está la mesa de sacrificios y está el más alto del… Y nosotros empezamos a subir. Mi hermano y ella fueron los primeros en llegar a lo que es la cima. Mi hermanito tenía exactamente como 6 años, 10 años cuando mucho tenía. Y él, desde que nosotros entramos, dijo que no nos subiéramos allá:
—No se suban, no se suban porque allá hay un señor que les está viendo.
Entonces nos mostró, específicamente a la mitad de la ruina, en una como ventanita… Entonces mi hermanito decía:
—No se suban, ese señor les está viendo.
Entonces, nosotros mirábamos a ver y no veíamos a nadie. Y mi papá, para que se le olvidara, le agarró de la mano y lo llevó con los pequeños, para que él se entretuviera. Entonces, mi hermano el mayor, que en paz descanse, subió con ella y llegó hasta el final. Los otros que íbamos, íbamos como que gateando para subir, y ahí ella venía de regreso, Erika se llamaba. Y, de pronto, exactamente ahí donde dijo mi hermanito, vimos que ella salió volando, de una manera increíble. Esa es la parte que hasta ahorita no logramos entender. Cuando te resbalas, vas trastabillando y vas rodando, porque, pues, te atoraste con el pie o con la piedra, o algo así; ella no. Salió como disparada, como empujada, como que la hayan empujado; se fue. Lo único que ella hizo fue agarrarse el vestido para que no se le levantara, cuando se supone que por inercia tú intentas agarrarte o algo, mueves las manos, los pies, porque te estás yendo, te estás cayendo; ella lo único que hizo fue agarrarse la falda. Entonces, cuando ella cayó, se le desprendió todo lo que es esto de la cabeza, ahí quedó ella muerta. Cuando mi hermanito se volteó, dijo:
—Se los dije, él la empujó.
El cráneo se le desprendió. Mi mamá sin poderse mover, sus papás ahí, la desesperación de los que veníamos bajando, y ella con los ojos abiertos donde cayó. Mi hermanito, el pequeño, vino y se los cerró, diciendo:
—Te lo dije que no te subieras, te lo dije que no te subieras; él te empujó.
Fue exactamente un Domingo de Ramos, que dicen, según también creencias, que cuando se acerca Semana Santa no debemos de salir porque son días, pues, para estar en casa, para guardar.
Entonces, pasó todo el tiempo y esta muchacha murió. Te estoy hablando de hace exactamente más de 35 años que jamás, jamás, desde ese tiempo, hemos vuelto a pisar ahí, y por ningún motivo permitiría que fueran mis hijos. Una experiencia fea, pero que nosotros la vivimos.
Y mi hermanito lo dijo, lo dijo y lo dijo, y lo repetía. A mi hermanito le dijeron que él tenía esa capacidad, porque así le llaman acá, que tiene abierto el cerebro para ver cosas que nosotros no podemos ver. Y, entonces, él lo decía:
—Es que allá está él, te está viendo, te está viendo.
Y ahorita que te lo cuento y vuelvo a sentir el mismo escalofrío.
Pues, supuestamente, ya después nos dijeron las mismas personas que cuidaban en ese momento ahí —porque ahí nos dio toda la noche en un lugar que podrás ver hermoso de día, pero en la noche es el lugar más horrible, con ruidos tan feos, sin nada de luz; era un domingo, no la iban a buscar, no la iban a levantar, nosotros no podíamos quitarnos de allá— algo horrible: que no era la primera vez que se moría alguien allí y que siempre son doncellas. Y como ella fue la primera en subir, era el sacrificio que ya tocaba, pues es un lugar de mayas y demás, pues solían hacer sacrificios a doncellas. Tons, la que llegara, o sea, alguien, en este caso, ella llegó primero, pues ya le tocó. Pero que siempre había muertes cada determinado tiempo, pero pues obviamente no se decía porque es un lugar turístico.
Es que hace poquito me enteré, hace como dos años, que ya no permiten que nadie se suba, pero estamos hablando de hace como dos años, pero sí hubo otras muertes. Qué tan cierto sea, no lo sé. Yo te cuento ora sí que mi experiencia; algo feo, feo, feo, feo, feo. Y ahí pues algo vio, que es como malos aires, diríamos nosotros, que estaba ahí, y él lo decía:
—Ahí está, ahí está, véanlo.
Y lo apuntaba y nos mostraba; y es exactamente donde ella cayó. Y lo raro de todo esto, te repito que ella cayó rodando, ni trastabilló ni nada, sino que fue así, ora sí que un clavado; un clavado y agarrándose la ropa, como si fuera volando.
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Fecha de recepción: 29 de septiembre de 2025
Fecha de aceptación: 1 de febrero de 2026

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1 La antropóloga Mary H. Preus (2011: 10-14) indica que, en la tradición oral maya yucateca, antiguamente los guardianes de la milpa fueron los balames (jaguares) y más tarde fueron reemplazados por los aluxes. Las ofrendas que se les suelen hacer consisten en tortillas con frijoles, una bebida fermentada en aguamiel, hecha con la corteza del árbol balche’ (Lonchocarpus violaceus) e incienso de copal, para proteger la milpa de ladrones y depredadores. Asimismo, luego de la cosecha deberá romper las figurillas de barro para evitar su renacimiento. Algunas personas creen que un alux puede resucitar si el dueño de la milpa quema copal durante 9 días y 9 noches, o bien si frota la vasija de barro del alux con miel, con saka’, la bebida sagrada de los mayas, o con su propia sangre.
2 Escritor, poeta y dramaturgo yucateco n. en Chemax, Yucatán en 1873 y m. en Mérida en 1958. Escribió profusamente en revistas y periódicos como El Ateneo de Mérida y Diario de Yucatán. Algunos de sus poemas fueron musicalizados por Ricardo Palmerín (1887-1944) y Guty Cárdenas (1905-1932), ambos músicos y compositores yucatecos. Ente sus obras dramáticas destacan Payambé, Callejeras y La ofrenda de Venus (Peniche Barrera y Gómez Chacón, 2003b: 136). También se interesó en temas regionales y en la tradición maya, entre cuyos frutos está la obra arriba citada.
3 Localidad perteneciente al municipio de Champotón, situada a 21.7 kms. de la ciudad de Champotón; se distingue por sus playas. Éstos y todos los datos relativos al estado de Campeche fueron tomados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2017).
4 Localidad del Municipio de Campeche, una de las más antiguas del estado, situada a 24 kms. de la ciudad de Campeche, rumbo a Tenabo. Su hábitat está conformado por pantanos, ojos de agua y su río que desemboca en el mar, que protegen y dan vida a una rica variedad de flora y fauna de selva baja.
5 Árbol de la selva (enterolobium cyclocarpum), propio del oeste y sur de México, Centroamérica, Venezuela y Brasil, también conocido como parota, guanacaste y orejón. Grande, caducifolio y de abundante follaje, alcanza de 20 a 30 metros de altura. Sus foliolos se pliegan en la noche y florece de marzo a mayo. Su fruto es una vaina circular de sabor dulce. Se emplea para producir madera y forraje, para tratar padecimientos respiratorios y la semilla, rica en aminoácidos y proteínas, se come tostada en algunos lugares (Gobierno del Estado de Yucatán, s. f.).
6 Propiciada al inicio por el conflicto racial, económico y legal entre indios y blancos, la guerra de castas en la península de Yucatán (1847-1901) fue un movimiento de insurrección indígena que consiguió mantener en jaque al régimen establecido y estuvo muy cerca del triunfo. Los indígenas se rebelaron contra la esclavitud pues, a pesar de que México ya fuera independiente y la hubiera prohibido, la clase dominante seguía explotándolos, especialmente en la península de Yucatán, donde los hacendados los obligarían a continuar un régimen de sumisión (Valverde Vladés, 2011: 54-55).
7 La agencia municipal San Francisco Kobén está a 14.8 km. de la localidad de Campeche. Fue una importante estancia henequenera en la antigüedad. Don Fernando Carvajal Estrada fue el propietario de gran parte de los terrenos que pertenecían a las haciendas de Xbechel y Kobén.
8 En México, la expresión echarse un trago significa tomar una porción de cualquier bebida alcohólica (Lara, 2005: sv trago).
9 Voz que en México se usa para designar bebidas alcohólicas: «tu marido se la vive en el chupe», o bien para indicar la acción de ingerirlas: «vamos al bar por unos chupes» (Company Company et al., 2022: sv).
10 Del náhuatl huipilli. Antigua prenda de la mujer azteca: camisa de algodón, sin mangas, descotada, larga hasta las caderas y ancha, con bordados, adornos y bellas labores. Actualmente lo usan las indígenas de México y Centroamérica (Santamaría, 2000: sv).
11 Forma de referirse a los árboles y plantas en la región [Nota de la recolectora].
12 Cabecera del municipio homónimo, situado a 95kms. de Mérida, cuya antigüedad data de la época prehispánica. En esta población de origen maya que se localiza en el punto más alto de la península, a 31m. sobre el nivel del mar, se encuentran los sitios arqueológicos de Uxmal y Kabah (Municipios de México, 2025a).
13 Bolonchén de Rejón es una localidad situada en el municipio de Hopelchén, a 120 km. de la ciudad de Campeche. Las ruinas de la antigua ciudad están al norte de la localidad. Se distingue por sus cenotes, sus aguas subterráneas y las cuevas de Xtacunbilxunan.
14 Pertenece al municipio de Campeche y se sitúa a 38 kms. de la ciudad homónima, por la antigua carretera a Mérida. Su nombre fue tomado de una antigua finca henequenera a la que debió su asentamiento.
15 Escritor, periodista, dramaturgo y diplomático n. en Mérida, Yucatán, en 1884 y m. en la ciudad de México en 1957. La tierra del faisán y del venado (1922), prologada por Alfonso Reyes e ilustrada por Diego Rivera, es la obra que le dio prestigio internacional. A su interés por la tradición maya se deben A la sombra de mi ceiba (1956), la traducción del maya al español de El libro del Chilam Balam de Chumayel (1930) y Caminante del Mayab, Yucalpetén y Campanitas de mi tierra, obras que contienen algunos poemas que musicalizaría Guty Cárdenas. En 1946 ingresó a la Academia Mexicana de la Lengua como miembro de número (Peniche Barrera y Gómez Chacón, 2003a).
16 Localidad que es cabecera municipal del municipio homónimo, situada a 288 kms. al sureste de la ciudad de Campeche. Antiguamente fue un importante cacicazgo maya. El municipio de Champotón cuenta con la reserva ecológica tropical más grande de México, donde también se encuentra el sitio arqueológico de Calakmul.
17 Perteneciente al municipio de Carmen, está situada a 130 kms. de la ciudad de Campeche y a 78.5 de Ciudad del Carmen. Se distingue por su estero, donde se reproducen tortugas de carey y sus playas bajas de arena blanca y aguas cristalinas.
18 Cabecera del municipio homónimo, situado al suroeste del estado de Campeche, entre el Golfo de México y la Laguna de Términos. Es uno de los más importantes del estado y del país, debido a su gran producción petrolera. Se caracteriza por sus hermosas playas, sus vestigios arqueológicos y su clima y vegetación tropicales.
19 Pertenece al área de protección de la flora y la fauna denominada Laguna de Términos, lugar adecuado para la alimentación y reproducción de especies marinas y de agua dulce, locales y migratorias. Se sitúa a 90 kms. de la Ciudad de Campeche, al extremo oeste de la Península del Palmar.
20 Anona o chirimoya en la Península de Yucatán (annonna reticulata). Árbol que llega a alcanzar hasta 20 metros de longitud. El fruto, de aspecto liso, con leves prominencias, se parece a un corazón, por lo que también se le conoce como chirimoya corazón de buey. Es comestible, de color verde, en ocasiones rojizo, aromático, suave y dulce (Marcano F., 2025).
21 Onomatopeya de las acuchilladas.
22 Se trata de una enredadera cuyos frutos tienen forma de bejucos ovalados con puntas que semejan un peine color café. En el sureste mexicano es frecuente emplear la palabra guía en vez de enredadera. De acuerdo con Francisco J. Santamaría (2000: sv), en las plantas, la guía «es el extremo saliente de crecimiento de una rama o de un renuevo». En la Península de Yucatán la creencia en que peinarse con ese bejuco estimula el crecimiento del cabello sigue vigente (Gil, 2023). El bejuco es un fruto endémico de la región que florece durante abril y mayo; es conocido como «el peine de la Xtabay» y era frecuente que las madres lo usaran para peinar a niñas y varones. Actualmente se emplea para personas que no les crece el cabello, se les cae o padecen calvicie (Carolina, 2024). El fruto recibe otras denominaciones en México, como bejuco de huico, canoíta, lengua de vaca, peine de mico, bejuco de canoíta, clarín, corneta, etcétera; su nombre científico: amphilophium crucigerum (Lohmann, s. f.).
23 Voz maya que designa álamo; en el sureste mexicano es el nombre vulgar de varias especies de matapalos. En otras partes del país se le llama higuerón, sabalí, amate prieto o álamo (Santamaría, 2000: sv).
24 Denominación maya que designa formaciones vegetales del paisaje y la geografía de la Península de Yucatán, que consisten en masas circulares de árboles de las áreas cenagosas próximas al litoral peninsular. La Reserva de la Biósfera de los Petenes es una franja costera larga y estrecha, donde confluyen la tierra y el mar, al norte del estado de Campeche. Desde 1996 es un Área Natural Protegida, debido a su gran diversidad de flora y fauna, y a las propiedades del suelo que permiten la formación de cenotes y ojos de agua. Abarca cuatro municipios costeros: Calkiní, Hecelchakán, Tenab y la ciudad de Campeche (Ycte, 2025).
25 Para la recolectora, significa cera de abeja sin aguijón. En el Cordemex se registra como ko’lel kab: abeja melífera melipona (Barrera, 1980: sv). Se trata de la especie Melipona beecheii, cultivada por los pueblos mayas desde la época prehispánica, a la que llamaban «abeja sagrada maya»; debido a las propiedades curativas de su miel, los antiguos mayas hacían entre cuatro y seis ceremonias al año (Gobierno de México, 2022).
26 Para la recolectora, voz maya que indica una variedad de abejas sin aguijón. En el Cordemex, sak xix significa alabastro (Barrera Vázquez et al., 1980: sv). Sin embargo, el historiador Mauricio Cantún Caamal, aclara que es el nombre de la abeja melipona «alas blancas», pues en la punta de sus alas tiene puntos blancos.
27 Denominación que recibe la cacería maya tradicional en grupo, dedicada a la caza de animales silvestres, como el venado cola blanca (Odocoileus virginianus) y el pecarí de collar (Pecarí tajacu), practicada por campesinos cazadores que para ello emplean perros, con el fin de aumentar la probabilidad de conseguir sus presas (Plata Espino, 2017: IV-V).
28 San Agustín Chunhuás está a 17.7 kms. de Calkiní. Antiguamente fue una hacienda construida con piedra y cantera, cuyo casco aún se conserva.
29 Coloquialmente, adjetivo que significa listo, hábil o astuto. Ponerse abusado indica estar atento o alerta; prepararse para algo (Lara, 2005: sv).
30 Municipio situado al centro del estado de Campeche, formado a finales del siglo XIX y principios del XX. Se caracteriza por la abundancia del palo de tinte y por la explotación del chicle.
31 Estos personajes, muy parecidos a los aluxes por habitar en los cuyos, por su tamaño y sus acciones, pertenecen de la cultura olmeca (Cuéllar Escamilla, 2023a).
32 Localidad situada a 8.2 km. de Tenabo, la cabecera municipal. Este municipio, situado al norte del estado de Campeche, se caracteriza por sus antiguas haciendas henequeneras, agrícolas y ganaderas.
33 Población y cabecera del municipio homónimo del estado de Yucatán, a 20 km. de la ciudad de Mérida. Se distingue por sus antiguas haciendas de henequén.
34 De a tiro, de al tiro, del tiro, de altiro, dialtiro son expresiones que, en sentido figurado, denotan una circunstancia o contratiempo que deja a uno sin acción ni manera de defenderse (Santamaría, 2000: sv).
35 Santa Ana Cucá es una localidad del municipio de Tixpéhual, Yucatán, situada alrededor del viejo casco de la hacienda Cucá, en cuyas proximidades hay un yacimiento arqueológico de la cultura maya, también conocido como Cucá o Kukab (Municipios de México, 2025b).
36 Los cenotes son pozos de agua muy profundos, formados por el colapso de las cavernas o cuevas subterráneas, que dejan al descubierto piscinas naturales de agua dulce. Son característicos de la península de Yucatán, aunque también los hay en otras partes del mundo. Tienen un papel crucial en el ecosistema, pues son fuentes de agua dulce para la flora y la fauna y albergan una rica biodiversidad. Son considerados como sitios sagrados por las comunidades locales y forman parte de su herencia ancestral (Rodríguez, 2024).
37 Voz que se empleó en el sureste mexicano, en principio, para designar a los chontales, etnia de origen prehispánico, en cuya lengua la palabra yokoo, de donde proviene choco, significa «los que hablan la lengua verdadera». Actualmente se aplica como gentilicio de las personas nacidas en Tabasco, independientemente de su origen étnico (Tuz Tun, 2024).
38 En México, especialmente en el sureste, frasco pequeño, de boca ancha, de vidrio o de cerámica, que sirve para contener pomada, crema o algún ungüento (Lara, 2005: sv).
39 Los choles descienden de los grupos mayas, situados en el estado de Tabasco y en partes del estado de Chiapas, cuyas comunidades han mantenido su lengua viva; cuenta con 220 mil hablantes y poseen una rica y abundante tradición oral, además de numerosos dialectos, cuyo idioma pertenece a la familia de las lenguas mayenses (Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, 2020).
40 Localidad y cabecera del municipio homónimo del estado de Chiapas. Su fisiografía se compone de sierras y su clima es semicálido húmedo. En el municipio hay 17 681 hablantes de diferentes lenguas indígenas: tzeltal, chol, tzotzil, maya, tojolabal, chuj, zoque, náhuatl y lenguas zapotecas (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2010).
41 Del náhuatl xicalli, jícara es un vaso hecho de ese fruto. El fruto del árbol del jícaro es sólido, duro, con pulpa y pepitas semejantes a las de la calabaza; de corteza leñosa se hacen las vasijas del mismo nombre en México y Centroamérica (Santamaría, 2000: sv).
42 Enseguida, después; forma popular reiterativa (Santamaría, 2000: sv).
43 Adjetivo malsonante que tiene varias aplicaciones, entre ellas, a las personas cobardes y traidoras (Company Company et al., 2022: sv).
44 En este caso, funciona como adverbio de lugar: por allí mismo, en ese preciso lugar. En otros casos, diminutivo de mero, en el sentido de muy próximo, a punto de, propio: Ya merito me caía (Santamaría, 2000: sv).
45 Cuernear significa ser infiel a la pareja: «A esa señora la cuernearon con la vecina» (Company Company et al., 2022).
46 Conocido por los antiguos mayas como Óox, el ramón (brosimum alicastrum) es un árbol que abunda en el sureste de México y Centroamérica, especialmente en la península de Yucatán. Es muy preciado debido a que sus hojas sirven como forraje para alimentar al ganado; su fruto, para sustento de venados, pecaríes, monos, murciélagos y la fauna de la selva; su madera, para la construcción y su corteza, para preparar tónicos contra el asma, la diabetes, la tuberculosis y la bronquitis. En la selva puede alcanzar hasta 45 metros de longitud y su tronco, 1.5 metros de diámetro; sirve de refugio de zopilotes y murciélagos. Actualmente, de su semilla deshidratada y molida se extrae una harina con alto contenido en calcio, que se usa para hacer pan y agua de horchata (Quiroz y Mayorga, 2022).
47 Voz local que se refiere a la herbolaria. En México suelen llamarse curanderos a quienes practican la curación mediante yerbas (Santamaría, 2000: sv yerbatero).
48 Sitio arqueológico maya fundado en el año 600 a.C. Entre el año 400 y 1000 d.C. fue una poderosa capital regional del occidente peninsular y fue abandonada en 1450. Situado a 61 kilómetros al sureste de la ciudad de Campeche (Gobierno de México, 2025).
49 Antiguo nombre de La libertad, localidad perteneciente al municipio de Campeche, denominada así en 2010, donde el 50% de sus habitantes son mayas. Situada a 61.9 kms. de la ciudad de Campeche, es la localidad más poblada del municipio.