



Canales Aliende, J. M. (2024). La personalidad oscura y el sistema político. Barcelona. Ed. Bosch Editor. Colección Derecho Público y Ciencia Política, 147 p.
José Luis López González
Canales Aliende, J. M. (2024). La personalidad oscura y el sistema político. Barcelona. Ed. Bosch Editor. Colección Derecho Público y Ciencia Política, 147 p.
Revista de Estudios Jurídicos, núm. 26, 2026
Universidad de Jaén

SUMARIO
I. El autor. II. Nota preliminar. III. Estructura de la obra. IV. Fundamentos del libro. V. Reflexiones finales a modo de conclusión. VI. Bibliografía
I. EL AUTOR
José Manuel Canales Aliende es Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto, Graduado en Ciencias Empresariales por ICADE, Diplomado en Sociología Política por el Instituto de Estudios Políticos (actual Centro de Estudios Políticos y Constitucionales) de Madrid. Es Doctor en Derecho (en la especialidad de Derecho Público) por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Ciencias Sociales y del Comportamiento (en la especialidad de Psicología Social) por la Universidad de A Coruña. Es Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Alicante (ahora jubilado). Con anterioridad ha sido profesor de esta materia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Pontificia de Comillas. Ha sido profesor visitante de unas cincuenta universidades en la Unión Europea y en América Latina, y autor de cerca de doscientas publicaciones sobre Gobierno, Administración Pública, Políticas Públicas y Filosofía Política, entre otras. Ha sido también Consultor de la OCDE y de la Unión Europea.
II. NOTA PRELIMINAR
El libro que se presenta a continuación encierra un gran interés académico, científico y doctrinal. Su título refleja de manera precisa el contenido del estudio interdisciplinar que desarrolla el Profesor José Manuel Canales Aliende. Se trata de una obra caracterizada por la originalidad y el rigor científico que lleva por título “La personalidad oscura y el sistema político” (2024). Ed. Bosch Editor, Barcelona.
El objetivo esencial de esta investigación se cifra en estudiar la correlación que existe entre la llamada "personalidad oscura" de la clase política y su influencia en el funcionamiento efectivo de las democracias contemporáneas. La obra aborda el estudio de la política desde una perspectiva pluridisciplinar, utilizando aportaciones de la Psicología Social, la Ciencia Política, la Biopolítica y la Neuropolítica.
El tratamiento del tema le parece al autor de este comentario oportuno y, si se me apura, imprescindible. Y ello, porque si algo caracteriza en los tiempos actuales la actividad política democrática, tanto en nuestro país como en otros de nuestro entorno político y cultural, es la deficiente selección de las élites. El problema en España, a modo de ejemplo, no reside en realidad en que las listas electorales sean cerradas y bloqueadas. La carencia reside, si se profundiza en el momento actual de nuestra vida política, en la deficiente selección por los partidos políticos de quienes integran sus listas electorales. No debe olvidarse que cada formación política se encuentra en inmejorables condiciones para conocer la valía personal y política de quienes forman parte de su candidatura.
El propósito de esta obra se cifra en llevar a cabo un estudio sobre la personalidad oscura y su relación con el sistema político, en general, y, en especial, con el liderazgo, cuya principal expresión es la denominada “tétrada oscura” que comprende cuatro manifestaciones o aspectos principales: el narcisismo, el neomaquiavelismo, la psicopatía y el sadismo. Este último aspecto se ha añadido y ha enriquecido las investigaciones sobre la precedente “tríada oscura”.
El autor pone de manifiesto, de manera rigurosa, la proyección de la denominada “personalidad oscura” sobre el sistema político, así como los devastadores efectos de la exclusión promovida por los movimientos, carentes muchas veces de sustrato ideológico, pero que pretenden sustentar a individualidades populistas, nacionalistas, sin sentido de Estado, autoritarios, totalitarios y, en general, peligrosos actores antidemocráticos que tratan de manipular a la sociedad civil.
El concepto de “personalidad oscura”, tal y como recuerda el Profesor Canales, proviene de la doctrina americana de la Psicología Social. Se trata, además, de una variable fundamental para poder comprender la difuminación institucional y los aspectos más complejos del régimen político y de la propia sociedad. Sin duda, habrá que añadir que las Neurociencias tendrán, en el medio y largo plazo, un importante valor a la hora de profundizar en las cuestiones objeto de investigación en la obra aquí y ahora comentada.
Según el Profesor Canales, debemos, además, tener en cuenta que la personalidad suele tener un punto de partida hereditario, pero en su construcción confluyen muchos factores que pueden determinarla de manera evidente, tales como: la familia, el entorno local, en particular el barrio, el sexo, la formación recibida en la escuela y, en general, todo un universo de variables que rodea a cada persona en cada momento histórico. Por ello, la personalidad se va construyendo y proyectando en los comportamientos, los valores y, por supuesto, en lo que es quizás más visible: los hechos.
A partir de estas premisas psicosociales y políticas, el autor se centra en la “personalidad oscura”, como un concepto estructurado a partir de tres elementos fundamentales que se complementan (y que tienen en común cierta perversión) a pesar de su diferencia conceptual: el narcisismo, el denominado neomaquiavelismo y la psicopatía; englobadas tradicionalmente en el concepto de “tríada oscura” «porque los sujetos con estos rasgos comparten una tendencia a ser insensibles, egoístas y maliciosos en sus relaciones interpersonales» (Jones y Paulhus, 2009).
Por otra parte, algunos autores, entre los de mayor relevancia el Profesor Clive Roland Boddy, de la Universidad Anglia Ruskin (Campus de Cambridge), en su artículo Psychopathy screening for public leadership (2016), ponen de manifiesto que los candidatos a líderes políticos “deberían someterse a una evaluación psicológica que descarte estos rasgos oscuros”. En efecto, el Profesor Boddy argumenta que la prevalencia de "psicópatas corporativos" en puestos de liderazgo público y político es un problema creciente. Entre los rasgos relacionados con la psicopatía destaca la crueldad, la falta de veracidad, la indiferencia insensible hacia el destino de los demás, la ausencia de remordimientos, la sociabilidad, la seducción, la promiscuidad y la capacidad de manipular a los demás como si fueran marionetas. En este sentido, propone el cribado de psicopatía en líderes públicos para evitar la toma de decisiones destructivas, la corrupción y el impacto negativo en el clima organizacional. Más allá incluso del cribado directo, Boddy sugiere reclutar líderes que demuestren interés y cuidado por los demás, un enfoque afín al liderazgo de servicio, para eliminar naturalmente a los psicópatas del proceso de selección.
En nuestro país, el Profesor Jesús Lizcano Álvarez (Catedrático Emérito de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Autónoma de Madrid, Director de la Revista Encuentros Multidisciplinares y cofundador y expresidente de Transparencia Internacional España, el capítulo español de Transparencia Internacional) ha puesto de manifiesto que la sociedad española muestra tolerancia relativa frente a ciertos comportamientos corruptos (como, a modo de ejemplo, el favoritismo o el enchufismo), y que la formación ética en Administración pública es limitada. En este sentido, considera urgente incorporar la educación cívica y la ética pública en todos los niveles educativos, así como formación obligatoria en integridad y transparencia para funcionarios y cargos públicos. En este terreno, Dinamarca, Finlandia y Singapur han conseguido altos niveles de integridad social gracias a programas educativos desde edades tempranas y formación continua de funcionarios, generando sociedades altamente intolerantes a la corrupción.
En esta misma línea se ha pronunciado la Unión Europea a través de su Directiva (UE) 2026/1021 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2026, sobre la lucha contra la corrupción, a cuyo tenor literal: “La corrupción sigue siendo un problema importante a escala de la Unión que supone una amenaza para la estabilidad y la seguridad de las sociedades, ya que, por ejemplo, facilita la delincuencia organizada y otras formas graves de delincuencia. La corrupción socava las instituciones democráticas y los valores universales en los que se basa la Unión, en particular el Estado de Derecho, la democracia, la igualdad y la protección de los derechos fundamentales. Pone en peligro el desarrollo, la prosperidad y la sostenibilidad e inclusividad de nuestras economías. La lucha contra la corrupción es esencial para reforzar la calidad de la democracia y para la plena materialización del Estado de Derecho. Para prevenir y combatir eficazmente la corrupción, es necesario aplicar un enfoque integral y multidisciplinar. El objetivo de la presente Directiva es luchar contra la corrupción mediante el Derecho penal, posibilitando una mejor cooperación transfronteriza entre las autoridades competentes. Los organismos públicos deben aspirar a los máximos niveles de integridad, transparencia y libertad ante influencias indebidas como elemento importante de la lucha contra la corrupción de forma más general. Un servicio público dotado de un personal con un alto nivel de capacidades e integridad constituye un pilar fundamental para unos Estados miembros eficientes, transparentes y eficaces que aspiran a erradicar la corrupción de manera eficaz. La mejora de la transparencia, la eficiencia y el uso de criterios objetivos en la contratación y promoción de funcionarios públicos podría contribuir a lograr dicha dotación de personal”.
Gobernar con una personalidad oscura es muy peligroso, no solo para el país que se lidere, sino para las relaciones internacionales y por ende para el mundo. El autor, consciente de este riesgo, analiza en profundidad la doctrina más relevante en esta materia para presentar la relación entre la personalidad, el liderazgo, los sistemas políticos, así como la propia democracia; siempre guiado por la Psicología Social y la Ciencia Política. Todo ello, por supuesto, con la ayuda de otras disciplinas auxiliares que han enriquecido notablemente esta investigación.
Tal y como pone de manifiesto el autor, la personalidad de los integrantes de la clase política determina la forma de ser y actuar y, por consiguiente, su influencia en el sistema político, existiendo una clara correlación entre ambos aspectos.
III. ESTRUCTURA DE LA OBRA
El libro comprende un total de 147 páginas, y se estructura del modo siguiente:
1) En el Prólogo (pp. 13-14) se pone de manifiesto el objeto y el propósito esencial de la obra. En especial, se da cuenta de la relación de interdependencia entre la personalidad oscura y el sistema político, así como de la metodología que utilizará y las principales disciplinas complementarias sobre las que el Profesor Canales edificará sus conclusiones.
2) En segundo término, aborda el autor una breve Introducción (p. 17) en la que refleja el reto que supone relacionar la Psicología con la Ciencia Política, toda vez que, a pesar de ser interdependientes, no resulta nada sencillo fundamentar la correlación entre la tétrada oscura y el propio sistema político.
La denominada “tétrada oscura” emerge como un marco claro e inequívoco revelador de una personalidad oscura o disfuncional que afecta de forma directa al tipo de liderazgo político, a la vida pública, a las instituciones democráticas y que explica además lo que constituye a su vez una de las principales características y manifestaciones de los totalitarismos, los autoritarismos, los nacionalismos y las identidades exclusivas y excluyentes.
En la obra se deja muy patente además la trascendencia de la personalidad de la denominada clase política, puesto que tiene una influencia incontestable en el perfil del liderazgo. Dicha influencia se materializa en un liderazgo completamente diferente en cuanto a los procesos empleados y las propias conductas políticas. Estas variables, por su influencia e interés, deberán tenerse en cuenta en las investigaciones cualitativas de mayor relieve de los sistemas políticos.
3) En tercer lugar, en cuanto a la estructura, la obra comprende cuatro capítulos, de diferente extensión, en los que van analizando, con detalle y rigor científico, los diversos aspectos que implica la investigación sobre la personalidad oscura y el sistema político. Estos capítulos son los siguientes:
1º. Un primer capítulo bajo el rótulo “Consideraciones generales” en el que se abordan aspectos tan importantes como la originalidad y la novedad de la investigación, la actualidad de esta y la metodología y principales fuentes utilizadas para la elaboración de la monografía.
2º. El capítulo segundo, denominado “El marco teórico general y pluridisciplinar de la investigación”, desarrolla de manera sucesiva los contenidos que se detallan a continuación:
La Psicología Social, la pluridisciplinariedad y la realidad social, pp. 29 y ss.
El contexto actual, pp. 32 y ss.
Los nuevos aspectos que afectan a la sociedad y a la política, pp. 34 y ss.
La aparición de la identidad como visión novedosa del mundo de la política y de la sociedad, pp. 39 y ss.
Especial consideración de la inseguridad y el miedo en la sociedad actual, pp. 45 y ss.
El reto del transhumanismo y del posthumanismo, pp. 49 y ss.
La Biopolítica, pp. 53 y ss.
La Psicología política, pp. 60 y ss.
La Neuropolítica, pp. 63 y ss.
El lenguaje y el pensamiento, pp. 65 y ss.
Las emociones, pp. 71 y ss.
La inteligencia emocional, pp. 80 y ss.
La posverdad, pp. 85 y ss. La posmodernidad y la posverdad constituyen una ruptura con el pasado reciente de la modernidad surgida en el Renacimiento y la Ilustración. Se fomenta en la actualidad no tanto la verdad, sino la apariencia despojada de la razón y de valores y principios de toda clase. La posverdad fomenta la emotividad. Este hecho se manifiesta en especial en las campañas electorales. En ellas se vota, sobre todo, al candidato más atractivo por sus sentimientos que por sus razones.
La posverdad favorece, además, el individualismo, que dificulta extraordinariamente la posibilidad de debate y diálogo. Y, además, hace desaparecer la alterabilidad o relación con los demás, con lo que no cabe hablar de cooperación, de comprensión ni de solidaridad de ningún tipo. Es, sin duda, la posverdad una manifestación de las afinidades emergentes y del nuevo tribalismo social y político de pensamiento único y la ideología unidireccional, contraria en esencia al pluralismo democrático.
3º. El capítulo tercero se dedica íntegramente a “La tríada oscura” y se articula a través de los siguientes apartados:
El concepto y las principales características de la personalidad oscura, pp. 89 y ss. La "personalidad oscura" se refiere, con carácter general, a individuos que buscan beneficios personales a costa de los demás, a menudo causando daño. En política se relaciona con aquellos líderes que priorizan el beneficio propio, la manipulación y la falta de empatía, afectando, desde la responsabilidad que desempeñan, a la propia calidad de la democracia. Estos perfiles suelen ser el andamiaje de autoritarismos, utilizando engaños y acciones desalmadas para alcanzar y mantener el poder, a menudo con apoyo de electorados a la par manipulados y polarizados.
El maquiavelismo, pp. 96 y ss. Se trata, como se sabe, de personalidades calculadoras y manipuladoras que consideran que el fin justifica los medios. En efecto, los maquiavélicos se caracterizan por el cinismo, astucia y manipulación de los demás. Así se deduce de los trabajos de investigación de Christie y Geis, (1970); Fehr, Samson y Paulhus (1992) y Garzón y Seoane (1996). Una revisión reciente sugiere que las personas maquiavélicas se definen por llevar a cabo comportamientos cuya finalidad principal consiste en asegurarse objetivos de compensación tales como el éxito personal en contra de las metas comunes, así como por tratar de ser un amigo deseable. En este sentido, resultan de gran interés las investigaciones de Jones y Paulhus (2009). Los denominados maquiavélicos carecen prácticamente de vinculación a normas éticas y harán lo que sea necesario con tal de obtener éxito. Aunque los maquiavélicos pueden disfrutar del éxito en términos económicos y de poder, no suelen ser escogidos como compañeros en las relaciones a largo plazo. Así lo han puesto de manifiesto, a finales del siglo pasado, autores como Wilson, Near y Miller (1998).
El narcisismo, pp. 111 y ss. El término narcisismo tiene su origen, como es sabido, en el mito griego del “Narciso” que estaba enamorado de sí mismo y de su belleza; circunstancia que le otorgaba una gran confianza y seguridad en sí mismo, y que hacía que fuese su figura y personalidad muy atractiva, provocando adhesiones y admiración en las relaciones sociales. Se manifiesta en egos excesivos con sentimientos de superioridad, falta de empatía, necesidad de admiración y tendencias egocéntricas.
El narcisismo, en el ámbito de la política, implica que la persona afectada por esta personalidad enfermiza es la imagen viva de la patria y su mayor defensor. Existe una identificación, pues, entre líder, patria y pueblo; por tanto, personalismo, populismo y nacionalismo aparecen unidos.
El narcisista, al sentirse y actuar como superior a los demás, sólo tiende a relacionarse con los que considera iguales, rechazando a los demás a los que desprecia e intenta manipular y controlar, empleando muchas veces la mentira sin escrúpulos fruto de esa convicción y actitud de superioridad. Se creen necesarios e insustituibles, ocultan sus sentimientos; y son fríos y calculadores. Además, fomentan la adhesión inquebrantable y la adulación de sus subordinados, sin admitir la más leve crítica posible. Su mundo, aislado e ideal, creen que es el real y el auténtico; y priman las lealtades absolutas y sumisas con distintos favores y el enchufismo para ellos y sus familias.
Según el Diccionario Médico de la Clínica de la Universidad de Navarra, el término narcisismo describe un rasgo de la personalidad caracterizado por una excesiva preocupación por uno mismo, una visión grandiosa de las propias capacidades y una necesidad constante de admiración. Aunque puede considerarse un rasgo normal en ciertas etapas del desarrollo de la persona, como puede ocurrir en la adolescencia, el narcisismo en su forma extrema puede transformarse en un trastorno de la personalidad que interfiere en la vida emocional, social y profesional del individuo. El egocentrismo narcisista propio de nuestra época es el resultado de un doble programa ideológico: el de la nueva derecha y la nueva izquierda que empezaron a surgir en los años setenta y se han consolidado en este siglo. Ambas ideologías pecan de lo mismo: fomentar un excesivo individualismo. No se olvide que el individualismo y el egocentrismo narcisista constituyen lo contrario al espíritu de comunidad, cooperación y solidaridad. Se trata de rasgos especialmente favorecidos en el marco de los populismos y los nacionalismos y su materialización en el patriotismo emocional extremo.
El narcisismo autosuficiente, individualista y aislado de la sociedad hace que no se pueda alcanzar un juicio adecuado y objetivo de los acontecimientos vitales que afectan a las personas y, al perder el sentido y el valor de los sucesos y hechos sociales acontecidos, crea una insatisfacción continua y cada vez mayor. Esa insatisfacción y desazón personal se convierte en violenta en ocasiones de forma sádica incluso. Por otro lado, desprecia y elimina el papel de la trascendencia y de los valores y las virtudes públicas.
En la historia podemos constatar la existencia del narcisismo en muchos de sus personajes políticos (emperadores, reyes, dictadores, gobernantes, etc.) en distintos períodos. En la época moderna cabe destacar la figura de Luis XIV, denominado por ello el “Rey Sol”, y la tajante afirmación de este en el conocido lema “el Estado soy yo” como expresión máxima de esta característica de personalidad. En esta exaltación del culto a la personalidad, la democracia se identifica únicamente con el líder, resultando innecesarias las instituciones y los partidos políticos que quedan relegados a una posición secundaria e intrascendente.
Por otra parte, el maquiavélico y el narcisista, fruto de su egolatría, piensan de sí mismos que se encuentran instalados en la virtud y sienten una superioridad moral sobre la demás derivada de entender que representan en exclusiva la moral y el bien público.
La psicopatía, pp. 116 y ss. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (1992) define así la psicopatía: “Enfermedad mental. Anomalía psíquica por obra de la cual, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla psicológicamente alterada la conducta del individuo que la padece” (p. 1686). Se manifiesta de esta manera en impulsividad, búsqueda de sensaciones, crueldad y una insensibilidad o indiferencia total frente al sufrimiento ajeno.
Estas personas no parecen lo que en realidad son, como aseveraba Cleckley (1976) cuando sostenía que este tipo de personas miman los sentimientos humanos a nivel cognitivo, aunque emocionalmente sean incapaces de sentirlos de manera genuina.
4º. El cuarto capítulo está dedicado a investigar sobre “El sadismo como factor añadido de la tétrada oscura” (pp. 121 y ss.), y se estructura a partir de dos apartados:
Algunas consideraciones sobre el liderazgo y la tétrada oscura, pp.123 y ss. Aquellas personas que se identifiquen y se encuadren dentro de esta tipología de la tétrada oscura obviamente serán disfuncionales para el buen funcionamiento de la democracia y para el cambio sociopolítico. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el liderazgo como la "situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito". También se entiende como la "condición de líder y ejercicio de dicha condición". En cuanto al concepto de líder se refiere a la persona que dirige o conduce un partido político, grupo social u otra colectividad. También se define como la persona o entidad que va a la cabeza entre los de su clase, especialmente en competiciones deportivas. Proviene del inglés leader.
En el ámbito democrático, el líder simboliza la figura legítima que promoverá el objetivo común de un grupo y es la opción que aporta soluciones frente a otros líderes. Deberá ser accesible por parte de la ciudadanía y defender los valores democráticos”.
La tétrada oscura incorpora una manifestación del autoritarismo frente al concepto de democracia y de líder de un sistema de convivencia en libertad. Esta actitud proactiva resiliente antedicha de contenido y orientación positiva, frente a la negativa y disfuncional de “la tétrada oscura”, se podría integrar dentro de la perspectiva positiva de la Psicología actual. Más allá de la propia política, resulta innegable la aportación de la Psicología contemporánea a la mejora de la calidad de vida de las personas.
Especial consideración del líder emocional, pp. 128 y ss.
La personalidad humana es, ante todo, compleja e integrada por diversos factores o elementos que deben ser homeostáticos y complementarios; sin primacía exagerada de ninguno de ellos. Tener en cuenta los sentimientos y las emociones es perfectamente compatible con una valoración adecuada del conocimiento y la razón.
5º. Por último, la obra incorpora un interesantísimo, a la vez que esclarecedor, Epílogo, que puede localizarse en la p. 131, en el que el autor reflexiona sobre el contenido de la obra y expresa con rigor científico sus ideas sobre las categorías previamente analizadas. Esta parte del libro presenta un indudable valor aplicado al contexto actual y plantea soluciones que van desde la necesidad de que imperen los valores éticos hasta una apuesta decidida por una educación cívica sólida. De ello depende el futuro de la democracia tal y como hoy la conocemos.
IV. FUNDAMENTOS DEL LIBRO
a) En el Prólogo de la obra (p.13), el autor señala que el concepto y contenido del estudio de la personalidad oscura estuvo inicialmente integrado por tres factores complementarios de diferentes características e intensidad: el narcisismo, el neomaquiavelismo y la psicopatía. Se trata de lo que cabe denominar la “tríada oscura”. A estas características se añadió, con posterioridad, el sadismo, como cuarto aspecto que transformaba esta tríada en la denominada “tétrada oscura” (p.121).
b) Dentro de la Introducción (p. 17), el autor advierte que la Psicología Social permite explicar numerosas variables y perspectivas del sistema político, que, por otra parte, atraviesa por momentos muy difíciles, en su versión democrática liberal, frente a las adversidades y contradicciones que ha venido sufriendo en los últimos años.
En opinión del Profesor Canales, el estudio de la personalidad de la denominada clase política influye notablemente en los estilos de liderazgo. Se trata de una variable esencial, si bien no única ni independiente, que explica muchas de las conductas políticas.
c) Por lo que respecta a la metodología de la investigación, el autor (en las pp. 24-25) defiende una visión pluridisciplinar en las Ciencias Sociales, siempre integrada y lo más actualizada posible. No obstante, el Profesor Canales establece como marco teórico principal la Psicología Social, resultando también imprescindible la Ciencia Política, como disciplina complementaria de la anterior. De cualquier forma, como ya se ha señalado, han sido necesarias otras aportaciones enriquecedoras a cargo de la Filosofía Política, la Historia, el Derecho y la Teoría Política.
d) Por lo que respecta al condicionamiento de la personalidad, el autor se refiere a esta realidad en la p. 31. Señala como factores importantes los que se mencionan a continuación: la infancia y experiencias previas, el medio ambiente, el contexto en el que vive y actúa el ser humano; y finalmente, subraya la relación dialéctica y de complementariedad entre la razón y la emoción, así como sus formas de expresión como, por ejemplo, el lenguaje verbal y no verbal.
El pensamiento político tiene, desde una perspectiva general básica de análisis, dos motores esenciales: la emoción y la razón. Sin embargo, en la práctica una se impone a la otra. En efecto, si se lleva a cabo una revisión histórica de las transformaciones políticas en nuestra sociedad se podría concluir que fue la razón la que motivó la confianza en las ideas de quienes proponían un cambio y que la emoción es la que más influencia tiene en el pensamiento político de la época contemporánea. Ahora bien, la Psicología puede ofrecer un diagnóstico muy diferente. En primer lugar, permite demostrar que es la emoción el principal y casi exclusivo motor del pensamiento político. En segundo lugar, se podría concluir que esto siempre ha sido así y que no es producto del devenir de la sociedad contemporánea. Y es que, en realidad, la Psicología ha puesto en valor, desde hace ya mucho tiempo, la enorme trascendencia de la denominada inteligencia emocional siempre que se procede a analizar la conducta humana. A nadie se le oculta que es más fácil que un discurso cale si va acompañado de un elemento emocional. Las personas interesadas en el desarrollo de la vida política necesitan un líder en quien confiar (relación emocional), y cuando realmente se confía en ese líder pocas veces habrá lugar para la crítica sobre lo que propugna.
e) En la obra se defiende la necesidad de que la Psicología Política ocupe un lugar prevalente dentro del análisis de las democracias actuales; toda vez que las emociones están desplazando en buena medida a las ideologías.
f) El Profesor Canales también se refiere al contexto actual en la p. 32. Y lo hace a partir de una doble perspectiva: la posverdad y la posmodernidad. El primero de los conceptos se fundamenta directamente en las emociones, creencias o deseos del público; se trata de una distorsión deliberada de la realidad y se nutre, hoy en día, básicamente de las noticias falsas. En efecto, continuamente se difunden bulos y falsedades con la intención de desinformar a la ciudadanía y manipularla.
Por lo que respecta a la posmodernidad, este concepto se caracteriza por el nominalismo, el agnosticismo, el relativismo, y en general por el desinterés por la verdad y el cientificismo; como consecuencia se produce una ausencia de compromiso y un tipo de vida superficial y formal que además se promueve desde las nuevas tecnologías y las redes sociales.
g) En cuanto a la identidad como cualidad intrínseca, en la p. 42, el Profesor Canales la sitúa dentro de una dinámica en la que la distinción clásica entre ideologías y clases sociales se difumina y casi llega a desaparecer por el complejo contexto en el que vivimos. Por eso se llegan a plantear otros modelos de estructura y de comportamientos sociales.
El autor recoge cuatro aspectos sustanciales de la identidad: el país, el credo religioso, el color y la cultura; con carácter complementario se señalan otros como: la posición social, el estilo de vida, el género, el lugar de residencia o la profesión y la formación. Además, la identidad es cambiante y las nuevas formas totalitarias proponen decididamente una dominación totalitaria como forma de gobierno. No se pretende un sustento ideológico, sino sus meras propiedades formales, el proceso lógico que podría desarrollarse, así como las prácticas que de ahí se pueden derivar.
h) En las pp. 57 y ss., el Profesor Canales reflexiona sobre la Biopolítica, como una disciplina que contempla la vida humana como objeto principal de la política. En efecto, la Biopolítica se orienta a la gestión, control y regulación de la vida biológica de las poblaciones por parte del poder político. Se trata de un concepto acuñado principalmente por Michel Foucault a principios de los años 70 del siglo pasado.
A su vez, la Biopolítica se relaciona con la Bioética entendida como saber interdisciplinar orientado a la conducta humana que promueve los principios éticos ante los avances tecnocientíficos. En este sentido, su objetivo se cifra en equilibrar el progreso científico con el respeto a la dignidad humana, los derechos humanos y el medio ambiente.
No se olvide que la persona, en su dimensión relacional, tiene que hacer frente al reto ecológico o medioambiental, toda vez que somos parte de esta realidad transcendente. Un uso inadecuado de la Biopolítica constituiría un peligro y una amenaza para la humanidad. La Biopolítica debe cooperar a hacer posible el empeño en profundizar en lo relativo a la posmodernidad humana, ya desde el propio nacimiento. En cualquier caso, constituirá una variable importante que deberá tomarse en consideración siempre que se pretenda afrontar cualquier análisis político o social.
i) Los apartados 8º y 9º los dedica el autor, respectivamente, a la Psicología Política y a la Neuropolítica.
Sobre la Psicología Política, Guillermo Yáber Oltra y Luis Arnoldo Ordoñez Vela (2005) señalan que se trata de una subdisciplina de la Psicología que se ocupa de las interacciones y relaciones de mutua influencia entre las instituciones políticas y el comportamiento de los ciudadanos.
La Psicología Política desempeña un papel muy relevante y progresivamente creciente en el estudio sobre las funciones del cerebro.
Para la dimensión personal de la Psicología Política se deben tomar en consideración las aportaciones de la Psicología Social y, en tal sentido, será necesario estudiar en profundidad los grupos y movimientos sociales, así como los liderazgos en el seno de la comunidad política.
Por otra parte, la Neuropolítica se va abriendo paso como una nueva disciplina que pretende comprender el cerebro de las personas en su condición de ciudadanos, electores o activistas. Se trata de una disciplina que enriquecerá extraordinariamente en el futuro las opciones de la comunicación política.
j) Por lo que respecta al lenguaje y al pensamiento, no se vislumbran motivos para albergar un excesivo optimismo. En efecto, nos encontramos, según el autor, en un momento de destrucción del lenguaje. La posmodernidad cuestiona la razón y la expresión personal. Por tal motivo, surge la necesidad de una nueva Ilustración adaptada a un tiempo nuevo, esto es, a las sociedades contemporáneas. Para el Profesor Canales la razón es la clave de la libertad personal en la medida en que permite al ciudadano discernir entre lo bueno y lo malo. Sin razón no puede existir la democracia (p. 68). Siguiendo a Cicerón, pone de manifiesto que el primer deber del ser humano consiste en cultivar su espíritu. Por tal motivo, la palabra cultura proviene del verbo latino colere, que significa cultivar. En consecuencia, deberá constituir siempre una prioridad la cultura-animi, esto es, la cultura del alma.
La Ilustración como movimiento cultural, conocido como la “era de las luces” supuso una gran transformación de la humanidad del siglo XVIII. Como dejó escrito Enmanuel Kant en 1784, esta corriente cultural, tan extraordinariamente inspiradora, corresponde a un tiempo caracterizado por la confianza en el progreso y en la razón, así como por una ilusionante idea de cultura como formación y desarrollo de la persona al servicio de la humanidad concebida como un fin en sí misma que no debe subordinarse a nadie ni a nada. La Ilustración confía en las luces de la razón frente a la autoridad política religiosa. Apuesta por la confianza del ser humano para atreverse a pensar, a emplear la razón en un marco de libertad y liberarse de este modo del lado oscuro del poder que históricamente le oprimía. Se trata de enfrentarse a las tiranías y confiar en la libertad individual y en la razón. Estas ideas se pueden resumir en una apuesta por poner en valor la libertad y la igualdad de la comunidad política y la de todos y cada uno de sus miembros.
Pese a la necesidad de recuperar los ideales de la Ilustración que propiciaron el constitucionalismo actual a través de las ideas de razón y libertad, la situación que se vive hoy es muy diferente. “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. Estas palabras fueron escritas en 2009 por Peter Thiel, un magnate con una fortuna personal estimada en aproximadamente 17.000 millones de dólares. Forman parte de su manifiesto titulado La educación de un libertario, que hoy se ha convertido en la piedra angular de una corriente filosófica denominada ‘Ilustración oscura’ (Dark Enlightenment, en inglés). Para designar a esta corriente se emplea también la expresión movimiento neorreaccionario. Este movimiento de extrema derecha se conoce asimismo como neorreacción, abreviado NRx por sus defensores.
Se trata de una doctrina que se sitúa en la raíz de la situación que en los tiempos actuales se ha definido como la batalla final del capitalismo contra las democracias liberales. En efecto, miembros de ese ejército de “libertarios de derechas”, adoctrinados en las ideas de la denominada “Ilustración oscura”, ocupan puestos destacados en los Gobiernos de Estados Unidos, de varios países de Europa y de Latinoamérica.
El término ‘Ilustración oscura’, el reverso del movimiento ilustrado conocido como ‘El Siglo de las Luces’, fue acuñado en 2012 en un ensayo homónimo por el filósofo inglés Nick Land, quien cita precisamente la frase de Thiel sobre la incompatibilidad de la democracia y la libertad. Pero en su texto de 2009, el magnate Thiel dice algo más que –visto desde la perspectiva actual– no sorprende ya a casi nadie. En su tenor literal, sostiene Thiel que “desde 1920, el enorme aumento de los beneficiarios de la asistencia social y la extensión del derecho de voto a las mujeres –dos grupos notoriamente duros para los libertarios– han convertido la noción de ‘democracia capitalista’ en un oxímoron”.
Como apunta Carlos Fernández Liria, en su obra Contra la Ilustración oscura (2026), “lo que Nick Land ha llamado la Ilustración oscura es el intento de dar el tiro de gracia a una Ilustración cada vez más herida e impotente. Peter Thiel y Elon Musk están ya hartos de la ONU y de Greta Thunberg (como no se cansan de repetir), están hartos de fingir que existe un orden internacional y están hartos de las legislaciones nacionales. Están hartos también de la democracia, porque retarda la llegada del “superhombre” y, sobre todo, entorpece sus negocios. Hay que acabar con la Ilustración incluso como proyecto, incluso como ficción. Es una especie de nuevo asesinato de Sócrates”.
En realidad, la Ilustración oscura es un movimiento que pretende acabar con los beneficios que la Ilustración genuina, la de la Era de las luces, aportó a la humanidad. La actual Ilustración oscura es la antítesis del progreso, una suerte de “contra Ilustración” materializada en la figura de Donald Trump, un magnate de los negocios y en la actualidad Presidente de los Estados Unidos, un individuo carente de empatía, prototipo de psicópata y una auténtica fuente permanente de odio. Trump niega la igualdad de los seres humanos y concibe al Estado como una empresa más. Instalado en una especie de “tecno fascismo”, Trump considera que la democracia es un modo débil e ineficaz de convivencia. Desde este planteamiento del actual presidente norteamericano, se da cabida a la concentración del poder económico y tecnológico que se sitúa como la prioridad principal, prácticamente la única, de la actividad política.
k) En los puntos 11º y 12º (pp. 65-71), el autor aborda de manera rigurosa la delicada cuestión de las emociones y de la inteligencia emocional. Las emociones las sitúa en un lugar destacado, toda vez que nos hacen conscientes de lo que sucede. Se trata de una parte fenoménica que nos hace sentir bien o mal y que puede guiar a la persona a la realización de determinados actos que puede realizar por encima, incluso, de su racionalidad.
En opinión del Profesor Canales Aliende, la educación es necesaria como un medio para la racionalidad y también para la educación emocional. Hoy, en la vida social, así como en la publicidad y la propaganda política, se pretende, en ocasiones incluso de manera abierta, manipular las emociones, acentuándolas o atenuándolas, para tener una decidida influencia en el criterio, tendencias y acciones de los ciudadanos.
Por lo que respecta a la inteligencia emocional, se trata de un nuevo paradigma de la Psicología que, a su vez, dio origen a “la teoría de las inteligencias múltiples”. En este ámbito, se debe poner de relieve la dimensión o aspecto sentimental del ser humano.
Ahora bien, como también señala el autor, sin menospreciar la inteligencia emocional, que existe y debe considerarse, conviene indagar también sobre la inteligencia racional, siendo ambas complementarias. La conclusión a la que llega el Profesor Canales se puede resumir en la idea de que lo más práctico, a la par que preciso, resulta ser un estudio integrado de todos estos componentes del ser humano.
l) El capítulo tercero se dedica enteramente a la “tríada oscura”. Se trata quizás de la parte nuclear y más definitoria de la obra.
En este apartado se estudian con profusión los rasgos sombríos de la personalidad que se relacionan con comportamientos censurables ética y socialmente. Los niveles elevados en los rasgos oscuros de la personalidad se deben asociar a decisiones egoístas e injustas. Ya se aludió, al inicio de este comentario, a los tres rasgos oscuros de la personalidad que Paulhus y Williams (2002) acuñaron con el término “tríada oscura”: el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía. En la actualidad se ha añadido el sadismo como factor complementario de los anteriores. En apretado resumen, puesto que el autor es muy profuso en citas doctrinales y motivación crítica, de manera especial en esta parte de su obra, se podría decir que el neomaquiavelismo consiste esencialmente en manipular y en tener una personalidad calculadora y fría ante el devenir social y político; el rasgo del narcisismo se podría identificar con una versión subclínica de trastorno de la personalidad, que provocaría un sentimiento de superioridad y de dominación sobre los demás y una absoluta falta de empatía con la creencia de que se puede disponer de privilegios sobre los demás por una condición superior.
El sadismo se presenta unido en muchas ocasiones, a la masculinidad de la persona y al modelo de fortaleza que requeriría y demandaría la sociedad para resolver sus problemas. De esta manera, la noción de “líder fuerte” se identifica y de una manera claramente distorsionada con la figura del líder masculino heterosexual.
Por otra parte, el rasgo de la psicopatía, que cabría relacionar también con una versión subclínica, incluiría una impulsividad carente de sensibilidad hacia los demás en el marco de un bajo nivel de empatía. Estos elementos comparten características comunes, generando tendencias conductuales perjudiciales para los demás como, por ejemplo, la promoción personal y el cultivo del ego por encima de todo, el afán desmedido de poder, la agresividad, el egoísmo, la búsqueda del propio beneficio, la malevolencia, incluso, la inconfesable pretensión de buscar el perjuicio para los demás. Se trata, en suma, de una completa desconexión con los aspectos éticos.
m) El capítulo cuarto lo dedica el profesor Canales a lo que denomina “el sadismo como factor añadido de la tríada oscura”.
En el momento en el que se incorporó el sadismo como elemento importante a la tríada oscura, el concepto experimentó una muy notable transformación. Según el autor, aunque ha sido una constante en la naturaleza humana a lo largo del tiempo, ha cobrado relevancia en la doctrina reciente de la Psicología Social (p. 121). El sadismo se define, principalmente, a partir de una actitud mental y comportamiento crueles, ofensivos y degradantes hacia otras personas, con el propósito, en la mayoría de los casos, de buscar placer o dominación. La intensidad y las características de este comportamiento desde luego pueden variar. Además, el sadismo implica un desahogo emocional de una manera nada saludable y situada en las antípodas de la ética más elemental. Los estudios psicológicos y análisis clínicos indican que el sadismo—tanto en el ámbito personal como en el laboral—funciona como un mecanismo mediante el cual el individuo obtiene placer y alivio de sus propias tensiones, frustraciones o baja autoestima al infligir dolor o humillación a otros. Se trata de un mecanismo de defensa para personas irritables e intolerantes a la frustración. Y lo es en la medida en que permite a estos sujetos descargar el resentimiento acumulado en épocas anteriores.
El autor señala que, al igual que los otros aspectos de la tríada oscura, tanto el contexto como la educación y la infancia son factores determinantes en su origen. El Profesor José Manuel Canales se refiere, entre otros casos, a los comportamientos de Hitler, Mussolini o Stalin durante la Segunda Guerra Mundial.
Los casos de Hitler, Mussolini y Stalin, durante la Segunda Guerra Mundial, son expresivos de este fenómeno, así como de otros líderes autocráticos. En la actualidad, Vladimir Putin, un sujeto altamente despiadado y tremendamente resiliente a la vez, que desprecia cualquier tipo de debilidad, narcisista y muy inteligente (ya lo demostró en sus veinticinco años al frente de la dirección de la KGB), constituye una expresión inequívoca de esta gravísima distorsión de la personalidad.
Tanto Putin como Donald Trump, ambos fervorosos partidarios de las tácticas de intimidación, con un estilo impredecible que ha puesto a prueba las relaciones internacionales, comparten personalidades severamente marcadas por un fuerte ego, al que añaden visiones imperialistas o nacionalistas de poder, y estilos de liderazgo que desafían las normas tradicionales. Ambos comparten una inclinación hacia el autoritarismo, lo que se traduce en un estilo de mando orientado al control de su propia área de influencia. En su ejecutoria política se proyectan como líderes con una fuerte personalidad, autoritarios y con capacidad para influir drásticamente en la geopolítica mundial.
En el caso de Trump, se trata del “líder de un movimiento alentado por la división racial y la misoginia”. A su rival en las elecciones, Kamala Harris, la calificó como “tonta, loca y con un coeficiente intelectual muy bajo, que la incapacita para hilar dos frases seguidas”. A lo anterior, debe añadirse que se permitió reprocharle el hecho “de no tener hijos”. Este mismo personaje, en el colmo de la desfachatez, “prometió deportaciones masivas mientras empleaba en sus clubes a migrantes sin papeles. Además, sobornó a una actriz porno mientras se erigía en líder del Partido conservador. Abraza la bandera, mientras cuestiona los pilares más básicos de Estados Unidos: su sistema democrático y su sistema de justicia” (Olea Fernández, 2024, pp. 327 y 380).
Si bien no existen diagnósticos clínicos públicos que certifiquen una incapacidad psicológica de Putin y Trump para gobernar, un observador culto e imparcial apostaría porque ni uno ni otro están en condiciones de superar un examen psicológico medianamente exigente.
De esta manera, tampoco puede resultar extraño que, pesar de las tensiones geopolíticas, Trump y Putin se manifiesten un respeto mutuo, pareciendo a menudo que uno es la única figura a la que el otro respeta en el escenario mundial.
Los dos dirigentes, el ruso y el norteamericano, alimentan una visión de su nación como potencia dominante sin competencia posible, buscando proyectar poder a nivel internacional sin ningún tipo de escrúpulo.
Como fácilmente puede comprenderse, personalidades de este tipo no deberían ocupar cargos políticos en los que se deciden asuntos que afectan a la ciudadanía. De esta forma se evitará también la tendencia a la agresividad, a la violencia y a la polarización de la propia vida política.
La frialdad, la insensibilidad y la indiferencia frente al dolor y al mal de la personalidad sádica es un hecho notable, ya que esta no es en absoluto empática.
Este análisis le lleva al autor a concluir que la personalidad sádica no sólo persigue la dominación y el poder, sino que, al buscarlos a expensas del daño hacia otra persona, experimenta un placer homologable al sexual. En opinión del autor, que compartimos plenamente, sería muy beneficioso para la comunidad política democrática evaluar esta actitud mediante pruebas psicotécnicas previas o como una parte de los exámenes para el acceso a las funciones o cargos públicos. De esta forma se podría reducir el riesgo de actitudes y comportamientos indeseables dentro del ámbito público (p. 123).
El autor, en las pp. 128 y ss. de su libro, aborda la especial consideración del líder emocional y señala que la creciente importancia atribuida a las emociones en la actualidad ha contribuido decisivamente a consolidar el propio concepto de líder emocional.
La principal función de las emociones consiste indudablemente en ayudar a las personas y a las sociedades a aumentar las probabilidades de supervivencia. La segunda función probablemente sea el logro del bienestar emocional que coincide en gran medida con la felicidad. La supervivencia depende de la convivencia en paz, que a su vez aumenta las posibilidades de bienestar.
Las emociones, además, son fuertes y preeminentes en períodos de crisis y son fomentadas por los nacionalismos y totalitarismos presentándose como soluciones mágicas, si bien coyunturales y no estratégicas.
En este escenario, el líder determina, explícita o implícitamente, la norma emocional del grupo. José Manuel Canales señala al respecto que la personalidad humana es intrínsecamente compleja y se encuentra integrada por diversos factores o elementos que deben mantener siempre un equilibrio y complementarse entre sí, sin que ninguno predomine excesivamente. Por ello, reconocer los sentimientos y las emociones no significa en absoluto descuidar el conocimiento y la razón.
En este contexto, la consideración de la denominada “tétrada oscura” es necesaria; toda vez que existen diferentes manifestaciones y características, e incluso combinaciones, que producen ciertas tendencias conductuales perniciosas, tales como el paternalismo, la teatralización, o el mesianismo, por la distorsión entre la mente y la realidad, la personalidad cambiante, la personalidad inestable y caprichosa o el propio afán de poder.
El autor, además, en la p. 132, realiza una interesantísima reflexión sobre la personalidad oscura al poner de relieve que esta emerge como el germen de comportamientos disfuncionales y fenómenos antidemocráticos, desafiando el diálogo y el pacto político. Su presencia en la clase política incide sobre la transparencia y la democracia interna de los partidos, generando una dependencia irracional y emocional del electorado. Esta íntima relación entre la personalidad humana, especialmente en su variante oscura, y el sistema político, sienta las bases para comprender su impacto adverso en la democracia, propiciando prácticas y actuaciones contrarias a su innegable naturaleza dialogante y pactista.
ñ) Por último, esta magnífica obra cuenta con un Epílogo, en el cual el Profesor Canales pone de manifiesto la importancia de la exploración teórica y empírica de la personalidad humana. Además, reflexiona sobre la necesidad de indagar sobre los aspectos relativos a la personalidad como los que se relacionan a continuación: los pensamientos, la forma de percibir el mundo, las emociones durante el ciclo vital; ya que todos estos elementos influyen notablemente en el sistema político, llegando a confundirse a veces al propio líder personalista con el régimen político, tal y como sucedió en el Franquismo y en el Estalinismo.
La personalidad oscura a la que se dedica el libro permite explicar la evolución, tanto en Europa como en América, hacia los totalitarismos de uno y otro signo y los nacionalismos excluyentes.
Además, el autor reflexiona sobre el peligro actual que vive la democracia liberal representativa, subrayando la relevancia que debe adquirir la Psicología política en la solución de la problemática que sufre la convivencia en libertad.
Desafortunadamente, nos enfrentamos en la actualidad al empleo frecuente de propaganda engañosa orientada a manipular a la sociedad civil. El Profesor Canales subraya, en el referido Epílogo, la necesidad de robustecer los valores éticos públicos, así como una educación cívica, enriquecida por los principios de la democracia y la cultura constitucional.
V. REFLEXIONES A FINALES A MODO DE CONCLUSIÓN
Como se ha podido apreciar a lo largo del comentario a esta magnífica obra, se trata, en esencia, de un libro orientado a la práctica política, que muestra de manera rigurosa, natural y clara la complejidad de la personalidad humana y su impacto en los liderazgos personalistas en el entorno de los sistemas políticos actuales. La personalidad humana tiene múltiples facetas o aspectos, interdependientes entre sí y complementarios. En la actualidad, además de los recientes y útiles descubrimientos de la Biología y de las Neurociencias, existen aún muchos aspectos por descubrir de la personalidad humana, especialmente del cerebro.
No debe olvidarse que las personalidades oscuras generan estilos de liderazgo autoritarios y cesaristas que son peligrosos para las instituciones, ya que fomentan la manipulación, el clientelismo y vulneran los principios más esenciales de la democracia.
Como se ha puesto de relieve en el presente comentario, existe una relación entre la deficiente selección de las élites, la personalidad oscura de los seleccionados y la corrupción como culminación del proceso. La denominada Ilustración oscura, de permanente actualidad e impacto en la geopolítica, intenta suprimir la razón para sustituirla por una emoción autoritaria radicalmente contraria a la libertad que postulaba el movimiento cultural de la Ilustración del siglo XVIII que se encuentra en el origen del actual constitucionalismo. Esa Ilustración había promovido valores como la razón, la igualdad, el liberalismo político y la democracia representativa.
La Ilustración oscura, en cambio, como corriente ideológica radical y elitista, se ha establecido en los tiempos actuales para cuestionar los principios democráticos y liberales convencionales y empieza a demostrar su nivel de impacto en la geopolítica actual. Este movimiento, sostiene que los sistemas democráticos resultan ineficaces ante los retos del siglo XXI. En cambio, defiende modelos autoritarios o tecnocráticos en los que las decisiones sean dirigidas por la tecnología y el liderazgo de élites cualificadas.
En efecto, la Ilustración oscura considera que la democracia es un error histórico que conduce a la decadencia cultural, al igualitarismo forzado y a la mediocridad. A partir de este criterio, se considera que las masas no deberían tener poder político, ya que toman decisiones emocionales e irracionales. El gobierno debería estar en manos de élites tecnocráticas, altamente cualificadas y desligadas de cualquier obligación con los ciudadanos comunes. De acuerdo con todo lo anterior, se defiende un sistema organizado a partir de corporaciones como fórmula de gobierno eficiente que parte de considerar al Estado como una empresa y a los ciudadanos como empleados o clientes.
La personalidad humana es un constructo complejo que integra razón y emoción; cuando el equilibrio se rompe por emociones irracionales o rasgos oscuros, se producen fenómenos políticos disfuncionales. La personalidad de los líderes y actores políticos influye y condiciona de manera indudable el funcionamiento de los órganos constitucionales del Estado y del sistema político en general.
El estudio de la "personalidad oscura" resulta ser una herramienta muy valiosa para comprender y anticipar los comportamientos políticos actuales, explicando las raíces de la crisis democrática contemporánea, el surgimiento de identidades excluyentes, los autoritarismos y el totalitarismo moderno.
Por lo demás, dos son las características básicas que definen el discurso del autor: la originalidad y la transversalidad de ciencias y disciplinas que se complementan y que el autor maneja con incontestable dominio y acreditado rigor académico.
La personalidad oscura es determinante de un pensamiento y un comportamiento disfuncional, propiciando y dando origen a fenómenos y actuaciones antidemocráticas explicativas de ellos, a través de fórmulas opuestas al diálogo y al pacto político.
La personalidad oscura de la clase política afecta también a la transparencia y la democracia interna de los partidos políticos, y hace surgir una dependencia irracional y emocional del electorado.
La obra demuestra, asimismo, la utilidad del estudio de la Biopolítica y de la Psicología Política al objeto de perfeccionar el análisis de los complejos sistemas políticos actuales. Ello sin perjuicio de las Ciencias clásicas, como la Ciencia Política o la Sociología, cuyo concurso en temas como el que aborda la obra continúa resultando determinante.
El libro culmina un estudio profundo orientado de manera práctica a la mejora de la democracia. En este sentido, la obra facilita la comprensión de los mecanismos y procedimientos que, en no pocos casos, pasan desapercibidos para los ciudadanos. Se trata de patrones de comportamiento y procesos portadores de oscuros objetivos alejados del interés general y, por consiguiente, de la esencia misma del propio sistema democrático.
La monografía objeto del presente comentario concluye con la detallada relación de bibliografía que ha manejado el autor. Se trata de un conjunto de títulos muy completo y actual agrupados bajo el rótulo “Referencias bibliográficas y bibliografía básica consultada” (pp. 133 y ss.).
Resulta indudable que la monografía de José Manuel Canales será de gran utilidad para los estudiantes de Derecho Constitucional, para los de Ciencia Política y Teoría del Estado e incluso para aquellos que cursan materias afines tanto a la Psicología como a la Filosofía Política.
En definitiva, el libro desarrolla un análisis profundo que, al propio tiempo, cabe calificar como ágil, ameno y crítico. Se dirige, con carácter general, al ciudadano culto, dotado de criterio propio y preocupado por uno de los más notables problemas de nuestra actual convivencia en libertad como es el que arranca de la constatación en las democracias occidentales, y particularmente en la nuestra, de una deficiente selección de las élites por parte de los partidos políticos y una manifiestamente mejorable formación en valores cívicos y cultura constitucional en los niveles de enseñanza básica y media del sistema educativo.
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Notas de autor
* Profesor Titular de Derecho Constitucional
ajosel.lopez@uam.es
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Cómo citar
:
López González, J. L. (2026). Canales Aliende, J. M. (2024). La personalidad oscura y el sistema político. Barcelona. Ed. Bosch Editor. Colección Derecho Público y Ciencia Política, 147 p. Revista Estudios Jurídicos. Segunda Época, 26, e10589. https://doi.org/10.17561/rej.n25.10589